Dirigente de la Revolución

En rigor de verdad, a Ernesto Guevara se lo puede considerar dirigente de la Revolución Cubana solo durante una etapa muy temprana luego de la toma del poder, el 1° de enero de 1959. Poco a poco, en muchos casos por diferencias políticas con Fidel Castro, irá quedando relegado a un segundo plano y llegará un momento en que renuncie a todos sus cargos e, incluso, a la ciudadanía cubana, para emprender nuevos proyectos de lucha revolucionaria, en primer lugar en el Congo y más tarde en Bolivia, donde encontrará la muerte. Sin embargo, durante ese breve período, impulsa importantes medidas, fundamentalmente en materia económica, que marcarán a fuego el proceso de construcción de la República Socialista.


El Che piensa en los campesinos

En mayo de 1959 comienza la radicalización del régimen castrista impulsada por Raúl Castro y Ernesto Guevara, que ya se ha declarado partidario de las ideas comunistas. De todas maneras, intentan convivir en el gobierno cubano tres fracciones bien diferenciadas ideológicamente: Guevara y el menor de los Castro inclinados decididamente hacia la izquierda, impulsando al PSP hacia los órganos de poder de Cuba; un sector que responde a la oligarquía terrateniente cubana, bien ubicada a la derecha; y un tercer sector, de orientación izquierda moderada, que forma parte del 26 de Julio, representado por dirigentes del "llano" como Franqui, Faustino, Marcelo Fernández y Oltuski, quienes desconfiaron históricamente de los comunistas, a los que consideraban sectarios y vacilantes. Todo este espectro dispar funcionaba gracias a la mano ejecutiva de Fidel, que sin una posición política declarada, contemporizaba, con una corrección asombrosa, a los diferentes sectores en beneficio de la construcción y el funcionamiento del gobierno de la revolución. El Che, sin todavía "función específica", se dedicará a planificar para los que él considera merecedores de los logros alcanzados en el duro proceso de la guerra: los campesinos de Cuba. De visita a El Pedrero, en la zona de Las Villas, Guevara impulsa, tratando de acelerar los acontecimientos, una "revuelta agraria radical" al más puro estilo zapatista. Además, encarga al Ejército la reconstrucción de las viviendas destruidas por el ejército batistiano en los tiempos de revueltas y represión. Días después de la arenga del Che en la provincia de Las Villas, el campesinado ocupa masivamente las tierras de la región. El tema pendiente en Cuba sigue siendo la reforma agraria, una de las promesas de los programas revolucionarios, una necesidad impostergable de la población rural, que describe un panorama económico medieval, con un 46% de Cuba en manos de 2 de cada 100 habitantes. Los 98 campesinos restantes dependían, de una u otra manera, de ese minúsculo porcentaje de acaudalados para sobrevivir.

El primer ministro cubano Miro Cardona, cansado de no poder gobernar, ya que Castro ejercía con su fuerza personal un doble gobierno encubierto, renuncia el 13 de febrero e impulsa -convencido seguramente por la avasallante personalidad del líder y, sobre todo, del respaldo popular con que éste cuenta-a Fidel como sucesor. El comandante en jefe de la revolución acepta el cargo y lo asume el mismo día. El 3 de marzo el gobierno interviene la Compañía de Teléfonos. Días más tarde los transportes metropolitanos. Se rebaja por ley el precio de los medicamentos y el 50% del precio de los alquileres; Castro impulsa lentamente el cambio, pero la reforma agraria todavía se hace esperar.

El 17 de mayo de 1959, después de largas discusiones entre los diferentes sectores de la sociedad cubana, Fidel reúne en la histórica La Plata de la Sierra Maestra al Gobierno Nacional en pleno, y a la plana mayor del Ejército Rebelde. El Proyecto de Reforma Agraria se presenta en sociedad. En un primer paso, y más como compulsa a la realidad social cubana, Castro opera con rigor sobre los grandes terratenientes arrebatándoles la tierra. El punto referido a la confiscación de las haciendas con más de 400 hectáreas sonó como un disparo más de las armas rebeldes entre los conservadores y como una delicada caricia hacia los latifundistas para la izquierda radicalizada. Prueba de ello es la ausencia del Che en el acto de presentación de la Reforma, quien calificará más tarde a la ley como "tímida... que no se aventura con lo más fundamental, como era la supresión de los latifundistas". Tampoco participará del acto el ministro de Agricultura de Cuba, Sori Marín, quien había elaborado una reforma suave y más conveniente en beneficios y derechos para los propietarios de grandes extensiones de tierras. Pero los más tocados en sus intereses, por el plan de Castro, serían los inversores norteamericanos.

La alianza política que gobierna Cuba está al borde de la ruptura. Los comunistas del PSP acusan a Fidel de estar llevando a cabo una purga de sus miembros en el gobierno, y los militantes de 26 de Julio, que mantienen una profunda desconfianza para con los miembros del PSP, les recuerdan en cada oportunidad que se les presenta, sobre la actitud acomodaticia y vacilante que esa organización, en su conjunto, mantuvo en tiempos de guerra. La desconfianza del 26 de Julio hacia los comunistas era histórica y frenaba el acercamiento entre las organizaciones que formaban parte del poder cubano.

Ernesto Guevara y Aleida March abandonan la residencia de Tarará en los primeros días de abril y se mudan a una casa en el barrio de Los Cocos, sobre la calle Rafael Cortes 45.119, donde también pernoctarán los integrantes de su escolta personal, entre ellos el inseparable Alberto Castellanos. El 22 de mayo, Guevara toma conocimiento de la sentencia favorable de divorcio que lo separa definitivamente de Hilda Gadea y el 2 de junio contrae matrimonio con su concubina Aleida March Torres.

Nuevos sectores productivos son golpeados por la vara de la revolución. Además de los ingenios azucareros, los propietarios de los más grandes molinos de azúcar y los ganaderos de Camagüey alzan sus voces de protesta en contra de la dirección que va tomando la economía de la isla. La respuesta de Fidel es directa, la intervención. Castro ha tocado el timbre de la puerta trasera de los Estados Unidos, pues entre las tierras intervenidas y confiscadas por el gobierno de la revolución, se encuentran los más poderosos de la isla, los "ranchos americanos". Seguramente el país del Norte, confiando en sus métodos de intervención, imagina a sus ciudadanos recuperando las tierras, como había sucedido con gran parte de los países latinoamericanos que intentaron, de una u otra manera, poner el rumbo económico nacional en beneficio de sus propios intereses. Con esa seguridad en los pronósticos, el gobierno de los Estados del Norte envía un tibia demanda diplomática al gobierno de La Habana, reclamando apenas y sin fuerza, la indemnización acorde con los valores de la confiscación efectuada a los ciudadanos de su país. Poco más tarde, Estados Unidos pondrá en marcha una verdadera campaña internacional en contra de las autoridades cubanas, que recibirá como respuesta, a cada reclamo norteamericano, una acción política en contra de los intereses del país del Norte en la isla, sea ésta verbal o material. A manera de ejemplo, ante la iniciación de la campaña de agresión verbal a Cuba, Fidel dispone la expulsión, el 11 de julio, de todos los representantes de los viejos partidos tradicionales ligados de alguna manera a los intereses de la derecha cubana, extendiendo la purga a su propia organización política, el Movimiento 26 de Julio. Quedarán fuera de carrera Mederos, Agramonte, Marín y Angel Fernández, que son reemplazados por los cuadros históricos de la Sierra, de tendencia izquierdista, Raúl Roa, Ruiz de Zárate, Miret y Pepín Naranjo. Paradójicamente, cuando la Cuba de Castro avanza lenta pero firmemente hacia la formación de un estado socialista, Fidel, que ve a Guevara demasiado inclinado hacia la izquierda y con su favoritismo obsesionado hacia los campesinos, lo separa de la actividad política.


Guevara vuelve a escena

Mientras el Che se encuentra de viaje representando a su país por adopción, en Cuba las cosas se ponen calientes. Una maniobra del presidente Urrutia es denunciada por Castro a través de la televisión. El barbudo jefe de la revolución señala al presidente como vocero del conservadurismo cubano que apoya las pretensiones de los latifundistas y hace mención a la imposibilidad de la coexistencia en el gobierno de un hombre que se asigna por decreto un sueldo de privilegio, como es el caso de Urrutia, y un revolucionario como él. Castro realiza una maniobra política calculada con micrómetro renunciando a su cargo como primer ministro. Como Fidel suponía, la sociedad cubana reacciona con una huelga general y una marcha campesina desde toda la Cuba rural hacia la capital en apoyo a su líder. Urrutia se ve obligado a abandonar su cargo debido a las presiones sociales y Castro, echándole más aceite al engranaje político cubano, impulsa el ascenso de Dorticós como nuevo presidente. El mandatario, en su primer acto de gobierno, rechaza la renuncia de Fidel y lo confirma en su cargo. Una batalla más ganada por el comandante en jefe, esta vez, cambió el fusil con mira telescópica por un arma de igual poder, la televisión.

Pero la contrarrevolución parece no descansar. El intento de frustrar las aspiraciones de Castro se regionaliza. Trujillo, en alianza con terratenientes cubanos apoyados por la CIA, que utiliza al desertor de la revolución Díaz Lanz exiliado en los EE.UU. para desestabilizar al gobierno de Cuba, han estado conspirando en el intento de dar un giro hacia la derecha en los destinos de la isla caribeña. Un cargamento con armas que parte de Santo Domingo es descubierto y requisado por miembros del II Frente. Al poco tiempo, el primer hostigamiento militar de la contrarrevolución se hace efectivo. Organizado por Díaz Lanz, un avión que parte de Miami descarga sus bombas en territorio cubano provocando varios heridos.

A partir de Octubre de 1959, cuando Guevara regresa de su primer viaje como embajador de la revolución por países en Africa, Medio Oriente, la India, Japón y Europa, Fidel saca al Che del ostracismo político al que lo había obligado por meses. El primer ministro cubano lo designa al frente de la jefatura de industrialización del recién creado Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA).

El nombramiento de Raúl Castro como ministro de las Fuerzas Armadas, que significa a las claras un paso dado hacia la izquierda por el régimen, provoca la renuncia de varios oficiales del Ejército Rebelde, entre los que se encuentra el influyente comandante Huber Matos, jefe de las tropas destinadas en Camagüey. Camilo Cienfuegos, por orden de Fidel, detiene a los sublevados. En La Habana se convoca a una reunión de ministros encabezada por Fidel para analizar la situación. Raúl Castro propone fusilar a los renunciantes inmediatamente, mientras que Oltuski, Faustino Pérez y Ray, adoptando una posición conjunta opinan que Matos no merece la muerte, pues con su actitud se ha alejado de la revolución pero no ha cometido ningún acto de traición. Fidel decide pedirles la renuncia a los tres ministros que defendieron a Matos y ordena el juicio del comandante de Camagüey. Oltuski permanecerá por un tiempo en su puesto a pedido del Che; Faustino Pérez y Ray abandonarán sus cargos en noviembre, siendo reemplazados por Martínez Sánchez y Osmani Cienfuegos.

El 29 de octubre de 1959, desaparece la avioneta Cessna que conducía a Camilo de Camagüey a Santa Clara. Después de una búsqueda intensa de la que participa activamente el Che, se dan por perdidas las esperanzas de encontrar vivo al cuadro histórico del 26 de Julio. El Che pierde en esa oportunidad a uno de sus pocos amigos, quizás el más íntimo y querido.


Fidel usa la diplomacia

En su viaje a EE.UU. Fidel Castro se ha mostrado ante sus interlocutores como un dirigente de centro sin aparente definición política y en situación de estudio del cada vez más agudizado conflicto en estado de guerra fría entre el Este y el Oeste del mundo. Castro dejará flotando en el aire desconfiado de los despachos oficiales de Washington la sensación de que durante su mandato prevalecerá la prudencia a la hora de ejecutar sus actos de gobierno. Al mismo tiempo, en la isla, el barbudo jefe de la revolución ha ordenado a sus más allegados, entre ellos al Che, impulsar los cambios necesarios que signifiquen un avance cualitativo del proceso revolucionario.

