NÓMADAS - REVISTA CRÍTICA DE CIENCIAS SOCIALES Y JURÍDICAS
11-2005/1 | Universidad Complutense de Madrid | ISSN 1578-6730
Posoperaismo, fin de la teoría laboral del valor
y nueva dimensión conflictiva de la clase
Apuntes y reflexiones
Pablo Iglesias Turrión
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Resumen:  El presente artículo aborda cuestiones relativas a algunas de las propuestas teóricas de la "escuela" conocida como Postoperaismo italiano. El fin de la teoría laboral del valor -que Marx desarrollara en El Capital- a partir de la interpretación del fragmento sobre las máquinas de los Grundrisse, su manifestación en el modo de producción postfordista y la nueva configuración de la clase en términos antagónicos y conflictivos, serán las temáticas a abordar. En cualquier caso, los presentes apuntes en forma de artículo no pretenden ser sino un puñado de notas a pié de página como intento de revisión de una parte de la bibliografía en castellano -en cualquier caso incompleta- referida al Postobrerismo y de aportación de elementos que permitan entender la influencia de esta corriente teórica, en determinados sectores de los movimientos globales en Italia y Europa.

Palabras clave: Marxismo, Postobrerismo, plusvalía, clase, Postfordismo

Nota a propósito de estos apuntes y de la bibliografía | 1. Introducción 2. Notas tras la lectura de “El Fragmento” 3. Realización de la profecía de “El fragmento” en el postfordismo | 4. La clase | Precari@s y parad@s | Multitud | Conflicto y liberación | Reconocimientos | Bibliografía citada | Notas


Nota a propósito de estos apuntes y de la bibliografía

Los presentes apuntes tienen su origen en la presentación que realizamos en el curso impartido por Diego Guerrero "Historia del pensamiento económico heterodoxo", el 21 de mayo de 2004. En aquella ocasión, defendimos el postobrerismo como una posibilidad de heterodoxia en el pensamiento económico, desde el rechazo de la teoría laboral del valor, que trataba de sostenerse en el propio Marx (el Marx de "El Fragmento sobre las máquinas" en este caso). En esta ocasión, siguiendo los consejos de Mario Domínguez, hemos tratado de llevar a cabo las correcciones formales necesarias para reconvertir la ponencia en artículo y hemos intentado también retomar cuestiones que habíamos examinado con anterioridad, como la influencia del postoperaismo en la práctica y el discurso político de algunos sectores de los movimientos globales (particularmente en Italia) y la actualidad de la posibilidad comunista como movimiento real de cuestionamiento.

La bibliografía de la que nos hemos servido para la realización de esta ponencia viene indicada al final. En cualquier caso hay 4 obras fundamentales a señalar: El cuaderno VI de los Grundrisse (1), y las obras de Antonio NegriMarx, más allá de Marx”, de Paolo Virno “Virtuosismo y Revolución” y de Diego Guerrero “Historia del pensamiento económico heterodoxo”.

Hay en cualquier caso, a propósito del obrerismo y el postobrerismo, algunas obras fundamentales que merecen ser reseñadas. Aparte de las revistas "Futuro anteriore", "Luogo Comune", Derive Approdi" y "Posse" (las dos últimas en activo) pueden consultarse de Virno, P. y Hardt, M. Radical thought in Italy. Minneapolis, University of Minesota Press, 1996, y de Steve Wright. Storming Heaven. Class composition and struggle in Italian Autonomist Marxism. Pluto Press, London 2002, definido por Sergio Bologna como el primer libro de historia sobre el obrerismo italiano que interrumpe la línea memoristico-autobiográfica de los materiales disponibles hasta ahora (Bologna, 2003; 212). Recomendamos asimismo visitar la web en castellano AutSoc (2).

1. Introducción

Durante los años 60 y 70, de un modo quizá más intenso incluso que Francia o Alemania, Italia conoce el desarrollo de poderosos movimientos sociales revolucionarios (3).

Una de las consecuencias teóricas de este periodo, es la relectura por parte de estudiosos vinculados a experiencias como Potere Operaio o los Quaderni rossi (4) de los Grundrisse de Marx en clave revolucionaria, en particular “El fragmento sobre las máquinas” al que nos referiremos con detalle. Como señala el propio Negri en la introducción a la edición castellana de “Marx más allá de Marx” (probablemente una de las obras más importantes de este periodo), las ideas expresadas en este libro nacieron del movimiento revolucionario de la década de 1970 (2001; 10). De forma similar, Virno refiere que “El Fragmento” representó un instrumento de orientación frente a la cualidad inédita de las huelgas obreras, de algunos comportamientos de la juventud, de la introducción de los robots en las cadenas de montaje y de los ordenadores en las oficinas (2003 c; 77). La lectura del “Fragmento” permitía desenmascarar la neutralidad de la ciencia, demostraba la imposibilidad de disociar técnica y mando, cuestionaba las teorías de relaciones humanas, permitía criticar desde nuevos planteamientos el socialismo real, el mito del trabajo (2003 c; 79) y, en última instancia, permitía vislumbrar la posibilidad de la liberación y el comunismo mediante la emancipación de la fuerza de trabajo de su condición de mercancía.

La huida de la fábrica en un contexto de reestructuraciones industriales y existencia de instituciones de protección social en el Estado del bienestar italiano, requería construir formas de conflicto y cuestionamiento de clase, en el tiempo de no trabajo. Esa fue una de las tareas que emprendió la Autonomía. Como dice Virno, los movimientos de los años 70 señalaron esta mentira –el tiempo de trabajo como unidad de medida- para tratar de sacudirla y abolirla. Quisieron imponer una versión, eminentemente conflictiva de una tendencia que se entendía objetiva, reivindicando el derecho al no trabajo, provocando una migración colectiva fuera de la fábrica y revelando el carácter parasitario de la actividad bajo dominio patronal (2003 c; 81).

Durante los 80 y los 90, estos autores siguieron desarrollando sus tesis sobre el fin de la ley del valor y los nuevos modos de producción capitalista. Destacan, como señalábamos con anterioridad, publicaciones como Futuro anteriore o Luogo Comune.

En términos generales, el planteamiento fundamental del postobrerismo es el que sigue: Ante la ley del valor entendida como la determinación del valor de cualquier mercancía por la cantidad de tiempo de trabajo que lleva incorporado (Marx, 1962-Libro1º; 6), los postobreristas entienden que, en los modos de la producción postfordista, el saber abstracto como fuerza objetivada del conocimiento, deviene la principal fuerza productiva, relegando el tiempo del trabajo asalariado a una posición no central en la creación del valor. Para estos autores ello respondería a una tendencia en el desarrollo del capitalismo que habría sido prevista por el propio Marx en los Grundrisse como una extraordinaria anticipación teórica de la sociedad capitalista madura (Negri, 2001; 8) en términos de autodestrucción capitalista y liberación.

