LAS HUELLAS DE LA PALABRA | Filosofía y Ciencias Sociales
Román Reyes, 1998

LAS HUELLAS DE LA PALABRA
06. LA VOLUNTAD DE SILENCIO (II)
CRITICA DE LA RAZON SEDENTARIA
 

01. Los periodos normalizados, o de funcionamiento normal de un paradigma -- científico, social o institucional --  tienen su vigencia: aquella que acota un uso prioritario y generalizado de los mecanismos de resolución de conflictos inherentes al/función específica del paradigma en cuestión. El tiempo de la modernidad, sin embargo, no termina de clausurarse: se diluye/oculta, se escabulle en/tras la red que ha tejido. Una red en la que ya no caen más objetos que aquellos que la simulación/ficción diseña/soporta, peculiares monstruos, sujetos-objetos de un tiempo caduco.

El paradigma que la modernidad representa excluye lecturas de acontecimientos/vivencias que surgen en contextos y bajo condiciones diferentes; que surgen -- en otras palabras --  en un tiempo y en un espacio real: El tiempo histórico no soporta patrones previamente diseñados, especialmente si esos patrones se consideran definitivos, inamovibles, cerrados.

El paradigma "modernidad" excluye el anti-paradigma que la flexibilidad de lo real demanda: los modelos son recíprocamente inconmensurables, pertenecen a órdenes distintos, ya que el primero ha perdido la referencia que originariamente lo legitimara. Y el otro no termina de admitir diseño alguno -- por muy provisional que se le considere --, dada la carga de modernidad que aún soporta.

Los protagonistas del cambio -- sujetos/objetos del conocimiento --  están, pues, sobre-determinados, saturados. El lugar del cambio ya no es "un lugar natural" y, en paralelo, el tiempo que lo posibilita se convierte en irreal.
 

02. Es necesario, en consecuencia, forzar, romper fronteras, re-definir planos y contenidos, diseñar soportes-otros, ahora necesariamente flexibles, provisionales. Se hace necesario emprender un largo y arriesgado viaje, iniciar un recorrido cuya meta o término se desconoce. Y aunque los intereses del conocimiento se propongan alguna, es arriesgado, en los tiempos que corren, condicionar un programa a un objetivo tan inestable. Si bien es cierto -- y ésta ha sido hasta ahora la práctica científico-académica más común --  que cualquier hipótesis, por muy extra-vagante que nos resulte, legitima antes el quehacer del/de los conductor/es del programa que a los objetivos que se creen --o estimen, consensúen --  perseguir.

Es necesario, repito, invertir el sentido de frontera, para que por espacio se entienda -- al menos, de momento --  otra cosa. Es neceario ir a un re-encuentro "en ninguna parte", perderse en/por planos o senderos diferentes/nuevos, que jamás soportarían discurso conocido alguno. Ya no es tiempo de palabras. Se han pronunciado demasidas y se han dictado muchas más: se han pronunciado ya casi-todas desde la posición privilegiada(pan-óptica) que ocupan los diseñadores y transmisores de discursos.
 

03. Ahora es tiempo de asimilación, de re-conocimiento de las huellas que "los discursos del poder" han ido grabando en cada uno de nosotros. Ahora es tiempo de re-conversión, de recuperación de un espacio saturado -- excesiva y arrogantemente (sobre)ocupado --. Bajo el paradigma "modernidad" se disculpan todavía oficios tales que no otro objetivo persiguen que descifrar modelos que no modelan acontecimiento alguno, que a algún reconocible sujeto o condición concreta altere. Porque ahora es tiempo de soledad, es también ahora tiempo de silencio.
 

04. Más allá del lugar queda el paisaje. Más allá de ese paisaje queda la mirada cómplice de aquel que lo contempla. El paisaje es el mismo; cambian los registros, tanto como las formas de mirar por las que opte el correspondiente individuo. Se impone detener --provisionalmente al menos --  el movimiento, el exceso de trans-currencia, para poner de manifiesto la posición elegida/ asignada, la "postura" que se ha tomado, la actitud adoptada. Posiciones, posturas y actitudes consideradas aquí bajo la acepción más física y trivial que los términos admitan.
 

