Maltz
Albert Maltz Declaraciones Biografía Filmografía



 

Martes, 28 de octubre de 1947
Cámara de los Representantes
Comité de Actividades Antiamericanas
Washington, D.C.



El Comité se reúne a las 10:30 de la mañana, el Honorable J. Parnell Thomas (Presidente) presidiendo.
Miembros presentes: el señor Robert E. Stripling, investigador jefe; los señores Louis J. Russell, H. A. Smith, Robert B. Gaston, investigadores, y el señor Benjamin Mandel, director de investigación.


Testimonio de Albert Maltz (acompañado por Robert W. Kenny y Bartley Crum)


Señor Stripling

Señor Maltz, ¿podría indicar su nombre completo y su dirección actual para la grabación, por favor?

Señor Maltz

Mi nombre es Albert Maltz. Vivo en el 6526 de la Avenida Linden Hurst, en Los Ángeles. Señor Presidente, me gustaría tener el privilegio de hacer una declaración, por favor.

El Presidente

¿Tiene preparada una declaración?

Señor Maltz

Tengo una declaración preparada.

El Presidente

¿Podemos verla, por favor?

Señor Maltz

Puedo preguntar si usted pidió al señor Gerald L. K. Smith ver su declaración antes de que se le permitiera leerla?

El Presidente

No era yo el presidente en ese momento

Señor Maltz

No obstante usted estaba en el comité, señor Thomas, ¿no es así?

El Presidente

Le hice muchas preguntas y le llevó mucho tiempo responder a algunas de ellas, también.

Señor Maltz

Estoy interesado en ello, pero aún me gustaría saber si examinaron su declaración antes de que se le permitiera leerla.

El Presidente

Bien, examinaremos la suya.

Señor Maltz

Deduzco que no quiere responder a mi pregunta, señor Presidente.

El Presidente

(Tras una pausa:)
Señor Maltz, el comité ha decidido unánimemente permitirle que lea su declaración.

