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Domingo, 27 de septiembre de 2020

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La legalidad del consumo de marihuana, a debate

Hablar de marihuana en España es dar pie a iniciar un debate sobre su legalidad o no. Hay argumentos a favor y en contra: de una parte prima la libertad individual, la sensación de que no es una droga demasiado lesiva y que puede producirse un aumento en los ingresos del Estado, vía recaudación de impuestos. Asimismo, se esgrime el hecho de que se desvincularía este tipo de actividad del narcotráfico; con el contrario, están aquellos que recuerdan que la marihuana es una droga con todas las consecuencias y que sus efectos podrían ser devastadores si se generalizase el consumo.

 

Hablar de marihuana en España es dar pie a iniciar un debate sobre su legalidad o no. Hay argumentos a favor y en contra: de una parte prima la libertad individual, la sensación de que no es una droga demasiado lesiva y que puede producirse un aumento en los ingresos del Estado, vía recaudación de impuestos. Asimismo, se esgrime el hecho de que se desvincularía este tipo de actividad del narcotráfico; con el contrario, están aquellos que recuerdan que la marihuana es una droga con todas las consecuencias y que sus efectos podrían ser devastadores si se generalizase el consumo.
De momento, y para que nos entendamos, en España el asunto está que sí y que no. Es decir: es ilegal la posesión, consumo y cultivo con fines lucrativos; aunque se permite todos y cada uno de los preceptos anteriores si se hace en privado.
Abundemos en el asunto: El consumo está penado y se mantiene así desde la última regulación de 2015 (Ley Mordaza) y tras un análisis de la misma obtenemos los siguientes resultados.
El consumo de marihuana o cannabis es legal en clubes cannábicos o en privado, pero si consumimos en la calle podemos ser multados con 601 euros como mínimo (si es la primera infracción de este tipo). Por supuesto, la ley no aclara cómo ha llegado la sustancia del ámbito público al privado.
El cultivo de marihuana es legal, pero si éste no es visible desde la vía pública. Además, tiene que ser para autoconsumo, con lo que habrá una limitación de plantas, unas dos. Si existe la posibilidad de que se interprete que hay negocio en el asunto, el juez puede abrir diligencias. Aquí, además, no queda muy claro cuál es el domicilio. ¿Puede considerarse una casa rural y toda su extensión como tal?
La posesión es legal si la marihuana está dentro de nuestro domicilio en los clubes cannábicos pero con un peso acorde con el consumo individual, para no ser considerado como una actividad ilícita: narcotráfico (el cual está penado con 3 a 4 años de cárcel, dependiendo de cuánto se posea). Por otro lado, la posesión en la vía pública será sancionable entre los 601 y 10.400 euros, dependiendo siempre de los antecedentes y si hay agravantes. Llegados a este punto: ¿cómo se lleva la sustancia en cuestión hasta el domicilio particular o hasta los clubes?
Con todo, cómo conseguimos la marihuana si es ilegal la compra, aunque en los clubes nos pueden suministrar cierta cantidad mensual para el autoconsumo.

La cuestión del debate no radica tanto en el consumo como en la producción de la marihuana. Podemos llegar al consenso de que en España, salvo en contadas excepciones, el consumo está permitido. No es ya una cuestión de clubes, sino que simplemente nos podemos encontrar con cualquier persona en la calle consumiendo un porro sin mayores problemas, o al menos con los mismo que se topa cualquier fumador normal. Cada día cuesta más trabajo fumarse un cigarrillo en la calle, sobre todo desde que ha hecho acto de presencia el covid y muchos epidemiólogos hayan advertido que puede ser un factor exponencial en el contadio.
La verdadera cuestión, o el epicentro del asunto, se centra en la producción y la comercialización. Hay políticos que abiertamente abogan por su regularización, como es el caso de Pablo Iglesias, quien expone que sería una fuente más de ingresos para el Estado, gracias a los impuestos. Muchos, en este sentido, han visto un maná similar a productos como el tabaco o el alcohol, que tributan cantidades ingentes.
Se esgrime, además, que con una regulación estatal se acabaría con el problema del narcotráfico y la delincuencia que lleva aparejada. Puede ser cierto hasta cierto punto, aunque el contrabando de tabaco no ha desaparecido en su totalidad en España, a pesar de que es una actividad plenamente reglada.
Sí se podría conseguir, no obstante, que con controles sanitarios adecuados la producción fuera, por decirlo de algún modo, mucho más saludable, y conlleva que los beneficios de la producción directa se quedan en territorio patrio, una vez que la inmensa mayoría de la marihuana se importa por vías alternativas: narcotráfico, para entendernos.
Estas disquisiones económicas, no obstante, no evalúan el efecto sobre la salud que provoca esta droga. Sus defensores aducen que las bebidas alcohólicas y el tabaco también tienen un impacto sobre la sanidad comunitaria y son perfectamente asumibles por el sistema.
Sobre la marihuana pesa el hecho de que es la primera droga en el escalafón hacia problemas mayores. Todos los estudios aseguran que la inmensa mayoría de aquellos que han llegado hasta la cocaína o la heroína iniciaron su andadura con la maría. Es más, sin llegar a los extremos, los estudios afirman, por ejemplo, que aquellos que consumen alcohol elevan su consumo gracias a esta sustancia.
De hecho, en las terapias de rehabilitación, tanto la marihuana como el alcohol son elementos que se eliminan del consumo, aunque ninguno de ellos sea el origen del problema. Se estima que si un adicto a la heroína, por ejemplo, deja su sustancia raíz, pero continúa con el alcohol, fácilmente pasará a ser dependiente en dicha sustancia, es decir, sustituye una sustancia por otra.
Las malas noticias para los defensores de los beneficios de la marihuana no acaban ahí, puesto que cada vez se tienen más datos de que la marihuana, en gran consumo y en edades tempranas, puede dañar al cerebro en mayor o menor medida, sobre todo cuando se habla de adolescentes.
En la parte contraria, que la hay,se sitúa la corriente del uso de la marihuana con fines medicinales. Está más o menos asumido que en algunas afecciones crónicas funciona muy bien como sustituto de productos farmacológicos. Estamos hablando, por ejemplo, de que para contrarrestar los efectos de la quimioterapia podemos administrar drogas sintéticas o maría, que tendría unos beneficios superiores al no ser un compuesto químico. En este punto, la controversia es realmente importante y en algunas situaciones se ha comprobado que además de eliminar el dolor ha conseguido contrarrestar efectos como las náuseas o la falta de apetito.
Los legisladores, por tanto, deben responder a un gran número de cuestiones que siempre se viralizan en asuntos tan espinosos como el consumo de sustancias que pueden crear adicciones.
-¿Compensan los beneficios económicos, vía impuesto, a los gastos añadidos a un sistema sanitario ya colapsado?
-¿Realmente se conseguiría frenar el contrabando y la criminalidad asociada al convertir dicha actividad en legal?

 

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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