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feediconRSS Vol.2, núm.2grisAR2010 grisARUniversidad Complutense de Madrid ISSN: 1989-4015grisAR

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Argel: entre realidad y ficción (PDF)

Jean-Pierre Castellani

Université François Rabelais de Tours (Francia)
jpcastellani@wanadoo.fr

Resumen
La ciudad de Argel representa un caso ejemplar para estudiar la temática de "viajar por la ciudad: voces y caras de lo urbano", ya que en ella se han superpuesto por motivos varios, distintos tipos de población y por lo tanto, distintas arquitecturas. En este trabajo procuramos estudiar las realidades sucesivas y unas voces distintas de la ciudad.
Palabras clave: espacio, Argel, occidental, oriental, representación.

Title: Algiers between reality and fiction
Abstract
The city of Algiers constitutes a study case for the subject of "travelling through the city: urban faces and voices", because it has suffered the superposition of different types of population and architectural styles. In this paper we try to study the consecutive realities and the different voices of the city.
Keywords: space, Algiers, western, eastern, representation.

Índice
1. Introducción
2. Historia de la ciudad
3. Representaciones literarias
4. Conclusión
1. Introducción


En el marco de este trabajo colectivo sobre "voces y caras de lo urbano" se me impuso enseguida la ciudad de Argel por varios motivos que tengo que aclarar en primer lugar porque van a orientar y explicar mi análisis: unos son de tipo cultural y otros de tipo personal, o más bien, autobiográficos, por haber vivido mi infancia y parte de mi adolescencia en esa ciudad de África del Norte, en unas circunstancias históricas muy peculiares: una rebelión anticolonialista que desembocó en la independencia de Argelia en 1962.

Es evidente que Argel no forma parte de esas ciudades-mundos de que hablaba Fernand Braudel, como Atenas o Roma en la Antigüedad, Constantinopla en la Edad Media, Venecia en el Renacimiento o París y Nueva York en el siglo XX. Un estudio reciente muy documentado, titulado Ciudades invisibles del Mediterráneo se refiere, de modo significativo, a tres puertos: Nápoles, Alejandría y Tánger, y no habla de Argel (Dodi 2010). Siguiendo la terminología de Italo Calvino, ahora aceptada por todos, Argel no sería pues una "ciudad invisible", es decir, una de esas ciudades inventadas por el mercader veneciano Marco Polo en su relato de viajes al Emperador Kublai Khan: "En las ciudades invisibles ninguna ciudad es localizable. Todas las ciudades son inventadas, cada una de ellas lleva un nombre de mujer" (Calvino 1974: 1).

Sin embargo, Argel representa un caso ejemplar no solamente para mí, en mi propio itinerario sensible y humano, sino para toda una generación de escritores de origen europeo o argelino que ocupan un espacio singular en la literatura francófona actual y en cuya producción literaria Argel está muy presente. Como todos los puertos del mar Mediterráneo, Argel tuvo un destino complejo al ser dominada por varios pueblos y poderes, a lo largo de los siglos, siendo la colonización francesa la más reciente, desde la conquista en 1830 hasta la independencia en 1962.

Ahora bien, el acontecimiento más importante que conoció Argel ha sido, en primer lugar, con la victoria del Frente de Liberación Nacional y la instauración de una República democrática y popular, la salida en 1962, en pocos meses, de la mayor parte de sus habitantes de origen europeo, traslado masivo de población que se estima en un millón de personas. Argel era una ciudad en gran parte europea, y se volvió entonces una ciudad masivamente musulmana. Es un fenómeno único en la historia contemporánea que originó un cambio radical en la vida y en la sociología de la ciudad, modificando totalmente su población y por lo tanto, su aspecto.

En segundo lugar, durante la década negra de los años 80-90, estalló una guerra civil sangrienta con la violencia del integrismo islamista que traumatizó a la ciudad, provocando la huida de numerosos vecinos, víctimas de ese terror.

Así que tenemos un doble movimiento, de destierro para los europeos, si bien se reivindican también como argelinos, considerando Argelia como su patria; y el de los argelinos, que ocupan la capital y proclaman haber recuperado la suya, lo que va a dar lugar a una doble representación, nutrida de nostalgia para aquéllos y mezcla de euforia y de rencor para éstos. En ambos casos, de dolor. O sea, fuente de riqueza literaria a través de un discurso sobre la ciudad, que describe al mismo tiempo que interpreta el espacio perdido o reencontrado.