05. En tanto que determinaciones específicas de espacios de tránsito, la eventual mostración del no lugar exige que, tanto el paisaje como esa ocasional mirada que lo objetivara, sean previamente desposeídos de contenido y de sentido/s. Porque es el soporte de un no lugar, la mirada fundida en el paisaje -- y paralelamente, el paisaje traspasado por/registrado en esa mirada --  precisa de una mirada exponencial, mirada-que-mira-un-paisaje ya mirado. Se recupera la mirada originaria que, sin dejar de ser idéntica, se nos muestra ahora otra, peculiar herramienta del conocimiento. Se está sancionando así una forma muy particular y muy moderna de soledad. ?Se está también sancionando un método diferente de investigación?.

A tales desplazamientos de la mirada, a tales juegos de imágenes, a tales vaciamientos de la conciencia puede conducir --desde Baudelaire hasta ahora, pero esta vez aquí de modo sistemático, generalizado y prosaico --  las manifestaciones más características de lo que podríamos llamar sobremodernidad. La aparición y proliferación de no lugares estarían, en consecuencia, relacionados con esas experiencias nuevas de soledad que esta situación, que este nuevo orden impone.
 

06. El hombre solo, la voluntad de aislamiento, de re-cogimiento --de meditación, aunque sólo se haga en ese decisivo "cuarto de hora antes del amanecer" --  es una pasión inútil. Se impone el compromiso, la voluntad de acción, que no sólo de re-acción: Demasiada carga a nuestro alrededor como para poder pronunciar nombre alguno que no termine por remitir a lo mismo. Lo otro ciertamente es la ficción -- la posibilidad de creación --  que lo uno posee: el espejo de la producción. Un uno -- definitivamente histórico, social y culturalmente determinado --  asimilado como palabra (re)generadora de lo pretendidamente real, de una pretendida (inter)acción. Grave sigue siendo que, no obstante, después de conseguir pronunciar/escuchar --escribir(dictar)/leer --  una palabra concreta, esa palabra nos deje como estábamos al principio. Tal vez la función del lenguaje jamás haya sido otra que devolver al hombre al punto de partida, justo al momento en que necesitó traducir deseos para que otros los consumieran en conocimiento.
 

07. El espacio del no lugar, del fuera de lugar, no crea ni identidad singular ni relación, sino soledad y similitud. Versión actualizada de comportamientos narcisistas, hacer como los demás para que uno mismo sea, se considere "referente útil", autónomo y como tal sea reconocido. Paradoja del lugar: el extranjero perdido en un país que no conoce, el extranjero de paso, el viajero que de pronto se convierte en pasajero, sólo se encuentra aquí en el anonimato de -- entre otras figuras del exceso, otros sobreocupados espacios --  las autopistas, reemplazables en nuestro medio, por los espacios de la (re)producción y (trans)misión de conocimientos. Los no lugares de la reclusión transitoria. El retorno al lugar sería entonces el recurso de aquel que frecuenta semejantes no lugares. Y hoy por hoy la adicción es generalizada.
 

08. La originalidad, lo nuevo -- la novedad --  se reduce lamentablemente al diseño en sí, a la mostración voluntarista de lo real, con imposible pretensión de des-velación, re-velación, cuando no de re-creatividad. Porque nada había oculto, la voluntad discursiva se ha cerrado sobre sí misma, deseando conservar la función, reconvirtiendo los intereses del conocimiento en intereses de una práctica: creando tan sólo el hecho de sentirse creador, (re)creándose en su propias herramientas.

Así, el país retórico de un personaje finaliza allí donde sus interlocutores ya no comprenden las razones que él da de sus hechos y gestos, ni las quejas que formula ni la admiración que manifiesta. El país retórico de un personaje finaliza allí donde concluye cualquier "relato de espacio" (Michel de Certeau). En la medida en que cualquier relato es un relato de viaje, la lectura es la (re)creación de los espacios frecuentados. Por eso el libro se escribe antes de leerse, pasa por diferentes lugares antes de constituirse en uno de ellos: como el viaje, el relato que habla de él pasa por muchos lugares.
 

