LAS HUELLAS DE LA PALABRA | Filosofía y Ciencias Sociales
Román Reyes, 1998

LOS ECOS DEL SILENCIO
18. LADRONES DE CONCIENCIAS:
¿PSICOLOGIA VERSUS SOCIOLOGIA?
 

Caprichosa organización de un oscuro objeto del deseo, fantasma de la razón, espacio de una monótona re-producción, de un sospechoso juego de intereses, uno, obviando tabúes, burlando interdicciones se arriesga a aceptar la invitación y se sorprende extranjero dentro, la Psicología, sin que nadie invoque el incesto. Uno a quien le han asignado un lugar en la diáspora, uno que viene de fuera, la Sociología. Pretendida distribución de dos trabajos intelectuales, provisionalmente excluyentes, aunque útiles ficciones académico-institucionales.

Desde este espacio-otro uno ha de re-organizar su propio discurso, re-convertir el mal cercano en el que uno viene apuntalándose: he abandonado provisionalmente mi referencia, no sin antes asomarme a una ventana indiscreta a través de la que se describe/poyecta el abismo en donde confluyen cómplices oscenidades. La forzada ocultación de lo público generalizable como coartada para el des-velamiento de lo privado singularizable.

He invertido el escenario, burlando la palabra ... Cambia, por ello la voz, es otro el tono, otra la mirada, diferente los gestos, totalmente otro el registro de mi fluyente presencia. Mis manos, ese conjunto de órganos atrofiados de máquina célibe, van a manipular de otra manera. Pérdida de identidad, pérdida de potencialidad, pérdida de registros y de marca. Olvido de la revuelta, de mi vocación de provocador, de infractor nato, de mi destino destructor, de mi originaria voluntad fratricida.

Mi cuento habrá de apoyarse ahora en otros textos. Pero seguirá siendo el mismo cuento, que ahora escuchan encantadores vagos y relajados maleantes. Hace tiempo que perdiera la memoria, que olvidara el nombre de la cosas, que se atrofiara mi imaginario, que enterrara los fantasmas. Hace tiempo que abandonara la escuela de la precisión, del encaje, de la medida. Hace tiempo que renunciara a las matemáticas y a la geometría. He extraviado hasta mis propias cuentas. He perdido mi regla, sin que nadie me preñara a tiempo, salvo de deseo. He dejado de correr tras la cifra, en busca de términos, de lugares y circuitos seguros que no terminan de encontrar acomodo reconocible. Ya he dejado de competir ... he perdido definitivamente mi curiculum. Porque es otra vez ahora tiempo de penuria, ya no habrá nunca más espacios para la utopia.

He dejado de sumar tramos, para contar mejor los cuentos. Valgo ya muy poco, porque me he convertido en un vulgar y melancólico cuentacuentos. Nada arriesgo, porque he prostituído mi memoria limitándome a reproducir el discurso de la carencia, el lenguaje de la calle, la palabra in-noble del des-carriado, del des-poseído, que, por no tener, ni siquiera se sos-tiene a sí mismo. La palabra de esos ciudadanos que sólo valen lo que para otros cuentan: máquinas anónimas que, conectadas recurrentemente a otras máquinas producen liquidez, un preciado fluído que ciudadanos nobles -- in-solventes por definición, máquinas estériles, ladrones de conciencia --  administran a su antojo y en su propio beneficio.

Psicólogos vs. sociólogos. ¿Qué sentido tiene aquí la conectiva?. ¿Qué espacio del silencio se activa entre lo uno y lo otro?. ?Qué meta-discurso sugiere ese versus?. ¿Quién controla esa lógica de lógicas?. ¿Dónde queda el logos de lo primero que se de-fine --describe fronteras / marca territorio --  al lado de lo segundo?. ¿Qué minus-valía se atribuye a lo uno para que lo otro, a continuación, sea plus-valía o viceversa?. ¿Dónde queda el logos de lo uno que se constituye en obligada referencia al otro y a lo otro y dónde empieza el logos de lo múltiple que se organiza hacia lo uno, a partir de ese particular/singular registro de lo múltiple?.