Por eso Argel será siempre evocada, por una parte, como realidad, cuadro de vidas y acontecimientos, telón de fondo de unos destinos que forzosamente se desarrollan, en parte, en ese espacio geográfico y topográfico, y, por otra, como sueño, ilusión, imaginación, algo más simbólico que real. De eso vamos a tratar aquí, buscando el sentido y el alcance de la representación de la ciudad de Argel en el discurso literario tanto francés como argelino en la época contemporánea.


2. Historia de la ciudad
Argel, sea llamada Ikosim, Al-Djazâ'ir ('las islas'), Dzayer o Argel, nunca ha sido una gran potencia marítima o económica, lo que Braudel llama una "bazaar city" como Roma o Venecia, o religiosa, como Santiago de Compostela o Jerusalén, llamadas "sanctuary city". Primero estuvieron en ese lugar los fenicios, que hacían como siempre comercio; luego los romanos, que la llamaron Ikosium, y a continuaci?n los vándalos en el siglo V, los bereberes, los árabes (Ibn Ziri la escoge como capital, llamándola Al Jazaïr), los españoles y los turcos (otomanos). En 1516 se establece una Regencia con el Dey. Dicho de otro modo, sin entrar en detalles históricos muy complicados, Argel conoció fases muy distintas; bien lo sabe Cervantes, quien fue encarcelado allí, estancia de la cual sacó dos comedias: Los baños de Argel y Los tratos de Argel[1].

Cuando llegan los franceses en 1830, Argel existe ya como ciudad, con su ubicación frente al mar, su barrio típico llamado Casbah, laberinto de callejuelas y ciudadela cara al potencial invasor, sus palacios turcos, sus mezquitas, sus baños árabes (los famosos Hammam), su barrio popular de Bab-El-Oued.

Podemos decir que arranca entonces el doble destino de la ciudad: permanece la zona árabe con su Casbah y sus espacios propios mientras que se va construyendo una ciudad de tipo europeo. Los franceses no arrasaron a la población musulmana, tampoco su civilización, si bien hubo una represión muy dura en el momento de la conquista y con las sucesivas y permanentes sublevaciones contra el poder francés. Así van a coincidir y convivir dos pueblos, uno al lado del otro, y dos tipos de ciudad, representativos de conceptos de la vida urbana totalmente diferentes. No hubo genocidio como en América Latina, pero tampoco creación de un pueblo nuevo de mestizos o criollos.

En 1832, Delacroix regresa de Argel con su famoso cuadro Les femmes d'Alger dans leur appartement, que va a tener una gran influencia en la creación y en la permanencia de una imagen exótica de la ciudad (figura 1).

Delacroix, Les femmes d'Alger dans leur appartement (1834)

Figura 1. Delacroix, Les femmes d'Alger dans leur appartement (1834)

En 1860, Ernest Feydeau publica Argel, un extraordinario estudio de la arquitectura de la ciudad de entonces. En 1865 Téophile Gautier escribe Voyage pittoresque en Algérie et Afrique; Guy de Maupassant, en 1881, Au soleil et autres récits de voyage, y Henry de Montherlant, en 1933, su Il y a encore des paradis. Podríamos citar también a Alejandro Dumas padre, a André Gide, a Louis Veuillot.

Todos coinciden en ver a la ciudad de Argel como representante de un paraíso, de una tierra sensual, objeto de una moda oriental, libre, en una palabra: fascinante. Lo que no es así, por cierto. Lo es a sus ojos. A la ciudad de París vista como un monstruo destructor se opone Argel la Blanca, la mora, la bella, como las jóvenes mujeres pintadas por Delacroix.

Para limitarnos al dominio de la ciudad, Francia exporta curiosamente una organización del espacio y de la construcción típicamente parisinos. Se edifica una ciudad nueva con inmuebles parecidos a los de Hausmann, se crean bulevares elegantes y rampas frente al puerto, diseñados por el arquitecto Chassériau y estrenados por Napoleón III en 1865, y se construyen bancos, hoteles, sedes administrativas (figuras 2 y 3).

