Biblioteca Complutense Catálogo Cisne Colección Digital Complutense

No interesa leer muchos libros, sino buenos librosLucio Anneo Séneca

Buscad leyendo y hallaréis meditandoSan Juan De La Cruz

El autor sólo escribe la mitad del libro. De la otra mitad debe ocuparse el lectorJoseph Conrad

Viento en el Sahara

Marta Torres Santo Domingo 19 de Septiembre de 2018 a las 17:29 h

Hay lecturas específicamente de verano y, entre ellas, además de la novela negra, habría que colocar en un lugar de honor los libros de viajes, que nos llevan de la mano de aventureros intrépidos a lugares lejanos que, con mucha probabilidad, nosotros no pisaremos nunca. Este verano encontré un viejo libro en una feria y he viajado al Sáhara con un joven británico. Son los años veinte y me empieza a rodear la arena.

Thomas Edward Lawrence, más conocido por Lawrence de Arabia, tuvo un papel muy relevante en la difusión de uno de los mejores libros de viajes que sobre el desierto se han escrito, Arabia deserta, del explorador inglés Charles M. Doughty (1843-1926). Publicado en 1888, no fue hasta la edición que realizó Lawrence de Arabia en 1921 cuando fue ampliamente conocido y valorado por el gran publico. Esta obra me cautivó hace un par de veranos y de ella dejé un breve comentario en Sinololeonolocreo.

Y, precisamente, T. E. Lawrence fue el responsable indirecto de que se escribiera otro libro de viajes sobre el desierto, en este caso el Sahara y, también por un aventurero y escritor inglés, Ronald Víctor Courtenay Bodley (1892-1970), autor de Viento en el Sahara.

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Escuchad bien lo que voy a contaros

Javier Gimeno Perelló 23 de Agosto de 2018 a las 11:34 h

Novela publicada en 1971, está ambientada en la década de los años treinta del pasado siglo, años determinantes en la historia de Checoslovaquia y de los países europeos azotados por el nazismo, primero, e inmediatamente después, por el estalinismo. Yo serví al rey de Inglaterra recorre la trayectoria de esa década que iba a marcar el futuro del pueblo checo.

Jan, el protagonista, es un joven ambicioso, aprendiz de camarero que encuentra trabajo en un hotel de Praga donde a menudo se reúnen destacados personajes de la alta sociedad checa, con algunos de los cuales entabla relación. Utiliza su carácter inocente e ingenuo como ardid bien estudiado que le va a permitir traslucir siempre que le convenga una supuesta idiotez ante determinados personajes de aquellas élites. Inocencia, ingenuidad y estulticia que serán sus armas inteligentes para penetrar, darse poco a poco a conocer e ir adquiriendo cierto renombre entre aquellos círculos influyentes. Su ascenso en la escala social le llevará a casarse con una alemana admiradora de Hitler en el momento en que los nazis ocupan Praga, terminando por convertirse en un joven millonario poco antes de la llegada del comunismo a su país.

Novela de raíz cómica, no oculta, sin embargo, una necesidad de supervivencia bajo un trasfondo de ambición del propio personaje en un mundo plagado de incógnitas e incertidumbres, cuyo futuro era imposible prever ante los acontecimientos que se avecinaban. La facultad del protagonista de sobrevivir a las dos grandes trituradoras de carne -como definió el premio Nobel húngaro Imre Kertész al nazismo y al estalinismo- usando como única arma una máscara cómica de ingenuidad, no deja de ser un canto a la superación de las mayores penurias que un ser humano puede sufrir.

