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feediconRSS Vol.3, núm.1grisAR2011 grisARUniversidad Complutense de Madrid ISSN: 1989-4015grisAR

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Poesía urbana rumana: Bucarest en la obra de Mircea Cărtărescu (PDF)

Traducción de Diego Muñoz Carrobles [1]

dmcarrobles@filol.ucm.es


amémonos, keramú

amémonos, keramú[2], amémonos por toujours
que mañana seremos presa de las inundaciones, de los corrimientos de
                                                                                               tierra, de
                                                                                               terribles 
                                                                                               borracheras,
que mañana un ayer con patas de araña se paseará  por los rizos de tu pelo
enloqueciéndote, molestándote… seamos tiernos, farfulló el polígono căţelu pegando los lirios a las caderas voluptuosas de la estación de autobuses de filaret seamos tiernos, mi soledad, apuntó la señal de sentido giratorio seamos tiernos, dijo también una mosca. la primavera nos lamía la cara y las manos como un pequinés nos hacía preguntarnos qué gusto le sacaríamos a la lengua infinita de la noche llena de autocares y estrellas, la primavera nos acariciaba y sobrepasaba a veces los límites maternales o de la amistad inocente enseñando los pechos fríos de manera provocativa bajo su cazadora azul turquesa desgastada oh, quédate un poco más, le susurró la lámpara a una pelusa de la alfombra, ¿no quieres subir a mi casa? bebamos algo, escuchemos música, te enseño la biblioteca… ¿no quieres quedarte esta noche en mi casa? cojámonos de la mano, le dijo un médico jefe del hospital emilia irza
al conejo de hojalata del escaparate de los juguetes. querámonos, amémonos, crezcamos y reproduzcámonos cantaban el tergal y el terciopelo, el dril y la batista en gabroveni les respondían hasta quedarse sin voz los sargentos y las controladoras hagamos el amor, balbuceaban el polen y las nubecillas hagámoslo, roncaban las barberías, como unas bombillas eléctricas unidas en serie los nervios reventaban en el antebrazo, las venas se inflaban en el tórax, en las fosas nasales los analizadores de olor guardaban los abrigos en armarios y el índice de refracción se zampaba un sándwich de pollo en la perversa apertura del ojo. qué de guiños, cuántos accidentes por distracciones, cuentas cerradas, pólizas pagadas, angelito, estornudó el pulmón mientras se miraba en el espejo y veía a su espalda una fábrica. la primavera nos untaba en el pan una gruesa porción de televisión nuestra mente estaba atascada de proyectos de agresión, ya veíamos el microcos mos cubierto de trincheras, ya soñábamos con el poder, con krakatit, con el olor de piel de zorro del hombre invisible, con los ojos vivarachos del hombre que atraviesa las paredes… nuestro cerebro se acordaba de cuando estaba encogido de cuando latía, palpitaba, se removía, marchaba, se revolvía, serpenteaba el antebrazo se liberó en el aire flojo de la sensación de tener plumas, la oreja –la sensación de haber oído el berrido de un triceratops y las burbujas de hidrógeno extendían la malaria por la cara. ten confianza en mí, gorjeó la flora intestinal mientras se arrojaba voluptuosa a los brazos del miedo que llevaba aquella noche un traje sencillo, arqueado, juvenil, dame un besito, le suplicó el anabolismo al catabolismo, no seas cruel, no me obligues, le amenazaba un maxilar al otro. llegaba la tarde, la ciudad se animaba, llegaba la noche, las calles silbaban como un sifón, ¡seamos tiernos, lotería que nunca toca, seamos tiernos, batidor de alfombras, querámonos, grifos, hagamos excursiones, carpeta de sobres! con vestidos de escombros y varas verdes, de embutidos y quesos, cubiertas de vodka y gasolina las emociones se habían marchado a escondidas. por callejones y pasajes cubiertos de vidrio de colores algún gato arañaba el tronco de algún laurel y en las cervecerías las camareras se dejaban hacer por dinero. querámonos, unamuno, una y uno, querámonos, keramú, y luego equivoquémonos de cerilla, de alicates, de pasta de dientes, ignoremos la excesiva influencia que ejerce en nuestra psique el campus de grozaveşti. la primavera observa amarilla desde la estratosfera, acariciada por el ozono y los iones, conozcámonos mejor, caracola, dice,