Vista del puerto y de la ciudad de Argel, con la Casbah en segundo término.

Figura 2. Vista del puerto y de la ciudad de Argel, con la Casbah en segundo término.

Edificio del centro de Argel de estilo francés.

Figura 3. Edificio del centro de Argel de estilo francés.

Es muy interesante seguir los planes ambiciosos que pretenden imponer en Argel un modelo europeo en fases sucesivas: primero, el arte hausmaniano con edificios privados o públicos, comercios, el art-nouveau; luego un arte neo-morisco con el famoso edificio de Correos (1908), el Hotel Saint-Georges, la Ópera o las Galerías de Francia, y por fin, en los años 50, experiencias arquitectónicas revolucionarias con grandes arquitectos como Le Corbusier, Pouillon, Guiauchain o Bourlier. También se construye Nuestra Señora de África, iglesia de estilo neo-bizantino (figuras 4 a 8).

Edificio de la ciudad francesa.

Figura 4. Edificio de la ciudad francesa.

Edificio de la ciudad europea.

Figura 5. Edificio de la ciudad europea.

El edificio de Correos de estilo árabe construido por los franceses.

Figura 6. El edificio de Correos de estilo árabe construido por los franceses.

La Ópera de la ciudad construida en tiempos de la colonización.

Figura 7. La Ópera de la ciudad construida en tiempos de la colonización.

Casas de la ciudad europea en los años 50.

Figura 8. Casas de la ciudad europea en los años 50.

Destaquemos como grandes aciertos arquitectónicos los edificios que se van a construir entre 1950 y 1960, como la Escuela de Bellas Artes, el Aero-Habitat, el túnel de las facultades, la Biblioteca Nacional; al mismo tiempo que unos conjuntos dedicados a viviendas sociales del famoso arquitecto Fernand Pouillon: Diar-es-Saâda (1954), Diar-el-Mahçoul (1955), Climat de France (1960). Es notable que el bulevar del Télemly, en el cual se construyeron muchos edificios de vanguardia, se edificó en lugar de un acueducto romano que los turcos también usaban (figuras 9, 10 y 11).

Edificio del AeroHabitat, bulevar de Telemly, Argel en los años 50.

Figura 9. Edificio del AeroHabitat, bulevar de Telemly, Argel en los años 50.

Edificio Mauritania.

Figura 10. Edificio Mauritania.

El túnel de las Facultades, Argel años 50.

Figura 11. El túnel de las Facultades, Argel años 50.

Argel se convierte en mezcla de un mundo oriental y de un mundo occidental, una superposición de estilos. Es a la vez una ciudad mediterránea y europea, no una ciudad internacional como Tánger sino una mezcla de Oriente y Occidente, que va a seducir primero a los viajeros de fuera, a principios del siglo XX, y luego a los novelistas de dentro, a lo largo del siglo XX y principios del XXI.

Un libro reciente de Zohra Bouchentouf cuyo título es significativo: Dzayer, ville portée, rêvée, imaginée (Bouchentouf 2006), lo dice todo. Esa imagen de Argel no es Argel; el espacio literario o pictórico no es el espacio real, es un espacio metamorfoseado por la mirada de quien lo mira, con su mentalidad, su pasado, su cultura, sus deseos, sus sueños, su imaginación. El discurso sobre la ciudad crea el mito de esa ciudad. A partir de ahí, se pierde la inocencia de la mirada, se va a esos lugares con una visión predeterminada, circulan y se imponen los estereotipos más caricaturescos y reductores.

Por eso es notable el cambio radical que se va a experimentar con las visiones contemporáneas, lejos de las mitificaciones del siglo XIX, tanto por parte de los europeos como de los argelinos, sobre todo a partir de la independencia de Argelia y de la evolución de Argel a raíz de esa nueva situación.


