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feediconRSS Vol.2, núm.2grisAR2010 grisARUniversidad Complutense de Madrid ISSN: 1989-4015grisAR

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Reflejos literarios de la ciudad de los navegantes en la narrativa francesa contemporánea
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Laura Eugenia Tudoras

UNED
Departamento de Filología Francesa
letudoras@filol.ucm.es

Resumen
El presente artículo propone el análisis de un recorrido poético urbano que une real e imaginario en la configuración literaria de una ciudad entre el pasado histórico y la postmodernidad: Lisboa, en Retour à Lisbonne de Max Alhau.
Palabras clave: poética de lo urbano, literatura francesa, siglos XX-XXI.

Résumé
Cet article propose l'analyse d'un parcours poétique urbain qui rejoint le réel et l'imaginaire dans la configuration littéraire d'une ville devinée entre le passé historique et la postmodernité: Lisbonne, en Retour à Lisbonne de Max Alhau.
Mots clé: poétique de l'espace urbain, littérature française, XX-XXIème siècles.


El escritor francés Max Alhau, después de una amplia y prolífica trayectoria como poeta, extendida a lo largo de casi medio siglo y reconocida por varios premios literarios como el Prix Artaud por el volumen de poesía Sous le sceau du silence (1995), el Prix de la Société des Gens de Lettres por el volumen de poesía Proximité des lointains (2006) o el Prix Georges Perros por D'asile en exil (2007), nos propone en el relato Retour à Lisbonne (2007), una prosa impregnada de lirismo que permite detectar la sensibilidad de una escritura profundamente poética.

Max Alhau nos propone, aparentemente, en su libro Retour à Lisbonne (2007), un diario de viaje; nos presenta, aparentemente, sus impresiones sobre una ciudad varias veces visitada; su texto tiene la apariencia de las notas de un viajero enamorado de Lisboa, que vuelve para reencontrarse con lo que siempre le ha conmovido y para seguir indagando en los secretos que intuye que celosamente la ciudad esconde.

El relato, más allá de la impresión inmediata, es un relato poético de viaje, un relato reflexivo que no se reduce en absoluto a un cúmulo de anotaciones turísticas, es el diario del sentir de la experiencia urbana, una experiencia descrita de forma sensible, una poesía del viaje, una poesía de la ciudad.

La Lisboa de Alhau es la escritura directa, la escritura real, la escritura del ver y pensar con los sentidos la ciudad, estando en ella.

Retour à Lisbonne es un viaje poético relatado.

Lisboa se escribe a sí misma, entre brumas que levanta el Tajo, desvelando sus espacios y aquel perfil arquitectónico, urbano, humano y natural que la configuran. Lisboa se esconde o se desnuda a cada paso a lo largo del recorrido, en cada fachada, en cada torre, en cada castillo, en cada plaza, en los rincones más inesperados de sus calles. El viajero realiza su lectura y escribe la ciudad gracias a la vivencia más directa, más auténtica desnudando sus emociones y dedicando por entero sus sentidos a los misterios de la ciudad.

El discurso literario del autor que recrea su aventura sensible en la ciudad, esboza una Lisboa inmediata, cercana, casi familiar, desbordante de vida, a la que se adivina casi siempre posesora de algún secreto, poco dispuesta a desvelar de antemano.

La imagen de las casas amontonadas en la colina, como aupándose la una a la otra, entre callejuelas comprimidas, deja entrever ese deseo escondido de la ciudad de preservación de su secreto, de mantener inaccesible aquello que sólo algunos privilegiados podrán descubrir, y no en su totalidad, como la más pura fragancia de Lisboa, incluso a pesar de las avenidas que dibujan su amplio esqueleto urbano, y que podrían hacer de Lisboa el prototipo de la ciudad actual.

Conocer y entender Lisboa, vivirla, implica recorrer el espacio urbano hasta perder el sentido de la lógica, hasta perder el sentido de la estrategia constructiva urbana. Habría que dejarse llevar por sus perfumes, por sus ruidos, por sus recuerdos, por el mismo viento azaroso que impulsaba a los navegantes portugueses y hasta por el delicioso aroma de los famosos pastéis de Belém, habría que aceptar descubrirla en pequeñas y exquisitas catas.