abracémonos, hangar, papelito, cubo de basura… pero nosotros en la fuente del final de la calle alexandru nos mojábamos el uno al otro con agua justo al lado de la policlínica, y hasta los árboles olían a dentista era la época de las flores con el tiempo has alcanzado el estatus de gran potencia. con el paso del tiempo, me has llenado las avenidas de embajadas, consulados y representaciones pero hoy, por la carretera de mis deseos mandas tus ojos azules como dos mercedes recién lavados cuyos parabrisas engullen hojarasca rosa de castaño. te has convertido en una gran potencia extranjera. desde el zodiaco, tus satélites me fotografían en miles de posturas, espían mi secreción de insulina entrevistan hasta a mi estuche de afeitar y declaran enemigos acérrimos a mi nombre de mi apellido, a mi edad de mi sexo, a la estación del trolebús, al tiroides del steaua y mientras suena un tema de pink floyd me tomo un café a ciegas de pronto, hasta a tu chófer le trato de excelencia hasta a tu limpiabotas le dejo que me llame chaval le digo que sí, bwana, a tu cuello de encaje le diseño a tus pinzas del pelo vestidos de decenas de metros cuadrados de escaparate vengo en un suspiro cuando suena la campana de tu pereza… como si fueras un pavo real, con bucarest desplegado a tus espaldas. los hoteles guiñan, las damas chisporrotean, las piedras del pavimento se gradúan en cibernética los ministerios, los institutos, los puestos ambulantes respiran polvo dorado de los cinematógrafos disueltos en el aire los ocasos más amarillos los crepúsculos más negros la muerte más estadística que impulsa sus bucles por los cimientos y los canales y el metro y la anemia y el estrés azul de las tiendas de radios, de televisores, de camionetas, radiocasetes, micrófonos, discos, cascos, enchufes, tomas mezcladas con la saliva de la nostalgia del color de las locomotoras de servicio paralizadas junto a los andenes de la estación obor y hasta los pensionistas de las básculas de precisión y todos los inválidos que venden ilustraciones en relieve y lotería se han cansado de mí por tu risa pija, inquieta, enemiga. deja tu mundo olvidado, extiende una capa de polvo sobre tu imperio brotado como un grano en el rostro bronceado de nuestra amistad, declárame independiente, que me las arregle yo con mis reservas de mandioca, batata y tapioca, conviérteme en algo menos doloroso, envuélveme con una florească más cálida, parpadea como una chispa eléctrica y dobla la rodilla para que me pueda poner por fin en marcha mi negocio con dudas de colores en aquellas noches que, según dicen, volverán (era la época de las flores era la estación del amor era la década de la guerra nuclear era el crimen perfecto de los diez bajitos del mañana era alí-babá y los veinticuatro años era tu pecho gris que pasaba con un decibelio pura sangre en la correa era una llama de magnesio que abrazaba un petardo.) te has convertido, mujer, en una gran potencia extranjera. te has convertido en el gran amor de mis pulmones mi lluvia te dobla los frutos, mi apartamento es tu caja de zapatos a ti mi odio te manda cada día rosas y una nota, a ti mi muerte te ilumina el imperio bancario y discreto, zaraza de goma. juguete mecánico este verano los árboles se habían vestido con hojas de oro que caían crujiendo sobre el asfalto hinchado este otoño las mujeres habían llevado pequineses de oro accionados por un mecanismo complicado el propio viento parpadeaba como ruedas dentadas transparentes las mujeres tenían todas sentimientos las casas eran de látex y tenían un balcón cuadrangular todo era gangoso y hacía muecas estirando los pechos de chicle todo dependía de las pequinesas desobedientes accionadas por