Biblioteca Quijotesca


  

Washington Irving


El viaje

  

En la ocasión presente extendió en el verde césped, delante de nosotros, gran variedad de sobras, colamdas con un buen jamón que habíamos traído de Sevilla; luego, tomando asiento a corta distancia, se dedicó a disfrutar de lo que todavía quedaba en las alforjas. Un tiento o dos a la bota le pusieron tan contento y cantarín como una cigarra ahíta de rocío. Al comparar el contenido de sus alforjas con los estragos que Sancho hizo en las ollas de las bodas de Camacho, pude comprobar que estaba bien versado en la historia de don Quijote, pero que, al igual que mucha gente del vulgo español, creía firmemente que se trataba de una historia verdadera.
—Pero todo eso, señor, ocurrió hace mucho tiempo, ¿verdad?
—Mucho tiempo —contesté.
—Yo diría que más de mil años —añadió como si durara todavía.
El escudero quedó tranquilo. Nada servía de mayor contento al bueno de nuestro criado que el hecho de que le comparáramos al famoso Sancho en su afición a la despensa, y no se llamó a sí mismo por otro nombre durante todo el viaje.



Washington Irving (Nueva York 1783-1859), Cuentos de la Alhambra

15/09/97



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