3. Representaciones literarias
Hablemos primero de Albert Camus, quien dedica a Argel dos ensayos: en 1950, en un conjunto de textos titulado Noces, se refiere a un contacto directo y auténtico con el espacio argelino y habla con éxtasis de las ruinas de Tipasa, del viento de Djemila, del desierto y de Argel. El texto L'été à Alger se presenta como una invitación a vivir la ciudad durante el verano para conocerla bien y encontrar a sus habitantes. Camus canta una ciudad fuera de los tópicos orientalistas, afirma que comparte "amores secretos" con ella: "Ce pays est sans leçons. Il ne promet ni ne fait entrevoir. Il se contente de donner, mais à profusion. Il est tout entier livré aux yeux et on le connaît dès l'instant où l'on en jouit" (Camus 1950: 48).

Habla de la felicidad que proporcionan el sol y el mar, pero también de la soledad y del aburrimiento; sentimientos que experimentará a su vez su héroe Meursault en L'étranger frente a esa misma ciudad, cuadro de su pobre vida y de su condición absurda. Evoca los domingos tristes, los cementerios lúgubres, de mal gusto, saca "[...] l'âpre leçon des étés d'Algérie" (Camus 1950: 70). Contrariamente a la visión romántica, concluye: "Ce peuple tout entier jeté dans son présent vit sans mythes, sans consolation" (Camus 1950: 65).

El segundo texto de Camus es L'été (1954) en el cual se encuentra un ensayo titulado "Petit guide pour des villes sans passé" (texto fechado en 1947). Argel es una de esas ciudades sin pasado y, a pesar de esto, es su verdadera patria por darle "[...] l'exaltation désespérée qui attend le voyageur solitaire" (Camus 1954: 100).

Quisiera ahora citar unos textos más recientes que van a confirmar las intuiciones de Camus antes de la guerra de Argelia. Primero, entre otros muchos del mismo tipo, la autobiografía de Alain Vircondelet Alger, l'amour (1982) que cuenta el regreso del autor veinte años después de su salida forzada de Argelia en 1962. No se trata de los recuerdos acostumbrados de alguien que regresa nostálgico al espacio de su infancia (las calles, la casa, los paseos) sino de un reencuentro con la ciudad de esos años, una ciudad perdida, en la cual no ha dejado de pensar. La evocación de su salida en barco en 1962 es una despedida emocionante de Argel:

A présent, Alger ne bougeait plus, pétrifiée dans le malheur. Et le soleil qui donne avec indifférence sans faire attention aux morts ou à la douleur n'avait pas cette gaieté coutumière qu'on lui connaissait. La ville se recroquevillait sur elle-même, comme le loup du poème, réfugié dans sa tanière et voulant mourir seul. Accoudés au bastingage, nous vîmes à l'écume qui tranchait la coque que le Ville d'Alger quittait notre pays [...]. C'était Alger qui partait. Quoi ? Alger vraiment ? Ces collines qui s'éloignaient de plus en plus, ces arcades le long du boulevard, cet hôtel, c'était bien l'hôtel Aletti, cette mosquée toute blanche, était-ce bien cette mosquée bien plantée sur la place du Gouvernement et si familière? [...] Alger ne devenait plus qu'une ligne que le couchant dorait et l'on aurait cru à quelque enchantement. Enfin, les terres s'éloignèrent et la mer par paquets énormes prit tout l'espace, mangea jusqu'à la dernière parcelle de terre, jusqu'à la dernière présence d'Alger. On devait rester deux jours dans cet état transitoire, entre deux terres, la mer faisait comme une liaison entre notre passé et notre avenir [...]. (Vircondelet 1982: 19-20)

Más interesante es la conclusión que el adulto saca de esa experiencia, a pesar de los cambios exteriores que observa: islamización del espacio, cambio de nombre de las calles, suciedad y abandono de gran parte de la ex-ciudad europea.

L'Algérie mythique, celle-là seule qui me soit chère, m'a envahi par bouffées. Les odeurs, les paysages déchirants de beauté, la cruauté des collines et leur douceur à la fois quand le jasmin et les bougainvillées les tempèrent en cascades, tout cela revient par saccades et s'installe dans ce qui est mon monde imaginaire. Je suis parti me nourrir auprès de la terre-mère. (Vircondelet 1982: 219)

Luego tenemos el testimonio de una mujer más joven, Catherine Rossi que emprende el viaje a Argel para entender la ciudad, y saca de esta experiencia dos textos: unos cuadernos de viaje, Les carnets d'Alger (2005), y un ensayo, Alger ou l'impossible portrait (2009), con ilustraciones originales para acompañar cada texto. Observemos las fechas recientes de esas publicaciones, lo que prueba la vigencia de las relaciones privilegiadas de los franceses con la ciudad de Argel.

