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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 25 de agosto de 2019

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Ruy J. Henriquez Garrido

Ruy Henríquez

Ruy Henríquez

Profesor asociado del Departamento de Lógica y Filosofía de la Ciencia, de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. Poeta y psicoanalista perteneciente a la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero de Madrid.

Recientemente ha publicado "El paradigma cartesiano de lo mental" (Editorial Plaza y Valdés) y "Psicología de la investigación científica" (Editorial Escolar y Mayo).

Desde 1996 forma parte de los talleres de poesía Grupo Cero. Fruto de su trabajo en la poesía son sus libros "Surcos" (1998), "A golpe de lluvia" (2002, en colaboración) y "Deseo de mujer" (2007).

En la actualidad, además de su labor en la Universidad Complutense de Madrid, trabaja en la atención clínica de pacientes. También imparte conferencias y cursos en diversas instituciones madrileñas, principalmente orientadas a la divulgación del psicoanálisis y la poesía. Ha publicado numerosos artículos en revistas españolas y extranjeras, como Extensión Universitaria, Las 2001 Noches, El Indio del Jarama, Revista de Filosofía, Claves de la Razón Práctica, etc. Participa en la producción de la Revista Artistas del Vértigo.

Datos personales

Nombre: Ruy J. Henriquez Garrido

Correo electrónico: ruyhenriquez@filos.ucm.es

Portales web:

Teléfono: 91 394 53 74 - 618596582

Datos complutenses

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1995

Biblioteca de autor

Deseo de mujer (2007)

Deseo de mujer

Madrid, Editorial Grupo Cero, 2007

 

 

Presentación del libro

 

DESEO DE MUJER de Ruy Henríquez

 

Una nueva creación de la Editorial Grupo Cero acaba de producir un autor, bajo el nombre de Ruy Henríquez, que hoy presenta su segundo libro de poesía en solitario; “inaugura aquí este dédalo de sueños”. Ruy se formó y sigue formándose como poeta en el taller de poesía de la Escuela Grupo Cero coordinado, por Carmen Salamanca. Es psicoanalista de la Escuela Grupo Cero y licenciado en filosofía; de Ruy, estamos acostumbrados a disfrutar de su prosa impecable, aderezada con los condimentos adecuados, en elblogmaravilloso.com que día tras día él mismo va actualizando. Hoy por hoy, esa página web es el mayor escaparte de las producciones sociales del Grupo Cero.

Cesare Pavese nos dice: “Rigurosamente, no existe un “ver las cosas por primera vez”; la que cuenta, es siempre una segunda”. “Surcos” fue su primera vez, “Deseo de mujer” es el que cuenta y el poeta nos lo dice así. “Hay en ti un poeta/ que aguarda a escribir/ otros versos/un nuevo destino/donde poder decir:/He sido otro, he podido vivir”. Con esa segunda vez, el poeta lanza a la vida su verdadero compromiso poético.

El color naranja nos dice algo, el famoso libro de los símbolos, simboliza el punto de equilibrio entre el espíritu y la libido. En la portada del libro, a ese símbolo, le acompaña una bella mujer que nos invita a entrar desde sus ojos azules medio velados, que se muestran y no se muestran. Así, ascendiendo, llegamos hasta el intrigante y, a la vez, valiente título: Deseo de mujer.

DESEO DE MUJER, ¿de qué deseo se trata? ¿de qué mujer? ¿él desea a una mujer? ¿se trata del deseo de una mujer? O ¿él desea un deseo de mujer?

“Rebelde de tu sombra/despega tu nombre de su huella/ deja latir tu corazón con esta bala”.

En un primer tiempo parecería que el deseo del poeta es que la mujer escriba pero sería una lectura algo precipitada e ingenua, ya que sabemos que La mujer no existe sino que existen mujeres. Por lo contrario, donde pocas dudas nos deja, es sobre el deseo. Alguien quiere escribir. “Renuncia por fin a lo que nunca fuiste/Deja caer por una vez esa moneda que atesoran tus fanáticos dedos.../Decídete a escribir el próximo verso”.

Hay una pregunta que podría reiterarse varias veces durante la lectura del libro, ¿quien escribe y a quién? cuando interpela con insistentes imperativos: “Escribe, raya, deshecha, pero no te detengas”.

El psicoanálisis dice que se escribe en posición femenina, es decir que para escribir hay que dejarse llevar y el poeta lo dice así: “No va más/ hoy vengo de volar con una amante/ que hará de mi cuerpo/ la perdurable piel de sus versos”.

¿Será acaso, un poeta dirigiéndose a la posición que le permite escribir, la posición femenina? Un hombre que se entrega a “su” mujer para escribir: “Hoy me entrego/a las formas libres de tu cauce/a las combinaciones improbables/a las inesperadas transmutaciones/de su tacto en la carne”.

Y la sigue impulsando a la acción: “Atrapa ese caballo!/doma su indómita cerviz/somételo a la brida silenciosa/de tu voz enamorada”. Podríamos decir, entonces, que deseo de mujer en ese caso, en ese precioso libro, es deseo de poeta.

Otro detalle que la lectura va descubriendo en muchos poemas es la división entre pasado y presente, entre libro escribiéndose y libro publicado. “El hombre vivía escondido/en las páginas de algunos libros.” y después de la publicación: “Construimos sin saberlo/ un futuro de poemas conquistados./La piel abierta al deseo/ en un cielo de pájaros liberados.”