Castro parece comprender el inevitable enfrentamiento que tarde o temprano se producirá entre Cuba y el vecino país del norte, pero necesita del tiempo suficiente como para organizar su frente interno. Con el manejo excepcional que Castro hace de la diplomacia, un discurso para cada situación, va triunfando en sus objetivos. Guevara, en cambio, parece carecer del don de negociar. Sus expresiones son directas, no oculta su antiamericanismo ni su predilección soviética. Provoca a los ganaderos latifundistas y a la clase media cubana en cada oportunidad que se le presenta; declara abiertamente el destino político final en el que quisiera ver emplazada a Cuba. Cuando Fidel decide viajar a los Estados Unidos a negociar, el Che se enoja y lo demuestra. Del mismo modo, Fidel se irrita cuando Guevara junto con Raúl Castro hacen el llamamiento a los campesinos para que éstos se apoderen de las tierras de los latifundistas. Las reacciones verbales de Castro no se hacen esperar. En su libro "La vida en rojo", Jorge Castañeda cita comentarios atribuidos a Fidel durante el tiempo que visitó EE.UU. y en los primeros días de su regreso a la isla. Castañeda relata que estos comentarios de Castro "deben haber herido al Che en algún recoveco de su sensibilidad. Desde enero circularon rumores de aseveraciones críticas o ácidas de Fidel hacia el Che. Lázaro Ascencio, un combatiente del Escambray que cenó con Fidel Castro en la ciudad de Cienfuegos en su marcha triunfal de Oriente a La Habana, recuerda un extraño comentario del líder máximo. Hablando del comandante norteamericano William Morgan -colega de Gutiérrez Menoyo y que sería fusilado más adelante-Fidel advirtió que debería largarse de Cuba. Ante el desacuerdo de Ascencio, arremetió contra el Che: 'Todos estos extranjeros son unos mercenarios. ¿Sabes lo que voy a hacer con el Che Guevara? Lo voy a mandar a Santo Domingo a ver si lo mata Trujillo. Y a mi hermano Raúl lo voy a enviar como ministro o diplomático o como embajador a Europa'. A tal punto corrió el rumor, que un periodista le preguntó al Che si 'es cierto que vas a encabezar una expedición para liberar Santo Domingo, y que vas a acabar con Trujillo'".

El periodista e informante de la CIA Jules Dubois testimonió al encargado de asuntos del Caribe y México del Departamento de Estado Norteamericano sobre sus conversaciones con personas íntimamente ligadas a Castro, que confirmaban la visión del líder cubano en el sentido de la existencia de un plan de infiltración comunista impulsado desde el destacamento militar La Cabaña, comandado por el Che. Las fuentes le aseguraron al periodista que Castro estaba dispuesto a detener ese avance de inmediato a través de la expulsión de Guevara del país asignándole el cargo de embajador. Castañeda continúa desarrollando su visión diciendo: "Aunque las apostillas de Castro fueran ficticias, algún dicho semejante sin duda habrá pronunciado. Probablemente se trataba de pruebas, de astucias de desinformación, de esas grandes maniobras de Fidel Castro para despistar y confundir, que le han permitido permanecer en el poder durante cuarenta años en circunstancias terriblemente adversas. El Che no podía ignorar este proceder de su amigo y jefe, pero tampoco desconocía la implacable frialdad del mismo en sus alianzas y lealtades. A lo largo de toda su residencia en el poder (...) Castro exhibirá simultáneamente una gran fidelidad a sus amigos mientras se encuentren fuera de la política real, y una insólita capacidad para darles la espalda a compañeros cercanos cuando los imperativos políticos así lo exijan (....). El Che -continúa Castañeda-... debía sospechar que quizás había algo de cierto en las versiones imperantes. Detrás de ellas imperaba una lógica típicamente fidelista. Prevalecía una aguda pugna por... el lado nacionalista del 26 de Julio y por el otro, Raúl Castro y el Che, que conformaban el ala pro comunista".

Sin duda, Fidel Castro estaba convencido de que un enfrentamiento frontal contra los Estados Unidos, antes de alcanzar las condiciones necesarias de defensa interna en Cuba, hubiese traído aparejada una derrota segura, en cualquiera de los terrenos que esa confrontación se hubiese desarrollado. Por eso, Fidel aparecía en tiempos de su viaje a los EE.UU. enfrentado públicamente a los comunistas. No se puede descartar tampoco, a la luz de los acontecimientos, que Fidel haya buscado apoyo del vecino gigante Estado norteño para sumarlo, a través de la diplomacia, al proyecto de desarrollo económico de Cuba.

La respuesta posterior y terminante del bloqueo económico asfixiante impuesto por los americanos, obligó al líder cubano a buscar respaldo, para poder sobrevivir, en el extremo oriental de la pugna ideológica y política existente en el mundo de los primeros años de la revolución cubana: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Castro habrá intentado en su visita a los EE.UU. impulsar una convivencia aceptable para los dos países partiendo de la base de concesiones mutuas. Este intento culminaría con la decisión unilateral del bloqueo estadounidense que obligará, a la mayor de las Antillas, a sumarse a la hermandad del Este, única salida aceptable para la supervivencia de Cuba como nación.

Poco recibirían Castro y el Che de sus nuevos aliados ideológicos, a los que habían solicitado tractores e industrias sustitutivas que rompieran la monotonía de la producción del monocultivo de la caña de azúcar. El pueblo cubano recibe malas maquinarias que producen pésimos productos, y una deuda política y económica que resultaría en extremo costosa para los habitantes del futuro primer país socialista de América.


El trabajo voluntario

El 23 de noviembre de 1959, en la Ciudad Escolar "Camilo Cienfuegos", en el Caney de Las Mercedes, provincia de Oriente, impulsado políticamente por el Che Guevara, se lanza el plan de trabajo voluntario en Cuba. El argentino, incansable en sus actividades, viaja en avión todos los domingos para sumarse a la construcción de la escuela que llevaría el nombre de su entrañable amigo y compañero de luchas. Más tarde, el todavía director del Banco Nacional de Cuba, participará regularmente como voluntario en las zafras, consiguiendo con el tiempo, el primer lugar en cantidad de horas trabajo voluntarias ofrecidas a la revolución. El Che participará además, con la misma entrega gratuita, en la producción de la industria textil y en los muelles cubanos, se dedicará a la descarga de las mercancías almacenadas en las bodegas de los buques. El Che vuelve a ejemplificar con su labor personal. La sociedad cubana en general responde al llamado del trabajo voluntario. Prueba es el intento de superar en 1970 los 10 millones de toneladas de caña de azúcar.

Pero Guevara no incitaba al trabajo voluntario con un fin estrictamente económico, su pensamiento primero como presidente del Banco Nacional de Cuba fue el intentar ubicar la importancia de lo humano sobre cualquier tipo de relación mercantilista. El Che consideraba al trabajo como una forma de valorización personal, y al trabajo voluntario como una valorización de la sociedad en la que se vive.


Los campos de trabajo

Creado por el Che en 1960 con la denominación de "campo de trabajo", a Guanahacabibes se enviaba a los disidentes políticos y a los homosexuales para que éstos se recuperaran de sus "dolencias". El Che reflexiona con el tiempo sobre su nefasta creación asegurando que "...a Guanahacabibes no se envía sino en casos dudosos a la gente que debiera ir a la cárcel. Yo creo que la gente que debe ir a la cárcel debe ir a la cárcel de todas maneras. Así sea un militante viejo, así sea quien sea, debe ir a la cárcel. A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir a la cárcel, la gente que ha cometido fallas a la moral revolucionaria de mayor o de menor grado con sanciones simultáneas de privación del puesto y en otros casos no de esas sanciones sino como un tipo de reeducación mediante el trabajo. Es trabajo duro, no trabajo bestial, más bien las condiciones del trabajo son duras y tampoco condiciones bestiales".

Paralelo al proceso de estatización de la economía que coincide en el tiempo con la generación de acuerdo alcanzado con la Unión Soviética, en Cuba se produce un recorte de la libertad de prensa que va tomando forma con el cierre de periódicos y la confiscación de las principales radios del país que pasan a ser propiedad del Estado cubano. Se produce una verdadera radicalización de tendencias políticas en pro y en contra de los cambios impuestos por el régimen castrista. Comienza una metódica fuga de cerebros. La mayoría intelectual elige el exilio voluntario. En el terreno político, la estructura del 26 de Julio se parte en dos. Una fracción apoya sin condiciones a Castro que es su ala izquierda, el resto, reformista, se une a los conservadores que conspiran con la CIA para intentar derrocar al gobierno. Estos sectores ya han puesto en marcha los preparativos de hostigamiento que culminarán con el intento de desembarco en Playa Girón.


Sus primeros cargos públicos

Los primeros cargos públicos que Guevara desempeña después del triunfo de la revolución, fueron variados y de distinto orden institucional. Se desempeñó como jefe de Departamento de Instrucción de las Fuerzas Armadas -organismo encargado de diagramar el perfil definitivo del Ejército Rebelde-, lo que le otorgaba por añadidura la responsabilidad de la banda militar; el departamento de cine y las secciones de artes plásticas. Se lo nombra responsable de la publicación de "Verde Olivo" (órgano de prensa del Ejército Rebelde) y es destinado como jefe militar de la guarnición de La Cabaña. A partir de octubre de 1959, de regreso de su primer viaje como embajador de la revolución por varios países en Africa, Medio Oriente, la India, Japón y Europa, Fidel saca al Che del ostracismo político al que lo ha obligado por meses. El primer ministro cubano lo designa al frente de la jefatura de industrialización del recién creado Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA), en el que el Che oficiará como coordinador de las actividades de un grupo de industrias y talleres pequeños, embriones de lo que intentaría ser la futura industria nacional de Cuba. Colaborarían con Guevara los economistas de tendencia comunista de nacionalidad chilena Jaime Barrios, Raúl Maldonado y Carlos Romeo. Por el lado cubano, además del "Patojo" y Orlando Borrego Díaz, Manresa, con quien Guevara se vincula en La Cabaña, actuaría como su secretario.

Guevara parece haber encontrado su lugar en la paz de la revolución. Reorganizaría la industria nacional, donde funcionaría una escuela de administración de empresas y ubicaría al frente de éstas, a personas consideradas honestas por la sociedad cubana y en las que el gobierno de la revolución pudiera confiar. Agotados los especialistas con formación profesional, Guevara acude a la base sindical que participó de la resistencia contra Batista, entre ellos, en gran número, los que pertenecían al comunista PSP.

En su nueva obligación revolucionaria al frente de la dirección de Industria dependiente del INRA, Guevara reconoció la posibilidad de manejar un espacio de poder político capaz de impulsar un cambio profundo en la orientación económica general de Cuba. La dirección del INRA caería en manos de Núñez Jiménez, quien combatiera junto a Guevara en la toma de Santa Clara. La idea central del Che: quitarles el poder político a los latifundistas ganaderos restringiéndolos en su poder económico, comienza a ver la luz en torno de la jefatura de industrialización, que cuenta con un médico rosarino como director.

La producción azucarera había crecido de manera notable en los últimos años y se mantenía en ascenso en tiempos de la revolución. Pero la población, por su lado, casi se había duplicado entre 1955 y 1959. El 40% de los ingresos por exportaciones estaban de una u otra manera ligados a la producción de la caña de azúcar, ya que este producto representaba el 80% de las ventas cubanas al exterior. Mientras que la pequeña industria de la isla necesitaba de materias primas que eran obtenidas en el extranjero, generando conflictos en la balanza comercial. Guevara hereda, además, al asumir sus nuevas funciones, un ejército de desocupados que roza las 700 mil personas, que no le permitirá una reconvención de la economía que implique despidos.

Si bien en el terreno militar la revolución encabezada por Castro había vencido, las bases del sistema económico semicolonial a las que estaba sometido el campo y la dependencia industrial cubana a los intereses extranjeros perduraba. El Proyecto de Reforma Agraria del 17 de mayo de 1959, que entra en vigencia después del viaje que Fidel Castro realiza por Estados Unidos, Brasil, Uruguay y Argentina, expropiaba las grandes extensiones de tierra, pero no resuelve el grave problema de atraso tecnológico y dependencia en el que vivía la sociedad cubana. Si los esfuerzos por derrocar al dictador habían sido extremos, el desafío de la construcción de la sociedad que el Che imaginaba campesina y obrera, le demandaría más horas de desvelo, planificaciones y una voluntad solamente comparable con la demostrada en las prolongadas marchas por la ciénaga y la sierra.