En ambos casos, se trata de una visión lúcida de Argel que destaca lo esencial de la ciudad hoy en día todavía: su carácter doble[2]. Por cierto, las calles han cambiado de nombre: el Bulevar Guillemin se llama ahora Taleb Aberrahmane; el Bulevar de la Emperatriz, Bulevar Che Guevara; la calle d'Isly, Larbi Ben M'Hidi; la calle Michelet, Didouche Mourad; el Jardín Bresson, Jardín Port-Said; la Plaza del Gobierno, Plaza de los Mártires; la Sala Bordes, Sala Ibn Khaldour, etc. (figura 12).

Edificio del centro de Argel en la actualidad.

Figura 12. Edificio del centro de Argel en la actualidad.

Esa irrupción de referencias a héroes del pasado lejano, cercano o internacional no impide la toma de conciencia de la bivalencia de la ciudad, como si las ciudades sobrevivieran a los choques accidentales de la Historia. Lo mismo que la Casbah mora y la ciudad turca permanecieron en la ciudad modelada por los franceses, la ciudad francesa permanece en la Argelia independiente. Rossi, en su deseo de conocer la intimidad de la ciudad, observa su dualidad, la fusión de las dos ciudades:

Duplicité, gémellité,
Noms en double.
Alger ne s'identifie que par des doubles:
Un nom arabe, un nom français. (Rossi 2005: 46)

La representación de una ciudad está siempre entre un deseo fantaseado, una visión de la realidad aparente y la imaginación, que se forja su propia interpretación de esa ciudad. Las grandes novelas no son las que se contentan con tomar la ciudad como decorado realista de la acción en la cual están sumidos los personajes, sino las que presentan un enfrentamiento entre un deseo y una visión, una dialéctica entre lo real y lo ficticio, una problemática de la mirada. Descubrir una ciudad es una manera de conocerse, de ser.

Este aspecto aparece claramente en la abundante producción de novelistas argelinos que escenifican Argel, sobre todo a raíz de la década negra durante la cual la ciudad sufrió atentados horribles, matanzas tremendas, hasta hundirse en una locura general. En los textos de autores como Yasmina Khadra, Tahar Djaout o Rachid Boudjera, Argel aparece como una persona víctima de esos crímenes, como una mujer inocente violentada. Ya no tiene importancia situar la acción en los nuevos lugares edificados por el gobierno de la Argelia independiente: un hotel moderno, un monumento a los mártires de la lucha por la Independencia, una mezquita restaurada (figura 13).

Vista del Argel actual con el monumento a los militares muertos durante la guerra de independencia

Figura 13. Vista del Argel actual con el monumento a los militares muertos durante la guerra de independencia

En Le dernier été de la raison (1999) de Tahar Djaout el héroe, un humilde librero solitario, trata de huir de la realidad dramática de los atentados con la ayuda de su fantasía. No se refiere directamente a Argel, rechazando pues la localización explícita, sino a una ciudad y a un país sin nombre, dominados por un poder religioso ciego que aplasta toda forma de vida. Una especie de "paisaje después de la batalla", de infierno del fin del mundo, poblado de fantasmas errantes[3].

El ejemplo más espectacular de esa tendencia hacia una desrealización es la novela de Rachid Boudjera Le désordre des choses (1991) en la cual no habla más que de una ciudad anónima, "la ville", que simboliza el caos, la enfermedad, la muerte, como lo prueba un discurso literario lancinante, alucinado, acumulativo, para evocar, por ejemplo, los disturbios de octubre de 1988 en Argel:

La ville, malgré les chars stationnés aux points stratégiques, malgré les gravats, les décombres, les façades incendiées, les devantures brisées, les éclats de verre éparpillés, la menue limaille hachée petit, les voitures (ou ce qui en restait) calcinées, la ville donc, avait l'air pimpante, ou plutôt comme calmée, quelque peu sereine, à cause peut-être de ces palmiers, de ces platanes et de ce port qui donnent à certaines de ses avenues des airs de cartes postales folkloriques et exotiques, gommant la vision de désastre qui s'en dégage ou plutôt, l'atténuant. A tel point que l'aspect visuel des choses s'estompe largement devant l'aspect olfactif à cause de ce vent du sud qui souffle et converge avec la brise qui arrive de la mer, ou plutôt à ce niveau de la ville, du port. (Boudjera 1991: 12-13)