Nos referiremos a continuación con más detalle mediante algunas anotaciones y referencias directas a la inquietante reflexión marxiana de “El Fragmento”.

2. Notas tras la lectura de “El Fragmento”.

Marx escribió los Grundrisse entre 1857 y 1859. La Einleitung (Introducción) fue publicada por Kautsky en 1903 y el resto se publicaría con posterioridad. Para el tema objeto de estas anotaciones, centraremos nuestra atención en los cuadernos 6 y 7 (5).

Los Grundrisse están considerados la última obra de juventud de Marx. Resultaría discutible, por tanto, si pueden incorporarse al armazón teórico de la economía política marxista. En este sentido, Virno reconoce sin más que, en los Grundrisse, nos topamos con un Marx, muy poco marxista (2003 a: 32), previo a la metodología de El Capital. Negri, sin embargo, afirma que es posible reconquistar ... un nivel correcto de lectura de El Capital, únicamente si se relee éste a partir de ese mecanismo categorial que los Grundrisse han encerrado en el antagonismo más irresoluble (2001; 33). La polémica, que en ningún caso pretendemos resolver, esta más que servida. Si, como señala Guerrero citando a Martínez Marzoa, la “teoría del valor” y su desarrollo en El Capital es la verdadera obra filosófica de Marx (1997; 61 y 211), nos encontramos frente a un problema de interpretación de la epistemología marxista/marxiana.

Precisamente, es en la sugerencia de este problema donde creemos que se encuentra la conveniencia y el sentido de este trabajo. Si, como indica Guerrero, la historia de la heterodoxia esta ligada a la teoría del valor basada en el trabajo (1997; 14) y la base científica de este debate –ortodoxos versus heterodoxos- es ... la confrontación entre la teoría laboral del valor... y las teorías alternativas del valor, basadas fundamentalmente en el concepto de utilidad marginal del consumidor (1997; 15) sugerir una hipótesis teórica contra la vigencia de la ley del valor, a partir del propio Marx y de los estudios de una escuela radical que reivindica el pensamiento de éste (e incluso el de Lenin (6)), nos ha parecido interesante para redactar, compartir y discutir estas notas.

¿Qué dice Marx en los Grundrisse? Dice que el desarrollo del Capitalismo va arrinconando al tiempo del trabajo asalariado hasta convertirlo en una parte secundaria en la forma de organización del Capital. Y, en este punto, sugiere una vía para la emancipación y el comunismo a partir de la contradicción entre un proceso productivo fundamentado en la ciencia (como capital objetivado) y el sistema de medición de la riqueza basado en la cantidad de trabajo incorporado en las mercancías.

Cuando Marx dice que en la misma medida en que el tiempo de trabajo –el mero cuanto de trabajo- es puesto por el capital como único elemento determinante, desaparecen el trabajo inmediato y su cantidad como principio determinante de la producción ... en la misma medida, el trabajo inmediato se ve reducido cuantitativamente a una proporción más exigua y cualitativamente a un momento sin duda imprescindible, pero sin duda subalterno frente al trabajo científico general (1972: 222) esta pronosticando la perdida de centralidad productiva del tiempo de trabajo. Y cuando, a continuación, afirma que el capital trabaja, así, a favor de su propia disolución como forma dominante de la producción (ibídem) esta abriendo la puerta a la liberación por un camino distinto al de El Capital.

La objetivación del trabajo como saber científico en la máquina, implicaría que el tiempo deja de ser un instrumento de medida adecuado: el capital ha capturado y puesto a su servicio todas las ciencias ... el modo determinado de trabajo ... se presenta aquí directamente transferido del obrero al capital bajo la forma de máquina, y en virtud de esta transposición, se desvaloriza su propia capacidad de trabajo (1972: 227).

La primera parte de la “profecía” del Marx de los Grundrisse, el fin de la ley del valor a partir del propio desarrollo capitalista, adquiere su dimensión más inquietante en los siguientes párrafos del Cuaderno VII que reproducimos: El robo de tiempo de trabajo ajeno, sobre el cual se funda la riqueza actual, aparece como una base miserable comparado con este fundamento, recién desarrollado, creado por la gran industria misma. Tan pronto como el trabajo en su forma inmediata ha cesado de ser la gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja, – nótese el tiempo presente- y tiene que dejar, de ser su medida, y por lo tanto el valor de cambio deja de ser la medida del valor de uso. El plustrabajo de la masa ha dejado de ser condición para el desarrollo de la riqueza social, así como el no-trabajo de unos pocos ha cesado de serlo para el desarrollo de los poderes generales del intelecto humano (1972: 228 y 229).

La segunda parte de la “profecía”, el fin del capitalismo y la posibilidad comunista, aparece a continuación: Con ello se desploma la producción fundada en el valor de cambio, y al proceso de producción material inmediato se le quita la forma de la necesidad apremiante y el antagonismo. Desarrollo libre de las individualidades, y por ende no reducción del tiempo de trabajo necesario con miras a poner plustrabajo, sino en general reducción del trabajo necesario de la sociedad a un mínimo, al cual corresponde entonces la formación artística, científica, etc. de los individuos gracias al tiempo que se ha vuelto libre y a los medios creados para todos –el comunismo-. El capital mismo es la contradicción en proceso, que tiende a reducir a un mínimo el tiempo de trabajo, mientras que por otra parte pone al tiempo de trabajo como única medida y fuente de riqueza... despierta a la vida todos los poderes de la ciencia y de la naturaleza, así como de la cooperación y del intercambio sociales, para hacer que la creación de la riqueza sea (relativamente) independiente del tiempo de trabajo empleado en ella ... Las fuerzas productivas y las relaciones sociales ... constituyen las condiciones materiales para hacer saltar a esa base por los aires (1972: 229).

Señalaremos, por último, las referencias de Marx al concepto de general intellect, que resultarán cruciales para la descripción de los modelos productivos en el postfordismo por parte de los postobreristas. Al referirse al capital fijo, Marx señala que el desarrollo del capital fixe revela hasta qué punto el conocimiento o knowledge social general se ha convertido en fuerza productiva inmediata y, por lo tanto, hasta qué punto las condiciones del proceso de la vida social misma han entrado bajo los controles del general intellect y remodeladas conforme al mismo. Hasta qué punto las fuerzas productivas sociales son producidas no solo en la forma del conocimiento, sino como órganos inmediatos de la práctica social, del proceso vital real (1972; 230).

