LAS HUELLAS DE LA PALABRA | Filosofía y Ciencias Sociales
Román Reyes, 1998

LOS ECOS DEL SILENCIO
19. ¿CIENTIFICO Y/O CIUDADANO?
ESTRATEGIAS DE PRO-DUCCION / SIMULACRO DE (RE)PRO-DUCCION
 

Se me invita a hablar sobre el papel del profesor y la incidencia de su oficio en la formación científica e investigadora de los alumnos. Difícil me lo ponen. Tiempos de confusión como el que nos ha tocado no recomiendan fijar posiciones que determinen/legimiten lo uno en razón de lo otro. Ni siquiera, provisionalmente. El ritmo acelerado de nuestra historia, (sobre-moderno)tiempo saturado de información que barren macro-espacios -- teórico, aunque selectivamente alcanzables --  para una eventual verificación y esa, cada día más acusada voluntad de singularización de comportamientos, dificulta cualquier hipótesis que pretendiera ofertarse como alternativa a las metodologías convencionales.

He de plantear problemas. Y he de hacerlo correctamente, si es que deseo que los problemas se resuelvan. Aunque no estoy muy seguro de que quiera. Porque hablar, en primer lugar, de formación nos remite a una vieja disputa sobre el sentido del término y función de su uso. Puestos a seguir in-formando, ¿qué materiales resisten la forma que pretendamos dar?. Y, en su caso, ¿cómo vamos a hacerlo?: ?Se va a entrar en diálogo con la materia que se presta a ser in-formada o que se obliga a ser con-formada?.

En este juego de actores -- profesor/alumno -- , pretendidamente exluyente, ni siquiera está definida la conectiva: qué se entiende por formación. Problema que se complica, si delimitamos esa conectiva con adjetivaciones de naturaleza tal como científica o investigadora. Habría que preguntarse primero a qué nivel de consenso hemos llegado a la hora de considerar correcto el uso de los términos ciencia o investigación.

Pero habrá que intentarlo y al hacerlo entiendo que debo hablar desde posiciones discursivas dispares, apuntalándame en descriptores clásicos, no por ello de menor actualidad/utilidad.

Se trata de delimitar las condiciones de un intercambio. Y estas condiciones no pueden ser localizadas más que sobre planos que no sabemos bien cuándo y cómo se suporponen o solapan. Planos que hablan de estructura de lo real, de condiciones -- propias o por imperativo de la incidencia de estructuras colindantes --  para generar movilidad hacia dentro o más allá de esa acotada estructura. Y un pretendidamente tercer plano, garante del propio proyecto y de su dinámica, en tanto que límite, justificación u objetivo que se persigue. Aunque Itaca siempre fue una oportuna y útil disculpa.

Las condiciones de un intercambio suponen delimitar antes qué se pretende inter-cambiar, entre quiénes y para qué. Tanto como qué tipo y cantidad de beneficio mutuo con ello se obtiene.

La estructura pactada de lo real, en tanto que soporte estimado del conocimiento, se convierte así en un primer plano que podríamos catalogar como óntico. Localizaríamos en él tres tipos de determinaciones formadas por sus correspondientes pares de opuestos, según un viejo principio de priorización estimativa. Es decir, lo inmediato, lo habitual, lo corriente ... Determinaciones psicoafectivas, socio-culturales y académico-institucionales que los actores correspondientes sufren.

Un segundo plano pertenecería al orden mediático. Importa, por ello, la imagen que los actores vendan, la cotización de la función que desempeñan, así como el tipo de la función asumida. Son las genuinas condiciones de/para el cambio programado. Se reducen a funciones conectivas, en correspondencia con la estimación del soporte del primer plano.

Por último, el plano de los objetos, en donde la imagen-tipo se emula. Objetivos, en tanto que re-ordenamiento de espacios psico-sociales y político-culturales.

El diseño de un proyecto de investigación es a priori formalmente sencillo: supone haber sabido seleccionar correctamente objetivos y medios. En cuanto a los objetivos es obvio que se pretenda llegar allí a donde el interés pragmático apunta, sea de la naturaleza socio-cultural, estética o religiosa que convenga. En cuanto a los medios materiales y humanos depende de la fiabilidad que al dador de sentido del proyecto le merezca o interese.

Son imágenes que se distorsionan al proyectarlas en el agente educativo/conductor de conocimientos y de técnicas de diseño de otros nuevos, a) en función de la expectativa del estudiante, b) de la peculiaridad del profesor, y c) de las condiciones del interesado.

Hacemos crítica de lenguajes. De todos los lenguajes. Del ordinario o conversacional, tanto como del académico o institucional. Porque in-vestig-ar es ir tras una huellas, poner de manifiesto una correspondencia entre actor en movimiento, tipo y frecuencia de movilidad y registro del uso de ese tipo y frecuencia. Ser objetivo, en definitiva. Fijar un principio de consenso entre uso de herramientas y objetos manipulables. Entre palabra y cosa. Entre teoría y realidad.

Manipular es un ejercicio genuinamente humano. Dejar o descubrir las huellas. Humanizar la realidad es manipularla. Utilizando las prótesis que corresponde, cuando la mano no llega. Es preciso, pues, acercar las palabras a las cosas para que esas cosas, previamente manipuladas, inter-actúen como cosas y que no sólo sean imágenes de cosas, palabras, las que interactúen. Es preciso, pues, depurar, en primer término, el lenguaje ordinario, tanto como el académico. Aproximación de uno al otro y viceversa. Por eso la ciencia no puede entenderse de otra manera que no sea como cuestionamiento de la evidente. ¿Para qué?. Para instalar otro estado de evidencia, un orden más armónico de lectura.



[Taller de Investigación Argonautas | Asociación de Estudiantes de Doctorado | Facultad de Ciencias Políticas y Sociología | Universidad Complutense | Texto base de la conferencia impartida | Madrid, Mayo de 1997]

UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID | EUROPA, FIN-DE-SIÈCLE: PENSAMIENTO Y CULTURA | THEORIA: PORTAL CRÍTICO DE CIENCIAS SOCIALES

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