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feediconRSS Vol.2, núm.2grisAR2010 grisARUniversidad Complutense de Madrid ISSN: 1989-4015grisAR

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Metamorfosis de Madrid como escenario de la novela negra
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Juan Carlos Lerones Mata

jcleronm@telefonica.net

Resumen[1]
Madrid se convierte en el escenario de la novela negra en las obras de Juan Madrid y Fernando S. Llobera. Los espacios recorridos por los personajes se encuentran situados, fundamentalmente, en el centro de la ciudad. Mientras que el protagonista de la novela de Juan Madrid Un beso de amigo prefiere realizar los itinerarios a pie, en la obra de Llobera, El noveno círculo, los personajes se mueven en coche. En la primera de las novelas, se privilegia el espacio del barrio, un lugar seguro y conocido para los personajes. En la segunda, el ámbito es mucho más amplio, pues Madrid aparece conectado con otras ciudades europeas.
Palabras clave: Madrid, novela negra, Juan Madrid, Fernando S. Llobera.

Title: Madrid's metamorphoses as scenery of hard-boiled fiction
Abstract
Madrid becomes the scenary of the detective novels of Juan Madrid and Fernando S. Llobera. The spaces travelled by the characters are placed, mainly, in the city centre. Meanwhile the protagonist of Juan Madrid's novel Un beso de amigo prefers to walk around, in Llobera's work, El noveno círculo, the characters move around by car. In the first of the novels the neighbourhood space is privileges, a safe and known space for the characters. In the second one, the range is much wider, as Madrid is connected to other European cities.
Keywords: Madrid, hard-boiled fiction, Juan Madrid, Fernando S. Llobera.

Índice
1. Estructura urbana de Madrid
1.1. Espacios interpretados por Juan Madrid
1.2. La ciudad de Madrid interpretada por Fernando S. Llobera
2. La ciudad-barrio de Madrid frente a la ciudad-red de Llobera
2.1. El caso de Juan Madrid
2.2. La ciudad en la obra de Fernando S. Llobera
3. Conclusiones
Anexo 1
Anexo 2


Vázquez Montalbán sostiene que "la novela policíaca tiene que ser forzosamente urbana" (apud Vallés y Calatrava 1991: 62). Vallés y Calatrava dice al respecto:

El decorado urbano era ya pauta normal en la propia novela de enigma. [...] La conspicuidad de la ciudad es más evidente en el relato negro, hasta el punto de que, por su misma dimensión realista, muchas de estas obras son verdaderos relatos de ambiente, lugares y tipos de diferentes ciudades. [...] La importancia de la ciudad como escenario de la trama ha sido reseñada por multitud de teóricos: José Dupuy habla del alto número de delincuentes que se hallan en las concentraciones urbanas. [...] Alain Lacombe destaca cómo la novela negra no las concibe como grandes aglomeraciones siempre, sino también como la normal estructura de forma de vida, como un microcosmos que es pieza esencial del sistema social. En resumen, puede decirse que en el relato negro la presencia de lo urbano constituye el decorado o marco de la acción por una doble razón: a) porque en la ciudad hay una cierta variedad de personajes, sitios, y ambientes que retratar y se da además la mayor tasa de criminalidad, con delitos frecuentes y variados; b) por motivos de determinación social, de acuerdo con la opinión de Lacombe, puesto que, como forma narrativa contemporánea, el relato negro no se puede sustraer a la presencia del componente urbano que es, en las sociedades modernas, la pieza básica de la organización vital y social, el lugar donde, como afirma Henri Lefebvre, se condensa el nudo esencial de toda la clase de relaciones del mundo capitalista actual. (Vallés y Calatrava 1991: 63)

En este artículo nos vamos a detener a observar cómo aparece Madrid en dos novelas de género negro: Un beso de amigo de Juan Madrid, y El noveno círculo de Fernando S. Llobera. La primera, escrita y ambientada en los primeros momentos del proceso de la transición democrática, cuando la ciudad empieza a vivir las primeras bocanadas de libertad y a romper su aislamiento; mientras que la segunda recrea ya una ciudad integrada en la red globalizada y globalizadora de un sistema-mundo altamente interrelacionado.

Ambas, como es propio del género, adoptan en muchas ocasiones el tono de crónicas realizadas por corresponsales que, in situ y en primera persona, las trasmiten desde el contacto directo con la realidad.

Por otra parte, nos parecen representativas de las dos grandes tendencias por las que la novela negra se ha encaminado en los últimos tiempos: por un lado "el anglosajón, de duros detectives privados y policías corruptos [Un Beso de amigo]; y, por otro, el género continental europeo de policías funcionarios, con pocas armas y alto grado de malicia [El noveno círculo]" (Bolívar Galiano 2007: 20).


1. Estructura urbana de Madrid

Según Milton Santos:

Las condiciones naturales y las realizaciones humanas forman una red de relaciones, cuyo ordenamiento constituye un todo complejo y una realidad definida. [...] El espacio está formado por dos componentes que interactúan continuamente: a) la configuración territorial, es decir, el conjunto de datos naturales, más o menos modificados por la acción consciente de hombre, a través de sucesivos "sistemas de ingeniería"; b) la dinámica social o el conjunto de relaciones que definen una sociedad en un momento determinado. (Santos 1996: 104-105)

Respecto al primer componente hemos de señalar que, a diferencia de una gran cantidad de ciudades europeas de origen medieval que crecieron de forma concéntrica en la modernidad, Madrid ofrece al ojeador de su crecimiento histórico sobre el plano una estructura configurada en semicírculos concéntricos. Nos recuerda a la forma del teatro romano de Sagunto: el escenario lo compondría el conjunto palaciego, con un fuerte corte del terreno hacia la fachada occidental, cincelado geológicamente por el cauce del Manzanares. Esta barrera natural detuvo el crecimiento de la ciudad hacia el oeste, a la vez que crea un mirador a campo abierto. Desde esta línea de corte la ciudad se extendió en capas concéntricas, a modo de cáveas, hacia oriente, ensanchándose en la misma proporción hacia el norte y el sur.

En cuanto a la dinámica social, ya se ha indicado que la novela negra tiene un profundo y desgarrador componente crítico, por lo que necesita proporcionar una sensación de verismo con el que poder trasladar al lector una realidad identificable.

En general, los narradores y los protagonistas del relato negro tienen, o han tenido, una relación directa e intensa con la ciudad. Por tanto, es raro que aludan a un lugar que no esté cargado de vivencias personales. Otras veces refiere o arranca presupuestas vivencias del propio lector, utilizándolas para tratar de implicarle. Baste un ejemplo de cómo lo consigue Juan Madrid: "¿Conocen la Cervecería Hamburgo en la Plaza de Santa Ana?", pregunta a bocajarro Toni Romano a los lectores al inicio del segundo capítulo de Un beso de amigo (Madrid 1995: 23). Una pregunta retórica -se da por hecho que sí- con la que el detective, ejerciendo de Alicia-Cicerone, nos toma de la mano para meternos en la historia que ocurre al otro lado de las páginas-espejo. Una añagaza más para hacernos creer que lo que leemos es un reflejo de la realidad. Conseguido esto, la tensión está asegurada, pues resulta altamente inquietante para el lector recordar que aquel apacible lugar por el que ha pasado en algún momento fue el escenario de atroces acontecimientos.