Antes de entrar en la significación que, para los postobreristas, adquieren estos planteamientos a la hora de describir el postfordismo, señalaremos al menos dos puntos de fractura que esta lectura del Marx de “El Fragmento” provoca respecto a las lecturas más convencionales.

En primer lugar, si en el Marx de El Capital el tipo de trabajo que caracteriza a la sociedad capitalista es el trabajo asalariado, si puede afirmarse que en todas las mercancías hay cierta cantidad de gasto de trabajo humano en general y si las únicas propiedades comunes, cuantificables y exclusivas de todas las mercancías reproducibles por el hombre son las de ser producto de este trabajo humano y tener un precio (7) (Guerrero, 1997; 63) creemos que, hasta aquí, hemos aportado material suficiente para establecer un debate en torno a la vigencia en el tiempo de la teoría laboral del valor (al menos en lo que respecta a la visión del propio Marx).

En segundo lugar, Marx aporta en estas páginas una hipótesis de emancipación diferente de las habituales. A la diagnosis del embarazo socialista del capitalismo sobre la base de la teoría del valor-trabajo (Guerrero, 1997; 24) habrá que añadir un segundo embarazo sobre la base del fin de la ley del valor, cuya “base miserable” habrá de saltar por los aires (Marx, 1972; 228 y 229).

3. Realización de la profecía de “El fragmento” en el postfordismo.

Trataremos ahora de exponer los principales planteamientos de los autores postobreristas en su descripción del modo de producción postfordista.

La primera profecía de Marx, la fuerza de trabajo convertida en base miserable, se habría cumplido en  el postfordismo.

Estos autores definen el postfordismo como el modo de producción del capitalismo actual basado en el general intellect. Si el fordismo representó, en su formación a finales del siglo XIX, la modificación de las relaciones salariales y productivas, la hegemonía de la gran firma y el oligopolio concentrado, y la definición de los principios de la organización científica del trabajo (inclusión del cronómetro, la cadena de montaje etc.), el postfordismo comenzaría a tomar forma desde mediados de los años 60 a partir de la inversión de la secuencia keynesiana “Demanda-producción-empleo” y las políticas de desinflacción competitiva, asumidas tanto por los liberales-conservadores como por los social-liberales (Virno, 2003 c: 25 y 26). El modo de producción postfordista se caracterizará así por la informatización, la automatización en las fábricas y por la hegemonía del trabajo inmaterial y terciarizado.

La ley del valor, entonces, habría perdido toda su vigencia en lo que respecta al trabajo asalariado. Negri y Hardt lo expresan de manera cristalina en las páginas de Imperio: en cierto momento del desarrollo capitalista, que Marx solo vislumbró como el futuro, los poderes de la fuerza laboral se fortalecieron con los poderes de la ciencia, la comunicación y el lenguaje. ... Lo que Marx vio como el futuro es nuestra época (2002; 332). En la misma dirección Herrera y Vercellone señalan que Marx anticipa ... ciertos aspectos claves de una coyuntura histórica en la cual el valor productivo del trabajo intelectual y científico deviene dominante ,y el saber se resocializa, convirtiéndose en la principal fuerza productiva (2002; 141).

En el postfordismo, al capital fijo se le une la producción inmaterial como producción colectiva (Marazzi 1994; 86). La productividad no se puede medir en base a la cantidad de producto por hora trabajada, ni se puede referir a una empresa o a un sector específico, sino a un conjunto de factores que ... trascienden al trabajador individual, permitiéndole ser creador de riqueza en tanto miembro de una colectividad (1994; 87). Para Virno la conexión entre saber y producción no se agota en absoluto en el sistema de máquinas, sino que se articula en la cooperación lingüística de hombres y mujeres (2003 b: 37).

En el general intellect, como principal recurso de la producción postfordista, convivirían  conocimiento y conciencia, construyendo a los nuevos trabajadores (dentro y fuera del trabajo) como complejas máquinas de producción sin que -deban- adoptar un cuerpo mecánico ni tampoco un alma electrónica (Virno, ibídem). Se confirmaría la previsión marxiana de la caída tendencial del control del capital sobre la división del trabajo (Herrera/Vercellone, 2002; 140).

El trabajo seguirá siendo un elemento central en la producción de riqueza, pero en su forma inmaterial (no cuantificable a través del tiempo socialmente necesario). El espacio y el tiempo para la creación plusvalor, se encontraría más allá del trabajo socialmente necesario y el lugar de trabajo. El proceso de valorización tiende a identificarse con el proceso de producción de la comunicación social ... el concepto de trabajo inmaterial tiene como presupuesto y resultado una ampliación de la cooperación productiva que llega a incluir la producción y la reproducción de la comunicación y por ello de su contenido más importante: la subjetividad (Lazzarato 2001; 38).

La comunicación como elemento central en la producción implica una redefinición completa de las formas de creación de valor en la nueva producción capitalista. Lazzarato propone diferentes ejemplos. Destacaremos el de la pre-producción. Ciertamente, no es difícil apreciar hoy en día, que la concepción e imaginación de algunas mercancías objeto de consumo forma parte del propio proceso de producción. En esa tarea de pre-producción abstracta, el consumidor juega un papel determinante. Así, un teléfono móvil, un vídeo-juego, un programa de televisión o un automóvil antes de fabricarse debe estar vendido. El consumidor participa así de la elaboración del producto, elige en un mercado en el que la mercancía estándar ya no vale como receta, un mercado en el que el marketing y la publicidad aparecen como mecanismos de dominación e integración ideológica, implicando al consumidor en la producción, robando y alienando su antagonismo fuera del tiempo de trabajo (Lazzarato 2001; 39). La mercancía en el postfordismo construye necesidades, ideología, moda, preferencias estéticas, no se destruye en el acto de consumo, sino que amplia, transforma, crea el ambiente ideológico y cultural del consumidor (2001; 40). En el postfordismo las tonalidades éticas y emotivas se ponen al servicio de la productividad (Sánchez Cedillo, 2001: 70).

La sociedad deviene clientela en un mundo en el que todos los instrumentos de comunicación lo son a la vez de venta (la televisión, la radio, la prensa escrita, internet, incluso existen empresas que ofrecen servicios telefónicos gratuitos a cambio de introducir publicidad). El mismo hecho de la existencia y creciente importancia de las organizaciones de consumidores mostraría irónicamente hasta que punto es concebible un tipo de sociedad civil en tanto que productiva al consumir.

