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feediconRSS Vol.2, núm.2grisAR2010 grisARUniversidad Complutense de Madrid ISSN: 1989-4015grisAR

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Lisboa en primavera: desde la Revolución de los Claveles a la Lisboa de hoy
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Fermín Bouza

Universidad Complutense de Madrid
Departamento de Sociología VI (Opinión Pública y Cultura de Masas)
fermin_bouza@telefonica.net

Resumen
En este artículo se recogen una serie de recuerdos que vinculan al autor con la ciudad de Lisboa, así como algunas referencias históricas y legendarias.
Palabras clave: Lisboa, Galicia, Revolución de los Claveles, Gallo de Barcelos.

Title: Lisbon in spring: from Carnation Revolution to nowadays
Abstract
This article collects the memories that link the author with the city of Lisbon and some historic and legendary references.
Keywords: Lisbon, Galicia, Carnation Revolution, Barcelos Cockerel.

Índice
1. Un viaje inicial e iniciático a Lisboa
2. O Galo de Barcelos
3. De Eusebio a la revolución democrática


1. Un viaje inicial e iniciático a Lisboa

La primera vez que fui a Lisboa tenía ya 29 años (era la víspera del 1 de mayo de 1975). No me querían dar el pasaporte, como a otros miles de ciudadanos del estado español fichados por la policía política, pero lo conseguí a través de un militar de alta graduación que era familiar y se comprometió en ello. Gracias a eso entré en Portugal con mi esposa y otra pareja amiga y nos fuimos al camping de Oeiras, donde establecimos nuestra base de acción sobre Lisboa. Corría, por tanto, el año de 1975, primero de la Revolución del 25 de Abril o de los Claveles.

Todo esto llegaba un poco tarde para mí pero, pese a ello, Portugal formaba parte de mi legendario particular por dos razones familiares: mi madre era original de Trado, cerca de Cortegada (mi aldea de una pequeña parte de la infancia y de muchos veranos posteriores), en la raya de Portugal por San Gregorio / Melgaço, que se correspondía con la frontera de Ponte Barxas en el lado gallego, en la misma ribera del Miño (raia seca), y mi padre estaba constantemente en comunicación con los intelectuales portugueses de su especialidad, etnógrafos, folkloristas o arqueólogos, sobre todo. Con frecuencia estos intelectuales pasaban por Santiago y por mi casa. Portugal pertenecía al paisaje familiar. La influencia de la lengua gallega en el portugués que se hablaba en la raya era muy grande, y la gente portuguesa que andaba por Cortegada o que era de por aquella raya, hablaba como los gallegos, en gran medida. Y así sigue siendo. Había, pues, una continuidad idiomática que todos conocíamos. También había una historia común, y esto lo fuimos descubriendo poco a poco. Un día supimos que Braga fue también nuestra capital y parte central de la Gallaecia. También supimos que Portugal viene de Portu Cale/Cali, y Cale/Cali de Kallaikoi, el nombre de nuestras tribus celtas originales. Supimos que procedíamos todos de un mismo tronco idiomático e histórico: la antigua Gallaecia, con sus tribus y sus lenguas, que acabaron en el llamado gallego-portugués, hoy gallego y portugués, dos lenguas hermanas que quizá algún día recobren su unidad original.

Desde Oeiras atacamos Lisboa enseguida, recordando O combóio descendente[1]de Zeca (José Afonso) y fuimos a la Praça do Rossío, aún con tanques y con pintadas del entonces omnipresente MRPP (Movimento Reorganizativo do Partido do Proletariado), entre los que debía andar el mismo José Manuel Durão Barroso, más tarde político de gran relieve en Portugal y Europa. Eran tiempos de utopías y sueños revolucionarios que se fueron mudando en sueños posibles y en democracia efectiva.

Caminamos hasta el estadio José Alvalade, del Sporting de Lisboa, y escuchamos a los oradores. Fuimos, como no, al cine (La Grande Bouffe, prohibida en España) y recorrimos la Lisboa "antigua y señorial" y la Lisboa más popular (Alfama). Recorrimos lo más importante. Pero lo más impresionante eran los lisiados de la guerra de Angola (jóvenes y muy jóvenes) paseando como podían muy de madrugada por la Avenida da Liberdade, no se sabe si reivindicando algo o huyendo de la mirada pública. Y seguimos viaje al sur por Évora y hasta la Punta de Sagres. En algún lugar (¿Lagos?, ¿Évora?... ¿Lisboa?) y tratando de comprar algo en un chiringuito de la calle, un anciano, descubriendo nuestra condición de gallegos, se dirigió a mí y me dijo "você e muito mais portugués ca min". Aquello nos dio conversación para muchos días. El viejo lo dijo con una convicción inquietante.


