explorando la definición real de los fraseologismos

 

clac 24/ 2005

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Manuel Martí Sánchez

 

Universidad de Alcalá

 

manuel. marti A uah. es

 

 

Resumen

Los fraseologismos son el resultado de una intuición de la mente y de un proceso constitutivo, la fraseologización, por lo que sus propiedades positivas (unidad poliléxica y carácter idiosincrásico) y negativas (irregularidad y dependencia de contexto) se derivan de ambos factores que los hacen posibles. Esta es en el sentido leibniziano la definición real de los fraseologismos.

 

Abstract

Phraseologisms are the result of an intuition of the mind and of a constitutive process, the phraseologization. For this reason, their positive characteristics (multilexical unit and idiosyncratic character) and the negative ones (irregularity and dependence on context) arise from both factors that make them possible. That is, in the leibnizian sense, the real definition of phraseologisms.

 

Palabras clave

Fraseologismos, proceso de fraseologización, mecanismos, causas

 

Key words

Phraseologisms, praseologization process, mechanisms, causes

 

 

Una definición real es una definición que muestra la posibilidad del definido. Se opone a la definición nominal, siendo una definición nominal una definición que permite reconocer lo definido, pero que no muestra la posibilidad. Ejemplo de una definición real: ustedes definen 3 por 2 y 1, ¿por qué es una definición real? Es una definición real porque es una definición por los factores primos, por los números primos. Entre un definido y una definición real hay inclusión recíproca, pueden sustituir[se] el uno por el otro.

 G. Deleuze, “Tours Vincennes-St. Denis, 20/01/1987

http://www.webdeleuze.com/php/texte.php?cle=136&groupe=Leibniz&lange=3

 

 

                                                        

 

 

 

1. Presentación

 

            Como todos sabemos o imaginamos, los fraseologismos (F) constituyen una materia problemática, de difícil vertebración interna y problemática delimitación externa, dificultad a la que no es ajena la tendencia al desorden expansivo que afecta a todas las modas, entre las cuales se encuentran hoy día los F. [1]

Además de la conflictiva armonización de las concepciones ancha y estrecha de la fraseología, con la debatida inclusión de compuestos sintagmáticos, colocaciones, construcciones con verbo de apoyo y construcciones idiomáticas, y en otro sentido, de las paremias; los F en su conjunto mantienen una relación compleja con toda una heterogénea serie de categorías, elaboradas en otros marcos teóricos, como las selecciones léxicas, las rutinas, los lugares comunes, los automatismos, los significados no literales, los actos lingüísticos indirectos, las implicaciones, las citas y menciones; y en otro sentido, la gramaticalización, la lexicalización y la pragmatización (sobre estas, vid. Ridruejo 2002).

La problematicidad de los F empieza por la distinción entre combinación libre y discurso repetido, intuitivamente cierta, pero progresivamente evanescente cuanto más científicamente quiere formularse Dentro de un estado de opinión alimentado desde distintos frentes y claramente en auge, Bosque (2004: LXXXIII-IV) se pronuncia críticamente sobre tal dicotomía, ya que “toda combinatoria es siempre restringida”. Tal rechazo es otro ejemplo de ese cambio de postura ya conocido en sociolingüística respecto a la variación libre y en pragmática respecto a muchos fenómenos que pasaban antes por descontroladamente libres y que ahora se explican apelando a unos determinados principios. El investigador moderno está llevando hasta sus últimas consecuencias el aforismo hegeliano de que todo lo real es racional, esto es,  todo lo que existe está sujeto a leyes. Tal actitud, que llega a su extremo con los avances neurológicos de los últimos tiempos sobre las bases materiales de nuestras creencias y afectividad, compromete la concepción tradicional de la libertad humana y obliga a repensarla en otros términos. Volviendo a nuestros F es un ejemplo de esto último la matizada definición de sintagma libre de M. Alonso Ramos (2004: 36).

            Así las cosas, el tópico que domina estas páginas es que los F forman una realidad dinámica, irregular, constituida por un conjunto abierto de muestras y variables, muchas veces limitadas a una comunidad de habla concreta[2]; incursas, además, en un proceso muy dinámico, dependiente de factores claramente subjetivos e inestables. Esta situación se agrava y se explica bastante por el hecho de que el núcleo fundacional del concepto de F es una intuición de los hablantes acerca del carácter especial de determinadas combinaciones léxicas. Las intuiciones crean categorías mal definidas basadas en unos pocos ejemplos y en propiedades entrecruzadas no necesariamente coincidentes, por lo que cuando la categoría quiere hacerse científica y aumentar su extensión, los problemas están asegurados. El desconocimiento de esta doble y esencial causa de complejidad de los F (su irregularidad y su origen intuitivo), lo que generalmente va unido a una concepción estática y rígida de las categorías lingüísticas, es decisivo para que el problema de la identificación se plantee mal, lastrando cualquier trabajo empírico.

            Para evitar semejante error, el objetivo de este artículo es justamente la identificación de los F a partir de las condiciones que los hacen posibles. Por eso intentaremos justificar desde los procesos de fraseologización (PdFón) las propiedades de los F, que se formularán por medio de una serie de postulados. Acudiendo a la distinción de Leibniz entre definición real y nominal, situamos nuestra tarea en la búsqueda de la definición real de los F. La definición nominal solo permite identificar una entidad; la real muestra cómo se origina (Ricoeur 1980[1975]: 97).

Una última reflexión en esta presentación. Un mensaje es relevante comunicativamente cuando tras su lectura mejora en algún aspecto el entorno cognitivo de su lector al proporcionarle supuestos nuevos, o permitirle la modificación o eliminación de alguno preexistente. Esperamos que estas líneas lo sean y que su lectura proporcione alguna solución a todo ese conjunto de preguntas que encierran los F (¿qué son?, ¿para qué sirven?, ¿por qué existen?, ¿por qué a menudo son tan problemáticos?) y el PdFón (¿cuándo, cómo, por qué y para qué surge un F?); preguntas estas últimas que encierran, a su vez, otras como: si existe una teoría global para todos los PdFón, sus causas y mecanismos, las causas y mecanismos de la desaparición de un F, la naturaleza de ese conocimiento que permite crear y/o reconocer un F nuevo…

           

           

2. Punto de partida

 

            Toda investigación debe tener claro cuál es el punto del que parte (lo que se sabe y lo que al menos se da por supuesto) y adónde quiere llegar. Bien sabido que muchas veces, en un círculo virtuoso, inicio y final están muy unidos, tanto que el final representa en gran medida la comprobación de lo que al inicio era simplemente una intuición bajo la forma, en los casos más elaborados, de una hipótesis científica. Aunque ya se ha enunciado el presupuesto fundamental en que nos basamos, vamos a mostrar con más detalle nuestras cartas mediante una serie de postulados.

