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feediconRSS Vol.4, núm.1grisAR2012 grisARUniversidad Complutense de Madrid ISSN: 1989-4015grisAR

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Conocer Bucarest a través de Mateiu Ion Caragiale (I) (PDF)

José María Pallás Ruiz

I.E.S. Rayuela
floare65@gmail.com

Recibido: 28/09/2011
Modificado: 12/02/2012
Aceptado: 30/04/2012

Resumen
Mateiu Ion Caragiale nos ofrece en su novela Craii de Curtea-veche (1929) una presentación literaria de la ciudad de Bucarest. Este espacio urbano es el gran protagonista de la novela, y el repertorio de lugares reales citados y caracterizados permite reconstruir la imagen de la ciudad a principios del siglo XX. Los desplazamientos de los personajes, organizados en función de los cuatro itinerarios de que consta la pieza, han sido esquematizados, y se citan en español y en rumano fragmentos de la obra en que son mencionados. Los espacios más importantes y representativos se explican brevemente y, cuando ha sido posible, se han ilustrado con imágenes.
Palabras clave: Bucarest, ciudad, Mateiu Caragiale, Craii de Curtea-veche.

Title: Knowing Bucharest through Mateiu Ion Caragiale
Abstract
Mateiu Ion Caragiale offers us in his novel Craii de Curtea Veche (1929) a literary presentation of the city of Bucharest. This urban space is the main protagonist of the novel, and the directory of real places mentioned and characterized, enable the reconstruction of the image of the city at the beginning of the 20th century. The movements of the characters, organized according to the four routes that make up the piece, have been sketchy, and is cited in Spanish and Romanian a fragment of the work in which are mentioned. The most important and representative spaces are explained briefly, and when possible are illustrated with pictures.
Keywords: Bucharest, city, Mateiu Caragiale, Craii de Curtea-veche.

Índice
1. Introducción
2. ¿Cómo era la ciudad de Bucarest a principios del siglo XX?
3. Un recorrido por los espacios de Bucarest
4. Primer itinerario. Întâmpinarea crailor. El encuentro de los reyes


