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feediconRSS Vol.2, núm.2grisAR2010 grisARUniversidad Complutense de Madrid ISSN: 1989-4015grisAR

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Bilbao: caras de la ciudad (PDF)

Karlos Cid Abasolo

Departamento de Filología Románica, Filología Eslava y Lingüística General
Universidad Complutense de Madrid
abasolo@filol.ucm.es

Resumen
Este trabajo hace un breve recorrido por la ciudad de Bilbao desde sus orígenes hasta nuestros días. La ciudad nacida al socaire de las minas y los astilleros ha fenecido, dando paso a una nuevo espacio urbano, multicultural, en el que prima el sector servicios, el turismo, el ocio en general, y una forma de entender el arte como producto mercantilista, de lo cual el museo Guggenheim (eje central de la novela de Juan Bas Alacranes en su tinta, a la que se harán aquí numerosas referencias) es fiel reflejo. Sin embargo, aún sobrevive parcialmente aquel "viejo Bilbao", gracias a parte de su paisanaje y su paisaje, en particular las Siete Calles que configuran el Casco Viejo. Bilbao simboliza mejor que ningún otro lugar la pretensión de las altas esferas del poder de hacer compatible la tradición y la innovación, hasta el punto de hacer de ello un eslogan publicitario.
Palabras clave: ría, ciudad postindustrial, multiculturalidad, museo, globalización.

Title: Bilbao: faces of a city
Abstract
This work aims to take a look at the city of Bilbao from its origins until today. The city that was born in the shelter of the mines and the shipyards has passed away and it has yielded to a new multicultural urban space, governed by the service sector, tourism, leisure and a new way of understanding art as a mercantilist product, from which the Guggenheim museum is a good reflection, and it is also the focal point of Alacranes en su tinta, a novel by Juan Bas, often quoted along these pages. However, that "old Bilbao" still survives, thanks to its people and to some of its landscape, specially the "Siete calles" that compose the old downtown. Bilbao symbolises at its best the pretension of the high spheres of power to make compatible tradition and innovation, to the point that they can make an advertising slogan out of it.
Keywords: ria, postindustrial city, multiculturality, museum, globalisation.

Índice
1. Introducción
2. Paisanaje
3. Paisaje
3.1. El viejo Bilbao
3.1.1. Margen izquierda
3.1.2. Margen derecha: el Casco Viejo
3.2. El nuevo Bilbao: museo, gastronomía y literatura
4. Final
Bibliografía


1. Introducción
Bilbao (Bilbo en euskera), es, como todo el mundo sabe, una ciudad, si bien no ha perdido la condición de villa (para ser más exactos, de "muy noble y muy leal e invicta"). Es capital de Vizcaya, territorio histórico (y provincia) incluido en la Comunidad Autónoma Vasca.

Respecto a la etimología de tal topónimo, existen diversas hipótesis, de las cuales destacamos dos. Según la primera, de Evaristo de Churruca: surge de la unión de las palabras vascas correspondientes a las castellanas "río" y "ensenada" (Bil-Ibaia-Bao). La segunda, en cambio, se inclina por una etimología romance: Bilbao sería evolución de "bello vado".

Por otro lado, Bilbao cuenta con un curioso sobrenombre por el que le conocen popularmente sus habitantes: "el bocho" ("agujero"[1]).

Según el padrón de 2009, Bilbao cuenta con más de trescientos mil habitantes, por lo cual se trata de la ciudad más poblada de Euskadi y la décima de España. No obstante, representa menos de la tercera parte del conjunto del área metropolitana (lo que se suele denominar "Gran Bilbao"), que asciende a un millón de habitantes.

Los ríos Nervión e Ibaizabal ('Río Ancho') confluyen a la altura del municipio de Basauri, constituyendo un estuario: el río (los ríos) se convierte así en ría y está preparado ya para atravesar la ciudad. El Gran Bilbao se extiende por sus dos márgenes, en su imparable marcha hacia el mar. La ría ha sido aprovechada por las dos industrias clave de la zona: los astilleros y los Altos Hornos. Una embarcación característica de la ría ha sido la gabarra, barco pequeño y chato destinado a la carga y descarga en los puertos y, cuando la ocasión lo permite (con mucha menor frecuencia de lo deseable), a la celebración de los éxitos del club de fútbol local, el Athletic de Bilbao.