Señor Maltz

Gracias.
            Soy ciudadano americano, y creo que no hay palabra que enorgullezca más en el vocabulario humano. Soy novelista y guionista y he producido cierto volumen de trabajo en los últimos 15 años. Como cualquier otro escritor, lo que he escrito ha venido del tejido global de mi vida—mi nacimiento en esta tierra, nuestras escuelas y juegos, nuestra atmósfera y libertad, nuestra tradición y curiosidad, crítica, discusión, tolerancia. Lo que quiera que soy, América me ha hecho serlo. Y yo, vuelvo a ello, no tengo lealtad más grande que la que tengo a esta tierra, al bienestar económico y social de su gente, a la perpetuación y desarrollo de su democrática forma de vida.
Ahora, cuando tengo 39 años, se me ordena presentarme ante la Cámara del Comité de Actividades Antiamericanas. Durante una semana entera este comité ha propiciado la aparición de un surtido de testigos bien ensayados para testificar que otros y yo somos subversivos y antiamericanos. Se nos ha negado la oportunidad que se le da a cualquier carterista en un tribunal de magistratura—el derecho a interrogar a estos testigos, refutar su testimonio, revelar sus motivos, su historia, y quiénes son exactamente. Más aún, esto concede a estos testigos la inmunidad del Congreso de modo que nosotros no podamos demandarlos por difamar y calumniar.
Mantengo que éste es un proceso maligno y malintencionado; es legalmente injusto y moralmente indecente—y pone en peligro a cada americano, en tanto que se pueden invadir los derechos de cualquier ciudadano, entonces las garantías constitucionales de cualquier otro americano se han trastornado y ya nadie está protegido de la tiranía oficial.
¿Qué es lo que este comité desea destruir de mí? ¿Mis escritos? Muy bien, refirámonos a ellos.
Mi novela, “La cruz y la flecha” (“The cross and the arrow”), se publicó en una edición especial de 140.000 copias por una agencia del Gobierno en tiempos de guerra, la edición de los servicios armados, para los militares americanos en el extranjero.
Mis relatos se han reimpreso en unas 30 antologías, por otros tantos editores americanos—todos subversivos, sin duda.
Mi película, “El orgullo de los Marines” (“The Pride of the Marines”), se estrenó en 28 ciudades en los banquetes por el Día de Guadalcanal bajo los auspicios del Cuerpo de la Marina de los Estados Unidos.
Otra película, “Destino Tokio” (“Destination Tokio”), se estrenó a bordo de un submarino de los Estados Unidos y fue acogida por la Marina como una película oficial de entrenamiento.
Mi cortometraje, “La casa en la que vivo” (“The house I live in”), recibió un premio especial de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas por su contribución a la tolerancia racial.
Mi relato, “El hombre más feliz de la Tierra” (“The happiest man on Earth”) ganó en 1938 el premio O. Henry Memorial a la mejor historia corta americana.
Esto, por tanto, es el volumen de trabajo por el cual a este comité le urge colocarme en la lista negra de la industria cinematográfica—y mañana, si se abre camino, también en el campo editorial y las revistas.
La fría censura, no la legislación, no me permitirá escribir. ¿Me frenará esta censura?, ¿y a los otros, que están señalados por sus ataques? Si se requiere aceptar las ideas de este comité para mantenerse inmune de la marca de antiamericanismo, entonces, ¿quién está completamente a salvo de este comité excepto los miembros del Ku Klux Klan?
¿Por qué más busca este comité destruirme ahora a mí y a otros? Por nuestras ideas, incuestionablemente. En 1801, cuando era Presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson escribió:
Una opinión, y el solo mantenimiento de ella, nunca debería ser un crimen desde mi punto de vista; ni tampoco causar ningún daño al individuo.
Pero hace pocos años, en el curso de una de las audiencias de este comité, el Congresista J. Parnell Thomas dijo, y cito de la transcripción oficial:
Sólo quiero decir ahora que parece que el “New Deal” está funcionando de la mano del Partido Comunista. El “New Deal” está con el Partido Comunista, o bien le hace el juego al Partido Comunista.
Muy bien, entonces hay aquí otra razón por la que yo y otros hemos sido llamados a presentarnos ante este comité—nuestras ideas. Como muchos americanos, yo apoyé el “New Deal”. Yo apoyé como muchos americanos, en contra del señor Thomas y el señor Rankin, la ley anti-linchamiento. Me opuse a ellos en mi apoyo a los controles de (OPA) y una ley para las viviendas de emergencia de los excombatientes y prácticas justas de empleo. Firmé peticiones para que se tomaran estas medidas, me uní a organizaciones que las defendían, hice aportaciones económicas, a veces me expresé desde plataformas públicas, y continuaré haciéndolo. Llevaré mi filosofía tomada de Thomas Payne, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y no seré mandado ni  intimidado por personas para las que el Ku Klux Klan, a los efectos del comité, es una institución americana aceptable.
Sostengo, más aún, que en muchas cuestiones de interés público mis opiniones como ciudadano no siempre han sido las mismas que las de la mayoría. Ellos ahora no tendrán mis opiniones nunca amañadas ni invariables, ni tampoco son ahora amañadas ni invariables; pero, bien o mal, pido e insisto en mi derecho a pensar libremente y a hablar libremente; asociarme al Partido Republicano o al Partido Comunista, Demócrata o el Partido de la Prohibición (Prohibition Party); a publicar lo que sea que quiera; a organizar mis ideas o cambiar de opinión, sin seguir el dictado de nadie; a ofrecer cualquier crítica que considere que encaje en cualquier público oficial o política; a asociarme a las organizaciones que yo quiera, sin importarme lo que ciertos legisladores puedan pensar de ello. Por encima de todo, desafío el derecho de este comité a investigar mis creencias políticas o religiosas, en cualquier manera o grado, y afirmo que no sólo la conducta de este comité sino su sola existencia es una subversión a la Declaración de los Derechos.
Si yo fuera portavoz del General Franco, no estaría aquí hoy. Prefiero estar aquí. Preferiría morirme a ser un americano mezquino, humillándome ante hombres cuyos nombres son Thomas y Rankin, pero que ahora desarrollan actividades en América como las que hicieron en Alemania Goebbels y Himmler.
Los americanos van a tener que elegir entre la Declaración de Derechos y el comité de Thomas. Las dos cosas no pueden ser. Uno de los dos debe ser abolido en un futuro inmediato.

