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De la ciudad moderna a la ciudad postmoderna. Barcelona en dos novelas de Eduardo Mendoza: La ciudad de los prodigios y Mauricio o las elecciones primarias
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Cristina Jiménez-Landi Crick

Universidad Complutense de Madrid
Departamento de Filología Románica

crisjlc@googlemail.com

Resumen
La obra novelística de Eduardo Mendoza muestra ya desde La verdad sobre el caso Savolta (1975) un evidente interés por narrar la vida en Barcelona en distintos momentos de su historia. En este trabajo analizo la configuración del espacio urbano en dos novelas del autor, publicadas con una diferencia temporal de exactamente veinte años. En ambas novelas, Barcelona se constituye en el espacio de la Historia, de forma diacrónica en La ciudad de los prodigios y de forma sincrónica en Mauricio o las elecciones primarias.
Palabras clave: Eduardo Mendoza, Barcelona, espacio urbano, literatura.

Title: From a modern city to a postmodern city. Barcelona in two novels by Eduardo Mendoza: La ciudad de los prodigios and Mauricio o las elecciones primarias.
Abstract
Since La verdad sobre el caso Savolta (1975), Eduardo Mendoza's novels show an obvious interest to write about life in Barcelona in different moments of its history. In this paper, I will analyse the configuration of the urban space in two novels by this author, published with a time gap of exactly twenty years. In both novels, Barcelona appears as the space of History, in a diachronic way in La ciudad de los prodigios and in a synchronic way in Mauricio o las elecciones primarias.
Keywords: Eduardo Mendoza, Barcelona, urban space, literature.  

Barcelona es una metrópolis mediterránea con una serie de rasgos que la convierten en especialmente interesante para un estudio del espacio urbano en la literatura. Esta ciudad llegó a ser uno de los puertos más importantes del mediterráneo occidental en la Edad Media y hasta el siglo XVI tuvo un significativo papel internacional como centro urbano. Asimismo, fue un importante foco industrial y cultural en el siglo XIX. Se trata de una ciudad con una larga historia, cuyo puerto la abre al mundo y la convierte en cosmopolita y multicultural. Pero como es bien sabido, Barcelona es además una ciudad bilingüe con una rica literatura bilingüe y, por tanto, multicultural por antonomasia. Estos rasgos la convierten en una elección indudablemente productiva, puesto que, por un lado, se trata de una ciudad muy tratada en la literatura por su historia dinámica y conflictiva y por el fuerte sentimiento vital urbano de sus habitantes y, por otro, la capital catalana no sólo tiene una gran significación a nivel local, sino que es además eminentemente cosmopolita.

La ciudad de los prodigios, cuarta novela de Eduardo Mendoza, publicada en 1986, narra el desarrollo de la ciudad de Barcelona entre sus dos Exposiciones Universales, en 1888 y 1929; a esta ciudad llega Onofre Bouvila, joven procedente de la provincia, deseoso de hacer fortuna en la capital, de modo que a través de sus andanzas se realiza un recorrido por Barcelona en la época modernista, la de su máxima expansión.

En Mauricio o las elecciones primarias (2006) Barcelona se erige como el espacio donde varios de sus personajes, y en especial Mauricio, viven el desencanto político en los primeros años de la democracia. La novela se sitúa entre las segundas elecciones ganadas por CiU en 1984 y la proclamación, dos años más tarde, de Barcelona como sede para los Juegos Olímpicos de 1992. Aunque, al principio, el albergar en su ciudad este acontecimiento sólo produce desconfianza en Mauricio y su novia Clotilde, al final de la novela ambos se contagian de la euforia colectiva hasta tal punto que deciden casarse.

Así pues, en ambas novelas la elección del momento histórico es claramente simbólica, ya que se sitúa a la ciudad ante la celebración de acontecimientos de calado internacional que la mostrarán al mundo y ante los que se utilizará "una acción puntual como motor de un desarrollo sectorial" (Miret 1991: 130), esto es, se aprovechan estos acontecimientos para llevar a cabo nuevos planes urbanísticos que cambiarán tanto la fisonomía como las vidas de los habitantes de Barcelona. Pero no sólo eso, sino que es posible observar en la elaboración temática de ambas novelas una serie de rasgos comunes relacionados precisamente con esta renovación urbana y social.

