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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Miércoles, 30 de septiembre de 2020

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¡Manifiéstate!

Hoy, en una concentración de no más de 60 personas que coreaban vivas al pueblo palestino y condenaban con pasión las continuas agresiones del Estado de Israel a éste, me he dado cuenta: hay miedo.

Pero no miedo por parte de las personas allí concentradas. Miedo es el que tiene el hombre trajeado; utiliza el miedo para controlar y cuando llega un punto en el que se pierde el control, el miedo tiene ese efecto boomerang tan detestable en este caso. Lo cierto es que cuanto más poder y cuántas más vidas dependen de las decisiones que tome una sola (o un grupo muy reducido de unas solas) persona, menos conciencia se vislumbra en las mentes de los demiurgos de sus súbditos.

Lo que quiero decir, dejando el lenguaje rimbombante a un lado, es que en este ínfimo ejemplo de manifestación he podido comprobar lo que he tenido tantas veces enfrente de mis ojos. Hay confianza, hay utopía realizable. La gente grita a coro y sí, por supuesto que hay silencios entre cánticos, pero no son por vergüenza o miedo escénico. Son silencios - y esto sí se lo debo a la universidad - valorativos. La imagen que se trazaba en este corralito igualitario dejaba a las claras la correa tan evidente que se cierne sobre nuestros cuellos. Para que me entendáis: hablo de la Correa de No Protestantes que sale en cuanto se escucha la mínima consigna en contra de lo establecido.

Niñxs, jóvenes y ancianxs se mezclaban, sonriendo y debatiendo, jugando y cantando, todos frente a una causa común. En la otra acera - perdonen mi plasticidad, pero va sin ironía ni ánimo de ofender - estaban las fuerzas de (in)seguridad: brazos cruzados - la imagen también actúa como arma -, serios - todos hombres -, y rondando cual hienas - por lo de incomodar y atemorizar -.

Las verdaderas fuerzas de seguridad no pertenecen al Estado, y se hallan dentro de cada grupúsculo que conforma ese gran círculo. Redes de confianza es lo que yo vi, y es lo que veo. Y es lo que da miedo. Porque el buen rollo se contagia rápido, y las personas somos muy curiosas por pura naturaleza. He visto cómo unas cuantas se han unido a la concentración, primero por saber de qué iba, segundo porque estaban de acuerdo con lo que se pedía.

Qué complicado es salir a la calle y reclamar algo que ni siquiera es para tu propio interés. Cuán necesario se antoja cuando empiezas a ver cómo las historias que veías en la tele ocurren en tu familia o a tus vecinxs. Aun con eso, todavía prefieres seguir conservando. Pero cuando se te cierne encima la incertidumbre y la desgracia, no hay más alternativa que salir a hacer lo que todavía tenemos derecho. Quizá, si el manifestarse se viera como un ejercicio de limpieza democrática y no como un acto que llevan a cabo cuatro perroflautas y tres violentos - porque en este caso el género sí distingue -, no hablaría de que hoy he estado en una concentración de 60 personas. Pero el miedo es muy poderoso cuando se trata de proteger lo que se tiene.

Conoce gente que te prenda la llama de la inquietud, e intercambia pareceres. Las personas más cultas, a mi modo de ver, no son las que más tiempo pasan encerradas entre libros, sino las que se enriquecen con experiencias de todo tipo.

Sal, cultívate, no te conformes, protesta, ¡manifiéstate!

Género al que pertenece la obra: Periodismo literario
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