O más adelante:

La ville, donc, devenue en l'espace de quelques jours une sorte de conglomérat anarchique se déployant d'une façon humide et poisseuse à cause de cet automne infect qui ne trompe personne ; se déployant humide et poisseuse dans une perspective comme habilement truquée, comme magistralement mise en place ou en scène ; comme si elle n'était plus - et définitivement - qu'un décor de cinéma en carton-pâte, prenant cet aspect de pacotille qu'on ne lui avait jamais connu auparavant, malgré la tentative - jadis - des Européens qui avaient tenté de la déguiser et de la grimer avec ces immeubles rococo ou néo-mauresques qui au lieu de travestir, de la déformer ou de la trahir, n'ont fait que l'embellir, que lui donner une certaine envergure, que l'asseoir dans son propre site grandiose et imprenable. Mais, maintenant, elle ne se ressemblait plus. Elle avait perdu de sa morgue et de sa superbe, avec ses bateaux immobiles et vieillots, ses rafiots immobilisés et rouillés, à peine aptes à figurer sur un connaissement portuaire ou douanier sur un contrat d'assurance maritime. Ville évidemment oblitérée - maintenant - confite, confuse, blessée, brûlée, brinquebalée, affolée, meurtrie, apeurée, morte ! (Boudjera 1991: 14)

La ville, traversée le soir, continuait à macérer dans sa peur, ses pleurs et ses enterrements qui se faisaient sous la haute surveillance des soldats toujours surarmés, surexcités. Elle croulait maintenant sous ses ordures, ses eaux usées, ses boues venues d'on ne sait où puisque la sécheresse persistait à sévir. La ville, c'est-à-dire ce bric-à-brac faramineux que des urbanistes, des architectes et des paysagistes essayent depuis des années d'organiser plus ou moins rationnellement, d'embellir plus ou moins joliment ; mais en vain. A cause d'un surpeuplement qui ne faisait qu'augmenter, alors qu'elle ne pouvait pas vraiment s'étendre, coincée qu'elle était entre la mer et la montagne. La ville donc, c'est-à-dire vette sorte de boursouflure à la fois théâtrale et burlesque, tragique et emphatique [...]. (Boudjera 1991: 77)

La desrealización desemboca, en definitiva, en un hiperrealismo caótico y enajenado que destaca la locura general, un universo de destrucción, de basura, más cerca del universo de Beckett que de un costumbrismo realista. Como subraya con razón Christiane Chaulet-Achour: "Argel en Boudjera es una ciudad presumida, teatral y burlesca como si no hicieran más que representar en ella malas obras sangrientas" (Chaulet-Achour 1998: 133)[4].

Argel se vuelve una metáfora de la Argelia de hoy y del caos que la caracteriza. Pasamos de un nivel realista a un nivel simbólico, de una ciudad visible a una ciudad invisible. En este caso, el discurso tan alejado del efecto de realidad "dice" la ciudad mejor que cualquier descripción detallada y puntillista.

Argel la Blanca se ha vuelto Argel la dolorosa.


4. Conclusión
Para concluir, hemos observado cómo cambiaba el estatuto de la ciudad de Argel a lo largo de los años, desde el siglo XIX, a través de unas unas circunstancias históricas complicadas: una conquista y una colonización emprendedora que transforma profundamente la estructura de la ciudad, una guerra de liberación que hace de ella el espacio privilegiado de la lucha volviendo al mito de la Casbah rebelde, un nuevo Estado independiente post-colonial que ve la ocupación de la ciudad europea por una población argelina cada vez más numerosa, un crecimiento demográfico descontrolado, y por fin una guerra civil, con la cual irrumpe un terrorismo sangriento en los mismos lugares, como si hubiera una fatalidad de la muerte en la ciudad, a lo que se añaden catástrofes naturales como las inundaciones de 2002.

