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No interesa leer muchos libros, sino buenos librosLucio Anneo Séneca

Buscad leyendo y hallaréis meditandoSan Juan De La Cruz

El autor sólo escribe la mitad del libro. De la otra mitad debe ocuparse el lectorJoseph Conrad

Varujan Vosganian: El libro de los susurros

Marta Torres Santo Domingo 12 de Diciembre de 2017 a las 14:03 h

Hay historias que no pueden ser contadas, sólo susurradas, pues los que las han vivido perdieron la voz, y los que las recuerdan tienen miedo de hablar, pero no quieren olvidar y por eso las susurran. De eso trata El libro de los susurros, de recordar las historias del pueblo armenio que a lo largo del siglo XX sufrió tragedias de proporciones dantescas en la que desaparecieron generaciones enteras. Cientos de miles de armenios murieron en un genocidio que comenzó a finales del siglo XIX en el imperio turco, que alcanzó el infierno en las persecuciones y matanzas en masa de 1915, y que tuvo su epílogo en el exilio apátrida por todo el mundo, las guerras mundiales, los campos de concentración o los gulags soviéticos. 

Porque esta es, quizás, una característica original de la obra. Y es que al ser el autor, Varujan Vosganian, descendiente de armenios exiliados en Rumania, la historia no se detiene tras las matanzas de 1915 sino que seguimos acompañando a los armenios en los años siguientes, en su diáspora por el mundo, en este caso en Rumanía. [Y esto me hace recordar las comunidades armenias que conocí yo en Beirut, en el Líbano, o en Damasco. ¿Dónde estarán refugiados hoy en día estos exiliados perennes?]

La Segunda Guerra Mundial trae otra tragedia y lleva a miles de armenios a militar en campos enemigos, unos con los alemanes, La Legión Armenia, y otros con los rusos, los vencedores finales. Un capítulo nuevo se abre. Para unos significa la "recuperación" de su patria, para otros la muerte, la expulsión a los gulags o la vida bajo la opresión de la dictadura soviética que, otra vez, lleva a los protagonistas a abrir el Libro de los Susurros, y susurrar para poder sobrevivir.

 

 

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José Luis Amorós, maestro de la Cristalografía en España y fundador de la Biblioteca de Geología de la Universidad Complutense

Javier Gimeno Perelló 19 de Septiembre de 2017 a las 13:31 h

 

José Luis Amorós: La gran aventura del cristal. Madrid: Ediciones Complutense, 2017 (Serie Docencia). Edición coordinada por Victoria López-Acevedo

Cuando las profesoras Victoria López-Acevedo y Sol López-Andrés me propusieron publicar en el blog de crítica de libros de la BUC una reseña sobre La gran aventura del cristal, del gran maestro y divulgador de la Cristalografía en España, José Luis Amorós, mi primera sensación fue la de sentirme un intruso en un campo absolutamente desconocido y lejano. Así se lo manifesté a ellas, pero me animaron a emprender esta aventura, justamente de alguien ajeno a ese mundo. Cuando comencé la lectura del libro, con la convicción de que no iba a entender nada, en seguida me encontré metido de lleno en esa increíble y maravillosa aventura del mundo del cristal, aún incluso en sus intrincados y opacos entresijos para un profano.

 

La gran aventura es una historia casi novelada, es un paseo bien narrado por la historia de la ciencia de los cristales, desde sus orígenes en Grecia hasta el descubrimiento de la difracción de los rayos X. Es buena literatura que a la vez incorpora un sesudo análisis histórico”, explica Juan Manuel García-Ruiz en el prólogo (p. 20).