Lisboa no es la ciudad de un solo viaje; la suma de múltiples viajes siempre repetidos pero nunca iguales, lleva a lo que se podría llamar el viaje que conduce de verdad a Lisboa.

Con cada nueva mirada que se posa sobre la ciudad, los recuerdos de miradas anteriores se reavivan, imágenes guardadas en la memoria, recordando que Lisboa no es una ciudad desconocida, sino una vieja conocida que revela nuevas facetas al presente o, más bien, que todo en Lisboa no es más que una sucesión de presentes, actualidades directas que no tienen, sin embargo, permitido esconder en su totalidad el pasado.

Dispuesto a "asaltar" la ciudad, el viajero se encuentra a cada paso con su presencia incesante, con la serenidad radiante de los lisboetas, con los recorridos más típicos de Lisboa, con la Avenida da Liberdade, con sus árboles, sus fuentes, sus jardines, sus cafés, hasta la provincial Calçada da Gloria, esta callejuela discreta, al pie de la cual, se encuentra el pintoresco tranvía lisboeta.

Es un universo diferente que parecería un mundo parado, estacionado en el tiempo, donde la imagen de los adoquines de la callejuela, la acera de una estrechez inusual, los altos muros ennegrecidos, parecen conservar rastros de antiguas existencias, de vidas anteriores; la impresión es que el tiempo no tiene prisa en estos lugares. En Lisboa parece que el tiempo no ha erradicado los testimonios de otras épocas y el viajero moderno se ve forzado a constatar que la cohabitación de distintas épocas de varios o múltiples estratos de civilización es posible, incluso deseable.

La topografía de ciertos barrios, descubierta adentrándose en algunas callejuelas donde podríamos creer que no hay nada que ver, sorpresivamente nos sitúa ante inmuebles venerables, con minúsculos ventanucos, flanqueados por otros edificios, recientemente restaurados, pero sin duda de la misma edad, e incluso fachadas adornadas con esos azulejos que tanto han contribuido al renombre de Lisboa.

En la Travesía de Queimada nuevamente una completa serenidad y la sensación de que todo ha quedado suspendido invade al viajero. Sobre las estrechas aceras o en las calles sin coches ni tranvías, el silencio se impone y la ensoñación asalta. Porque en Lisboa, en algunos lugares, hay que dejarse deslizar hacia lo que no es más que una realidad en calma y, entonces, se comprende, quizá, porqué los habitantes no manifiestan ninguna prisa. El entorno incita a dirigir la mirada hacia una realidad que se metamorfosea a menudo, incluso cuando el transeúnte tiene una limitada aptitud para ver autrement.

Recuperamos, a través de estos recuerdos de viaje, la fascinación intacta que produce la vieille Lisbonne, gracias a aquellos elementos distintivos de su personalidad urbana que fijan en la memoria colectiva su identidad: el castillo de San Jorge o el barrio de Alfama, destinos que ayudan a remontar el curso de la historia de Lisboa.

Más allá de los clichés y de las leyendas turísticas, el laberíntico barrio de Alfama es la esencia del sueño de Lisboa. Compuesto de una exquisita mezcla de casas bajas, aparentemente abandonadas, envueltas en azulejos pintados, y de otros edificios desde cuyos balcones de hierro forjado se desparraman los colores de la ropa y de las flores acariciadas por el sol, de callejuelas serpenteantes que confluyen en íntimas y sugerentes plazoletas, de minúsculas tiendas que aún resisten, despreocupadas en lo alto de la colina del gran comercio de la ciudad de abajo, de iglesias que parecen una revancha al pasado árabe medieval, Alfama se ubica, simbólicamente, fuera de toda época, traspasa las fronteras del tiempo, convirtiéndose así en una de aquellas colinas mágicas que confieren belleza y misterio a las pocas y privilegiadas ciudades que las tienen.

La colina es aquel lugar que invita a seguir descubriendo la auténtica Lisboa, conduciendo hacia el mirador de Santa Lucía, hacia la iglesia de Santa Lucía, cuyos muros recubiertos de auténticos azulejos del s. XVIII representan escenas de la historia portuguesa, hacia la Plaza del Comercio, desde la que la mirada se fuga involuntariamente, como imantada, hacia el Tajo, intentando abarcar la circularidad de las siete colinas que rodean la ciudad, envueltas en la dulzura luminosa de los horizontes.