un mecanismo complicado. –¡quiéreme, quiéreme! –¡abrázame, abrázame! este otoño tengo el miocardio de oro y todos los doctores llevan bata blanca y el quirófano está hecho de un celofán que se arranca –¡cuídame! –¡estoy en el suelo! mi vida fue dura, movida por una rueda dentada y una vara paso a paso caminé por el asfalto curvado –¡quiéreme, mujer!, y ella había gritado accionada por un mecanismo complicado. el propio viento limpió el cristal y la joya y la montura del reloj escuchaba cómo las hojas de oro se golpeaban crujiendo de modo extraño contra el asfalto y cómo los pequineses con su poca vergüenza arañaban con uñas de circonio en el asfalto y hasta los trolebuses se espantaron… –¿por qué ya no quieres? ¿por qué nunca quisiste? ¿a qué viene tanta tozudez? ¿por qué esta obstinación de decidir tú sola lo que deberíamos decidir los dos? ¿por qué no me escribes? ¿por qué no me mandas una cinta grabada con tu voz? ¿en qué te has convertido? ¿qué les pasó a nuestros recuerdos comunes? ¿por dónde andan nuestros amigos? ¿sobre qué colcha deshaces tu cuerpo verdadero? –¡quiéreme! ¡abrázame! aguanta a mi lado tira del otoño como de un chicle mira cómo se deshilachan los vestidos en los escaparates mira cómo las láminas de oro se cuartean en tus mejillas, en ti mira: pasa un rayo por los bloques de ladrillos de rubíes y pasa también el viento dentado y caen también las hojas crujiendo sobre el asfalto hinchado accionadas por una llavecita de oro, por resortes de oro por volantes de oro, por palancas de oro dando vueltas, retorciéndose, haciendo ruido complicado, complicado, complicado… poseías todo tipo de objetos eléctricos tú estás hecha de otra pasta. tú me repugnas, tú eres un monstruo, te tengo miedo. tienes cosas que yo no tengo, tienes pechos, por ejemplo, tienes mucha cara. tienes un montón de faldas, tienes parientes con título universitario. y ay dios, cómo te salpica el pelo hasta las corvas como un camión de fructexport, fantasmal y blando que pasara por dorobanţi. y tienes caderas, y tienes ataques, tienes amantes… tu inconsciente seguro que es tan enorme que podría reducir él solo la diferencia entre el pueblo y la ciudad y ponerle fin a la ola de violencia y pornografía con solo un gesto, o con un ungüento. no, si tú fueras un documental sobre las valencias de los elementos químicos y yo una tabla sobre el tejado de un silo aun así no sería yo tan raro en la realidad con ateneos, cabernets, coches tiemblo cuando me tocas. se me hace raro escuchar tu voz por teléfono. ¿por qué tiene que existir un ser como tú? ¿y por qué ahora ya no existe? bestia, pecosa, mujerzuela, velo sobre mandíbulas de hojalata, ¡gansa! amiga por aquel entonces engordaste, amiga, y solo a duras penas conseguías pasar por mi calle por el cable del teléfono te deslizabas solo haciéndote mucho daño y ya no podías ni nadar por las exclusas de mi nervio óptico en otro tiempo eras ligera, amiga, te deslizabas incluso por los agujeros de los botones de mi camisa tu cadera era delgada, era rosa era seguramente digna de una causa mejor, amiga. qué felicidad era siquiera rozarte la piel florecida de tu pavimento quitar siquiera el automático de la faldita plisada del garaje temblando como una brújula derretida en tu calle qué suerte era arrancarte la lencería del cuerpo que hasta incluso los mosquitos borrachos giraban por encima de un camión aparcado con las ruedas de la izquierda en el atardecer qué fortuna era penetrar por fin en el universo de ideas del sargento de la esquina emborrachándome de lujo, de calma, de voluptuosidad… pero, oh, nikakdá, habla un pajarito sobre ruedas con la tabla colmada de sensaciones dentadas, oh, nikakdá, nikakdá… una vez tuve una amiga que se resbalaba imparable por una vía desde obor hasta sfântul gheorghe con un rizo delante de la zapatería clujeana y hasta la punta de sus pestañas emanaba un aroma grotesco de grasa de motor y lancôme y cada cabello suyo llevaba detrás un espectro solar de muchos metros por aquel entonces eras más móvil, amiga, estabas a la vez