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Mª del Pilar Palomo: apunte biográfico
por Paloma Fanconi y Antonio Ubach
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Fotografía de María del Pilar Palomo

En la madrileña calle de Bailén, frente al Palacio de Oriente, nace el 3 de agosto de 1933 quien habría de ser el menor de los hijos del matrimonio Palomo Vázquez, y la única niña entre sus hermanos. Tras la Guerra Civil, su familia se traslada a la universitaria zona de Argüelles, a la que estará siempre vinculada. Esta mujer que durante casi cincuenta años dedicará su tarea profesional a la Universidad española, parece predestinada a este mundo desde sus orígenes familiares: su abuelo paterno, don Cirilo, inició su vida laboral como profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense, y su abuela Pilar era hermana del investigador medievalista y académico de la Historia don Julio Puyol Alonso.

En esta segunda infancia, sus padres la matriculan el colegio Decroly, centro escolar laico cercano a su casa, donde enseñan muchos profesores formados en las teorías pedagógicas de la Institución Libre de Enseñanza. Esta educación preuniversitaria, unida a la impronta intelectual de su propia familia, legará a Pilar Palomo un sincero convencimiento de las posibilidades de la formación cultural e intelectual del individuo como medio de afrontar la existencia y las vicisitudes de la vida.

En el colegio, se inicia Pilar en un mundo que acabará constituyendo una de sus principales aficiones: el teatro. De ese momento datan sus primeras intervenciones en la puesta en escena de grandes obras de la Literatura. Años más tarde, como alumna de la Facultad de Letras y miembro del Grupo de Teatro Universitario de su facultad, participará en diversas representaciones de obras dramáticas de autores como Pirandello, O’Neill o Lope. Su temprana afición a las tablas sigue viva, y son pocos los estrenos de la cartelera madrileña –especialmente los de teatro clásico– a los que no asiste. Efectivamente, el mundo de la escena ha sido siempre una de sus pasiones intelectuales, y le interesa no sólo desde el punto de vista literario, sino también como escenificación. Así, pues, el aparato escénico, con todas las posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen actualmente, es una de las actividades culturales que más le interesan, y acude a observar cómo los directores de teatro solucionan los diferentes lances propuestos por los autores pretéritos.

Fiel a esta fuerte afición, tuvo la suerte y el empeño de graduarse en 1956 con una Memoria de Licenciatura sobre Portugal en la obra de Tirso de Molina. En el mismo año contrae matrimonio con el escritor Antonio Prieto (años después también catedrático de la Complutense) y entra en la docencia universitaria, como ayudante de la cátedra de Literatura Española, ocupada entonces por don Joaquín de Entrambasaguas, con quien comienza a colaborar desde ese momento. Fruto de esa colaboración son los doce tomos de Las mejores novelas contemporáneas, que comienzan a aparecer en 1957. Empiezan así sus estudios sobre la producción literaria del siglo XX. De su vinculación a Entrambasaguas, aprende el método de trabajo de la Escuela Filológica Española, hacia la que manifestará siempre un profundo respeto y admiración crítica.

Son los primeros años de una tarea compiladora de primer orden, acompañada de su marido: la formación de lo que luego será una de las mejores bibliotecas privadas de nuestro país especializadas en filología española. Este amor a los libros, trocado ya desde los comienzos en auténtica bibliofilia, posibilitará que, con el tiempo, descansen sobre los tableros de la buhardilla de su casa familiar valiosísimos ejemplares de la imprenta europea de los siglos XVI y XVII. Esto facilitará notablemente su empeño en el rigor científico y en el deseo de, en la tarea editorial, ofrecer a los lectores textos fidedignos y contrastados.

Al mismo tiempo, en estos años, escribe de manera habitual reseñas críticas en Revista de Literatura (CSIC), y realiza su tesis doctoral, Las comedias cortesanas de Tirso de Molina, presentada en 1959. Esta dedicación a Tirso se mantendrá hasta la actualidad, y se ha materializado en las ediciones y monografías consignadas en el apartado dedicado a su obra en este número homenaje. Entre ellas, destaca la edición de las comedias de Fray Gabriel, que iniciara Hartzenbusch y completara ella en la B.A.E. Sin contar la edición de Aguilar de Blanca de los Ríos, ésta de la B.A.E, completada por la doctora Palomo, ha sido durante mucho tiempo la única edición de todo el teatro de Tirso de Molina, autor editado, en el devenir de los años, pues, por Hartzenbusch, Cotarelo, De los Ríos y Pilar Palomo. En la actualidad, está ya casi terminada su edición de la obra completa de Tirso, tanto en verso como en prosa, que está publicando en la Biblioteca Castro. Su dedicación a la obra de Téllez, han hecho de ella una referencia obligada siempre que se aborde cualquier tema sobre el creador del mito de don Juan. Por sus escritos podemos ver el hondo conocimiento de la gran literatura áurea que rezuma en sus líneas.

En ninguna de sus numerosas publicaciones sobre la literatura posterior, la doctora Palomo abandona el influjo y la ascendencia de los clásicos sobre nuestras letras. Esta convicción, sobradamente demostrada en sus enjundiosas investigaciones, ha motivado que la crítica siempre la haya considerado como una de las grandes representantes de la Escuela Filológica Española, quizá, aun sin ella saberlo.

