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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Miércoles, 24 de julio de 2019

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Historia inicial de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas (1999)

Madrid: Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas (Asemeya), 1999

Este libro fue escrito durante el tiempo en que fui Secretario General de la Asociación y recoge su historia desde su fundación. Está, sin embargo, dedicado especialmente a los años iniciales, desde 1928 hasta 1943, aunque se ofrecen datos hasta la fecha de su publicación, en 1999. He escogido unas páginas para dar una idea de la obra, de su carácter y de su orientación.

 ***

En ese café María Cristina, la noche anterior al 14 de Abril de 1931, sucedió algo que me gustaría contar. Será una muy corta digresión. Había un conjunto que hacía música y un lleno absoluto. El público, enardecido, empezó a pedir que tocaran el himno de Riego. "No conocía su música el violinista, y no pudo tocarlo; pero una afortunada inspiración vino entonces a su mente: de un salto, se puso en pie sobre el mármol de un velador e hizo que de su violín saliese una sonora y entusiasta Marsellesa, pronto unánimemente coreada. Bella estampa romántica." Estamos en Madrid, en un café de la Puerta del Sol. Pero, ¿no es muy parecido a lo que ocurre en Rick's, el café américain de la mítica película Casablanca, de Michael Curtiz, rodada en 1942, once años más tarde. No es que el arte, la ficción, copie a la naturaleza, o al revés. Es que son la misma cosa. La escena la narra un distinguidísimo miembro de nuestra Asociación, presidente de honor, Laín Entralgo, que fue testigo presencial esa noche, en su sincero y esclarecedor Descargo de conciencia, de 1976.

Volviendo a nuestra junta, Velasco propone "que se celebren sesiones literarias en las que intervendrían, en primera intención, los socios de nuevo ingreso, quienes vendrían obligados a preparar un trabajo literario-médico a dicho fin". Obviamente, no era requerido antes. Ya empieza a parecerse todo más a la Asociación, tal como la conocemos hoy. Se designa  para una primera, a Laín Entralgo  y Álvarez Sierra y para una segunda, a Blanco Soler y Cortezo. Martín Calderín a continuación promete preparar un estudio con título Beethoven no fue sordo. ¿Se lo pidieron? ¿Se ofreció él? No lo sé, lector, pero me lo supongo. No he visto nunca a nadie, y llevo mucho tiempo en este oficio, solicitar que le endilguen una conferencia o discurso, mientras que he presenciado en cambio el espectáculo de centenares de escritores brindándose generosamente a pronunciarlos. Por lo tanto, aquí hay claramente una hipótesis que es más plausible. Se ofreció, se sacrificó. ¡Se inmoló! ¡Bonito es este país! ¡Bendito sea, a pesar de esto, pero ya menos de mil veces! Aquí aparece de improviso Cicerón y lo mandan a por el café.

Escribir es, definitivamente, falsear. He pedido ya dos veces, con nada disimulado entusiasmo, la bendición para nuestro país y alguien podría pensar que soy de los que aman a su tierra, sin posibilidad de crítica o reflexión. Nada más alejado de la verdad. Creo sinceramente que tenemos un país envidiable en muchos sentidos, lo que nos debería hacer más activos en su cuidado, en el  perfeccionamiento de nuestra convivencia. Pero, aparte de esta creencia apasionada,  estoy extremadamente mal dotado para los  nacionalismos. Mi patria, mi verdadera patria, es la vida. Alguien lo dijo antes que yo, es una frasecilla. Pero condensa algo de lo siento al respecto. La tomo.

