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REALIDAD O FICCIÓN EN LOS EFECTOS PERJUDICIALES DE LOS TELÉFONOS MÓVILES

Este artículo intenta aclarar con las últimas evidencias científicas la polémica sobre los efectos perjudiciales para la salud de los teléfonos móviles.


En los últimos años ha surgido una polémica acerca de la seguridad en cuestiones de salud del uso de los teléfonos móviles. Entorno a este tema el Gobierno británico elaboró el Informe Stewart en Mayo de 1999 que concluía que no había pruebas suficientes sobre los peligros del uso de los teléfonos móviles pero que es un tema sin cerrar y necesitaba la información de investigaciones ulteriores.

Así The Lancet revisa este tema desde los puntos de vista dados por el Doctor Ken Rothman sobre los aspectos epidemiológicos y por el Doctor Hyland acerca de los mecanismos epidemiológicos de los supuestos efectos perjudiciales.

G.J Hyland centra su artículo en el planteamiento de los mecanismos fisiopatológicos por los cuales el teléfono móvil puede tener efectos perjudiciales para la salud y así se distinguen entre efectos térmicos y efectos no térmicos que no vienen citados en las guías de seguridad de los teléfonos móviles. Estos últimos basan su acción en la similitud oscilatoria entre la radiación por microondas y cierta actividad electroquímica de los organismos vivos; aún así la relación no es tan clara como con los efectos térmicos, y además no todas las personas tendrán los mismos efectos aunque se expongan al mismo nivel de radiación.

Los teléfonos móviles usan microondas entre 900-1800 Mhz para llevar la voz a través del medio aéreo y producen un campo magnético de baja frecuencia que procede de la batería del terminal.

Los efectos térmicos son consecuencia de la absorción de energía de las microondas por las moléculas de agua de los tejidos, y el calor producido depende de la intensidad de la radiación, de las propiedades de la materia y de los mecanismos termorreguladores. Los efectos perjudiciales térmicos aparecen cuando los mecanismos de regulación se ven superados y así hay aumentos de temperatura mayores a 1ºC. Existen áreas de mayor sensibilidad al aumento de temperatura, como son los ojos o los testículos que conlleva un aumento en el riesgo de cataratas o menor producción de espermatozoides; además hay estudios que parecen relacionar el uso de estos terminales con alteraciones del comportamiento y desórdenes psicológicos. Los terminales usados hoy en día no superan los límites máximos permitidos en cuanto a aumento de la temperatura. Estos efectos térmicos están descartados en áreas públicas cercanas a estaciones base que emiten radiación de microondas.

Los efectos no térmicos se resumen en alteraciones de la actividad eléctrica encontrada en el cerebro ( sobre todo en los ritmos alfa y delta), disminución de los movimientos rápidos oculares en el sueño REM, disminución de los potenciales de preparación lentos en algunas regiones del cerebro y ciertas alteraciones de la memoria. Además se ha encontrado un aumento de la tensión arterial durante la exposición.

Hay estudios in vivo e in vitro que muestran los efectos no térmicos de los teléfonos móviles y se relacionan con cierta actividad epileptógena, alteraciones de la inmunidad y aumento de las roturas del ADN. Aunque estos efectos son controvertidos ya que dependen del estado general de la persona en el momento de la exposición y dado que los estudios en animales no son totalmente extrapolables a humanos.

Parece ser que los efectos no térmicos se desarrollan fundamentalmente en cerebral, así los dolores de cabeza referidos al uso de estos teléfonos se pueden explicar por alteraciones del sistema opiáceo-dopaminérgico. También parecen explicarse las alteraciones mentales con cierta disrregulación de la melatonina y con las alteraciones del sueño REM y no-REM. Además se ha encontrado cierta relación con un aumento de los tumores neuroepiteliales quizás por el aumento de las roturas cromosómicas.

Aún así toda evidencia epidemiológica en relación a los efectos no térmicos es débil, pero no debe ser obviada y hay que esperar a los resultados de los estudios en curso, teniendo especial precaución con los posibles efectos en los niños debidos a que la absorción cerebral puede ser mayor por ser menor el espesor craneal y porque además el cerebro infantil es un órgano en formación.

En otro punto de vista el Doctor Rothman estudia los problemas más comúnmente asociados al uso de los teléfonos móviles, y así expone:

-Neoplasias: El problema principal reside en contestar si hay un aumento en el riesgo de neoplasia cerebral en la zona más cercana al terminal o si hay un aumento de incidencia en neurinomas del acústico. Para contestar se ha usado información procedente de estudios de exposiciones ocupacionales ya que éste es un tema nuevo. De ellos parece desprenderse la idea de que no se ha visto un aumento del riesgo de neoplasias asociado a la radiación por microondas, aunque en los sujetos que tenían como antecedente el uso de teléfonos móviles y desarrollaban una neoplasia cerebral en el lóbulo temporal u occipital parece que había cierta relación de lateralidad con el lado en que se colocaban el teléfono.

-Exposición a estaciones base con radiación por microondas: No hay consistencia epidemiológica de efectos perjudiciales para la salud en esta exposición.

-Interferencia con marcapasos: La frecuencia de interferencia o síntomas en pacientes portadores de marcapasos depende del tipo de marcapasos o colocación del teléfono. Hay una incidencia del 20% de interferencia siendo sólo el 7% sintomáticas. Se recomienda consultar al médico el posible uso de teléfonos móviles en pacientes con marcapasos.

-Colisiones con vehículos: Es el tema en el que más puede afectar a la salud los teléfonos móviles y no se relaciona con la radiación sino con la distracción que provocan al hablar mientras se conduce. Aumentan por 4 el riesgo de colisión y por 2 la mortalidad en los accidentes donde intervienen.

Se debe prestar especial atención a los estudios en marcha para poder afirmar con rotundidad la verdadera extensión de los efectos perjudiciales de los teléfonos móviles en nuestra salud.


FUENTE:

P.P Dendy, G.J Hyland, K.J Rothman. The Lancet. Vol 356. November 25, 2000


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