Llamamos pensamiento al nexo
que constituye las formas de vida en un contexto inseparable, en forma-de-vida.
No nos referimos con esto al ejercicio individual de un órgano o
de una facultad psíquica, sino a una experiencia, un experimentum
que tiene por objeto el carácter potencial de la vida y de la inteligencia
humanas. Pensar no significa sólo ser afectados por esta o aquella
cosa, por este o aquel contenido de pensamiento en acto, sino ser a la vez
afectados por la propia receptividad, hacer la experiencia, en cada pensamiento,
de una pura potencia de pensar. [Giorgio Agamben]
Las historias verdaderas sólo se tornan fascinantes desde
el momento en que se cuentan a partir de un poderoso no-querer-decir.
[Pascal Quignard]
Ninguna “revolución en Filosofía” podría
traspasar los límites de su instrumento lingüístico.
Desde esta perspectiva, las mudanzas más profundas en Filosofía
podrían esperarse por parte de la evolución general del lenguaje.
[Gustavo Bueno]
El discurso teórico tiene también que tener en cuenta
la lengua; no debe, no puede ser simplemente un trabajo sobre conceptos
extraños a la lengua. El pensamiento es como un espíritu,
como un alma, cuyo cuerpo es la lengua. Creo que los conceptos viven en
cuerpos lingüísticos, y por ello un acto de pensamiento ha de
ser idiomático. [Jacques Derrida]
La enjundia y complejidad de los temas y problemas tratados en Filosofía
oculta a veces lo que, quizás, ha constituido la principal obsesión
de eso que hemos acordado denominar “pensamiento” y que opera incluso antes
de que una cuestión sea formulada o un problema sea planteado; a
saber: las maneras y formatos que un discurso o una institución adopta
y que predeterminan su horizonte de trabajo intelectual por encima de la
voluntad de querer decir una cosa u otra. Podría afirmarse que esas
“maquinarias” conforman la verdadera estructura de la racionalidad. Así
pues, queremos tomarnos la filosofía “al pie de la letra” y eso implica
un minucioso y metódico recorrido por los estilos de pensamiento
que consideramos relevantes y “beligerantes” en nuestro presente. Sólo
a través de esta “genealógica” y “polémica” de las instituciones
y de las prácticas discursivas puede – tal es el “axioma” de nuestro
curso – alcanzarse algo así como una comprensión cabal de la
tarea de pensar lo que nos atañe, esto es, el mundo, nuestro mundo.