Biblioteca Quijotesca

  

Carlos Drummond de Andrade (1902-1987)

Don Quixote

  

 

I. Soneto de la locura

Es rica, mi pobre casa, en quimeras
y voy sin destino lidiando espantos,
mi nombre ha de romper obscuras eras,
tal cual Pentapolín, rey Garamanta.

Ronda mi mente un tropel de batallas
jamás vistas en tierra, mar o infierno.
Si de la cocina escapa olor de ajo
me huele a aroma de la gloria eterna.

Doncellas a salvar, mil en la Tierra
y yo y mi rocín, chispa, grito,
fin a entuertos, héroe de seda y fierro,

y no duermo, angustiado, y ceno nubes
con la obsesión de que al fin la bendita
Edad de Oro de las alturas baje.

     ilustración de Cándido Portinari (1904-1962)

II. Consagración

Rocinante
pasta la hierba del sosiego.

La Mancha entera está en calma.
La llama oculta arde
en esta vehemente España interior.

De rodillas y ojos visionarios
me consagro caballero
andante, amante
de amor cortés para mi dama
cristal perfecto de la perfección.

De aquí en adelante
he de girar, cincunvagar, combatir
los errores, la falsedad
y al mal de mil semblantes
y cosechar, del pecho ensangrentado,
la palma esquiva y rara
que ha de ceñirme la frente
con las manos del Amor-Amante

La fama
en la hierba rala
que Rocinante come,
se guarda para mí,
lo siento en todo,
en la sed que bebo
y en el viento que me arrastra.

      ilustración de Cándido Portinari (1904-1962)

IX. Disquisición en el insomnio

¿Qué es locura: ser caballero andante
o seguirlo como escudero?

¿De él o yo, quién es loco verdadero?
¿El que, despierto, sueña insanamente?

¿El que, aunque esté vendado,
sigue el sueño y ve lo real
de un loco por las brujas embrujado?

Heme, tal vez, único demente
y sabiéndome tal, fuera de quicio,
soy —insensato— un loco de juicio.

    ilustración de Cándido Portinari (1904-1962)

XII. Pleito y contentamiento

—La fatigada fiesta de correr
peligros sin moneda
ya me pesa en los huesos.
Exijo mi salario de locura
y la suma del tiempo de servicio.

—Amigo Sancho, vete a la mierda,
que no aprecio favores mercenarios
y puedo tener doscientos escuderos
sólo ambiciosos del renombre eterno.

—Señor, ¿dejaros? Nunca.
Ya me derrito en lloro arrepentido.
Sigo con vosotros, sigo
hasta el ultísimo peligro
sin otra paga que vuestro afecto.
Abracémonos, pues, de almas lavadas,
que mi destino es ser
a vuestro lado
el caldo grueso junto al vino fino.

    ilustración de Cándido Portinari (1904-1962)



Carlos Drummond de Andrade (Itabira do Mato Dentro, Brasil 1902-1987) Don Qixote, con 21 dibujos de Cándido Portinari (1904-1962). Primera edición en portugués Editora José Aguillar Ltda, Río de Janeiro, Brasil, 1960. Primera edición en español en 1985, traducción de Edmundo Font, editada por la Secretaría de Educación Pública, Dirección General de Publicaciones y Medios, en México

Enviado por Jorge Vega Martín, desde Morelia, Michoacán (México) 23/11/2004



Volver al Índice