La conjura interna de los terratenientes ganaderos nacionales aliados a los políticos de la derecha cubana no es el mayor de los problemas que debía enfrentar la Cuba castrista post revolucionaria que encuentra al Che al frente de la organización y promoción de la industria. Tampoco lo era el asedio americano expresado ya en su primera medida de castigo a la Reforma Agraria que se apodera de los "ranchos" gigantes de los ciudadanos de ese país y los pone en manos del Estado y el campesinado cubano: la caída de las acciones azucareras que se produce en la Bolsa de Valores norteamericana. El peor de los problemas de la Cuba de 1959 es el atraso y el analfabetismo, la carencia de estructuras productivas sustitutivas del monocultivo de la caña de azúcar, la falta de diversificación en la producción de bienes y servicios, la desocupación y el sueldo miserables de los asalariados del campo y las ciudades, la carencia de estructuras hospitalarias y la falta de proyectos educativos que contemplen las necesidades de avance y reclamos de la sociedad cubana de los comienzos de la era castrista.


Presidente del Banco Nacional

El Che recibe dos mensajes pesados al asumir, el 27 de noviembre de 1959, la responsabilidad de administrar los fondos económicos de los cubanos y emitir la moneda de la república al frente del Banco Nacional de Cuba. Por un lado, desde la embajada norteamericana en La Habana, por medio de su embajador, que después de encabritarse recordando las promesas que Castro había hecho en su visita a Washington, promovió ante el gobierno cubano varios nombres de técnicos en materia económica como posibles reemplazos inmediatos del mal visto izquierdista argentino, y por el otro, Guevara reconoció la adhesión incondicional de los cuadros del ala izquierda del 26 de Julio, que iban intuyendo con inquietud, que la distancia creciente con los EE.UU., más temprano que tarde, entraría en conflicto con los planes sociales impulsados por el gobierno de La Habana.

Guevara no era un experto en economía ni nada que se le parezca. Arrastraba sí, los conocimientos que pudo recoger desde la dirección de Industrias y la experiencia obtenida en su primera misión diplomática comercial que le abrió un abanico de posibilidades en el sentido de la forma de comercialización y producción relativos al desarrollo tecnológico. Sin olvidar los pocos cursos que intentó para ensanchar sus conocimientos en materia económica.

Llama poderosamente la atención que un hombre de formación médica, sin estudios suficientes como para comprender y manejar el funcionamiento macroeconómico de un país, haya sido designado en semejante puesto de responsabilidad a nivel nacional. El porqué habría que buscarlo en la lista de posibles candidatos que en ese momento estaban a la mano de Fidel para cubrir el puesto y que, además, esos hombres estuvieran dispuestos a desarrollar una política económica acorde con el grado de cambio que la isla y Fidel estaban dispuestos a realizar. Los economistas pragmáticos tradicionales habían sido descartados -o se habían autodescartado-según el proceso se iba separando de las tendencias económicas de libre mercado. Entre sus hombres de confianza, Castro contaba con su hermano Raúl que, designado como responsable de la defensa nacional, quedaba fuera de carrera, y Guevara, que después de la desaparición de Cienfuegos, despuntaba como el personaje más prestigioso del desarrollo revolucionario cubano. La elección para Fidel fue simple teniendo en cuenta la definición ideológica en los rumbos económicos que Castro pretendía seguir, y la presión de los actores que participaban de la actividad económica cotidiana, que necesitaban de reglas que orientaran los mecanismos de producción y comercialización de la mayor de las Antillas.

Felipe Pozos y Justo Carrillo, presidente y vicepresidente respectivamente del Banco Nacional, habían dirigido los destinos de la entidad financiera en la etapa anterior al estallido revolucionario siendo luego confirmados en sus puestos en tiempos de Fidel, gracias a los conocimientos demostrados en relación con el desempeño de sus funciones. Pero la escuela económica de los prestigiosos directores pasó a ser un obstáculo -alejada Cuba del funcionamiento de libre empresa-a la hora de impulsar los cambios revolucionarios que el nuevo gobierno pretendía.

El temor norteamericano, con respecto a la filiación ideológica de Guevara, no era exagerado. En abril del mismo año, el Che había participado del programa "Telemundo pregunta", transmitido por la televisión cubana. El punto saliente de la entrevista fue el que hizo pública su voluntad de alcanzar una alianza con el comunista PSP, que puso en alerta a los EE.UU. y a los grupos conservadores cubanos. Un comentario que partió de la embajada del país del Norte de América, conocidas las declaraciones del jefe guerrillero puntualiza: "(...)El Che Guevara y Raúl Castro, debido a su orientación política, su popularidad y el control que ejercen sobre las fuerzas armadas, representan el peligro más importante de infiltración comunista dentro del gobierno actual".

Además de las actividades que Guevara comienza a desarrollar como flamante director general del banco más importante de Cuba, por lo que además se ve obligado a tomar clases de matemática y economía, participa, ahora a medias, de la actividad en la dirección de Industrias de donde muda a Raúl Maldonado, Jaime Barrios y el economista Javier Vilaseca -integrante de la delegación que Guevara se llevó de Cuba cuando emprendió su gira como embajador de la revolución-, para sumarlos a las tareas bancarias y comienza a participar de lo que sería su pasatiempo predilecto en los años de la paz revolucionaria: el trabajo voluntario. Esta vez el Che lo realizará colaborando en la construcción de escuelas.

Quizás la primera decisión que adoptó Guevara como director del Banco Nacional de Cuba fue una que no hizo pública, consistente en el rechazo a los sueldos acumulados de todos los cargos que desempeñaba. Guevara acepta cobrar sólo el que más le interesaba vocacionalmente, el de comandante del Ejército Rebelde, que consistía en 440 pesos cubanos, de los cuales 100 destinaba a la manutención de su hija Hildita, 50 apartados para el pago de los alquileres, y 50 desaparecían inmediatamente del bolsillo del jefe guerrillero para pagar un crédito que le permitió el acceso a un automóvil usado.

El primer día en funciones, Guevara toma las primeras medidas tendientes a garantizar una eficaz protección sobre las reservas monetarias. Dicta un control sobre las licencias de importación y operaciones de financiamiento amortizadas con moneda extranjera. Desde el sillón más importante del Banco Nacional de Cuba, Guevara sigue pensando en sus guajiros. Cuanto más conoce sobre los arreglos fraudulentos efectuados en el pasado batistiano y la corrupción que significaban los préstamos otorgados en esas épocas, más apoya económicamente a los campesinos y su Reforma Agraria.

Fue habitual, desde el comienzo de la gestión que el Che desempeñó en la institución crediticia, la presencia de los pelilargos vestidos de verde olivo, tenientes Hermes Peña, José Argudín, el legendario Alberto Castellanos, Harry Villegas y Leonardo Tamayo, miembros permanentes de la escolta personal de Guevara, que de alguna manera intimidaban a los veteranos funcionarios administrativos del Banco aliados a las viejas costumbres del funcionamiento burocrático, quienes parecían molestarse bastante al tener que compartir las horas de trabajo con aquellos miembros del Ejército Rebelde que portaban sus innegables caras campesinas y, también, poderosas armas automáticas.

La designación de Guevara, un extranjero prosoviético y heroico combatiente de la sierra al frente del Banco Nacional de Cuba, adopta la forma de un mensaje abierto y directo de Castro a Washington. La inclinación política del Che entorna un poco más las puertas de la cooperación norteamericano-cubana.

Guevara recibe el Banco Nacional como una institución regida por el sistema capitalista dentro de una economía de mercado erosionada por la corrupción y el favoritismo en el otorgamiento de créditos. El Che aporta al Banco un escaso conocimiento sobre macroeconomía y una visión particularmente idealista sobre la función que debe desempeñar el dinero en las sociedades humanas. El dinero para el Che debía ocupar un lugar secundario en el complejo accionar de las relaciones entre las personas. La meta principal que se fijó Guevara como director del Banco fue el intento de transformar la mecánica de la economía que funcionaba hasta entonces en la isla, consistente en la aplicación de una política "embudo" que desviaba la mayoría de los fondos, producto del esfuerzo colectivo, en beneficio de unos pocos actores económicos nacionales y extranjeros, especialmente activos en las zonas rurales, otorgándoles la posibilidad de acumular cada vez más riquezas, para convertir esa realidad económica en una suerte de economía de producción planificada ,cuyo producto se redistribuiría a la mayoría del pueblo, por lo que el dinero pasaría a ser, acumulado por el Estado y distribuido equitativamente, un actor secundario que no condicionaría la actividad humana en todas sus variantes. El trabajo, según el concepto guevarista, de allí el impulso que el Che dio al trabajo voluntario, "... no debe mirarse por la importancia económica que signifique en el día de hoy para el Estado; el trabajo voluntario fundamentalmente es el factor que desarrolla la conciencia de los trabajadores más que cualquier otro". Para Guevara, el trabajo era la actividad humana que engrandecía y dignificaba la existencia, se ganara o no dinero con su desarrollo. Duro sería el golpe del argentino al intentar llevar adelante sus ideales en un mundo que funcionaba con tan distintos conceptos en materia de filosofía económica, no solo en los países considerados capitalistas sino también en los de formación socialista, los cuales pondrían porcentajes de renta bancaria a la solidaridad económica prestada. El Che se indignará, cuando en su visita a China se entera de la devolución obligatoria de los préstamos otorgados por la Unión Soviética a la patria de Zedong, cuando éste tuvo que enfrentar la agresión militar japonesa. El Che pensaba que si el Estado cubano lograba acaparar el control de los procesos económicos y centralizaba los fondos en sus arcas para administrar las ganancias nacionales correctamente y en equitativa distribución, se podría poner fin a lo que el socialismo ortodoxo llamó "la explotación del hombre por el hombre".

La estrategia primera del flamante presidente de la entidad financiera más grande de Cuba fue, entonces, la de planificar la nacionalización de la banca, que impediría en la práctica, la fuga de capitales al extranjero. Mientras "El Diario de la Marina", de tendencia conservadora, se quejaba de la políticas estatistas emprendidas por el Che, desde el influyente "Wall Street Journal" estadounidense, se alertaba sobre la posibilidad, si la afluencia de capitales desde Norteamérica no llegaba a Cuba, el pequeño país caribeño se vería obligado a recurrir a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas para intentar obtener fondos que alienten su economía. El diario americano acertó en las predicciones. Como un anticipo a la futura política de alianzas que impulsaría Cuba, Guevara comienza, mientras se dedica a resolver problemas financieros acumulados en pilas de carpetas sobre su escritorio, a tomar clases de ruso.

Por motivos de seguridad, el nuevo cargo del Che lo obliga a mudarse varias veces. Primero lo hará a una casa ubicada en Ciudad Libertad y luego pernoctará en la calle 18, número 710, en el barrio de Miramar.

En el desempeño de sus funciones como presidente del Banco Nacional de Cuba, Guevara impone su particular visión de la responsabilidad en el trabajo y lucha desde un primer momento contra la práctica distorsionada y costosa de la burocracia. Se trata con el personal subalterno como si fuesen compañeros de escritorio, pero por otro lado, implanta el cumplimiento estricto de las tareas administrativas y la responsabilidad absoluta en el trabajo, como las reglas primeras del funcionamiento institucional. El Che ejemplifica con su propia conducta. Comienza sus actividades por la mañana y se retira de la institución de madrugada. Rompe con las normas de protocolo y tradición histórica del Banco al imponer en todas las nominaciones del papel moneda cubano, en el lugar destacado para la firma de su presidente, el conocido seudónimo "Che", impulsando, desde su puesto jerárquico, una escala de valores éticos y humanos que con el tiempo prenderían con fuerza en el cuerpo social de Cuba.

En lo específicamente técnico, Guevara, producto de su poca pericia en materia económica y su visión idealista de la economía, se desvela en la búsqueda de una fórmula que permita sustituir la función del dólar como medio de pago internacional de mercancías y servicios. Guevara comprende que el camino hacia la cooperación con la URSS pasa por la monopolización del comercio exterior en manos del Estado cubano. Su proyecto es convertir al Banco bajo su dirección en una institución financiera dedicada a las operaciones con el exterior. Además, el Che dedicará gran cantidad de su tiempo a la búsqueda de una salida a la crisis industrial que vivía el país, ya que consideraba la solución de este problema como fundamental para el desarrollo y fortalecimiento de la economía cubana. Sin un plan ambicioso de industrialización y tecnificación de los procesos productivos, la economía cubana continuaría siendo dependiente y mediocre.