El Presidente

Señor Stripling (aporreando el mazo). Señor Stripling.

Señor Stripling

Señor Maltz, ¿a qué se dedica?

Señor Maltz

Soy escritor.

Señor Stripling

¿Trabaja usted para la industria cinematográfica?

Señor Maltz

Trabajo en distintas áreas como escritor y algunas veces he aceptado trabajo en la industria cinematográfica

Señor Stripling

¿Ha escrito los guiones de varias películas?

Señor Maltz

Es una cuestión de conocimiento público que he escrito guiones para determinadas películas.

Señor Stripling

¿Es usted miembro del Sindicato de Guionistas?

Señor Maltz

Lo siguiente que me va usted a preguntar es a qué grupo religioso pertenezco.

El Presidente

No, no; no vamos a hacerlo.

Señor Maltz

Y cualquier pregunta cómo ésa—

El Presidente

Lo sé.

Señor Maltz

Es un claro atentado de invadir mis derechos protegidos por la Constitución.

Señor Stripling

¿Tiene alguna objeción a responder si es o no miembro del Sindicato de Guionistas?

Señor Maltz

No he puesto ninguna objeción a responder la pregunta. Al contrario, remarco que lo siguiente es que me pregunten si soy o no miembro de cierto grupo religioso y sugerirme que seré incluido en una lista negra de la industria porque soy miembro de un grupo que a ustedes no les gusta.(El Presidente aporrea el mazo).

Señor Stripling

Señor Maltz, ¿declina responder a la pregunta?

Señor Maltz

Ciertamente no declino responder a la pregunta. He respondido a la pregunta.

Señor Stripling

Repito, ¿es usted miembro del Sindicato de Guionistas?

Señor Maltz

Y yo repito mi respuesta, señoría, de que cualquier pregunta de ese tipo es un intento obvio de invadir mi lista de organizaciones como ciudadano americano y yo sería un mezquino americano si no respondiera como lo he hecho.

Señor Stripling

Señor Maltz, ¿es usted miembro del Partido Comunista?

Señor Maltz

Lo siguiente que me va a preguntar es cuáles son mis creencias religiosas.

Señor McDowell

Eso no es responder a la pregunta.

Señor Maltz

Y usted va a insistir ante varios miembros de la industria que dado que a ustedes no les gustan mis creencias religiosas, yo no debería trabajar en la industria. Cualquier pregunta de ese tipo es bastante irrelevante.

Señor Stripling

Repito la pregunta. ¿Es usted ahora o ha sido alguna vez miembro del Partido Comunista?

Señor Maltz

He respondido la pregunta, señor Quisling. Lo siento. Quiero que sepan—

Señor McDowell

Hago una objeción a esa declaración.

El Presidente

Que se retire el testigo. No más preguntas. Típica línea comunista.

Señor Stripling

Sólo un momento, señor Presidente. Antes de que el testigo abandone el banco me gustaría que su abogado, el señor Kenny, ocupe un momento el banco

El Presidente

No. Quiero que este testigo abandone el banco, y entonces el señor Kenny lo ocupará.

Señor Maltz

Vamos allá con la grabación trucada. (El testigo abandona el banco).

El Presidente

Señor Kenny, ¿puede ocupar el banco, por favor? Levante su mano derecha, por favor.

Señor Stripling

Su mano derecha.

El Presidente

Su mano derecha.

Señor Crum

No puede levantar su mano derecha

El Presidente

¿No puede?

Señor Crum

No; está lisiado.

El Presidente

¿Jura usted solemnemente que el testimonio que va a dar es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?

Señor Kenny

Lo juro.

El Presidente

Siéntese, por favor.

Testimonio de Robert W. Kenny


El Presidente

Señor Kenny, la razón por la que le hemos pedido que ocupara el banco esta tarde es un artículo de prensa que se ha publicado en el “Times-Herald” de esta tarde.

Señor Kenny

Sí; yo también lo he visto.

El Presidente

Me gustaría leérselo a usted y así usted sabe con certeza a qué me refiero:
Abogado de 19 “testigos de defensa” en la Cámara de investigación de Rojos-en-la-tierra-del-cine dijo hoy que aconsejaría a todos sus clientes a provocar la acusación rechazando responder si son o no comunistas.
El abogado hollywoodiense Robert W. Kenny dijo que también aconsejaría a los otros 18 que evadieran la cuestión.
Señor Kenny, ¿es correcta esta cita?