En efecto, estamos ante un excelente texto literario. Leer párrafos incomprensibles para un profano de una ciencia desconocida, y sin embargo escritos de manera sencilla pero literaria, con un estilo impecable y un exquisito cuidado del lenguaje, es como leer un poema colmado de hipérbatos, intrincadas sinécdoques, bellas metáforas, complicados retruécanos o hermosos oxímoros que quizá dificulten la perfecta comprensión del verso pero cuya lectura es en sí misma un inmenso placer:

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Jorge Riechmann: Autoconstrucción. La transformación cultural que necesitamos. Los libros de la Catarata, 2015

Javier Gimeno Perelló 29 de Agosto de 2017 a las 11:51 h

Consumimos el planeta como si no hubiera un mañana

Jorge Riechmann, profesor de filosofía moral en la Universidad Autónoma de Madrid, poeta, ensayista y activista del ecologismo, advierte en su último trabajo, Autoconstrucción, que estamos en tiempo de descuento en relación con nuestro planeta. 

El nivel de degradación ecológica al que hemos llegado en las últimas décadas es de tal magnitud que hemos sobrepasado en un 150% la capacidad que tiene la Tierra de soportar los excesos de contaminación.

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¿Qué bibliotecario no se pararía ante semejante título?

Juan Carlos Suárez Quevedo 24 de Julio de 2017 a las 12:23 h

Yo, obviamente, sucumbí a los encantos de tan sugerente denominación.

Para cualquier persona que se dedique a los libros, ya sea desde el punto de vista de escritor, editor, bibliotecario o para cualquier lector, por qué no, un título como La biblioteca de los libros rechazados ejerce una atracción irresistible.

Ahora bien, los que llevamos los libros en nuestra mochila profesional, en nuestro quehacer diario, vemos a esos objetos como a nuestros hijos, nuestros pequeños (aunque tengan tanta edad como un códice medieval o un incunable) a los que debemos cuidar, atender, e incluso mimar.

Con estas premisas, el que yo leyera "los libros rechazados" supuso un cierto dolor, una pena ante estas pobres "criaturas" que parece que alguien había abandonado. Es como si hubiesen abandonado a mi animal-mascota.

No en vano los libros, al igual que los animales domésticos, son seres desvalidos, desamparados, desprotegidos, vulnerables y no voy a decir que con sentimientos, para que nadie piense que he perdido la razón. Pero los profesionales de los libros sí que sentimos (me tomo el atrevimiento de hablar en mi nombre y en el de todos mis colegas) y nos parece que sin nosotros los libros no podrían vivir. Yo veo que es el personal bibliotecario quien ayuda al libro en su camino de la editorial o librería a la biblioteca, quien le acompaña de la mesa del despacho al estante que será su hogar durante mucho tiempo, quien se preocupa de clasificarlo correctamente para que ocupe el lugar adecuado junto a sus compañeros, quien vela para que vuelva a su sitio correcto después de que un usuario se lo haya llevado en préstamo. Al leer este título, sentí el tremendo deseo de "ocuparme" de esos "hijos desamparados" de la novela; al menos, de averiguar qué había pasado con ellos, quiénes eran esos seres desvalidos, abandonados, "rechazados". Y así me sumergí en la novela, que empieza hablando de otro autor y de otra historia de libros rechazados.

 

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Shalimar el payaso y las víctimas de Cachemira

Marta Torres Santo Domingo 28 de Junio de 2017 a las 10:26 h

Shalimar el payaso, novela publicada en 2005 por Salman Rushdie, trata sobre las raíces de la violencia en Cachemira, región fronteriza entre Pakistán y la India, de gran riqueza y belleza, donde hubo un tiempo en el que fue posible la convivencia entre pueblos de diferentes religiones y etnias, musulmanes, hindúes, sighs o judíos. Es lo que se llegó a llamar la "cachemiridad", la creencia de que en el corazón de Cachemira había un núcleo común capaz de superar las diferencias culturales y religiosas. Pero todo aquello se rompió en mil pedazos a partir del nacimiento de Pakistán y la India, en 1947, con un conflicto que todavía hoy está latente.

El argumento principal de la novela Shalimar el payaso es la destrucción de Cachemira a manos de la brutalidad sectaria del fundamentalismo islámico y la violencia ciega del ejercito indio, violencia que destruye también un paraíso y una forma de vida.