El Che comete graves errores al frente del Banco. Desestimando las recomendaciones de Ernesto Betancourt, subdirector del Banco Nacional de Cuba, quien le aconseja sobre lo desafortunado que sería el retiro de la isla del Fondo Monetario Internacional (FMI), ya que de los 70 millones que Cuba tenía como reservas en el tesoro, debería entregar 25 al contado en concepto de pago de créditos acordados por el FMI, el habitual temperamento guerrero de Guevara responde con un "... nos vamos a retirar del Fondo Monetario eventualmente porque nos vamos a unir con la Unión Soviética, que está 25 años por delante de los Estados Unidos". Betancourt presenta su renuncia a las tres semanas de haber asumido el comandante como presidente del Banco y es seguido por una procesión de empleados del instituto financiero que ven con poco agrado las políticas que impulsa el Che Guevara. El Banco se queda virtualmente sin técnicos.

Después de una gira de dos meses por los países socialistas, el 22 de diciembre Guevara regresa a Cuba. La tensión con los EE.UU. es extrema. El 3 de enero el gobierno norteamericano decide romper relaciones diplomáticas con la isla. La mayoría de los países latinoamericanos acompañan la decisión de la poderosa nación del Norte. Con la ascensión de John F. Kennedy a la presidencia de los Estados Unidos, que tiene lugar el 20 de enero de 1961, el Che será trasladado a Pinar del Río para comandar las fuerzas del Ejército Rebelde destinadas en la región. En Playa Girón conocida también con el nombre de Bahía de Cochinos, en unos meses, el pequeño ejército de Castro y una enorme milicia armada por la URSS, derrotará las pretensiones de invasión impulsadas por los cubanos exiliados en la Florida, apoyados económicamente por Kennedy.

El 21 de febrero de 1961, el hasta entonces director del Banco Nacional es designado como ministro de Industrias. El Che permanecerá como responsable de la cartera de Industrias hasta mediados de 1965. El tránsito del Che por el banco central había durado catorce meses. Durante el tiempo que duró su designación, Guevara nacionalizó las refinerías de petróleo e inició los contactos necesarios y trascendentes como para que Cuba comenzara su colaboración económica con el bloque socialista.


Guevara con el Bloque Oriental

El 1º de octubre de 1959, una delegación del Ministerio de Relaciones Exteriores de la URSS, que viaja bajo la fachada de un team periodístico, encabezada por el admirador número uno de la revolución cubana en la unión socialista, Alexander Alexieiev, es recibido en La Habana por Antonio Núñez Jiménez. El Che prepara el encuentro del dirigente soviético con Fidel Castro para el día 16. En la reunión se elabora un plan para que el viceprimer ministro Anastas Mikoyan visite Cuba bajo la cobertura de una exposición industrial que la patria de Lenin produciría en México y luego sería trasladada a Cuba para su exhibición. La apertura de la feria industrial soviética en La Habana se fija para el 3 de febrero de 1960. A la misma, como estaba programado, acudió Mikoyan, que llega a la ciudad capital de Cuba escoltado por el agente de la KGB Nikolai Leonov, quien relataría con el paso del tiempo las verdaderas intenciones de la visita soviética a La Habana, que dio forma a los pactos de cooperación soviético-cubana que marcarían por más de cuarenta años los rumbos económicos y políticos de la pequeña isla del Caribe.

Leonov -que auspició de intérprete en la reunión-recuerda que la entrevista entre Fidel y Mikoyan se realizó "... en una casita de pesquería que tenía Fidel en la Laguna del Tesoro. Hicimos el viaje en un helicóptero soviético, que era parte de la exposición. Fidel llamó al Che como acompañante, la segunda persona de la delegación cubana... La conversación se limitó a dos o tres puntos básicos: apertura de relaciones, era febrero, no teníamos embajada. Mikoyan dice que para tener contacto hay que abrir una embajada allá y acá, para tener un contacto formal, esto lo resolvieron rápidamente. Después surgió otra pregunta, el crédito, aquí participó Che Guevara, apoyando la tesis de Fidel. La esencia fue que Mikoyan tenía instrucciones de prometer nada más que 100 millones de dólares. Fidel decía que eso era poco, que con 100 millones de dólares no se puede comenzar la reorganización de toda la vida económica y en pleno conflicto con Estados Unidos. Lo que planeaba era la reorganización económica de Cuba para el campo socialista, y 100 millones de dólares era poco. Dice Mikoyan: 'Bueno, agotamos esos 100 millones y seguiremos hablando para aumentarlo más'. El Che decía: 'Al tomar el peso histórico, es mejor tener una decisión mucho más profunda, de mayor seguridad para el futuro, no es una cosa para bromear reorientar un país de un lugar a otro. Si ustedes nos dejan a mitad del camino con 100 o 200 millones de dólares, eso no nos resuelve nada'.

Cumpliendo con lo pactado en la reunión de la Laguna del Tesoro, Fauré Chamón, quien combatiera junto al Che en la toma de Santa Clara como miembro de una columna perteneciente al Directorio Revolucionario, asume como el primer embajador cubano destinado en Moscú, y un ex agente de inteligencia destinado por los soviéticos en Canadá, Sergio Kudyavtsev, se hará cargo de la delegación de su país en La Habana.

En marzo de 1960, en los muelles de La Habana, mueren más de 100 cubanos al producirse un confuso episodio de incendio de un cargamento de armas transportado por el barco francés "La Coubre". Castro envía en julio a su hermano Raúl para que tramite en la Unión Soviética la compra de importantes cantidades de armas fabricadas en ese país.

La decisión cubana de funcionar desde el Caribe como aliado ideológico y económico de los soviéticos, provoca la inmediata reacción norteamericana, que cancela su habitual compra de azúcar al régimen de Castro.


Petróleo para los cubanos

Con la nueva relación entablada con la URSS, a principios de los 60, Cuba recupera un poco de oxígeno político y económico. Guevara había generado un paradigma que estaba expuesto en términos que produjeron desconfianza al ser expuestos en los ámbitos de decisión política cubanos. El Che postulaba que cuanto más se identifique y se provoque al enemigo de Cuba, más se organizará la gente en la defensa de su país. No se equivocaba. La definición ideológica de Cuba significó un enfrentamiento directo con los Estados Unidos, que llevó a la unificación de las estructuras sociales y políticas de la isla que se encolumnaron bajo las banderas de una lucha nacionalista en defensa de sus intereses particulares, sin medir los esfuerzos a realizar. El problema del petróleo marcó el primer conflicto económico internacional entre la Cuba castrista y los Estados del Norte de América.

Las refinerías norteamericanas compraban el "crudo" a Venezuela, lo refinaban en Cuba y luego vendían el producto final transformado en combustible en el mercado nacional, con todo su valor agregado. Como la venta se efectuaba en pesos cubanos, los empresarios petroleros cambiaban el monto de lo operado en el Banco Nacional de Cuba por dólares, provocando una evasión constante de divisas. En los primeros meses de 1960, el Che Guevara, como director del Banco Nacional decide, como primer paso en el proyecto final de nacionalización, comenzar a retrasar los pagos en dólares a las compañías norteamericanas que operaban con refinerías. Tex Brewer, representante corporativo de los negocios petroleros americanos en Cuba, agota su paciencia reclamando el inmediato pago de la deuda a un Guevara atacado de pronto por la sordera y la mudez. El Che comienza a colocar las piezas de ajedrez sobre el tablero y hace una invitación al juego. Un primer peón cuatro rey ejecutado por el intelectual argentino apunta a solventar los lazos recientemente iniciados con los soviéticos. Guevara por fin habla. Acepta el pago de la deuda acumulada a cambio de que las refinerías de capital norteamericano compraran 300 mil barriles de crudo soviético. Los empresarios norteamericanos se niegan. Fidel Castro arrima la leña al fuego lanzando una advertencia que suena en los círculos empresariales dedicados al negocio del petróleo como un ultimátum: "O refinan el petróleo de la URSS o se atienen a las consecuencias". Los empresarios adoptan una actitud intransigente y el 29 de junio de 1959, Fidel nacionaliza las refinerías. Los Estados Unidos de la administración Eisenhower, responde con la cancelación de los acuerdos sobre compra de azúcar a Cuba. La Unión Soviética replica gracias a la intervención de Nikita Khruschev, un admirador del proceso cubano comprando la totalidad del azúcar despreciado por Norteamérica.

La nacionalización de las refinerías de petróleo es un triunfo del Che en su primera participación como agente mediador internacional. Su prestigio y sabiduría crecen y comienzan a apoyarse en la protección, a partir de ese momento, de los misiles intercontinentales que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas apunta contra las ciudades de su poderoso enemigo: los Estados Unidos de Norteamérica. De todas maneras, aunque la nueva situación internacional favorece a Cuba, gracias a los beneficios otorgados por su nuevo amigo económico militar, el Che se atreve a un comentario que tiende a dejar en claro el sentido final de todo su accionar político y militar, que está fijado en el beneficio del pueblo de Cuba. Guevara pone en claro que "cualquier intento de transformar a Cuba en un satélite soviético sería combatido hasta el final".


Prensa Latina

La en La Habana, después del triunfo de la revolución, el 9 de enero de 1959, Ernesto Che Guevara recibe en el aeropuerto José Martí, a los periodistas argentinos Carlos María Gutiérrez y Jorge Ricardo Masetti, quienes impulsados por el Che darán forma a la agencia de noticias "Prensa Latina", que durante muchos años será la voz de la revolución cubana en el mundo. El proyecto "Prensa Latina" fue el producto de la visión de Guevara con respecto a la función determinante de la prensa como formadora de ideología. La agencia contó desde su iniciación con el apoyo económico del mexicano Carlos Ulloa.

En la redacción de noticias será invalorable la colaboración de periodistas identificados con los ideales de la revolución cubana, como lo fueron los argentinos Jorge Masetti y Rodolfo Walsh. "Prensa Latina" comenzaría a emitir cables e información en julio de 1959.

En junio de 1963, como ministro de Industrias, Guevara visitará Argelia, donde se reencontrará con el periodista Masetti, que cumplía funciones cono representante del Che en el país africano. Masetti se había alejado parcialmente de la empresa periodística a mediados de 1961, por las diferencias que mantuvo desde el inicio de los trabajos periodísticos con los miembros del Partido Comunista Argentino, que colaboraban en la agencia de noticias, retornando a Cuba y a sus labores periodísticas y militares en tiempos de la invasión a Girón.

La presencia de Masetti en Túnez y su vinculación con el gobierno argelino tiene el antecedente inmediato de un viaje realizado en 1961, como emisario de Fidel Castro, quien envía al periodista con un ofrecimiento de armamento para apoyar la lucha que el "Frente de Liberación Nacional" de Argelia mantiene contra la monarquía marroquí. El ofrecimiento se materializa con la entrega de morteros y rifles automáticos a la guerrilla argelina transportados por el buque Bahía de Nipe. Masetti dirigió personalmente la operación y regresó a Cuba con el barco repleto de combatientes argelinos heridos y huérfanos de la guerra. En el norte africano operarán, además, milicianos voluntarios cubanos, hecho éste que respondería a la inquietud de Guevara de exportar y apoyar a los movimientos revolucionarios en el mundo.


Playa Girón

La invasión por Bahía de Cochinos hacia Playa Girón es planificada desde 1960 por el entonces presidente de los Estados Unidos, Eisenhower, y ejecutada bajo las órdenes secretas de su sucesor, John F. Kennedy, entre el 15 y 21 de abril de 1961. Las tropas destinadas para la invasión fueron reclutadas entre los exiliados y deportados cubanos del régimen de Fidel Castro y adiestradas militarmente por la CIA en territorio guatemalteco y nicaragüense.

La práctica intervencionista armada de los EE. UU. no era una novedad. Formaba parte de una política de mantenimiento del "statu quo" a nivel mundial, ejecutada por los "marines", que funcionaban entonces como una fuerza de policía continental dispuesta para intervenir allí donde los intereses del gigante económico del Norte se vieran amenazados. Ante el fracaso del intento de desestabilización económica o política desarrollado por los agentes de la CIA, como en el caso de Guatemala, o el avance ideológico socialista, en el caso cubano, los Estados Unidos, invocando el derecho a la injerencia bajo la teoría de la "defensa de los intereses americanos en el mundo" desembarcaba sus tropas y asesores en los países donde los llamados "valores occidentales y cristianos" corrieran el riesgo de ser suspendidos.