Preguntas para las que me gustaría tener/vender la respuesta oportuna. Una respuesta que sólo encontrará acomodo en los efectos de inscripción y registro que los interlocutores reconozcan. Inscriben agentes activos, registran actores pasivos, quienes, al tomar conciencia de la inscripción en ellos registradas elevan a la categoría de herramientas útiles el pensamiento ilustrado de los gestores y arquitectos de la imagen de lo real.

Vivencias razonables, super/sobre-vivencias razonadas. Vicencias nombrables. Para que sean como un interés general determina que sean. Y no otra cosa. Porque las palabras se excluyen entre sí, cuando se venden con voluntad de reducción unívoca. Cuando sólo in-vocan esa cosa oculta a la que se accede a través de su imagen, que sólo es posible consumir/disfrutar desde una posición teórica, no contaminante. La fruición de lo eternamente huidizo.

Oficio de sociólogos / ofico de psicólogos. Terroristas no-liberados de la palabra, perturbadores de ciclos y ritmos. Estafadores de haciendas y cosechas. Asediadores de historias y razones. Asaltantes de caminos. Ladrones de conciencias errantes. La razón infeliz. Razón imperfecta, razón humana, en definitiva. Siempre en lucha por una tierra prometida, por adscribirse a un origen. Con nocturnidad y no menos alevosía se roban espacios y también protagonismos.

Se impone escalar el concepto, qué acción o conjunto de acciones pueden ser tipificables como robo. Quién fija la escala, el discurso. Quién vigila la posesión codiciada, qué interés se merma. Cuál es el proceso de in-culpación, quién in-culpa y cómo se redime la culpa. Porque los señores de(l) orden y de (la) guerra jamás hacen la guerra. Fingen el des-arreglo / la maldad de ese orden y estimulan a continuación el conflicto entre sus súbditos para que los mal-ditos vayan a la guerra. En nombre de una ley ben-dita, desde su origen, sea divino o humano. Los señores del discurso normalizador juegan a dividir, parcelar, sin pre-ocuparse de re-crear las partes. Jamás toman por sí mismos partido. Jamás definen fronteras, ni acotan competencias. La guerra es, en tiempos de incertidumbre, quien resuelve el problema que sus promotores --genuinos terroristas de Estado --  no supieron plantear correctamente.

Se trata de des-plazamientos sobre un plano, de re-situación de poseedores de bienes codiciables. Cada posición nombrable garantiza la especificidad del movimiento y su singularidad. Porque todo latrocinio genera inseguridad, violencia, revuelta, se simulan esos des-plazamientos proyectándolos sobre pantallas ocasionales. Queda, aparentemente, a salvo la integridad de los actores. Sólo se juega con la imagen de los actores en movimiento proyectada en esas pantallas, imponiendo el tipo de movilidad de las sombras proyectadas. Con el latrocinio se fuerza un re-ordenamiento de protagonistas, actores que, al variar de posición amortizando espacios liberados, re-valúan los planos. Efectos del cambio de propiedad: nueva dialéctica de posiciones que llega a admitir relaciones incestuosas, inter-dicciones calladas/silenciadas, viola tabúes ancestrales e instaúra nuevos. Esto es lo que se ha convenido en llamar colonización mediática.

Se roba la integridad, el fantasma, el imaginario de lo propio. Lo otro es el burdel. El otro es esa imagen competitiva de uno mismo. Prohibido hacer imágenes de lo sagrado. Desacralizar, desmitificar la imagen de lo íntegro. No permitir que se hagan/diseñen imágenes indestructibles. Llamar a las cosas por su nombre es convertir en público un preciado descriptor de privacidad: el nombre propio. No quiero que me roben mi nombre, por favor: es toda mi hacienda. Los nombres, sin embargo, siguen siendo las presas más codiciadas.