            Estos postulados son muy arriesgados dada la complejidad del universo fraseológico. Aunque su aspiración es dar cuenta de todo él; claro está, funcionan mucho mejor en nuestros mejores ejemplos, los prototípicos como se dirá a menudo. Estos son los F más arbitrarios, inanalizables y opacos, los más dependientes contextualmente y más relevantes ilocutivamente; propiedades que constituyen los signos de identidad de las locuciones y enunciados fraseológicos más predicativos y metafóricos (vivir en pecado, [pues] va a ser que no; lo mismo le da, que le da lo mismo; hasta luego, Lucas) (infra, 5.1 y 5.2), y más vinculados al pensamiento salvaje (infra, 3). En los F restantes estas propiedades se difuminan y oscurecen; pero en alguna medida siguen presentes permitiendo su categorización como tales al persistir la intuición que percibe un lazo en todo este universo disperso de muestras.

 

 

2.1. Postulados sobre la identidad de los F

 

A.     Los representantes más prototípicos de los F guardan una evidente relación con el léxico de las lenguas por su condición de productos prefabricados, resistentes a la interpretación composicional e irregulares en cuanto a su formación y a su contenido[3]. Tal relación en el caso de las locuciones puede caracterizarse en términos de una pertenencia especial (Luque y Manjón 2002). En el caso de fórmulas y paremias, por su condición de enunciados fraseológicos, la pertenencia es parcial y, sin duda, aún más especial. Se vuelve sobre este extremo en el postulado L.

 

B.     Esta condición de productos prefabricados e inventariados es, además de gradual (los F admiten la variación), compatible con el mantenimiento de cierta composicionalidad y literalidad, en un continuo entre los significados idiomático y literal (Vega-Moreno 2004: 305). Es más, la percepción de que los F son complejos léxicos, y no unidades simples, con algún constituyente como figura, es clave en su relevancia comunicativa[4], y a veces, para su conservación. Aparte de ser un criterio para diferenciar locución (tirarse a la piscina) de construcción con verbo de apoyo (hacer el canelo).

 

C.     Para entender mejor la correspondencia entre la percepción de un complejo léxico y la vitalidad del F, es útil mirar las metáforas y metonimias forzosas y fosilizadas (catacresis) (Ricoeur 1980[1975]: 93-95), convertidas algunas de las cuales en nombres propios (el túnel de la risa, la Costa Brava, El Corte Inglés); las palabras compuestas (tortilla francesa, guardia civil), o las fórmulas más elementales (buenos días, hasta luego). Todas estas agrupaciones poliléxicas se mantienen por su eficiencia, no por su expresividad (vid., infra, 4.1.2); y su condición de F queda alterada significativamente. Seguramente, es por esta razón por la que M. Seco y otros. (2004: XVIII) excluyen de su diccionario de F las “combinaciones fijas que son denominaciones normales de las realidades” (aceite de hígado de bacalao, pulmón de acero, pez espada, furgón de cola…). Esta situación afecta particularmente a las locuciones surgidas de la unificación de sintagmas, características de la fraseología especializada de las terminologías (vid., infra, 5.1, donde abordamos este asunto desde la oposición indicatividad/ predicatividad). Esta pérdida de vitalidad y con ella de identidad es semejante a la que se da en las formas compuestas del verbo respecto a las perífrasis.

 

D.     Un F es un complejo léxico memorizado, en ellos intervienen de algún modo las memorias a corto plazo, operativa, implícita y explícita (vid., sobre todas ellas, los artículos presentes en R.A. Wilson y F.C. Keil (eds.) (2002[1999])). Su condición de complejos memorizados los convierte a menudo en unidades fuertemente literales en la forma, que no admiten traducciones o equivalencias (aunque sí variación). Esta literalidad es la base de las implicaturas a las que se asocia, puesto que, si  no se reproducen literalmente (dentro de unos límites), lo que sirve para confirmar la dimensión simbólica de la iconicidad, se cancelan las implicaciones. Esta literalidad exige a menudo que el F se formule en su misma variedad de habla (Ca uno es ca, uno; naide es más que naide; pa qué; lo que haiga; te voy a dar p’al pelo; estar más p’allá que p’acá), como confirma el hecho curioso de que un factor que activa el code switching es la irrupción de una etiqueta (una muletilla)  en una lengua distinta a la que está usándose (¡Ave María, which English!) (Moreno Fernández 1998: 269). Este hecho conecta con otro de carácter más general que es esa relajación articulatoria o/y de conciencia metalingüística que parece dominar a las personas cuando realizan determinados actos potencialmente objeto de censura.

 

E.      Los F se acompañan de una instrucción genérica: úsese e interprétese idiosincrásicamente. Anscombre y Ducrot (1994 [1983]) han empleado el concepto de instrucción para describir el contenido de conectores y operadores argumentativos[5]. Un tanto metafóricamente, pues no se trata estrictamente de instrucciones argumentativas, hemos utilizado el concepto para dar cuenta del carácter especial que acompaña a todo F y que tiene que ser reconocido por hablantes y oyentes: En algún grado las reglas composicionales habituales en la construcción e interpretación de las unidades complejas se hallan bloqueadas o alteradas en los F. Esto evidentemente repercute en el discurso en el que se incluyen y facilita determinadas funciones que comentaremos con motivo de fórmulas y paremias (vid., infra, 5.2 y 5.3).

 

F.      Quizá tal instrucción, y pensando en los F más prototípicos, podría explicarse en términos de un uso interpretativo[6], con efectos de sentido variables. Esto no debe extrañar dado que siempre que aparece un F no es como consecuencia de una creación gobernada por reglas (cfr. Sánchez de Zavala 1982: 91-93), sino de la reproducción de una forma preexistente. Cuando procede legítimamente, la intención del hablante es que así se perciba por el oyente (vid. Ruiz Gurillo 2001: 83).

 

G.     Tal condición idiosincrásica de los F parece bastante representativa, dadas las peculiaridades de uso e interpretativas de estos, ligadas a normas culturales. Por eso, los mejores ejemplos de F son seña de identidad de una colectividad. No bastan, pues, los desde luego siempre presentes principios universales cognitivos (comunicativos y lingüísticos), independientes de contexto. Pensemos en los problemas que puede ofrecer para un hablante foráneo el empleo y la interpretación de una fórmula como:

 

         1a No me da la gana

 

de locuciones como:

 

1b Llorar por las esquinas

1c Abrirse las venas

1d Tirarse a la piscina

1e Meterse en un jardín

1f Le echó la bronca al pobre portero, que pasaba por allí  (en cursiva el F, así en todos los ejemplos en los que el F no ocupe todo el enunciado. MM)

1g Ese señor es muy conocido en su casa a la hora de comer    

 

No parecen invalidar esa condición idiosincrásica las coincidencias entre F de distintas lenguas estudiadas por Luque y Manjón (2002), algunas explicables echando mano de los citados principios cognitivos universales y otras apelando al contacto intercultural.