Cuando Pilar Palomo estaba estrenando su vida como docente en la Universidad Complutense, impartía allí clase, además de don Joaquín de Entrambasaguas, don Ángel Valbuena. Las grandes investigaciones sobre los astros dramáticos de la escena española del Barroco se daban cita, en esas mañanas madrileñas, en las aulas y la biblioteca de la Facultad de Letras de Madrid. En conversaciones con Pilar Palomo sobre Tirso de Molina, es usual que comente las opiniones de don Ángel y don Joaquín sobre Calderón y Lope, y da la sensación de que cambiaron impresiones sobre el tema con mucha frecuencia. La estrecha amistad y profunda admiración hacia don Ángel Valbuena hará que años más tarde emprenda, junto con Antonio Prieto, las addenda a la famosa Historia de la Literatura del calderoniano, que constituyeron un esfuerzo de actualización bibliográfica y comentarios críticos de primer orden.

El conocimiento de los dramaturgos del Barroco, y de sus conmovedores versos, la llevan también a estudiar la producción lírica de estos autores. Esta dedicación se plasmará en sus estudios sobre poesía barroca, libros de lectura imprescindible. En aquellos años también daba clase en la facultad don Dámaso Alonso. No cabe duda de que pertenecer a tan insigne claustro, del que ella era profesora adjunta, modelaron su espíritu crítico y su formación científica y académica. La entonces joven investigadora adquirió no sólo el rigor que todo investigador precisa, sino una pulida sensibilidad lectora necesaria para abordar el hecho literario, sea desde el ámbito que sea.

Su idealismo interpretativo, y su visión positiva de la literatura –y de la vida– no separan en absoluto a Pilar Palomo de los aspectos más burocráticos y aburridos de la vida universitaria. En 1961 realiza las oposiciones a Profesor Adjunto y, en 1967, las de Agregado. Asimilado después el Cuerpo de Agregados al de Catedráticos, se convierte así, en 1967, en la primera mujer que accede en la especialidad de Literatura Española a la enseñanza universitaria de grado superior.

En 1972 pasa, por concurso de acceso, a la cátedra de La Laguna. De allí, a la de Zaragoza, siempre ya, desde entonces, como directora de departamento. En 1974 se traslada, en comisión de servicio, a la recién creada Facultad de Filosofía y Letras de Málaga, como decana de la misma. Además de este cargo, y sin abandonar la docencia, deberá asumir la dirección del Departamento de Literatura, la de los Cursos para Extranjeros, y ejercer como rectora en funciones en situaciones no habituales, ante las necesidades de una Universidad, aún casi sin funcionarios y donde hay que organizar planes de estudios, estatutos, así como una estructura docente y administrativa. En Málaga tiene especial interés en fomentar un grupo de teatro. Para ello, aglutina las diferentes compañías de aficionados de la ciudad en un grupo de teatro compacto vinculado a la joven facultad.

Tras cuatro años en la universidad andaluza, a fin de compaginar su actividad profesional con su intensa vida familiar, solicita el traslado a la recién fundada Facultad de Ciencias de la Información de Madrid, de cuyo Departamento de Filología Española III ha sido directora hasta 2003.

Su labor al frente de este Departamento, en estos años en que la Facultad estaba echando a andar, es fundamental para que los estudios de Lengua Española y Literatura hayan mantenido su presencia en esta casa a lo largo de los años. Inicialmente, se elaboran los programas de las asignaturas impartidas de acuerdo con el plan de estudios vigente: Lengua Española, Literatura Española y Literatura Universal Contemporánea. Como directora del Departamento, apoya la carrera docente e investigadora de los profesores que lo integran y contribuye a la formación de muchos de ellos. Participa en las comisiones de elaboración de los planes de estudios de 1995 y 2003, que adaptan esas materias a las características de los estudios del centro, con asignaturas como Movimientos literarios y Periodismo –para la cual algunos profesores del Departamento, junto con otros especialistas de varias Universidades, elaboraron un manual del mismo título coordinado por ella (Madrid, Síntesis, 1997)– u otras como Soportes del texto literario, que introducen una perspectiva novedosa en la materia.

Asimismo, organiza una larga serie de Congresos: III Centenario de Calderón de la Barca (1981); I Congreso Internacional. Santa Teresa. 4º centenario 1515-1582, celebrado en Pastrana en 1982; Centenario de León Felipe (1984); Jornadas de poesía actual, con intervención de veinte poetas actuales, desde Alberti y Dámaso Alonso a los novísimos, 1985); Primeras Jornadas sobre Modernismo hispánico, en colaboración con el ICI (1986); Centenario de Ramón Gómez de la Serna (1987). En noviembre de 1987 se celebra en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense el Congreso Internacional dedicado al Centenario de Fortunata y Jacinta, en coordinación con los realizados en el mismo año en la Universidad de Harvard y en Canarias sobre el mismo tema. A raíz del mismo, el Cabildo Insular de Gran Canaria firmó un acuerdo con la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid, mediante el cual se crea el Centro de Investigación Pérez Galdós, patrocinado por el Cabildo y dirigido por el Departamento de Filología Española III de la Facultad. Posteriormente, se celebran las Jornadas de novela actual (1990) y los congresos Literatura. Europa. Hoy (1991) y Teatro. Siglo XX (1992), en la misma Facultad y bajo su dirección.

Rapsoda. Revista de Literatura del Dpto. de Filología Española III. Facultad de Ciencias de la Información (UCM)
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