A diferencia de las anteriores intervenciones militares emprendidas por los EE. UU. en la región -Santo Domingo, Guatemala, Nicaragua-, el blanco cubano presentaba características que lo distinguirían de modo particular. Los asesores de Kennedy identificaban a la Cuba de Fidel Castro y el Che, como un país apoyado por la fuerza de las cabezas nucleares de los misiles soviéticos, que desde Eurasia apuntaban sobre blancos estratégicos en territorio americano. Partiendo de esta realidad, la participación militar norteamericana se limitaría entonces, a juicio de Kennedy, al adiestramiento de las tropas invasoras, apoyo económico y logístico en forma de suministro de armamentos y transporte, incluidos aviones; y una operación política y propagandística a nivel mundial en apoyo a la invasión.

La elección de la fecha de desembarco estuvo ligada íntimamente a tres factores fundamentales: el levantamiento de un grupo armado anticastrista en la zona del Escambray, la ruptura de las relaciones diplomáticas de EE. UU. con Cuba y la declaración de Fidel en La Habana, en acto público y multitudinario anunciando el carácter socialista de la revolución cubana.

Desde un comienzo, producto de una mala evaluación política por parte de la CIA y la vacilante conducta de John F. Kennedy, la operación de invasión a Cuba se vio plagada de enormes fallas operativas. Según los informes suministrados por la Inteligencia estadounidense a su presidente, el pueblo cubano estaría ya cansado de los caprichos políticos de Castro y de la mala situación económica por la que atravesaba la isla. A las manos de Kennedy llegan detallados informes que aseguran un levantamiento generalizado de la población en contra de los tiranos comandantes barbudos que gobernaban Cuba. El pueblo apoyaría el desembarco de los invasores o, en el peor de los casos, los asesores presidenciales informaban sobre la inminencia de una guerra civil en Cuba que duraría años y terminaría debilitando y derrotando al gobierno procomunista de Fidel. Kennedy condicionará en definitiva la participación militar estadounidense en Cuba a la instauración de un gobierno de transición que solicite internacionalmente, por "vías legítimas", como en el caso de Guatemala, sus servicios militares y económicos.

Viciados quizá por la imagen de la propia aventura castrista, o priorizando un objetivo político en vez de uno militar, por ser la zona de Girón el lugar donde Fidel se reúne con Anastas Mikoyan para planificar los destinos de integración cubana en el área socialista, la elección de Playa Girón en Bahía de Cochinos fue uno de los peores errores de interpretación de la invasión a Cuba cometidos por Kennedy y sus asesores, ya que geográficamente, el lugar se encontraba separado de la protección de las sierras del Escambray por una impenetrable ciénaga plagada de pantanos y habitada por campesinos que habían declarado fidelidad incondicional a Fidel Castro y su proyecto revolucionario.

Temprano Kennedy se confunde. La operación a Cuba se inicia con un ataque aéreo de B26 norteamericanos piloteados por cubanos que despegan desde territorio nicaragüense con el objetivo de bombardear las bases de la aviación militar cubana de Santiago, San Antonio de los Baños, y Ciudad Libertad. El objetivo principal de los invasores era la de tomar un aeropuerto que sirviera de justificativo para la operación de naves aéreas norteamericanas disfrazadas desde la isla. El aeropuerto elegido, cercano al Escambray, no pudo ser reducido ya que la aviación de Castro mantuvo a raya a los barcos que servirían de apoyo a las acciones, cortando el suministro de municiones, comunicaciones y armamento. Los invasores y sus aliados de la CIA tuvieron la oportunidad de destruir la aviación de Castro en tierra, compuesta por quince B26 y tres T33, y no lo hicieron al evaluar erróneamente la capacidad de combate de esa fuerza, que respondió profesionalmente al primer ministro Fidel Castro, definiendo con su accionar la victoria cubana sobre las fuerzas invasoras.

El comandante Che Guevara es destinado a Pinar del Río y su antiguo segundo en la columna "Ciro Redondo", Almeida, se hará cargo de las tropas destinadas en el centro de la isla. El Che se dirige a los milicianos que formarán parte de sus fuerzas de combate. En el final de su discurso predice: "... No sabemos si este nuevo ataque será el preludio de la invasión anunciada de los 5 mil gusanos... Pero sobre los cadáveres de nuestros compañeros caídos, sobre los escombros de nuestras fábricas, cada vez con mayor decisión ¡Patria o muerte!". Un hecho fortuito mandará a Guevara al hospital. La pistola amartillada que el jefe guerrillero llevaba en la cintura, cae al piso provocándole una herida en la cara. Guevara permanecerá internado en un hospital durante las primeras horas de la invasión.

A esta altura de los acontecimientos, con todo el Ejército Rebelde compuesto por 25.000 efectivos regulares y 200 mil milicianos armados -preparados ideológicamente y en lo militar por el Departamento de Instrucción de las FAR bajo el mando, a partir de 1960, del comandante Ernesto Che Guevara-alertados y movilizados, los asesores de Kennedy imaginan una suspención de la operación militar por parte de su presidente, ya que un desembarco de los contrarrevolucionarios en las playas cubanas, sin apoyo logístico, significaba de hecho una derrota inminente.

Raúl Roa denuncia el primer ataque aéreo a Cuba ante las Naciones Unidas y alerta sobre los planes de agresión armada impulsados por los Estados Unidos. La respuesta de Kennedy ante la denuncia de Roa es ambigua. Acosado por los mandos más conservadores del Pentágono, ordena la continuación de los planes de invasión pero, temeroso de las consecuencias políticas que significara una participación armada directa de su país en la invasión, condiciona el accionar de la aviación norteamericana a la captura de algún aeropuerto en suelo cubano para justificar de esta manera la operación de aviones de su país en la isla. Desafiando todas las informaciones que iban llegando a sus oídos sobre la movilización de las milicias y la respuesta política del pueblo cubano a los llamamientos de Castro, Kennedy da su visto bueno para que los invasores pongan en marcha la operación.

Identificado el lugar del desembarco, gracias al descubrimiento de unos buzos tácticos sobre las playas de Girón que estaban demarcando el lugar por donde las tropas invasoras entrarían a Cuba, Fidel dirige personalmente la operación de defensa a través de la radio. La estrategia de Castro consistía en no permitirles a los invasores establecer una cabeza de playa, pues ni bien los agresores consiguieran internarse en territorio cubano, tomar una ciudad relativamente importante y fijar un gobierno provisional, éste sería reconocido por los Estados Unidos como la nueva conducción política de Cuba y apoyaría directamente las acciones militares con tropas.

Fidel se juega el todo por el todo y concentra la mayoría de sus fuerzas sobre Girón y encierra a los invasores al borde de la Bahía. Los pelotones de Fernández, Duque, Aragonés, Dreke, Ameijeiras y René Rodríguez, ex combatientes de la sierra, se lanzan a la carrera en una maratón cuyo premio mayor sería el haber sido reconocido por el pueblo como el primero en llegar a combatir al invasor. Estos capitanes habían dejado horas antes sus sillones de mando en la administración pública cubana para comandar nuevamente a sus hombres con el mismo heroísmo demostrado en la Guerra Revolucionaria. Los invasores que sobrevivieron el acoso del Ejército Rebelde y las milicias se replegaron hacia la playa y luego retornaron al mar por donde días antes habían llegado a Cuba. Los escasos barcos de bandera norteamericana que permanecían circulando en la Bahía de Cochinos lograron rescatarlos.

El fracaso de la invasión a Cuba, que significó la muerte de 161 defensores cubanos y 107 invasores, y que registró además la captura de 1.189 prisioneros de guerra, que permanecerán en las cárceles cubanas hasta ser canjeados a los EE. UU. por medicamentos y alimentos, acarreará innumerables consecuencias de orden político para América latina y el mundo. Por un lado, obligará a los EE. UU. a replantear toda su política hacia el continente americano, donde se dará comienzo a la elaboración de planes que impulsen el desarrollo económico de los países pobres -su expresión máxima "La Alianza para el Progreso"-, ante la realidad que significaría la existencia de un país socialista apoyado por la URSS en Centroamérica, que intentaría expandir sus experiencias sociales y políticas por la región. La conclusión de Girón que el Che expresa en sus discursos y reflexiones de la época es simple: EE. UU. se verá obligado a apoyar económicamente a los países subdesarrollados o deberá afrontar el estallido revolucionario de los pueblos americanos que de una u otra manera intentarán alcanzar la rehabilitación económica de sus países. Este planteo geopolítico explotará en la conferencia de Punta del Este de la OEA que contará, en esta ocasión, con el delegado del primer país socialista de América, Ernesto Che Guevara.


Ministro de Industrias

El 23 de febrero de 1961, de su embrión primario la dirección de Industrias, organismo dependiente del Departamento de la Reforma Agraria donde el Che se había desempeñado como director, nace el Ministerio de Industrias. Días antes, el 21, el hasta entonces director del Banco Nacional, Ernesto Guevara, ya había sido designado al frente de la cartera. En los despachos del ministerio conducido por el Che, ubicado en el noveno piso del denominado edificio "A" de la Plaza de la Revolución, se tomarían las decisiones más trascendentes de la futura vida económica de los cubanos; desde allí, el médico argentino intentaría construir la Cuba socialista. Guevara permanecerá al frente del Ministerio de Industrias, que en realidad asumiría las características de un Ministerio de Economía, hasta mediados de 1965.

Las necesidades de la revolución siguen postergando los anhelos del comandante argentino. Sus deseos de exportar la revolución, de combatir y toparse con nuevos desafíos, continuarán formando parte de un futuro todavía lejano de la vida del guerrillero. La honestidad intelectual de Guevara, aliada a la idea de construir un bastión socialista en América, le impidió renunciar a las responsabilidades que se le demandaban desde los más altos niveles del gobierno de la revolución. Más aún, cuando el héroe de Santa Clara perfilaba ya como el segundo de Cuba. "Vamos a pasar cinco años aquí y luego nos vamos. Con cinco años más de edad, todavía podremos hacer una guerrilla", habría comentado el Che a Manuel Manresa, su secretario privado, quien lo acompañó desde los tiempos de la jefatura en el destacamento militar de La Cabaña. El espíritu aventurero del Che no lo abandonaría nunca.

Las alianzas económicas con los países del Este, producidas en la época en que Guevara se desempeñaba el frente del Banco Nacional de Cuba, exigían una modernización de la infraestructura productiva cubana y una planificación diferente de su economía. El desafío principal del Che, en esta etapa de la consolidación de la revolución, sería la de llevar adelante esas reformas.

Como casi todos los países de América latina, la Cuba de los 60 presentaba una estructura productiva macrocéfala. Sobre el puerto de La Habana congruían la red caminera y ferroviaria que sacaba del país el producto del esfuerzo nacional cubano. En la capital de Cuba se desarrollaba la mayoría de las actividades comerciales e industriales del país. A través de su puerto entraban las maquinarias y los repuestos necesarios para hacer funcionar las escasas industrias; las materias primas, los automóviles y las medicinas. En sus oficinas públicas funcionaba la totalidad de su burocracia de Estado. Pero además, el puerto de La Habana había sido diseñado para operar exclusivamente el funcionamiento de los ferries de Palm Beach y el Sea Train de Nueva Orleáns que conducían a Cuba gran cantidad de productos producidos en los EE.UU. La capacidad de alojamiento en los muelles cubanos no sobrepasaba los barcos de mediano porte, por lo cual, solo se habían construido galpones con reducida capacidad de almacenaje en la infraestructura de los puertos cubanos. Desde la expropiación de las refinerías primera victoria económica internacional del Che, Cuba necesitó prepararse para recibir y despachar barcos petroleros de gran porte, comenzaba una nueva era económica en la isla y Guevara intentaría planificar ese futuro.

Si bien la infraestructura industrial, caminera, ferroviaria y portuaria de Cuba presentaba notables carencias en planificación y desarrollo, la oferta de técnicos capaces de producir los cambios necesarios para su modernización era casi nula.

Guevara convoca al Ministerio de Industrias a su histórico grupo de colaboradores en asuntos institucionales compuesto por Julio Cáceres (El Patojo), Orlando Borrego, Enroque Oltuski, Gustavo Machin, Alberto Mora, Juan Valdés Gravalosa y a su secretario personal Manuel Manresa. También lo acompañarán los economistas chilenos que colaboraron con él en la dirección de Industrias Jaime Barrios, Raúl Maldonado y Carlos Romero. El Che diagrama la estructura del Ministerio a su cargo partiendo de la realidad que le marca la ausencia de técnicos competentes que puedan cubrir los puestos intermedios, indispensables para el buen funcionamiento de la cartera a su cargo. El Che concibe la organización del Ministerio de Industrias como un ente de funcionamiento piramidal, donde él, desde la cima, tomará las decisiones asesorado por un Consejo de Dirección. La responsabilidad operativa de Industrias estaría a cargo de cuatro viceministros. Los asuntos relacionados con la industria pesada se pondrían bajo el área de la Subsecretaría de Industria Básica. La Subsecretaría Económica se encargaría de la planificación general de la economía de Cuba. La estructura ministerial contaría con dos subsecretarías más, la de Industria Ligera y Construcción.

