EUROPA, FIN-DE-SIGLO: PENSAMIENTO Y CULTURA | UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID | LA UNIVERSIDAD A DEBATE

 [1998] YO ACUSO: contra la irracionalidad académica

1. Por fín, una Universidad del Estado Español, la Complutense de Madrid, se ha arriesgado a usar unos determinados criterios objetivos  --si bien, difícilmente objetivables en su aplicación--   para la promoción interna de su profesorado, siendo víctima   --inocente (?)--   de un trasnochado sistema que procede reformar con una reconocible urgencia, aunque, al parecer, de difícil consenso. Con ello se ha puesto de manifiesto lo obvio: la imposibilidad de salir de un círculo férreamente vicioso y viciado. Algo de lo que uno no se sorprende porque, aplicando la vigente racionalidad académica que impone la LRU, de antemano se sabía que escribir y publicar un libro vale tanto o menos que, por ejemplo, ocupar un cargo académico durante un curso escolar. Tampoco ha de escandalizarse uno si comprueba, como es el caso, que ciertos candidatos sean promocionables  -- primeros puestos--   con tan sólo tres, dos o ningún (!) título en mercado, según registro de la Agencia Española del ISBN. Y que, por el contrario, figuren otros como no promocionables  --puestos medios o bajos--   con diez o más títulos en mercado.

2. Comprobamos también que, sin ningún tipo de pudor, ciertos profesores "de indiscutible trayectoria democrática" usurpan áreas para las que formalmente no se les supone ni cualificados, ni expertos, ni mucho menos, representantes. Y, sin embargo, figuran dirigiendo / coordinando / asesorando... sesiones de/en congresos / encuentros científicos / revistas especializadas ... relegando prepotentemente a quienes ciertamente trabajan en el campo específico cuya titularidad excluyente esos otros se arrogan. Tal vez porque a estos genuinos universitarios, su dedicación   --sin lugar a dudas, en estos casos sí, en exclusiva--   no les deja tiempo para intrigas de café / pasillos, o en acotados espacios para relajadas tertulias.

3. Cuando un cargo académico es tan sólo una disculpa, un inmaduro pre-texto para hacerse (re)conocer. Cuando se utilizan (pseudo, aunque eficaces)posiciones de poder en Departamentos, Decanatos y Rectorados para diseñar estrategias que, en muchos casos, encubren oportunismos extra-académicos y/o ignorancia académica, bajo la disculpa de modernización / "democratización" de los órganos de gobierno y de la propia institución. Cuando todo eso sigue sucediendo impunemente, tal vez sea ahora tiempo para reivindicar la independencia y soledad del intelectual y seguir entonando ese conocido yo acuso, no por viejo, menos arriesgado en este caso.

4. Ha de respetarse, es cierto, la opción político-partidista/sindical con la que, en el ejercicio de libertades formales y en atención a su paralela condición de ciudadanos, puedan comprometerse nuestros profesores. Pero la Academia no debe, bajo ningún pre-texto, sentirse por ello agradecida por servicios que se prestan a y en nombre de otros intereses. Con el agravante de que se hace legitimándose en un status universitario y una coyuntural posición burocrática como funcionarios. Antes, al contrario, deberíamos denunciar el fraude y lamentar la pérdida que eventualmente supondría la reponsabilidad político-empresarial o sindical que asumen profesionales formados en, por (y se supone que para) la Universidad.

5. Ante semejante confusión no es extraño que los medios encuentren suficiente credibilidad y reconocible objetividad en sus filósofos, sociólogos o economistas, en sus historiadores, arquitectos, pintores o ensayistas ... Se asume, en verdad así, mucho menos riesgo, sin hipotecar el prestigio del soporte mediático.

* * *

6. Dejémonos de eufemismos y hablemos claro. Tan claro, si es preciso, como esa cultura de la trasparencia de un Otto Wagner o un Alfred Loos, que sólo han conseguido una circulación fluída por espacios que lamentablemente aún no son los del diseño arquitectónico del lenguaje al uso. Ahora, a finales de ese, este tan agitado siglo, se nos sigue repitiendo que ya no se corre el riesgo de perder la privacidad, por más que provocadoramente esté al alcance de cualquier turista/transeúnte. Porque esa integridad --se nos recuerda--   queda ahora garantizada por una (macro)subjetividad, por un sujeto globalizado, diluído en las modernas "ciudades-museo".

7. Hablemos claro. No hablemos(alto) ni en/para (el)público, si así se nos impone, si nuestro texto va a enturbiar visión interesada alguna, cualquier trasparencia con la que pretendan seducirnos los guardianes de discursos. Pero en un país donde se nos obliga a creer que no existe la pena de muerte, se nos sigue condenando a morir sin que nuestra muerte sea espectáculo: pretenden que se muera anónimamente, y lo que es peor, prescindiendo, por caducidad obligada, de oficios de difuntos, para poder traficar mejor con la muerte. Con macabra ironía se nos recuerda además que fue precisamente ése el destino por el que democráticamente los españoles(pre- europeos) optamos en 1978.