1. Introducción
El escritor Mateiu Ion Caragiale (1885-1936) presenta en su novela Craii de Curte-veche (Los reyes de la Corte Vieja) una fascinante imagen literaria de Bucarest, la capital de Rumanía. Obra de larga elaboración –concebida en 1910 y publicada en forma de volumen en 1929– sitúa perfectamente al lector en un momento histórico concreto de la ciudad, y le permite hacer un recorrido en el espacio y en el tiempo de la mano de un narrador y unos personajes que viven y se desplazan por una variedad enorme de lugares, tanto exteriores como interiores, de este espacio urbano entre Oriente y Occidente. A través de apenas doscientas páginas cargadas de un estilo literario admirable, el lector y viajero actual puede hacerse una imagen muy ajustada de lo que fue esta ciudad en el pasado, y contrastarla con lo que es hoy día.
En un trabajo monográfico de investigación anterior hemos intentado poner de relieve la posibilidad de dos niveles de lectura de la novela atendiendo al eje espacial (cfr. Pallás Ruiz 2003: 106). El primer nivel de lectura estaría basado en el espacio origen, y desde una óptica pragmática da cuenta de los espacios reales de Bucarest como marco específico para los desplazamientos de los personajes. El segundo nivel de lectura trataría de interpretar el espacio real en función de los viajes y paradas del Narrador con su grupo de amigos. La ciudad se transformaría en un espacio imaginario y adquiriría un carácter infernal / irreal / mítico en función de los movimientos que a través de ella realizan los personajes principales. En el presente trabajo nos centraremos en Bucarest como un espacio real.
Las funciones de los lugares, en prosa narrativa, son muy variadas, y pueden condicionar un determinado subgénero (novela de aventuras, novela policíaca, novela de viajes, etc.). Estos lugares se organizan y forman un sistema tal que tienen un sentido propio. Craii de Curtea-veche es una novela urbana. No solo por el ámbito en que se suceden las diversas historias del relato, sino también porque una ciudad concreta, Bucarest, es la auténtica protagonista de la obra. Este espacio, semibalcánico, va marcando inexorablemente los destinos de los distintos personajes, y es el que delimita sus respectivos campos de acción, sus zonas de actuación y sus zonas prohibidas. La lectura de la obra nos permitirá apreciar que no todos los personajes pueden moverse libre y felizmente por todas partes.
En este sentido, cabría agrupar a los personajes del libro en dos categorías por la relación que mantienen con su lugar de origen. Por un lado, los que se sienten en casa allí, a las puertas de Oriente, los dotados de buenos muelles que saben por instinto aprovechar el mecanismo oriental de la aglomeración, de especular en aquellos territorios donde la escala de valores está trastocada, es decir, el caso de Pirgu y sus seguidores incondicionales. Por otro, están los exiliados en su propio país, los occidentales obligados a vivir en ese mundo, siendo su única salvación la evasión en el tiempo o en el espacio. Y también, como último recurso –una terapéutica suicida– sumergirse en los abismos del vicio, como ocurre con Pantazi, Paşadia y el Narrador.
Entre los personajes principales, solamente Gore Pirgu es quien sabe moverse sin problemas por todas partes, saliendo siempre airoso de las situaciones. Sucede esto así porque realmente no pertenece a ningún lugar concreto. Es un personaje tan sumamente desarraigado, que, como el parásito, sabe acoplarse a cualquier espacio, desde el más aristocrático al más inmundo, por lo que él, junto con los de su calaña, puede tolerar la hostilidad de Bucarest. Por ello, Pirgu cubre perfectamente lo que consideraremos como el espacio lineal de la narración, es decir, unidireccional, ya trazado, que atraviesa el plano de la ciudad y por el que se mueve libremente, puesto que es el único que lo conoce en su totalidad.
En Craii de Curtea-veche, como también ocurre en Remember[1], el paisaje es estrictamente urbano. En la primera obra nos hallamos en la Bucarest de principios de siglo XX, entre 1910 y 1911, espacio temporal perfectamente rastreable en el transcurso del relato y como reza el lema principal del libro, “a las puertas de Oriente, donde todo se toma a la ligera”[2]. Resulta relevante el hecho de que el autor haya elegido precisamente como motivo principal la cita de un occidental (el presidente francés Poincaré), que refleja el complejo de superioridad frente al mundo que por motivos profesionales tuvo que visitar. La fórmula pone de manifiesto, además, un desprecio indulgente y tolerante hacia ese mundo. Por medio de dichas palabras, el escritor toma una opción y adopta un juicio de valor definitorio para su actitud. Dirigirá así una mirada principalmente despreciativa hacia el lugar en que se desarrollan los acontecimientos, actualizados de nuevo por su memoria. Dignas de atención por la nostalgia con que recuerda su vuelta a Berlín tras dos años de exilio –claro está, en Bucarest– son estas palabras del autor: “Fusesem greu bolnav în Bucureşti şi mă întorsesem la Berlin, acasă” (Caragiale 1965: 35)[3].
Volviendo a Berlín, el autor parece recuperar su ambiente normal. Así pues, el escritor toma desde el principio las distancias, advirtiéndonos de que en Bucarest no se siente en casa, sino en un perpetuo exilio.
La novela que nos ocupa, del mismo modo que Remember, se halla bajo el signo de la ficción memorialística, de la confusión intencionada entre el yo artístico y el yo empírico del escritor. Establece relaciones entre sus diferentes textos, representando cada uno la evocación y reconstrucción de unos momentos y unos espacios significativos de su existencia. Y es por esto por lo que creemos necesario un primer nivel de lectura referido a la reconstrucción de un determinado espacio real (Bucarest) en un momento preciso de su historia para dar cuenta de la importancia que cobra esta ciudad en la novela y establecer posibles correspondencias con el escritor-narrador. Además, nos percataremos, con una lectura atenta de la obra, de que el espacio real tomará posteriormente una dimensión nueva, imaginaria, mítica e infernal[4].
La novela parece desarrollarse en dos planos espaciales que se corresponden a dos planos psicológicos: la realidad de un espacio urbano y el sueño de otros espacios lejanos, como por ejemplo los evocados en los viajes imaginarios del personaje Pantazi, que encontramos en la segunda parte de la novela, titulada Cele trei hagialîcuri (Las tres peregrinaciones). Nos situaremos, pues, ante el marco real de la ciudad.


2. ¿Cómo era la ciudad de Bucarest a principios del siglo XX?
Los numerosos visitantes extranjeros que tienen ocasión de conocer la ciudad en el periodo que abarca desde la consecución de la Independencia de Rumanía (1878) y la Primera Guerra Mundial coinciden en señalar el aspecto general de europeidad de la ciudad, pero también destacan que su carácter propio, su peculiaridad, reside precisamente en la mezcla entre facetas orientales y occidentales. Por ejemplo, el corresponsal de guerra Frédéric Kohn-Abrest escribe en 1877: “Los rumanos han sabido hacer de su capital una de las más agradables ciudades de Europa, un verdadero oasis dentro de una civilización relativamente avanzada” [5].
Una impresión semejante tiene el escritor Vsevolod Garsin:

Esta ciudad tiene un aspecto absolutamente europeo, menos algunas calles que hemos recorrido. Lo oriental ha quedado nada más en el hecho de que esas calles son estrechas y sinuosas. La limpieza es como en San Petersburgo.