El Che pondrá a prueba a diario la moral revolucionaria de sus subordinados. Se quedarían sin participar de las reuniones de Dirección que habitualmente se realizaban en el Ministerio, aquellos que llegaran por más de 10 minutos tarde. Impulsará desde su cargo, la discusión colectiva, pero las decisiones serán unipersonales, las tomaría sólo Guevara. Uno de los primeros pasos que el Che dio como ministro, fue el de poner a disposición del personal a su cargo, una hoja de papel invitando a su personal a ofrecerse para realizar horas de trabajo voluntario.

La actividad comercial e industrial privada en Cuba pasa de pronto a la historia adoptando la forma de una notoria minoría representada por el 15% de la totalidad de la producción y comercialización de mercancías y servicios. El área que queda fuera del control del Ministerio a cargo del Che Guevara será la de agricultura y pesca, que seguirá funcionado bajo el control del Instituto Nacional de la Reforma Agraria, ente con el cual Guevara polemizará durante toda su gestión al frente de Industrias. La operatividad que el Che impone a la actividad financiera de las instituciones que pasan a depender de su Ministerio, será una copia de los planes emprendidos por Guevara al frente del Banco Nacional. Bajo la gestión del Che en Industrias no existirá la autonomía empresarial, el dinero de la producción se centralizará para luego aplicarse a las prioridades de inversión en las diferentes áreas estratégicas de la economía cubana. El Che ha comenzado a impulsar la utopía revolucionaria desde todos los frentes bajo su influencia.

La gran barrera que encuentra Guevara para sus planes de desarrollo es la falta de tecnología aplicada a la industria. Más aún, en la Cuba del Che al frente de Industrias, no existía una clase obrera industrial desarrollada. Casi todo en Cuba se producía a "pulmón", es decir, por medio del trabajo artesanal. Che no podía modernizar sin despedir o reubicar a los trabajadores empleados en los numerosos "chinchales" -pequeños talleres de producción artesanal que pasaron a manos del Estado cubano en tiempos de Fidel-que abundaban en la deteriorada economía de Cuba. Mientras más de 15 mil trabajadores del calzado -sobraría casi la mitad en caso de tomarse la decisión política de mecanizar el proceso de producción de zapatos-producían artesanalmente cobrando un sueldo, en otras áreas de la producción, como el corte de caña de azúcar o recolección de frutas y hortalizas, la demanda de mano de obra era alarmante. Como respuesta a la necesidad de trabajadores en la cosecha de la caña de azúcar, el 29 de febrero de 1961, el Che Guevara suma a sus responsabilidades del Ministerio de Industrias la de cañero en el Central de Nodarse a donde viajará casi todos los fines de semana para realizar tareas en la zafra, acumulando gran cantidad de horas voluntarias de trabajo.

A pesar de todos los estímulos con que el Che pretendió impulsar la producción industrial en Cuba, la transformación hacia una economía de tipo planificada y centralizada, produjo una burocratización del Estado que crecía día a día en el país según Guevara iba aplicando sus planes económicos. Los resultados más evidentes del estancamiento productivo y la incipiente burocratización se iban evidenciando en un virtual desabastecimiento de los productos indispensables para el funcionamiento de las pequeñas industrias y, sobre todo, en la carencia de medios para responder a las necesidades alimenticias de la población, que obliga a implantar el racionamiento. Los cubanos se habían "comido" la ayuda económica que el gobierno de Batista había recibido durante años de los EE.UU. y comenzaba a paralizarse ahora por el bloqueo impuesto por Kennedy a la isla.

Las tarjetas de distribución de alimentos utilizadas para su racionalización, ofrecían cada vez menos cantidades y surtidos. El control aduanero y las nuevas leyes de importación y manejo de las divisas llamadas "fuertes", habían colocado al país en una situación económico-financiera que comenzó a alarmar a las autoridades cubanas, especialmente al responsable de su economía, Ernesto Guevara.

Los sucesos de Playa Girón radicalizan a Cuba. Castro pone en marcha su ya acostumbrada política de doble filo a causa del desagrado con que Khruschev recibe la declaración pública del máximo dirigente de la revolución cubana invitando a sus conciudadanos el 26 de julio de 1961 a participar en la construcción de una Cuba socialista (primera declaración de La Habana), un día antes de la invasión de Bahía de Cochinos. El accionar doble de la política de Fidel consistía, entonces, en intentar un acercamiento con los EE.UU. y a la vez impulsar en el frente político interno, la construcción de un partido político único en el marco de una política de características totalitarias.

Las iniciativas para realizar una reunión cumbre Kennedy-Khruschev en Viena, nació destinada al fracaso. La cuerda política internacional se tensa y Moscú sugiere a Castro no provocar más conflictos hasta que la situación internacional así lo permitiera. Esta sugerencia soviética vendría acompañada de un apoyo económico que permitiría la supervivencia de la isla caribeña, ante el bloqueo a que estaba sujeta por los EE.UU. Las entrevistas que Ernesto Che Guevara realiza con los presidentes de Argentina, Arturo Frondizi, y su par brasileño, Janio Quadros, habrían respondido a una propuesta del presidente de Argentina, gestionada ante Kennedy con anterioridad a los sucesos de Girón, en un intento de acercamiento entre el poderoso EE.UU. y el pequeño país antillano de Cuba. La iniciativa habría contado con el visto bueno de la Casa Blanca. Por otro lado, el presidente Arturo Frondizi hace pública en 1992 su versión sobre lo ocurrido. Según el mandatario argentino, la iniciativa no partió de él, sino del propio Kennedy, quien le habría solicitado intentar una reunión con Guevara aprovechando la conferencia de la OEA en Punta del Este. Frondizi afirma que el presidente norteamericano fundamentó su pedido en los efectos negativos que habría causado el fracasado intento de invasión en Playa Girón. Kennedy habría sugerido una mediación de Frondizi y Quadros para intentar una recomposición de las relaciones cubano-norteamericanas. Lo cierto es que el resultado palpable de las conversaciones entre los representantes de Argentina, Brasil y Cuba fue poco exitoso y de variadas consecuencias. Frondizi entregará el poder a los militares en 1962 y Quadros, presidente de Brasil, quien condecoró al Che con la "Gran Orden del Cruzeiro del Sur" de Brasil, renunciaría extrañamente a la conducción política de su país una semana después del acto de homenaje al guerrillero argentino.

Guevara regresa a su país por adopción después de permanecer dos semanas en Punta del Este. Ya en Cuba, el jefe guerrillero ocupará la mayoría de su tiempo en intentar dar un impulso cualitativo a la economía de la isla gobernada por Fidel.

En tiempos en que la acumulación alimenticia producida en la época batistiana se iba agotando en Cuba y su pueblo comenzaba a restringir seriamente su consumo, una barrera de sospechas empieza a separar al Che del lejano y burocrático Moscú. Guevara confía más en sus guajiros, dignificados por el triunfo de la revolución, que en los burócratas rusos que comenzaron a exigir más de lo que ofrecían. Con el 85% de la economía cubana en manos del Estado, el Che parecería haber optado, en 1961, por emprender su propia experiencia económica.

A mediados de 1961, el ministro de Industrias de Cuba, Ernesto Che Guevara, lanza su primera "utopía económica nacional" desarrollada bajo la forma del primer "plan cuatrimestral de la era revolucionaria". Las propuestas de Guevara, planteadas al más corto plazo posible, son enormes en las metas a alcanzar. Los objetivos de Guevara incluían, entre otras, el autoabastecimiento en materia de productos alimenticios y materias primas agropecuarias en el término de cuatro años, alcanzar una tasa de crecimiento anual del 15%. Construir 25 mil viviendas rurales y una cantidad similar en edificaciones habitacionales urbanas. Se debería alcanzar, en tan solo un año, el pleno empleo y para conseguirlo se deberían mantener estables los precios mayoristas y minoristas en el mercado interno de Cuba, aumentando de esta manera el consumo y la producción. Se aumentarían las cosechas de azúcar a 9,4 millones de toneladas anuales y se estimularía el consumo de alimentos que debería alcanzar el 12% anual. La meta impostergable, a la que Guevara dio prioridad, fue la de intentar alcanzar con educación y asistencia médica a toda la población de la isla.

"Notas de El sueño de Guevara para Cuba es el de producir tractores, automóviles y heladeras, azúcar, trigo y herramientas. La idea de sustituir las importaciones por productos elaborados en Cuba sin la participación de intermediarios, y la formación de una clase obrera industrial con la que Cuba no contaba todavía, sería una obsesión constante del Che.

Los resultados obtenidos en el último tramo de 1961, y el posterior desastre de 1962-63, significarán duras pero importantes enseñanzas para el guerrillero convertido en ministro. El Che no podía ubicar correctamente en el tiempo las prioridades, manejaba con poco acierto la táctica y la estrategia, sus planes económicos elaborados para ser aplicados en el primer cuatrimestre de 1961, llegaron en muy pocas oportunidades a un desenlace feliz. El Che no comprendió en su momento que era imposible construir tractores sin antes contar con los materiales y la tecnología necesarios para su fabricación. Que los ingenieros y la mano de obra especializada no se podían preparar en días, sino que la formación de estos profesionales demandaría años. La ayuda socialista en la que tanto confió el Che pasada la crisis petrolera, no entregaba las fábricas ni los productos con la calidad prometida. En este sentido, Sergei Kudriavtsev, en sus conversación del 8 de diciembre de 1961 con el ministro de Industrias Ernesto Guevara", relata: "Guevara señaló que ciertas dificultades en su economía se crean por algunos países socialistas. Los checos, por ejemplo, están llevando a cabo respecto de Cuba una política comercial muy dura que a veces se parece a una política de relaciones entre países capitalistas y no socialistas".

Por otro lado, el Che genera grandes logros para la sociedad cubana. Consigue reducir el analfabetismo de un 23 a un 3%. Las campañas de alfabetización ponen en acción a 270 mil maestros -para 1965, la matrícula de escolarización en Cuba superaba en un 50% al promedio del resto de América latina, y sus contenidos educativos fueron considerados internacionalmente como los mejores de esa parte del continente americano-. He aquí la utopía del Che en acción. Su sentido humano, su desprecio por el dinero como fin en sí mismo, que en definitiva lo llevara al fracaso en su gestión al frente del Ministerio de Industrias por contraponerse a las directivas impartidas por Moscú con respecto al rol que le correspondería a Cuba en la división internacional del trabajo dentro del bloque socialista, planificado y dirigido por los soviéticos desde la capital rusa. En el momento más dramático de la crisis económica cubana, el Che se atreve a pensar en el futuro de su país a través de la formación de sus niños y jóvenes. He aquí quizá la síntesis de su no buscada grandeza. El Che invierte en educación, un área que en lugar de producir ingresos, tan necesarios para aquel presente de privaciones, significó para el Estado una sangría de recursos tan difícilmente logrados a manera de esfuerzos sociales en ahorro y privaciones, pero que apuntaba a la realización de las futuras generaciones de cubanos. El estadista comprende que el futuro de la isla caribeña depende de la formación que se les brinde a sus niños, y allí, en esa área, centra la mayoría de los esfuerzos económicos producidos por la sociedad. No es de extrañar que aún hoy, y a pesar de la grave crisis económica por la que atraviesa Cuba, la atención médica sea una de las mejores del continente, y que la matrícula escolar siga siendo todavía una de las más elevadas de toda América.

Con el mercado norteamericano cerrado (entre febrero y agosto de 1962 se produjeron 716 sabotajes organizados por la CIA que produjeron invaluables pérdidas en vidas humanas y dinero) y el resto de América plegada al boicot comercial contra la isla, Cuba se encuentra al borde del colapso económico. La URSS, por su parte, exige el pago de los 100 millones de dólares gestionados por Castro ante Mikoyan y aprobado en su momento por Khruschev a modo de ayuda, que aprietan un poco más el cuello cubano.