Señor Kenny

Bien, señor Thomas, me ha puesto en una posición doblemente vergonzante. Como antiguo articulista siempre he tenido como práctica nunca desautorizar cualquier cosa que se pueda publicar en un periódico. El otro problema, por supuesto, es la relación entre abogado y cliente, y también es una situación privilegiada.Puedo decir, sin embargo, que lo que he dicho—y las palabras son pobres portadoras de significado—es que el resumen que le he presentado a usted y a los otros miembros del comité ha sido también leído por mis clientes y que espero que ellos sigan la ley que se expone en ese resumen.
Ahora, si usted recuerda el resumen—

El Presidente

Recuerdo el resumen. Lo que quiero saber es, primero, ¿es ésta una cita correcta?

Señor Kenny

Bien, tendré que decir que eso no es muy correcto.

El Presidente

¿No muy correcto?

Señor Kenny

Pero también he dicho que lo que un testigo hace en su relación con este comité es una cuestión entre el comité y el testigo. Lo mejor que pueden hacer los abogados es dar al cliente el mejor consejo constitucional que podamos. Y eso es exactamente lo que yo incluí en el resumen, que exponía que sentíamos que este comité era inconstitucional e ilegal.

El Presidente

Muy bien. A esto es a lo que quiero llegar. Lo que me gustaría saber es si aconsejó a sus clientes, que van a testificar aquí, tres de los cuales ya han ocupado el banco y rechazado responder a las preguntas—

Señor Kenny

Señor Thomas, estoy seguro—

El Presidente

¿Aconsejó a sus clientes que no respondieran a las preguntas que les hiciera este comité o el investigador jefe?

Señor Kenny

Usted no es abogado, señor Thomas, y, como creo que su abogado, o alguien, le habrá aconsejado, eso sería altamente inapropiado. Si hay una cosa que es sagrada en este país son los consejos que da un abogado a sus clientes.

El Presidente

Oh, sí

Señor Kenny

Estoy seguro de que usted no pretende invadir eso.

El Presidente

Lo aprecio. No soy abogado; lo admito.

Señor Kenny

No.

El Presidente

Pero me gustaría saber, como presidente de un comité del congreso, si usted como abogado de estos testigos, les aconsejó o no responder a las preguntas que les hiciera este comité del congreso o su investigador jefe.

Señor Kenny

Señor Thomas, quedaría avergonzado ante 100000 abogados de los Estados Unidos si respondiera a esa pregunta. Es una cosa que no se puede responder.

El Presidente

¿Tiene usted aquí el estatuto, señor Stripling?

Señor Stripling

Sí.

El Presidente

Me gustaría leer el estatuto, porque si usted les dio ese consejo usted estaría haciendo todo lo que pudiera para frustrar este comité del congreso, y usted estaría metido en un problema más serio que algunos de sus testigos.

Señor Kenny

Bien, señor Thomas, no estoy aquí para ser interrogado por este comité. Creo que es la impropiedad más grande preguntar a un abogado qué consejo ha dado a su cliente.

El Presidente

Me gustaría leer este estatuto.

Señor Kenny

Oh, sí; claro que sí.

El Presidente

Éste es el Código Criminal sección 37, conspirar para cometer una ofensa contra los Estados Unidos:
Si dos o más personas conspirasen para cometer cualquier ofensa contra los Estados Unidos o para estafar a los Estados Unidos, de cualquier forma, o con cualquier propósito, y una o más de esas personas hicieran alguna acción para efectuar el objeto de la conspiración, cualquiera de las partes de tal conspiración podría ser multada con hasta 10000 dólares, o encarcelada hasta 2 años, o ambas cosas.
Fechado el 4 de marzo de 1909.
Ahora, por tanto, ¿dijo usted que este artículo del “Times” no está en lo correcto?

Señor Kenny

Sí, señor Thomas. Le he dicho que no puedo, por supuesto, decirle qué consejo le he dado a mis clientes. Eso es, obviamente, sin dramatizar sobre ello, una invasión de los derechos más sagrados—como el derecho entre una persona que confiesa y la que recibe la confesión, o entre doctor y paciente. Ésas son las comunicaciones más confidenciales que tenemos.