Analicemos, pues, cómo interpretan e incluyen los dos autores a los que dedicamos nuestro estudio los elementos y la estructura urbana en sus espacios literarios.

1.1. Espacios interpretados por Juan Madrid

Este escritor trata de imprimir un carácter de verosimilitud, de credibilidad, de realismo a su novela mediante el trampantojo de situar los acontecimientos que narra en lugares concretos, objetivos, distinguibles y recordables. Imágenes que permiten al lector conocedor de Madrid -residente, visitante asiduo o esporádico o turista ocasional-, por identificación, integrarse en el relato. Cualquiera de ellos muy bien podría decir: "¡Anda! Este crimen que acabo de leer en esta novela ocurre en la misma calle por la que paso siempre para ir a..."; o "Ahí mismo estuve cuando fuimos a Madrid las pasadas vacaciones". Pero es aquí donde termina toda objetividad, porque Juan Madrid no realiza descripciones realistas al estilo de la novela decimonónica, sino que nos proporciona golpes de vista, fogonazos que atraen nuestra atención hacia aspectos que atienden más a traducir social, psicológica o emocionalmente lo que en ese lugar ocurre. La descripción casi desaparece. Queda reducida la mayoría de las veces a la mera cita de un nombre; lo que a partir de aquí se nos cuenta es pura literatura, que atiende tanto a los tópicos del género (ambientes sórdidos, marginales, delictivos, nocturnos, del hampa), como al universo de sentimientos, de sensaciones, de denuncias humanas, personales y sociales. Consigue dibujar escenas, situaciones y personajes mediante fugaces pinceladas que taladran la conciencia con el acierto y la fuerza de una frase lapidaria o un aforismo de Nietzsche. Veamos cómo despacha la faena de la presentación y descripción de dos de los mafiosos de la novela Un beso de amigo:

-Ha vuelto ese hijo de puta -murmuré.

-En Argentina, Elósegui se ha debido de reformar. Ahora es amable con una pobre mujer cuyo marido ha desaparecido. No lo entiendo. [...]

-Videla ha reformado a Elósegui, ahora es un caballero. La vieja rata. (Madrid 1995: 24-28)

Unas páginas más adelante, la estocada:

-Elósegui nos contemplaba. Estaba envejecido, la carne le colgaba de la cara y el cabello rubio grisáceo era más escaso que cuando lo vi por última vez. La nariz grande y carnosa era la misma, al igual que los ojos duros y claros como cristales. Su rechoncha figura avanzó por entre el césped. (Madrid 1995: 81)

Y al final el descabello: el personaje está involucrado en la mitad de los atentados terroristas cometidos en Madrid en los últimos tiempos (Madrid 1995: 102).

-El Vasco Recalte. [...] Se había educado en La Habana en tiempos de Batista y echado fama como reventador de huelgas y confidente de la policía en Madrid y Barcelona. En la década de los sesenta. Supe que después de la muerte del General se ganaba la vida como guardaespaldas de políticos y financieros. (Madrid 1995: 75-76)

Juan Madrid, en realidad no hace fotos de los personajes, sino radiografías. Descripciones de las almas de Elósegui y el Vasco Recalte hechas con un sarcasmo tan rápido y breve, casi entre dientes y para sí mismo, que parecen dichas como sin querer. Pero a su vez de forma tan eficaz y demoledora que zanja para el resto de la lectura qué y quiénes son estos dos angelitos.

La mayor cantidad de lugares y actividad citados se concentran en torno a un nodo principal: la Plaza Mayor. Toni Romano vive en la calle de Esparteros, a unos cincuenta metros de la calle Mayor y a cien de la Puerta del Sol. Cuando se desplaza por su barrio lo hace andando. El espacio por el que se desenvuelve quedaría incluido en el perímetro que contenía la ciudad en 1625. En sentido lato, el Madrid de los Austrias. Es decir, una ciudad de dimensiones todavía hechas al paso de alpargata o pezuña de cuadrúpedo -"El coche me condujo como un viejo caballo deseoso de entrar en la cuadra" (Madrid 1995: 18)-. Uniendo los puntos extremos de este espacio resulta una figura geométrica irregular cuyas diagonales máximas miden, de nordeste (plaza del Dos de Mayo) a sureste (Instituto Anatómico Forense), 1760 metros, y de oeste (plaza de San Miguel) a noroeste (calle Válgame Dios), 1300 metros. Así, el protagonista vive en una pequeña parcela de la ciudad.

Esta forma de concebir y vivir la ciudad concuerda con el pensamiento urbanístico moderno de corte tayloriano y fordiano. Pero se verá superado con creces por la obsesiva idea de Elóseguí (el gánster metamorfoseado en empresario) de obtener los mayores beneficios en el menor tiempo posible. El ideal urbano de Elósegui sería ver unido, en un todo continuo, desde el barrio de Malasaña hasta las monstruosas moles de cemento que ya ha construido en Móstoles y San Fernando de Henares. La fantasía resultaría completa si, además, él detentase el monopolio de la urbanización y construcción de tamaña ciudad. Para ello no le importa soslayar cualquier traba moral que merme la eficacia de los medios empleados para conseguirlo; pues las relaciones que le ligan a las altas esferas de los poderes fácticos, le permiten ejercer sus mañas de delincuente mafioso con absoluta carencia de escrúpulo. Entre las habituales se encuentran el asesinato, incluso en su manifestación exponencial: la actividad terrorista. El proyecto de Elósegui -a la escala que lo persigue y de una forma tan clamorosa-, significa una novedad para los usos de la corruptela que hasta entonces se había acostumbrado en Madrid. Los propios cabecillas del hampa de barrio de la ciudad están sorprendidos y hasta espantados. Uno de ellos llega a proponer un frente delictivo común, contra lo que entienden como una intromisión en sus criminales cotos privados.

Sobre todo, porque se están haciendo las cosas de forma diferente a como se han hecho normalmente aquí. Probablemente es que yo me estoy volviendo viejo, pero no me gusta nada. Cada vez son más fuertes y prácticamente los dueños del barrio. Yo no puedo permitir eso, Toni, ni tampoco Doval, ni el Vasco Recalte, ni nadie. Dime ¿qué quiere Elósegui? (Madrid 1995: 63)

Es demasiado, nadie, ni siquiera Borsa, ha tenido en Madrid una zona tan amplia. (Madrid 1995: 62)

Pesimista, o tal vez simple notario que levanta acta de hechos consumados en su tiempo, Juan Madrid presenta con sarcasmo la facilidad con la que Elósegui elude la justicia y, aun más, logra salir del asunto fortalecido y prestigiado.

1.2. La ciudad de Madrid interpretada por Fernando S. Llobera
El espacio en el que se desenvuelven los personajes de El noveno círculo ha crecido con respecto a la anterior novela de forma exponencial. Los límites de Madrid se han difuminado hasta desaparecer. Ahora hemos de entender la realidad madrileña como un espacio-región que mira más a un futuro (ya presente) de ciudades-flujo, una realidad a escala global.