El lenguaje/la racionalidad académica destruye el principio de realidad, diluye ese principio, eliminando el efecto frontera. Muerte, pues, de la trascendencia, fin del principio de la territorialidad. Fin del individuo. Muerte, por consiguiente, de Dios. La nuestra es una sociedad de huérfanos, parricidas y magnicidas. Una sociedad radicalmente laica. Se ha instalado el imperio de la ficción, de la figuración de imaginarios. Conjunto de imágenes incoativas/huidizas y opacas de un modelo de equilibrio, supuestamente excluyente. Se ha consumado, por fin la gran pérdida: el rapto de la inocencia.

¿Conflicto de oficios?: Mi cuerpo nunca será mi cuerpo, sino nuestro cuerpo, el cuerpo del padre y de la madre en el que nos re-encarnamos cada vez que pronunciados la palabra yo, cada vez que alguien me llama por mi propio nombre.

No intentemos volver nunca más a la casa parterna, al olimpo de los dioses. La función del profesor es sacerdotal. En la medida que des-enmascara el engaño, se-duce: invita al des-madre, pro-voca e in-voca recurriendo a lenguas muertas, la voz del padre muerto y la palabra del dios oculto. Para invitar al des-vío, para diseñar caminos que no conduzcan al espacio/paraíso del control, caminos que no sean purgatorios, justificación/ prueba de la propia inocencia. Redención de una culpa re-conocida.

Teólogos laicos que descubren la imagen de lo sublime y se recrean en ella. Porque lo sublime es pantalla de proyección de movimientos manipulables de actores que se mueven sin arriesgar su integridad. Son sólo sus sombras, sus espectros los que se organizan en un plano espejo de lo real.

Máquinas que succionan, estimulan y regulan. Máquinas corte que generan liquidez, fluidez: un líquido que acota el espacio / el cuerpo / el plano del riesgo. Un líquido que no genera plus-valía. Liquidez in-tensa, flujos que re-animan cuerpos.

?Dónde está la diferencia?. ?Dónde la singularidad?. Sólo en la mostración de la anomia, en el diagnóstico de la patología. Nuestro tiempo ya no es tiempo de terapéutas, sino de enterradores. No es preciso sanar el cuerpo enfermo. El cuerpo enfermo no es cuerpo, sino organización abortada, fracaso de sistema. Es necesario asumir el principio más sublime que define nuestro tiempo: hay que aprender a saber morir y hay, por consiguiente, que fomentar la eutanasia.

Pero ahora no quiero confundirme en lo otro, sino en lo mismo. Mi (micro) economía es sólo economía libidinal. El objeto del deseo es una engañifa, una disculpa: uno quiere identificarse con lo otro-uno, saber que ha sido reducido a una conectiva, amar y desear el acto de amar y de desear. Más allá o más acá sólo se hace acopio de cajas de cartón desechables, pero útiles como cajas. De ellas se han extraído las máquinas más dispares, organismos con voluntad de procesar vidas hiperreales. Los niños de antes, tenían la suerte de que se les permitía jugar con lo envolvente ... desechando, si venía en gana, el contenido.

Los hombres en diálogo crítico con el mundo. La Psicología al servicio del medio, la Sociología que dialógicamente estimula la máquina-estímulo del estudioso de ese hombre encarnado, real, por histórico.

Llegado a este punto he de interrumpir mi cuento. Por capricho, antes que coherencia o agotamiento. Mucho más simple aún, por hastío o des-encanto. Porque desconfío de cualquier discurso con voluntad de medida, he terminado dudando de mis propias palabras. Siempre pensé que es mucho más connotativo el discurso que el silencio activa cuando un privilegiado hablante calla. Guardar silencio, sigue siendo todavía hoy una excelente terapia. Especialmente si aquí en la Universidad pensamos que guardarlo es un oportuno acto de rebeldía.



[Ciclo "Psicología y Ciencias Sociales" | Facultad de Psicología / Universidad Complutense | Texto base de la conferencia impartida | Madrid, Abril de 1997]

UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID | EUROPA, FIN-DE-SIÈCLE: PENSAMIENTO Y CULTURA | THEORIA: PORTAL CRÍTICO DE CIENCIAS SOCIALES

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