Biblioteca Quijotesca

  

Rubén Bonifaz Nuño

Soneto del vencido

  

 

a Eulalio Ferrer

Miserable acabó, murió desnudo.
Mas qué gloria vistió mientras vivía:
para el sin ojos, puertas fue del día;
boca y orejas, para el sordo y mudo.

Quiso el amor y la victoria, y pudo
vencer y amar, en armas y armonía.
Y concilió vejez y valentía,
y con la espada ennobleció el escudo.

Hoy, opaco y desnudo, aquí reposa.
Pasión, batallas; todo queda en poco:
una cama de enfermo, un mal recuerdo.

Es, pero no es él mismo. Triste cosa.
Perdió el lujo de haber vivido loco,
en la miseria de morirse cuerdo.



Enviado por Jesús Antonio Borja Pérez desde Guanajuato, México 17/02/2004



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