La figura tentacular de la ciudad, a la que se añade el fenómeno de los flujos[2], está plenamente representada en esta obra. Todo el espacio de la provincia de Madrid ha sido integrado en la estructura de servicios de la capital. El aeropuerto de Barajas dista unos 14 Km. de la Puerta del Sol; el Casino de Madrid se encuentra en Torrelodones, a 39 Km.; la Universidad Autónoma, a 23 Km.; una de las víctimas, el abogado Julio Martínez, vivía en un chalé en Guadalix de la Sierra, a 33 Km.; el traumatólogo Montaña vive en otro chalé de Bohadilla del Monte, a 30 Km. de la ciudad; la urbanización de La Moraleja, a 33 km; un prostíbulo de cierto prestigio se encuentra en el kilómetro 36 de la carretera de Burgos. Además, internet pone al alcance de cualquiera toda la oferta de productos y servicios de toda la provincia, de España y hasta del mundo entero[3].

Vivir en Madrid era, en Un beso de amigo, casi un designio, un fatum, consecuencia de un extremado apego, lo que Augé llama sobrelocalización[4].

Entonces queríamos salir adelante, abandonar el barrio que nunca he abandonado, ser alguien, sobresalir, mandar afuera la miseria, soñar con que alguna vez íbamos a tener lo que con el jornal de repartidor de hielo de Torrente y con el mío de chico de los recados en la tienda del señor Mariano no tendríamos nunca. (Madrid 1995: 39)

En El noveno círculo se convierte en una decisión libre, es el resultado de la seducción que ejerce la ciudad sobre alguien que viene de fuera[5], o alguien de aquí que, después de contrastar la experiencia de otras ciudades, se siente atraído por ésta.

Es curioso descubrir las cosas que se echan de menos cuando se vive en el extranjero, muchas de ellas, probablemente las más importantes, pequeños detalles que a uno le pasan desapercibidos en su ciudad. Tomarse un café y escuchar una conversación sobre el partido de fútbol del día anterior, la llamada de un amigo para tomar unas cañas en un bar el sábado a media mañana, organizar una cena improvisada en algún restaurante a las once de la noche. Eso era lo que más añoraba; la familia, la patria, eran cosas a las que uno se acostumbra a tener lejos. (Llobera 2006: 39)

De la misma manera, también los madrileños se sienten atraídos por los reclamos de otras ciudades del mundo, como muestra esta conversación entre Sebastião y Morantes:

-¿Qué tal tus chavales?

-Bien -contestó Morantes-. Estudiando en el extranjero. Solete es una fiera; en Princeton, nada menos. Eso sí, con una beca, que si no... (Llobera 2006: 129)

En cualquier caso, en la realidad que tratan de reflejar ambas novelas, las fronteras ya no son el obstáculo fundamental que determina nuestras decisiones a la hora de elegir el lugar de residencia. Pese a estos profundos cambios, a España le cuesta vencer los tópicos con los que siempre se la ha asociado al norte de los Pirineos. Sherry, la secretaria de Sebastião en el departamento de la Cátedra de Antropología del University College, le pregunta a mediados de abril: "¿qué tal Madrid? No vuelves muy moreno" (Llobera 2006: 294). La propia Sherry insiste más adelante: "Vuelve a Madrid y ponte moreno, pero no desaparezcas de nuevo", frase que lleva implícito el tópico de asociar el binomio sol-playa a España, sin pararse siquiera a considerar que Madrid sea una urbe mesetaria; así como un halo de misterio y remoto exotismo: "no desparezcas".


2. La ciudad-barrio de Madrid frente a la ciudad-red de Llobera

2.1. El caso de Juan Madrid
Siguiendo el análisis que Tudoras hace de espacio y lugar[6], la ciudad estaría definida como espacio, dentro del cual el barrio queda delimitado como un fragmento -y, por tanto, adquiriría el rango topográfico inferior de lugar-. Pero en Juan Madrid la ciudad queda desplazada de su categoría por el barrio mediante un trampantojo estructural, que consiste en dotar al barrio de una de las características propias de la ciudad: la indefinición actual de sus límites. El barrio adquiere así categoría de espacio. Concretamos: al referirse al barrio de Malasaña, Juan Madrid está aludiendo a un concepto vivido por sus gentes, sacado del acerbo popular, no del administrativo. No hay en el nomenclátor de la división administrativa de Madrid un barrio que se llame Malasaña[7]. Los madrileños asocian a este nombre el espacio que cobija una serie de calles y manzanas de casas en torno a la plaza del Dos de Mayo. La pertenencia al barrio se diluye conforme nos alejamos de este punto central, pero no está delimitada, ni definida. Además tenemos los elogios que el periodista Tomás Villanueva hace del barrio en torno a la Plaza Mayor: "Está bien tu casa, pequeña pero acogedora. Cuando me divorcie voy a buscar una como ésta por estos barrios" (Madrid 1995: 67). También aquí la palabra desdibuja los límites del espacio con una carga emocional que no coincide con la administrativa, haciéndolos más imprecisos aún al referirse al barrio en plural. Toni Romano cuenta que pasó su infancia en la calle de la Corredera Baja de San Pablo y cómo al llegar a la adolescencia quería "abandonar el barrio que nunca he abandonado" (Madrid 1995: 39). Todos los elementos de esa zona del casco viejo de Madrid aparecen fundidos en una unidad-barrio emocional, indisolublemente engarzada en la gema de su vida. Los personajes que en él residen lo toman como ámbito vital de referencia, soslayando la entidad superior a la que pertenece, Madrid. Para poder percibir la idea de espacio-ciudad-Madrid como un tofo habrá que realizar el esfuerzo de unir cada uno de los lugares citados, siguiendo una sumisa ordenación jerárquica que prioriza lo próximo sobre lo lejano, lo individual-particular-privado sobre lo general-colectivo-público, y el contenido sobre el continente. Se prima la idea del urbanismo desde la perspectiva del individuo y su entorno inmediato de relaciones humanas. Unas relaciones humanas entre personas que se conocen por sus nombres, apellidos y motes, cara a cara. Se conocen hasta por sus biografías -que el tradicional comadreo madrileño de corrala permite que sean bastante pormenorizadas[8]-, y hasta se profesan relaciones de amistad[9]. Así pues, en Juan Madrid, el barrio desplaza como "espacio" a la ciudad. Incluso la sustituye cuando se le aplica el término de "ciudad en miniatura" (Madrid 1995: 41) al barrio de Malasaña. Se convierte en el escenario narrativo que abraza las cuitas de cuantos personajes se desenvuelven por las páginas de la novela.

Dentro de este marco de rango menor convertido en protagonista urbano, se individualizan nuevos fragmentos, como en el juego de las muñecas rusas: espacios abiertos (plazas, calles, parques), espacios cerrados (locales públicos, casas, pensiones), elementos urbanos (monumentos, mobiliario urbano), medios de transporte, etc., que, a su vez, están incluidos en un marco más grande que es la gran ciudad. Estos valores se anteponen a cualquier otra consideración de carácter planificador, de interés general o macroeconómico, y son entendidos, según Ascher y su ciudad "hipertexto", como una forma caduca de entender la ciudad[10].

La mayor parte de los lugares citados se concentran fundamentalmente en tres barrios. El barrio del casco viejo, o "barrio literario", contenido fundamentalmente en el triángulo formado por tres plazas: la principal es la Plaza Mayor, y dos secundarias, plaza de Santa Ana y plaza del Carmen; el "barrio rosa", con su centro de gravitación en la plaza de Chueca, y, por último, el barrio de Malasaña, presidido por la plaza del Dos de Mayo.