El siglo XIX, en el que se sitúa gran parte de La ciudad de los prodigios, resulta de gran importancia para la Historia de Barcelona, pues es en este siglo cuando a la industrialización de Cataluña y a su consecuente preponderancia en el ámbito económico seguirá la Renaixença de la cultura y la lengua catalanas, de forma que las miradas se vuelven hacia la capital catalana como centro no sólo industrial, sino también cultural. Y es precisamente en este contexto cuando se celebra allí la primera Exposición Universal (1888) que marca el comienzo de La ciudad de los prodigios, donde se indica ya que "el año en que Onofre Bouvila llegó a Barcelona, la ciudad estaba en plena fiebre de renovación" (Mendoza 1986: 15)[1].

Mauricio o las elecciones primarias culmina con la concesión de las olimpiadas de 1992 a Barcelona, mostrando así otro momento clave de la Historia de la ciudad, pues esta coyuntura se aprovecharía para construir edificios tan emblemáticos hoy en día como el Palau Sant Jordi o la Villa Olímpica, que supuso acabar con parte del antiguo centro industrial de Pueblo Nuevo. Asimismo, se intentó sanear el barrio chino, zona de prostitución y drogas. A lo largo de toda la obra de Eduardo Mendoza se comprueba que las olimpiadas en la capital catalana marcan un hito en su historia. Pensemos en Sin noticias de Gurb, donde la celebración es inminente, o en La aventura del tocador de señoras, unos años después de dicha celebración. Los Juegos Olímpicos que se celebraron en Barcelona dieron lugar a la ciudad que hoy conocemos: una ciudad plenamente posmoderna, e incluso de las pocas en el mundo marcada también por una arquitectura posmoderna (Amendola 2000: 68). Pues bien, el día de la proclamación por parte de Samaranch de la concesión de estos Juegos a Barcelona coincide en nuestra novela exactamente con el día del entierro de la Porritos, ex pareja de Mauricio con quien "se va toda una época" (Mendoza 2006: 362). De este modo, el fin de la "pasada" época de lucha e idealismo políticos representada por la Porritos, se solapa con la "nueva" época que representan las futuras olimpiadas en la ciudad. Barcelona se constituye en un espacio de cambios estéticos, sociales y también interiores, esto es, de renovación en los protagonistas quienes, finalmente, se dejan llevar por la nueva euforia colectiva y en el día de dicha proclamación deciden casarse empezando así, ellos también, una nueva época en sus vidas.

En las dos novelas que tratamos aquí, el espacio urbano se erige por tanto en reflejo y escenario de la época narrada, constituyendo el espacio de la Historia. Así, tanto La ciudad de los prodigios como Mauricio o las elecciones primarias remiten a un espacio real, Barcelona, y se encuentran plagadas de referencias a lugares, personajes y acontecimientos históricos que el lector identifica con una ciudad y una época conocidas. Y pese a reflejar dos periodos históricos tan alejados entre sí, se encuentran en ambas novelas una serie de temas comunes reflejados en el espacio urbano. Así, tanto en una como en la otra, Barcelona es el espacio de los contrastes entre ricos y pobres, como se observa en la entrada del Liceo, donde

Onofre [...] pagó un precio a su juicio abusivo y le hicieron entrar por la puerta de los indigentes. Entró por una callejuela lateral llena de tronchos de col. Los ricos entraban por el pórtico de las Ramblas, allí se apeaban de sus coches de caballos. (Mendoza 1986: 145)

A menudo, los pobres son obreros que han llegado a Cataluña procedentes de otras zonas de España en busca de un trabajo y una vida mejores. En nuestra primera novela, las obras para las exposiciones universales atraen a multitud de ellos, pese a ser terribles las condiciones de trabajo:

[...] las jornadas laborales eran muy dilatadas; los trabajadores tenían que levantarse diariamente a las cuatro o cinco de la mañana para acudir a sus puestos de trabajo puntualmente. Los sueldos eran muy bajos. Los niños trabajaban a partir de los cinco años [...]. (Mendoza 1986: 34)

La gran diferencia estriba en que cuando los inmigrantes llegan a principios del siglo XX, Cataluña es un lugar más próspero donde encontrar trabajo, como fruto de la Revolución Industrial, mientras que en los años ochenta la región está en crisis, como cualquier otro lugar de España. En Mauricio o las elecciones primarias la inmigración procedente del sur de España hacia Cataluña se ve personificada en la Porritos, que emigra a Barcelona

[...] a sabiendas de que allí las condiciones laborales dejaban mucho que desear, pero donde pensaba que sus inquietudes artísticas y su conciencia social tendrían más posibilidades de desarrollo y de expresión. (Mendoza 2006: 145)

Posteriormente, será su hermano quien intente quedarse en la capital catalana para trabajar. Mauricio le advierte de que "en Cataluña hay una crisis de mil demonios", pero aunque los tiempos estén difíciles "a la larga, algo acabará cayendo" (Mendoza, 2006: 328).

