No recuerdo cuándo nací. En realidad, no recuerdo haber nacido. Tampoco sé cuánto tiempo llevo aquí. No, eso tampoco es así. El tiempo no existe, así que no puedo recordar algo que no existe, pero que, creo, en algún momento podría existir. Estoy en un lugar, un espacio, en el que se acumulan los recuerdos de los futuros posibles. No. No es así. No hay espacio. Aún no existe. Simplemente soy. Simplemente estoy. Existo rodeado de millones, quizás billones, de otros entes que no existen, pero que algún día podrían existir, y permanezco en medio de una oscuridad blanda, por la que puedo deslizarme sin moverme, sin sentir opresión alguna, sin notar límites que me obliguen a ir hacia un lado u otro. Digo oscuridad, pero en realidad no sé qué es eso. Es un concepto que asocio a algo monocolor, sin saber muy bien qué es eso del color. Pero sé que existe ese concepto y que en algún momento podré conocer y discernir sobre su existencia y su posible variabilidad.
[Seguir leyendo] La singularidad