En La deshumanización del arte, Ortega respondía a la pregunta ¿qué es el arte? aludiendo al pasado: «¿Qué otra cosa es concretamente el arte sino el que se ha hecho hasta aquí?». Esto suponía el reconocimiento de una élite estética y la consideración de dos niveles artísticos: arte para minorías y arte para mayorías. Las rupturas de las vanguardias lo son respecto a ese arte minoritario, al que subvierten tanto como continúan. Pero el hombre común exige un arte realista y comprensible. De este modo, la brecha entre los dos niveles se ahonda con el arte nuevo, que se aleja de los intereses de la masa y, aun a pesar de sus pretensiones de salvar las distinciones y privilegios, es percibido como hermético y antipopular.
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