Argel es un caso emblemático de representación cambiante de una ciudad según la mirada del que la mira. Al principio objeto de seducción exótico, se vuelve después cuadro natural de historias personales, para acabar siendo metáfora de la historia colectiva sea de los europeos sea de los argelinos.

Argel no es la única ciudad del mediterráneo que conoce un crecimiento exagerado de habitantes que ensancha la ciudad de modo extravagante, el caos circulatorio, una corrupción generalizada en su gestión, inaguantable para los pobres y parados que la pueblan, e incluso fenómenos históricos sangrientos.

En cambio, lo que dota de originalidad a la ciudad es la mezcla de identidades que la sigue definiendo, esa sombra de la antigua realidad europea y esa tensión hacia el territorio francés. Provoca la fantasía por todos esos motivos: sueños de los europeos que tuvieron que dejarla, ensoñación de los jóvenes que no conocieron la época francesa y que procuran acercarse a ese misterio a la vez rechazado y fascinante, después de 48 años de silenciamiento, ilusión de los que soñaban con la libertad, el progreso y la felicidad y no ven más que violencia, irracionalidad y muerte.

Argel se ha vuelto monstruosa, una de esas ciudades "invisibles" evocadas por Marco Polo en el libro todavía de actualidad de Italo Calvino, como bien lo ilustra la construcción de un metro que no acaba nunca.

Este metro se ha convertido en un fantasma más en una ciudad cuya representación literaria ya no es solamente telón de fondo sino un elemento más de una alucinación colectiva y de una pesadilla asfixiante.

Bibliografía
BOUCHENTOUF-SIAGH, Zohra (2006): Dzayer, ville portée, rêvée, imaginée. Alger: Casbah ed. Siagh.

BOUDJERA, Rachid (1991): Le désordre des choses. Paris: Denoêl.

CALVINO, Italo (1996): Les villes invisibles. Paris: Seuil, coll. Points, n. 273.

CAMUS, Albert (1966): "L'été à Alger", en Noces. Paris: Gallimard.
- (1965): "Petit guide pour des villes sans passé", en L'Eté. Paris: Gallimard.

CHAULET-ACHOUR, Christiane (1998): Albert Camus, Alger. Biarritz: Atlantica.

DODI, Carla Aklexia (2010): Villes invisibles de la Méditerranée. Paris: L'Harmattan.

FERNANDEZ, Jacques (2006): Retours à Alger, avec des textes de Rachid Mimouni. Paris: Casterman.

GARDEL, Louis (2007): La baie d'Alger. Paris: Seuil.

ROBLES, Emmanuel (1960): Les hauteurs de la ville. Paris: Seuil, coll. Livre de Poche, n. 2335

ROSSI, Catherine (2005): Les carnets d'Alger. Alger: Dalimen.
- (2009): Alger, l'impossible portrait. Montpellier: Chèvre-feuille étoilée.

SIBLOT, Paul (1992): "La ville d'Alger dans quelques constructions de l'imaginaire français", en Regards croisés. La Ville de l'Autre. Montpellier: Editions Espaces 34, pp. 40-60.

VIRCONDELET, Alain (1982): Alger, l'amour. Paris: Presses de la Renaissance.
- (2008): Alger, Alger. Bordeaux: Elytis.


[1] Incluidas en Ocho comedias y ocho entremeses nuevos (1615).

[2] Esa dualidad aparece en numerosas novelas de autores argelinos. Citemos, entre muchas, La fille de la Casbah de Leïla Marouane (1996) o A quoi rêvent les loups de Yasmina Khadra (1999).

[3] Citemos también en el mismo grupo de novelas denunciadoras de esa situación L'étoile d'Alger (2002) de Aziz Chouaqui y Harraga (2005) de Boualem Sansal.

[4] Rachida Boudjera desarrolla una temática idéntica en su novela La vie à l'endroit (1997) en la cual el protagonista tiene que volverse clandestino en su propia ciudad por culpa de las amenazas que sufre.


CASTELLANI, Jean-Pierre (2010): “Argel: entre realidad y ficción” [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 2, núm. 2, pp. 5-17. En: http://www.ucm.es/info/angulo/volumen/Volumen02-2/articulos01.htm. ISSN: 1989-4015

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