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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 21 de noviembre de 2019

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El Museo del Prado recuerda el trabajo de la Segunda República para salvaguardar el patrimonio español

Los días 9, 10 y 11 de octubre el Museo del Prado acoge el congreso "Museo, guerra y posguerra. Protección del patrimonio en los conflictos bélicos". Arturo Colorado, catedrático del Departamento de Teorías y Análisis de la Comunicación de la Universidad Complutense y director del congreso, explica que el objetivo de estas jornadas es "tratar un acontecimiento fundamental para la pervivencia del Museo del Prado". Y, como afirma Ramón Fernández-Baca, director general de Bellas Artes,  si los avatares del salvamento de las obras de este museo y de otros muchos lugares de Madrid "se conocen ahora mejor que nunca es por los estudios realizados en las últimas décadas, sobre todo por investigadores como el propio profesor Colorado". Andrés Úbeda, director adjunto de Conservación e Investigación del Museo del Prado, añade que por esas investigaciones nadie mejor que Colorado para organizar este congreso que recuerda "la existencia de un grupo de hombres y mujeres que tuvieron la sensibilidad y el aplomo suficiente como para pensar en el patrimonio y buscar la fórmula de salvaguardarlo, dándolo todo para que el Museo del Prado, y otras muchas colecciones se encuentren ahora mismo entre nosotros".

 

En un momento dado, cuando ya había comenzado el salvamento de las obras artísticas de los bombardeos franquista durante la guerra civil, Manuel Azaña, presidente de la república, le dijo a Juan Negrín: "El Museo del Prado es más importante para España que la república y la monarquía juntas". Idea que podría compartir fácilmente Cristina Latorre Sancho, subsecretaria de Justicia que preside la comisión interministerial para la Conmemoración del 80 Aniversario del Exilio Republicano Español, quien afirma que "el arte es lo que incardina a la sociedad, y frente a la guerra las artes simbolizan justo lo opuesto, y a ese arte es a lo que se aferró el gobierno republicano para no perder su humanidad".

 

Latorre explica que "muchos de los héroes protagonistas del salvamento del patrimonio partieron también hacia el exilio, junto a los 470.000 españoles que tuvieron que salir después de la guerra". Considera la representante del Ministerio de Justicia que "nuestra deuda con aquellos hombres y mujeres es impagable y de ahí que este congreso nos dignifica como país y contribuye a que no olvidemos esta deuda".

 

La guerra

Arturo Colorado narra la aventura de las obras del Museo del Prado desde que en agosto de 1936 se dio la orden de descolgar las obras de las paredes y protegerlas de los bombardeos. Josep Renau, director general de Bellas Artes organizó una junta a cuyo frente puso a otro pintor, Timoteo Pérez Rubio, "lo que les convierte en los dos grandes responsables de la tarea de salvamento".

 

En aquellos primeros meses de la guerra se recogieron las obras de arte, se registraron y luego se dejaron en grandes depósitos, pero "pronto empezaron a abatirse sobre Madrid los efectos terribles de los bombardeos sobre las vidas y el patrimonio". Madrid, de acuerdo con Colorado, sufrió un "bombardeo sistemático tanto en sus museos como en los conventos y lugares como el Palacio de Liria, atacado directamente por franquistas, nazis e italianos, que lo arrasaron por completo, y de donde las obras fueron salvadas a hombros de milicianos".

 

El 16 de noviembre la aviación franquista lanzó bombas incendiaras en el Museo del Prado y el entorno del paseo del Prado, así que el gobierno republicano ordenó la evacuación activa del patrimonio desde Madrid a Valencia, siguiendo los pasos del propio gobierno. Colorado informa de que "el embalaje de la obra se hizo con una atención especialísima con varias capas contra la humedad, con cortafuegos, y con unos camiones que iban a 15 kilómetros por hora hasta Valencia para evitar las vibraciones". Allí se depositaron en las Torres de Serranos, especialmente protegidas contra posibles bombardeos.

 

De todos modos, el frente de guerra continuaba moviéndose y el gran peligro era que el territorio se dividiera en Castellón, así que se dio la orden de evacuar hacia Cataluña con las piezas del Prado, obras del Palacio de Liria, de monasterios, de colecciones privadas... "Eran miles de obras con lo más importante de nuestro patrimonio mueble".

 

El segundo traslado se hizo hasta el castillo de Peralada, en Cataluña, donde se restauraron las dos únicas pinturas que sufrieron daños graves, que por un accidente habían perdido masa pictórica. Las obras se repartieron también por el castillo de San Fernando en Figueras y en una mina de talco.

 

Pronto los franquistas consiguieron su objetivo de dividir el territorio republicano en dos y hubo que llevar las obras hasta la frontera.