La comparación con esta última ciudad también le viene a la memoria a una hermana de la caridad que estuvo en la capital con motivo de la Guerra de la Independencia:

Las calles principales de Bucarest son bonitas y largas, con casas preciosas y no son muy diferentes de las calles de San Petersburgo. […] El carácter peculiar de la ciudad resulta, sin embargo, de los rasgos europeos con los de influencia turca.

Centrándonos en el primer nivel de lectura arriba mencionado y en el momento histórico que nos ocupa, los primeros años del siglo XX, caracterizaremos Bucarest como un espacio bullicioso, de gran belleza arquitectónica, con protagonismo de los espacios verdes, los hoteles, los locales internacionales y autóctonos, y una población creciente y que decididamente vive su ciudad. En 1899 el número de habitantes llega al número de 282.071, de los que 28.843 eran trabajadores vinculados a la industria y al comercio, lo que puede darnos una primera aproximación a la composición social y la vida cotidiana de la urbe. Sabemos que una nota característica del comercio bucarestino lo constituyó la actividad ambulante, especialmente por parte de oltenios, que de la mañana a la noche llenaban la ciudad de sus variados productos y gritos para llamar la atención de los clientes, dando al paisaje urbano un toque ciertamente pintoresco (figura 1).

A
Fuente: my.opera.com
Figura 1. Un vendedor ambulante de aves
en las calles del centro de Bucarest.

A la vez que edificios públicos, como el Ateneo Rumano (1896) o el suntuoso Palacio de Correos (1900), hoy museo nacional, se construyen casas particulares de todo tipo y tamaño, creándose nuevos barrios. La ciudad crece no solamente en superficie, sino también en altura, con la edificación de hoteles con muchas plantas, como el Hotel de Franţa, el Hotel Luvru, el Hotel Boulevard, etc.
En 1905 el francés André Bellesort habla del carácter alegre de la ciudad, inundada de verde, y sus calles interminables en las que “[…] la chabola se apoya en el muro de la villa y el espectro de la casucha con la fantasía del palacio”. Otro francés, A. Muzet, que conoció la ciudad en los preámbulos de la Primera Guerra Mundial, quedó impresionado por el gran número de iglesias y hospitales. Pero lo que más admira es “[…] el despliegue de lujo en las mujeres. [Las que pasan por Calea Victoriei van vestidas] con un cuidado que no se encuentra más que en las grandes capitales”. Finalmente, Eric Winterhalder, primer director de la Caja de Ahorros (CEC), describía, en 1886, un edificio concreto de la ciudad de esta manera: “[...] construido con la más sobresaliente elegancia arquitectónica, cubierto casi totalmente de cristal, que rivaliza con los edificios más renombrados y hermosos de París”.

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Fuente: peisaje.com
Figura 2. La elegante y comercial calle Lipscani.

Pero el aspecto lujoso y cuidado del centro de la ciudad no debe hacernos obviar los arrabales, inundados de barro y polvo, sin luz eléctrica, sin canalizaciones y con casas insalubres (figura 3). Las mejoras municipales eran para una minoría, las clases pobres no se beneficiaban en absoluto de ellas. Los diferentes grupos étnicos no se hallaban demasiado integrados en lo que se podría llamar el centro neurálgico de la ciudad: existía un barrio ruso, otro búlgaro, uno judío, otro armenio, y después, calles con tiendas regentadas por griegos.


A
Figura 3. Aspecto de una de las calles
y de las viviendas de arrabal de la ciudad.

