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Poética del café: un espacio de la modernidad literaria europea, de Antoni Martí Monterde
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Rodrigo Cordero Cortés

Universidad Complutense de Madrid
cordero.rodrigo@gmail.com

Poética del café: un espacio de la modernidad literaria europeaTítulo: Poética del café: Un espacio de la modernidad literaria europea
Autor: Antoni Martí Monterde
Editorial: Anagrama, Barcelona. Año: 2007
Número de páginas: 491
Finalista del XXXV Premio Anagrama de Ensayo



Poética del Café de Antoni Martí Monterde no es una simple evocación más del vínculo existente entre la literatura y esta bebida o el lugar donde se bebe. Como adelanta ya el subtítulo, su alcance es mucho mayor, más ambicioso, y desde un comienzo implica una toma de partido decidida a favor de una cierta consideración de la modernidad europea entendida como "civilización de la palabra", como "civilización de la conversación".

Es cierto que, de entrada, el lector podría preguntar legítimamente por qué habría de considerar la modernidad bajo ese aspecto. ¿No se podría afirmar, por ejemplo, parafraseando el célebre diálogo del Fausto de Goethe, que se trataría más bien de una "civilización de la acción" opuesta a una "civilización del verbo"? O bien, -aunque aquí la periodización se torne resbaladiza- ¿no se dice que la nuestra es una "civilización de la imagen" y que "conversación" o "diálogo" es precisamente aquello que en la actualidad echamos en falta? O incluso, a un nivel más material, ¿acaso no aparece en el afiche que sirve de portada al volumen un hombre solitario sumergido en la lectura de un periódico que casi lo oculta por completo en lugar de uno en diálogo con otros como hubiera cabido esperar entonces?

Sin embargo, conforme avanza la lectura, estas aprensiones se revelan menos problemáticas de lo que pueden parecer a primera vista, aunque no por ello menos operativas. Porque el Café tal como lo aborda el autor se muestra precisamente -muy baudelerianamente- como el elemento estable donde adviene el cambio, como un espacio complejo que reconoce como propias diversas facetas -incluso contradictorias- de la modernidad: el Café es espacio de socialización pero también de soledad y de aislamiento, de acción política y subversiva pero también de contemplación, teatro de la palabra pero también palestra de la mirada. De hecho, algunos de los pasajes más lúcidos del libro son aquellos en los que el Café aparece como lugar de observación en medio de la vida pero a la vez al margen de ella, un lugar cuyo cierre equivaldría a la desaparición de una perspectiva ciudadana (porque mirar desde un Café es distinto que mirar desde lo alto de un balcón), de modo que la "forma de los Cafés se hace así determinante en la manera de pensar la ciudad"; o bien, aquellos pasajes que se enfocan en el Café como un espacio que incluye la antipatía y el distanciamiento como las versiones más trágicas de socialización, y en los que cobra todo su sentido la insistencia del autor en afirmar que la modernidad tiene mucho que ver con el paso desde el aprender a morir, que profesaban Cicerón y Montaigne, hacia el aprender a estar solo, en búsqueda de sí mismo, que resulta de la descomposición de la vida privada en medio de la multitud de las grandes ciudades.

Pero también, por estas mismas razones, la toma de partido del autor cobra la mayor importancia, porque dada su banalización, crisis o inactualidad, la "institución del Café" constituiría un espacio que sólo cabría buscar en el pasado o proyectar en el futuro y que, consiguientemente, se convierte en objeto de nostalgia o de utopía (o, como veremos luego, de melancolía o de utopía). Y, en efecto, éste es uno de los acordes dominantes del libro, su bajo continuo: "El Café es uno de los indicadores esenciales de la idea de Europa", "la decadencia del Café implica la decadencia de una civilización entera".

Ahora bien, no hay mistificación alguna en ello. O sólo la justa. Porque, precisamente, uno de los aspectos más destacables de Poética del Café, además de la lucidez general de sus análisis y de la cantidad -y calidad- de la información que pone en movimiento, es la suma conciencia con que el autor encara su objeto de estudio. Un ejemplo de ello es que no se empecina en tirar del hilo de la madeja, que sólo resulta eficaz en su entrelazamiento, con el objeto de llegar a una definición clara y distinta del Café. Otro, es que el propio autor, después de señalar al pasar la relación casi originaria entre el Café y la moda, se hace cargo de los riesgos que implica caer en su banalización cuando, distinguiendo entre la simple nostalgia ("que es rentable") y la melancolía ("que tiende a la ruina"), se dedica a desmontar la museización de los Cafés del siglo XIX, la mercantilización que opera en ellos el turismo, la fetichización de ciertas representaciones impostadas o paródicas de la bohemia, y la posibilidad de considerar el Café como un no-lugar en el contexto de la ciudad contemporánea.

