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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 26 de septiembre de 2020

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César Antonio Molina

César Antonio Molina nació en A Coruña en 1952. Se licenció en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela y en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Se doctoró cum laude con el trabajo de investigación La prensa literaria española, publicado en tres volúmenes. Es, también, diplomado en Lengua y Literatura Italiana por la Universidad para extranjeros de Perugia. Fue profesor de Teoría de la Literatura en la Complutense de Madrid y ha seguido siéndolo en los últimos años, en la facultad de Humanidades y Periodismo de la Carlos III de Madrid.

Durante varios años coordinó los Cursos de Humanidades de la Universidad de Verano de El Escorial. Entre 1985 y 1996 trabajó en Cambio 16 y Diario 16 en donde fue director adjunto y responsable de las páginas de Cultura y Espectáculos, así como de los suplementos Culturas y Libros. En 1996 se incorporó al Círculo de Bellas Artes de Madrid como director-gerente. En mayo de 2004 fue nombrado director del Instituto Cervantes, piuesto que abandona el 6 de julio de 2007 cuando fue nombrado ministro de Cultura en sustitución de Carmen Calvo, por el gobierno del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero; cargo que ocupó hasta el 7 de abril del 2009, siendo sustuida por otra escritora complutense: Ángeles González-Sinde. Recientemente ha sido nombrado Director del Centro Internacional para la Investigación, el Desarrollo y la Innovación de la Lectura / Casa del Lector de la Fundación Sánchez-Ruipérez, que tendrá su sede en Madrid.

En septiembre de 2005 el gobierno de Francia le nombró Caballero de la Orden de las Artes y Letras, y dos años después, el III Premio Letras de Bretaña. Ha publicado más de una treintena de libros de ensayo, prosa y poesía. Su obra poética aparece recogida en numerosas antologías y está traducida a varios idiomas.

Datos personales

Nombre: César Antonio Molina

Datos complutenses

Datos literarios

Obras del género Poesía

Premios y reconocimientos

  • 2007: III Premio Letras de Bretaña
  • 2005: Caballero de la Orden de las Armas y las Letras de Francia
  • 2004: Premio Latorre de Periodismo

 

Enlaces en Internet

Otros datos de interés

Tiene medio centenar de libros editados. Como poeta, toda su obra -excepto los tres más recientes poemarios Para no ir a parte alguna, Olas en la noche y En el mar de ánforas- está recogida en Las ruinas del mundo. Como ensayista se destacan Sobre la inutilidad de la poesía, Nostalgia de la nada perdida y Sobre el Iberismo, que agrupan sus reflexiones sobre la poesía y la narrativa del siglo XX.
Es uno de los más prestigiosos críticos literarios. Vivir sin ser visto, Regresar a donde no estuvimos y Fuga de amor, son sus libros narrativos.

Biblioteca de autor

Eume (2007)

Vigo, Editorial Galaxia, 2007 (Edición en gallego).


Con el poso que dejan la experiencia y la memoria, César Antonio Molina ha construido el poemario Eume, nombre del río gallego de su infancia al que ha regresado tras mucho viajar por el mundo para convertirlo en protagonista de este libro «de madurez», escrito en gallego y que ahora sale en edición bilingüe.

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En el mar de Ánforas (2005)

Valencia, Pre-Textos, 2005.


Es un libro prietamente lingüístico, entretejido por múltiples hilos que espesan su encarnadura verbal. El primero, paradójicamente, es su apa-rente levedad, o, dicho con mayor exactitud, su aparente descomposición. Sus versos son siempre cortos; a veces de una sola palabra; a veces, incluso, de una parte, y hasta de una letra, de una palabra. La materia poética parece desintegrarse, como un montículo de arena barrido por el viento. No hay desarrollo discursivo, ni apenas sintáctico, en estos versos delgadísimos. Los poemas se suceden como largas criaturas filiformes, y las palabras entrechocan en su quietud, aisladas en lo blanco. Sin embargo, esta fragilidad y este aislamiento subrayan los perfiles de cada término, y aún de cada morfema: las palabras adquieren un temblor y una solidez insospechados; cada una se erige en verso, en mundo: en finalidad en sí misma. La disposición telegráfica de los poemas transcribe la captación del mundo mediante un solo golpe de ojo, que cuaja en una sola palabra. "El ánima se expande/ toda ojo", escribe Molina en "Quid non". Pero esos impulsos eléctricos que son los versos se ensanchan hasta constituirse en unidades plenas. Las palabras de En el mar de ánforas parecen esculpidas, pero no dejan de aletear.

