Teoría de los Colores: 1.La Geometría del Deseo
Las huellas de la palabra, Huerga & Fierro Ed., Madrid 1999, pp. 109 ss
ROMÁN REYES - UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID


Como cualquier relato intempestivo esto es una provocación. No existe teoría posible de/sobre los colores, porque los colores no pueden convertirse en imágenes de algo. Son una dis-culpa, ficciones útiles, espectros, proyecciones atemporáneas de formas o de juegos de formas. Los colores son pre-textos de con-textos provisionalmente fijables. Los colores son la justificación de la diferencia, el soporte de un escalamiento que no admite medida, como la complejidad de matices tras los que el sentimiento --y el gusto--  se manifiesta. Recurro, por ello, al relato para hablar de colores. Simulo insertarlo en una realidad posible, que es posible y real porque real y posible va a ser el texto del autor tras el que esconda una vivencia. O un confuso registro de sensaciones que giran en torno a lo mismo. Tal vez así, un lector ocasional acepte mi reto y se arriesgue a re-encontrarse con lo otro, que es lo suyo, su privacidad: lo que ningún discurso reglado pudiera nombrar y, por lo tanto, transmitir.

1.Movimiento

Carlitos esperó aquella noche, como tantas otras, la sonrisa de su mamá. ¡Al menos una!. Deseaba verla llegar vestida de azul.

-- Dicen que es ése el color tras el que se esconden amores secretos. Aunque yo siempre he creído que todos los amores han de ser secretos o no son amores. Muy guapa ella mi mamá vendría a verme, aunque de caminar incierto. Para que nadie se entere de que ha venido. ¿A qué tendrá miedo mi mamá?.

Alguien, sin embargo, la disculpó esa noche porque, al parecer, estaba muy ocupada resolviendo no sé qué cosas que no entendía, pero que, al final, iban a ser muy importantes para él.

-- Tal vez, mañana temprano me visite mi papá --pensó--. Mi papá, ese señor tan serio pero tan cariñoso. El también siempre tan elegante, envuelto en su bufanda morada, que él sólo sabe llevarla, larga, mucho más alta que yo. Vendrá deprisa, como siempre y me dará un beso. Pero él no se esconde cuando viene. Arriesga más que mamá.

Y Carlitos se durmió confundiendo colores con sonrisas y besos, confiando en que en sueños aparecería mamá en el momento menos esperado, como hace siempre, para regalarle la sonrisa azul que le debía.

-- O papá. Seguro que papá va a llegar de madrugada --se levanta todos los días cuando aún nadie pisa las calles y mamá duerme--. Seguro que papá vendrá, porque me quiere mucho. Aunque no sé si me quiere tanto porque a quien realmente quiere es a mamá y sabe que yo soy muy importante para ella. Papá seguro que me regalará una bufanda toda ella llena de besos morados. Aunque tampoco sé si son más dulces los besos que regala a mamá --pocos, debería besarla más a menudo para que no tenga tanto miedo--  y que disimula tras improvisados ramos de esas tan escasas flores azules. El cree que pienso que es sólo una cuestión de flores y de colores. Pero yo he descubierto el truco. Y no se lo voy a contar ni a él ni a mamá. Y, por supuesto, a ninguna otra persona. No sea que las flores --escasean las flores azules, aunque papá siempre las encuentra-- se marchiten y dejen de llevarse las bufandas moradas.

Papá tampoco llegó a la mañana siguiente. Le contaron --los mayores siempre cuentan cuentos muy extraños--  que estaba esperando a que mamá resolviera esa cosa complicada que no podía entender, pero que era tan importante para él. Le contaron también --los mayores hacen mezclas muy extrañas--  que tenía que ver con los colores.

-- Yo, sin embargo, pensaba que los colores juegan con nosotros a ocultarnos algo que no terminan de regalarnos los mayores. Lo sé porque brillan diferentes los ojos de papá y de mamá --y se ponen muy tontos--  cuando quieren darse un beso mientras se acarician. O, al revés, que de eso me han explicado poco.

-- Pero yo no estoy muy seguro de que sea sólo eso lo que sucedía entre papá y mamá. Porque tengo una amiga secreta que simula no hacerse daño cuando se cae del columpio y a quien regalan muchos besos y caricias a todas horas, que no habla de ello con nadie, salvo conmigo y con objetos traviesos que le incordian, pero que no le responden. Esa mi amiga secreta --que quiere mucho a mi mamá--  me contó un día que mi mamá no sabe mentir, que habla de colores cuando papá se refiere a sonidos, como los que hace un teléfono de juguete, y que lo que realmente le sucede a mi mamá es que no se atreve a abrir el regalo. Tonta ella, no sabe que las cosas importantes siempre llegan envueltas en papel de regalo, que hay que abrir el regalo y tirar el papel, aunque el papel sea azul. Y que por eso se esconde y llora, no sea que descubra que aquel papel de regalo sólo envuelve promesas. Yo le digo que no tenga miedo y que abra el regalo. ¿Cómo iba a engañarla papá, que si me quiere tanto es porque a quien realmente quiere es a ella?. Pero mamá es muy cabezota y no sé si va a hacerme caso.

-- Un día que nadie nos escuchaba me contó mi amiga que papá sí sabe que mamá llora y que tiene mucho miedo y que, por eso, él también llora a veces. Mi amiga me contó también que papá y mamá se estaban poniendo de acuerdo para que las sonrisas y los besos fueran verdaderamente sonrisas y besos que se regalan y no sólo colores, aunque mamá siempre busca una disculpa para fingir que la negociaciación no ha empezado. Los mayores, siempre poniendo precio a todo para que algo sea bello. Y eso debe hacerles mucho daño. Y eso debe ser muy triste para papá.

 -- Pero a mí me dejó mucho más triste aún el que mi amiga me dijera bajito que hace tiempo que ni siquiera se regalan entre ellos sonrisas y besos ... que sólo hablan de colores. Y que discuten mucho sobre algo que llaman "tonalidad cromática", ?qué palabras más cursis!. Y eso debe ser mucho más triste si cabe, porque, aunque papá las encuentre, no conozco muchas flores que sean azules y mamá debería saberlo. Y he visto pocas bufandas moradas y papá debería saberlo también. Algunas flores de esas hay, pero se marchitan pronto. Algunas bufandas de esas también se ven, pero pasan pronto de moda y mamá termina usándolas como alfombras para que nuestros perros no le manchen el coche cuando los lleva al parque de paseo.

 -- Mientras tanto sigue habiendo mayores que me susurran al oído cosas muy horribles: "Eres todavía sólo un sueño, Carlitos, --me dicen-- , que no entiendes de formas ni de colores y que, por ello, ¿para qué vas a necesitar sonrisas y besos?". Y eso sí que es lo más triste que pueda sucederme. Aunque no entiendo qué quieren decirme con ello. ?Si, al menos, se me permitiera, jugar con esa mi amiga secreta en el parque donde mamá pasea los perros!. Pero mamá tiene miedo de que perros ajenos me hagan daño. Y la entiendo, porque sólo podrían protegerme nuestros perros, los que duermen en la planta baja y velan cada noche mi sueño, mientras aguardan impacientes el regreso de papá cuya llegada anuncian --ladrando y moviendo la cola--  cuando desde lejos descubren ese olor tan especial, al que sólo papá huele.

 
THEORIA | PROYECTO CRÍTICO DE CIENCIAS SOCIALES - GRUPO DE INVESTIGACION UCM
Der Zeit ihre Kunst, der Kunst ihre Freiheit - A la Época su Arte, al Arte su Libertad