en la televisión, en mi regazo y en mi pensamiento por aquel entonces eras más pelirroja, amiga tus caderas, todo cuanto se veía bajo tu camisa con ojos de hombre iluminaban la avenida circului como una delicada bombilla y más suave y más cubierta de terciopelo que tus pechos era tu vida tu vida única e indivisible de ramera, de venus, de madonna, de sibila. –fémina, mujer, ¿por entre los raíles de hierro eres todavía posible? ah, nikakdá, habla un pajarito sobre ruedas por encima de los edificios de papel de plata de colores ah, nikakdá, nikakdá… y tu mirada era una ventana por la cual se oía un silbido dorado: “sus mercedes… su excelencia” ay, tu pecho era un batiscafo cuyas hélices giraban en el laberinto de tu cama y dentro los sabios sorprendidos observaban los dedos como una nueva especie de monstruo marino ay, y tus ideas se te escapaban de los pechos como un torrente azul marino llevándose por delante motores eléctricos, dispensarios, maternidades, librerías, carreteras pavimentadas con altavoces shops que giran alrededor del sol… querría infectar como un virus tu imaginación. una vez, amiga, tenía una amiga que hablaba y también tenía una amiga que callaba una amiga me cepillaba la ropa una amiga me programaba y escuchaba mis discursos exasperados, confusos me protegía de los meteoritos, de los fantasmas me defendía una vez mi amiga era mi amiga a la que yo me… pero ah, nikakdá ah, nikakdá, nikakdá, nikakdá, nikakdáse fue el amor… del 80 al 81, miserable invierno un vertedero de cafés, mecheros, “dire straits”, cenáculos, vasos y por la noche un pantano de gominola dolorosa: caras, muslos y palabrería y a veces una mirada lanzada por la ventana, hacia el tráfico que avanza con dificultad por la nieve. pero ¡he aquí el sol! ¿nos ha comprendido por fin la primavera? brillan las ventanas de la plaza de bucur obor y el bulevar colentina está amarillo el asfalto apesta más seductor que nunca a renacuajos, hay arcoíris en la gasolina, hay sardinas en aceite albanesas, y mujeres y alumnas miran con desprecio el escaparate de menaje del hogar. más arriba los árboles han tenido brotes en los patios las señales de tráfico parecen ahora periódicos enrollados como palomas de óxido. y el poderoso sol que ilumina tanto las fábricas, como los castillos de agua, las escuelas, el cementerio… –¿y yo? participo también de la alegría general. y mira tú cómo: me bajé de la línea 109 una estación antes y me fui andando sin rumbo sobre la hierba del borde de la calzada. los autobasculantes, los vehículos TIR, los camiones zumbaban con sus planchas arriba y abajo, cargando tubos, sacos y hormigón los tranvías se deslizaban como en sueños… así que me senté en el bordillo y miré la hierba reluciente. y mira tú, una abeja tirada en el polvo el envoltorio de un caramelo de leche un escarabajo con el caparazón reventado, que huye por un lado, cuánto sucede en la raíz de una brizna de hierba, trémulo en la brisa de aire caliente que sopla por entre las ventanas de la fábrica de alambre. un cielo azul, sol, sombras enredadas, ruidos de tubo de escape raíles dorados de tranvía, hierba verde, lombrices, escarabajos… ¿habría deseado algo más Tao o Boddhisattva? La colina sube bien con sus andamios, casa, limusinas, su bulevar, ya no quería a nadie… me levanté al final, porque unos querían aparcar su camión me puse de pie y los miré –¡métele fuerte! dale, dale, dale, dale un poco más... más, más, más, más, más, más… ¡así está bien! un poco más a la izquierda… ¡ya! dale que va… más, más, un poco más… ¡ya estááá! ¡para! ya está bien. y el sol flotaba en lo alto del cielo.


[1] Poemas extraídos de la obra Dublu CD. Disc 1 (Humanitas, 2009).

[2] N. del T.: chera mu, del griego, ‘cariño mío’.


MUÑOZ CARROBLES, Diego (2011): "Poesía urbana rumana: Bucarest en la obra de Mircea Cărtărescu" [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 3, núm. 1, pp. 245-252. En: http://www.ucm.es/info/angulo/volumen/Volumen03-1/textos01.htm. ISSN: 1989-4015

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