Guevara realiza su primera autocrítica pública. La televisión cubana muestra a un Che que humildemente reconoce sus culpas, especialmente las referidas a la elaboración del primer plan cuatrimestral. Guevara confiesa haber elaborado "un plan absurdo, desconectado de la realidad, con metas absurdas y con recursos que eran de sueño". El argentino había centralizado la economía de Cuba y la había puesto a disposición de las decisiones emanadas del ministerio a su cargo. El destino económico de más de 200 mil personas enroladas en 300 empresas, comenzaron a depender de su capacidad de planificación y decisión. Por diferentes razones que actuaron en su contra, pocas fueron las metas que Guevara pudo alcanzar en materia de logros económicos durante sus primeros años de gestión frente al Ministerio de Industrias. El incumplimiento de las promesas de ayuda que los países socialistas habían comprometido, el éxodo campesino a la ciudad, el intento de Guevara de igualar los salarios de todos los cubanos sin haber contado con las dificultades que implicaba ecuanimizar 25 categorías salariales que distribuían 90 mil salarios y, sobre todo, sin contar con el dinero necesario para realizarlo; el bloqueo norteamericano, la desorganización del Estado generada por el quiebre del funcionamiento capitalista en la isla, las propuestas esbozadas en su primer plan cuatrimestral, que por lo incongruentes, después de crear grandes expectativas en la población, no pudieron ser cumplidas por el gobierno de la revolución representado por su ministro de Industrias.

Coincidente con la presentación del Plan Económico para 1963, ante el Consejo de Ministros, Guevara recibirá en el Ministerio, en diciembre de 1962, el refuerzo de un prestigioso colaborador, Miguel Alejandro Figueras, quien informa al Che sobre áreas que hasta ese momento no se habían contemplado en los proyectos de modernización de Cuba. Figueras, que pasará a desempeñar funciones en la Dirección de Planificación a Largo Plazo, expone ante Guevara sobre las necesidades de dominar áreas estratégicas para la economía como lo eran electrónica y la informática.

Las "Tareas generales para 1963" elaboradas por el Che, contienen una serie de medidas tendientes a consolidar los logros y rectificar los errores cometidos en la primera etapa de la planificación de la economía cubana. Con respecto a los errores, Guevara toma cuatro medidas, a su entender, fundamentales. Detener la burocratización del aparato de Estado, no invertir hasta que los medios económicos así lo permitan -se cancelan las compras de fábricas soviéticas-y se impulsa la preparación de técnicos y profesionales que se considera la única posibilidad para elevar la calidad de los productos cubanos. La solución para este último ítem coincide con la línea general de Guevara con respecto a la educación de la población. Durante su permanencia al frente del Ministerio de Industrias, se escolarizará al 40% de la fuerza laboral cubana y se desarrollarán, bajo la dirección de Figueras, diez centros de investigación científica para el desarrollo industrial.

Pero Guevara no renunciará nunca a su idealismo. El líder guerrillero ha sacado importantes enseñanzas de la denominada "Crisis de los cohetes". Durante octubre la producción industrial en Cuba ha aumentado considerablemente. El Che incorporó lo sucedido en la producción como el fruto de la moral revolucionaria del pueblo cubano que respondía defendiendo los intereses de la nación cada vez que algo o alguien ponía en peligro su funcionamiento. Para Guevara ningún plan, por bueno que éste fuera, podría ser llevado adelante sin la conciencia que la población tenía de su situación como artífice de su destino. Guevara confiaba en el pueblo como la única fuerza capaz de realizar la transformación que la sociedad cubana necesitaba.

A mediados de 1963, Ernesto Guevara recibe una mala noticia, su madre, Celia, ha sido detenida por la policía en Argentina acusada de ingresar material propagandístico comunista al país. La madre del Che, que padecía cáncer, permanecerá dos meses recluida en la cárcel correccional de mujeres de Buenos Aires. Por este tiempo, el 14 de junio de 1963, nacerá Celia -la elección del nombre de su hija significa un homenaje y reconocimiento de Ernesto hacia su madre-, tercer hijo del matrimonio Guevara-March y cuarto del comandante argentino.

En Cuba se habían generado dos tendencias bien claras con respecto a la interpretación de los rumbos económicos a seguir. Por un lado, el Che, con los hombres de su entorno, que ya formaban parte de su grupo de leales formado en años de lucha, entre los que se distinguían Alvarez Rom, en Hacienda, y Oltuski en el Juceplan, quienes al igual que el Che rechazaban una economía a la soviética. Sus adversarios ideológicos, que a pesar de no pertenecer al prosoviético PSP apoyaban sus posturas a nivel institucional, estaban representados por los dirigentes Alberto Mora, Rolando Díaz y Marcelo Fernández, este último presidente del Banco Central de Cuba. Los prosoviéticos defendían la postura de diferenciación salarial como estímulo a la producción y el manejo libre de las empresas cubanas dependientes del Estado, traducida en la autonomía de éstas para determinar su situación financiera apoyada por la libertad en la toma de créditos bancarios. El Che postulaba la centralización de la industria y la confianza en el pueblo, que no necesitaba de estímulos materiales para producir mejores productos, sino que la conciencia revolucionaria suplantaría el estímulo material al momento de producir.

En los últimos días de junio de 1963, Ernesto Guevara partirá hacia Argelia, donde se entrevistará con el líder guerrillero Ben Bella. Regresará a La Habana, a mediados de julio.

En octubre, un ciclón devasta Oriente y Camagüey. Guevara comprobará la dimensión de la catástrofe recorriendo personalmente las zonas anegadas. Viviendas destruidas, animales muertos e industrias inutilizadas son el resultado del paso del huracán por territorio cubano.

El año 63 termina con una profundización del conflicto que Guevara ha hecho ya personal en relación con los países del Este. Guevara aclara en una reunión de la dirección del Ministerio de Industrias: "Nosotros incumplimos los contratos con los países socialistas y los países socialistas pues, incumplen con nosotros por la vía de suprimir las cosas tranquilamente". Su ataque a la burocracia de la URSS se transforma en abierto y áspero. Guevara no puede aceptar que después de 45 años de construcción socialista en el Este, no se haya podido detener el burocratismo y que la planificación agropecuaria muestre resultados tan calamitosos.

Fidel Castro visitará la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas por un lapso de 40 días. Allí el Primer Ministro de Cuba suscribirá acuerdos con los dirigentes máximos de la patria de Lenin que teñirán de dependencia política y económica a la isla de Cuba.. El Che Guevara se rehusará a acompañar al comandante Castro en su gira por la URSS.

Castro firmará con los soviéticos pactos que obligarán a Cuba a retornar a su rol histórico de productor de azúcar y ganado vacuno, terminando de esta manera con los "utópicos" proyectos impulsados desde el Ministerio de Industrias por el comandante Guevara, quien desde el primer día de su designación intentó la industrialización de la isla como el único instrumento posible para terminar con la dependencia económica y la pobreza de sus compatriotas cubanos.

Guevara estrena 1964 con un plan de inversiones que estará seriamente condicionado por el lugar que la URSS le ha asignado a Cuba en la división internacional del trabajo socialista. La orientación de estas inversiones ha variado radicalmente con respecto al sector productivo donde se realizarán. La industrialización debería esperar mejores tiempos y más dinero para desarrollarse. Guevara apostará en este período a la producción azucarera, la fuerte eterna de donde Cuba extrajo los recursos económicos necesarios que le permitieron sobrevivir como nación, pero que a la vez lo sumieron en la dependencia económica.

La disputa permanente que Guevara mantiene con Regino Boti, ministro de Economía y secretario técnico del Juceplan, hace brotar el espíritu sarcástico rioplatense que caracterizaba al Che. Paco Ignacio Taibo II, en su libro "Ernesto Guevara, también conocido como el Che", describe perfectamente estas discusiones poniendo el acento en los puntos de vista del guerrillero argentino. Taibo comenta: "Con Rogino Boti, el ministro de Economía (...) mantenía el Che en aquellos meses un conflicto permanente, acusando al Juceplan de ser un antro burocrático, muy formal. En su correspondencia con Boti, con quien polemizaba frecuentemente, pero a quien le tenía cariño y respeto, las puyas eran constantes. En octubre del año anterior le había escrito: 'Lamento que mi ausencia de la junta (Juceplan) le haya impedido realizar cualquier consulta referente a problemas de la producción. Para su información, ni los barcos de Camagüey ni los de Oriente han sufrido por el ciclón. Cualquier noticia telefónica o por escrito o cualquier duda en el campo de la producción y otros que domino (teoría del valor, por ejemplo) estoy a sus órdenes'.

A comienzos de febrero del 64, en una discusión sobre un problema técnico, culminará: 'Lo saludo, compañero ministro, con el grito de lucha de la Junta Central de Planificación: Viva la guerra epistolar. Muera el trabajo productivo'. El 12 de junio le escribe otra carta respondiendo a una solicitud de aumento del número de ejemplares de la 'Revista Médica Panamericana', 'amparado en mi pequeña y poco edificante historia de médico, donde le dice que la revista es una porquería y las porquerías no cumplen funciones políticas (...)'".

El timonazo de Fidel renovando el aparato de Estado cubano favoreció en los primeros meses del 64 los postulados económicos del Che con respecto a la necesidad de centralizar aún más la economía.

Guevara condimenta sus discusiones y orientaciones económicas con un fino sarcasmo rioplatense. La tonadita cubana en el discurso del Che desaparece de vez en cuando al momento de clavar púas en los corazones de sus interlocutores. En mayo de 1964, el Che se comunica epistolarmente con el director del Hospital Psiquiátrico de La Habana. En la carta, el ministro de Industrias sostiene: "... Tengo otra curiosidad: ¿cómo pueden imprimirse 6.300 ejemplares de una revista especializada, cuando ni siquiera hay esa cantidad de médicos en Cuba? Me salta una duda que me lleva mi ánimo a los umbrales de una psicosis neuroeconómica ¿Estarán las ratas usando la revista para profundizar sus conocimientos psiquiátricos o templar sus estómagos? ¿O tal vez cada enfermo tenga en la cabecera un tomo de la publicación? En todo caso hay tres mil ejemplares de más en el número de la tirada; te ruego que pienses sobre eso. En serio, la revista está buena, la tirada es intolerable. Créeme, porque los locos siempre dicen la verdad".

Con Cuba sometida a la producción de azúcar, su ministro de Industrias debe adecuar sus planes a esta realidad. El 3 de junio de 1964, el Che pierde el control sobre la producción de azúcar que será administrada por un Ministerio específico que recaerá bajo la responsabilidad de Orlando Borrego, un colaborador cercano a Guevara. El argentino comprende que algo no ha funcionado como debía, en cuatro años de revolución Cuba no había podido desarrollar una industria sustitutiva de la caña de azúcar y la posibilidad de hacerlo se había cerrado con la visita de Fidel a Moscú que cerraba todos los caminos alternativos. Ernesto Guevara, aunque mantiene su condición de ministro, se aparta cada vez más de la planificación de la economía de Cuba. Comenzará de a poco a sumarse a otras responsabilidades y comenzará a estructurar sus planes guerrilleros que lo conducirán lentamente al África y luego a su definitiva Bolivia.


El Che y Escalante

Las ORIs: un proyecto de Partido Unico

Playa Girón, en abril de 1961, ha servido como alerta en los peligros que significaban el intento de desarrollar una economía de tipo planificada en la isla. Los cuadros del 26 de Julio se radicalizan aún más e intentan la construcción de un partido con rasgos de "dictadura del proletariado" a la manera marxista-leninista en el Caribe. Castro comienza a dar forma al proyecto consistente en unificar las organizaciones revolucionarias que hasta entonces funcionaban independientes: el Movimiento 26 de Julio, el Directorio Estudiantil Revolucionario y el Partido Socialista Popular (PSP), bajo la denominación de Organizaciones Revolucionarias Integradas ("ORIs)". El 26 de julio de 1961, Fidel convoca al pueblo de Cuba, en su discurso de recordación del ataque al cuartel Moncada, a la formación del "partido único de la revolución socialista". Este llamado será respondido principalmente por el comunista PSP, que ya contaba, desde la época de la resistencia a Batista, con una estructura organizativa desarrollada y vertical. Los demás dirigentes de la comunidad política cubana, el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario, estaban ocupados en ese momento decisivo para el futuro político de Cuba, en el desarrollo de las exigentes tareas para la construcción de la administración pública de Cuba, lo que no les permitió -a muchos de los dirigentes históricos de la sierra-ponerse al frente de sus fuerzas políticas, para ganar la batalla ideológica que Fidel había convocado desde la Plaza de la Revolución.