Desde el momento en que la producción y la acumulación capitalista invade cuerpos y mentes (la subjetividad productiva); desde el momento en que la mercancía es en sí un instrumento de dominio ideológico, el concepto de biopoder al que se refiere Negri, se nos muestra con toda claridad. La vida en todas sus expresiones se pone a trabajar. En este aspecto, la definición de postfordismo que propone Sánchez Cedillo como el lugar en el que se produce una indistinción progresiva entre la vida  y el trabajo (2001; 66) resulta del todo oportuna. La contradicción fundamental, por lo tanto, no varía en sustancia. La definición de la clase sigue siendo económica, sigue produciéndose en el marco de un proceso de producción de riqueza alienante, que asalta sin embargo, en su forma actual, el conjunto de la vida humana. El tiempo de no trabajo, deja así de ser terreno de libertad (de ocio etc.) para convertirse en terreno de producción.

Negri y Hardt añaden los afectos y los aspectos corpóreos como esenciales en la producción (8). En la misma línea, Sánchez Cedillo habla de auténticos simulacros ambientales en las empresas y en los servicios, fundados en la afectividad puesta a su vez a trabajar (2001; 68). Para los autores de Imperio existe una faceta puramente intelectual del trabajo inmaterial que tendría un ejemplo claro en el uso de las tecnologías informáticas como elementos esenciales que han transformado el mundo del trabajo en los países ricos hasta tal punto, que hoy todas las prácticas laborales tienden al modelo de las tecnologías de la información y la comunicación (2002; 271).

Pero, junto a esta faceta, aparece la del trabajo afectivo de interacción y cooperación entre las personas (se nos pone como ejemplo el trabajo en los servicios de salud o en la industria del entretenimiento) que se presenta igualmente inmaterial, a pesar de su certeza y efectividad físico-corpórea, en la medida en la que crea productos intangibles (Hardt/Negri, 2002; 272). Esta matización de Hardt y Negri a algunos de sus compañeros (2002; 42) es compartida también  por Maló de Molina cuando señala que conceptos como la feminización del trabajo y la producción biopolítica permiten matizar ese carácter excesivamente cerebral y casi angélico de ese tipo de discursos, en los que el lenguaje y la comunicación aparecen como elementos ajenos a las redes y microdispositivos de saber y poder e independientes de cuerpos y afectos -como si las palabras y los signos no se encarnaran en cuerpos concretos, no marcaran esos cuerpos y no tuvieran consecuencias absolutamente materiales- (2001; 78). Ciertamente la conceptualización de esta faceta afectiva del trabajo inmaterial bebería en gran medida de los estudios y trabajos feministas (9). Como afirma Maló de Molina, las características del trabajo tradicionalmente femenino se están volviendo tendencialmente centrales en el actual paradigma de acumulación capitalista (2001; 75).

Para estos autores, la economía global de la postmodernidad se expresa, en buena medida, en tres tipos de trabajo inmaterial, a saber, la producción industrial informatizada que incorpora las T.I.C. (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones), las tareas analíticas y simbólicas y la producción y manipulación de afectos (...) –que- requiere el contacto humano, el trabajo corporal (Hardt/Negri, 2002; 272/273).

Negri y Hardt sugieren, sin embargo, una posibilidad subversiva. La cooperación en el trabajo puede escapar al control y a la disciplina del capital, precisamente porque se ejerce mediante la comunicación y el lenguaje El trabajo inmaterial parece proveer así el potencial para un tipo de comunismo espontáneo y elemental (2002; 273).

De cualquier manera, cabría preguntarse si los análisis hasta este momento planteados, son aplicables al conjunto de la clase asalariada (nos referimos siempre a los países desarrollados) o por el contrario tendrían solo validez desde una concepción más o menos terciarizada de la clase. La respuesta en este caso no nos parece en exceso complicada. Bastaría con acudir a una de las lecciones de Marx. Si efectivamente la fuerza de trabajo comprende el conjunto de capacidades físicas y mentales del trabajador, habrá que decir que en el Postfordismo, la clase asalariada es Intelecto general, independientemente de su mayor  o menor cualificación. Con ironía nos indica Virno: No pienso que los obreros actuales sean expertos en temas de biología molecular o de filología clásica (2002 b; 38). Si bien, a la vista del abundante paro entre los licenciados universitarios, no sería tan aventurado pensar en obreros expertos en biología molecular y filología clásica, queda claro que el elemento intelectual de la fuerza de trabajo viene referido a las cualidades más funcionales del cerebro (comunicación, memoria, capacidad de retención...) (10). La clave de la intelectualidad de masas se encuentra, en gran medida, en el plano de la socialización, que en cuanto productiva, se expresa y desarrolla en el conjunto de aspectos vitales y sociales. Por lo tanto, no hablamos solamente de su dimensión estrictamente política, pues la centralidad productiva de la clase/multitud en el capitalismo actual atraviesa la cultura, la política y la reproducción en una dimensión biosocial.

Para los postobreristas la composición del proletariado (sujetos objeto de la explotación y dominación capitalistas) ha sufrido transformaciones determinantes. Ese proletariado como categoría económica y política, identificado históricamente con la clase obrera industrial (el paradigmático obrero fabril masculino al que se refieren los autores de Imperio) como sujeto hegemónico de la lucha de clases, habría cambiado.

La segunda de las profecías del “Fragmento”, la autodestrucción del capitalismo y la liberación, estaría, sin embargo, lejos de llevarse a la práctica. Paradójicamente, para estos autores, Marx habría acertado en su pronóstico sobre la tendencia en el desarrollo capitalista, pero no en sus resultados.  Cuando Virno entiende el Fragmento como el último capítulo de una historia natural de la sociedad (2003 c: 80) suenan en nuestros oídos las palabras de Engels frente a la tumba de Marx: Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana (1984; 451). Para el caso que nos ocupa, el resultado de la realización empírica del “Fragmento” en el postfordismo, no ha conllevado la liberación.