Otro de los aspectos específicos del panorama bucarestino del primer tercio del siglo XX es la aparición de numerosas cafeterías, el crecimiento en número de las cervecerías y de las tabernas, sobre todo. La gama de restaurantes nacionales e internacionales es amplia y se desarrollan muchísimo las bodegas y los locales para tomar el aperitivo, así como terrazas al aire libre. Estos espacios de paso y encuentro serán fundamentales en la representación espacial del texto literario que nos ocupa.
Indudablemente, Mateiu Caragiale, que, como ya hemos indicado, publica su novela en 1929 en forma de volumen, tras una larga elaboración y una publicación fragmentaria de la misma en la revista literaria Gîndirea[6], pudo contemplar los cambios en la fisonomía de la ciudad y en sus costumbres y ambiente. Algunas de estas transformaciones serían del agrado de Mateiu, pero otras le horrorizarían sin lugar a dudas, dado su carácter pretendidamente refinado y aristocrático, y su aversión a lo feo.
En la traslación a la novela de los nombres históricos de calles, barrios, monumentos y otros lugares de diversión perfectamente localizables en un periodo histórico concreto, al igual que otros detalles de la vida cultural, política y personal del autor, encontramos en la obra de Caragiale hijo[7] el aspecto más realista de la novela, empleando el término con el alcance que tiene la contemplación de la ciudad según los postulados de la escuela literaria decimonónica. En este sentido, cabría establecer semejanzas entre su obra y la de autores españoles como Pérez Galdós o Pío Baroja. Sin embargo, creemos que las líneas trazadas para la ubicación espacial real de la ciudad de Bucarest constituyen únicamente una base para establecer las líneas generales de la acción y trazar los movimientos de los personajes por un espacio concreto. Este espacio real, a causa del tratamiento que recibe y de los periplos que realizan los personajes por él, pasa a transformarse en un espacio literario imaginario, cobrando una dimensión mítica y caracterizada por su faceta hostil, que podríamos denominar también infernal.
Con los datos aportados hasta el momento y el desarrollo posterior que daremos a los espacios reales de la capital rumana en función de los viajes o itinerarios que realizan los diversos personajes en cada una de las cuatro partes que configuran la novela, podremos concluir que Mateiu Ion Caragiale ofrece una visión de la ciudad con pretensiones de occidentalidad y también del mundo balcánico[8], pero contemplado en sentido negativo. De este espacio hace el autor un excelente retrato y nos presenta la capital como una ciudad híbrida, donde se dan tipos singulares y situaciones concretas provocadas por su localización geográfica, ligada estrechamente a su desarrollo histórico. Se trata de un espacio encrucijada de culturas y propenso, por tanto, al mestizaje cultural. Bucarest no es una ciudad fácil de retratar literariamente, y no son muchos los ejemplos que podamos encontrar en la literatura rumana. De ahí, el valor que encierra la imagen que nos ofrece Mateiu Caragiale.
Iniciemos, pues, un recorrido por todos aquellos lugares que nos permitirán conocer el plano de la ciudad de Bucarest en el año 1910 aproximadamente, a través de los periplos urbanos que realizan en Craii de Curtea-veche los personajes Pantazi, Paşadia, Pirgu y el narrador.


3. Un recorrido por los espacios de Bucarest
Presentamos al lector, en forma de esquema, los desplazamientos de los personajes por el espacio urbano de Bucarest a lo largo de las cuatro partes (itinerarios)[9] que componen la novela: salidas, entradas y encuentros por el variadísimo conjunto de espacios reales de la ciudad, siguiendo exactamente el desarrollo lineal de la novela. Añadimos después una pequeña explicación o comentario sobre cada espacio mencionado, citándose posteriormente la parte más representativa de la obra referida al lugar (en lengua rumana con su correspondiente traducción al español). Cuando ha sido posible, hemos incorporado alguna fotografía o plano que ayude al lector a hacerse una idea lo más ajustada posible de los lugares aparecidos en la novela. Los espacios evocados por los personajes y que no articulan los desplazamientos a través de la ciudad, los agrupamos en espacios imaginarios. Por la importancia que adquieren en la obra locales como cafeterías, restaurantes, tascas, etc., hemos hecho una agrupación especial para lugares de paso y encuentro de los personajes.
Las figuras y la paleta de colores empleados en el trazado de los itinerarios y su codificación son las siguientes:

 

A Verde lima: indica los desplazamientos de los personajes.

  1. A Anaranjado claro: representa los Espacios Reales.
  2.  
  3. A Fucsia: representa los Espacios Imaginarios.
  4.  
  5. A Verde vivo: representa los Espacios de Paso y Encuentro.

 

Ojalá sirva esta mirada retrospectiva para que el visitante actual conozca con mayor profundidad la capital rumana y pueda configurarse la imagen de lo que fue en un momento de su historia, para interpretarla a través de lo que es hoy día. La obra del excelente y extravagante autor bucarestino Mateiu Ion Caragiale es, en nuestra opinión, una sugerente llave para abrir las puertas de esta ciudad situada a las puertas de Oriente.


Primer itinerario. Întâmpinarea crailor. El encuentro de los reyes

A

a. La casa del narrador
Su ubicación no está precisada, ni tampoco se describe su interior. Solamente nos comenta el narrador que fue una buena idea tomar un carruaje para llegar a tiempo a la reunión con los amigos en un local muy céntrico de la ciudad. Por lo cual debemos pensar que la casa se situaría a una cierta distancia del primer punto de encuentro. La casa del narrador no juega ningún papel relevante, ya que este suele acomodarse la mayor parte del tiempo en las casas de sus dos amigos Pantazi y Paşadia, o bien deambula por las calles y los locales de diversión de la ciudad. La casa propia le provoca al narrador una cierta aversión, ya que es ahí donde recibe regularmente la carta de la familia, que encierra reprimendas y consideraciones que él jamás tendrá en cuenta.

