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El libro antiguo japonés -Encuadernación

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Tan peculiares técnicas de impresión y de plegado tenían como consecuencia una estructura interna que difiere en varios aspectos de la propia de los libros occidentales. Nos centraremos únicamente en los impresos en formato fukurotoji, al ser los más habituales.

 

En primer lugar, debe advertirse el hecho de que estos libros sólo podían almacenar la mitad de información que un libro europeo en formato códice. Lo mismo ocurre con los otros dos formatos en rollo o en acordeón, pero con este otro formato dicho fenómeno puede que no sea percibido por un lector occidental. Un libro japonés fukurotoji, externamente, aparenta ser muy parecido a un codex, pero como ya hemos visto, la finura y trasparencia del papel washi obliga a plegar hacia el interior cada uno de los bifolios que los componen y, en consecuencia, sólo se imprimía un lado del pliego, quedando el otro en blanco.

 

 Al almacenar la mitad de la información, tanto en China como en Japón se  optó por producir libros en varias partes, que evitaran la encuadernación de gruesos  volúmenes. Estas partes son de muy escasa extensión, en comparación con nuestra mentalidad, y en realidad, atendiendo al número de hojas de cada una, no son tanto volúmenes como fascículos de entre 50 y 60 páginas dobles. A estas divisiones físicas se las denomina en Japón satsu¸ mientras que las divisiones internas (o capítulos) reciben el nombre de hen o shû, divididos a su vez, según el tipo de obra, en 5 o 10 maki.


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Volúmenes o makis 1, 4, 5, 6, 7, 8 y 9 de la obra titulada Ge ibi kogi den. Un ensayo sobre personajes famosos de Hiroshima (Bingo y Aki). Kwan-sei 9 - 1797).  Cada volumen tiene entre 30 y 80 páginas dobles. 22.5 x 16 cm.

 

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Esta división material de los libros en fascículos explica la escasa calidad de las encuadernaciones chinas o japonesas. En realidad no constituyen las cubiertas definitivas de la obra, sino solo las cubiertas de dichos fascículos. Las verdaderas encuadernaciones eran cajas de madera (honbako, también sho-dansu), donde los diversos maki se guardaban horizontalmente. De aquí la endeblez de las tapas, en papel, que lógicamente impide su colocación en vertical.

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Honbako, que en la puerta presenta caligrafiado con tinta el nombre de la familia, Matsuda, y la fecha de Taisho 5 (1916). 29 "x 10 ½" W 10 ¾ "D. Pieza puesta a la venta por Petrie-Rogers Gallery. P.O. Box 65647. Tucson, Arizona 85728.

 

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Monjes quemando libros que sacan de un honbako. Anónimo. Syoshinge Syo - Jyo.Ge. (Anei-2; 1773). 15,6x22,8cm. 69+51 pags. (9+4 con ilustraciones xilográficas). 

 

 

  

 

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 Estas cajas podían, a su vez, decorarse con cubiertas enteladas de gran belleza. En este retrato del emperador chino Yongzen, leyendo en su escritorio, podemos contemplar a su espalda, a un lado, los instrumentos de escritura, y al otro, varias cajas enteladas para guardar sus libros.

 

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La endeblez de estos maki o fascículos explica también que la encuadernación se limite a un fino hilo de rosca, que une los bifolios plegados a las tapas. Esta costura es visible al exterior (no hay necesidad de ocultarla) y facilita la apertura de los libros. Fue adoptada desde China.

 

Las cubiertas más antiguas, siglos XVI y XVII, se elaboraban con papel washi o kozo prensado, tintado habitualmente en azul, rojo o amarillo pálido, y sin ningún tipo de decoración. Ésta era innecesaria, pues la auténtica cubierta radicaba  en sus cajas o honbako. Únicamente se pegaba sobre la tapa anterior el daisen, una tira de papel, vertical, donde aparece impreso o escrito a mano el título de la obra, o gedai, y el número de maki.

 

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Nichiren daishounin godenki. Kansei 7, 1795). vol. 9.

 

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A fines del siglo XVIII, sin embargo, se constata ya la aparición de cubiertas decoradas con motivos vegetales o florales, en relieve o acolchados, lo que parece indicar la intención de los autores, o de los impresores, por ofrecer unas ediciones  más atractivas comercialmente. Este cambio coincide con el desarrollo creciente de una sociedad urbana en Japón, y por tanto, con la aparición de nuevas demandas por parte de los lectores, tanto con respecto a los temas de los libros impresos como con respecto a su apariencia exterior.

