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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 21 de noviembre de 2019

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Lorenzo Silva, la biblioteca que le formó y la documentalista que le salvó

El escritor Lorenzo Silva fue el invitado de honor a la Jornada de Bienvenida que la Facultad de Ciencias de la Documentación organizó para sus nuevos estudiantes el pasado 9 de septiembre. Ganador del Premio Nadal 2000 y del Premio Planeta 2012, entre otros, Silva, licenciado en Derecho por la Complutense, prefiere presentarse como una persona que se dedica a "contar cuentos y a tratar de armar historias. ¿Es eso una profesión? No lo sé, pero es a lo que me dedico desde niño. La sociedad me ha dejado hacerlo al menos hasta los 53 años que tengo ahora mismo". En esos 53 años, las bibliotecas, según  contó, han tenido un papel importante. Primero porque gracias a  ellas "soy el escritor que hoy soy". Y en segundo lugar, porque "a mí una documentalista me salvo la vida". Vayamos por partes.

 

El contacto de Lorenzo Silva con las bibliotecas se remonta a su adolescencia. En donde vivía, en el barrio madrileño de Cuatro Vientos, no había biblioteca. Para visitar una había que desplazarse a otros barrios que quedaban bastante lejos, lo que para niños y niñas de 12 o 13 años era un gran obstáculo. Para salvar esa carencia, cada 15 días un Bibliobus se acercaba al barrio, con aproximadamente 2.000 libros. Él empezó a visitarlo y a usarlo. Tendría, según señaló, unos 13 años. De aquel microbús salieron en sus manos las obras completas de Ramón J Sender, libros de Julio Cortázar, de Ernesto Sábato, de Onetti, de Delibes. "Libros que si no hubiera leído, no sería el escritor que hoy soy", aseguró.

 

Para Silva, una biblioteca se diferencia de un almacén o repertorio en que es una colección de libros tras la que hay "un empeño personal consciente de una persona o de varias". En el caso del bibliobús que le abasteció en su adolescencia, ese empeño personal hay que imputárselo de la persona de la Diputación Provincial de Madrid -de la que dependía, según explicó, ese servicio- que decidió que un bibliobús visitara el barrio de Cuatro Vientos. "Desde aquí le quiero dar las gracias una vez más".

 

Pero las bibliotecas, de acuerdo con el escritor madrileño, no solo son el resultado de empeños personales conscientes, sino que también los contienen. Un ejemplo es el Legado de García Figueras, que guarda la Biblioteca Nacional. Silva trabajaba en un despacho de abogados cuando quiso hacer realidad una idea que le rondaba la cabeza. Su abuelo había combatido en la guerra de Marruecos y le había contado múltiples anécdotas. Material que daba para un libro, pero que Silva no se animaba a escribir sin tener un armazón histórico consistente. De aquella guerra apenas había podido leer nada hasta que dio en la Biblioteca Nacional con el legado de García Figueras, militar, escritor e historiador que había hecho su carrera en Marruecos y que había recopilado cientos de libros. Día tras días tras salir de trabajar se desplazaba a la Biblioteca Nacional para documentarse a través de los libros de García Figueras. El resultado fue la novela "El nombre de los nuestros", publicado en 2001, que tuvo su continuación tres años después en su conocida "Carta blanca" e incluso años después en su libro de viajes "Del Rif al Yebala".

 

"Ahora voy a explicar lo de la documentalista que me salvó la vida", señaló el escritor, entrando ya en la última parte de su exposición. Según contó, una cadena de televisión le contrató, junto al guionista Antonio Onetti, para argumentar una serie sobre los últimos meses de vida de Franco. La historia partía, según explicó, del momento en el que el papa Pablo VI critica la decisión de Franco de fusilar a 5 terroristas de ETA y Grapo. "Aquello  no se lo esperaba y fue lo que le hizo enfermar, encadenar infartos y entrar en una fase irreversible". Para escribir el guion Onetti y él decidieron contratar una documentalista, que les abasteció de todo lo publicado tanto en prensa como en libros sobre aquellos meses del dictador en el hospital. Entre lo facilitado por la documentalista había varios libros y entrevistas de los médicos que atendieron a Franco. La serie, una miniserie de 180 minutos, se emitió con bastante éxito e incluso recibió el premio a la mejor serie del año de no ficción. Pero a los pocos meses le llegó una demanda de uno de aquellos médicos que les acusaba de plagio y solicitaba a cada guionista 200.000 euros. "Me salvó la documentalista", volvió a repetir. Y es que gracias a ella pudo demostrar que no sólo se habían llevado a la serie fragmentos de hechos reales y nunca opiniones o valoraciones, sino que incluso lo mismo que contaba aquel médico en su libro también figuraba en otros libros publicados o en entrevistas que les habían realizado. "El médico ni siquiera recurrió la sentencia", concluyó.

 

Aquella experiencia ha hecho a Silva elogiar el trabajo del documentalista, más aún hoy en tiempos de buscadores y big data. "Su  labor no puede ser sustituida por un algoritmo". Según argumentó la información es cierto que en la actualidad se apila en bytes, pero hay que asimilarla para generar conocimiento. Cathy O'Neill en su libro "Armas de destrucción matemáticas" explica cómo los algoritmos siempre parten de una opinión, que queda incrustada en las matemáticas. Si esa opinión es absurda o perversa la información que sale tras aplicar el algoritmo será absurda o perversa. El algoritmo lo que hace es amplificar la opinión humana. "Por ello son hoy tan necesarias las bibliotecas, los archivos, los lugares en los que se cuide y conserve el conocimiento sin manipular. Es en este momento cuando más sentido tienen las humanidades para mantener la mirada y el pensamiento en los que nos han precedido y para entender por qué somos cómo somos", concluyó, antes de a preguntas del público dejar su receta para ser un buen escritor: "Leer, observar y escuchar. Hay que leer mucho, hay que mirar donde nadie mira y, pese a que es un atributo que la sociedad a nivel planetario está desechando, hay que escuchar a los demás. Lo más valioso que hay en mis libros son las cosas que me han dicho otras personas".

 

El decano de la Facultad de Ciencias de la Documentación, José Luis Gonzalo, y Lorenzo SilvaFermín de los Reyes, Lorenzo Silva, José Luis Gonzalo, Antonia Salvador, Juan Miguel Sánchez
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