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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 31 de mayo de 2024

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Artículos de: Parra Avellaneda, Víctor

El otro mar

La criatura levita en silencio. El cuerpo sube y se confunde con el mismo aire, hasta desaparecer. Esta es la octava vez que lo ven y de nueva cuenta no han podido atraparlo.

«Un fantasma», es la improvisada explicación dada por Oximení, al presenciar la aparición del ente. «Te digo que son fantasmas».

 Su voz resuena cansada por el intercomunicador de su casco mientras avanza a zancadas por el suelo pedregoso de Osiris-37B. El gran sol naranja ilumina con intensidad el cielo morado mientras algunas estrellas se asoman tímidas en el firmamento.

«¿Cómo va a ser un fantasma?», responde Azimitl, incrédula por las palabras de su compañero.

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Tómese su tiempo

El paciente que llega a mi consultorio es un hombre de cuarenta años de edad.

-Dígame, ¿por qué ha venido? -le pregunto.

El hombre se muestra preocupado, nervioso. Dice algo muy bajo que no puedo escuchar bien, como si las palabras se le atascaran, hasta que da un leve suspiro y por fin dice:

 

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Alma perdida

Comer se volvió mal visto entre nosotras. Era como matar lentamente a mi padre.

Cuando pudimos conseguir el millón y lo depositamos en la cuenta bancaria de los ladrones de almas, ocurrió lo peor. Los secuestradores nos enviaron una caja pequeña, en cuyo interior había una rata gris junto a una carta donde informaban que aumentaron la cuota por el rescate. Ya no era un millón, sino quince millones.

No pudimos hacer nada. Absolutamente nada. Todo lo que hicimos no tenía ningún valor ya.  Solo nos quedamos con esa rata gris. Era lo único que quedaba de mi papá.

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El bosque se apaga

A Jessica

-¡El bosque se apaga! -gritó Efr-Vn, mientras corría entre los árboles de fuego que ardían vigorosamente.

Yngp-Nknj, la esposa de Efr-Vn salió apresuradamente de su casa de piedras ardientes para recibirlo.

-¿Qué pasa? ¿Qué ocurre? ¿Estás bien? -le preguntó Yngp a Efr en cuanto lo vio.

Efr lucía extremadamente fatigado. Había recorrido una larga distancia sin descansar hasta llegar a su aldea e informar a los suyos sobre lo que había visto.

-¡Oh, Efr! -exclamó Yngp, al percatarse de que las llamas de su esposo se debilitaban-¡Respira, respira hondo! -le dijo.

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La otredad [la otɾeð̞að]

Casa se transcribe como [kasa]

Familia se transcribe como [familja]

Tiempo se transcribe como [tjempo]

Lenguaje se transcribe como [lenˠgwaxe]

Vida se transcribe como [bið̞a]

Aislamiento se transcribe como [ai̯s̮lamjen̪to]

Muerte se transcribe como [mweɾte]

 

-¿Y el silencio?

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ISSN: 1989-8363