Cu toate că, în ajun chiar, îmi făgăduisem cu jurământ să mă întorc devreme acasă, tocmai atunci mă întorsesem mai târziu: a doua zi spre amiazi.
Noaptea mă apuca în aşternut. Pierdusem răbojul timpului. Aş fi dormit înainte, dus, fără zgomotoasa sosire a unei scrisori pentru care trebuia neapărat să iscălesc de primire. Trezit din somn sunt mahmur, ursuz, ciufut. Nu iscălii. Mormăii numai să fiu lăsat în pace. […]
Ştiam pe de rost nesărata plachie de sfaturi şi de dojane ce mi se slujea de-acasă cam la fiecare început de lună; sfaturi să purced cu bărbăţie pe calea muncii, dojane că nu mă mai înduplecam să purced odată. Şi, în coadă, nelipsita urare ca Dumnezeu să mă aibă în sfânta sa pază. (Caragiale 1994)

Aunque, justo en la víspera, me había jurado que volvería temprano a casa, precisamente entonces volví más tarde que nunca: al día siguiente por la tarde.
La noche me cogía todavía acostado. Había perdido la noción del tiempo. Hubiese seguido durmiendo, a pierna suelta, si no fuera por la ruidosa llegada de una carta que para poder recibirla tenía que firmar necesariamente. Una vez despierto, me siento aturdido, arisco, de mal humor. No firmé. Gruñí simplemente que se me dejara estar en paz. […]
Me sabía de memoria la insulsa ensalada de consejos y de reprimendas que se me servía desde casa aproximadamente a principios de cada mes; consejos para ser emprendidos con hombría y constancia, reprimendas que no me iban a doblegar nunca. Y, al fin y al cabo, un deseo perpetuo para que Dios me tuviera bajo su santa protección[10].

b. La calle Covaci
Esta calle, cuyo nombre proviene del eslavo (kovači) y significa herrero, está situada en el centro de la ciudad, muy cercana a las ruinas de la Corte Vieja (figura 4). Forma parte de un conjunto de calles residenciales y con numerosos comercios que estaban dedicados a diferentes géneros y artículos: relojerías, zapaterías, textiles, etc. Los nombres de dicho conjunto de calles hacen referencia a gremios concretos: Şelari (aparejos para los caballos) (figura 5), Gabroveni[11] (cuchilleros), Blanari (artículos en piel), Şepcari (confección de gorros para hombres), o a la procedencia de las mercancías: Lipscani (de Leipzig). También se puede situar el restaurante elegido para cenar esa noche por el grupo de amigos. Probablemente se tratara del restaurante Filip, en su tiempo uno de los mejores de Bucarest y especializado en cocina francesa. También en esta calle se encontraba el restaurante Iordache.

Birtul ales pentru acea seară fiind tocmai în Covaci, luai o birjă, lucru cuminte, deoarece la sosirea mea, ceilalţi mosafiri erau la a doua ţuică, iar oaspetele la a treia. (Caragiale 1994)

El restaurante elegido para esa noche estaba justamente en la calle Covaci; tomé un coche, cosa sensata, puesto que, al llegar yo, los otros invitados iban por la segunda ţsuica[12], y el anfitrión por la tercera.

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Fuente: davosica.com
Figura 4. La calle Covaci.

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Fuente: en.wikipedia.org
Figura 5. La calle Şelari.

c. La casa de Pantazi
La casa del personaje viene descrita con detalle en el segundo itinerario Cele trei hagialâcuri (Las tres peregrinaciones), por lo tanto remitiremos al lector a la segunda parte de nuestro artículo para ampliar la información sobre este espacio interior, ligado estrechamente al carácter del personaje.

Noaptea era umedă şi rece, ceaţa se făcea tot mai deasă. Mă gândeam tocmai cum să mă văd mai degrabă acasă, în pat, când Pantazi, după obiceiul lui, mă rugă să rămân cu el. (Caragiale 1994)

La noche estaba húmeda y fría, la niebla se hacía cada vez más densa. Pensé precisamente en que me veía rápidamente en casa, en la cama, cuando Pantazi, según era su costumbre, me pidió que me quedara con él.

d. El “club”
La novela no ofrece la referencia exacta del club. Podría tratarse tanto del club inglés como del francés. Indudablemente se trata de uno de los lugares de encuentro más selectos de la ciudad, acorde con el estatus aristocrático del personaje Paşadia, al que acompaña el advenedizo Pirgu. Este tipo de locales de ambientación y carácter occidental, chocarán frontalmente con otros lugares de encuentro y diversión autóctonos y fortalecerán la ambigüedad de un espacio fronterizo, semioriental.