Desde sus orígenes, el puerto de Bilbao estuvo ubicado en las riberas superiores de la ría, junto a la noble villa, donde se mantuvo hasta la década de los 80 del siglo XX. En sus muelles se instalaron navieras y astilleros tan importantes como Astilleros Euskalduna. Por esa razón, los puentes sobre la ría en su camino hacia el mar tuvieron que construirse de modo que permitieran pasar barcos de gran tamaño. Tal es el caso del emblemático Puente Colgante: se trata de un trasbordador que cruza la ría entre Portugalete y Las Arenas. Lo mismo ocurre, dentro de la misma ciudad de Bilbao, con los puentes de Deusto y del Ayuntamiento, capaces de elevar sus tableros. Desde la construcción del Puente Euskalduna, situado a la altura de los antiguos astilleros, ya no pueden subir ese tipo de barcos hasta los muelles superiores, los del Arenal y Uribitarte.

En la actualidad, el Puerto de Bilbao tiene la mayoría de sus instalaciones en la parte inferior de la ría, en lo que se conoce como superpuerto, en terrenos de Santurce, Ciérvana y Gecho, más allá de la desembocadura, en mar abierto.

Y ahora, un poco de historia: en la Edad Media, el Señor de Vizcaya, Diego López de Haro, fundó Bilbao en la margen derecha del Nervión, concretamente en terrenos de la anteiglesia de Begoña, y le otorgó el Fuero de Logroño.

La base del éxito comercial del puerto fue la exportación del hierro extraído de las canteras vizcaínas. Desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX, la ciudad vivió una fuerte industrialización, acompañada de una extraordinaria explosión demográfica y urbanística que originó la anexión de varios municipios colindantes.

Bilbao es, en diversos aspectos, una ciudad de al menos dos caras: en lo lingüístico, en la noble villa conviven el castellano (predominante) y el euskera (marginal), a los que se les van uniendo otras lenguas de la nueva inmigración. El turista que llega a Bilbao no encontrará mucha diferencia, en lo lingüístico, entre la capital vizcaína y ciudades españolas de comunidades autónomas monolingües. El euskera vive en las catacumbas: apenas nadie lo habla, y tampoco contribuye mucho el simulacro de bilingüismo, léase, la rotulación: durante muchos años, en la entrada a Bilbao había un cartel que rezaba: Bilbao os saluda / Bilbo agur. La ausencia del sufijo -k (marca del caso ergativo, característico de los sujetos de verbos transitivos) en la palabra Bilbo hace que "Bilbo agur" signifique, no "Bilbao os saluda", sino "Bilbao, te saludan". La situación era, pues, esperpéntica: los vascohablantes que accedían en coche a Bilbao leían cómo un cartel se dirigía a la ciudad comunicándole (a la ciudad) que alguien la estaba saludando.


2. Paisanaje
Hay en Bilbao paisanaje autóctono y foráneo. Dentro del foráneo, hay que distinguir el que está de paso (los turistas, de los que luego nos ocuparemos), y el empadronado, en el que podemos distinguir a su vez dos subtipos: el de la primera inmigración (procedente de otras zonas de España, atraído por la industrialización y las posibilidades consiguientes de un futuro mejor), y el de la segunda inmigración, procedente de otros países (Bolivia, Rumanía, Colombia, Marruecos, Ecuador, etc.). Parte de esta segunda inmigración, que representa actualmente el 6% de la población, se ha instalado en barrios-gueto tales como el de San Francisco.

No puede hablarse de una interculturalidad[2] propiamente dicha entre la cultura vasca y la castellana: los vasco-hablantes sí pueden acceder a la cultura castellana, pero la mayoría de los castellano-hablantes –bilbaínos o procedentes de la primera inmigración– no han querido o no han podido aprender el vascuence, por lo que no han querido o no han podido acceder a la cultura en lengua vasca. La mayoría de la segunda inmigración, emulando a la primera y a no pocos bilbaínos, tampoco se ha interesado por dicha cultura. Así pues, hoy por hoy, parece más adecuado hablar de multiculturalidad[3]. No obstante, tampoco son pocos los inmigrantes extranjeros que llevan a sus hijos a las escuelas donde el euskera es lengua vehicular. No olvidemos, además, que esos inmigrantes son bilbaínos por empadronamiento, y sus hijos bilbaínos por nacimiento (por mucho que algunos utilicen la improcedente expresión "inmigrantes de segunda generación"). El euskera puede así llegar a convertirse en vehículo de interculturalidad.