Aníbal Escalante, segundo del PSP, pero a la vez cabeza visible del comunismo en Cuba, aprovecha la situación de desorganización reinante para lanzar la ofensiva en el intento de construir un comunismo versión Moscú. Para lograrlo, Escalante trazó un simple pero eficiente plan: había que apoderarse de los principales puestos políticos y económicos del aparato del Estado cubano. Dueños del poder, se podría dominar al cuerpo social de Cuba y ponerlo a disposición de la estrategia mundial dictada por la URSS.

En un primer momento, el líder de la revolución cubana, Fidel Castro, apoya abiertamente a Escalante poniéndolo como ejemplo ante las masas en cuanta oportunidad se le presenta por el esfuerzo que el dirigente del PSP realiza para encauzar a Cuba en el camino político correcto.

En diciembre de 1962, cuando Cuba es virtualmente expulsada -aunque en la resolución figure suspendida-de la OEA, en el desarrollo de una nueva reunión del organismo internacional realizada en la uruguaya Punta del Este, Fidel reafirma en una "Segunda Declaración de La Habana" la identidad socialista de la revolución cubana.

En marzo de 1962, con la participación de 13 hombres que contaban con la confianza de Fidel y diez del PSP, comienza a funcionar la Junta Directiva de las Organizaciones Revolucionarias Integradas. El accionar de la Junta Directiva es una "bolsa de gatos" que sesiona con la notoria ausencia de Raúl Castro y el Che Guevara y con un objetivo principal, que habría estado dirigido hacia la lucha descarnada y permanente por los espacios políticos que otorgaban el poder en Cuba. Fidel Castro pone fin a la situación, el 27 de marzo de 1962 destituyendo a Escalante de la dirección de las ORIs.

El Che, quien en compañía de Juan Almeida, Raúl Castro y Osmany Cienfuegos investigaron secretamente las actividades de Escalante, se opuso desde un comienzo a la formación de las ORIs. El comandante Guevara advirtió temprano, según los datos iban apareciendo, de las intenciones del líder del PSP, que intentó "stalinizar" a Cuba. El primer bosquejo para la construcción del partido único en Cuba había fracasado. Guevara comienza a distanciarse de las posiciones de los comunistas ortodoxos y del partido que responde a las directivas de la cada vez más lejana Moscú.

En una nota concedida años más tarde a una revista egipcia, el Che desarrollaría su visión sobre lo ocurrido en momentos de la destitución del líder del PSP. Guevara aclarará: "Escalante empezó a copar todas las posiciones importantes. Recurrió a ideas de aislamiento que no permitían la construcción de un partido del pueblo... Algunos de los cuadros de antes llegaron a posiciones de liderazgo y disfrutaron de varios privilegios -guapas secretarias, Cadillacs, aire acondicionado-. Pronto se acostumbraron; prefirieron mantener las puertas cerradas para disfrutar del aire acondicionado, dejando el calor cubano afuera. Y allí se paraban los obreros, afuera". Además, el Che comienza ya a sospechar de la ayuda brindada por la URSS, que a veces falta en "abundancia" y a veces "sobra" en productos y repuestos de maquinarias "elaborados con desgano", cuando la maniobra política internacional, con la necesidad de apoyo cubano, así lo requiere. El déficit de la balanza comercial con la Unión de Repúblicas Socialistas, en momentos en que en Cuba ya se pasaba hambre, puso una barrera entre el Che y Moscú. Guevara comenzó a confiar más en sus guajiros dignificados por el triunfo de la revolución, que en los burócratas rusos que exigían siempre más de lo que ofrecían. Con el 85% de la economía cubana en manos del Estado, Guevara parecería haber optado por emprender su propia experiencia económica, aprovechar lo que la URSS pudiera ofrecerle y construir un socialismo y un "hombre" nuevos en una Cuba potencialmente revolucionaria, que se desarrollaba en tiempos tan peligrosos como lo fueron los de la era del predominio soviético en el campo socialista, cuyo centro identificable se ubicaba en Moscú.


La crisis de los misiles

Con los festejos por la visita del jefe del gobierno de Argelia, Ahmed Ben Bella, flotando en el aire de La Habana, el 30 de mayo de 1962 se produce una reunión de la máxima dirigencia política de Cuba compuesta por el presidente Osvaldo Dorticós, Carlos Rafael Rodríguez, Raúl Castro, Fidel y el Che. El motivo del encuentro, analizar una de las propuestas militares más ambiciosas, que por iniciativa de Nikita Khruschev, ha sido comunicada a Fidel a través del mariscal soviético Biryuzov. La propuesta consiste en la instalación de misiles de fabricación soviética, montados con cabezas radiactivas en la isla caribeña de Cuba.

Muy poco se sabe sobre lo conversado en la reunión de los máximos dirigentes cubanos, y menos aún sobre las posturas que cada uno tuvo con respecto a la construcción de bases para el lanzamiento de cohetes radiactivos en la isla. Algún dato fue aportado en 1992 por el primer ministro cubano Fidel Castro, quien aseguró, durante la conferencia de La Habana: "No nos gustaban los cohetes, dañaban la imagen de la revolución en América latina. Los misiles nos convertían en una base militar soviética, pensamos en cambio que fortalecería al bloque socialista". Por los resultados conocidos, no se puede dudar de que en la reunión de la que participaron los dirigentes revolucionarios más prestigiosos de Cuba se resolvió aceptar la propuesta soviética. En breve, Cuba contaría con su base para el lanzamiento de misiles con carga atómica.

Raúl Castro, ministro de Defensa cubano, viaja a Moscú para discutir los términos del acuerdo con el mariscal Malinovski quien, comisionado por Khruschev, entrega al hermano menor de Fidel las bases de un preacuerdo en el que se establecía el envío de 42 mil soldados rusos a Cuba y 42 misiles con cabezas nucleares de 24 metros de extensión. Castro rechaza el preacuerdo, calificándolo de "muy científico y poco político". El Che es enviado por Castro a Moscú para que se encargue de la elaboración final del documento que permita el traslado de los misiles a la isla. Guevara llega a Moscú en compañía de Emilio Aragonés y es recibido por Leonid Brezhnev, ya que el premier Nikita Khruschev se encontraba tomando unas vacaciones en Crimea. Che y Aragonés parten de inmediato hacia Yalta. El eje de la discusión de la entrevista entre el mandatario soviético y el delegado de la revolución cubana se centra en el la reflexión de Guevara, que consistía en su convencimiento de que el mantenimiento del secreto sobre las bases lanzamisiles en Cuba duraría un tiempo muy limitado. La conclusión a la que llegaba el médico argentino era que lo pertinente sería dar publicidad a la firma del acuerdo militar. Khruschev, que piensa sobre todo en las bases norteamericanas emplazadas en Turquía, se niega a hacer público el acuerdo. Ante la tozudez de Nikita, que acepta todas las enmiendas cubanas hechas al documento, pero se niega a publicitar el acuerdo, el Che y Aragonés aceptan la propuesta del silencio y regresan a Cuba.

Sobre la resolución soviética de mantener en secreto el envío de misiles a Cuba, Aragonés cuenta: "El problema no estaba en el envío de los cohetes. Ellos decían que los cohetes venían para proteger la independencia de Cuba de un ataque americano. Para eso sólo hacía falta una declaración solemne del Estado soviético: si ellos atacaban a Cuba era un ataque a la Unión Soviética. El papelito hubiera sido importante. Pero claro, los cohetes son mucho más importantes que el papelito. Nosotros en Cuba queríamos que fuera un pacto público porque la aprobación del loco éste de Khruschev se hace únicamente con seis miembros del Secretariado del Partido de Cuba. Fidel Castro, Raúl Castro, Che Guevara, Blas Roca, Carlos Rafael Rodríguez y Emilio Aragonés. Nadie más sabía nada de esto".

Los cohetes rusos entraron a Cuba sin ser descubiertos por los servicios de inteligencia americanos. En la conferencia de La Habana, en enero de 1992, Fidel Castro confesó que 20 de los 42 misiles instalados por la URSS en la isla de Cuba contenían ojivas nucleares, y seis lanzacohetes tácticos llevaban en sus cabezas cargas radiactivas. Todo este arsenal estaba listo para ser disparado en cuanto los norteamericanos desembarcaran en suelo cubano. Robert Mac Namara, secretario de Defensa de EE.UU. durante la presidencia de John Kennedy, quien participara junto con Castro de la conferencia realizada en La Habana, mostró su asombro al escuchar la confesión del Primer Ministro cubano. Con respecto a las tropas soviéticas que ingresaron a Cuba sin ser detectadas por los servicios de inteligencia norteamericanos, Alexeiev, embajador soviético en La Habana en épocas de la "Crisis", y Sergo Mikoyan, confirmaron una cifra cercana a los 20 mil hombres.

El mundo entero aguantará la respiración durante tres días, cuando el 22 de octubre de 1962 se produce el hecho que se conoce con el nombre de "La crisis de los cohetes" o "Crisis de octubre". En un mensaje televisivo de 17 minutos de duración, el presidente de los Estados Unidos de América, John F. Kennedy, anuncia la "indiscutible evidencia de las bases en Cuba".

Los altos mandos de la marina de guerra de los EE.UU. reciben la orden de detener a un convoy de barcos que se dirige a territorio cubano.

El 23 de octubre se declara en todo el territorio de Cuba la "alarma de combate". El Che Guevara, como ya era costumbre, se hace cargo de la comandancia del Ejército Occidental, destacado en Pinar del Río, estableciendo su cuartel general en Los Portales, una cueva cercana al río San Diego, en el valle de San Andrés de Caiguanabo.

El 24 de octubre de 1962, Khruschev comunica al presidente Kennedy su decisión: los barcos soviéticos pase lo que pase seguirán su curso hacia el puerto de La Habana, considerando como una agresión directa de los EE.UU. el bloqueo impuesto por los barcos de la armada norteamericana, para impedir el acceso de los de bandera soviética a Cuba.

El 25 de octubre de 1962, los barcos soviéticos que formaban el convoy hacia Cuba rompen la formación cambiando el curso. La mayoría regresa a la URSS. Sólo el buque petrolero Bucarest continúa la marcha hacia la formación de barcos norteamericanos apostados sobre las aguas territoriales cubanas.

El 26, Fidel alerta con lujo de detalles a Khruschev sobre la inminencia de una invasión estadounidense a Cuba. Castro predice un primer ataque aéreo seguido de una oleada de marines norteamericanos sobre las playas de su país. Ese mismo día, John Kennedy ordena a la aviación norteamericana sobrevolar territorio cubano en busca de información sobre las plataformas lanzamisiles. Fidel responde ordenando que se dispare sobre los aviones de reconocimiento de los EE.UU. Finalmente, un U2 de bandera americana es derribado cuando sobrevolaba la isla.

Los estadistas de las dos superpotencias tenían dos alternativas a seguir, o dialogaban o estallaba la guerra nuclear. Khruschev es quien tomará la iniciativa contactando a Kennedy, Cuba quedará marginada de las negociaciones y recién se enterará por un cable de agencia el día 28, sobre los resultados del acuerdo entre las dos poderosas naciones. La propuesta de Khruschev es clara y concisa: los rusos sacarán los misiles de Cuba si los americanos quitan los suyos de las bases de Turquía y se abstienen de atacar la isla gobernada por Fidel. Kennedy acepta. El orgullo cubano queda herido de muerte. La URSS no los ha convocado y los ha utilizado como el queso de la ratonera para sacarse de encima los misiles americanos que apuntan hacia Moscú desde Turquía. Conocido el resultado de las negociaciones entre las superpotencias, el pueblo cubano coreará por las calles de La Habana "Nikita mariquita, lo que se da no se quita". Fidel, por su lado, al enterarse de la decisión soviética de retirar los misiles de Cuba, refiriéndose a Khruschev dijo: "... Hijo de puta, pendejo y culero".

Días más tarde, el Che escribirá un artículo, "Táctica y estrategia de la revolución latinoamericana", que recién se publicará después de su muerte en Bolivia, donde describirá los sucesos ocurridos durante "La crisis de octubre". El Che pondrá de manifiesto en el escrito el valor demostrado por el pueblo cubano diciendo: "Es el ejemplo escalofriante de un pueblo que está dispuesto a inmolarse atómicamente para que sus cenizas sirvan de cimiento a sociedades nuevas y que cuando se hace, sin consultarlo, un pacto por el cual se retiran los cohetes atómicos, no suspira de alivio, no da gracias por la tregua; salta a la palestra para dar su voz propia y única, su posición combatiente, propia y única, y más lejos, decisión de lucha aunque fuera solo".