 

La intervención internacional

Mientras se desarrollaba la guerra "iba creciendo la preocupación internacional por las obras del patrimonio español, muchas veces ocasionadas por las denuncias falsas de los franquistas de que la república estaba destruyéndolo todo". El director del British Museum y el de la Wallace Collection vinieron a España a comprobar si aquello era cierto, vieron el patrimonio y en Valencia quisieron echar un vistazo a Las Meninas, con la que se hicieron una fotografía. El informe de los trabajos que estaba haciendo la república fue tan laudatorio que el propio gobierno republicano lo publicó en forma de folleto.

 

El avance de las tropas rebeldes hizo que el peligro fuese inmediato, así que "el pintor José María Sert ideó un plan, quizás quimérico, pero que luego resultó fundamental, para crear un Comité Internacional que interviniera en España, a pesar de la política de no intervención de las potencias democráticas, que, en cierto modo, habían dejado abandonada a la república española".

 

La composición de ese Comité para la Salvaguarda de los Tesoros del Arte Español se completó con miembros de museos franceses, británicos, suizos, holandeses, belgas y estadounidenses y aunque tenía entidad semioficial contaba con el apoyo de la Sociedad de Naciones, que garantizaba su neutralidad.

 

Cuando los miembros del Comité llegaron a España, los republicanos no tenían constancia de su existencia, así que costó tres sesiones de negociación darse cuenta de que la única salida para el patrimonio era sacarla del país, "dejando claro, eso sí, que los puntos fundamentales eran la devolución de las obras de arte tras la guerra, y las garantías para que no fueran objeto de embargo en el extranjero".

 

De Figueras a Ginebra

El 3 de febrero de 1393 se firmó el Acuerdo de Figueras que permitió la evacuación de todas las obras salvadas por las tropas republicanas. Colorado explica que se hizo "en un contexto terrible de bombardeo sistemático de la zona, y además hay telegramas que demuestran que Franco sabía que se estaba evacuando el Prado, peo nunca ordenó la paralización de ese bombardeo".

 

Tras un breve depósito en suelo francés, las obras llegaron a la estación de Perpignan, donde fueron embarcados en un tren especial hasta Ginebra, donde la aduana suiza contabilizó 1.868 bultos. De allí se llevaron las obras al Palacio de las Naciones, se abrieron las cajas y se inventariaron cambiando el nombre del Comité, siendo ahora para la Conservación.

 

Sólo del Museo del Prado llegaron 525 pinturas, aparte de dibujos y el Tesoro del Delfín, es decir, todas las obras completas, en lo que supuso "el trasiego de arte más importante de la historia del arte español".

 

Pronto, el 30 de marzo, se restituyen las obras al gobierno de Franco, que las saca del Palacio de las Naciones. El grueso de las obras españolas evacuadas regresó a Madrid en mayo y junio de 1939, pero con una selección de 174 obras del Prado y 21 tapices de Patrimonio Nacional el gobierno franquista organizó organizaron una exposición en el Musée d'Art et d'Histoire de Ginebra. La muestra alcanzó casi "400.000 visitantes, con grandes beneficios económicos que se quedó Franco, así como los réditos políticos y propagandísticos de la muestra".

 

La exposición se cerró el 30 de agosto y la Segunda Guerra Mundial comenzó al día siguiente, así que el tren que transportaba las obras a su vuelta a España circuló por las vías francesas con las luces apagadas ante el temor a un posible ataque alemán, aunque llegó sin problemas a Madrid el 9 de septiembre.

 

Josep María Sert se pasó años pidiendo que el gobierno franquista reconociese la deuda con el Comité y con el trabajo de Timoteo Pérez Rubio, pero la deuda "no se pagó ni económica ni moralmente hasta 70 años después, cuando el presidente José Luis Rodríguez Zapatero reconoció la labor de todos los responsables en la evacuación".

 

Colorado asegura que a lo largo de este congreso se analizará cómo la guerra civil española y su experiencia sirvieron para el cambio de la normativa internacional para el salvamento del patrimonio, pasando del depósito in situ de las obras a la evacuación.

Arturo Colorado, catedrático del Departamento de Teorías y Análisis de la Comunicación de la Universidad Complutense y director del congreso Museo, guerra y posguerra. Protección del patrimonio en los conflictos bélicosEl auditorio del Museo del Prado acoge el congreso Museo, guerra y posguerra. Protección del patrimonio en los conflictos bélicosAndrés Úbeda, director adjunto de Conservación e Investigación del Museo del PradoCristina Latorre Sancho, subsecretaria de JusticiaRamón Fernández-Baca, director general de Bellas Artes; Cristina Latorre Sancho; Andrés Úbeda, y Arturo Colorado en la inauguración del congreso
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