 

H.     La mencionada instrucción idiosincrásica se traduce, al menos en el caso de las locuciones, en una restricción sistemática, culturalmente dependiente, por defecto de la referencia. Si bien las consecuencias de tal restricción no son meramente referenciales (especialmente, en las locuciones más predicativas, vid. 4.1), como puede verse en los ejemplos 2a,b y c, donde los 2a son casos de denominaciones especiales, cual nombres propios, para entidades individuales:

 

2a {El cacique del área, el profeta de la noche, el Dioni de la Pampa, el muro de la vergüenza, el telón de acero, la noche de los cuchillos largos, la noche de los transistores, el día más largo}

2b Siempre tiene que decir la última palabra

2c Esa pareja podría darse una segunda oportunidad[7]

2d Ese compañero hace muy bien de chico de los recados de los jefes

 

En estos ejemplos, observamos a través de su expresión una forma parcial de nombrar esa realidad, que erige en figura un aspecto de esta (con su valoración incorporada). Por ejemplo, en 2b con siempre tiene que decir la última palabra el hablante destaca un rasgo de esa conducta caracterizada por la obstinación de una persona que nunca cede en las discusiones.

 

I.        Aunque es un hecho que la inserción de toda pieza léxica en un contexto determinado supone una restricción de su contenido (del Teso 2002: 30); lo interesante de los F es que dicha restricción ya está incorporada en su interpretación por defecto. No es, por tanto, tan ocasional como la restricción de las unidades léxicas normales.

 

J.       La restricción idiosincrásica en algunas locuciones (las que funcionan como operadores pragmáticos, vid. 5.1), en las fórmulas, paremias, y construcciones idiomáticas, se presenta como una implicatura conversacional generalizada, que puede entenderse en términos de una fuerza ilocutiva por defecto culturalmente dependiente (Cuando este F se usa es por defecto para  realizar este acto…):

 

3a Con su pan se lo coma

3b In dubio pro reo

3c Esto es de juzgado de guardia

3d Va a aprobarte quien yo me sé

3e Para ti la perra gorda

3f ¿Dónde te han dado el carné? ¿En una tómbola?

 

Parece como si aspectos importantes de la información implícita de los enunciados se hallasen en cierto modo codificados, incorporados a su significado a través de esta fuerza por defecto.

 

K.     Tal fuerza por defecto culturalmente dependiente implica un acto de habla enriquecido con otras informaciones contextuales, fundamentales para su uso adecuado y apropiado. De ahí que se produzcan determinados efectos (perlocutivos) en el destinatario. Como el que presenta el polémico saludo (en cursiva) de este pasaje del Quijote:

 

4 Llegó el cuadrillero, y como los halló hablando en tan sosegada conversación, quedó suspenso. Bien es verdad que aún don Quijote se estaba boca arriba, sin poderse menear, de puro molido y emplastado. Llegóse a él el cuadrillero y dijole:

-Pues, ¿cómo va, buen hombre?

-Hablara yo más criado –respondió don Quijote-, si fuera vos. ¿Úsase en esta tierra hablar desa suerte a los caballeros andantes, majadero?

-El cuadrillero que se vio tratar tan mal de un hombre de tan mal parecer, no lo pudo sufrir, y, alzando el candil con todo su aceite, dio a don Quijote con él en la cabeza, de suerte que le dejó muy bien descalabrado

(Don Quijote de la Mancha, Parte 1ª, capítulo XVII)

 

L.      Si construcciones idiomáticas, fórmulas y paremias constituyen enunciados, están marcados por una fuerza concreta, y algunas locuciones son decisivas en la expresión de esta; la relación inicial entre F y léxico debe matizarse, como ya se sugería en el primer postulado. Es verdad que todos ellos, con la excepción parcial de las construcciones idiomáticas, siguen siendo unidades memorizadas inventariadas. Como las léxicas. Sin embargo, es asimismo cierto que su funcionalidad excede el dominio léxico y se sitúa en el del enunciado. También obliga a limitar la pertenencia de los F al léxico, solo que en otro sentido, la existencia de los marcadores discursivos fraseológico dada su condición de signos procedimentales, en principio, gramaticales (vid., infra, 5.2) 

 

M.   Como resumen de estos postulados, puede concluirse que dos son las condiciones necesarias y suficientes, pero graduales, de todo F: ser una unidad poliléxica y poseer un carácter idiosincrásico, lo que supone privilegiar sobre los habituales rasgos identificativos de los F la fijación y la idiomaticidad (Ruiz Gurillo 1997: 74-81). Todos los demás  (estabilidad, frecuencia, no composicionalidad o institucionalización) se explican como causas o/y efectos de ellos.

 

N.    Ambas condiciones necesarias y suficientes, unidad poliléxica y carácter idiosincrásico, son posibles separadamente, sobre todo, la instrucción idiosincrásica, que se encuentra en fórmulas monoléxicas (adiós, hola, chao), metáforas cotidianas (p.e., la encerrona, denominación argótica de una de las fases de ciertas oposiciones) o construcciones con un verbo de apoyo (ir como los cangrejos).

 

O.    El caso de la polilexicalidad es más complejo: es verdad que se halla muy unida a la instrucción idiosincrásica a la que necesita para existir, pero también que es posible que se dé sin esa instrucción. Es lo que sucede con las palabras compuestas (guardia civil). Para separar estas de las locuciones y puesto que en ambas hay restricción referencial (postulados H y I), sólo encontramos la débil base de la gradualidad respecto a la percepción del carácter complejo de la unidad poliléxica. En la locución es mayor que en la palabra compuesta (vid postulado B), en estas últimas se encuentra más perdida la conciencia de su origen y son más unitarias como muestran determinados rasgos formales (vid. Varela 2005: 74-76). Con semejante base distintiva, de naturaleza cognitiva y gradual, solo los casos más prototípicos serán suficientemente claros.

            

2.2. Postulados sobre el PdFón

 

i.         Los F son la consecuencia de un PdFón, que como todo proceso presenta distintas fases y que como todo proceso presenta un carácter dinámico e inestable

 

ii.       Muestran este carácter dinámico e inestable las continuas remotivaciones y redireccionamientos, manifestaciones de la desautomatización, a que están sometidos los F (vid. Mena Martínez 2003 e, infra, n. 14). Estos fenómenos, objeto de bastante atención en los últimos tiempos,  se explican bastante bien a partir de los conceptos de la teoría de la Relevancia del uso interpretativo y la mención (Vid., aunque independientemente de esta teorización, Vigara 1999). Y se explican, complementariamente, apelando en la inestabilidad del contenido lingüístico.

 

iii.      De acuerdo con la fase en que se encuentre el PdFón, es posible distinguir, atendiendo a la conciencia de sus usuarios, entre F hablantes (cambiar de chip, dar palo) y hablados (farolillo rojo, merienda de negros)[8]. Y, según la fase en que se encuentran, entre construidos (Buenos días; año de nieves, año de bienes) y en construcción  (va a ser que no, llorar por las esquinas, hinchársele la vena, un poquito de por favor). Cuanto menos definido está un signo respecto a otros funcionalmente distintos, pero cuyo origen y forma comparte, más depende del contexto y la entonación, y más pragmático es. Muchos de los llamados timos por Casares (el mundo mundial) (Martínez Montoro 2002: 16) son F en construcción llamados a desaparecer antes de construirse definitivamente.

