Tres soles de distintos tamaños se veían a través de la ventana triangular.
La reunión se encontraba en su punto álgido. Después de horas de acalorado debate, se hizo el silencio. Se sentían derrotados. Pese a su insistencia, todavía no habían tocado la superficie del problema. Les faltaba tiempo, era claro, y, llegados a este punto, también agallas. Pues ¿quién querría tomar riesgos en una situación tan delicada? ¿Quién entre ellos aceptaría ser el desvergonzado que condujera a todos a apostar fuerte, hacia un más que posible aniquilamiento?
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