THEORIA | Proyecto Crítico de Ciencias Sociales
UNIVERSIDAD DE VERANO DE MASPALOMAS
UNIVERSIDAD
COMPLUTENSE
DE MADRID




MASPALOMAS | UNIVERSIDAD LIBRE DE CANARIAS  

1993
Crítica del Lenguaje Institucional

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Emergencia de los Movimientos Sociales en El Magreb

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Emergencia de los Movimientos Sociales en El Magreb
 
Hablar de los movimientos sociales en los países del Magreb es ante todo hablar de la forja de una sociedad civil. Una sociedad civil que se perfila frente a una sociedad política relativamente vieja, paternalista y autoritaria. Dos sociedades. Dos mundos que se necesitan y se enfrentan. Mientras uno busca la legitimidad, el otro busca el cambio y la transparencia. Mientras uno busca imponerse, el otro busca expresarse. Tal vez podríamos definir el concepto de movimientos sociales como una expresión viva del aquí y del ahora, donde los actores son libres de tomar parte sin ningún compromiso salvo el deseo de expresarse en libertad y de real(i)zarse.

Pero la expresión del aquí y del ahora, de lo cotidiano en general, en estos países de la orilla sur del Mediterráneo, se distingue profundamente del modo en qué lo hace la sociedad civil en Europa o América del Norte: mientras aquí se reivindica una mayor presencia del Estado, allá se reivindica menos Estado y más espacios abiertos y libres. Allá sobra el Estado, hay un exceso de Estado; aquí falta el Estado. En los países del Magreb, cada vez la gente reivindica una mayor presencia del Estado, pero no cualquier presencia. Lo que se reivindica en el fondo, es una mayor presencia del Estado como prestador de servicios y una mayor retirada de éste como aparato represivo.

Los años ochenta son años claves para los movimientos sociales en el Magreb. Dos grandes analizadores iluminan la esencia de estos movimientos: el liberalismo, más como práctica que como ideología, y la Guerra del Golfo, más como pretexto que como motivo.

Marruecos y Túnez, países que han optado desde el principio por el modelo de desarrollo capitalista, inician sus políticas liberales de ajuste económico ya a partir de 1983 (Marruecos) y de 1986 (Túnez) para enfrentar los desequilibrios que supuso la baja de los precios de los fosfatos (que caen por debajo de 50%), y más tarde Argelia (1988) que, viendo caer el precio del petróleo a partir de 1987 en proporciones alarmantes, se vio obligada a reconsiderar su economía de renta petrolífera puesta en marcha desde hace 25 años, pero sin haber preparado la sociedad a eventuales cambios.

La consecuencia de todo esto es: una respuesta de la sociedad civil a los efectos nefastos de estas políticas de ajuste económico-social y la manifestación de una malestar generalizado, sobre todo en las capas más desheredadas de la población.

Las políticas de ajuste rompen con los paternalismos de los estados: se cortan las subvenciones, suben los precios, se devalúan las monedas nacionales, se privatizan las empresas públicas, se consolida el clientelismo, nacen nuevos contrastes entre los nuevos ricos y las clases más pobres.

La respuesta se generaliza en varias direcciones que podemos reducir a dos formas: los movimientos sociales espontáneos y los movimientos sociales organizados.

Una respuesta violenta, bien localizada en el espacio y en el tiempo: se trata de las revueltas populares, la expresión más directa y más espontánea del malestar social. ante la corrupción de los sistemas, los pobres, sobre todo los jóvenes, atacan los símbolos del sistema, rompen, queman, no puede identificarse con un sistema que los refuta, que los abandona y los hecha a la margen.

Las respuestas son violentas en Casablanca 81, Norte Marruecos 84, Túnez 86, Argel 88. En todo esto hay un fondo: un liberalismo que cada vez más hace a los ricos más ricos y a los pobres más pobres. En todo esto hay un actor: los jóvenes. Una energía constructora que, viéndose desprovista de medios para crear y recrear el mundo, se lanza en las acciones más devastadoras.

Una acción incontrolable frente a un futuro incontrolado, desconocido. La subida de una barra de pan se salda con sangres y muertes. Una barra de pan que se transforma en símbolo, el pan como símbolo de la vida.
Nadie podía prevenir dónde, cuándo y cómo iba a pasar algo. Pero en todo caso, tanto en Casablanca como en Nador, en Argel como en Tizi Ouzzou, en Túnez como en Sfax, la gente lucha por los mismos símbolos: pan y poesía.