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La misma nada al cuadrado o algo peor

Javier Gimeno Perelló 2 de Julio de 2018 a las 12:01 h

Como toda la saga del detective y ex policía Mario Conde -una suerte de Sam Spade o Philip Marlowe cubanos surgido en la novela Pasado perfecto, 1991-, La transparencia del tiempo pertenece al género novela negra. Cuenta la historia de una virgen negra, una supuesta Virgen de Regla milagrosa que Roberto Roque Rosell, Bobby, un antiguo amigo de estudios de Mario Conde le pide rescatar de las manos de su amante, un joven muchacho que huyó llevándose parte de sus pertenencias y de su dinero. Pero no fueron tales pérdidas lo que a Bobby le dolió sino el robo de la virgen, su objeto de adoración, entregado en cuerpo y alma por igual a la santería y al culto católico. Las pesquisas del ex policía le van conduciendo a una trama con muchas aristas y cabos sueltos, con algunos muertos y una banda internacional de traficantes de obras de arte. A su vez, como la judería en el Amsterdam del s. XVII y un cuadro de Rembrandt en la anterior novela de Padura, Herejes, aparece aquí intercalada la historia de la escultura: desde sus orígenes a fines del siglo XIII y comienzos del XIV en la Orden del Temple en España, pasando por las peripecias que atravesó en la guerra de Cataluña del siglo XV, hasta finales del XIX y primeros del XX. Y por último, la Guerra Civil española, causa de su aparición en Cuba y origen de los acontecimientos policiales que cuenta la novela.

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La mirada de Manuel

Espacio ViveLibro. Librería Libros de arena 21 de Junio de 2018 a las 10:14 h

Bajo el título La mirada de Manuel se desarrolla la tierna historia de Manuel en esta aventura literaria, la segunda parte de esta apasionante trilogía, en la que ha de comparar sus vivencias en el pueblo al lado de sus queridos abuelos con las que encontrará al vivir con sus padres y hermanos en un Madrid en plena evolución social y económica. 

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Un poeta en la antesala del Gulag

Paco Carvajal 27 de Abril de 2018 a las 09:02 h

Hace unos meses se ha publicado el primer libro de poemas de Víctor Serge en castellano, Resistencia, de la mano de la joven editorial El Perro Malo y gracias a la magnífica traducción de Luis Martínez de Merlo. Víctor Serge (1890-1947) es conocido fundamentalmente como novelista, cronista de la Revolución Rusa, y uno de los mejores ejemplos de lucha contra cualquier tipo de totalitarismo, aunque su obra poética es menos conocida. Sin embargo, Víctor Serge concedió a la poesía una importancia fundamental en su formación política y literaria. Leyó a los poetas naturalistas y simbolistas franceses y belgas, que convivían con su gusto por la poesía popular y las canciones revolucionarias. Tras su marcha en 1919 a la Rusia revolucionaria, conoció personalmente a los poetas soviéticos del momento (Esenin, Maiakovski, Pasternak...).

 

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El buen árabe

Bárbara Berrocal 3 de Abril de 2018 a las 10:09 h

Yoram Kaniuk es un animal literario. Sacó a la luz su particular visión del holocausto judío cuando el tema aún era tabú en la literatura en hebreo (El hombre perro, traducida al inglés como Adam Resurrected, y así también su versión cinematográfica, de la mano de Paul Schrader).Empapada de un humor negro para el que la sociedad judía no estaba preparada en ese momento, convirtió a su autor en un renegado del panorama literario hasta que, años más tarde, la generación de Etgar Keret y compañía le recuperara como su padre artístico.

¿Un hombre adelantado a su tiempo? Quizás. O quizás se trata de uno de esos autores que están fuera del tiempo y, simultáneamente, profundamente enraizados en su propia época. ¿Cómo explicar si no la rotundidad aplastante con la que comprende el conflicto que le vio nacer? El buen árabe es un ejemplo magistral de esta capacidad para bucear en la compleja realidad que le rodea. En esta novela el conflicto árabe-israelí se presenta como un desgarro profundo a través de su protagonista, Yosef Rosenzweig - o Sherara, o ibn Azouri, según el momento -, hijo de una judía y de un árabe, pertenecientes a mundos vecinos pero distantes, enfrentados, ahogados por la pasión visceral que los consume y para los que sólo hay un desenlace posible: «[...] la conclusión que sólo hoy empezamos a comprender, la de que no hay esperanza en absoluto, la de que la tragedia empieza mucho antes de que los historiadores puedan localizarla, que todo parece ordenado de antemano, que el fanatismo era inevitable, que el país era extraño a ambas naciones, las cuales inventaron movimientos nacionales que no surgieron directamente de sus historias respectivas, sino sólo de sus sufrimientos». La existencia de Yosef está dividida desde dentro, desde el nacimiento hasta la muerte, está condenado a ser siempre un extraño, enemigo de sí mismo.