Virno describe, sin embargo, una reacción, una contrarrevolución capitalista frente a la posibilidad comunista implícita en el desarrollo del capital. Si la réplica capitalista a la revolución de octubre fue un “socialismo del capital”, en términos del final del laissez-faire y en forma, bien de New Deal keynesiana, bien de nacionalismo económico del III Reich, la metamorfosis de los sistemas sociales en los años 80 y 90 sería una reacción en forma de “comunismo del capital” (Virno, 2003 c; 27 y 28). Reproducimos un párrafo particularmente revelador: ...la iniciativa capitalista orquesta en su propio beneficio precisamente aquellas condiciones materiales y culturales que le aseguraban un tranquilo realismo a la perspectiva comunista. Si pensamos en los objetivos que constituían el eje de aquella perspectiva: abolición de ese escándalo intolerable que es el trabajo asalariado; extinción del Estado en tanto industria de la coerción y “monopolio de las decisiones políticas”; valorización de todo aquello que torna irrepetible la vida del individuo. Pues bien, en el curso de los últimos veinte años se ha puesto en escena una interpretación capciosa y terrible de estos mismos objetivos. En primer lugar: la irreversible contracción del tiempo de trabajo socialmente necesario ha sucedido con el aumento del horario para los que están “adentro” y la marginación para los que están “afuera”. Incluso cuando se está ante un ajuste extraordinario, el conjunto de los trabajadores dependientes es presentado como “sobrepoblación” o “ejército industrial de reserva”. En segundo lugar, la crisis radical o hasta la disgregación de los estados nacionales se explica como reproducción miniaturizada, a modo de caja china, de la forma-Estado. En tercer lugar, a continuación de la caída de un “equivalente universal” capaz de tener vigencia efectiva, asistimos a un culto fetichista de las diferencias: solo que estas últimas, reivindicando un subrepticio fundamento sustancial, derivan luego en toda clase de jerarquías vejatorias y discriminantes...El postfordismo, basado en el general intellect y la multitud, declina a su modo instancias típicas del Comunismo (abolición del trabajo, disolución del Estado etc.). El postfordismo es el comunismo del capital (Virno, 2003 a: 41).

4. La clase

·                     Precari@s y parad@s 

El periodo histórico de hegemonía de la clase obrera fordista coincide con los grandes proyectos del socialismo reformista y el auge de los sindicatos de masas en un contexto en el que comienzan a desarrollarse los llamados Estados del bienestar. En contraste, como señala Enrique Olivas, lo que conocemos en nuestros días es la desestructuración de esa agregación histórica, social e institucional denominada Estado social y, culturalmente, percibida como Estado del bienestar (2004; 16).

La crisis de la sociedad del trabajo se manifiesta en la redefinición completa del mercado laboral en Europa. El empleo fijo, estable y con derechos esta siendo sustituido por el flexible y precarizado (Lara, 2002; 4). Como ya señalamos en otro lugar este escenario de ausencia de derechos e incertidumbre es más agresivo, si cabe, para los jóvenes, las mujeres, la fuerza de trabajo migrante, etc. (Iglesias, 2003; 5).

Esta crisis se manifiesta fundamentalmente en el hecho de que la riqueza social está producida por la ciencia, por el general intellect, antes que por el trabajo erogado por el individuo (Virno, 2003 b; 33). Si los saberes y conocimientos se sitúan por tanto en el centro de la producción de riqueza antes que en el tiempo de trabajo y este último sigue siendo la unidad de medida de la producción riqueza, nos hallamos ante una contradicción formidable. En este "Comunismo del capital" del que habla Virno, el tiempo excedente que se expresa en forma de precariedad, paro estructural, flexibilidad extrema y mecanismos disciplinarios, no es sino riqueza potencial. La clave de esta contradicción explota en el hecho de que, en el Postfordismo, el trabajo y el no-trabajo se identifican en la producción de riqueza, desde el momento en que el tiempo pasa a un segundo plano, siendo los conocimientos, las facultades mentales genéricas y elementos inmateriales (afectos etc.), los fundamentos de la producción. Llevando este análisis hasta su último extremo, Virno afirma que la desocupación es trabajo no remunerado; el trabajo, por su parte, es desocupación remunerada (2003 b; 34).

En los modos de producción presentes, el conjunto de experiencias, conocimientos y socialización, acumulados y adquiridos fuera del propio trabajo, tienen un carácter determinante y esencial para la propia actividad laboral. Nos encontramos así con un vasto mosaico de actividades productivas no retribuidas. Los ejemplos más obvios los podemos encontrar en la actividad de los estudiantes y en  las tareas del hogar.

Esto nos lleva a plantear también el problema de la  plusvalía. Virno se refiere a los capítulos XII y XIII de el segundo libro de El Capital en los que Marx distingue entre tiempo de trabajo y tiempo de producción. Usando el ejemplo de la agricultura, donde el trabajo - siembra y cosecha - constituye solo una pequeña parte del conjunto de la producción, el autor italiano explica cómo en el postfordismo el tiempo de producción contiene la vida retribuida y la no retribuida (2003 b; 36). De ello habrá que deducir que en el modo de producción postfordista la plusvalía no solo proviene del plustrabajo sino también de la separación del trabajo respecto al tiempo de producción no computado (ibídem), a saber, el no-trabajo.

Solo estudiando estos análisis sobre los modos de producción en el postfordismo podremos comprender algunas de las reivindicaciones fundamentales de algunos movimientos sociales en Italia y en Europa, tales como el reddito di cittadinanza (renta de ciudadanía) y la apuesta por un sujeto fragmentado como el precariado (los chainworkers) como clave de la construcción de conflictos en una dimensión antagónica de la clase (11).

Precisamente a propósito de la renta, Negri y Hardt proponen en Imperio un salario social capaz de romper la división sexual del trabajo del salario familiar, percibido por el obrero varón que asume el dominio y el control de la familia, lo que implicaría una falsación de la actividad productiva. Para estos autores toda la multitud produce y su producción es necesaria desde el punto de vista del capital social total ... La fuerza laboral se ha vuelto cada vez más colectiva y social...Ya ni siquiera es posible apoyar el antiguo lema: igual paga por igual trabajo, cuando el trabajo ya no puede medirse ni individualizarse...Una vez que la ciudadanía se extienda a todos, podríamos llamar a este ingreso garantizado un ingreso de ciudadanía que se le debe a todo miembro de la sociedad  (2002; 365).

·                     Multitud

Tres son los sentidos que da Antonio Negri al concepto de multitud: desde una perspectiva filosófica, como concepto de clase y desde el aspecto ontológico (2003; 23 y 24).

Nos interesa particularmente el segundo. La multitud como sujeto de la lucha de clases, como sujeto central en la producción, no se concreta en una unidad equivalente al proletariado industrial sino en el conjunto de fuerzas productivas/creativas que se expresan/producen en el postfordismo.

El problema que se plantean los autores de Imperio es la subjetivación de la multitud, su papel para la clase activándose como sujeto político, el posse (12). Para estos autores, la teleología de la multitud es teúrgica; consiste en la posibilidad de dirigir las tecnologías y la producción hacia el propio júbilo y el aumento del propio poder (2002; 359).