09. Reparemos en la siguiente parábola. Llamémosla, si se quiere, "la parábola del des-encanto". O si preferimos, "la parábola del hastío": Un día, cualquier día, de semana, mes o año imaginable, el Ciudadano-M. decidió repentinamente cambiar de barrio. No se lo había propuesto antes, ni tenía motivos aparentes para tomar esa decisión, por otra parte tan comprometida. Se expone uno a perder la referencia-marco, se arriesga demasiado: re-construir los espacios de la privacidad es, de antemano, asumir un costoso riesgo, tan costoso como el que supondría perderse uno en el intento. Y no tenía motivos, sencillamente porque no los necesitaba para tomar una decisión tan vulgar: cambiar de barrio ?a quién iba a importarle?. Y de existir ocultas razones que le movieran a ello, tampoco a nadie iba a importar que fueran esos y no otros los motivos.

Pero, en realidad, el Ciudadano-M. realizó efectivamente un movimiento, que no podía resultar indiferente: se desplazó a lo largo del plano que controlaba, respetando las coordenadas del mapa-guía que le habían asignado, sin que paradógicamente nada cambiara en su entorno, ni él se sintiera alterado por las supuestamente nuevas condiciones a las que tenía que adaptarse, con las que tenía que contar. Y, en efecto, nuestro Ciudadano-M. visitó aquella tarde del cambio -- se había mudado por la mañana, muy de mañana --  el bar que está en los bajos de su nueva vivienda, según se abandona el portal, inmediatamente a la derecha ... El ciudadano-M. pudo por fin respirar tranquilo: comprobó que, a pesar del cambio, podía seguir siendo fiel a los ritos que daban razón de/a su existencia.
 

10. Más allá de las habituales críticas a la modernidad, de la post-modernidad y de la crítica posterior que generara, en el umbral de la sobremodernidad se está siempre y no se está nunca en casa: las zonas fronterizas, los "escalones" (Descombes), la "heterotopía" (Foucault) del lugar dominante, en tanto que (auto)restricciones/invitaciones a la libre movilidad -- respectivamente en un plano, en un conjunto de planos o en imaginables espacios alternativos --  ya no introducen jamás a mundos totalmente-otros, extranjeros.
 

11. Los ritos siguen siendo muy necesarios: Por eso, como el Ciudadano-M., he de volver a tomar café a la misma hora, después de la siesta, en el bar de siempre, con el sabor de otras veces en indéntico espacio, saturado ahora de humanidad, saturado de ruídos, sudor, alcohol y tabaco, confundidos con la indiferencia/des-encanto de cada uno de los habituales clientes. Siempre el mismo café, siempre la misma vivencia ... siempre a las cuatro de la tarde en ese bar que está en el mismo bloque donde vivo, a la derecha según abandono el portal. Y he de repetir el ritual, incesantemente, tomar el café a la misma hora ... para saberme/sentirme libre de (auto)compromisos, de (pseudo)obligaciones que uno mismo cree imponerse para saberse liberado una vez las haya vuelto a cumplir.

Saberse/sentirse libre, que se ha respetado un plan con el que uno se siente al menos cómodo, un plan que originariamente uno no diseñara, pero que otros se encargaron de hacerlo con antelación suficiente para que yo me sintiera libre cada vez que lo respetara. Cada vez que superara una etapa: bien rellenando un cuestionario, contestando a las preguntas de un amable encuestador, ejerciendo mi derecho al voto o, en su caso, a la discrepancia ... Leyendo a diario el mismo periódico, escuchando/viendo, (re)viviendo las mismas noticias ...