Por otro lado, con el paso del tiempo van apareciendo más y más espacios de convivencia, sobre todo en el ámbito de la infancia y la juventud, en torno a actividades lúdicas, deportivas y culturales. Es habitual ver en el parque de Mirivilla a niños y jóvenes de diversas procedencias (magrebíes, subsaharianos, latinos y bilbaínos de pura cepa) jugando al fútbol y al baloncesto; verlos en el skate-park de Deusto practicando juntos skate y otros deportes relacionados con el patinaje. Y si acudimos al barrio de Recalde, encontraremos en sus múltiples parques infantiles a niños de diversas culturas jugando juntos y a sus padres en animada conversación. Y en el frontón y las canchas de fútbol y baloncesto de dicho barrio la situación es similar, con jóvenes de toda procedencia practicando juegos y deportes. También en Recalde nos topamos con el centro juvenil, ocupado y autogestionado, Kukutza, muy conocido en Bilbao por su alta participación y apoyo vecinal. Es el centro juvenil más famoso de Bilbao, y a él acuden niños de todo origen y condición para jugar y hacer talleres. Experiencias tan positivas como ésta contradicen el discurso criminalizador de la mayoría de los medios de comunicación respecto al fenómeno de la ocupación.

Sigamos hablando de ocio.

La sociedad vasca ha sido tradicionalmente muy conservadora, y ha estado muy unida a sus costumbres de ocio, cuyos pilares básicos son el "poteo" o "txikiteo" y la "cuadrilla". La palabra "poteo" deriva del sustantivo "pote", referido a cualquier bebida alcohólica; a su vez, "txikiteo" deriva del nombre "txikito", es decir, pequeño vaso de vino. Ambos términos se refieren a una misma realidad, si bien el segundo se utiliza más bien aplicado a la tercera edad masculina (los "txikiteros"). Esta agotadora actividad, vasca en general y bilbaína en particular, consiste en ir de bar en bar durante horas y horas, ha de ir completada necesariamente por la degustación de "pintxos", y ha de hacerse de forma grupal: en la cuadrilla. La cuadrilla es el grupo de amigos o amigas, casi siempre del mismo sexo y cuyos lazos de amistad suelen surgir ya en la infancia. Las cuadrillas suelen contar con un gran número de integrantes. La base del "poteo" o "txikiteo" es la costumbre. Es decir: se suele mantener la ronda de bares de siempre, la fidelidad al bar de siempre, y la hora de siempre. Los "txikiteros" tienen un día a la semana para quedar y hacer la ronda. Se guarda fidelidad a la cuadrilla desde la infancia hasta la vejez. Las cuadrillas son círculos cerrados que rara vez se mezclan entre sí.

Ante esta situación, suele comentarse que es difícil entrar en la sociedad vasca, en la cuadrilla vasca. Eso sí: una vez eres miembro de ella, lo eres para toda la vida. Y aunque te pases años fuera de casa, cuando vuelves a tu cuadrilla eres uno más y parece que no hubiera pasado el tiempo.

Otras actividades de ocio de los bilbaínos son los deportes de montaña, marítimos, y pasar los fines de semana en una segunda residencia, normalmente ubicada en Cantabria o La Rioja, comunidades autónomas limítrofes donde el metro cuadrado es más barato que en Euskadi.


3. Paisaje
Como es obvio, el paisaje no es escindible del paisanaje, por lo que nos referiremos a ellos como dos elementos complementarios. Bilbao presenta, fundamentalmente, dos caras: la del viejo Bilbao y la del nuevo Bilbao.