Virno, por su parte, pone el acento en las transformaciones del trabajo asalariado. Para este autor, la clase obrera/proletariado no se identifica ya con el concepto de pueblo. El concepto de pueblo habría devenido categoría instrumental en la falsación de la representación política y la soberanía. La clase obrera/proletariado es ante todo, en el postfordismo, multitud, en la medida en que el trabajo asalariado ha perdido, como hemos venido explicando, la centralidad productiva (Virno, 2003 a; 25/26) (13).

Para Negri y Hardt también se desdibuja la figura del pueblo (2002; 372) covertida en mera reducción hipostática de la multitud (Negri, 2003; 23).

Sin embargo, creemos que el concepto de clase obrera merece un intento de esclarecimiento a partir de una aparente controversia entre los archicitados Negri y Virno, a propósito de la categoría multitud. Vamos a tratar de entrar brevemente en este punto.

Una de las temáticas teóricas fundamentales que se aborda en el número 7 de la revista Contrapoder - que nos trae a la lengua castellana algunos artículos de los postobreristas italianos -, es el concepto de multitud. Particularmente desarrollado por Virno en esta publicación, se ha incluido, sin embargo, una brevísima anotación de Negri en la que, entre otros aspectos que a continuación abordaremos, se señala que ... la lucha de la clase obrera no existe ya, pero la multitud se propone como sujeto de la lucha (Negri, 2003; 24). Aparentemente, esta afirmación desencadenaría un conflicto teórico con Virno, que señala: Me gustaría disipar, tanto como pueda, una ilusión óptica: se nos dice: la multitud marca el fin de  la clase obrera. Se nos dice: en el universo de los múltiples, no hay lugar para esos monos de trabajo todos iguales ... Aquellos que dicen esto se equivocan (2003 a; 26). Creemos que la redacción de Contrapoder actúa aquí con intención, poniendo en dificultades a los lectores a la hora de trabajar con el concepto de multitud. Por ello nos vamos a aventurar, tal vez imprudentemente, a tratar la cuestión.

A nuestro juicio la controversia se halla más en el significante que en el significado. Para Negri, el concepto clase obrera se refiere a lo que identifica como segunda fase de la militancia obrera capitalista, a saber, los periodos fordista y taylorista, la fase del obrero masa (Hardt/Negri 2002;  370). Nótese que para hablar de las tres fases, los autores de Imperio hablan de militancia obrera, incluyendo la fase actual del trabajador social, de la fuerza de trabajo inmaterial (2002;  371). Para Negri, la categoría proletariado incluye a ... todos aquellos explotados por la dominación capitalista y sujetos a ella ... entendiendo que la clase obrera industrial, como parte de ese proletariado, ya no ocupa una posición central ni en el Capitalismo ni en la composición de la clase (2002; 64). Este concepto para nada difiere a nuestro juicio con aquello que Virno llama clase obrera: ... el sujeto que produce plusvalor absoluto y plusvalor relativo (2003 a; 26). Virno no identifica por tanto, el concepto de clase obrera con una fase de los modos de producción capitalista, sino como concepto teórico; aquel que tiene Negri de proletariado. Ello explica que ambos autores manejen un concepto de multitud semejante, como consecuencia de la transformación en la composición del proletariado en el postfordismo que atribuiría la centralidad en la clase (y potencialmente para la clase) a la producción de plusvalor –la clase habrá de definirse como posición en el proceso productivo- no cuantificable desde la teoría laboral del valor.

·                     Conflicto y liberación

Si la hegemonía en la producción de plusvalor no corresponde ya al obrero fordista (los monos azules de la cadena de montaje), la nueva teoría del valor habrá de implicar una nueva teoría política de la liberación y de las nuevas subjetividades de potencial antisistémico/revolucionario (Hardt/Negri, 2002; 43).

Algunos autores de la izquierda autónoma no italiana, sin embargo, se han mostrado escépticos ante tales hipótesis de liberación aún reconociendo la centralidad del trabajo inmaterial. Emmanuel Rodríguez (14) nos propone la inversión de la hipótesis (2001; 8). De este modo, la subjetividad postfordista bien podría ser la subjetividad definitivamente alienada que se integra y acepta un juego de relaciones en la empresa, sin que demuestre ninguna autonomía en la negociación de las mismas entendiendo las facultades humanas como inofensivas para la economía (ibídem). Se asume el carácter paradigmático del lenguaje y la comunicación en la organización de la producción, pero se le atribuye un papel de reforzamiento de la ideología/cultura empresarial, produciéndose una interiorización absoluta del control por parte de los sujetos proletarios (2001; 9). En este sentido, se nos sugiere que la supuesta liberación en y del trabajo se inicia curiosamente tras la derrota definitiva del movimiento obrero; se nos dice que el modo de producción postfordista no representaría la generalidad de las condiciones laborales, quedando fuera el precariado; y se nos propone, por último, un camino de liberación extraño: Puesto que el capitalismo jamás ha generado la posibilidad de su superación, esta posibilidad tiene que ser descubierta, siendo la clave de la emancipación del trabajo, la apuesta por liberar definitivamente ... tiempo y espacio de los hábitos del trabajo y de la reproducción cultural del consumo ... -creando- nuevas posibilidades de vida al margen de lo consentido (Rodríguez, 2001; 10 y ss).

Desde el momento en que la crítica a los postobreristas se plantea desde el reconocimiento de la centralidad del trabajo inmaterial como elemento definidor del postfordismo, se nos abre un magnífico punto de partida para una discusión interesante.

En este sentido, varios elementos creemos que hacen caer la argumentación anterior.

En primer lugar, más que de una derrota del movimiento obrero en Europa y sus corolarios (Partidos de izquierda, sindicatos y el compromiso a través del welfare state) creemos que resulta más propio hablar de la decadencia histórica y política de la experiencia (incluida aquella del Estado del bienestar). La derrota suele llevar aparejado un enfrentamiento previo (evitado en numerosas ocasiones, particularmente en el 68 en Europa occidental, por parte de las organizaciones obreras más poderosas) y la aniquilación más o menos completa del derrotado. En nuestro caso, los viejos partidos de masas se reconvirtieron en partidos catch all y son gestores habituales de gobiernos - incluidos algunos partidos de tradición e ideario comunista- y los viejos sindicatos de clase, representan importantes maquinarias burocráticas que, independientemente de su compromiso con los sistemas demoliberales y el desmantelamiento de buena parte de las garantías sociales, tienen  todavía considerables niveles de representación del trabajo dependiente y de movilización social en caso de perder capacidad negociadora o ante medidas gubernamentales o empresariales que consideren excesivas. Habrá de reconocerse que, a pesar de la perdida de combatividad progresiva de los grandes sindicatos, el fenómeno de la huelga - incluso general- ha seguido y sigue presente en buena parte de Europa.

