BYBLOS
Revista de Bibliografía Histórico-Jurídica


El Concejo de Madrid en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna
Carmen Losa Contreras
Dykinson, Madrid, 1999.


Esta reciente obra, tesis doctoral que en 1996 defendió la autora, obedece al renovado interés que para la historiografía actual tienen los estudios dedicados al análisis de la realidad local en el Antiguo Régimen. La profesora Losa en su trabajo participa de los intentos de renovación metodológica que se detectan en los más modernos trabajos de esta índole, pues en El Concejo de Madrid... , no se elabora una historia local divulgativa y anecdótica circunscrita a un período determinado, sino que, situándose en las coordenadas histórico-políticas que encuadran los años finales de la Edad Media en Castilla, y desde una perspectiva deliberadamente institucional, ha pretendido profundizar en la realidad de un microcosmos integrado por el Concejo de Madrid y su ámbito jurisdiccional, la Tierra, organizado institucionalmente a la manera de las comunidades de villa y tierra, con un triple objetivo: reconstruir la estructura jurídico-política de Madrid, analizar los mecanismos de poder que se desarrollaron en la ciudad y su instrumentalización por una minoría dirigente.

Con ese fin, la obra se ha organizado en 11 capítulos; tras una cuidadosa aproximación al estudio historiográfico de las obras referidas al municipio castellano bajomedieval, se abordan en sucesivos capítulos, el devenir histórico político del Concejo madrileño hasta la guerra de las Comunidades; el estudio del ordenamiento jurídico madrileño, la estructura territorial de Madrid como Concejo de Villa y Tierra, la población madrileña en el período estudiado, la jurisdicción y el gobierno en Madrid, los distintos ámbitos competenciales del Concejo (finanzas, milicia concejil, concesión de vecindad, obras públicas y urbanismo, prestaciones asistenciales, protección a la riqueza agropecuaria de Madrid y su tierra y el control concejil sobre el abastecimiento y el comercio), para terminar con el capítulo, que aborda, a mi entender, el aspecto más novedoso del trabajo: el examen de la dinámica del gobierno en el Concejo, donde Carmen Losa analiza no sólo la constitución y composición de los ayuntamientos madrileños, sino también el proceso de toma de decisiones y la especialización de la gestión municipal a través de la formación de comisiones.

La obra presenta un tratamiento de las fuentes realmente exhaustivo, pues la autora, ha apoyado su trabajo en dos pilares documentales; de un lado, la consulta de las actas de ayuntamientos, tanto las recogidas en la colección publicada por el Ayuntamiento madrileño desde 1932: Libros de Acuerdos del Concejo de Madrid, que en cinco tomos recogen las actas referidas a los años 1464 a 1515, como las inéditas, que depositadas en el Archivo de la Villa madrileño, se refieren al período quizás más interesante, desde el punto político, de su trabajo: 1516-1521. El segundo grupo documental manejado está compuesto por los numerosísismos documentos custodiados en las secciones Secretaría y Manuscritos del referido Archivo de la Villa. Como es obvio, este cuidado trabajo documental se completa por un más que extensa bibliografía, que se recoge en las páginas finales del trabajo, que ofrece una visión amplia de la realidad concejil en la Castilla bajomedieval que trasciende de las aportaciones puramente locales.

Creo que la paciente lectura e interpretación de la documentación ha permitido reconstruir un inventario bastante completo de los oficiales reales y concejiles, así como de los períodos de permanencia en los cargos. Pero lo más importante, pienso, ha sido la posibilidad de calibrar el absentismo de los regidores y la presencia en los ayuntamientos de los caballeros y pecheros madrileños, a través de unos cuadros-nomina de la composición del Concejo a lo largo de todo el período estudiado, lo que ha servido de base para rebatir la opinión tradicional sobre la asistencia exclusiva del Regimiento a los ayuntamientos. Pero es que, además, las actas han permitido desvelar los asuntos que más preocupaban a los regidores madrileños, sus criterios a la hora de tomar acuerdos y el modo en que los oficiales, tanto reales como concejiles, desempeñaron su labor y, leyendo entre líneas, incluso ha sido posible intuir las facciones en que se dividían lo que podríamos denominar "equipos de gobierno concejil".

La autora ha extraido, como colofón a su cuidado estudio, unas interesantes conclusiones de las que me permito reseñar las siguientes:

La existencia de una pujante oligarquía de caballeros y burócratas, desde los siglos centrales del Medievo, tuvo consecuencias que se manifestaron en todos los ámbitos de la vida concejil. En primer lugar, respecto de la formación del espacio urbano, se produjo la acelerada consolidación de un núcleo, la Villa, donde se concentraban todas las funciones de gobierno de la comunidad. En la Villa residían los sectores sociales más acomodados, tanto caballeros como pecheros, dedicados a las labores mercantiles y artesanales; como consecuencia de ello, Madrid se convirtió en el centro del poder económico, político y religioso, mientras que las aldeas que formaban la Tierra se dedicaban, fundamentalmente, a proporcionar los medios económicos para el sostenimiento del Concejo. De ello se deduce que la concepción de la ciudad como centro de decisión va a llevar como consecuencia una supeditación a esta del ámbito rural circundante.

