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Jueves, 19 de mayo de 2022

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Obras publicadas en el día de 13 de Diciembre de 2021

Problemas legales con alquileres

Problemáticas que pueden surgir si vives de alquiler o alquilas una propiedad.

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ANUMARANA

 

Mi talento es que soy una doctora Honoris Causa en hacerme daño. Llevo horas sentada en mi escritorio sin saber cómo usar las piernas. Quiero retroceder a los años primitivos y desaprender a caminar. Quiero pedirle al genio de la Coca-Cola que me conceda el deseo de convertirme en un vegetal. Recurrir a algún Máster que me enseñe a cortarme. Que me dieran clases de anatomía señalizando las partes del cuerpo en las que hacer las incisiones precisas con la cuchilla. Nadie te enseña a matarte, sólo saben citar la inexistencia. Quiero hacerme pasar por una vaca en el primer matadero que encuentre. 

Llevo tres días sin ingerir paroxetina y sin dormir. Es la primera vez que me estoy haciendo la creyente empedernida intentando sintonizar con una voz que dicen que existe. Yo no encuentro tal voz, encuentro muertos. Muertos que no conozco y que me susurran. Alguno me acaricia las manos y corrige frases que no cuadran, frases innecesarias, frases que de ser aún tan sinceras no pueden escribirse.  Sé que no tengo  ningún talento especial para escribir. Me han dejado de importar los receptores. Hablar se me hace escueto como verbo de necesidad. 

No, no, no necesito contar para recibir consejos. No busco consejo. No busco la opinión de terceros. Busco su oído interno. Busco que vean mi historia como un mito griego. Que se queden callados por unos segundos. Y destinar sus voces calladas al silencio sepulcral. Me he quedado viuda atisbando el Taj Mahal. Consumamos la poesía como Pandu consumó en Madrid. Y no contamos en ningún momento con la maldición. Pensamos que éramos más fuertes y listos. Ignífugos. Inmunes a la enfermedad. 

No sé si estoy preparada para ser tantas veces viuda, sin haber sido mujer. He sido viuda cada vez que callaste mi nombre. He sido viuda cada vez que mentías a tu mujer. He sido viuda esas cinco horas llorando en la Estación de Tren de Badajoz. He sido viuda cuando me negaste a tu madre. He sido viuda el día de tu diagnóstico. He sido viuda el día que cortaste la vía epistolar que nos definía. He sido viuda cuando elegiste la vía fácil. Y yo hubiera preferido un Peter Pan Beat que se fuera a la carretera a perdernos por el mundo.

 

Vanora Miranda 

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LOS CURIE DE LA POESÍA

 

a V.

 

Mi vida se ha edificado en la praxis vulgar. Las observaciones de mi madre han sido siempre duras y concisas. Mi primer tubo de ensayo fue el orinal. Mis primeros pinitos en la galaxia gaseosa podrían ser relatados como un cuaderno de bitácora de la suboficial Ellen Ripley. Necesité por todos los medios descubrir a ese planeta anal. El planeta que se reproducía como las estrellas de mar. Mi producto capitalista biológico germinado en alien. No me quedé corta en la experimentación. Continué mi hazaña desempeñando distintos oficios, dejando de lado el de astronauta y dando lugar a la antropóloga. La consistencia retratada en un fósil de dinosaurio. Retroalimentarme en la cueva de Atapuerca. Me convertí en una homínida de la rama evolutiva de los neandertales. Aquello se transformó en mis pigmentos de flores. Utilicé la pared para recrear una orgía intestinal. Más tarde, descubrí el origen de la vida mamífera. Ese paradigma ilustrado mediante la fotografía technicolor de un quirófano. Dos días después, ya estaba siendo la madre de Sócrates. Creé mi propia clínica obstetra. A mi familia les forzaba a ser árboles que empujaban fuerte para deshacerse del fruto. No había barreras para la Ciencia. Intuía que un mundo futuro los hombres sufrirían el fruto. Luego, pasé a un cambio drástico: a ser stripper en los teatros, en las cenas de Navidad, en las fiestas familiares de mis cumpleaños. Algo en ellos supo decirles que no me soportarían muchos años; por esto o aquello, el caso es que no había sitio reservado para mí en misa. Tuve mis primeros litigios preescolares acusada de tarascar un faro. Desterré a ese hombre de sus dominios. Durante unas semanas hice de bruja, hasta que encontré un pájaro con un ala rota en la casita de juguete. Tal vez en ese momento, no sé decirlo con certeza, irrumpí bulliciosamente el mundo con mi propio reino. Tú, mejor que nadie, sabes a qué reino me refiero. Hablo a un niño y  yo te hablo desde la altura de la infancia. No he dejado en ningún momento este lugar para esperarte. Aquí soy sólo una ciega sordomuda, discapacitada. Una maldita leprosa con un cartel en el cuello donde puede leerse que sólo estoy de paso por Judea. Incluso se me deja exenta de ser negra. ¡No puedes ser negra! Esa Juana de Castilla que tuvo que pasar encerrada en Tordesilla unas semanas para entender que su cáncer era neurológico; sin embargo, ahora, siento un deseo impetuoso de ser celda. Metamorfosearme en una reja, en una camilla de enfermería, el gotero de suero o una simple jeringuilla. Pensar que siendo una escalera será el único momento de mi vida que podré estar distanciada de ti a una cierta altura. No sé quién soy la mayor parte del tiempo. No sé decirte cuántas versiones de mí misma posan junto a ti en nuestro cuadro. Tampoco sé decirte cuál de todas te escribe hoy. Creo que esa que se acoge al tabaco como radiografía, la asesina reincidente. Tampoco tengo claro si soy la desorganización primitiva. Sé que Freud nombró la envidia imaginando tu pene y que Simone de Beauvoir se planteó su sexualidad al leer tu poesía. Contigo sólo vale una cosa: ser el poema destructivo. Príapo fue creado a tu imagen y semejanza, como exvoto de los no creyentes


Vanora Miranda 

 

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