Catedral de Don Justo

Mejorada del Campo

Madrid

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Justo Gallego, un arquitecto autodidacta

 

 

Fachada Principal de la Catedral

 

Nave Principal

 

Arcada.  Fachada Principal

 

 

 

 

 

 

 

 

Si nos dijeran que un hombre construye él sólo una catedral, lejos estaríamos de imaginar la envergadura de tal pretensión. Sin embargo, después de verificar lo que es una realidad, descubrimos que los límites a los que llega el ser humano los coloca él mismo.

 

El ser humano es imprevisible, lema de un acertado y exitoso spot publicitario de una conocida marca de refrescos, que hoy en día despierta el interés de todo el mundo. Arquitectos, profesionales del arte, y gente de todo tipo, movidos por la curiosidad, se desplazan a cuarenta kilómetros de la capital, al humilde pueblo de Mejorada del Campo, para contemplar in situ lo que ya todos conocemos  como la Catedral de Justo. En lo que antes era las afueras del pueblo, y hoy constituye el centro del mismo, se levanta, por increíble que pueda parecernos, una “verdadera Catedral”, que divisamos a lo lejos por una enorme cúpula, aún desnuda, tan sólo provista de un armazón, pero que deja ver sin embargo, que la cosa va muy en serio, y nos anticipa de algún modo, lo adelantado de la construcción.

El edificio se eleva sobre una gran escalinata.  La fachada, enmarcada por dos torres circulares, y formada por un piso superior de arcadas, no nos remite a ningún estilo arquitectónico concreto, pero tampoco nos importa, ya que al verla de lo que nos asombramos es de cómo esos ladrillos  rotos  utilizados por Justo para el exterior  de su construcción se amontonan sin sentido para dar forma al conjunto. El ladrillo va a predominar en su catedral, son ladrillos inutilizables y deformes que la empresa encargada de fabricarlos dona a Justo por estar defectuosos. Esto no ha parecido importarle a este arquitecto autodidacta, que gracias a ellos ha conseguido elevar su catedral a lo más alto. Los contrafuertes del exterior son circulares, a modo de torreones medievales que desvirtúan la idea primera de catedral. Tres naves conforman el interior, naves sobre las que se alza un segundo piso con el que Justo pretende emular a la tribuna de las catedrales del medievo. En planta no vemos un crucero que sobresalga pero sin duda lo que más nos llama la atención del interior es la cantidad de objetos de muy diversa índole con los que nos tropezamos y con los que nos parece increíble que Justo haya podido levantar su proyecto. Un proyecto que no acaba aquí. Su catedral tiene además todos los elementos de una típica catedral medieval: cripta, claustro, y todos los anexos catedralicios que nos  hacen todavía mas imposible imaginar como una sola persona cuyo único medio son sus manos y su imaginación ha podido sacar adelante este proyecto.

Justo Gallego, natural de Merojada del Campo, era de sobra conocido entre sus vecinos. Hijo de terratenientes,  heredó una importante fortuna con la que pudo comenzar lo que era, para muchos, su osado proyecto. Vendió algunas de las tierras que poseía para poder costear la obra, y otras tantas las fue regalando en agradecimiento a la ayuda recibida (en uno de esos terrenos se encuentra construida en la actualidad la capilla de San Fausto). Fueron muchas  las personas que a lo largo de cuarenta años trabajaron junto a Justo, entre ellos, sus sobrinos, vecinos o  amigos que le soldaban piezas, recopilaban material o en definitiva le ayudaban a no cesar en el empeño de levantar “su” catedral. Pero todo pareció complicarse cuando ese dinero que Justo poseía empezó a escasear. A partir de entonces, Justo dependía de otros para financiar  su construcción. Y por ello comenzó a valerse de donativos para poder seguir adelante. Cualquier persona en una situación similar se hubiese rendido, sin embargo, y  aunque parezca increíble, a medida que el dinero se agotaba, la idea de Justo de ver realizado su proyecto cobraba más fuerza. A día de hoy, Justo debe estar satisfecho con lo logrado, puesto que la catedral prácticamente está terminada, tan solo diez años, según él, necesita para concluirla.

Justo Gallego no llegó a pisar nunca una universidad ni tuvo formación académica de ningún tipo. Hombre poco dado a las palabras, no lo es tanto en su manera de trabajar. Siempre dispuesto, este labrador, acostumbrado a levantarse con las luces del alba, no necesita de relojes, y alrededor de las 6:00 de la mañana es posible encontrárnoslo ya encaramado a los andamios. Ahora cabría preguntarnos el porqué de tanto sacrificio, y la respuesta no es otra que un acto de fe. De profundas convicciones religiosas, Justo es expulsado del Monasterio de Santa María de Huerta en Soria debido a problemas de salud, quedando su vocación sacerdotal frustrada pero no por ello su fe la cual sale reforzada. Cae en depresión siendo, según él, una iluminación lo que le impulsa a comenzar su propósito. Es entonces cuando decide consagrar su vida a la Virgen del Pilar, de la cual es gran devoto. Así comienza la historia de Justo Gallego y de “su” catedral.

La palabra catedral lleva implícita una vinculación directa con la Iglesia Católica. Pero a pesar de calificar a la construcción de Justo como una catedral, la Iglesia no la reconoce como tal. No le es permitido oficiar misa en ella, de manera que ésta, que es su gran aspiración, nunca podrá ser realizada. En el pueblo de Mejorada ya existen dos iglesias: parroquia de la Natividad de nuestra Señora, y parroquia madre del Rosario. Ambas están adscritas al obispado de Alcalá de Henares, el cual se  muestra cauteloso ante la intención de Justo de donarle, a su muerte, la edificación.

Los primeros en prestar atención a éste inédito proyecto fueron los medios de comunicación extranjeros. Incluso museos como el MOMA de Nueva York incluyeron una exposición fotográfica de su construcción. La primera publicación española que hace una reseña del hecho es la revista “Más Allá”, la cual le otorga connotaciones paranormales. Y es que nadie es profeta en su tierra.

Algo está cambiando. Antes eran los nobles los que financiaban los templos medievales, mientras que en la actualidad las multinacionales son las promotoras del arte. Si antes los materiales más codiciados eran los de naturaleza  noble para otorgar grandeza a los edificios, hoy son los desechables, todo ello bajo una estética de lo “cutre” muy en boga. El ser humano nunca dejará de maravillarnos, pues siempre habrá una utopía por la que luchar, un sueño a perseguir, un Justo al que emular.

 

 

Patricia Bellón

Carlos Vaquero

Rosa Naharro