Forzados diseños que responden a intereses que se comparten, cuando nos convertimos en cómplices del ab-uso que de nuestras cosas hacen aquellos que hemos legitimado en su función. Intereses particulares al tiempo que públicos, pero que re-creo para mí, en solitario, siempre que, por ejemplo, vuelvo a tomar ese café de las cuatro de la tarde en ese bar que está en la esquina del bloque donde vivo.
 

12. Conviene, sin embargo, recordar que la sobremodernidad no es lo que está más allá del principio de frontera, de la idea de espacio o de la simuluación de campos soportes de una pretendida movilidad e intercambio a discreción. La sobremodernidad no es el todo de la contemporaneidad. Lo que contempla el espectador de la modernidad es cómo lo antiguo y lo nuevo se entienden/complementan, cómo lo nuevo es un azaroso desarrollo de lo antiguo.

La sobremodernidad, por el contrario, convierte a lo antiguo, la historia, en un espectáculo específico. Por eso, en los no lugares de la sobremodernidad hay un lugar específico para las "curiosidades": siempre habrá una ventana abierta por donde mi mirada se pierde para encontrarse con otra mirada que a su vez se perdiera huyendo por ventanas a su vez abiertas, socorridas ventanas que desde la mía no contemplo. Una huída adimensional, más allá del tiempo, la voluntad de riesgo es el complemento obligado de la voluntad de silencio.
 

13. Si los no lugares son el espacio de la sobremodernidad, ésta no puede, por tanto, perseguir los objetivos que la modernidad se fijara. Cuando los individuos comparten intereses, se acercan entre sí --los medios de cualquier condición aproximan-- están diseñando la estructura de lo real, acotando los lugares de la interacción.

Sería recomendable entonces saber/aprender a leer los textos a (re)escribir. El espacio de la sobremodernidad es en sí contradictorio: sólo tiene que ocuparse de individuos que no están identificados, socializados ni localizados más que a la entrada o a la salida: la disidencia, la alternancia sólo es posible una vez probada la propia inocencia. Volver a casa con las huellas que la pérdida, la huída, han dejado en nosotros. Perderse es asumir un nombre, huir es una condición: la voluntad de transgredir. Es por esta razón por lo que el juego social parece desarrollarse tan sólo fuera de los puestos de avanzadilla de la contemporaneidad. El no lugar es, por lo tanto, lo contrario de la utopía: existe y no postula ninguna sociedad orgánica.
 

14. Cuestiono -- vengo cuestionando -- , es cierto, la dependencia o independencia de cualquier variable. Sencillamente porque la noción de dependencia es a su vez dependiente, como dependiente es la correlativa noción de independencia.

La dependencia a la que me refiero es, ciertamente, una dependencia útil. Al menos nos proporciona una razón formal de lo que es, tal como debe continuar siendo: Un viejo edificio en ruinas, pero que aún no es tiempo de derribar; un plano, un conjunto de referencias consolidadas, garante/soporte de un proyecto reiterativamente en desarrollo, que da sentido al exceso registrado/registrable. La forma es producto de consenso, en base al cual se justifican y legitiman corpus teóricos, textos y con-textos institucionales. Al tiempo que legitiman el oficio de los correspondientes funcionarios.
 

15. Es necesario saber perderse, deambular por senderos que no conducen a parte(interesada) alguna. El interés no es el a-priori del conocimiento, sino el estado de quietud y placer que en el individuo(dócil/socializado) se produce, una vez que se han disipado las dudas, resueltos los interrogantes, que, en alguna controlable parte, hay explicación suficiente como para compensar las disfunciones, los des-arreglos/des-ajustes, que uno a diario acusa, que a uno a diario le hacen padecer.

Jesús Ibáñez: "El pensamiento es tarea de vagos y maleantes. Hay que saber perderse para trazar un mapa: vagar por los márgenes y por el desierto, fuera de las fortalezas en las que están encerrados la verdad, el bien y la belleza. Sólo los nómadas descubren otros mundos. Hay que saber pervertir la ley --jugar con ella --  y a veces subvertirla --ponerla en cuestión --  para cambiar y/o quitar la ley: provocar malos pensamientos en los bienpensantes, asediar las sedes de la verdad, el bien y la belleza. Sólo los malditos mejoran este mundo".
 