Y no será coincidencia que el libro empiece así: “Un viento álgido de espermas, inaugura el tiempo, de los encuentros futuros”.

Y que concluya con una decisión: “Haré de mi cuerpo, el cuerpo de la letra”. Hoy, el cuerpo de Ruy es este libro. Muchas gracias.

 

Clémence Loonis

Presentación publicada en

El Blog Maravilloso

 


  Deseo de mujer (2007)
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A golpe de lluvia (2002)

A golpe de lluvia

Madrid, Editorial Grupo Cero, 2002

 

 

 

Con un solo golpe

 

Primero debimos sucumbir a tu silencio.

El mar era un miasma tenebroso

sumado a la noche

y mi corazón latía todavía mudo

en el centro de la tierra.

 

Nada parecía alterar el ritmo repetido,

la cadencia interminable de las desesperaciones.

Fuego y sangre, lágrima temblando

y el abismo reclamando su cuota de hambre.

 

Luego, poco a poco,

fuimos conquistando la luz y las palabras,

las hondas determinaciones de los hombres,

la trama indescifrable del número y del orden.

 

Con un solo golpe supimos entonces

del infinito y sus voces, de la verdad y de la muerte.

Crecimos sin reparar en nuestros cuerpos,

en el clavo de óxido que nos ata a la materia.

 

Fuimos, por fin, dos desesperados que se aman

sin saber que sus besos son letra escrita,

páginas arrancadas a los libros,

la voz todavía intacta de un poema.

 

 

 

 

  A golpe de lluvia (2002)
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Surcos (1998)

Surcos de Ruy Henríquez

Madrid, Editorial Grupo Cero, 1998

 

Carta de Leopoldo de Luis

Madrid, 29 de marzo de 1999

 

Mi querido amigo Ruy Henríquez:

 

He leído con atención y gusto el libro que tuviste la amabilidad de ofrecerme la otra tarde, cuando nos reunimos en vuestro "taller".

"Surcos" me parece interesante y complejo. Creo que hay una voz personal y auténtica, pero, al mismo tiempo unas influencias algo desorientadoras, a mi juicio. Quiero decir que, a veces, una actitud de creación imaginativa no se concilia con aspectos de crudeza realista. Tal vez por ser un primer libro has llevado a sus páginas piezas que responden a momentos distintos.

Esto no dice nada en contra de una verdad poética. Yo creo que el libro responde a un poeta auténtico. Ya el primer poema demuestra una comprensión lúcida de la escritura poética. Palabras juntas que en su unión redescubren las cosas y les dan nuevos nombres; árbol que nunca recibe el mismo rocío; una historia que, de alguna manera, empieza en cada uno.

Es curioso comprobar cómo aparecen distintos sujetos líricos, y en todos ellos se desarrolla una voz auténtica.

Me he quedado muy contento de leerte, de tomar contacto con tu mundo poético. Me han impresionado entre otros, poemas como "Un hombre muerto", "Pertenezco a la espera" o "Las cosas que no tienen nombre".

Te agradezco que me hayas dado a conocer tu obra y te deseo constancia y corazón en esta aventura.

 

Un abrazo de tu amigo,

 

Leopoldo de Luis

 

 

 

 

Un hombre muerto

 

 

Para cuando tú te fueras,

pensé que se quedaría conmigo un hombre muerto.

Una larva dormida, un huevo bajo la tierra,

un animal invernando en su madriguera.

Me sentiré, dije, un cuerpo en coma

vegetando en la cama de un hospicio,

el pulso latiendo muy lento y en silencio,

confundiéndose con las pisadas de los segundos

en los largos y solitarios pasillos del tiempo.

El impronunciable tiempo que dure tu ausencia.

Todos los signos vitales detenidos porque tú te habrías ido.

Y yo, mudo e inerte, me habría dejado caer

en el negro sueño de todos los sentidos.

 

Para cuando ya esté solo, pensé,

cerraré bien todas la puertas, todas las ventanas,

me concentraré en mí mismo, en la cruda estructura,

en la desnuda forma de un hombre solo.

Una obra inacabada y vacía como los movimientos de un autómata.

Agostando todas las formas de la respiración

para que las horas vuelen imperceptibles

sobre la crisálida que formarán tus cartas a mi alrededor.

Como una oración talmúdica diré rezando

"Sólo quiero que el tiempo pase y que estemos juntos otra vez".

Repitiéndola hasta que caiga el primer segundo de esta espera

fulminado por la ira de mi piedad.

El ahorro y la continencia de un eremita

que contemplando extático su fé

sentirá el peso muerto de su sexo entre las piernas

y pensará en la corta vida que tiene el amor.

 

Pero no ha sido así.

Los muertos no eyaculan ni fecundan esperanzas en sus tumbas.

No se yerguen sus vergas soñando con sus viudas,

florecientes Penélopes ardiendo sudorosas en sus camas vacías.

Ni se desvelan pensando en la rotundidad de sus caderas,

en los espléndidos culos de las viudas que se marchitan

intactos bajo el luto prematuro,

sin que los labios beban con desesperada agonía su áspera miel.

No es un muerto el que sueña con la engañosa fortaleza de tus piernas,

en la flor húmeda de tu sexo rezumando el olor de todos los deseos,

la satisfacción del hambre y de la pena.

 

 

 

  Surcos (1998)
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