3.1. El viejo Bilbao
3.1.1. Margen izquierda
Lo que hoy en día llamamos comúnmente Bilbao la Vieja (la zona más deprimida de la ciudad), unida al Casco Viejo mediante los puentes de San Antón, de La Ribera y de la Merced, es en realidad el conjunto de tres barrios: Bilbao la Vieja propiamente dicha (antiguo núcleo ferrón y marítimo que ha acompañado a Bilbao desde sus orígenes), San Francisco (zona que pasó de ser terreno conventual a pequeño ensanche burgués y popular) y Zabala (un espacio vinculado a las antiguas minas y al ferrocarril). En el último tercio del siglo XIX, a raíz de la industrialización y la llegada masiva de inmigrantes, fueron configurándose nuevos barrios en las proximidades, tales como el de San Esteban o el de San Francisco. El barrio de San Francisco, siempre a medio camino entre el centro histórico de Bilbao y la periferia de sus barrios altos, marginales, fronterizos, combina un vecindario "de toda la vida" con la llegada constante de inmigrantes.

Desde finales del siglo XIX comenzó la proliferación de la prostitución, hecho que se agravó en la década de los 80 del siglo XX con la aparición de problemas derivados de las drogas, convirtiéndose así en un verdadero barrio marginal.

Sin embargo, hoy en día, Bilbao La Vieja está sufriendo una notable metamorfosis. Existen en la actualidad diversos planes enfocados a la regeneración del barrio (creación de empresas, incentivos para que la gente joven se asiente en él, etc.). Jóvenes "alternativos" y "modernos", junto a otros muchos jóvenes arquitectos, artistas, etc., han optado por instalarse en esta zona.

3.1.2. Margen derecha: el casco viejo
Al igual que la margen izquierda de la ría se caracterizaba por sus minas, la derecha estaba orientada a la pesca y la agricultura.

El Casco Viejo estaba formado en sus orígenes por tres calles paralelas que conformaban un recinto amurallado: Somera, Artecalle y Tendería, donde surgió un comercio que llegó a ser muy próspero y que se benefició de la industria de los alrededores (astilleros y ferrerías).

En el siglo XV contribuye a dicha prosperidad la exportación del hierro y de la lana castellana. Las tres calles iniciales se han quedado pequeñas y se ve la necesidad de una ampliación, que llegará con la creación de cuatro nuevas calles gremiales: Belosticalle, Carnicería Vieja, Barrencalle y Barrencalle Barrena. Se forma así una unidad urbanística que recibirá el nombre (que ha llegado hasta nuestros días) de Siete Calles. Más tarde el Casco Viejo se amplía hacia las tierras bajas de un gran Arenal que partía del arrabal de San Nicolás hasta lo que luego llegaría a ser la Plaza Nueva (una suerte de Plaza Mayor similar a la de Madrid).

El escritor bilbaíno Juan Bas, en su novela Alacranes en su tinta, que pone en solfa, entre otros, el nacionalismo vasco, se refiere al Casco Viejo actual como reducto de la izquierda independentista vasca, visión, en nuestra opinión, totalmente falsa:

Julito se obstinó en que mi hermano Josemi nos acompañara en la expedición a la kasbah[4] –procuro evitar el incivilizado y decadente Casco Viejo, la reserva de los talibanes autóctonos, todo lo posible– […]. (Bas 2002: 35)