Mă arătai mirat că se înfiinţaseră cu toţii aşa devreme; Pantazi însă mă lămuri că el venise de-a dreptul de-acasă, iar Paşadia cu Pirgu de-a dreptul şi ei de la “club”, vremea fiind prea urâtă ca să mai zăbovească la aperitive. (Caragiale 1994)

Me sorprendió que se hubieran encontrado tan deprisa, pero Pantazi me aclaró que él había venido derecho de casa, y que Paşadia y Pirgu derechos ellos también del “club”, porque el tiempo era demasiado malo como para esperarse hasta la primera copa.

En la evocación que hace el narrador sobre el pasado de Pirgu, aparecen también algunas referencias a locales y espacios de diversión en la historia de la capital. Por ejemplo, El Café Cazes:

Pirgu fusese Veniaminul cafenelei Cazes. (Caragiale 1994)

Pirgu habría sido el “benjamín” del Café Cazes.

Efectivamente, el Café Briol, llamado posteriormente Café Cazes, era en 1870 el único café occidental de Bucarest. En los últimos años se denominó Café Français. Ponía a disposición de los clientes siete mesas de billar, juego al que eran aficionados los Craii y del que tendremos una referencia muy curiosa en el cuarto itinerario.

e. Curtea-veche (Corte Vieja, Palatul Voievodal)
Se trata del centro histórico de la ciudad y origen de la misma. Se dice que la fortificación defensiva fue mandada construir por el príncipe Mircea, el Viejo. Los documentos históricos sitúan su aparición en noviembre de 1473, en tiempos de Radu, el Hermoso.
La antigua corte principesca sufrió un verdadero golpe de gracia con la guerra ruso-turca (1769-1774). A partir de entonces nadie la volvió a ocupar, excepto las gentes depravadas de Bucarest y los agitadores griegos, quienes se establecieron en las zonas soldadescas, los almacenes, galerías y habitaciones, haciendo de la gloriosa construcción un tipo de Corte de los Milagros. De ahí la expresión bucarestina Craii de Curtea-veche. Los granujas y ladrones se convirtieron en un peligro para los comerciantes y la ciudad entera, y fueron dispersados y muertos por un agá turco venido desde Cotroceni. El terremoto del 14 de octubre de 1802 derribó los últimos muros que todavía habían quedado en pie. No se volvió a reconstruir más, excepto la cárcel, que al parecer era más necesaria que cualquier otra estancia. Hoy día las ruinas han de contemplarse desde una visión prácticamente arqueológica (figura 6).

Se deschise vorba despre Curtea-Veche căreia fără biserica cu turlă verde ce-i poartă numele i-ar fi pierit până şi amintirea. Cu priceperea-i cunoscută, Paşadia ne înşiră cam tot ce se ştia despre acele locuinţe ale vechilor domnitori. Nimic de seamă pe cât părea. Ca întreg târgul, Curtea fusese arsă şi rezidită de numeroase ori şi trebuie să fi acoperit o arie întinsă, rămăşiţe de temelii boltite găsindu-se în întreagă mahalaua, de pildă sub birtul unde ne aflam.
Cum fusese Curtea era lesne de închipuit, semănând în mare cu mănăstirile, cu trupuri de clădiri multe, pentru a putea sălăşlui toată liota şi ţigănia, fără întocmire, fără stil, cu nade, umpluturi şi cârpeli, vrednică să slujească în urâţenia ei, de decor ticăloşiei unei tagme stăpânitoare plămădită din toate lepădăturile venetice şi din belşug altoită cu sânge ţigănesc. (Caragiale 1994)

Se empezó a hablar de Curtea-veche, de la que sin la iglesia con torre verde que le da el nombre, se habría hecho desaparecer incluso hasta el recuerdo. Con su habitual conocimiento, Paşadia nos contó poco más o menos todo lo que se sabía sobre aquellas residencias de los antiguos señores. Nada de importancia por lo que parecía. Como toda la población, la corte se había incendiado y reconstruido en numerosas ocasiones y tendría que haber ocupado un área extensa, hallándose restos de cimientos abovedados en todas las zonas adyacentes, por ejemplo bajo el restaurante en donde nos encontrábamos.
Cómo había sido la corte era fácil de imaginar, asemejándose mucho a los monasterios, con muchos cuerpos de casas, para poder cobijar a la muchedumbre y a la gitanería, sin estilo, con añadiduras, guijarros y desechos, digna de servir, en su fealdad, de decoración a una clase dominante abyecta forjada por todos los engendros extranjeros y por la riqueza injertada con sangre gitana.