Tal vez alguien podría argumentar que en ocasiones el autor se distancia demasiado de su objeto de estudio para abordar asuntos, lugares o circunstancias, que si bien están ligados al Café, han ganado un ámbito de autonomía propio (pienso por ejemplo en la calle, en el bulevar, en la bohemia); sin embargo, como señalamos antes, se trata de que el Café parece exigir esa diversidad polifónica, esa multiplicidad. En este sentido, la configuración del espacio del Café se perfila mejor en su contrapunto con otros espacios diversos pero similares como el Club, el Ateneo, la Academia, la taberna, el pub, la Universidad, el cabaret, la brasserie y, sobre todo, el Salón, de cuyas tertulias habría surgido secularizado, desjerarquizado y democratizado, como una versión subversiva con respecto al Ancien Régime. Asimismo, particularmente reveladora resulta la relación que se establece entre el Café considerado como lugar de espera y de lectura ("donde se ejerce el derecho personal a que no se le hable por el mero hecho de encontrarse en público") y la idea del viaje, a partir de la constatación de que muchos locales se abrieron primero en estaciones de trenes y de que la disposición de sus asientos habría imitado originalmente la de los propios vagones. Otro tanto se podría decir del "hombre de Café" y de sus contrapuntos con el hombre de calle, el flâneur, el diletante, el dandy, el turista y el bohemio, así como de la delimitación del Café como hogar sustraído de lo doméstico, para quienes lo doméstico se ha vuelto insoportable y que no se sienten en casa sino fuera de su hogar, o para quienes encuentran en el Café un espacio para huir del ennui, tal como sostiene el autor en los comentarios que dedica a Alfred Polgar y a Edgar Allan Poe.

En este sentido, los análisis de la transformación del Café en "espacio" gracias a la narración, y de la relación de la vida de Café ya no sólo con el periodismo, el ensayo y el cuadro de costumbres, sino también con ciertas modalidades breves y fragmentarias de la literatura moderna -y la consiguiente disolución de los géneros literarios-, resultan particularmente interesantes en la medida en que permiten considerar el Café como horizonte que posibilita pensar esa fractura, a la vez que como escenario donde ésta se muestra de manera más profunda ("A la fragmentariedad de la realidad corresponde la de la escritura"). Así es como, de la mano de un lucidísimo análisis de un relato de Zweig y de comentarios de textos de Freud, Husserl, Valéry y Claudio Magris, entre otros, el autor se adentra en el corazón de la crisis que condujo a las dos grandes guerras europeas, de donde resulta que la "afirmación de la necesidad del Café" constituiría una "denuncia callada" contra "la liquidación y la licuefacción de la modernidad", y "la búsqueda de locales donde, sencillamente, a pesar de las estructuras actuales, sea concebible la lectura y la escritura, pasa a ser así más que un gesto".

De este modo, la interrogación por las obras que surgieron del Café se convierte en una "interrogación por el presente marcada por el desencanto, que no por el desengaño", habida cuenta de que tanto la idea del Café como la idea de Europa, que es indiscernible de ella, permitirían postular una utopía corregida por ese desencanto, es decir, una utopía que sin dejar de ser sueño y esperanza, sabe que por decirlo así los sueños de la razón pueden engendrar monstruos. De aquí que Poética del Café sea también una apuesta a favor de una modernidad considerada como proceso abierto, inacabado, que evita saludablemente los simulacros y las trampas que muchas veces implica el tratamiento de la post-modernidad, y que le otorga una función crucial a la literatura ligada al Café en cuanto "contrasignatura de una promesa que la modernidad se hizo a sí misma, aunque ya no la recuerde".

Para terminar, tengo la impresión de que al fijar su atención exclusivamente en Europa el autor deja de lado o se refiere sólo al pasar a aspectos que podrían volver permeable esta delimitación geográfica a la vez que iluminar ciertos territorios imprevistos de ella. Pienso, por ejemplo, en la posibilidad de una reflexión más amplia acerca del papel que desempeñó el colonialismo y el exotismo en la introducción y en la posterior comercialización del café, o bien, en las variaciones con respecto al modelo europeo que pudo implicar la apertura de Cafés en territorios occidentales más o menos periféricos (pienso, sobre todo, en Latinoamérica y en la mención de los Cafés bonaerenses, que podría haber recibido un desarrollo mayor). No obstante, dada la extensión y la meticulosidad de Poética del Café, difícilmente se pueda reprochar al autor el no haber proseguido su investigación en estas y en otras direcciones, que, por lo demás, el propio libro perfila. Pero, por otra parte, como se alcanza a entrever por ejemplo en la recepción de las lecturas de Ortega y Gasset en Buenos Aires, estas direcciones podrían resultar útiles a la hora de poner de manifiesto un desfase entre perspectivas diversas que surgen de un mismo espacio de la sensibilidad moderna. Por esta razón, entonces, Poética del Café plantea también una oportunidad, una suerte de pie forzado, para nuevos diálogos, otras miradas, diversas tomas de partido y subversiones.


CORDERO CORTÉS, Rodrigo (2009)"Poética del café: Un espacio de la modernidad literaria, de Antoni Martí Monterde" [en lí;nea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 1, núm. 1. En: http://www.ucm.es/info/angulo/volumen/Volumen01-1/resenas01.htm. ISSN: 1989-4015

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