La defensa que Toni Romano hace de la idea y los valores, ya nostálgicos, de este modelo de ciudad, reside, como ya hemos dicho, en la unidad de convivencia barrio-lugar. Frente a ella se impone la idea de un Madrid megalópolis-no-lugar. Dicho de otra manera: la contraposición entre estas dos ideas de lugar y de espacio es una fórmula más de la que se sirve Juan Madrid para crear la tensión necesaria con la que retener la atención del lector. Proponiendo de forma intuitiva y literaria la idea de Augé:

Hace falta que prestemos atención a la diversidad de miradas de las que un mismo espacio puede ser objeto y considerar la pareja lugar-no lugar como un instrumento flexible para descifrar el sentido social de un espacio, es decir, su capacidad para acoger, suscitar y simbolizar la relación. Lugar y no-lugar, además, no se oponen como el bien y el mal. Si uno entiende por "sentido" el sentido social, la relación pensable y gestionable, instituible, entre uno y otro, los unos y los otros, se evidenciará que un exceso de sentido puede ser insoportable (es muy difícil vivir continuamente dentro de la mirada de otro) de la misma manera que un exceso de libertad (no depender de nadie) puede hacernos caer en la locura de la soledad. Lugar y no-lugar están en tensión como la exigencia de sentido y/o libertad. (Augé 2004: 240)

Esta tensión aparece encarnada en Toni Romano, que, lejos de representar el papel de un flâneur, se nos presenta como un urbanita, pura "carne de asfalto". No ha salido nunca de las cuatro esquinas del barrio que le vio crecer, no se especifica si también nacer. Cuando Toni recorre Madrid, su Madrid, no lo hace ocioso, deambulando como un dandi francés del siglo XIX, como Baudelaire, sino que tiene nortes precisos en cada ocasión. No necesita descubrir ni redescubrir una ciudad que conoce y le conoce, que domina y lo domina. La relación de Toni Romano con Madrid, con su barrio de Madrid, es más parecida a la de dos amantes, dos perfectos extraños que a la vez se conocen a la perfección; que saben interpretar cada gesto, cada insinuación. Fuera de esta relación Romano está perdido como un niño. Dentro de los límites de su barrio, Toni sabe salir más que airoso de cualquier dificultad que se le plantee; hasta en los ámbitos más sórdidos y con los hampones de barrio más peligrosos. Por eso alcanzan una tensión tan aguda las escenas que suceden fuera de su ámbito vital de acción; porque rompen con los dos niveles de su hábitat natural: uno geodésico y bidimensional (el suelo, y la distancia que alcance andando) y otro social (las gentes del tradicional, castizo, entrañable y popular casco viejo de Madrid). Ejemplo redivivo de los personajes de Balzac[11], siempre que sale de ese ámbito geográfico-social, cada vez que se aleja del abrazo protector del barrio que lo cobija, es tratado con desprecio. Es más, siempre corre gravísimo riesgo de perder la vida: en el chalé en el que se escondía la díscola quinceañera, ante la navaja automática de un macarra tatuado (Madrid 1995: 15); en el gimnasio del Paseo de la Florida a manos de un gigante ex boxeador sonado (Madrid 1995: 71); en casa de su sobrino ante la browning baby niquelada que empuña Marga (Madrid 1995: 113); en una nave industrial en el extrarradio de la ciudad recibe una paliza -que sólo un ex pugilista como él podría resistir- a manos de unos matones de Elósegui, quien da orden expresa de que lo maten (Madrid 1995: 120 y ss.); pero, sobre todo, en las visitas que hace a Ana, pues, de entrada, rompen el marco geodésico pedestre de Toni, ya que se halla fuera de su perímetro de seguridad espacial, con el agravante, además, de que la casa de Ana levita a nueve pisos de altura, y en segundo lugar, está situada en la avenida de Alberto Alcocer, que discurre por el lujoso y elitista barrio en torno al estadio Santiago Bernabeu; toda una estratosfera social para Toni.

Me di cuenta de que tenía una venda sobre los ojos y los brazos atados detrás [...]. Alguien me tomó de los hombros y otro de las piernas y me levantaron. Por un momento sentí el horror de avanzar por el vacío. Pensé que iban a despeñarme desde la terraza al experimentar el aire fresco de la noche. (Madrid 1995: 119)

Abrí con cuidado la gran ventana que daba a la calle. A la derecha se divisaba (¡Qué lejos le parecía!) la terraza de Ana [...]. Podía subirme al alfeizar y dar un salto hasta el borde de la terraza. Miré hacia abajo. Eran nueve pisos y la gente semejaban hormiguitas. Sentí mareo, retrocedí y cerré la ventana. Respiré hondo, afiancé la pistola en el cinturón, la abrí de nuevo y subí al borde sin mirar a ningún sitio, excepto a la terraza. Tomé impulso y me lancé al vacío con los brazos extendidos. Tardé una eternidad en llegar. (Madrid 1995 137)

Aquí, un certero golpe en la cabeza le hace perder el conocimiento y a punto está de ser precipitado al vacío (Madrid 1995: 118 y ss.). Y, por último, de nuevo en casa de Ana (que resulta ser un travestido), a manos de ésta (Madrid 1995: 138-139).

2.2. La ciudad en la obra de Fernando S. Llobera
De la misma manera que durante los siglos XIX y XX las ciudades europeas fueron haciendo estallar las murallas medievales que las asfixiaban, así ha crecido Madrid hasta romper los límites de las ciudades modernas y alcanzar el estado en que aparece en la novela de Llobera, en el que las fronteras y los límites de la ciudad, tanto físicos como sociales se difuminan, a la par que aparece inmersa en una red de ciudades de ámbito planetario. Llobera presenta a Madrid caracterizado por un cosmopolitismo que la empareja con las ciudades punteras del mundo, míticas para los personajes de la novela de Toni Romano.

Madrid se ha transformado en fluido puro; la propia urbe se está difuminando en la Comunidad, reorganizándola y reorganizándose, siguiendo los criterios de Le Corbusier propuestos ya en "La Carta de Atenas" de 1943, que destaca el concepto de región: "La ciudad se sitúa en su región, porque la ciudad sólo es comprensible como parte del conjunto geográfico, económico, social y político que es la región, [...] adopta la idea de región funcional vinculada al área de influencia de la ciudad" (Le Corbusier apud Rivas y Vegara 2004: 87-89 y 91). El trampantojo de hacer desaparecer los límites que aplicaba Juan Madrid a sus barrios, en el Madrid de Llobera se convierte en un hecho real, adquiere con propiedad las características de espacio postmoderno. En un momento dado de su investigación de los asesinatos en serie, se plantea ir y venir de Londres para ayudar al esclarecimiento del caso (Llobera 2006: 126). Ha podido llamar "mi casa" a las residencias que ha disfrutado en tres capitales europeas distintas (Lisboa, Madrid y Londres); de hecho, tiene casa propia en las dos últimas; colabora con la policía de todo el mundo. Madrid para él no es un espacio-ciudad que constriña, no tiene murallas ni límites como el barrio que nunca había abandonado Toni Romano.

Sebastião, de regreso de Londres, en cuanto sale de la terminal del aeropuerto, "respiró el aire fresco y se dio cuenta de que se sentía renovado con sólo pisar la ciudad". El aeropuerto ha sido incorporado emocionalmente al ámbito de la ciudad. De la misma forma que la Universidad Autónoma no se encuentra en la propia capital, siendo el lugar de trabajo que le va a traer de vuelta a Madrid.