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Fuente: en.wikipedia.org
Figura 6. Ruinas de Curtea-veche y torre
de la iglesia principesca al fondo.

Biserică Curtea-veche (Iglesia de la Corte Vieja) es el edificio con el origen más antiguo de la ciudad, reconstruida en numerosas ocasiones, e inseparable de la historia de Curtea-veche y de la ciudad. Junto a esta iglesia (llamada de la Anunciación) tiene lugar el episodio de la anciana Pena Corcoduşa, mujer que perdió el juicio tras la muerte en combate de su amante Sergei de Leuchtenberg-Beauharnais, el Bello Sergio[13].
Estamos en el escenario de la historia infernal de Pena Corcoduşa, un personaje, que, en nuestra opinión, resulta clave en el conjunto de la obra. A pesar de sus esporádicas apariciones, creemos que la evocación de esa historia por parte de Pantazi y la contemplación del lamentable espectáculo, en que la vieja borracha los insulta llamándolos Craii de Curtea-veche, determinan una concepción sobredimensionada, imaginaria, de este espacio. Nos encontramos ante lo más antiguo y genuino de Bucarest, con el punto de encuentro de todo tipo de personajes y el marco propicio para los espectáculos más variopintos.

f. El campo
El personaje Paşadia tiene una propiedad fuera de la ciudad, y en los momentos en que necesita aislamiento y soledad se retira a dicho espacio situado en el campo. Desde Bucarest, y en diferentes direcciones, no resulta difícil encontrar parajes campestres incomparables y zonas diversas de naturaleza exuberante: Cernica, Pasărea, Mogoşoaia, Buftea, los Montes Bucegi, etc.

g. La calle del zaguán de Mogoşoaia
Calle que actualmente recibe el nombre de Calea Victoriei (Calle de la Victoria). Es una de las vías principales de la ciudad, que la atraviesa de norte a sur. El nombre antiguo hace referencia al palacio construido entre 1698 y 1702 por el vaivoda Constantin Brancoveanu. Se trata de uno de los mejores ejemplos del estilo arquitectónico y decorativo de este príncipe. Es característica de la fachada del palacio el pórtico con las arcadas y las columnas con capiteles. En la decoración se combinan elementos bizantinos y otros característicos del Renacimiento y Barroco italianos.
El Palacio de Mogoşoaia está situado en un magnífico parque a orillas del lago del mismo nombre, a unos 10 kilómetros de Bucarest (figura 7).

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Fuente: balkantrails.com
Figura 7. El zaguán de Mogoşoaia.

h. Correos
El suntuoso Palacio de Correos, actualmente Museo Nacional de Arte de Rumania, es uno de los ejemplos más significativos de la opulenta arquitectura bucarestina de finales del siglo XIX y principios del XX (figura 8). El trazado de las calles y construcciones como la mencionada o el Palacio de Justicia, y otros barrios residenciales con numerosas casas individuales y palacetes, entre otros ejemplos, muestran la fuerte influencia del urbanismo y la arquitectura parisinos. Se trata de una de las referencias espaciales principales para los habitantes de Bucarest.

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Fuente: miscarea.net
Figura 8. El Palacio de Correos de Bucarest.


i. La casa de los Arnoteano
Lógicamente no existe una referencia real ni a la casa ni a los habitantes de dicha casa. Pero sí resulta significativo el tipo de casa-local. El espacio viene descrito con detalle en el cuarto itinerario Aşfînţitul crailor (El ocaso de los reyes), al que remitimos. Pero indicaremos aquí que se trata de un lugar de encuentro en que se dan cita las gentes más indeseables y viciosas de la ciudad, resultando ser una especie de lugar mixto (casino-burdel) particular, regentado por una familia de noble cuna pero venida al desastre. Los tres personajes aristócratas de la novela se ven arrastrados por Pirgu a este lugar de perdición, quien se encuentra, evidentemente, en su paraíso particular.
Hoy día, como bien sabemos, en diversos países es frecuente que las casas particulares abran sus puertas esporádicamente para convertirse en pequeños prostíbulos y clubes, burlando así la vigilancia policial. De esta manera, los dueños se aseguran ingresos extra.