3.2. El nuevo Bilbao: museo, gastronomía y literatura
Como es sabido, el Museo Guggenheim Bilbao, inaugurado el 18 de octubre de 1997, es obra del arquitecto canadiense Frank O. Gehry. En su construcción se utilizó piedra caliza, vidrio y titanio. La piedra caliza fue un guiño al entorno, pues así se intentaba armonizar el nuevo edificio con la fachada de la Universidad de Deusto, situada justo al otro lado de la ría. La edificación del museo formó parte de un plan integral de desmantelamiento industrial de la ciudad que dio paso a un concepto más orientado al turismo y al ocio. De hecho, a escasos metros del museo fue erigido en 1999 el Palacio de Congresos Euskalduna, en el solar que durante un siglo había ocupado el astillero homónimo, propiedad del emblemático naviero cántabro Ramón de la Sota. De hecho, los arquitectos del palacio Euskalduna concibieron el edificio como un buque en permanente construcción, emergiendo de un dique en el que estuvo situado el mencionado astillero. Así pues, quien haya visitado Bilbao antes de los años 80 del siglo XX y haya vuelto a la ciudad en el siglo XXI habrá sufrido un colapso que en algo puede recordarnos (salvando las distancias) al de la madre del protagonista de la película Good bye, Lenin!: Bilbao en su conjunto, pero en particular la zona de Abandoibarra, donde están situados estos dos edificios, ha sufrido una radical transformación en poco tiempo, hasta el punto de resultar prácticamente irreconocible. A este nuevo paisaje ha contribuido, además del museo y el Palacio de Congresos, el Zubi Zuri ("Puente blanco"), diseñado por Santiago Calatrava y que no se ha librado de la polémica que suele acompañar al arquitecto: las losetas de cristal se rompen con facilidad y son deslizantes cuando llueve. En 2007, Calatrava demandó (alegando vulneración sobre la propiedad intelectual) al ayuntamiento de Bilbao por la construcción de una pasarela peatonal (obra del arquitecto japonés Arata Isozaki) que quedó unida con el puente. Tras una sentencia desfavorable en primera instancia, Calatrava apeló, y en 2009 la Audiencia Provincial de Vizcaya falló a su favor, estableciendo una indemnización de 30.000 euros.

El nuevo Bilbao presenta una multiculturalidad distinta a la del viejo Bilbao: es la multiculturalidad que aportan sus turistas, procedentes de todos los rincones y culturas del planeta, con sus particulares lenguas y visiones del mundo. Es una multiculturalidad de tránsito, próxima, por muy contradictorio que pueda parecer, a la uniformidad y a la globalización.

El museo Guggenheim Bilbao es más que un museo. Es, siguiendo el patrón que imponen los tiempos, un edificio multiusos, donde hay exposiciones (algunas tan extravagantes como una de motos titulada "El arte en movimiento", muy exitosa por cierto, celebrada en 1999-2000), pero donde, a su vez, lo mismo se rueda la escena inicial de la película El mundo nunca es suficiente (de la saga de James Bond, el agente 007) que un vídeo musical de Mariah Carey. Asimismo, su vertiente pecuniaria dio pie a un gran escándalo: en 2009, el director financiero del museo, Roberto Cearsolo, fue juzgado y condenado a tres años y medio de prisión por un delito de desfalco.

Desde actitudes intelectuales muy diversas (y a menudo opuestas), muchas voces se han levantado contra el famoso museo bilbaíno. Por ejemplo, Jon Juaristi lo define como "edificio de posmodernidad faraónica", "ópera muda de bastante más de tres perras gordas, una ópera triunfal de la posmodernidad, es decir, del triunfo del vacío sobre la palabra, de la superación de todo sentido" (Juaristi 2000).

Al haber transcurrido más de un decenio desde su inauguración, cabe preguntarse si el nuevo Bilbao en general y el Museo Guggenheim Bilbao en particular se han convertido ya en escenarios de obras de la literatura vasca en euskera. Está muy arraigada en la literatura euskérica contemporánea la tendencia de retratar el Bilbao de la década de los 80 del siglo pasado, un Bilbao marginal, asolado por la crisis económica y el desmantelamiento del tejido industrial. Resulta, pues, lógico que todos estos autores prescindan del Bilbao posmoderno, al cual se oponen o que, simplemente, no les interesa.

En el ámbito de la literatura vasca en castellano encontramos una obra en la que el autor retrata esos dos Bilbaos: el marginal (con el barrio de San Francisco como punta de lanza) y el posmoderno (simbolizado por el museo Guggenheim). Nos referimos a la ya citada Alacranes en su tinta, del bilbaíno Juan Bas. En ella, el protagonista, Antón Astigarraga, quiere asesinar al lehendakari. Para el magnicidio intenta aprovechar un ágape navideño que el Gobierno Vasco celebra en el museo Guggenheim, ya que el negocio de hostelería de Antón es el encargado del servicio de catering. El otro protagonista es Pacho Murga, un crápula, un "hijo de papá" que nunca ha dado un palo al agua. Entabla relación con Antón y lo convence para traspasar su negocio (el bar Antontxu, en el Casco Viejo) y abrir un nuevo local, el Mapamundi.