2. O Galo de Barcelos
Para los niños gallegos de mi época Portugal era, sobre todo, el Galo de Barcelos, la Virgen de Fátima, el café de contrabando y, más tarde, Eusebio y el Benfica. También las excursiones del colegio al puente internacional sobre el Miño[2], en Tuy, en las que la gracia consistía en poner el pie en el lado portugués y decir que habías estado en Portugal en un tiempo en el que no era fácil salir del país ni siquiera para ir a Portugal.

El símbolo portugués era el Gallo de Barcelos porque ese gallo era el regalo que todo el mundo traía de Portugal, junto con un kilo de café brasileño y quizá una pequeña escultura de la Virgen de Fátima. Pero O Galo de Barcelos también estaba en la intrahistoria gallego-portuguesa recordando un milagro parecido al de Santo Domingo de la Calzada[3].


3. De Eusebio a la revolución democrática

La primera derrota del Real Madrid en una final europea (la sexta, las otras cinco las había ganado el Real Madrid) corrió a cargo del Benfica de Eusebio. Corría el año 1962, yo tenía 16 años y estaba naciendo a la conciencia ordenada de los recuerdos y las cosas. El Benfica fue a Portugal lo que el Real Madrid a España: representación internacional y una mejoría de imagen. El fútbol tenía clara rentabilidad política y diplomática. Si España y Portugal comenzaban a ser algo en Europa era gracias a estos equipos, y nosotros, los chavales, éramos muy conscientes de ello.

Doce años después, los militares demócratas ponían fin al salazarismo caetanista, pero nosotros aún habríamos de esperar a la muerte de Franco. Tras ella, y normalizadas las cosas, volví a Portugal y sobre todo a Lisboa de forma sistemática como profesor de la Universidad Independiente de Lisboa, impartiendo un máster de mi especialidad, la Opinión Pública y la Comunicación Política. Aquella Universidad estaba en el mismo lugar en que se iba a celebrar la Expo de Lisboa, y fueron para mí territorios de mi legendario lisboeta, terrenos aún vacíos por los que caminé algunas veces.

Frente al hotel en el que me hospedaba un año y otro en Lisboa, en la Avenida de Roma, había un restaurante muy familiar especializado, en temporada, en la Lampreia do Minho. El día que llegaba a Lisboa, y pese al sueño infinito que traía del tren, me acercaba y me ponía ciego de lamprea. Era de gran calidad, como es propio de las lampreas del Miño, y estaba bien preparada, aunque a mí siempre me gustó más la preparación de mi madre frente a la preparación a la bordelesa (habitual hoy en Galicia y Portugal y que sabe mucho a vino y roba sabor a la lamprea); la de mi madre era sencilla, con su laurel, aceite, algo de vino blanco y al horno. Fantástica. El recuerdo de aquella lamprea de la Avenida de Roma me vuelve cada año por esas fechas. En cierto modo soy un lisboeta más.


[1]No combóio descendente / Vinha tudo a gargalhada / Uns por verem rir os outros / E os outros sem ser por nada / No combóio descendente / De Queluz á Cruz-quebrada // No combóio descendente / Vinham todos á janela / Uns calados para os outros / E os outros sem dar-lhes trela / No combóio descendente / Da Cruz-quebrada a Palmela // No combóio descendente / Mas que grande reinação / Uns dormindo outros com sono / E os outros nem sim nem não / No combóio descendente/De Palmela a Portimão.

[2]"Rio Miño / vai caladiño / non me despertes / ao meu meniño". Esta era una canción de berce por la comarca arraiana.

[3] La leyenda del Gallo de Barcelos cuenta la historia de un peregrino gallego que salía de Barcelos (ciudad portuguesa del distrito de Braga) camino de Santiago de Compostela, y que fue acusado de haber robado la plata a un terrateniente, por lo que fue condenado a la horca. Como última voluntad, pidió ser llevado por última vez ante el juez, que se encontraba comiendo un pollo (un gallo) asado. El peregrino le dijo que, como prueba de su inocencia, el gallo se levantaría y se pondría a cantar. El juez echó el plato a un lado e ignoró las palabras del hombre. Sin embargo, en el preciso momento en que el preso estaba siendo ahorcado, el gallo se levantó y cantó. El juez, habiéndose dado cuenta de su error, echó a correr hacia la horca y descubrió que el gallego se había salvado gracias a un nudo mal hecho. Según la leyenda, el gallego volvió años más tarde para esculpir el crucero del Señor del Gallo que ahora se encuentra en el Museo Arqueológico de Barcelos.
(http://es.wikipedia.org/wiki/Leyenda_del_Gallo_de_Barcelos)


BOUZA, Fermín (2009): "Lisboa en primavera: desde la Revolución de los Claveles a la Lisboa de hoy" [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 1, núm. 2. En: http://www.ucm.es/info/angulo/volumen/Volumen01-2/varia01.htm. ISSN: 1989-4015

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