 

iv.     Resultado del azar y la necesidad, de la acción inconsciente y consciente, el PdFón está al servicio de hablantes y oyentes, de ahí su carácter adaptativo y la conveniencia de tener en cuenta siempre el funcionamiento comunicativo, marcado por el cuello de botella en la codificación del habla (Levinson, 2004[2000]: 29-31), el carácter de oeconomici homines de sus participantes, y la condición de primer oyente del hablante

 

v.       Por azar (como efecto causado por algún tipo de acción no inteligente) puede surgir un F, pero este se constituye como tal porque sirve a hablantes y oyentes en sus necesidades, en la resolución de problemas que se plantean en la comunicación. Entre ellos la obligación, por ejemplo, de llenar los silencios o de ser ingenioso

 

 

3. Los f como respuesta a las necesidades humanas

 

            El lenguaje es decisivo en la satisfacción de dos necesidades humanas esenciales: el conocimiento (lo que le permite atender en su actividad simbólica a esa búsqueda de sentido que domina nuestra existencia), y la relación con los demás. Ambas necesidades se asocian a las dos funciones principales del hablar (la representación y la interacción) y a los lenguajes interior y externo de la psicología vigotskiana. Siguiendo con las correspondencias, las dos mencionadas necesidades humanas esenciales guardan asimismo relación con los dos grandes usos del lenguaje, científico y salvaje, establecidos por el antropólogo polaco Malinowsky. En el uso salvaje, el primero filogenética y ontogenéticamente, el lenguaje aparece como modo de actuar, dependiente del contexto cultural; en el uso científico, se emplea para idear y transmitir pensamientos independientes de este contexto cultural  (Gellner 2002[1998]: 232-238).

            Esta última distinción algo políticamente incorrecta, que como todas las dicotomías globales hay que usar con prudencia, sirve para introducir un principio de orden en el mundo de los F. Aunque también hay F vinculados al uso científico, estos sienten una fuerte inclinación hacia el uso salvaje, al ser acuñaciones de la sabiduría popular y fortalecer la pertenencia a un grupo, permitiendo las funciones sociales (pragmática, mágica y narrativa) observadas también por Malinowsky. Se ha señalado a menudo el papel de los F en las representaciones sociales que constituyen las instituciones y posibilitan los fenómenos sociales, los cuales existen en gran medida porque así los percibimos[9].

            El estudio de los F puede beneficiarse aún más de esta perspectiva para su ordenación atendiendo a su perfil funcional dominante. Así, de la mano de las tres metafunciones de M.A.K. Halliday (ideativa, interpersonal y textual), puede hablarse de:

  1. F (construcciones idiomáticas, locuciones, fórmulas y paremias) dominados por la función interpersonal, propia del uso salvaje del lenguaje:

 

5a Arreando que es gerundio

5b A palabras necias, oídos sordos

5c No ofende el que quiere sino el que puede

5d ¿Quieres de verdad eso? -Qué va, para nada

5e Que te sea leve

 

  1. F (marcadores discursivos, fórmulas, paremias) donde domina la función textual, por ejemplo, cuando desempeñan funciones discursivas (Vid., infra, 4.1.3):

 

6a Hoy era un día tranquilo, esperaba la visita de ese profesor, tenía unas buenas perspectivas. Pues bien, mira por donde, me encuentro con esa carta...

6b Se queda siempre con la mejor parte. La caridad bien entendida empieza por uno mismo

 

  1. F (locuciones, paremias) donde la función ideativa, la que caracteriza el uso científico del lenguaje, es la dominante (vid., infra, 5.1).

 

 

4.  Examinando el PdFón

 

4.1. Principio de ordenación  

            En toda realidad humana concurren siempre fuerzas contrapuestas en continua armonía y tensión que la convierten en rebelde a cualquier teoría. Los F no escapan de esa ley dándose en ellos conjuntamente automatismo e intencionalidad, opacidad y transparencia; y, según los casos,  expresión marcada a veces y no marcada (vid., infra, 5.1.3), indicatividad y predicatividad (infra, 5.1). Tal combinación de opuestos o, al menos, de fuerzas diferentes caracteriza los PdFón.

            Nos aproximaremos a los PdFón sobre la base de su condición compleja armónica y tensiva y de la teorización establecida por Geeraerts (1997: 92, 103) para los cambios léxicos. El ilustre cognitivista distingue entre mecanismos (que determinan el espacio mental y lingüístico en que se producen los posibles cambios, sus posibles rutas) y causas (las responsables de qué cambios se encuentran en realidad en cada operación, los factores de que alguna de las posibilidades que inducen al cambio se actualice). Aplicada la distinción, que habla de los factores lejanos y próximos de este, al PdFón esperamos entender mejor el fenómeno del triunfo de un F.

4.1.1. Mecanismos

            Nos encontramos ante los dispositivos mentales subyacentes a toda la actividad del hablar que posibilitan la constitución de F. Quizá el más básico de todos ellos sean las leyes perceptivas distinguidas por la Gestalt (proximidad, clausura, semejanza y buena forma) como las motivadoras de que se agrupen elementos en medio de una masa de ellos. El papel de estas leyes perceptivas se ve con más claridad cuando dan lugar a mecanismos sumamente productivos como los esquemas formales (una especie de construcciones idiomáticas) favorecedores de la creación, memorización, interpretación y simplificación de los F:

 

7a De…. a… (De Guatemala a Guatepeor, De la ceca a la meca, Del caño al coro y..., de higos a brevas…)

7b Estar hasta… {los mismísimos, la coronilla…}

7c Que te den {por donde amargan los pepinos, tila con un serrucho…}

7d Cuéntaselo a {tu tía, a un guardia…}

7e  A…, (A casa de tu tía, mas no cada día; a honra demasiada, interés hay encubierto; a la burla dejarla, cuando más agrada…)

7f {En, donde}…,… (En casa de herrero, cuchillo de palo; donde no hay harina, todo es mohína…)

7g {No sin mi hija, no con mi voto…}

7h Es más {tonto, listo, feo, malo, guarro, lento…} que…

7i Meterse {en un jardín, en un charco}

 

O actúan apoyadas en metáforas y metonimias. Las metáforas y metonimias, guiadas también por determinados esquemas en este caso conceptuales, constituyen un mecanismo altamente productivo y eficiente. Por las metáforas, sobre todo, lo complejo se transmite por medio de lo sencillo, lo directamente descortés por lo indirectamente cortés. Sobre esto último, es curiosa la siguiente cita del Licenciado Vidriera, de Cervantes:

 

8 Pasando, pues, una vez por la ropería de Salamanca, le dijo una ropera: En mi ánima, señor Licenciado, que me pesa de su desgracia; pero ¿qué haré que no puedo llorar? Él se volvió a ella, y muy mesurado, le dijo: Filiae Hierusalem, plorate super vos et super filios vestros [‘Hijas de Jerusalem, llorad por vosotras y vuestros hijos’]. Entendió el marido de la ropera la malicia del dicho, y díjole: Hermano Vidriera, (…) más tenéis de bellaco que de loco

 

            La acción de las leyes cognitivas opera conjuntamente con esa guía fundamental del trabajo comunicativo que es la búsqueda de lo cognitivamente relevante, la recompensa de la mente dominada por el ansia de la información. Tal búsqueda lleva a encontrar unidad y sentidos especiales a determinadas combinaciones, y luego a utilizarlas de acuerdo con ellos. De lo cognitivamente relevante se habla en 4.1.3.

