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 "Debemos aceptar que el mundo es como es, así que mejor dejarlo como está, que luego pasa lo que pasa, y eso: que cada mochuelo a su olivo."

Esta forma de pensar no es rara y si no la escuchamos con esas mismas palabras, sí percibimos que mucha gente la tiene como filosofía de vida. Con ello, todo va agostándose dulcemente a nuestro alrededor mientras nos convertimos en meros espectadores de un mundo fácil de criticar y considerado imposible de intervenir.

Existe gente, sin embargo, que no ve su entorno como algo ajeno o inabordable y conscientes de ese desorden se deciden a actuar, ay, sin importarles el riesgo que corren al intentar poner remedio a los entuertos. Y vayamos al grano, pues.

La Residencia de Estudiantes de Madrid fue creada en 1910 por el Ministerio de Instrucción Pública, dependiendo de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) e inspirada por las ideas de Francisco Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza, con la finalidad no sólo de dar acogida sino también de ofrecer una alternativa a una Universidad que se consideraba obsoleta y fomentar la renovación de la enseñanza, como parte de un proyecto global de modernización científica y cultural de la sociedad española. Pocos años después la Residencia de Estudiantes se había convertido en un relevante foro de debate de la modernidad española con residentes como Federico García Lorca, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Pepín Bello o Severo Ochoa, y con visitantes como Albert Einstein, Madame Curie, Miguel de Unamuno, Walter Gropius, Manuel de Falla, Le Corbusier, Rafael Alberti, Paul Valéry o Igor Stravinsky.

 Con la construcción de la Ciudad Universitaria de Madrid a finales de los años veinte se crearon residencias universitarias en el nuevo y flamante campus de la Moncloa, buscando una más cercana y adecuada ubicación tanto con el casco urbano de la ciudad, como con respecto a las nuevas facultades universitarias. Así se proyectaron por Luis Lacasa Navarro unas nuevas residencias para estudiantes. Sin embargo, con la Guerra Civil el espacio universitario madrileño apenas estrenado tuvo un desgraciado protagonismo, convertido en primera línea de fuego durante gran parte de aquellos años, y el proyecto de Luis Lacasa no pudo terminarse. El franquismo inhabilitó al arquitecto Lacasa, que fue relevado por Javier Barroso para la reconstrucción del proyecto inicial de las residencias universitarias. En algunos de los edificios de la clausurada Residencia de Estudiantes funcionó la Residencia Masculina Jiménez de Cisneros, que por Orden del 8 de enero de 1941, se incorporó al CSIC., bajo la dirección de don Pedro Laín Entralgo. La Orden del 14 de agosto de 1942 dispone que esta Residencia pase a ser El Colegio Mayor Ximénez de Cisneros, de la Universidad de Madrid, hoy Complutense, el cual se instalará en el edificio actualmente en construcción en la Ciudad Universitaria. El Colegio Mayor se inaugura en 1943; allí fueron trasladados la biblioteca y otros enseres de la clausurada Residencia de Estudiantes. El nuevo conjunto arquitectónico se dividiría más tarde en tres colegios mayores: al originario Cisneros acompañarían el Antonio de Nebrija y el Diego de Covarrubias. Por su parte, a partir de 1940, los edificios que acogieron a los centros de la JAE fueron destinados genéricamente al recién creado Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y varios de los pabellones de la Residencia de Estudiantes, que habían servido como hospital durante la guerra, fueron destinados a Residencia de Investigadores del CSIC.

En 1986, la refundada Residencia de Estudiantes, por impulso del CSIC, recobra su  nombre y su espíritu original, excepto el de ser residencia universitaria, papel en el que habían tomado el relevo los colegios mayores, iniciando el proceso de recuperación del patrimonio inmobiliario (que posteriormente sería rehabilitado) y documental, con la entrega, por parte del CSIC, del archivo de la JAE y de la biblioteca del Museo Pedagógico. A partir de ese momento, la Residencia de Estudiantes ha dedicado su trabajo al estudio y recuperación de la Edad de Plata (1868-1936) de la cultura española, difundiendo sus resultados a través de una intensa actividad cultural y editorial. En estos años, la Residencia ha reunido un valioso conjunto bibliográfico y archivístico, gracias a los numerosos legados depositados o donados por antiguos residentes (como Federico García Lorca, José Moreno Villa, Francisco Grande Covián, Luis Cernuda o León Sánchez Cuesta) o por la adquisición o copia de otros valiosos conjuntos documentales de particulares o instituciones relacionados con su historia. Fiel a su vocación inicial de lugar de diálogo e intercambio científico y creativo, la Residencia acoge a numerosos investigadores, científicos y creadores de prestigio internacional que la visitan en estancias cortas, además de a un núcleo de estudiantes de postgrado y jóvenes creadores. Gracias a esta convivencia entre maestros y jóvenes, la Residencia se ha convertido en un lugar tanto de estudio y recuperación del pasado cultural del primer tercio del siglo XX como en un foro donde exponer, reflexionar y trabajar sobre la actualidad y el futuro de la ciencia y la creación artística.        

En 2007, el profesor de Matemáticas de la UCM, José Luis González Llavona, fue nombrado director del Colegio Mayor Ximénez de Cisneros, posición que ocupa en la actualidad. Tuvo conocimiento de que efectivamente recién acabada la guerra se habían trasladado, por Orden del 14 de agosto de 1942, gran parte de los bienes de la famosa Residencia de Estudiantes a la sede del Colegio Mayor Ximénez de Cisneros de la Ciudad Universitaria. Descubrió sorprendido que entre los bienes ahora a su cargo se encontraban almacenados una parte de los fondos de la biblioteca de esta famosa institución.

Decía al comienzo que hay gente que procura no cuestionar mucho lo que encuentra mientras otro tipo de personas deciden tomar parte activa y arreglar en lo posible la pequeña parte que le toca de lo que todos entendemos como mundo. El profesor González Llavona decidió, con la ayuda de colegiales becarios, emprender la tarea de escrutar y ordenar este patrimonio bibliográfico, informalmente acumulado en una estancia del Cisneros y así darle presencia a su valor. Respondiendo a su llamada, desde la Biblioteca Central de la UCM, la dirección envió a la experta doctora doña Aurora Miguel Alonso, a fin de aportar al director del Cisneros el rigor profesional en la catalogación e investigación que proponía. Se comprobó que la dejadez cuando no el expolio se habían cebado sobre el importante legado desde los primeros años de la posguerra, lo que exigía arremangarse y ponerse a una faena bastante complicada y seria.

Se presenta ahora el fruto del que tomó la decisión de pensar, de actuar y de hacerlo para los demás, que somos nosotros. Resulta fundamental en estos casos tener en cuenta a qué, a quién y cómo llegará después esta acción para dejar todo lo más accesible posible. Distribuir, colocar, ofrecer y que el siguiente aproveche el orden que no existía. Dar el testigo al nuevo que llega, es decir exactamente aquello que es la misión del universitario: avanzar y comunicar lo avanzado.

Todos conocemos como símbolo de la Ciudad Universitaria ese magnífico conjunto escultórico de Anna Hyatt Hungtinton en que un joven a caballo recoge el relevo del agotado portador de la antorcha. Observemos esa admirable labor en esta exposición.

Manuel Álvarez Junco

Vicerrector de Cultura y Deporte

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