Continuando su periplo lisboeta, el viajero encuentra rincones que parecen no querer permitir el acceso a los extraños, aquellos rincones que siempre han sido sólo de Lisboa y de los lisboetas y que parecen querer seguir siéndolo. Uno de esos rincones es la rua Pedro de Alcântara que, a pesar de ser uno de los lugares más frecuentados por el turismo nocturno, sigue siendo el alma y el cuerpo urbanos del fado, un lugar donde de repente el extranjero se siente verdaderamente un extraño:

Mais, quel étranger peut pénétrer les secrets du fado? Comment interpréter la saudade propre à ce chant? Comment distinguer les fadistes authentiques des autres? Et que comprendre des paroles exprimées? Cet étranger ne sera tout au plus sensible qu'aux accents rauques, à la musique nostalgique qui coule en cascade des guitares. (Alhau 2007: 16)

Hay personas que viajan y que se llevan de la ciudad aquella imagen que es producto para la exportación y el consumo y hay viajeros capaces de distinguir cuál es la auténtica ciudad, cuál es su verdadera esencia. Descubrir la esencia de Lisboa no es ni más ni menos difícil que descubrir la de otras ciudades: basta con saber mirar y descifrar aquellos mensajes ocultos que la singularidad de cada ciudad transmite, basta con saber preguntar y encontrar las respuestas, basta con acercarse con un espíritu sensible dispuesto a reconocer y a reconocerse en sus signos.

El paseo por Lisboa sigue y el relato poético nos sumerge de pleno en aquella Lisboa del mediodía, con las calles llenas de transeúntes, de coches, de tranvías, llenas de vida a raudales, donde surgen y se elevan edificios emblemáticos de la ciudad como la catedral, la Sé, fortaleza del siglo XII que, a pesar del famoso terremoto de 1755, sigue en pie y cuya masividad imponente sorprende al francés, más acostumbrado al estilo románico elegante, humilde, sencillo. Su interior, austero, pobre en elementos ornamentales, no seduce, incluso a pesar de las recomendaciones que el mismo Fernando Pessoa hacía al hablar de Lisboa, mencionando sus pilas bautismales en las que, supuestamente, San Antonio habría sido bautizado en 1195. Bajando hacia la iglesia de San Antonio, la escultura contemporánea dedicada al franciscano hace aún más visible, como contrapunto, el valor de la vieja arquitectura.

Detectamos en la expresión de las impresiones recogidas a lo largo del viaje, una preocupación sensible por intentar encerrar en las palabras escogidas la más verídica e intensa realidad percibida, un intento de indagar hasta en el último pliegue de la memoria, aquellas connotaciones casi imperceptibles, aquellas pinceladas de belleza que Lisboa graba en la sensibilidad de quien la conoce.

Es desbordante la exaltada emoción a la hora de intentar reproducir con total plenitud los estados de encantamiento experimentados en el espacio de la ciudad, encantamiento que se apodera con mayor fuerza, con cada paso en el retroceso de las emociones.

En ocasiones, todo aquello que parece rehuir la mirada, la comprensión, los sentires más profundos, viene casi descrito, viene recuperado, por la labor de la imaginación, del sueño, de la fantasía. Sin embargo no es esa fantasía, no es ese sueño, los que hacen de Lisboa una ciudad aun más mágica, aun más bella, sino es la magia de Lisboa la que hace que la fantasía sólo alcance fronteras limitadas.

La reconstrucción literaria de la ciudad está cargada de emoción, de encanto, y configura un espacio urbano que ofrece vivencias e instantes excepcionales, dignos de guardar con obstinación.

Así, la poética sensibilidad del relato de Max Alhau, nos lleva de la mano a un lugar mágico como el ilustre monasterio, obra maestra del arte manuelino, maravilla de piedra donde el pensamiento se detiene ante la inmensidad sensible de una desbordada riqueza arquitectónica, que es Los Jerónimos.