4.1.2. Causas

            Hablar de las causas del PdFón es entrar en los últimos factores que ponen a funcionar cada proceso concreto. Geeraerts (1997: 92) habla aquí de expresividad y eficiencia. La eficiencia, donde quizá sea posible introducir el fenómeno conocido como mano invisible[10], apunta al papel que ejercen en el PdFón las necesidades generales de optimización del sistema, rellenando sus huecos funcionales, o solucionando sus problemas de homonimia y sinonimia. La fraseología especializada, que posee una fuerte personalidad,  es el ámbito por excelencia de actuación de esta causa[11].

            La expresividad continúa por los mismos derroteros de la eficiencia (la optimización del sistema), pero se explica más que por las consideraciones abstractas de esta, por necesidades comunicativas concretas, básicamente, interpersonales (vid., supra, 3.), entre las que, añadimos nosotros, se encuentran las relacionadas con la actividad discursiva. La expresividad es la causa de esos F que se convierten en la pareja léxica de, generalmente, una forma simple, que no puede entenderse como completamente sinónima:

 

            9a Viejos/ ancianos ↔ tercera edad

                9b Engañar ↔ robar la cartera

                9c) Desear ↔ perder el trasero

                9d) Sobornar ↔ untar el morro

                9e) Pagar ↔ rascarse el bolsillo

                9d) Último (que ocupa el último lugar) ↔ farolillo rojo

                9e) Católico ↔ católico, apostólico y romano

 

O de esas fórmulas sociales como lo acompaño en el sentimiento, ¿da su permiso?, ¿qué hora es?...

            Cuando se entran en las causas del PdFón, aparece la interrogante de por qué los hablantes optan a veces por una forma compleja en vez de una forma simple, lo que es evidentemente posible en las locuciones, cuyo papel en teoría, puede cumplirlo una palabra.

            La respuesta a esta cuestión es doble: a) Porque en algunos casos no se dispone de una palabra sinónima referencialmente; b) Porque al ser los F formas estructuralmente complejas, desarrollan mayores posibilidades comunicativas, a las que no es ajena su posición de forma marcada en las parejas sinonímicas. Esta última idea encuentra una explicación muy interesante en un principio idiomático y comunicativo universal que Levinson (2004[2000]: 212-240) denomina Principio de Manera (“Lo que se dice de un modo anormal indica una situación anormal, o los mensajes marcados indican situaciones marcadas”).

4.1.3. Factores del éxito (mecanismos y causas) de un F

            Lo expuesto en relación con las causas y los mecanismos de los PdFón permite señalar las siguientes claves  en el éxito en un F:

1.      Formulación adecuada, lo que supone ajustarse a los esquemas formales productivos (vid, sobre las paremias, 5.3) y a los modelos cognitivos idealizados que organizan nuestro conocimiento del mundo (Ruiz Gurillo 2001b: 111-118).

2.      Capacidad de cubrir un hueco funcional en el sistema, conceptualizando una realidad compleja. Tal conceptualización nueva puede llevar a la creación de una pareja  léxica, en la que el F ocupa la posición marcada, esto es, la más motivada y transparente[12], y la más pesada fonológicamente. Recordemos que hablar es realizar continuamente elecciones y la aparición de un F lo permite. Además, tal conceptualización provee al hablante de importantes herramientas para realizar determinadas funciones argumentativas (evaluación de un suceso o estado de cosas, refuerzos argumentativos, concluir, realizar algún acto  descortés sin demasiado riesgo), como han estudiado Ruiz Gurillo (2001: 82-83), Anscombre (1997) con motivo de las paremias, o Beckmann y König (2002) en los  fraseologismos pragmáticos.

3.      Relevancia expresiva. Aquí ocupan un papel decisivo factores intrínsecos como el ingenio, el humor; o, extrínsecos, como el prestigio del autor, clave en las paremias[13]. La relevancia expresiva es poco comprensible fuera del marco cultural (con sus representaciones e instituciones).

 

4.2.  Etapas

4.2.1. De la acuñación individual a la institucionalización y la desaparición

            Como fenómeno lingüístico, los F son creaciones tradicionales, tendentes por tanto al automatismo y la arbitrariedad, al olvido de su origen. Por tanto, reconstruir el fenómeno de su constitución es un volver a él, lo que a veces cuando se trata de hallar el origen individual de un F es imposible.

            En términos ya generales, el origen de muchos F se encuentra en un sintagma o enunciado desgajado de un discurso o conversación[14], que se somete a un PdFón. Este parte de una acuñación individual (intencional o no, de mano invisible o no). Tal acuñación individual tiene éxito, se pone de moda, en una comunidad de habla, donde se propaga como un estereotipo suyo. Posteriormente, tal éxito se extiende por toda la comunidad de lengua y se institucionaliza. Llegado a la cumbre, el F se dirige hacia la reducción formal de la que hablamos a continuación, y, de ahí, por la desaparición de las causas de su éxito, hacia la muerte. Entrando ya en las razones generales de la muerte de un F, se observa que los fraseologismos más estables son los de mayor rendimiento funcional y más neutros afectivamente. Mientras que los menos duraderos y más llamados a dejar de ser F hablantes (supra, postulado iii), por aquello de que lo exagerado dura poco, son los más expresivos, los más ligados a modas, al momento (Buscando en el baúl de los recuerdos,…y si busca algo mejor, compre; la plaza estaba abarrotá; Hola, soy Edu, feliz Navidad;  hacer el don Tancredo, chica ye-ye…).

            Efectivamente, el PdFón no es determinístico y un F puede revitalizarse, a menudo por una desautomatización sustentada en la redefinición y el redireccionamiento (postulado ii y n. 14). Dentro del esquema metafórico de la navegación aplicado al mundo de Internet, se da un nuevo uso de cuaderno de bitácora para lo que se conoce hoy como blogs. Otro fenómeno curioso es lo sucedido con la fórmula matinal de saludo, inicialmente expresión de un deseo, pero reinterpretado por algunos como descripción, como muestra la coda final:

 

10 Buenos días,  nos dé Dios → Buenos días → Buenos días, por decir algo

 

            Ambos ejemplos muestran la capacidad adaptativa de la mente para servirse de lo existente para la satisfacción, consciente o inconsciente, de nuevas necesidades comunicativas.

4.2.2. La reducción formal

            Como acaba de afirmarse, un síntoma de la propagación de un F es que se omita alguno de sus constituyentes o uno de sus miembros se sustituya eufemísticamente por una proforma (Lo mandó a hacer muchas y buenas; me lo he currado). Como en las fórmulas de insulto (tu padre, que te den…)[15]. Tales omisiones se explican, en general, por la eliminación de lo obvio (por frecuente o por implicado[16]), de lo secundario o, incluso, de lo inconveniente:

 

11a ¿De qué [hablas, vas, esa contestación]?