En la primera parte de la novela, Murga recuerda cómo conoció a Antón y cómo se hicieron amigos. La amistad anima a Murga a hacer el primer intento de convencer a Antón para montar un negocio de hostelería en el centro de Bilbao. Hay que tener en cuenta que un elemento fundamental de la obra es la gastronomía: Juan Bas detiene a cada paso el relato para describir con detalle tal o cual receta de los pinchos que degusta Murga y/o prepara Antón. Por si fuera poco, el libro concluye con un largo epílogo titulado "Fuentes y listado completo de los pinchos de el Mapamundi de Bilbao". Es sabido que la gastronomía es algo consustancial a la cultura vasca (de hecho, algunos cocineros vascos, tales como Berasategui, Arzak, Subijana o Arguiñano, pueden ser considerados "poderes fácticos" de la civilización vasca contemporánea), y el empuje turístico que ha supuesto el Guggenheim para Bilbao quiere aprovecharlo Antón. Arte y gastronomía son presentados como un todo en la oferta cultural.

–Piense por ejemplo en el éxito que tendría entre los turistas… Los que vienen a visitar el museo Guggenheim no son en general mochileros. Es gente de cierta solvencia cultural y económica que sabe apreciar lo bueno… Si ya se mueren por los adocenados pinchos de las barras convencionales, imagínese por los suyos… (Bas 2002: 70)

Como ya hemos apuntado, la literatura en euskera que ha retratado Bilbao se ha centrado en los ambientes marginales. Juan Bas, en cambio, nos ofrece una imagen más global de la ciudad. No tiene reparo alguno en hablarnos del "nuevo Bilbao", del cual el museo es el referente básico, pero también dedica muchas páginas a describir el contrapunto: los ambientes más marginales, tales como los del barrio de San Francisco, en el que conviven drogadictos, prostitutas, inmigrantes sin recursos, etc.

Lo que me resultó preocupante fue que, de entrada, en vez de bajar de nuevo por civilizadas calles, subiéramos por la lóbrega cuesta de Iturriza a San Francisco, la paralela a La Palanca, el histórico barrio chino de Bilbao, hoy convertido en inframundano gueto dentro del gueto de los seres del abismo.

Ya enfilada la calle San Francisco, pasamos por delante del bar Linaje, que parecía un belén viviente: estaba lleno de yonquis, camellos, negros y moros acodados en la misma barra sobre la que mi amigo el esquizo Pipo Pernera encontró su destino en un bate de aluminio. (Bas 2002: 75)

Cuando Murga reitera su propuesta hostelera, Antón acaba accediendo. Los saltos temporales advierten al lector, sin darle demasiados datos, de que el final de la aventura hostelera no será el esperado por Murga.

Y hoy, 23 de diciembre del año 2000, todo se ha ido al garete.

Hoy, que habíamos llegado al cénit profesional: nada menos que ocuparnos en exclusiva de la comida a servir en el ágape navideño que el gobierno vasco daba en el museo Guggenheim. Mil invitados de élite. (Bas 2002: 100)

Así pues, dentro de esa polifuncionalidad del museo, vemos que éste también puede hacer las veces de espacio gastronómico y de encuentro social para las clases dirigentes. El arte (y más aún si se trata de una franquicia llamada Guggenheim) se convierte en centro de poder.

La fama de los templos de la gastronomía suele propagarse con el boca a boca. Y Murga nos informa de que fue precisamente la vicepresidenta del Gobierno Vasco, Nekane Olagarro, la que tuvo la idea de contratar al Mapamundi para el catering y quien visitó previamente el local para degustar las viandas. Una de ellas es una original tortilla de patatas que es denominada "Guggenheim tubercular" y que es bañada por un "sirimiri de aceite de trufa". Recordemos que "sirimiri" es una palabra vasca que significa "llovizna", la cual es (o, mejor dicho, era) muy característica de la ciudad de Bilbao. Así pues, Bas establece a través del lenguaje una total identificación entre el espacio urbano y la gastronomía.