El Estado contesta con más violencia, mata, encarcela. El Estado reprime. La sociedad civil imprime.
Los movimientos sociales espontáneos surgen como dispositivo de ofensiva-defensiva. Como dispositivo de ofensiva, porque imprimen el Estado, lo marcan. lo obligan a reajustar sus ajustes en función de estos movimientos.

Y como dispositivo de defensa, porque de estos movimientos surgen nuevas expresiones, nuevas formas de lucha que, aunque bajo un gran precio de sangres y muertes, parece no en vano se eclosionan estos movimientos. El liberalismo, el ajuste económico y social, todo esto se inscribe en un sistema que, para los pueblos del Magreb, parece como un monstruo: el NOI (Nuevo Orden Internacional).

La Guerra del Golfo ha tenido un impacto considerable sobre los países del Magreb no porque se trata de una agresión a un país árabe y musulmán, sino más bien porque es considerada como una de las manifestaciones más salvajes de esta nueva barbarie llamada NOI. La Guerra del Golfo, como pretexto, ha servido de catalizador para el desarrollo de los movimientos sociales en el Magreb, en lo extenso, como en lo intenso.
En lo extenso, se multiplican las formas de lucha, de reivindicación, de protesta y de presión. En lo intenso, se condensa el afán y la sed de la democracia y de las libertades.

Islamismo, feminismo, movimientos juveniles, culturales y de derechos del hombre se expanden en todos los territorios nacionales: la sociedad civil, durante largo tiempo callada, toma la palabra. Islamismo: el camino más directo para huirse del infierno de este mundo y soñar con el paraíso del otro. Un arma de doble filo: liberador y alienante. Liberador cuando se trata de un islamismo abierto al mundo de los posible, a las culturas, a las opiniones diferentes... Alienante, cuando el islamismo se transforma en integrismo, cuando se transforma en la negación de la propia sociedad civil de la cual es un producto.

Feminismo: Una lucha por el derecho a ser mujer y sujeto-ciudadano. Las asociaciones de mujeres, las revistas, los grupos de discusión y de investigación que abundan en estos países son índice de que la mujer, ella también por su parte, se mueve, toma la palabra y se expresa como parte interesada e imprescindible. 

Se trata, sin embargo, de un feminismo todavía prematuro: la mujer se siente más cómoda en condiciones machistas. Sólo se revelan las incómodas. Un feminismo fácilmente manipulable porque está muy ligado a los avatares del sistema.

Movimientos juveniles: Como una bomba a efecto retardado. Demografía galopante, pirámide piramidal, una adolescencia alargada y un futuro oscuro. Hay una clase de edad, pero no juventud. Hay una formación, pero no empleo. Hay discursos, pero no recursos. Los jóvenes se organizan. Entran en alianzas con los partidos. Su único lema: integrarse, insertarse. Ilusiones, sueños, amores. Tener un trabajo, una vivienda, rendir, vivir. Pero el monstruo, el NOI lo asfixia todo. Un Consejo Nacional par la Juventud para producir discursos. Una Asociación Nacional de Parados Diplomados para reunir fuerzas y soñar con el futuro.

¿La alternativa? Emigrar. En los últimos 10 años, 250.000 jóvenes de los países del Magreb emprendieron el camino hacia Europa en busca de otra perspectiva. Jóvenes formados y cultos.

Movimientos culturales: La manifestación del sujeto-individuo (el derecho a la individualidad) capaz de crear y recrear los mundos: el acceso a la cultura como dispositivo de autoliberación. La manifestación del sujeto colectivo (el derecho a la identidad) capaz de rehacer la historia: la reivindicación identitaria bereber.

Derechos del hombre: La construcción de los estados-nación en los países del Magreb ha permitido en cierto modo integrar el valor de la modernidad en los proyectos nacionales. Pero el hiato creciente entre la sociedad política y la sociedad civil ha dado una paradoja: un multipartidismo frente a espacios de libertad cada vez más restringidos. 

Para que haya más espacios de libertad, la sociedad civil crea sus dispositivos de defensa: las asociaciones pro derechos del hombre (Marruecos con tres asociaciones, Argelia y Túnez con una respectivamente).
 
¿Deslegitiman o legitiman estos movimientos el Estado y el sistema? Deslegitiman y legitiman a la vez.   Deslegitiman porque condenan las injusticias sociales. Legitiman porque imprimen el Estado que los reprime. Lo ayudan a continuar obligándolo a reformarse, a quitarse las máscaras, a entrar en nuevos juegos de consenso-disenso basados en más transparencia, más justicia y más libertad. 

Kais Marzouk EL OUARIACHI
Universidad de Fes (Marruecos






 
Univerdad Complutense de Madrid · Grupo de Investigacion THEORIA


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