 8. Cuando hay miedo a decir las cosas estamos peligrosamente introduciéndonos en la antesala de la intolerancia. Cuando ese miedo lo disfrazamos de oportuno silencio  --no es verdad que guardarlo sea, en este caso, un acto de rebeldía--   probablemente ya estemos cerca de situaciones no muy lejanas de la barbarie. Cuando además, a aquellos que seguimos creyendo en las siglas y denunciamos el fraudulento uso que de ellas hacen sus oportunistas gestores, nos vemos sometidos a soportar cualquier tipo de persecución, más allá incluso de nuestro ámbito profesional, llegando si es preciso a juicios paralelos y linchamientos públicos. Cuando eso sucede   --está sucediendo--   es probable que éste sea ya un sofisticado Estado fascista, aunque orgánicamente simulado tras hipócritas adjetivaciones del tipo de democrático, social y de derecho.

9. Ya no nos duele España, ni Europa. Porque a esta España y a esa Europa la han negado ladrones de conciencias, raptores de utopías: los clanes ... los "maestros pensantes" de turno. Nos duele la férrea estructura orgánica de la Universidad —en sus complejas manifestaciones educativo-culturales y mediáticas—, que es lo mismo que asumir el desencanto de determinados servidores públicos que seguimos contra corriente esperando un milagro. Que registrar la frustración e impotencia de una sociedad que, aunque cada vez menos convencida, sigue, no obstante, creyendo que es útil nuestro oficio, que respondemos a sus legítimas demandas, que somos capaces de ofertarle aquello para lo que nos pagan: un conocimiento científico-técnico para una mayor y mejor explotación del medio sin destruirlo, que evite escandalosas desigualdades y que no nos siga obligando a mentir para guardar la coherencia. Para mantener un equilibrio, un nuevo orden, que ya pocos se creen que sea tan nuevo ni el mejor de los posibles. Que reconocer, por último, la soledad y justificado pesimismo de nuestros jóvenes, que nos acosan a preguntas muy bien formuladas, pero para las que no encontramos, no queremos tener o no nos dejan diseñar respuestas con-vincentes.

10. Moi, Pierre Rivière. Yo ..., por costumbre. Porque ya no puedo decir nosotros. Yo amo/odio ya no debe significar otra cosa: yo me amo/odio. Ahora lo entiendo: el prójimo siempre fue una pasión inútil. Confieso, sin embargo, que jamás olvidé mi paraguas. Porque he terminado por aceptar que es mejor prescindir de paraguas que le hurten a uno imprevistas caídas de agua, lluvias no invocadas ni pactadas, que nos devuelvan la ingenuidad perdida y con ella, limpios, libres de lustres, la posibilidad de re-visar todo lo mal-dito, de re-pensar el silencio. Y esperemos que no sea ya demasiado tarde para activar ciertos sueños, para arriesgarnos a soñar sueños tan hermosos.

11. Entre lo trivial y lo auténtico, parece que nos obligan a apostar por lo primero. La nuestra ha dejado de ser humana para convertirse en una condición rota, escindida. Je n'était jamais à Hiroshima. Yo no soy judío, no soy homosexual ... ¿Qué más da?. Nos han obligado a ser "lo otro", para que formemos parte de un absurdo batallón hacia la muerte. Nuestros credos, las modernas religiones de Estado, no han conseguido sustituir a las antiguas y ser verdaderamente religiones de vida. Para que podamos morir humanamente, "con dignidad" ... para reivindicar la verdadera y definitiva eutanasia, que sólo sería bella si ... ¿venciera a la idea de muerte?. Nos han obligado a estar en alguna parte para ser solventes y controlar así el resto de nuestra movilidad: la disidencia, la in-quietud tolerada. Para que continuemos circulando hasta que no quede flujo alguno que dé cuenta del valor de nuestra singularidad ... hasta que perdamos (nos roben) la identidad, ese nombre común que se nos había asignado en préstamo. Nos han hecho enamorarnos de una inmanencia torpemente trascendida, un dios poco atractivo, demasiado cercano y vulgar. Tal vez así sea ésta la única forma de que los héroes se conviertan, por fin, en terrenales, desaparezca la "carne" y quede al descubierto sólo la "piedra", desnuda y de-formada que ocultaban.

12. Porque han dislocado nuestros espacios con-fundiéndolos en, re-duciéndolos a tiempos virtuales. O porque, simplemente, hemos llegado demasiado pronto o excesivamente tarde, ni siquiera nos queda la esperanza. Esa fuerza con la que hasta no hace mucho ingénuamente anunciábamos: Tal vez mañana ... la revuelta.

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Tengo la sensación de que algo, hasta ahora importante, acaba. Tal vez porque Cronos ha terminado ya de engullir a sus hijos. Nuestro (hiper)tiempo nos ha traicionado: nos han condenado a un obligado y permanente exilio, somos ya definitivamente a-pátridas. Han caído/derribado demasiados muros, invirtiendo las fronteras. Y sin que se nos hubiera permitido haber pensado antes que tal  posibilidad era real: habernos imaginado, por ejemplo, cómo sería un espacio PPII, un sistema Planetario, Permanente, Inmediato e Inmaterial. Lo que añade una cierta crueldad morbosa. Aunque eso poco importe a un Bill Gates, un George Soros o a un Mario Vargas Llosa, y sí a los habituales clientes de la CNN o de la MTV. ¿Alles fertig?. ¡Qué torpes fuimos cuando interpretamos tan mal aquella afirmación de Ulrike Meinhof: Lo grave no es quemar, sino que alguien pueda poseer unos grandes almacenes. Pero entonces éramos hombres/mujeres divididos, militantes "de partido". Ahora   --confieso que, al menos ése es mi caso--   ¿de qué nos sirve (poder)ser angélicos si hemos perdido nuestro mechero?.



 [ROMAN REYES,  Septiembre de 1998]

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