Lo que para los madrileños de las novelas de Juan Madrid era mito (el extranjero) y una onírica fantasía (la glamurosa, sofisticada, etérea y olímpica princesa de Mónaco) para Sebastião se ha convertido en un hecho cotidiano (vive en el extranjero y viaja por el mundo con toda naturalidad) y en una palpable realidad aborigen, hecha carne en la no menos glamurosa y espectacular belleza de la subinspectora Beatriz Puerto.

El extranjero mismo ya está en Madrid: la inmigración, no sólo de españoles regresados del extranjero o filipinos que, aunque amarillos, en su mayoría hablan mal que bien el español, sino de personas de toda suerte de razas, lenguas y costumbres, como se refleja en los centros de acogida de inmigrantes o en la escena del aeropuerto, aunque con menor intensidad que en Londres.

Sebastião tiene un ámbito de seguridad que se mueve en sentido inverso al de Toni Romano. Domina con absoluta soltura el marco global de la red de ciudades en red en el que vive y desarrolla su trabajo normalmente. En este vasto espacio se siente seguro porque lo conoce y controla. "Más de un criminal maldecirá su suerte al haberte tenido como enemigo", le dice el doctor Del Campo (Llobera 2006: 380). Es capaz de ayudar a resolver crímenes que se han producido a miles de kilómetros con el mero estudio de los informes que le trasladan desde las oficinas de la Interpol, el FBI o las distintas centrales policiales europeas con las que colabora. Pero se encuentra completamente indefenso en cuanto su espacio vital queda reducido al de una "burbuja de inmanencia" como es la urbanización de La Moraleja, y dentro de ésta al espacio cerrado de la mansión de Del Campo, y cuando tiene que vérselas cara a cara con el asesino queda convertido en un juguete entre sus manos.


3. Conclusiones
Desde la visión unidireccional de dentro (Madrid) hacia afuera (extranjero), que invade por completo la perspectiva de Un beso de amigo, en la que el extranjero resulta míticamente idealizado, se pasa a una visión de fuera (extranjero) a dentro (Madrid) en El noveno círculo, en la que se llegan a establecer relaciones y comparaciones de igual a igual entre uno y otro, resultando triunfante Madrid.

Vivir en Madrid era en Un beso de amigo fruto del fatum, consecuencia de lo que Augé llama "sobrelocalización". En El noveno círculo vivir en Madrid o en cualquier otro sitio se ha convertido en algo indiferente. En el mundo que se refleja en esta novela las fronteras ya no son el obstáculo fundamental que determina la decisión de en qué el lugar se ha de fijar la residencia.

Pesimista, Juan Madrid presenta con sarcasmo literario la enorme tensión que genera en España la ambigüedad de las legislaciones sobre urbanismo y edificabilidad. Es un tema recurrente también en otros autores.

Juan Madrid nos sitúa en una capital de espacios ocluidos, integrados en otros mayores respecto de los que guardan una individualización notoria, al estilo del juego de muñecas rusas. Dentro de este marco, el barrio es el protagonista urbano sin discusión, una forma caduca de entender la ciudad según Ascher y su ciudad "hipertexto". La lectura que Llobera hace, no sólo de la capital, sino del contexto general europeo y mundial está más acorde con los presupuestos de Ascher. Podemos seguir el proceso a través de las novelas, así vemos cómo el concepto de límite-frontera del Madrid-barrio que vive Toni Romano está en plena vigencia, cómo el Madrid-Capital cultural de la "postmovida" empieza a difuminarlo, para llegar al Madrid-cibernético de Sebastião Silveira, en el que está en proceso de disolución.

En El noveno círculo apreciamos cómo se presenta un fenómeno de flujos en el que todo el espacio de la provincia de Madrid ha sido integrado en la estructura de servicios de la capital. Además, internet pone al alcance de cualquiera toda la oferta de productos y servicios de la provincia, de España e incluso del mundo entero. Este proceso se puede seguir paso a paso en los acontecimientos de las novelas, culminando en El noveno círculo.

Pese a todo, no sólo estas, sino casi todas las novelas que tienen Madrid como escenario literario sitúan inevitablemente buena parte de la narración -cuando menos los momentos estelares de la misma-, en el casco viejo o "barrio literario". Es un punto de referencia sin el cual, tal vez, el lector se encontraría perdido; una novela con Madrid de escenario sin aludir a estos espacios se convertiría para el lector en un no-lugar con el que no podría identificarse.

Los personajes de las novelas buscan desesperadamente encontrar un lugar de referencia, su lugar, donde puedan echar raíces y sentirse seguros, proponiendo de forma literaria las ideas de Augé sobre el lugar y el no-lugar, utilizando las tensiones que ello provoca para elevar el pulso de la narración.

Reforzando lo anterior, apreciamos la seguridad con que los distintos personajes, principales o secundarios, se desenvuelven dentro del marco de "su lugar". Como contrapartida, se ven perdidos y desamparados cuando salen o los sacan de él.

El concepto de nodo de Lynch (1976) es empleado por los dos autores. La diferencia radica en la forma en que lo entienden: cada uno lo toma por el extremo opuesto al otro. La ciudad de Juan Madrid está compartimentada en nodos-barrio, en torno, a su vez, de sus respectivos nodos-plaza. En Llobera, Madrid entero es un nodo dentro del conjunto red de ciudades postmodernas en red.

Sin perder de vista los rasgos característicos de la novela negra tradicional, estos autores injertan instantes de locus amoenus; breves momentos, destellos de placidez en el ambiente en general más sórdido y negro de Madrid que, por cotidianos, habituales o vulgares, apenas si se logran percibir.

El orden global busca imponer, en todos los lugares, una única racionalidad. Y los lugares responden al mundo según los diversos modos de su propia racionalidad.

El orden global se sirve de una población dispersa de objetos regidos por esa ley única que los constituye en sistema. El orden local es asociado a una población contigua de objetos, reunidos por el territorio y como territorio, regidos por la interacción.

En el primer caso, la solidaridad es producto de la organización. En el segundo, la organización es producto de la solidaridad. El orden global y el orden local constituyen dos situaciones genéticamente opuestas, aunque en cada una se verifiquen aspectos de la otra. La razón universal es organizacional, la razón local es orgánica. En la primera situación se destaca la información que, además, es sinónimo de organización. En la segunda situación predomina la comunicación.

El orden global funda las escalas superiores o externas a la escala de lo cotidiano. Sus parámetros son la razón técnica y operacional, el cálculo de función, el lenguaje matemático. El orden local funda la escala de lo cotidiano y sus parámetros son la co-presencia, la vecindad, la intimidad, la emoción la cooperación y la socialización con base en la contigüidad.

Cada lugar es, al mismo tiempo, objeto de una razón global y de una razón local, que conviven dialécticamente. (Santos 2000: 289-290)

Nuestro trabajo ha consistido en tratar de descubrir cómo esta dialéctica aparecía reflejada en las novelas que hemos elegido para su estudio.

En efecto, parece ser que frente a la visión romántica del Madrid local, del barrio, que propone y defiende Juan Madrid, está imponiéndose en este comienzo del siglo XXI la tendencia al orden global, que se manifiesta en el perfil urbano en "las torres, los skylines, esas prodigiosas 'máquinas solteras' como la torre Lever en Manhatan (Von Wright) que se imponen como una apoteosis de la arquitectura (Monguin 2006: 153). O, en el caso de Madrid, las cuatro torres que han crecido en los suelos de la antigua ciudad deportiva del Real Madrid (vid. Antonio de Pedro 2007).