Sobre las conclusiones que se infieren de los capítulos dedicados a la jurisdicción y gobierno en el concejo madrileño, se pone de manifiesto cómo los concejos aldeanos van a caracterizarse por una progresiva asimilación a la organización de la Villa. Respecto de la planta del Concejo madrileño en el siglo XV, se detecta tanto la pervivencia de los oficios de gestión y asesoramiento que aparecían en el Fuero, mayordomo, fieles, y, letrados; así como el procurador del Concejo, cauce de representación de los intereses madrileños. Sin embargo, la instauración del Regimiento había supuesto un cambio radical, pues sus doce miembros pertenecientes a la élite caballeresca, asumieron el gobierno de la Villa, dejando al resto de los caballeros, tras el pacto político que supuso la Sentencia de Montalvo de 1454, la elección de los oficios de gestión, y al común, únicamente la participación en labores recaudatorias y fiscales a través del seismero de la Villa y del procurador de pecheros. Además el reparto del poder se vio mediatizado por la presencia de la autoridad real, directamente o a través de sus oficiales, corregidores, pesquisidores y sus subordinados (alcaldes y alguaciles), quienes asumieron la administración de justicia, sustituyendo a los tradicionales alcaldes de fuero, además de dejar su impronta en la dirección de la política urbana y los asuntos internos de la vida concejil. Este proceso alcanzó sus más altas cotas a medida que avanza el reinado de los Reyes Católicos.

El estudio de las atribuciones del Concejo madrileño, bien sean las compartidas con la Corona como son las hacendísticas y militares, bien las propias del Concejo, también aportan conclusiones de interés. La mala gestión de los ingresos y la necesidad de afrontar excesivos gastos generados por los numerosos pleitos de términos con sus vecinos o la construcción de ambiciosas obras públicas, se tradujeron en una quiebra del precario equilibrio que en los primeros años del período sostenía a la hacienda concejil y, por ende, en el progresivo endeudamiento del Concejo cuando los vecinos madrileños, en el límite de su capacidad, no pudieron asumir nuevas cargas fiscales. El panorama hacendístico madrileño se completa con la gestión que realizaba el Concejo en la recaudación de los distintos tributos reales (alcabalas, tercias, servicios...), por los que se obtenían cuantiosos ingresos que, sin embargo, llegaban muy mermados a las arcas regias por la gran cantidad que de dichos tributos se destinaban a satisfacer los "situados" que en beneficio de particulares e instituciones religiosas, tanto madrileñas como foráneas, habían concedido los reyes como privilegios o mercedes.

La regulación de la vecindad por parte del Concejo se convierte en un importantes instrumento de población, tanto en las zonas de expansión de la Tierra, como en la Villa que se vio favorecida por la llegada de artesanos y comerciantes. a una ciudad en franca expansión, donde tampoco eran mal recibidos, profesionales, burócratas regios y caballeros, cuyo asentamiento favorecido con numerosas mercedes concejiles, incrementaban la importancia social del Concejo madrileño.

El Concejo hizo un uso completo y racional de sus atribuciones en la explotación del patrimonio rural, tanto particular como concejil, y en la completísima regulación de los abastecimientos y de la vida comercial madrileña. Adoptando los principios de autoabastecimiento y protección sin fisuras a la producción interna, que caracterizó a la práctica totalidad de los concejos castellanos de la época.

Como ya puse de relieve, las conclusiones más novedosas se refieren a que, como la autora afirma, la presencia, de pecheros y caballeros en las sesiones de ayuntamiento fue constante y, desde 1480, con intervalos de mayor o menor presencia debido a las distintas circunstancias políticas, sociales y económicas que afectaron a la vida madrileña en este período. La asistencia de caballeros y pecheros fue decreciendo hasta que en la primera década del XVI los ayuntamientos se restringieron prácticamente a la presencia de justicia, regidores y oficiales. Creemos que fue entonces cuando se produjo el cierre político del Concejo en favor de los ocupantes del Regimiento. Pero como ha señalado la autora, la razón de la presencia en el ayuntamiento de caballeros y pecheros, aún careciendo de voto, se debia a la consecución de un control sobre la correcta gestión de los asuntos públicos.

José Sánchez-Arcilla Bernal (arcilla@der.ucm.es)
Recensión efectuada el 26 de marzo de 1999

Retorno a Byblos