A través de varios personajes principales y muchos secundarios, cada uno de ellos representante de una visión del conflicto (una pareja en la que él es musulmán y ella hindú, un embajador americano y su hija, la mujer del americano, los habitantes de los pueblos de Cachemira, etc.), y a lo largo de varias ciudades, continentes y épocas, asistimos a un complejo y largo relato en el que aparecen el terrorismo y su captación y expansión (de gran actualidad, por cierto), el cinismo, la ambición, la venganza, y, sobre todo, la fragilidad y desolación de las víctimas. Novela irregular, con pasajes bellísimos, mezclados con otros que parecen ajenos al núcleo de la novela e insertos casi con calzador (la resistencia francesa en la segunda guerra mundial), me quedo especialmente con la parte que transcurre en Cachemira, para mi la mejor, digna del gran escritor que recordaba de los Hijos de la Medianoche, novela imprescindible para todos los interesados en la India. 


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Marcovaldo. El buen salvaje en la ciudad industrial

Javier Gimeno Perelló 1 de Junio de 2017 a las 13:44 h

Italo Calvino. Marcovaldo o sea las es taciones en la ciudad. Siruela, 2010

"En medio de la ciudad de cemento y asfalto, Marcovaldo va en busca de la Naturaleza. Pero ¿existe todavía la Naturaleza? La que él encuentra es una Naturaleza desdeñosa, contrahecha, comprometida con la vida artificial". Italo Calvino describe con estas palabras el sentido de este manojo de veinte relatos repartidos según las estaciones del año, protagonizados por un personaje urbano de una ciudad innombrada que podría ser Milán o Turín o cualquier otra metrópoli europea. Ciudades colmadas de edificios ennegrecidos por la contaminación, conquistada por miles de vehículos que surcan a diario sus calles en un ir y venir constante. Marcovaldo, al decir de su creador, "es un espíritu sencillo, padre de familia numerosa... la última encarnación de una serie de cándidos héroes pobrediablos a lo Charlot". Personaje inspirado en un almacenista que Calvino conoció en una editorial donde trabajaba, uno de cuyos relatos, Setas en la ciudad, es verídico: el almacenero había encontrado setas en una calle de su ciudad; ni corto ni perezoso se animó a probar una y acabó intoxicado.

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Le Carré, narrador del espionaje

Alfredo Carralero 5 de Mayo de 2017 a las 09:35 h

Hace unas semanas publicamos en este mismo blog una reseña de "El espía que surgió del frío". En esta ocasión queremos hacer un recorrido por la vida y obra del novelista británico.

Nacido el 19 de octubre de 1931 en Poole, condado de Dorset, John Le Carré, seudónimo de David John Moore Cornwell, fue el segundo hijo del matrimonio de Richard Thomas Archibald Cornwell y Olive Cornwell. Su infaccia estuvo marcada por el abandono de su madre a los cinco años de edad y por el encarcelamiento de su padre por fraude. Estas vicisitudes le condujeron a un internado donde cursaría sus primeros estudios, escapándose a Suiza a la edad de 16 años, donde encontró trabajo como cuidador de elefantes en un zoológico. Durante el servicio militar fue destinado al cuerpo de inteligencia británico en Viena, y allí tomaría contacto con el mundo del espionaje de guerra. Posteriormente completó su formación en las universidades de Berna y Oxford, licenciándose en Lenguas modernas. Permaneció durante cinco años en el Ministerio de Asuntos Exteriores, pudiendo familiarizarse con los entresijos de la alta política internacional y el mundo del espionaje. En 1959 empieza a trabajar en el Servicio Exterior del Foreing Office, eufemismo que ocultaba su adscripción al MI6 (servicio de espionaje exterior inglés), y en el MI5, órgano dedicado al contraespionaje dentro del Reino Unido. Estas experiencias nutren, sin duda ninguna, buena parte de su obra posterior

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Sarah Waters: Los huéspedes de pago

José Antonio Gómez Hernández 20 de Abril de 2017 a las 13:20 h

Recién acabada Los huéspedes de pago, de Sarah Waters, me animo a estrenar reseña sobre ella en Sinololeonolocreo. Desde que leí El lustre de la perla (adaptada como miniserie por la BBC con el título Tipping the velvet) me hice fan de esta escritora británica, deseando leer cada uno de sus títulos, publicados todos por Anagrama en su Panorama de narrativas.

