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Presentación

La idea de presumir de nuestros libros astronómicos se forjó mucho antes de la celebración del Año Internacional de la Astronomía (IYA2009). En exposiciones anteriores que se montaron en esta Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla como "Libros Antiguos de Física" o la "Historia del Conocimiento Matemático" se exhibieron bastantes libros del fondo histórico de la Universidad Complutense relacionados con la Astronomía. En la exposición sobre "El libro científico polaco y la colección Polonica..." celebrada este mismo año, la Biblioteca Histórica recibió como regalo un exquisito facsímil del libro de Nicolás Copérnico De revolutionibus orbium coelestium y pudimos admirar la obra de Hevelius Selenographia sive Lunae descriptio. La Astronomía se merecía una exposición en la que fuera la única protagonista. Por eso proyectamos esta muestra como uno de los eventos principales de las actividades con motivo de IYA2009, sabiendo de antemano que se disponía de un fondo de libros de gran relevancia.

La exhuberancia de la colección nos ha planteado el problema de la selección. De la lista larga se pasó a la corta y de ella a la definitiva, dejando en el camino obras fantásticas que no pudieron entrar en las vitrinas. Además nos vemos obligados a elegir la página por donde se expondrán. Este proceso, habitual por otra parte en todas las exposiciones, resultó difícil pero divertido. Los comisarios hemos tenido la suerte de manejar todos los libros y maravillarnos con sus encuadernaciones, los textos e ilustraciones, las tachaduras de la censura, las anotaciones o correcciones al margen, incluso en sus olores. Los bibliófilos que disfrutan husmeando en librerías de antiguo pueden imaginarse cómo hemos disfrutado.

Cuando se tiene en las manos uno cualquiera de los libros de Astronomía del fondo histórico se piensa en qué otros ojos leyeron ávidamente los textos que difundían el conocimiento de una manera mucho más pausada que en la época actual pero igualmente explosiva. Con los libros especiales, de los que todo el mundo ha oído hablar, nuestra actitud ha sido reverencial y, por citar el ejemplo más conocido, el corazón nos latía a ritmos insanos cuando nos asomamos a los Libros del Saber de Astronomía cuyo título modificado ha servido para bautizar la exposición. Para los otros menos conocidos recibíamos siempre los comentarios de nuestro erudito profesor Mariano Esteban, del que tanto hemos aprendido, que conoce de cada libro su historia, la de su autor, el contexto, su influencia, sus errores y detalles increíbles que le permitirían extenderse largamente en los necesariamente escuetos comentarios de este catálogo.

Esta exposición se enmarca dentro de las actividades del Año Internacional de la Astronomía (IYA2009). La financiación de la exposición y la edición del catálogo procede en gran parte del Ministerio de Ciencia e Innovación a través de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) que nos concedió una ayuda del Programa de Cultura Científica y de la Innovación. Se ha completado el presupuesto con fondos de la partida de divulgación del programa ASTRID, cuyo objetivo es coordinar las actividades en Astronomía de centros de investigación y empresas de la Comunidad de Madrid. Sin estas ayudas no sería posible disfrutar de la exposición ni leer su catálogo.

Quiero usar unas líneas para agradecer a mis compañeros de equipo su fantástico trabajo al que se han entregado con pasión. María Magdalena Hernán y Jesús Gallego son colegas en el Departamento de Astrofísica y CC. de la Atmósfera de la UCM; Ignacio Sánchez trabaja en la biblioteca de la UCM en la Facultad de CC. Físicas, Javier Armentia es director del Planetario de Pamplona y Mariano Esteban es profesor en la Universidad de Valladolid y experto maestro en el tema, piedra angular del equipo. El mérito que me atribuyo es haber reunido a este magnífico grupo que con la ayuda imprescindible y muy profesional de los miembros de la Biblioteca Histórica "Marqués de Valdecilla" de la UCM encabezados por su directora Marta Torres y con el trabajo diario durante meses de Aurora Díez, sin las cuales esta exposición no hubiera sido posible, ha realizado un trabajo del que nos sentimos muy orgullosos.

Tenemos la esperanza de transmitir al público que visite la exposición la fascinación por la Astronomía que sentimos nosotros y que las autoridades académicas de la UCM conocen de primera mano. Este veneno que recorre nuestras venas es el que nos impulsa a visitar lugares lejanos siguiendo los eclipses totales de Sol en expediciones que recuerdan en el espíritu la de pioneros de otras épocas.

Mis amigos ya saben que esta exposición ha sido una excusa para disfrutar de cerca esos libros que tanto significaron para los profesores que nos precedieron en nuestra universidad, pero creo que es de justicia que esta confesión quede por escrito.