El Presidente

No, no. Le estoy preguntando ahora por una declaración que hizo al periódico, no sobre lo que les dijo a sus clientes.

Señor Kenny

Está bien.

El Presidente

Ahora tiene que ver con una declaración hecha al periódico. ¿Ha hecho usted esta declaración al periódico?

Señor Kenny

No. Lo que dije antes al comité es que lo que le he dicho al periódico en respuesta a una pregunta acerca de cuál sería la dirección que seguirían mis clientes, es que todos mis clientes habían tenido la oportunidad de leer el mismo resumen que he dado a este comité, y que esperaba que mis clientes tuvieran mayor respeto por mis conocimientos legales que el que tiene este comité.

El Presidente

Ya veo; sí. Bueno, espero que lo tengan. (Risas)
Sigo con el periódico—

Señor Stripling

Señor Presidente, ¿puedo interrumpir?

El Presidente

Un momento.

Señor Stripling

Es el “United Press”.

El Presidente

Volviendo al artículo del periódico, ¿en qué manera es este artículo, ha fallado el artículo al transmitir lo que usted dijo?

Señor Kenny

Bien, tendré que examinarlo.

El Presidente

El que acabo de leer.

Señor Kenny

Tendría que examinarlo, señor Thomas, por favor.
(Tras una pausa:)
Bien, esto, como dije, me pone en la situación de desautorizar a un periodista; pero los periodistas no son todos abogados; sólo algunos ex periodistas lo son—no dije que aconsejaría a mis clientes que provocaran su acusación. Esto es el primer párrafo. Esto es algo que simplemente no aconsejé a mis clientes que hicieran.

El Presidente

¿No lo hizo?

Señor Kenny

Porque creo que mis clientes han actuado todos de manera que no provocarían  que una acusación prosperara.
Ahora, veamos el siguiente párrafo. No se refiere a mí.
Dijo Kenny—
Discúlpeme. Disculpe la expresión—
También aconsejaría a los otros 18 evitar la cuestión.
Bien, ahora, lo que indudablemente dije es que ellos probablemente van a ser invitados a evitar la cuestión. No aconsejo a nadie que evite ninguna cuestión. No soy tan mal abogado.

El Presidente

Le diré, como Presidente, señor Kenny, que quiero que sepa que usted se ha librado temporalmente, pero que si el Comité determina que es una violación de la Ley de Conspiración, entonces el comité consideraría llevar la cuestión ante el Fiscal de los Estados Unidos.

Señor Kenny

Es correcto, señor Thomas. Debo decir que el comité también se ha librado de una, porque estoy seguro de que el comité no intentará invadir el espacio sagrado de la relación entre abogado y cliente.

El Presidente

Oh, no; ni tampoco usted querrá cometer conspiración.

Señor Kenny

Ninguno (ni el comité ni yo) está intimidado; ¿es eso correcto, señor Presidente?

El Presidente

Llamaremos al siguiente testigo.

Señor Stripling

Señor Presidente, creo que debemos continuar seguidamente con la documentación sobre el señor Maltz y el comunismo antes de que prosigamos.

Señor Kenny

Me pregunto, señor Presidente, si habría alguna oportunidad en algún lugar para que un abogado registrara una objeción y una moción para bloquear el testimonio que concierne a esos dosieres de los testigos Maltz, Lawson, Trumbo, que han testificado ya, basándose en que son rumores?

El Presidente

Cuando escuchemos a todos esos testigos—creo que son 18 ó 19; creo que quizá se está dejando un par—pero, de todas formas, 18 ó 19, cuando les hayamos escuchado a todos, y tengamos esos dosieres, como usted les llama, bien ordenados en la grabación, estaremos encantados de recibir su moción.

Señor Crum

Gracias.

Señor Kenny

¿Podré, en esa ocasión, discutirlos larga y oralmente?

El Presidente

Oh, largamente. Señor Stripling, proceda.

Señor Stripling

Pido que el señor Russell ocupe el banco. El señor Russell ya se ha identificado previamente, y ha hecho juramento

 

 

 

Testimonio de Louis J. Russell p. 370- 383