También querría explicar que, si ironizo un poco a veces, lo hago para trivializar, para hacer más tolerable algún aspecto ingrato de la realidad -esa es una de las funciones del humor-, depurándola y tornándola más amable. Porque este interés de algunos en hacerse escuchar, muy estrechamente vinculado con la disposición a no atender a nadie -esto que digo no tiene nada que ver con el caso que acabo de referir-, puede llegar a ser enfadoso y se da ocasionalmente en agrupaciones como la nuestra. Esa vanidad provoca en mí un odio autolimitado, que sería irremediable si no fuera dulcificado por el tratamiento satírico de la situación. Seguramente no soy el único. Luis Fernando Alvarez y Pérez  Miravete ("Arturo Rigel"), nuestro secretario en 1968, recoge, con toda intención, en el acta de una junta general: Intervino el Dr. X (no diré el nombre), "quien después de hacer un panegírico de su propia obra y labor dentro de nuestra Sociedad, aduce en términos enérgicos el derecho a que se cree acreedor de pronunciar una conferencia en una sesión del presente curso, rogando, por circunstancias personales, que le sea asignada la fecha de inauguración del curso" (el subrayado es mío). Nada más natural. Si uno se hace miembro de una sociedad es para hacerse oír, y cuantas más veces mejor. Y la sesión inaugural parece especialmente apropiada. ¿Y los demás? ¡Qué sabe uno de los gustos de los demás! Si fuera uno a preocuparse por eso, no se acabaría nunca. A lo mejor les gusta escuchar, a lo mejor les sienta bien. Uno sabe lo que le gusta a uno, y malamente. De los otros, mejor ni hablar. En esto de las aficiones hay mucha variedad y colorido.

Al Dr. X se le dijo que ya estaba confeccionado el programa para el curso y él adujo que, quien fuera, había corrido mucho, que eso era misión propia de la junta general. El presidente, Dr. Zúmel, explicó que no, pero accedió a que se votara su propuesta. Fue rechazada estruendosamente. El Dr. X no pudo dar su conferencia inaugural, pero siguió en la Sociedad, claro, porque yo no he dicho, ni pienso, que los parlanchines sean mala gente. Y, además, siempre queda la esperanza de la sesión inaugural del curso siguiente, que nunca hay que perder la ilusión.

Sigamos con nuestro tema. Parece claro, a la luz de las actas conservadas, que Velasco es ya el presidente desde mediados del 43. Por lo tanto, aquí hay que hacer una pequeña corrección a lo propuesto por Rico-Avello en el apéndice cronológico anexo a su conferencia. Por las razones que sean, el Dr. Aza se resiste a ocupar la presidencia, aunque  también se habla en alguna junta, en su ausencia, de que "quizá se pueda vencer esta postura del presidente". No se logró. Y lo siento, porque, como escribí antes, Aza parece una persona llena de encanto. Estudiando los fondos de la Biblioteca Nacional se encuentran bastantes obras suyas de carácter médico y alguna menos estrictamente profesional, como Feminismo y Sexo, de 1928. No, no era un escritor, pero en esto no era diferente de muchos de los restantes presidentes de nuestra sociedad.

No puedo señalar exactamente cómo terminó la presidencia de Aza, ni las últimas razones. Renuncio muchas veces a recoger los innumerables detalles y matices para no caer en ese defecto al que los franceses califican  como l'ennui de tout dire. De algún texto parece deducirse que fue el propio presidente el que quiso cesar. Sin embargo, también hay que recordar que Vital Aza, junto con Ara, Hernando, Pittaluga, Tello y otros, había sido expulsado de la Real Academia Nacional de Medicina en un proceso de depuración de los corrientes en la inmediata postguerra. No consta que nada parecido ocurriera en nuestra Asociación, en el caso de Aza. Sin embargo, sí mencionaré que el nombre de Gustavo Pittaluga, que había sido nombrado socio de honor en 1931, aparece en nuestro libro de registro sepultado bajo otro distinto, de manera que me fue muy difícil reconocerlo. Tenemos, pues, por tener de todo, hasta un pequeño, mínimo palimpsesto en nuestros archivos.