En la tercera parte de la novela, el museo, espacio de exposición artística, se convierte, simultáneamente, en espacio de gastronomía, en espacio de los ecos de sociedad, en espacio de la tradición vasca rural (Antón aparece en el museo disfrazado de Olentzero) recuperada y reivindicada por el nacionalismo, y, finalmente, en espacio de muerte. El Guggenheim es el escenario de muerte y crimen. Crimen, cómo no, a base de ostras crocantes envenenadas. La combinación de ruralidad y arte moderno, antigüedad y modernidad, el burro del Olentzero y obras de escultores de fama mundial, crea un efecto tragicómico.

El burro se asustó con los tiros y salió al galope en dirección a la sala sin columnas. Lo dejaron seco cuando llegaba a la gigantesca escultura minimalista de Richard Serra. El asno, al caer muerto, hizo volcar el carro violentamente. El tonel salió catapultado y se fue hacia la escultura en cuestión, llamada Serpiente: tres sinuosas paredes de acero paralelas. (Bas 2002: 246-247)

Es, curiosamente (o no), una combinación que recuerda a cierta campaña turística del Gobierno Vasco de hace algunos años (figura 1).

Campaña turística del Gobierno Vasco

Figura 1. Campaña turística del Gobierno Vasco.

Bas arremete en la novela contra otros símbolos vascos y, concretamente, bilbaínos: tal es el caso de Marijaia (lit. 'Marifiesta') (figura 2), que utiliza para lanzar una andanada contra las fiestas de Bilbao:

Asti me dijo que se quedaban a cocinar todavía un rato más, que cerrara yo mismo la puerta con las llaves de repuesto, ocultas bajo una figurita de Marijaia, el espantapájaros travestido que oficia de tótem de la espantosa semana grande de fiestas de Bilbao. (Bas 2002: 66)

Marijaia

Figura 2. Marijaia.

En cualquier caso, el turista que llega a la capital vizcaína no sólo disfrutará del nuevo Bilbao, sino que podrá apreciar algunas joyas de su pasado. La industrialización, la expansión económica y demográfica de finales del siglo XIX fue detonante de un boom arquitectónico del cual son tres ejemplos notables el barrio de Neguri (zona residencial habitada por los nuevos ricos), el teatro Arriaga (edificio neo-barroco de 1890, erigido junto al Casco Viejo en honor al compositor Juan Crisóstomo de Arriaga), y el ya citado Puente Colgante de Vizcaya (1894), obra eiffelista del arquitecto Alberto Palacio, autor, en Madrid, de la estación de Atocha y el Palacio de Cristal ubicado en el Retiro. Por decisión de la Unesco, el Puente de Vizcaya es Patrimonio de la Humanidad desde el 13 de julio de 2006.


4. Final

Resulta necesario incidir en la gran transformación de la ciudad o villa de Bilbao en las últimas décadas: ha pasado de tener una sola cara (la de la industrialización y el comercio a ella ligada; la de la inmigración masiva que buscaba una vida mejor) a mostrar dos, tres o tantas como se quiera, como paisaje postindustrial, multicultural, turístico, limpio (subrayamos el adjetivo: limpio. No hay metro del mundo más limpio que el metro de Bilbao), presidido por ese gigante-franquicia llamado museo Guggenheim.

Bibliografía
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REKALDE, Paddy (2004): Bilbo dub kronikak. Lasarte-Oria: Susa.

URRUTIKOETXEA, Urtzi (2005): Auzoak. Lasarte-Oria: Susa.


[1] Según el DRAE, bocho o boche es un hoyo pequeño y redondo que hacen los muchachos en el suelo para jugar, tirando a meter dentro de él las piezas con que juegan.

[2] Interacción entre culturas, de una forma respetuosa, donde se concibe que ningún grupo cultural está por encima del otro, favoreciendo en todo momento la integración y convivencia entre culturas. En las relaciones interculturales se establece una relación basada en el respeto a la diversidad y el enriquecimiento mutuo.

[3] Mera coexistencia de culturas, sin necesidad de contacto entre ellas.

[4] Kasba es, según el DRAE, "barrio antiguo de las ciudades norteafricanas".


CID ABASOLO, Karlos (2010): "Bilbao: caras de la ciudad" [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 2, núm. 2, pp. 59-68. En: http://www.ucm.es/info/angulo/volumen/Volumen02-2/varia01.htm. ISSN: 1989-4015

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