Como para compensar lo enteco de sus composiciones, Molina no vacila en repetir versos de un poema a otro, o incluso dentro de un mismo poema. Estas repeticiones se configuran a menudo como cantinelas lúgubres: "a la sombra del ángel/ la ceniza /[...] a la sombra /la sangre /coagulada /a la sombra del ángel /a la escoria /ya sin sombra /sin ángel /[...] a la sombra del ángel /en el rastro". En el mar de ánforas abunda en mecanismos iterativos, so-bre los que descansa su ingravidez. Los sintagmas especulares, los quias-mos, los políptotos, las anáforas y epíforas, las figuras etimológicas, las geminaciones y toda suerte de bu-cles lingüísticos dotan al libro de un intenso trémolo verbal y de no poca conceptuosidad. A ello colaboran tam-bién las estructuras opuestas: antítesis, oxímoros y paradojas, como éstas del poema "Zumbido especular": "el sin /color /de un /arco /iris /el sin /fulgor /de un /rayo /el sin /sonido /de un /trueno", y los juegos sonoros, en los que confluye lo barroco y lo experimental, y entre los que hallamos viejos palíndromos, como el que encabeza el poema "Roma": "amor / roma...". Sin embargo, las paronomasias no siempre eluden el peligro de la gratuidad; lo ingenioso prevalece sobre lo necesario, y los versos tiritan: "velan / velas / si la vela / desvela / el duermevela...". Por último, el poeta practica giros arcaizantes y mezcla idiomas, sobre todo en los títulos, entre los que observamos muchos en latín. Tanto el léxico desusado como la pluralidad de códigos -un recurso culturalista y posmoderno, cultivado con convicción por Pound, y que acaso se explique por la filiación novísima de Molina- nos fuerzan de nuevo a reparar en la materialidad de las palabras: a detenernos -a enfangarnos- en ellas.

En En el mar de ánforas pelean, como en tantos libros de la contempo-raneidad, la realidad y el deseo. Éste parece encresparse en poemas sensoriales, rezumantes de motivos marinos, sacudidos por imágenes briosas y punzadas de delirio, en los que ocasionales bodegones impregnan los versos de aromas multicolores: "il succo dei frutti caduti allora /los pichones /aún /sobre la mesa /una manzana /un limón /algunas pocas pasas /y el rostro /que se /refleja /sobre el plato...". El ansia por la vida, la omnipresencia de la voluntad, se plasma en expansiones órficas o en metáforas heraclitianas: "no hay río /tal /como el deseo", afirma Molina en el fragmento iv de "¡Yo he miedo!". Pero el deseo, como saben todas las filosofías, lleva aparejado el dolor. Por eso Molina apela al estoicismo para apagar las consecuencias del anhelo insatisfecho. Nec spes nec metus, reza el adagio senequista; "nada esperar /de nada /nada temer /(esperar es temer) /nada desesperar de nada", reza el fragmento ii de "¡Yo he miedo!". El tiempo es el principal antídoto del deseo: su fluir inexorable sofoca las crepitaciones del cuerpo y acalla las pasiones. La obsesión por ese transcurso fatal asoma en casi todas las piezas del libro, a veces al amparo de símbolos clásicos, como la clepsidra. Otras veces se descompone en pasado, presente y futuro, tentáculos que apresan al poeta y con los que batalla sin esperanza. Nada queda, en fin, tras esta lid desigual, y eso -la nada- se transforma en motivo del poema. Su manifestación más palpable es la muerte, otro tópico capital -que suscita el conjuro de la religión: las alusiones a Dios son frecuentes-, pero admite otras: la nada es espacio, es conocimiento, es inesperanza, es ser, es todo. "Nada es verdad /sobre la tierra /el engaño es la obra /la verdad", escribe Molina. Y estos poemas nihilistas y turbulentos, ominosos y abstractos, se traban con otros en los que aún alienta el fragor de la vida, y la violencia se alía con la delicadeza. Así sucede, por ejemplo, en
"Ángeles se van vienen arcángeles", en el que aparecen galgos blancos, y ciervos, perales y rosales, y tortas de pan, y también versos como éstos: "dasein /ser para el fin /mío tuyo del /fin /de lo que /adviene". Pocas veces sabemos a qué aluden los poemas. Ocasionalmente, reconocemos alguna escena, algún momento -un avión, un mercado, alguien que saca agua-, e intuimos de qué forma han propiciado la eclosión verbal. Pero eso no es relevante. Lo que de verdad importa es lo que ocurre en el poema. Y lo que ocurre es una perturbadora sucesión de fogonazos sonoros, sin otra argamasa que su vuelo, sin otra argolla que su propio hacerse, animados solamente por las antiguas obsesiones humanas: el amor y el dolor, la supervivencia y la desaparición.

 

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Las ruinas del mundo (1991)

Barcelona, Anthropos, 1991

Reúnen todos los libros de poemas que César Antonio Molina ha publicado desde 1974. Su poesía está repleta de referentes simbólicos, en un mundo que tiende a abolirlos, en donde el hombre contemporáneo convive con la arqueología de sus muchos pasados y la cada vez más abrumadora de su presente.


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