16. Tal vez pueda ser cierto ahora aquella mi vieja (pre)ocupación, mi intempestiva descripción de/ante lo real, cuando afirmaba --re-afirmaba, porque lo reproducía a menudo --  que en tiempos de crisis "guardar silencio es un acto de rebeldía". La crisis que sugiero, por atrevida es una peligrosa/arriesgada provocación porque, siempre que compruebo que los códigos impiden interpretación alguna que garantice mi diferencia, no dudo en llamarla por su nombre, en clasificar nuestro tiempo como la más nauseabunda de saturación imaginable: Estamos hartos de modernidad, estamos hartos de condiciones que necesitan del calificativo de "post-moderna" para simular que se ha superado aquello en lo que, lamentablemente aún se está. Es necesario ir más allá, asimilar las figuras del exceso que la voluntad de control niega. Ir más allá de las restricciones espaciales que ese control impone, del tiempo de toda movilidad bajo control. Es necesario invertir la lógica del consenso, cuando ese consenso no admite traducción diferente a la de sumisión, repeliendo si es preciso cualquier intento de resistencia.
 

17. La razón sedentaria no puede referirse a otra cosa que no sea a su propio sitio, al espacio que ocupa con pretensiones de totalidad y en exclusiva. La razón sedentaria se ve obligada a simular que controla la reacción entorno, a simular que conoce la influencia del medio y las alteraciones que su presencia provoca. Desde ese inamovible lugar, en el que tan sólo se posee una enfermiza voluntad de ocupación, se simula controlar y conocer para justificar un puesto.

Dificilmente alguien que tome asiento/posesión en semejantes lugares, de una nostálgica y trasnochada ficción -- los antaños lugares naturales --  está en condiciones de objetivar un no lugar, de dar razón de lo que está sucediendo, de lo realmente existente. ?Cómo esos omnipresentes y extemporáneos profetas --a quienes su patológica inseguridad, cuando no su ignorancia, impide asumir riesgo alguno --  se atreven no sólo a hablar de objetividad, sino que además tienen la osadía de definir el concepto de ciencia, la prepotencia de decidir cuál sea la ocupación que merezca el calificativo de científica, y --lo que es más grave aún --  quién está en condiciones de ejercer ese privilegiado oficio?.
 

18. Podríamos concluir parafraseando a Marc Augé. Y hacerlo pecisamente en este no lugar de la sobremodernidad más inmediata, que al congregar no oculta su voluntad de homologar. Ese destacado representate de la EHESS viene a afirmar que, en sus modalidades más limitadas, al igual que sus experiencias más exuberantes, la experiencia del no lugar es hoy un componente esencial de toda existencia social.

Nunca las historias individuales han estado tan incluídas en la historia general, en la historia a secas. Ya no hay análisis social que pueda prescindir de los individuos, ni análisis de los individuos que pueda ignorar los espacios por donde ellos transitan.

En el anonimato del no lugar es, por consiguiente, donde se experimenta en solitario la comunidad de los destinos humanos. Habrá, pues, lugar mañana -- concluye Augé -- , hay ya quizá lugar hoy, a pesar de la contradicción aparente de los términos, para una etnología de la soledad.

Porque sólo los nómadas descubren otros mundos y sólo los malditos mejoran éste, me es difícil imaginar de qué otra forma a la habitual podría seguir retornando a lo otro bajo un mismo e idéntico ritual: tomar ese café de las cuatro, justo después de la siesta y en ese bar que, a pesar de todo, sigue estando en los bajos de mi actual vivienda, inmediatamente a la derecha, tan pronto como abandono el portal.



Congreso Español de Sociología | Texto base de la ponencia presentada | Madrid/Granada, Septiembre de 1995

UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID | EUROPA, FIN-DE-SIÈCLE: PENSAMIENTO Y CULTURA | THEORIA: PORTAL CRÍTICO DE CIENCIAS SOCIALES

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