Si bien el muro de Berlín cayó sobre los hombros de buena parte de las ilusiones comunistas, la contrarrevolución de la que nos habla Virno, había empezado mucho antes. Como ha indicado Marco Revelli, nos encontramos ante un tránsito epocal (2001; 90) que afecta tanto a la organización del capital, como, necesariamente, a su expresión antagónica. Por lo tanto, habrá que excluir la posibilidad de entender la potencialidad antisistémica de los nuevos sujetos de clase, como una búsqueda desesperada de referentes de liberación entre las ruinas de un naufragio.

En segundo lugar, si asumiéramos que el Capitalismo nunca hubiera engendrado la posibilidad de superación (Rodríguez, 2001; 11), mal habríamos entendido la tesis de la autocontradicción liquidadora del capitalismo gracias precisamente a la formulación de la teoría laboral del valor (Guerrero, 1997; 24). En estas notas, hemos sugerido además una segunda hipótesis de embarazo socialista en el Capitalismo a partir del Marx de “El Fragmento”. Debemos entender que será un territorio común (al menos para aquellos que asumen determinados planteamientos de aproximación a la historia y a las ciencias sociales en general)  que la contradicción entre capital y trabajo (capital / vida humana en el postobrerismo) sigue representando, a falta de nuevas noticias, la contradicción fundamental de la acumulación capitalista. Si algo han dicho los postobreristas (y nosotros hemos tratado de exponerlo en estas notas), es que no tiene sentido ya distinguir entre trabajo remunerado y no remunerado, desde el momento en que la propia socialización resulta productiva para el capital. La vida humana sometida al mando y al control capitalista sigue siendo la clave de la acumulación y ello no solo habrá de echar por tierra las teorías del fin del trabajo merced a la mecanización, sino que habrá de implicar, necesariamente, el conflicto, una vez más de clase, y, por tanto, la posibilidad de liberación. Como señala Lazzarato refiriéndose a la producción inmaterial,  la sumisión a la lógica capitalista de la forma de la cooperación y del valor de uso de esa actividad, no suprime la autonomía y la independencia de su constitución y su sentido. Por el contrario, abre antagonismos y contradicciones aunque estos requieran nuevas categorías de estudio (2001; 41).

Por último, la propuesta de construcción de nuevos espacios de vida liberados del dominio capitalista cae, a nuestro juicio, en un escapismo estéril, desde el momento en que no se define el terreno de combate. Puesto que la huida a Marte con una flecha circulada por bandera no parece probable, será necesario señalar los territorios de lucha y de subjetivación. En este sentido, la contraposición que explica Revelli entre fábrica dualista taylorista y fábrica integrada, nos da muchas de las claves. Si la fábrica taylorista definía en su propia organización el conflicto de clase,  una contradicción estructural entre los principales sujetos productivos que explicaría su carácter feroz, despótico y agresivo como estructura dualista (2001 b; 91), la fabrica integrada presupone filosóficamente, la idea de una estructura productiva monista ... de una comunidad de fábrica unificada y homologada en la que el trabajador debe consciente y voluntariamente liberar la propia inteligencia en el proceso productivo ... Se trata de subsumir al capital en la dimensión existencial de la misma fuerza de trabajo ... -de- ejercer la hegemonía sobre el antiguo adversario de clase ... (2001 b; 91 y 92). Revelli esta adelantando un escenario que ha servido para definir nuevas alianzas, un terreno intermedio: en el umbral entre producción y reproducción ... inventando circuitos de agregación no mediados por la forma-mercancía y, al mismo tiempo, localizados allí donde el trabajo hegemónico opera (2001 b; 94).

Sobre este terreno ha de construirse la alianza entre la fuerza de trabajo migrante, los sectores más resentidos del trabajo dependiente, el precariado y el conjunto de los nuevos chainworkers (15) que se han colocado en el centro de las reivindicaciones de los nuevos movimientos antisistémicos visibles tras Seattle. Como dice Revelli  no hemos llegado al fin de la historia, estamos apenas en su comienzo (2001 a; 37).

La penetración de los teóricos italianos del postobrerismo entre los marxistas en España, a nuestro juicio, ha sido escasa. Salvo pequeños grupos de jóvenes investigadores, algunos colectivos militantes y algún que otro profesor universitario, pocos son los trabajos que se han adentrado en las cuestiones señaladas por estos autores. Solo la explosión de los movimientos globales (16) y la potencia de su expresión italiana han despertado en la Academia y en sectores de la izquierda, el interés por estos estudios.

Sin embargo, nos da la impresión de que, en más de una ocasión, los discursos sobre el trabajo en España han negado aquello con lo que se daban de bruces. No podemos detenernos demasiado en la cuestión pero no queremos obviar un ejemplo puesto en bandeja (creemos que con toda la intención) por parte de la redacción de la revista Contrapoder. En su monográfico sobre trabajo y feminismo (número 4/5)  se incluye una ponencia del Centro de Análisis y Estudios Sociales (CAES) en la que se afirma la escisión del trabajo manual y el intelectual (CAES 2001; 29), la subordinación técnica del trabajo al sistema de máquinas (2001; 30) y el fundamento del valor en el trabajo asalariado (2001; 32) para reconocer seguidamente que el plusvalor no brota del trabajo, sino del proceso de producción social, (sic) que no se es productivo por trabajar, sino por formar parte de una extensa y compleja trama de relaciones sociales bajo el dominio del capital y que es productiva la persona que ve la televisión ... el ama de casa ... o los millares de jóvenes toxicómanos concluyendo que todos los intersticios sociales, materiales y culturales, incluida la subjetividad de las personas, coadyudan a la nada democrática producción de plusvalor (2001; 31 y 32).  La confusión mental queda coronada tres líneas después cuando se nos dice que, el hecho de que el capital haya subsumido en su ciclo el trabajo, las relaciones sociales, la vida ... y la subjetividad de las personas, no quiere decir que todos estos factores sean el origen del valor... puesto que no se pueden cuantificar en términos monetarios, no se le puede poner precio (2001; 32). Volvemos a sugerir el mismo problema a propósito de los precios como características de las mercancías. Marx, en su informe a la I Internacional "Salario, precio y ganancia", explicaba el precio como una forma peculiar que reviste el valor, como la expresión en dinero del valor (1982; 208) pero aclaraba con notable persuasión que es absurdo suponer que la ganancia brote de ... los precios, ya que esta procede de la cantidad de trabajo (1984; 210).  Si se ha reconocido que la producción en el capitalismo actual no procede solo del trabajo asalariado, deberá mantenerse una cierta coherencia y reconocer, al menos, que se han producido modificaciones en el paradigma productivo. Ignoramos si el trabajo del CAES procede de diferentes manos con criterios dispares, pero para evitar la confusa construcción discursiva que se nos aporta, como si de Jeckill y Hide se tratara, se haría necesaria una revisión pausada de las tesis expuestas.