 

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Takizawa Bakin (autor). Kunisada Utagawa (Toyokuni Ichiyosai or Toyokuni III) (artista). Ominaeshi Goshiki Sekidai. Volume 2, Books 1-4. 80 pags. 12x18cm.

 

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Katsushika Taito e Ikeda Tori. Ehon tsuzoku sangokushi. (Tenpo 7, 1836). 22.5x15.5 cm).

 

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La competencia comercial pronto provocó que las cubiertas de los libros experimentaran nuevos cambios. En las ciudades se desarrollaron mercados específicos para libros, donde las obras se exponían al público callejero. En el Tokaido meisho zue (1797) se ofrece una estampa de estas librerías, abiertas a concurridas calles. Se trata de la librería propiedad de Izumiya Ichibei (III). Su trayectoria profesional nos ejemplifica el auge del comercio del libro en esta época. En 1790 fue uno de los miembros fundadores del Gremio de impresores y libros (Jihon toiya), trabajando entre 1812 y 1813 como censor. En el interior de su tienda

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Rito Asikato (1780-1814). Tokaido Meisho Zue (Shin Hyouei Kobayashi, Toto, 1797).

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En este nuevo contexto, se hizo necesario facilitar tanto la información a los potenciales clientes, como atraer su interés. En el primer caso, el contenido de los daisen se acompañó de algún resumen o aclaración breve, que recibe el nombre de mokurokudaisen. Aquí el comprador podía discernir aspectos como, la novedad o no de la edición, o el autor.

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Reproducción digital

 

Shikitei Sanba (1776-1822). Tatsumi Fugen. .  Ilustrado por Kitagawa, Utamaro  (1776-1822). Ejemplar de la Waseda University Library. Pincha en la imagen para acceder a su reproducción digital.

 

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En el segundo caso, para hacer más atractivo el libro, las cubiertas acolchadas empezaron a convivir con nuevas formas de decoración de las tapas, más baratas, como la que proporcionaba la estampación en color de motivos geométricos o vegetales.

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Santo, Kyoden (1761-1816). Honcho Suibodai zenden. . Bunka 6 ( 1809 ). 28 pags., 7 con ilustraciones por Utagawa Toyokuni ( 1769 - 1825 ). Vol. 8. 15.5cm x 22cm.

 

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Pocos años después se empezó a añadir en las tapas de los libros una ilustración alusiva para acompañar al daisen, que pasó así a denominarse edaisen. Hasta este momento la esplendida tradición de la ilustración xilográfica de los libros se había reservado al interior. Con buen criterio comercial, la utilización de los edaisen, normalmente coloreados, permitió trasladar a las cubiertas escenas de gran viveza, seleccionadas, obviamente, para captar rápidamente la atención de los clientes.

 

Shikitei Sanba (1776-1822). Tatsumi Fugen. .  Ilustrado por Kitagawa, Utamaro  (1776-1822). Ejemplar de la Waseda University Library. Pincha en la imagen para acceder a su reproducción digital.

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El siguiente paso, como era lógico, fue el de extender la ilustración a toda la superficie de la cubierta. Ocurrió hacia 1850-1860, es decir, en el período más rico del e-iribon o libro ilustrado japonés. Se trata de relatos cortos, destinados a un consumo popular y profusamente ilustrados. Sus contenidos varían entre las historias de heroísmo (kinpira-bon), la literatura erótica (koshoku-bon) y vidas  así como libros de cortesanas famosas o de actores de Kabuki (hyoban-ki). Las tapas anteriores, expresivamente decoradas, siguen modelos propios del ukiyo-e, y en las tapas posteriores se perpetuaron los anteriores modelos decorativos de carácter geométrico o vegetal, ya citados.

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 Mantei Ouga. Syakahatsusou Yamato Bunko. (1851). 20 págs. Ilustrado por Utagawa Toyokuni. 17.5cm× 12cm. Tapas anterior y posterior.

Una característica especial de estas encuadernaciones ilustradas, propias de los e-iribon, es que los impresores formaban con ellas auténticos dípticos, trípticos e incluso polípticos. Sorprende comprobar cómo la escena se desarrollaba sucesivamente en las tapas de los varios makis que componían una obra completa. Como muchas de estas novelas se vendían por entregas, al estilo de los folletines europeos, esta era una manera de "fidelizar" a los lectores.

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 Ouga Mantei. Shaka Hassou Yamato Bunko. Ansei 6 - 1859). 20 págs. Cada uno. Ilustrado por Kunisada Utagawa. 17.8cmx 11.7cm.

Estas encuadernaciones ilustradas solo se aplicaron a libros de temática iribon, pero constituyen un ejemplo de excepcional modernidad, imitada posteriormente por las editoriales europeas y americanas hasta la actualidad.

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