Por cierto, con este Vital Aza Díaz, lo primero que hay que hacer es no confundirlo con su padre, cosa que ocurre a veces. El padre sí que fue un muy prolífico escritor y autor teatral. Se llamaba Vital Aza Álvarez-Buylla y también fue médico, aunque empezó la carrera algo tarde, a los veinte años, y no la ejerció nunca. Escribió más de mil poemas y repentizaba con el mismo desparpajo con que se cuenta lo hacía Narciso Serra, poeta y autor dramático madrileño, algo anterior en el tiempo (1830-1877). A los dos, se dice, les era más fácil hablar en verso que en prosa. No puedo detenerme aquí en la figura del padre. Diré, simplemente, que en 1882 se casó con Dª Maximina Díaz Sampil y de ellos nació nuestro presidente, en 1890, en Mieres.

Ya dije que el hijo no fue escritor. Sí fue un prestigioso ginecólogo, presidente de la Sociedad Española de Ginecología, y leyó su discurso de recepción en la Real Academia Nacional de Medicina, Derechos y deberes biológicos de la mujer, el 15 de febrero de 1934. Fundó el Sanatorio de Santa Alicia en 1919, en donde después estuvo el equipo quirúrgico Montesa, en la calle del mismo nombre, "que no tiene que envidiar a las clínicas suizas y alemanas", dijo en su discurso de contestación el Dr. Enrique Slocker, quien también sentenció, al final: "La Academia está de enhorabuena: ha entrado un señor". Seguramente lo era. Murió el 12 de octubre de 1961, de leucemia, enfermedad que ocultó hasta a sus propios familiares.

En Feminismo y Sexo, expresa una preocupación, sincera y muy avanzada para su tiempo, por la condición femenina y sus desventajas sociales. Aprovecho el clima para decir que nuestro primer socio femenino fue una doctora corresponsal de Jaén, Dª María Nieto Donaire, sin fecha de ingreso, pero que debió de hacerlo entre 1945 y 1947. En la obra citada, Aza escribe un "pórtico", de unas cinco páginas, explicando por qué no ha solicitado un prólogo, "ya que si el lector va a encontrar pobre y deslucido nuestro trabajo, aún habría de hacerle más penosa impresión si desde la brillante luminosidad de un prólogo se internara en lo que luego sigue". Tampoco quiere prologarse él mismo, "fiel al consejo de la doctora de Avila: no hablaremos de nuestra persona por no resultar vanos y ridículos". Un poco más tarde cita a Voltaire y escribe: "todos los géneros literarios son buenos [...] menos el género aburrido. Espero haber logrado este solo mérito: el de no aburrir a quien nos lea". Querría yo acogerme también a este deseo y propósito de mi antiguo presidente. Y para ello, una receta infalible es la de ser breve y empieza a ser ya algo tarde, en este caso, para el consejo. Por lo tanto habrá que ir acabando. Pero con unas pocas explicaciones más.

Sinceramente, el principal motivo para pensar en la terminación de esta tarea mía de historiador, que me he impuesto, es el no hacer excesivo el tamaño de esta narración. Pero sucede también que una serie de factores coopera a este desenlace, feliz para el lector y para todos. El acta del 16 de octubre del 43 es la última que se conserva de estos años y, como comentaba antes en el caso de la guerra civil, en el mismo libro, en la misma página, sin explicación razonable esta vez, aparece la siguiente acta, ¡del 3 de diciembre de 1963!, casi  exactamente veinte años después. En el momento actual faltan, están perdidas, las actas de dos décadas de nuestra Asociación. Ha desaparecido la luz que canté antes con tanto entusiasmo y nos quedamos otra vez en las tinieblas.

Sigue siendo presidente el Dr. Velasco Pajares hasta el 1945. De él encuentro sólo una obra catalogada en los fondos de la Biblioteca Nacional. Se trata de un prólogo, el dedicado al Tratado completo de Hidrología Médica, de 1942, escrito por otro miembro de la Asociación, Juan de Dios García Ayuso. Es de carácter exclusivamente profesional, sin veleidades literarias y no permite juzgar la labor de Velasco como escritor. Tiene unas seis páginas escasas.

Género al que pertenece la obra: Ensayo literario
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