11b Somos los malos [de la película]

11c Tomar las [calzas] de Villadiego

11d Es más p… que las gallinas [que aprendieron a nadar para f… con los patos]

11e Es más tonto que Abundio [que vendió la moto para comprar gasolina]

11f Ni pincha ni corta [la espada de Bernardo]

           

Una manifestación interesante de esta reducción formal es la reducción de las unidades poliléxicas terminológicas (Adelstein 2002) (recursos naturales renovables → recursos renovables).

            La reducción formal, cuyo contrario es la adición de una coda[17], afecta también a la tipología de los F, ya que puede dar lugar a la conversión de una paremia en una fórmula, o de una fórmula en una locución, mediante su integración discursiva:

12…la única salvaguardia de las sociedades modernas frente a la amenaza de café para todos que nos circunda (Á. López García: Babel airada)

 

 

5. El PdFón en los distintos tipos fraseológicos

 

5.1. Locuciones y marcadores discursivos

            Sobre la base de la clasificación funcional de los F propuesta en 3, que permite distinguir entre locuciones interpersonales (alma de cántaro, la tonta del bote, de agárrate y no te menees…) e ideativas (comercio electrónico, infarto de miocardio, síndrome de Estocolmo, untar el morro…); encontramos dos mecanismos fundamentales en la constitución de las locuciones:

a)      Empleo de metáforas movidas por razones que tienen que ver sobre todo con la expresividad (supra, 4.1.2) (macho ibérico, vestir al muñeco, ungüento amarillo, hippy retirado, música celestial …), y que forman locuciones a menudo interpersonales, claramente predicativas

b)      Unificación metonímica de sintagmas (muy habitual en las terminologías), con la ayuda de las leyes perceptivas de la Gestalt (clausura, semejanza, proximidad, buena forma), estimuladas a su vez por la frecuencia de coaparición. Tal unificación se mueve por causas que tienen que ver con la eficiencia que permite la creación del léxico subordinado[18], donde la mayor especificad semántica se corresponde a menudo con la complejidad formal, en lo que Langacker (2000: 12) llama complejidad simbólica. Este segundo mecanismo da lugar a las locuciones ideativas inclinadas hacia la indicatividad

Seguramente el lector habrá recordado las viejas categorías manejadas por J. Casares de modismoslocuciones (cfr. Martínez Montoro 2002: 36-50). Además, la distinción guarda un cierto, pero significativo, paralelismo con la metáfora y la metonimia como mecanismos para la fraseologización de locuciones; y también con la oposición predicatividad/ indicatividad manejada en la tipología lingüística[19].

            Un grupo muy particular de F es el constituido por aquellas locuciones y fórmulas que son al mismo tiempo marcadores discursivos (MD)[20]. Los MD (básicamente, conectores, operadores y marcadores conversacionales) son unos constituyentes marginales de los enunciados, dependientes de las circunstancias comunicativas, que cumplen una importante función en la tarea inferencial, a veces relacionando dos enunciados, y que, como puede verse en los siguientes ejemplos, pueden ser a la vez F:

 

13a Por consiguiente, te digo que no               

13b Desde luego, es que cuando quieres, no hay quien te aguante

13c Otra cosa, que es a las siete cuando hemos quedado

13d No se lo permitieron así como así

 

Como F, los MD son el fruto de un proceso que los ha convertido en complejos idiosincrásicos y, por tanto, intraducibles (Portolés 2002); su peculiaridad está en que el contenido resultante no es de naturaleza léxica sino gramatical (como signos procedimentales se analizan a menudo en Pragmática); por lo que en su caso hay que hablar de una gramaticalización, a menudo sin consumar y, por tanto, todavía en la órbita de la pragmática:

 

14a A veces, estoy deprimida o lo que sea

14b Quieras que no, tuve que ceder

           

            En los MD, reaparecen los dos mecanismos que acaban de aparecer con motivo de las  locuciones: las metáforas, a través de la gramaticalización que hace más abstractos los contenidos iniciales (a lo mejor, la verdad); y la unificación de sintagmas, ayudada a veces por alguna omisión (a pesar de que, como que). Y entre las causas, se hallan la expresividad y la eficiencia en la solución de las necesidades de la actividad gramatical: verbalización de contenidos afectivos, fortalecimiento de la cohesión textual…, para facilitar así la interpretación de los mensajes.

 

5.2. Fórmulas

            Su rasgo diferencial podemos expresarlo por medio de la instrucción: úsense e interprétense idiosincrásicamente para cumplir una función conversacional (primaria o secundaria), ligada a un escenario comunicativo concreto. En términos generales, las causas del PdFón se encuentran en la respuesta a determinadas necesidades comunicativas y discursivas. En muchas de estas necesidades comunicativas ejerce un evidente papel la cortesía, con todas sus funciones asociadas, en las que sobresalen la atenuación o intensificación de los actos amenazadores de la imagen del interlocutor, que atenúan la fuerza de los mensajes (mejorando lo presente, modestia aparte, sin que sirva de precedente, salvo error u omisión, sin ánimo de molestar, con permiso, con perdón que se sepa, como quien dice).

            Por otro lado, las fórmulas desempeñan un papel muy importante en la actividad discursiva para la expresión de reformulaciones, refuerzos argumentativos o conclusiones:

 

15a Hablando del rey de Roma

15b Qué le vamos a hacer

15c Lo dijo Blas y punto redondo

15d La llamaré por si las moscas

15e Llámalo x

           

Dentro de un conjunto de bordes difusos, hay fórmulas cuyo uso viene fijado por una situación determinada en términos absolutos, estáticos, previsibles dada su repetitividad (el momento después de levantarse, de después de comer...). Estas son las fórmulas más elementales, claras y estables (buenos días); seguramente, las menos interesantes. No obstante, hay otras fórmulas vinculadas a una situación más relativa, cambiante, dinámica (que te pires; la carne de burro no se transparenta); y por tanto, mucho menos previsibles. Cuando uno se encuentra a sus compañeros por la mañana no le es difícil suponer qué van a decirle; sin embargo, para que alguien diga con amigos como ese, no necesito enemigos tiene que darse un determinado estímulo en medio de la conversación. Solo desde aquí es previsible su aparición[21]. Por ejemplo, que alguien esté refiriendo la deslealtad de un amigo y el otro la comente.

            Con este planteamiento, en la dirección de lo apuntado respecto a la fuerza ilocutiva también de las locuciones (postulados I y K), se oscurece la separación entre fórmula y paremia, que conoce como realidad fronteriza lo que J. Casares llamaba frases proverbiales (Zamora no se ganó en una hora; a la tercera va la vencida) (Martínez Montoro 2002: 25-31). Las paremias están destinadas a usarse como fórmulas, hasta cuando van introducidas por una fórmula de legitimación (Como decía mi difunto padre:…)[22]. Parece como si, por su mayor indeterminación respecto a actos verbales concretos, las paremias estuvieran en una posición de reserva, a disposición de los hablantes para que estos realicen actos dictados por las situaciones referidas y las exigencias evaluativas o instructivas  que en ellas se dan.