Concluiremos este artículo señalando que, si como explican los postobreristas, la contradicción fundamental sigue siendo aquella entre capital y actividad/vida humana - en un momento en que la distinción entre la productividad del trabajo asalariado y las actividades no retribuidas se disipa, hasta el punto de hacerse invisible- deberemos asumir la plena vigencia de la contradicción fundamental de clase, que habrá de expresar, necesariamente, un conflicto entre sujetos antagónicos.

RECONOCIMIENTOS

Este artículo no hubiera sido posible sin los consejos y críticas de Mario Domínguez, las charlas con Enrique Olivas y Heriberto Cairo, las discusiones con Javier Iglesias –mi padre- que además me proporciono el Marx oltre Marx de Negri, el curso sobre historia del pensamiento económico heterodoxo impartido por Diego Guerreo y las infinitas pláticas con compañeros y compañeras del GMS, Ya basta Italia, AM y de la Facultad de políticas y sociología de la UCM. A todos ellos les agradezco su ayuda y les eximo de cualquier responsabilidad en las torpezas que este trabajo pueda contener.

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N O T A S

(1) Hemos utilizado la edición de Siglo XXI, algo que nos ha supuesto alguna que otra dificultad a la hora de localizar las citas de Negri, al estar referidas estas, en la edición castellana de Akal de la obra de NegriMarx más allá de Marx”, a la edición de Manuel Sacristán “Obras de Marx y Engels” (OME). En lo que respecta a las diferentes traducciones, quiero resaltar los comentarios de Diego Guerreo que me alertó de las confusiones a las que, a su juicio, las diferentes versiones traducidas podrían llevar. Para el caso concreto de “El fragmento”, y vistas las propiedades proféticas que le atribuyen los postobreristas, entendía Guerrero que el significado puede variar según se conjuguen los verbos en presente, en futuro o en subjuntivo.

(2) http://usuarios.lycos.es/pete_baumann/autonomial.html

(3) Los 5.000 prisioneros políticos encarcelados en Italia a principios de los años 80 (Zaccaria, 2001; 96) creemos que representan un buen indicador de la dimensión que adquirieron estos movimientos.

(4) Véase la introducción de Raúl Sánchez Cedillo en Virno, Paolo. Virtuosismo y revolución. Colección “Mapas”. Traficantes de sueños. Madrid 2003.

(5) En ellos, para Negri, Marx se ocupa de dos cuestiones cruciales; el antagonismo obrero-capitalista y la crisis de la ley del valor (2001: 17).

(6) Pueden consultarse en este sentido de A. Negri  La fábrica de la estrategia. 33 lecciones sobre Lenin. Akal, cuestiones de antagonismo. Madrid 2004 y Che farne del che fare? ovvero: il corpo del general intellect. Posse, maggio 2002. pag. 123 a 133. Roma, 2002.

(7) Referimos aquí una duda a propósito del precio como propiedad común, exclusiva y cuantificable de las mercancías. Si como señala Marx en su informe al Consejo General de la I Internacional en junio 1865, el precio no es sino una forma peculiar del valor ... de por sí el precio no es otra cosa que la expresión en dinero del valor (1984; 208), no entendemos por qué el precio habrá de ser la característica definitoria de la mercancía. Habría de ser en todo caso, su valor.

(8) Estos autores plantean una crítica a algunos de los neomarxistas italianos que han investigado sobre la producción postfordista señalando que uno de los errores más graves de estos autores fue la tendencia a tratar las nuevas prácticas laborales de la sociedad biopolítica atendiendo solamente a sus aspectos intelectuales e incorpóreos (Hardt/Negri, 2002; 43). Véase de Christian Marazzi Il posto dei calzini: la svolta linguistica dell´economia e i suoi effetti nella politica, Bellinzona, Edizioni Casagrande.

(9) Reproducimos la referencia que dan Hardt y Negri en la edición en castellano de Imperio. Smith, Dorothy, The everyday world as problematic: A feminist sociology, Boston, Northeastern University Press, 1987 pags. 78 a 88.

(10) Los planteamientos que sitúan la precariedad fuera del modo de producción postfordista (véase Rodríguez 2001; 9 y 10) entendemos que han de quedar así rebatidos.

(11) De entre los ejemplos prácticos destaca la propuesta de generalización de la huelga general en Italia del 23 de Marzo de 2002 de los Desobedientes (Casarini, 2002: 63), las experiencias del May day de Barcelona y Milán en 2004 (http://www.euromayday.org/netparade/) o los puntos San Precario (http://www.sanprecario.org/).

(12) Negri y Hardt usan el vocablo latino posse para referirse a la autonomía política y a la actividad productiva de la clase / multitud (Hardt/Negri, 2002; 369). Ontología y producción se contienen en el posse para acercarnos a la comprensión de las potencialidades militantes  de la clase/multitud como sujeto político.

(13) De nuevo acude Virno a Marx para ilustrar cómo este autor percibió situaciones en las que la clase obrera se acercaría más al concepto de multitud que al de pueblo. El autor italiano refiere el último capítulo del primer libro de El capital donde Marx habla de la movilidad de la clase obrera en Estados Unidos refiriéndose al caso de los obreros que abandonan la fábrica y se convierten en colonos en las tierras libres del oeste. Para estos obreros el trabajo representaría solo un episodio transitorio (Virno, 2003 a;27).

(14) Habría que hablar, en cualquier caso, de un primer E. Rodríguez. En su reciente libro El gobierno imposible, su posición se encuentra claramente alineada con los postobreristas.

(15) Véase www.chainworkers.org , sitio web de un movimiento italiano contra la precariedad con numerosos materiales de interés.

(16) Ya indicábamos al inicio de este trabajo que nuestra primera aproximación a estas teorías, la llevamos a cabo con la intención de armar un marco teórico para la comprensión de los análisis y discursos del Movimiento de los Desobedientes en Italia.

©THEORIA - PROYECTO CRÍTICO DE CIENCIAS SOCIALES - GRUPO DE INVESTIGACIÓN UCM

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