Nuestra opinión es que la novela negra permite constatar este hecho, hasta los extremos de llegar a convertirse casi en una crónica periodística o histórica. Pero al contrario que otros foros de las ciencias sociales, enmudecidos por la mordaza de lo políticamente correcto, este género se permite el lujo de presentar los acontecimientos, e incluso anticiparse a ellos, con una valentía, crudeza, acidez y descarnadura fuera del alcance de otros medios.


Anexo 1. Lugares, espacios e itinerarios de Un beso de amigo

Sólo los nombres en negrita son citados explícitamente en la novela. Los números corresponden a la localización de los lugares en el mapa correspondiente.


a) Itinerario de la primera jornada (mapa 1)
Comienza al atardecer en un chalé en las afueras de la ciudad. Conduciendo su coche, el primer lugar cierto que se cita es la plaza de Neptuno (1). Deja a la quinceañera en casa de los padres, situada en una zona rica sin especificar. Continúa el trayecto en coche por la calle de Atocha (2), y lo termina en el aparcamiento (4) de la plaza Mayor, accediendo a él por la entrada de la plaza de Santa Cruz (3). Desde aquí se dirige, por la calle de la Sal, a su casa (5) en la calle de Esparteros.

Luego va andando a la Cervecería Hamburgo (6), en la plaza de Santa Ana. Cabe suponer que el trayecto lógico lo llevaría por: plaza de Santa Cruz, calle de la Bolsa, plaza de Jacinto Benavente y plaza del Ángel.

Luego aparece en el local nocturno Diamond (7), en la calle de la Libertad. El trayecto a pie más probable lo habría hecho por: calle del Príncipe, plaza de Canalejas, calle de Sevilla, calle de Alcalá y calle del Marqués de Valdeiglesias.

El camino que sigue después es explícito: se dirige por la calle de la Libertad a la portería de Cuquita (8), en el número 16 de la calle de San Marcos, continúa por la calle Válgame Dios donde entra en el local nocturno El Corsario Negro (9).

De aquí se dirige al Bar Durán (10), del que sólo se cuenta que está próximo a un mercado. En esas calles tenemos sólo el Mercado de San Antón, en el número 24 de la calle Augusto Figueroa.

En taxi se dirige a la calle Mayor esquina con calle de Postas (11). El trayecto no explicitado lo realizaría por calle de Fuencarral, plaza de la Red de San Luis, calle de la Montera, plaza de la Puerta del Sol, calle del Arenal, calle de las Fuentes, plaza de Herradores, calle de San Felipe Neri y calle Mayor.

Desde aquí camina hasta los soportales de la plaza Mayor, donde entra en el bar Casa Prado (12), luego va al bar de su prima, Torre Dorada (13), del que nos indica sólo que está muy próximo a la plaza. Nosotros hemos querido colocarlo en la calle de Ciudad Rodrigo, que parte de la esquina NW de la plaza. De aquí va la Pensión Zafiro (14), en la calle de la Montera, hemos de suponer que a través de la calle Mayor y la plaza de la Puerta del Sol. Cruza después hasta la plaza del Carmen. No se dice, pero no cabe otro trayecto que el de la calle de San Alberto, y entra en los sótanos del bar Sonia (15). Desde aquí regresa a su casa en la calle de Esparteros, omitiendo también el trayecto que habría seguido por la calle de Tetuán, calle del Carmen, plaza de la Puerta del Sol y la calle Mayor.

La distancia total aproximada que recorre Toni Romano en esta jornada es de unos 3900 m.

mapa 1
Mapa 1. Itinerario de la primera jornada

redSendas recorridas a pie por Toni Romano.
blueSendas recorridas en coche.


b) Itinerario de la segunda jornada (mapa 2)
Desde casa (1) hasta el tercer sótano del aparcamiento (2) de la plaza Mayor. Con el coche va hasta un gimnasio (3), en el paseo de la Florida. Saliendo del aparcamiento por la plaza de los Herradores, calle de las Hileras, Calle del Arenal, plaza de Isabel II, calle de Arrieta, calle de San Quintín, calle de Bailén, plaza de España, cuesta de San Vicente, y glorieta de San Vicente.

Luego espera a su sobrino en la cafetería Levante (4), frente a la estación del Norte (5) (hoy de Príncipe Pío). De aquí va al restaurante Madrid (6), situado en un primer piso de la calle de la Cruz. Cerca de la cual deja aparcado el coche. El trayecto sería: glorieta de San Vicente, cuesta de San Vicente, plaza de España, calle de Bailén, calle Mayor, plaza de la Puerta del Sol, y entrando, bien por la calle de Carretas o bien por la de Espoz y Mina, encontraría un sitio para aparcar.

Luego se traslada andando hasta la Casa Gallega (7), en la plaza de San Miguel. Haría el camino por plaza de Jacinto Benavente, calle de la Bolsa, plazas de Santa Cruz y de la Provincia, calle de Gerona, plaza Mayor, arco de Cuchilleros y cava baja de San Miguel. Regreso en sentido inverso hasta el coche aparcado cerca del restaurante Madrid.

En coche se dirige al chalé de Elósegui en la urbanización Puerta de Hierro (8). Lo haría saliendo por la calle de la Cruz, plaza de Canalejas, calle de Sevilla, calle Virgen de los Peligros, calle Gran Vía, plaza de España, calle de la Princesa, avenida del Arco de la Victoria, glorieta del Cardenal Cisneros, avenida Complutense y la avenida de Miraflores. Después de la visita realiza el regreso por el mismo camino en sentido inverso. Hasta el aparcamiento subterráneo de la plaza Mayor.

Andando se encamina hasta el bar La Rotonda (9), en la plaza del Dos de Mayo. Un itinerario probable sería: saldría por el Arco del Triunfo de la plaza Mayor, seguiría por la calle de Bordadores, plaza de San Ginés, calle de San Martín, plazas de San Martín y de las Descalzas, postigo de San Martín, plaza de Callao, calle de Miguel Moya, calle de Tudescos, plaza de Santa Soledad Acosta, calle de la Luna, calle de Pizarro, calle del Pez, calle del Marqués de Santa Ana, plaza de Pujol y calle de San Andrés, por la que inicia el regreso en sentido inverso hasta el bar Torre Dorada.

Visita al local de copas y música en directo Birimbao (10), en la calle de Concepción Jerónima, al que llega por la calle de Toledo. Regreso al Torre Dorada, y de aquí a su casa. Cruzando la plaza Mayor, calle de la Sal y calle del Viudo de Pontejos.

Esta segunda jornada recorre andando 5800 m.

mapa 2
Mapa 2. Itinerario de la segunda jornada

redSendas recorridas a pie por Toni Romano.
blueSendas recorridas en coche.


c) Itinerario de la tercera jornada (mapa 3)
Desde casa (1) llega al bar Vicente (2), en la plaza Mayor. Entra en la tercera planta del aparcamiento (3). Va al bar Torre Dorada (4), pasa por la plaza Mayor para regresar al aparcamiento. Coge el coche para llevar a Tomás, su amigo periodista, hasta la casa de éste en la Cruz de los Caídos (4), por la calle García Noblejas. Conduciría por la calle Mayor, plaza de la Puerta del Sol y calle de Alcalá. En sentido inverso, al llegar a la plaza de la Cibeles, giraría por el paseo del Prado, y por la calle de las Huertas, aparca cerca de la plaza de Santa Ana para ir a la cervecería Hamburgo (5). Después, en coche, por la plaza del Ángel, calle de San Sebastián, calle de Atocha, plaza de Santa Cruz, aparcamiento. Andando después, por calle de la Sal y calle Viuda de Pontejos, hasta la calle de Esparteros.