            Puede resumirse, pues, que las fórmulas más puras están destinadas a cumplir meras funciones conversacionales ligadas a algún acontecimiento convencionalizado de habla (saludo, despedida, llenar algún silencio engorroso, introducir algún asunto nuevo, llamar la atención…). Su función es claramente social: afrontar con éxito alguna situación comunicativa que, como todas, siempre encierran la posibilidad del fracaso y el reproche social. Las fórmulas menos puras, constituidas a veces por paremias, cumplen funciones como evaluar o concluir gracias al contenido que transportan.

 

5.3. Paremias

            En las paremias prototípicas[23], su instrucción fundamental puede expresarse en estos términos: úsense para influir en la conducta ajena por medio de una verdad atemporal “en la que se denomina una situación” (Anscombre 1997). Que se utilice tal medio suaviza la imposición ya que el acto directivo se apoya en un argumento. Además, esa verdad atemporal habilita a las paremias para la referida tarea argumentativa, por ejemplo, para la transmisión de conclusiones (Anscombre 1997: apdos. 3.3 y 3.4; Creus 2005: 9).

            El acto directivo que acompaña a la paremia prototípica puede comunicarse explícita (Huye y te seguirán, sigue y te huirán) o implícitamente (El necio ríe, el sabio sonríe). De acuerdo con esta doble posibilidad, pueden distinguirse entre paremias formalmente ideativas:

 

16a Aunque la mona se vista de seda, mona se queda

16b Caras vemos, corazones no sabemos

16c Del dicho al hecho hay mucho trecho

 

y paremias formalmente interpersonales:

 

17a Haz el bien sin mirar a quien

17b Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo

           

En lo relativo a los mecanismos, donde desempeñan un papel importante el pensamiento metafórico (aunque hay paremias claramente descriptivas: en abril, aguas mil), el humor, o el ingenio; es fundamental su condición de mensajes literales, i.e., que deben reproducirse en sus mismos términos, con la ayuda de un cierre característico (vid., supra, postulado C).         

            Todo esto apunta a que la clave del éxito de una paremia, siempre con un origen discursivo, se cifra en su capacidad de transmitir una sabiduría convencional en una cápsula poética (Yankah 2001:201).

 

 

6. Final

 

            Llegado el final de este intento por hallar una definición real, en el sentido de Leibniz, de los F es el momento del volver la vista atrás y pensar en la tarea realizada. Su éxito deberá calcularse en la medida en que haya ayudado a la comprensión de estas unidades y al ordenamiento de su complejidad e inabarcabilidad. Si esto se ha conseguido, razonablemente, o no, sólo puede determinarlo el lector paciente. En cualquier caso, nuestra intención ha sido responder a las preguntas esenciales que nos hacíamos en la presentación. Contestando resumidamente, los F son unas unidades poliléxicas de carácter idiosincrásico (su uso e interpretación están restringidos por normas culturales), que cumplen diversas funciones, algunas de ellas derivadas de su condición marcada cuando se oponen a opciones más simples. Tal rendimiento funcional de los F explica su necesidad y, consiguientemente, que la fraseologización sea un continuo, entendida como “un proceso de conversión de la praxis en estructura lingüística por medio de la rutinización y la convencionalización de unas estructuras discursivas” (Salvador 2001: 29). Los límites del PdFón provienen del funcionamiento de la propia mente, siempre incardinado en una cultura determinada, y guiado por las necesidades que satisfacen los F.

            Esta condición irregular contextualmente dependiente de los F (presente también en otras categorías como las perífrasis verbales o los marcadores discursivos) lleva evidentemente a pensar en su naturaleza pragmática. En efecto, la pragmática tiene mucho que decir acerca de los F; pero, para no incurrir en esa justamente denostada trivialización del término, conviene precisar más. En primer lugar, es necesario tener en cuenta que esta relación con la pragmática, en la línea renovada de las teorías de Levinson (2000[2004]) o Traugott y Dasher (2001), no supone que el estatuto de F o su interpretación se explique por un determinado contexto que ocasionalmente genera tal posibilidad. Hay una sistematicidad en ella proveniente de ese significado presumible o por defecto que acompaña a la interpretación del F (postulados H, I, J y K). En segundo, la constancia de este significado en algunas muestras es tal, por su grado de fijación e independencia de contexto, que su contenido ha de salir de la pragmática y trasladarse a la semántica. Es el caso de las locuciones extensivas (descriptivas o catacréticas), fosilizadas, ideativas (supra, 5.1).

 

 

 

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© Manuel Martí Sánchez. Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación (clac) 24, noviembre 2005. ISSN 1576-4737.

 

http://www.ucm.es/info/circulo/no24/marti.htm

 

clac 24/ 2005

 

portada

 



[1] Este escrito, cuya primera versión es Martí Sánchez (2005), se ha beneficiado mucho de los comentarios críticos realizados por Manuel Leonetti e Inmaculada Penadés. Quede aquí nuestro agradecimiento.

[2] Este hecho limita habitualmente las investigaciones fraseológicas y conduce a las omnipresentes críticas y preguntas del tipo: “esto no lo he oído en mi vida” o “¿de dónde habrá sacado ese ejemplo?”. Los aficionados al fútbol de mi generación conocemos el F la mano de Dios tomada del uso interpretativo de una cita de Maradona, con la que se refirió el “astro” argentino a la mano que empleó para conseguir un importante gol en un mundial. Desde entonces, la mano de Dios constituye una forma irónica para designar un tanto conseguido ilegalmente de este modo (“la mano de Dios de Ronaldo salvó al Madrid”).

[3] “La gramática concierne a aquellos signos formados regularmente y manejados analíticamente, mientras que el léxico se relaciona con aquellos signos que se forman irregularmente y se manejan como un todo. Un signo está lexicalizado si se aparta del acceso analítico y está inventariado” (Lehmann 2002: 1). De acuerdo con esta distinción, la mayor composicionalidad de las paremias frente al grupo significativo de las locuciones conocido como modismos (infra, 5.1) las aproximaría a la gramática alejándolas del léxico, lo que es una forma de reconocer que la idiomaticidad tiende a ser inversamente proporcional a la extensión del F.

[4] En ello con buen criterio ha insistido R.E. Vega-Moreno (2004: 313-314). Esa figura que destaca en el complejo léxico impone nuevos sentidos alejados del originario y colectivo. Obsérvese lo que sucede con  (estar) a punto de caramelo, en cuyo sentido de ‘en disposición o estado inmejorable’ (Seco y otros. 2004), alejado del originariamente gastronómico, ha sido determinante a punto. Este mismo ejemplo ilustra la compleja red de asociaciones existente entre las piezas léxicas.

[5] Luego se ha extendido a todos los signos, independientemente de su carácter léxico o funcional (Nemo 2002: 89-95), lo que efectiva y razonablemente ha debilitado la distinción relevantista entre signos conceptuales y procedimentales (Cfr. Portolés 2004: 273-275).

[6] “Un enunciado es una descripción cuando su contenido proposicional quiere reflejar un estado de cosas; en cambio, se dice que está usado de manera interpretativa cuando representa otra forma proposicional, a la que se asemeja en algún aspecto” (Escandell 2000: 221-222).