 

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Todo objeto se mantiene en estado de reposo y su movimiento uniforme y recto, a menos que una fuerza actúe sobre él

Javier Gimeno Perelló 27 de Febrero de 2018 a las 13:48 h

El salvaje son dos historias paralelas que acabarán cruzándose. Una, la de Juan Guillermo, un muchacho devastado por la muerte en un barrio miserable de México Distrito Federal: la de su hermano, primero, asesinado por una banda de jóvenes ultracatólicos, conocida por Los buenos muchachos, protegidos por gente poderosa y adinerada y por la mafia policial; tres años después, la muerte de sus padres y de su abuela, asolados por la desaparición del mayor de los hijos. Huérfano, hundido y solo, Juan Guillermo decide vengar el asesinato de su hermano querido, que era su héroe y modelo a seguir e imitar, y honrar la memoria de sus primogénitos y de su abuela, cuya única razón de vivir era su adorado Juan Guillermo. Sólo el amor por Chelo, a pesar de los celos, consigue salvarle de la desesperación.

La otra historia, inspirada en La llamada de lo salvaje, de Jack London, es la de Amaruq, un indio mestizo de Canadá, empecinado en cazar al lobo más fiero de todo el territorio inuit, Nujuaqtutuq -"salvaje" en esa lengua-, macho alfa de la manada al que ningún otro lobo puede enfrentarle.

Ambas historias tienen en común al lobo como personaje esencial de la novela, quintaesencia del salvaje: el lobo Nujuaqtutuq, y Colmillo, hijo de éste, que por azar del destino fue a parar a manos de Juan Guillermo. Dos lobos y dos clases de violencia: la que ejercen aquéllos, obligados por la supervivencia, y por tanto, bajo el signo de la nobleza porque no es violencia vengativa sino digna, y la violencia descarnada, cruel, despiadada, ésta sí, bajo el dominio de la venganza, que sólo puede ser humana: la que ejerce la banda de ultrarreligiosos contra quienes no comulgan con su verdad fanática, y la del propio Juan Guillermo para conjurar la muerte cruenta de su hermano mayor a manos de aquéllos. La suya se confunde y se identifica con la de Colmillo, su lobo salvaje que los anteriores dueños nunca lograron domesticar y él intenta desesperadamente.

 

 

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¿Es el corazón un órgano hecho de carne o es puro aliento?

Javier Gimeno Perelló 9 de Febrero de 2018 a las 15:04 h

Ngugi wa Thiong'o: El diablo en la cruz. Txalaparta, 1982


Ngugi wa Thiong'o es un novelista nacido en Limuru, Kenia, en 1938, hijo de una familia perteneciente a la iglesia presbiteriana, en cuya escuela estudió hasta los 11 años. Su actividad se ha caracterizado por su lucha en la defensa de la cultura y la lengua keniata originales. Estudió en la Alliance High School de Kikuyu (Kenia), en el Makerere College de Uganda, donde tuvo que residir por problemas políticos en su país, y en la Universidad de Leeds, donde se especializó en la obra de Joseph Conrad. Su novela Ngaanhika Ndeena (Me casaré cuando quiera) le costó un año de cárcel sin juicio, acusado por el Gobierno de atentar contra los intereses del país. 

A partir de entonces, Thiong'o radicalizó sus posiciones políticas contra el Gobierno keniata y tomó la decisión de escribir en su lengua nativa, el gikuyu, con la principal finalidad de defenderla y reivindicarla, convirtiéndose en un militante no sólo de la cultura keniata sino de la cultura africana en su conjunto. Sus novelas posteriores, como ésta que comentamos, fueron traducidas al inglés por él mismo. En 2004 él y su esposa sufrieron en su propio domicilio una brutal agresión perpetrada por matones a sueldo del Gobierno en la que el matrimonio resultó gravemente herido. Desde entonces, vive exiliado en EE.UU y es candidato al Premio Nobel por su extensa obra no sólo narrativa, también ensayo, literatura infantil, una abundante producción teatral, memorias y relatos.