Esta jornada apenas si recorre 900 m.

mapa 3
Mapa 3. Itinerario de la tercera jornada

redSendas recorridas a pie por Toni Romano.
blueSendas recorridas en coche.


d) Itinerario de la cuarta jornada (mapa 4)
De casa (1) se dirige al aparcamiento (2). Sale andando hasta el depósito de cadáveres (3). Imaginamos que un camino posible podría ser por la calle de Atocha, giraría en la plaza de Antón Martín para seguir por la calle de Santa Isabel, donde se encontraba entonces el depósito. Luego se dirige hasta el Corsario Negro (4). Puesto que también lo hace andando, cabe imaginar el siguiente camino: calle de Santa Inés, calle de Fúcar, calle Jesús, plaza Jesús, calle del Duque de Medinaceli, plaza de las Cortes, calle del Marqués de Cubas, calle de Alcalá, calle del Marqués de Valdeiglesias, calle de Colmeneras, pasaje de la Alhambra, calle de Válgame Dios. Sale por la calle Augusto Figueroa, recorre los bares de la zona, citando sólo las calles de Barbieri y de San Bartolomé, cerca de la cual tiene su casa (5?) Isabel (una de las chicas del Corsario Negro), con quien pasa la noche Toni Romano.

En esta jornada hace andando un recorrido aproximado de 4200 m.

mapa 4
Mapa 4. Itinerario de la cuarta jornada

redSendas recorridas a pie por Toni Romano.
blueSendas recorridas en coche.


e) Itinerario de la quinta jornada (mapa 5)
De casa (1?) de Isabel imaginamos que saldría a la calle de Fuencarral y, por ella, hasta el hotel Metropol (2), en la calle de la Montera. Desde aquí va hasta la casa de comidas (3), queremos suponer que se refiere el restaurante Madrid, en la calle de la Cruz. Andando se dirige al Torre Dorada (4), saliendo a la plaza de Jacinto Benavente, calle de la Bolsa, cruzaría la plaza de Santa Cruz, calle de Gerona y la plaza Mayor.

Después, saldría a tomar un taxi a la calle Mayor, la carrera seguiría por la plaza de la Puerta del Sol, por la carrera de San Jerónimo (6), plaza de las Cortes, y plaza de Neptuno (Cánovas del Castillo), paseo del Prado, plaza del Emperador Carlos V, avenida de la Ciudad de Barcelona, hasta el bar que se encuentra frente a la casa de Alfredo su sobrino, en la avenida de la Albufera. De camino hacia casa de Ana, en la plaza del Emperador Carlos V, se desviaría hacia el paseo del Prado, cruzaría la plaza de la Cibeles, seguiría por el paseo de Recoletos, paseo de la Castellana hasta llegar a la plaza de Lima, donde giraría hacia la calle de Alberto Alcocer. Desde el ático lo llevan maniatado, amordazado y encerrado en una especie de ataúd, hasta una nave industrial en un polígono de las afueras, sin especificar.

En esta jornada habría caminado aproximadamente 1660 m.

mapa 5
Mapa 5. Itinerario de la quinta jornada
redSendas recorridas a pie por Toni Romano.
blueSendas recorridas en coche.


f) Itinerario de la sexta jornada y trayectos en coche de las jornadas anteriores (mapa 6)
Amanece el día mientras los personajes aún se encuentran en la nave industrial, desde donde se trasladan en coche hasta alcanzar el paseo de la Castellana dirección norte (4), hasta llegar a la casa de Ana.

En esta última jornada, las fuerzas que le quedan le alcanzan únicamente para llegar desde el portal al que le ha traído Marga en coche, hasta el ático de Ana. Allí, tras una dura lucha con Ana (durante la cual descubre que es un travestido), completamente destrozado, esperará la llegada de la policía mientras se emborracha.

mapa 6
Mapa 6. Itinerario de la sexta jornada y trayectos en coche

1. Trayecto de la tercera jornada: Lleva en su coche a Tomás a la Cruz de los Caídos.
2. Trayecto de la segunda jornada: Visita a la urbanización Puerta de Hierro.
3. Trayecto de la quinta jornada: Va a casa de su sobrino en la avenida de la Albufera.

 

Anexo 2. Espacios, lugares e itinerarios de El noveno círculo

A diferencia del caso anterior, sólo en una ocasión el protagonista prefiere hacer un pequeño trayecto andando. El resto de las veces, los personajes se desplazan de un lado a otro de la ciudad en coche. Únicamente citamos los lugares que visitan y las calles que recorren. Si señalásemos con un trazo los posibles itinerarios realizados por los desplazamientos en coche resultaría de ello una maraña indescifrable de líneas entrecruzadas y superpuestas que emborronaría el mapa.

mapa 7
Mapa 7. Espacios y lugares citados del centro de Madrid

Nº Lugar
1 C/ de Ortega y Gasset
2 C/ de Alcántara
3 C/ de María de Molina
4 Plaza del Marqués de Salamanca
5 C/ del Príncipe de Vergara
6 Bar José Luis y bar Cinco Jotas
7 C/ de Serrano
8 Museo del Prado
9 Glorieta de Atocha
10 Paseo de la Castellana
11 C/ de Miguel Ángel
12 Residencia de Estudiantes
13 C/ de Cea Bermúdez
14 C/ del General Martínez Campos
15 Comisaría de Policía de Chamberí en la C/ Rafael Calvo, 33 (por error la sitúa en la C/ Miguel Ángel)
16 C/ de Barquillo
17 Barrio de Chueca
18 C/ de la Gran Vía (Casa del Libro, Almacenes SEPU)
19 Barrio de Lavapiés
20 C/ de Bravo Murillo
21 C/ de Eloy Gonzalo
22 Plaza del Pintor Sorolla (popular de Iglesias)
23 Plaza de Olavide
24 C/ de Fuencarral
25 Cervecería La Ardosa en la C/ de Colón
26 C/ de la Ballesta (centro de acogida musulmán)
27 C/ del Desengaño
28 Plaza de Callao
29 Mesonero Romanos
30 Plaza de la Puerta del Sol
31 Café Central en plaza del Ángel
32 Ministerio de Asuntos Exteriores
33 C/ Galileo 3
4 C/ de la Princesa
35 Plaza de España
36 Viaducto
37 C/ del Nuncio
38 C/ de la Morería
39 Travesía de las Vistillas
40 Paseo de los Pontones
41 Plaza de la Moncloa, bajo los arcos
42 Barrio de Argüelles 43 Puente de Segovia
44 M-30
45 Estadio Vicente Calderón

mapa 8
Mapa 8. Lugares citados de las afueras de Madrid

Nº Lugar
1 Aeropuerto de Barajas
2 La Moraleja
3 Universidad Autónoma
4 Hospital Ramón y Cajal
5 Plaza de Castilla / Puerta de Europa
6 Colonia El Viso
7 Centro Cultural Islámico (mezquita M-30)
8 Cementerio de La Almudena
9 Barrio de Vallecas
10 Instituto Anatómico Forense
11 Casino de Torrelodones
12 Barrio de chabolas al sur de Madrid (sin especificar)


Bibliografía
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ASCHER, François (2004): Los nuevos principios del urbanismo. Madrid: Alianza.