Ese lugar donde el alma se encoge, donde las horas parecen fluir con la tranquilidad propia del Tajo, ofrece en su efervescente esplendor de piedra, detalles que desencadenan en la imaginación del visitante imágenes que reconstituyen la delicadeza de cada golpe de cincel, la precisión de cada gesto de la mano del escultor. Son indefinibles los sentimientos que invaden al viajero sensible en Los Jerónimos, abstraído, lejos de la realidad exterior, que se sumerge en ese sueño arquitectónico, imposible de hacer desaparecer por cualquier presencia de alrededor, sueño salpicado de maravillosos detalles constructivos y sostenido por la gracilidad de sus columnas.

La magia de algunos edificios religiosos reside, sin lugar a dudas, en la alianza entre la belleza arquitectónica y la intensidad de una fe inasible, pero casi palpable, de una presencia envolvente. De la atmósfera solemne de la iglesia de los Jerónimos, el relato nos conduce a la inmensa libertad del claustro, debida, indudablemente, a sus grandes dimensiones, a la luz que acaricia exquisitamente la piedra, a la pureza y claridad del cielo que producen la impresión de que la historia se desprende por un momento del conjunto.

De nuevo, la lujuria de los motivos arquitectónicos, el refinamiento de las columnatas, de los arcos, de los acabados en encaje de piedra, son el escenario de íntimos paseos por los escondrijos del alma de la belleza. Son el escenario que acoge y sorprende al viajero de un tiempo actual:

Je marche toujours sous le charme de cette architecture, ébloui par cette lumière, aimantés par ces pierres dont la finesse transparaît plus encore lorsqu'on porte les yeux sur elles et que l'ont tente de déchiffrer leur énigme. Au premier étage la vue d'ensemble est admirable, le regard se gorge de ces reliefs, de cette couleur que l'ombre modifie. Le caractère sacré s'est estompé, la beauté a été délivrée de toute symbolique. Est-ce le fait de l'ouverture en plein air, de l'absence de tout rappel religieux, car ici les motifs sont profanes? Comme s'il fallait enfermer Dieu à l'intérieur d'un vaisseau de pierre afin que le fidèle puisse s'en approcher au plus près. (Alhau 2007: 49)

Las páginas que el escritor francés dedica en su relato a Los Jerónimos, son, para aquel lector no conocedor de Lisboa, una invitación sugerente a acceder al lado menos descriptible y menos evidente de esa embrujadora obra maestra.

Las mismas páginas, para el alma de un véritable voyageur, son una plasmación literaria, cargada de sensibilidad, que le arrastran desde las profundidades de la experiencia vivida hacia los más íntimos recuerdos personales, recuperando con la lectura la plenitud de la belleza del inolvidable monasterio:

Il est, dans Lisbonne, des passages obligés, de ces lieux sur lesquels pèse une telle réputation justifiée que ce serait trahir que de ne pas se sentir aimanté vers eux. Il s'agit bien sûr des Jerónimos... (Alhau 2007: 39) [...] De même le génie de ces architectes qui ont nom Boytac, João de Castilho, (Nicolau) Chanterenne, Diego de Toralva, Jérôme de Roue s'imprime ici tout autant que leur orgueil à vouloir célébrer la grandeur du royaume à l'apogée de sa gloire. (Alhau 2007: 41)

El barrio de Belém despliega las modificaciones de la modernidad más reciente, combinando de forma nostálgica su pasado popular con los nuevos edificios de arquitectura aérea, resultados de una estética que une cristal y piedra y que resaltan en contraste con la arquitectura manuelina del monasterio. Pero el contraste es parte de Lisboa, constituye uno de los rasgos de su singularidad.

La torre de Belém, uno de los monumentos más representativos, con su diseño cuadrado, con sus balcones, con su logia, construida inicialmente en medio del Tajo, conserva en las coordenadas temporales de la actualidad, el recuerdo de la vocación conquistadora de los navegantes, el recuerdo de los tiempos en los que se defendía la entrada en el puerto.