[7] Un aspecto del alcance de esta restricción es que algunas locuciones sean términos de polaridad afirmativa (a vivir que son dos días, ¡cuándo vendrá Herodes!...) y negativa (no dar pie con bola, no llegarle la camisa al cuerpo, no soltar prenda…).

[8] Esta distinción se ha formulado a partir de la pareja de opuestos establecida por Merleau-Ponty (1975 [1945]: 212-214) entre palabra hablante y palabra hablada, que es, además, una buena ayuda para entrar en la vitalidad expresiva del F.

[9] Pese a esta inclinación hacia el uso salvaje, los F representan siempre un cierto grado evolutivo dentro de la maduración del lenguaje al aumentar sus posibilidades, su explicitud con la verbalización de las emociones, la representación y transmisión de pensamientos más complejos y cohesionados. Es significativa la importancia de las locuciones, sobre todo, las más metafóricas, las más predicativas (infra, 5.1) para la conceptualización de las emociones: no solo representan una entidad como índices, sino que añaden a dicha representación determinadas actitudes y disposiciones. Nos gustaría explorar, para entender mejor este fenómeno, la renovada hipótesis de la subjetivización de Traugott (vid. Traugott y Dasher 2001: 89-99, 126-127 y 174-178).

[10] Este principio, que encamina las acciones individuales e individualistas hacia una meta común de la que no son conscientes (Ridruejo 2002), proviene de la teoría económica de A. Smith y ha sido aplicada al cambio lingüístico por R. Keller.

[11] En la escuela de M.T. Cabré, se restringe la fraseología especializada a las colocaciones; mientras que locuciones y compuestos sintagmáticos se categorizan como unidades poliléxicas (vid. Bevilacqua 2001: 114 y R. Estopà 2001: 67-68, 74-80). Esta postura es explicable porque las colocaciones o combinaciones restringidas, en las que se establecen algunas distinciones, poseen una dimensión también semántico-conceptual, más allá de la obvia combinatoria. “En un dominio de especialidad, el conocimiento se organiza a partir de una serie de núcleos semánticos, o nodos conceptuales, que mantienen relaciones entre sí y configuran el entramado o estructura conceptual representativa del contenido de un ámbito o materia. Estos nodos cognitivos en su expresión mínima corresponden a unidades terminológicas, sean estas monoverbales o poliverbales. Pero los nodos conceptuales se expanden en unidades más amplias que suelen corresponder a unidades fraseológicas, que a su vez pueden expresar o bien relaciones de las unidades terminológicas entre sí, o bien atributos de las unidades terminológicas. En cualquier caso se trata de fraseología especializada propia de cada ámbito de especialidad” (Cabré 2005).

 

[12] Las relaciones basadas en el contenido son muy inestables; por eso, ocurre a veces que la forma más disponible en el estilo informal  o en el nivel vulgar es la fraseológica, con lo que deja de ser marcada. Además, nunca puede perderse de vista que todo F es una realidad única comunicativa, a la que no puede adjudicarse sin más un sinónimo formalmente simple.

[13] La autoridad pesa mucho en la creación y consolidación de las paremias, y para legitimar un empleo que habitualmente suscita una inseguridad, dado que supone una autoridad de la que generalmente se carece. Por eso, su uso va precedido a menudo de alguna fórmula de legitimación (Como dicen en mi pueblo, como decía X…) (vid., infra, 5.2). Todo esto no sorprende habida cuenta de los efectos comunicativos de la emisión de una paremia. Recordemos las divinas palabras del marido protagonista de la tragedia de Valle-Inclán: “Qui sine peccato est vestrum, primus in illam lapidem mittat” [‘quien esté de vosotros sin pecado, que sea el primero en arrojar la piedra’].

[14] Este origen discursivo se manifiesta con mucha claridad en esos F formados a partir del uso interpretativo, a menudo irónico, de una construcción anterior (España va bien, hablar el catalán en la intimidad, ansia infinita de paz, España no se merece un gobierno que miente, queremos saber), que puede ser también un F. Sobre esta última posibilidad, en la actualidad lo habitual en los periodistas deportivos es utilizar irónicamente siempre la locución el partido del siglo. La lengua coloquial ofrece constantes ejemplos de desautomatización de F (postulado ii) como tomar el pelo para referirse humorísticamente a que a alguien le han cortado el pelo (y ya no para comunicar que a alguien lo han engañado), o no tener un pelo de tonto para referirse humorísticamente a un calvo y ya no, a alguien listo.

[15] Las siglas son un recurso, muy común en los escritos científicos y técnicos, evidentemente relacionado con la simplificación formal (y conceptual) de los F.

[16] Ante ejemplos como un café, que en muchos hablantes supone un café con leche, parece que además de reducción hay que pensar en una implicatura conversacional generalizada explicable por otro de los principios de Levinson (2004[2000]: 126), el Principio de Informatividad, según el cual cuando se expresa de modo normal debe adjudicarse del modo más normal. Esta explicación parece aplicable a fenómenos humor è ‘buen humor,’ talante è ‘buen talante’.

[17] Con las codas, sucede un cambio de signo contrario en el doble sentido de que se extiende un F y se desautomatiza (la caña… de España, el menda… lerenda).

[18] Sobre la distinción entre los léxicos básico, superordinado y subordinado, establecida según su grado (de mayor a menor) de especificidad, vid. Cuenca y Hilferty (1999: 42-49).

[19]Indicatividad y predicatividad se conciben como dos maneras fundamentales de representar la realidad. La primera tiene que ver con el señalamiento directo, la ostensión o referencia directa, la denominación (…). La predicatividad tiene que ver con la caracterización, la descripción, la atribución de propiedades” (Moreno Cabrera 1997: 225-228).

[20] Algunos conectores, por sus equivalencias, pueden analizarse como locuciones conjuntivas (de todos modos, eso sí, ahora bien…). Los operadores, como adverbios pragmáticos, también presentan estas equivalencias. Sin embargo, hay un grupo de estos últimos, el de los ilocutivos, caracterizados por realizar una acción (intensificación o atenuación) sobre el acto principal de su enunciado (Entonces el profesor, yo qué sé, me grita que me calle). Muchos marcadores conversacionales son claramente fórmulas (no faltaba más, vamos a ver). Estos hechos reflejan el carácter invasivo de estas, dado que en todas ellas se presenta una fuerza (primaria o secundaria) culturalmente dependiente.

[21] Una muestra de esta previsibilidad es la frecuencia con que un hablante dice la primera parte de la fórmula y el otro, la remata. Esto es asimismo índice de solidaridad y de esa coordinación de actividades ya referida.

[22] El último rasgo de la definición de paremia como “un enunciado memorizado en competencia que se caracteriza por la brevedad, la función utilitaria y didáctica y el engastamiento en el discurso”, de Almela y Sevilla (2000: 12)  apunta claramente a ello.

[23] De las que se excluirían los refranes meteorológicos y agrícolas (en febrero busca la sombra el perro) (cfr. Anscombre 1997).