Las diferencias entre las clases más favorecidas y la clase obrera no sólo se reflejan en sus distintos modos de vida, sino también en los espacios de la ciudad por los que se mueven. Así, en La ciudad de los prodigios muchos obreros de la construcción (para la segunda exposición) viven en barracas, pequeñas casas que podríamos comparar con las chabolas de hoy:

Los barrios de barracas brotaban de la noche a la mañana en las afueras de la ciudad, en las laderas de Montjuich, en la ribera del Besós, barrios infames llamados "La Mina", "El Campo de la Bota" y "Pekín". (Mendoza 1986: 517)

En Mauricio o las elecciones primarias las clases bajas viven en barrios impersonales en las afueras de Barcelona (incluso en pueblos aledaños) donde abundan la delincuencia y la suciedad. Así, en aquel barrio de su primer mitin, "en los confines de la ciudad" (Mendoza 2006: 64), Mauricio sólo se siente seguro gracias a la presencia de sus compañeros activistas Brihuegas y Mosén Serapio, pues

Las aceras estaban llenas de motocicletas y menudeaban corrillos de jóvenes vestidos de un modo estrafalario que miraban a los transeúntes con aire de perdonavidas. (Mendoza 2006: 69)

Este tipo de barrio es aún, al comienzo de la novela, totalmente nuevo para Mauricio, que

[...] lo miraba todo con curiosidad y con desconcierto. El barrio impersonal, el estrépito de la circulación, el aspecto de la gente y los colores chillones de los rótulos lo transportaban a lugares remotos. Lo mismo podían estar en Barcelona que en Asia o en cualquier ciudad de América Latina. (Mendoza 2006: 69-70)

Sin embargo la degradación que encuentra Mauricio en ciertos barrios de la ciudad no es exclusiva de éstos; el tío de Clotilde, que vive en la calle Muntaner (cerca de la avenida Diagonal), relata cómo allí mismo, en el jardín público que hay bajo su casa, "se congregaban los drogadictos en pleno día sin ningún recato" (Mendoza 2006: 123).

La forma de moverse por la ciudad también distingue a los habitantes de ésta: al igual que en su juventud Onofre Bouvila dejaba de ver carros a medida que se acercaba al barrio de su mísera pensión, Mauricio conduce siempre por la ciudad y la Porritos, sin embargo, lo hace en transporte público pues, como ella misma afirma, "viviendo donde vivo, no hay elección" (Mendoza 2006: 146).

También son temas recurrentes y que parecen no haber cambiado apenas entre una época y otra la inseguridad ciudadana, la corrupción política y la especulación inmobiliaria que, si a finales del siglo XIX se concentraba en el barrio del Ensanche, en el XX ha encontrado su filón en las costas catalanas (y españolas en general). Así, Bouvila amasa su primera gran fortuna aprovechando el auge del sector inmobiliario: "en este mercado confuso y sembrado de añagazas penetró Onofre Bouvila con cautela hacia el mes de septiembre de 1897" (Mendoza 1986: 271), participando de la tendencia generalizada a la especulación inmobiliaria, a cuya rueda "estaba uncida toda la ciudad" (Mendoza 1986: 269).

Muchos años más tarde, como leemos en Mauricio o las elecciones primarias, la especulación inmobiliaria se refleja en el estado de las costas, cuyo destrozo, como les cuenta un amigo a Mauricio y Clotilde, empezó con el franquismo y con el boom turístico de los años sesenta pero, al contrario de lo que se esperaba, no se frenó con la democracia, sino que la especulación y la ilegalidad aumentaron a ojos vistas: "Los ayuntamientos están a sueldo de las constructoras y a los promotores les importa un bledo la ecología y el paisaje, porque saben que todo se vende" (Mendoza 2006: 169).

Se observa, por tanto, cómo el espacio urbano sirve como reflejo de temas de tipo social e incluso político. Las sucesivas renovaciones a las que se somete la ciudad afectan evidentemente a sus ciudadanos y si con su especulación en el barrio del Ensanche Onofre Bouvila aprovecha la coyuntura histórica para enriquecerse y "de resultas de ello, causó a la ciudad un mal irreparable" (Mendoza 1986: 275), los proyectos propuestos para la ciudad en los años noventa también suscitan reticencias entre los ciudadanos. Los cambios que supondría la celebración de dicho evento en la ciudad son relatadas por el político Raurell; éstos incluyen una nueva carretera para mejorar el tráfico y conectar los barrios de la periferia con el centro:

La integración de toda la ciudadanía, la eliminación de barreras clasistas eran aspectos esenciales del proyecto socialista, de su concepto de la ciudad. Pero el proyecto no acababa aquí: también se abriría la ciudad al mar y se sanearía y esponjaría el barrio chino. (Mendoza 2006: 296)

Pero estos cambios en la ciudad también son vistos como negativos por muchos, pues como el propio Raurell explica, hay un peligro de que la ciudad pierda su personalidad, de que Barcelona se convierta en una ciudad de diseño, de modo que se traicione la memoria histórica:

Dan la voz de alarma ante la posibilidad de que en el barrio chino no queden putas ni burdeles ni tiendas de gomas y lavajes, como si fuera algo malo la supresión de una prostitución ignominiosa y malsana. (Mendoza 2006: 196)

Esta opinión acerca de las posibles consecuencias negativas de la transformación de la ciudad es expresada por autores como Manuel Vázquez Montalbán, quien se refiere a su ciudad como "Barcelona emblema de la nueva situación deshistorificada, bellísimo estuche de ciudad democrática abierta al mar de los emergentes y los sumergidos" (Vázquez Montalbán 1998: 94).

Ajenos a las reticencias de personas como Mauricio ante las olimpiadas, los turistas como el israelí Rubén están sin embargo encantados con los cambios que va experimentando la ciudad y con el entusiasmo provocado por los supuestos juegos olímpicos. Rubén, primo de Mauricio, considera que "Barcelona es una ciudad de primer orden. Sólo necesita un empujón, y el mejor reclamo es un acontecimiento deportivo de esta envergadura" (Mendoza 1986: 265). Su visión de la ciudad como turista extranjero, tras sus visitas al barrio Gótico, la Rambla, la Sagrada Familia, el parque Güell y un par de museos, y que "además, había recorrido el puerto en barquito, había subido al Tibidabo y a Montjuich y había ido al liceo" (Mendoza 2006: 265), choca con la de los habitantes de Barcelona como Clotilde:

A Clotilde le parecía imposible que Barcelona desbancara a otras ciudades que también pugnaban por aquel honor [celebrar las olimpiadas], dudoso pero seguramente lucrativo. (Mendoza 2006: 193) 

Las diversas visiones y percepciones del espacio urbano que se ofrecen en Mauricio o las elecciones primarias se corresponden con las diferentes procedencias, ideologías y clases sociales de los personajes. De este modo, se nos ofrecen varias "Barcelonas". Esto mismo sucede en La ciudad de los prodigios, al ser su protagonista un hombre hecho a sí mismo que conoce del mismo modo los bajos fondos de la ciudad y las zonas más lujosas y refinadas, hasta tal punto que cuando se siente insatisfecho con su vida de millonario habitante del barrio de la Bonanova,

Huyendo de la elegancia y la limpieza [Onofre Bouvila] buscaba la camaradería de rufianes, maleantes y putas; así creía haber reencontrado aquella Barcelona de la que había logrado elevarse pero en la que ahora creía haber sido bastante feliz. (Mendoza 1986: 483)

En ambas novelas aparecen espacios simbólicos, esto es, que poseen connotaciones que les dotan de un significado especial y que es necesario conocer para comprender la configuración que de la ciudad se hace en cualquier obra de arte. La aparición de estos lugares simbólicos (que también podríamos denominar "lugares de memoria" siguiendo a Pierre Nora) en la novela forma parte de lo que venimos llamando la "imagen de la ciudad", pues remiten a un conocimiento previo de ésta y de su Historia. En este sentido, entre la época narrada en La ciudad de los prodigios y la de Mauricio o las elecciones primarias, es evidente que algunos espacios han conservado su significado, mientras que otros lo han perdido, o bien éste ha cambiado. Así, el ya mencionado barrio de la Bonanova, situado en la parte alta de Barcelona y que se caracteriza por poseer algunas de las viviendas más caras de la ciudad, sigue representando en Mauricio o las elecciones primarias lo mismo que en La ciudad de los prodigios, esto es, la riqueza. En este barrio al que se muda Onofre Bouvila cuando ya es un hombre rico y famoso, viven y se mueven en Mauricio o las elecciones primarias el adinerado Fontán y su futura esposa Michelle, que vive en una torre de tres plantas y tiene como servicio a un criado filipino.

Frente a esta imagen, contrasta la del barrio de la Barceloneta:

La Barceloneta era un barrio de pescadores que había surgido durante el siglo XVIII fuera de las murallas de Barcelona y después había quedado integrado en la ciudad y sometido a un proceso acelerado de industrialización. En la Barceloneta estaban ahora los grandes astilleros. (Mendoza 1986: 32)

Aún en los años ochenta parece sufrir esta zona cierta degradación, como se desprende de la ubicación del hospital donde ingresa la Porritos, "en el rincón más degradado de la Barceloneta" (Mendoza 2006: 181).