El río es parte integrante de la ciudad, porque une simbólicamente el pasado y el presente de Lisboa, un presente abierto hoy por los navíos de antaño, cuya imagen poética es evocada a través de unos cuantos versos de Pessoa:

Le Tage porte de grands navires
et à ce jour il y navigue encore,
pour ceux qui voient partout ce qui n'y est pas,
le souvenir des nefs anciennes. (Pessoa 1987 apud Alhau 2007: 53)

En el espacio de una ciudad que encanta, a menudo el viajero, involuntariamente, imperceptiblemente, descubre semejanzas, acertadas o no tanto, entre lo que su mirada registra y lugares o características de su propia ciudad, almacenados en la memoria, como una inexplicable necesidad emocional-psicológica de sentirse en casa, de impregnar de cierta familiaridad lo desconocido, de hacer suya la ciudad que le acoge.

De este modo, la plaza de Oriente de Lisboa hace volver la memoria hacia París y su quartier de la Défense. En este punto, el periplo lisboeta parece dejar atrás a la vieille Lisbonne, a la ciudad descubierta un poco más en cada nuevo viaje, parece abrir paso a un prototipo de ciudad del futuro, exuberante, de formas insólitas, una manifestación del espíritu progresista de los lisboetas, una ciudad que aborda e impone un tiempo diferente en el que cualquier retorno hacia el pasado está prohibido, donde el futuro ya se ha instalado.

La Lisboa construida en la postmodernidad es el universo del rigor de la línea recta, del ángulo recto, que aturde con tantos espacios, perspectivas, imágenes repetidas; la Lisboa postmoderna se convierte en una ciudad aséptica cuyo nombre y ubicación geográfica podrían ser otros, una ciudad de cualquier país de occidente, pero tan nueva que no ha tenido tiempo de escribir su historia, una ciudad sin raíces, demasiado aérea y fulgurante, casi desierta, sin memoria ni recuerdos, sin historias que contar.

Y queda en el aire la pregunta: ¿Ante tanta modernidad, hubiera encontrado Pessoa historias que contar?; o, en palabras de Max Alhau: "Une telle modernité l'aurait-elle attiré au point de la célébrer?" (Alhau 2007: 62).

Junto con las dos Lisboas que el discurso literario construye indagando en el pasado y en la inmediatez más cercana, topamos con una incursión artística, casi con un inventario literario de aquellos elementos que dan fe de la cultura de la ciudad y de la cultura portuguesa en general, como parte constitutiva de la cultura de Europa.

La realidad y la ficción intercambian y se prestan a menudo aquellas parcelas de la imaginación no verificable, de la interpretación que cobra sentido en ambas dimensiones.

La literatura nos sumerge, después de una apreciación subjetiva en primera persona y de una interpretación urbana que permite el tiempo moderno, en la repetición del mismo viaje por Lisboa, realizado por un personaje literario al que el autor le presta su identidad, su perspectiva, su mirada y su emoción, al que le presta su alma y sobre todo le permite y le implora, al mismo tiempo, imaginar, experimentar, revivir fragmentos del pasado de la ciudad, de aquella Lisboa que inspiró la literatura de Pessoa, de Camões, de Eça de Queiroz y de tantos otros.

Imágenes reales, decodificadas en la encrucijada de los signos aún perceptibles y los signos ya no visibles, pero perdurables en la memoria atesorada por la literatura, imágenes transfiguradas, recuperadas poéticamente de los textos que evocan Lisboa y plasmadas sobre el espacio real con el fin de recrear la literaria ciudad del pasado y contemplarla en un intento emocional de volver en el tiempo, perfilan el rostro de la ciudad blanca como un espacio mágico donde imaginar y vivir lo imaginado transgrede la ficción y se vuelve real.

Lisbonne, une et multiple, ville de contrastes,... qui de nous ne t'habite à distance, qui de nous ne t'abrite dans sa mémoire afin de te perpétuer au-delà de l'oubli, dans un présent infini? (Alhau 2007: 124)


Bibliografia

ALHAU, Max (2007): Retour à Lisbonne. Montauban : Tertium Éditions.
PESSOA, Fernando (1987): Le gardeur de Troupeaux. Paris: Poésie / Gallimard.


TUDORAS, Laura Eugenia (2009): "Reflejos literarios de la ciudad de los navegantes en la narrativa francesa contemporánea" [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 1, núm. 2. En: http://www.ucm.es/info/angulo/volumen/Volumen01-2/varia02.htm. ISSN: 1989-4015

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