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Treinta mil miradas menos es un modo de estar ciegos

Javier Gimeno Perelló 9 de Enero de 2018 a las 11:49 h

Más que una reseña es un homenaje a Alberto Ortiz El Negro, que nos acaba de dejar estas pasadas navidades carentes de piedad.

Conocí al Negro hace unos años de la mano de Silvia Fois, su compañera del alma, gran amiga y bibliotecaria de la Universidad argentina de Córdoba. Ellos me abrieron sus brazos y las puertas de su casa acogedora de Córdoba donde pasé días felices. De esta amistad nació la del Negro como un contagio fecundo. Dicen que no hay mejor contagio que el surgido entre los amigos verdaderos. La sensibilidad y la inteligencia que destila su poesía nace del alma que la hace manar como una surgencia cristalina cuya transparencia fluye por las páginas de este libro y nos contagia en toda su plenitud. Por todo ello, es difícil aceptar su desaparición y más difícil aún ponernos en la piel de Silvia y de sus hijos Jero y Lautaro. Estas palabras van dedicadas a ellos muy especialmente.

"Cada instante no volverá pero se podrá recordar, cuando los magos congelen espacio y tiempo", dice su hijo Jero en las palabras que anteceden a los poemas de su padre. El Negro, que además de gran poeta fue un excelente fotógrafo -algunas de cuyas imágenes figuran en este libro-, plasmó cada instante de Córdoba, la ciudad donde "eligió nacer". Ahora, los magos han congelado el tiempo y el espacio para siempre en la mirada poética y fotográfica del Negro, de manera que quienes le queremos vamos a contemplar Córdoba a través del imborrable recuerdo que nos imprime para siempre su mirada artística, capaz, en palabras de Silvia, de "eternizar en el tiempo todo aquello que redescubre en la palabra y la imagen". Mirada que la propia Silvia compara con la de Galileo, "que observa el infinito del asombro y agrega con la lente de su cámara un tercer ojo a su mirada escudriñante de la vida".

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Varujan Vosganian: El libro de los susurros

Marta Torres Santo Domingo 12 de Diciembre de 2017 a las 14:03 h

Hay historias que no pueden ser contadas, sólo susurradas, pues los que las han vivido perdieron la voz, y los que las recuerdan tienen miedo de hablar, pero no quieren olvidar y por eso las susurran. De eso trata El libro de los susurros, de recordar las historias del pueblo armenio que a lo largo del siglo XX sufrió tragedias de proporciones dantescas en la que desaparecieron generaciones enteras. Cientos de miles de armenios murieron en un genocidio que comenzó a finales del siglo XIX en el imperio turco, que alcanzó el infierno en las persecuciones y matanzas en masa de 1915, y que tuvo su epílogo en el exilio apátrida por todo el mundo, las guerras mundiales, los campos de concentración o los gulags soviéticos. 

Porque esta es, quizás, una característica original de la obra. Y es que al ser el autor, Varujan Vosganian, descendiente de armenios exiliados en Rumania, la historia no se detiene tras las matanzas de 1915 sino que seguimos acompañando a los armenios en los años siguientes, en su diáspora por el mundo, en este caso en Rumanía. [Y esto me hace recordar las comunidades armenias que conocí yo en Beirut, en el Líbano, o en Damasco. ¿Dónde estarán refugiados hoy en día estos exiliados perennes?]

La Segunda Guerra Mundial trae otra tragedia y lleva a miles de armenios a militar en campos enemigos, unos con los alemanes, La Legión Armenia, y otros con los rusos, los vencedores finales. Un capítulo nuevo se abre. Para unos significa la "recuperación" de su patria, para otros la muerte, la expulsión a los gulags o la vida bajo la opresión de la dictadura soviética que, otra vez, lleva a los protagonistas a abrir el Libro de los Susurros, y susurrar para poder sobrevivir.

 

 

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