AUGÉ, Marc (1998): "Lugares y no lugares de la ciudad", en Actas Congreso "Desde la ciudad": Arte y naturaleza. Huesca: Universidad de Huesca.

BOLÍVAR GALIANO, Víctor (2007): Autopsia de la novela negra. Córdoba: Berenice.

HARVEY, David (2008): París, capital de la modernidad. Madrid: Akal.

LLOBERA, Fernando S. (2006): El noveno círculo. Barcelona: Planeta.

LYNCH, Kevin (1976): La imagen de la ciudad. Buenos Aires: Infinito.

MADRID, Juan (1993): Días contados. Madrid: Santillana.
- (1995): Un beso de amigo. Madrid: Júcar.

MONGIN, Olivier (2006): La condición urbana. La ciudad a la hora de la mundialización. Buenos Aires: Paidós.

RIVAS, Juan Luis; y VEGARA, Alfonso (2004): Territorios inteligentes. Madrid: Fundación Metrópoli.

SANTOS, Milton (1996): Metamorfosis del espacio habitado. Barcelona: Oikos-Tau.
- (2000): La naturaleza del espacio. Técnica y tiempo. Razón y emoción. Barcelona: Ariel.

TUDORAS, Laura Eugenia (2004): La configuración de la imagen de la gran ciudad en la literatura postmoderna. Madrid: UCM.

VALLÉS Y CALATRAVA, José R. (1991): La novela criminal española. Granada: Universidad de Granada.

VV AA (1999): Madrid 1979-1999. La transformación de la ciudad en veinte años de ayuntamientos democráticos. Madrid: Ayuntamiento de Madrid.

VV AA (1992): Madrid literario. Madrid: Ediciones la Librería.


[1] El presente artículo es extracto revisado de uno de los apartados del trabajo presentado para la obtención del DEA, que fue defendido con éxito el día 3 de octubre de 2008.

[2] Gracias a la nueva tecnología cibernética "la ciudad emergente se caracteriza por su dinamismo, por la mayor interacción y la mayor generación de sus viajes, con un tráfico siempre creciente, por el incremento de la conectividad -de todo tipo- y sus consecuencias en una sociedad dominada por las reglas del mercado. [...] Históricamente siempre se ha producido una relación clara entre innovación y territorio, y de forma especial, la revolución digital está afectando tanto a los flujos como a los nodos que organizan nuestra estructura territorial. La compleja y dispersa ciudad contemporánea y sus tensiones de transformación son un exponente claro de esta nueva relación entre innovación y territorio" (Rivas y Vergara 2004: 249).

[3] Sebastião y Morantes, buscando a través de de internet, terminan descubriendo que la tiendecita que buscaban se encuentra en Getafe (Llobera 2006: 160-161).

[4] Lo propio del fenómeno de sobrelocalización es que encierra a la gente entre fronteras muy estrechas. Las relaciones entre diferentes barrios de las afueras son raras. (Augé 1998: 242)

[5] Como el propio Sebastião, los miembros de la tertulia podrían haber elegido el lugar del mundo que les hubiera apetecido para instalarse. Sin embargo, la atracción que sobre ellos ejerce Madrid es determinante.

[6] El espacio sería visto como un conjunto de objetos homogéneos (fenómenos, estados, funciones, figuras, significaciones cambiantes) entre las cuales hay relaciones parecidas a las relaciones espaciales habituales (la continuidad, la distancia, etc.). Por lo tanto el espacio es ya forma significante, siendo susceptible de organizarse como sistema. Ahora bien, el lugar, al ser un fragmento de espacio, es evidentemente portador de propiedades espaciales. En calidad de objeto concreto del mundo físico, es necesariamente situado, localizado, y por tanto portador de sus propias coordenadas espaciales, pero al mismo tiempo es sobre todo estructuralmente determinado por un orden espacial cuyos componentes actualiza. (Tudoras 2004: 22-23)

[7] "Barrio de Maravillas es su verdadero nombre, no Malasaña", dice en una entrevista el presidente de la asociación de comerciantes del barrio (apud Madrid 1993: 71).

[8] "Tu salida de la policía fue muy sonada en el barrio", le dice el Botines, mafioso callejero (Madrid 1995: 61). Toni conoce vida y milagros de Fernando, dueño del bar Durán, y su familia, los trata y se mueve por el local como si fuera uno más de ellos (Madrid 1995: 43 y ss.), e incluso conoce por sus nombres o apodos a las putas del barrio de Chueca (Madrid 1995: 36).

[9] Romano se refiere a varios personajes secundarios con los que se encuentra en sus itinerarios como "amigos". Al propio Fernando, el dueño del bar Durán, y a los camareros de la cervecería Hamburgo, en especial Casto, el más viejo (Madrid 1995: 30-31 y 99): "la invité a cenar en la taberna Carmencita [...], y bebimos el vino de la casa que sirve mi amigo Rafa en botellas de cristal verde" (Madrid 1995: 108).

[10] El encasillamiento de niveles según el modelo de las muñecas rusas (del distrito a Europa pasando por el municipio, la aglomeración, el país, el cantón, la jurisdicción, la región y la nación) no es viable a medio plazo en la forma actual [...]. La dinámica de la sociedad "hipertexto" obliga a revisar con detenimiento la definición de interés colectivo y de toma de decisiones públicas. [...] El "efecto nimby" (not in my backyard, "¡en mi patio no!") y el aumento de los contenciosos en el ámbito de la ordenación territorial reflejan la crisis de legitimidad pública, la diversificación y la inestabilidad de los intereses colectivos. (Ascher 2004: 64-65)

Apoyándose en la idea del hipertexto, un tipo de texto en el que cada palabra corresponde simultáneamente a muchos textos, François Ascher desarrolla la hipótesis positiva de una solidaridad "conmutativa" que se opone a la solidaridad exclusiva de la sociedad electiva, la que sólo alcanza a las personas próximas y sólo ejerce "entre nosotros": "Después de la "solidaridad mecánica" de la comunidad aldeana y la "solidaridad orgánica" de la ciudad industrial, emerge una tercera solidaridad, la solidaridad "conmutativa" que relaciona a los individuos con organizaciones que pertenecen a una multiplicidad de redes interconectadas. (Monguin 2006: 184)

[11] En Ferragus, la primera de las tres narraciones que forman la Historia de los trece de Balzac, prácticamente todos los que trasgreden el modelo espacial, los que se mueven al espacio equivocado en el momento equivocado, mueren. Los personajes fuera de lugar perturban la armonía del entorno, contaminan el orden moral y deben pagar el precio. Esto hace que la ciudad sea un lugar peligroso en el que resulta demasiado fácil perderse, ser arrollado por la impetuosa corriente y acabar en el lugar equivocado (vid. Harvey 2008: 55).


LERONES MATA, Juan Carlos (2010): "Metamorfosis de Madrid como escenario de la novela negra" [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 2, núm. 1. En: http://www.ucm.es/info/angulo/volumen/Volumen02-1/varia05.htm. ISSN: 1989-4015

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