Los huéspedes de pago de esta novela son Leonard y Lilian, un joven matrimonio que llega a ocupar las habitaciones en alquiler de la mansión de una familia señorial venida a menos, como consecuencia de la Primera Guerra Mundial. La madre viuda y su hija Frances tienen que renunciar a parte de su intimidad para mantener un caserón deteriorado que no les gusta pero que las ata. Con un evidente dominio del oficio, Sarah Waters nos va introduciendo en el drama con precisión, haciendo surgir el deseo y el amor prohibido, que se verá interrumpido por un asesinato más o menos azaroso que llevará a las protagonistas a un angustioso juicio. Con ello la historia se hace atormentada, cruzándose con el deseo la culpa, el miedo y los sentimientos destructivos. Argumentos para leer casi de un tirón las 600 páginas de una tensión sostenida.

Aunque esta novela es más comedida, Waters en general retuerce los argumentos hasta el extremo, lo que tiene el riesgo de llevar al lector al abandono por inverosimilitud, pero yo creo que merece la pena dejarse llevar. Sus novelas son intrigas folletinescas que tienen de fondo (o en la superficie) el tema de la pasión amorosa lesbiana que ha que aflorar y vivirse de modo clandestino en el contexto de la época victoriana, sus postrimerías y los años posteriores. Es brillante en la narración del deseo, en las reconstrucciones históricas, en la recreación de espacios que resultan claustrofóbicos para las protagonistas, en enredos que pueden acabar en crímenes que persiguen o marcan el destino de los personajes.

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"Pobre aquél quien, medio vivo, limosna pide a la sombra"

Javier Gimeno Perelló 13 de Marzo de 2017 a las 17:50 h

Nadiezdha Mandelstam: Contra toda esperanza. Memorias [Prólogo de Joseph Brodsky]. Acantilado, 2016

"Desgraciado aquél a quien como su sombra asusta el ladrido de los perros y el viento siega, y pobre aquél quien, medio vivo, limosna pide a la sombra"

Ósip Mandelstam fue uno de los más grandes ensayistas y poetas que ha dado Rusia a la literatura universal, con obras poéticas como Cuadernos de Vorónezh, Tristia, Segundo cuaderno, La sirena, o La piedra; y los ensayos: La cuarta prosa, Coloquio sobre Dante, El rumor del tiempo, etc. Su Oda a Stalin, de 1934, cuyos versos produjeron la ira del tirano, le costó una condena de tres años en un gulag próximo a los Urales:

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El realismo mágico africano

Esteban Galera 23 de Febrero de 2017 a las 12:14 h

El brujo del cuervo, de Ngugi Wa Thiong'o. Ed. Alfaguara

La literatura africana es una gran desconocida en España, al menos dentro del ámbito del público lector. Es por ello por lo que recomiendo la lectura de "El Brujo del Cuervo" del escritor Ngugi Wa Thiong'o, uno de los más grandes escritores contemporáneos africanos y probablemente el más destacado en Kenya.

Thiong'o, nombrado aspirante al Premio Nobel de literatura y sin duda merecedor de este premio por el conjunto de su extensa obra, tanto en el campo de la ficción como en el del ensayo, es un intelectual comprometido hasta la médula con las luchas por las causas justas en todo el continente africano y en su país en particular. Gran parte de su obra narrativa y ensayística acomete sin ambages la terrible historia  de un continente sometido a la depredación originada por el imperialismo, el colonialismo y a sus consecuencias actuales que se manifiestan en  muchos de los  estados "fallidos" o desangrados por dictaduras intervenidas por la acción neocolonial y los intereses de las multinacionales.

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