El Liceo, lugar de reunión de las clases adineradas, también parece haber perdido su connotación con el tiempo. Si en época de Onofre representaba la riqueza y opulencia de la burguesía barcelonesa y, como decide él mismo al visitarlo por primera vez, "esto es lo que yo quiero ser" (Mendoza 1986: 145), en la época de Mauricio constituye una de las paradas obligatorias de Rubén en su visita turística por la ciudad.

Por un lado las transformaciones en la sociedad y por otro el turismo, provocan cambios en la percepción y significado de ciertos lugares de la ciudad, de modo que muchos de ellos se convierten en meros destinos turísticos o serán reformados con motivo de los Juegos Olímpicos, uno de cuyos fines será la llamada "recuperación del frente marítimo" (Miret 1991: 126).

Por otro lado, es posible, como hemos visto, desprender de ambas novelas diferentes imágenes de Barcelona y deducir las diferencias, pero también las semejanzas, entre una ciudad moderna (y modernista) y una ciudad posmoderna. Pese a la repetición o inmanencia de ciertos aspectos, nuestra segunda novela nos ofrece fenómenos nuevos, como la gran afluencia del turismo, el creciente tráfico en las calles y la presencia de las drogas, así como la "urbanalización" de la ciudad[2], todos ellos eminentemente propios de la ciudad posmoderna. La capital catalana ha pasado de ser la gran ciudad industrial de las fábricas y los edificios modernistas a ser la ciudad de los barrios impersonales, los atascos y las drogas, un destino turístico que parece tener una imagen mucho más positiva en el exterior que entre sus propios habitantes.

Así pues, en La ciudad de los prodigios los personajes explican la ciudad que, aunque remite a un espacio real y reconocible, a medida que avanza la novela se va alejando de esa imagen real, y se constituye en un espacio mitificado que engulle a sus habitantes. En Mauricio o las elecciones primarias Barcelona apunta a un espacio real en el que enmarcar (y mediante el cual, en parte, explicar) las experiencias vitales de una serie de personajes, lo cual no significa que el espacio que leemos se corresponda con el espacio real "Barcelona". El espacio urbano en Mauricio o las elecciones primarias, con una intención realista y un evidente deseo de verosimilitud, ofrece una gran variedad de percepciones de la ciudad: Mauricio, Clotilde, Rubén y la Porritos ofrecen sus diferentes visiones del mismo espacio, condicionados por sus vivencias, esperanzas y conocimiento de dicho espacio. En la diversidad de opiniones de esta novela está precisamente reflejada la multiplicidad de interpretaciones que ofrece el espacio urbano. Del mismo modo, la obra novelística de Mendoza muestra un interés particular por poner al descubierto ciertos aspectos de la realidad circundante sirviéndose para ello del espacio urbano, la ciudad que, como señala Vázquez Montalbán: "[...] es el escenario ideal para que se dé el drama de las relaciones de explotación, dependencia, oferta y demanda de la sociedad capitalista" (Vázquez Montalbán 1998: 120).


Bibliografía

AMENDOLA, Giandomenico (2000): La ciudad postmoderna. Magia y miedo de la metrópolis contemporánea. Madrid: Celeste.

MENDOZA, Eduardo (2006): La ciudad de los prodigios. Primera edición: 1986. Barcelona: Seix Barral.
- (2006): Mauricio o las elecciones primarias. Barcelona: Seix Barral.

MIRET, Enric (1991): "Barcelona, espacio real, espacio simbólico", en LISSORGUES, Yvan (coord.), La renovation du roman espagnol depuis 1975. Toulouse: Presses Universitaires du Mirail: pp. 123-133.

VÁZQUEZ MONTALBÁN, Manuel (1998): La literatura en la construcción de la ciudad democrática. Barcelona: Crítica.  


[1] Cito esta novela con la fecha de su primera edición, para evitar confusiones con Mauricio o las elecciones primarias, pues la edición que manejo es también de 2006.

[2] Término tomado de Pellicer, L., "Las ciudades son clones", El País, 03/07/2008.


JIMÉNEZ-LANDI CRICK, Cristina (2009): "De la ciudad moderna a la ciudad posmoderna. Barcelona en dos novelas de Eduardo Mendoza. La ciudad de los prodigios y Mauricio o las elecciones primarias" [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 1, núm. 1. En: http://www.ucm.es/info/angulo/volumen/Volumen01-1/varia04.htm. ISSN: 1989-4015

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