Jaime Zamorano
(Comisario de la exposición)

Del saber de las estrellas

El ser humano, desde su aparición sobre la superficie de la Tierra, sintió la presencia de los cielos. De día, el calor y la luz cegadora de un objeto celeste al que no podía mirar; de noche, el frío de una bóveda negra tachonada de miles de puntos brillantes y recorrida por un blanco disco luminoso, que a veces se mostraba completo, otras sólo una parte cambiante, y aún había noches en que desaparecía. Pronto nuestros antepasados observaron que todas las estrellas giraban durante la noche alrededor de un punto y que otras luminarias no giraban sino que se trasladaban lentamente y, a veces, retrocedían. Casi de repente pasaron de la mera contemplación de los cielos a la utilización práctica de los conocimientos que sobre ellos fueron alcanzando. Fue cuando se percataron de que todo se repetía en el cielo, y de que esas periodicidades servían para medir el transcurrir de la vida en la Tierra. Surgió así el primer resultado práctico: la medida del tiempo. También se les ocurrió "marcar" en los extremos del horizonte los lugares aparentes de la salida y la puesta del Sol, iniciando así la construcción del sistema de los puntos cardinales, auxilio indispensable para la orientación en los desplazamientos sobre la superficie terrestre. Constataron también que en las noches de las épocas más frías se veían algunas estrellas que eran sustituidas por otras en las más cálidas, y en los días calurosos el Sol estaba más alto sobre sus cabezas que en los días fríos. Observaron otras muchas relaciones entre los sucesos celestes y los acontecimientos en la Tierra, como la existencia de la Luna llena y la subida del mar, o el florecimiento de los campos y el que el día y la noche tuviesen la misma duración. Era lógico concluir, como lo expresó Aristóteles en su De Coelo, que "todos los cambios del mundo inferior estaban regidos por los movimientos del mundo superior" o de manera más lírica, el hispano-romano Higinio en su Poeticon Astronomicom: "Con mi poema me propongo hacer descender del cielo conocimientos divinos sobre los astros, confidentes del destino, que cambian las diversas vicisitudes de los hombres, y que son obra de una razón celestial".

Por lo tanto, el conocimiento de los eventos celestes llevaría necesariamente a saber todo lo que sucedería sobre la Tierra. La correcta determinación de las posiciones del Sol, la Luna y de los cinco planetas conocidos proporcionaría una información valiosísima sobre lo que sucedería en nuestro mundo "sublunar". De ahí la confección de las tablas y de las efemérides, en donde se recogían también los eclipses, las distintas conjunciones, los tránsitos....La necesidad de disponer de tablas más precisas impulsó la observación astronómica, desarrollando nuevos métodos y haciendo progresar la fabricación de instrumentos de medida, más exactos y sencillos de manejar, y aún la invención de ingenios capaces de aproximar y agrandar los objetos celestes. La falta de concordancia entre los datos de las tablas utilizadas y los resultados de las observaciones propiciaron el que se cuestionara el sistema del mundo que había servido de base para elaborar esas tablas; de esta manera el mundo geocéntrico de Aristóteles y Ptolomeo fue sustituyéndose por modelos heliocéntricos, hasta alcanzar al regido por las leyes keplerianas y la teoría de la gravitación universal.

Y este largo proceso del progreso del conocimiento astronómico se encuentra recogido, en sus aspectos esenciales, y también en algunos más particulares y accesorios, en los más de un centenar de volúmenes que aquí se presentan. En su conjunto es la historia de la astronomía hasta el siglo XIX. Cada obra puede ser considerada como una página del libro de la historia, no tiene sentido sin la existencia de las anteriores y hace comprensible a las posteriores. Cada uno de los autores forma parte de una entidad única, que es la comunidad científica sin acotaciones temporales, y su obra se explica dentro de un esfuerzo colectivo de comprensión y utilización práctica de lo observado en los cielos. Y en esa labor de interpretación y de construcción del conocimiento en cada obra hay aciertos y también errores; hay progresos y, en ocasiones, también pasos hacia atrás. Pero el conjunto es la expresión auténtica, real y directa del gran avance de la astronomía conseguida por el ser humano hasta los comienzos del siglo XIX. La mayor parte, sesenta y cinco, del centenar de textos expuestos aparecen escritos en la lengua culta de los siglos pasados, el latín, aunque también es significativo el número de los redactados en castellano, que alcanza los veinticinco. También es relevante que de los ochenta y seis autores principales, más de treinta sean españoles. Respecto al origen del resto, destacan los catorce franceses, los trece italianos y los ocho alemanes. La presencia de las obras más representativas de la astronomía anterior a 1800 y la de los autores de más prestigio e influencia en el desarrollo del conocimiento astronómico, como Aristóteles, Ptolomeo, Alfonso X, Peuerbach, Regiomontano, Copérnico, Tycho Brahe, Kepler, Galileo o Newton, entre otros, aseguran la excelencia de esta exposición elaborada con los ricos fondos de esta maravillosa Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid.

Mariano Esteban Piñeiro
(Comisario de la exposición)

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