Se ţinu de capul nostru să mergem cu el.
–Haideţi domnilor, ne îmbie, haideţi, nu vă duc eu la rău. Îl întrebarăm unde?
–La Arnoteni, ne răspunse, adevăraţii Arnoteni.
Nu pentru întâia oară stăruia Pirgu să ne ducă acolo. Ca să ne scăpăm de el, îi făgăduirăm să-l însoţim oricând altă dată, oriunde, numai în acea seară nu. (Caragiale 1994)

Intentó comernos el coco para que fuéramos con él.
–En marcha señores –nos invitó– en marcha, no os deseo ningún mal. Le preguntamos a dónde.
–A casa de los Arnoteano –nos respondió–, los auténticos Arnoteano.
No era la primera vez que Pirgu insistía en dirigirnos allá. Para desembarazarnos de él, le prometimos que lo acompañaríamos cualquier otro día, a cualquier parte, pero precisamente esa noche no.

j. La calle Sărindar
El nombre de la calle hace referencia a una oración de la religión cristiana ortodoxa. Actualmente toma el nombre de Constantin Mille (figura 9). Se sitúa al margen izquierdo del río Dâmboviţa, en una zona cercana al parque Cişmigiu, y es perpendicular a Calea Victoriei, por lo que se trata de una calle muy céntrica y cercana a Curtea-veche. En época antigua se ubicó una importante iglesia-monasterio hoy desaparecida. El barrio de Sărindar se llenó a partir del siglo XVII de boyardos y dignatarios de la corte.

La podul Mogoşoaiei ne despărţirăm, Pirgu luând-o spre poştă, noi spre Sărindar. (Caragiale 1994)

En la calle del zaguán de Mogoşoaia nos separamos, Pirgu tomando hacia Correos, nosotros hacia la calle Sărindar.

 

A
Fuente: rezistenta.net
Figura 9. La calle Sărindar antes y hoy.

La sección del plano moderno de la ciudad que presentamos a continuación nos muestra algunos de los espacios concretos mencionados en la novela, situados principalmente en la zona más céntrica y genuina. El visitante actual puede encontrarse con dificultades en Bucarest a la hora de localizar una calle o avenida concreta, porque parece consustancial a ella el cambio frecuente de los nombres. En la zona de Curtea-veche, y en los lugares más céntricos, sin embargo, continúan los nombres originales.


mapa
Fuente: Google Maps
Figura 10. El centro histórico de la ciudad. Plano actual.


Bibliografía
CĂLINESCU, George (1986): Istoria literaturii române. Bucureşti: Editură Minerva.

CARAGIALE, Mateiu Ion (1994): Craii de Curtea-veche. Bucureşti: Editură Fundaţiei Culturale Române.
— (1965): Remember. Bucureşti: Editură pentru Literatură.

PALLÁS RUIZ, José María (2003): La configuración del espacio en la obra de Mateiu Caragiale. Madrid: Servicio de Publicaciones de la U.C.M. [Tesis doctoral].

POPEANGĂ, Eugenia (1999): “Ciudades imaginarias en las puertas de Oriente: tres escritores rumanos”. Revista de Filología Románica, núm. 16, pp. 129-146.

POTRA, George (1975): Documente privitoare la istoria oraşului Bucureşti. Bucureşti: Editură Academiei Române.


[1] Relato corto de nuestro autor, publicado en 1924, y ambientado en la ciudad de Berlín.

[2] Lema inicial y cita iniciática de Craii de Curtea-veche.

[3] “Había estado seriamente enfermo en Bucarest y me volví a Berlín, a casa”. Cita de las primeras páginas de Remember.

[4] La ciudad imaginaria en el ámbito de los Balcanes ha sido tratada por E. Popeangă (1999) en un artículo imprescindible a este respecto.

[5] Para las citas de todos estos viajeros cfr. Potra (1975: 138 y ss.).

[6] En 1921 y gracias a la diligencia del novelista Cezar Petrescu, aparecía en Cluj y después en Bucarest una revista destinada a tener un prometedor futuro: Gîndirea (El pensamiento). Se trata de una publicación elegante, con una admirable presentación literaria. Cada uno de sus cuadernos mensuales incluía reproducciones de pinturas o esculturas rumanas o extranjeras, acompañadas en muchas ocasiones de estudios notables.

[7] Mateiu Caragiale es hijo biológico del dramaturgo rumano Ion Luca Caragiale, fruto de su relación con Maria Constantinescu.

[8] El concepto de balcanismo literario, complejo y debatido profundamente en la crítica literaria rumana, es sintetizado por George Călinescu como: “[…] esa mezcla gruesa de expresiones desvergonzadas, de impulsos lascivos, de la conciencia de una herencia aventurera y turbia, todo ello purificado y visto desde más arriba por ‘una inteligencia superior’” (Călinescu 1986: 900).

[9] Dada la extensión total del presente artículo, los itinerarios segundo, tercero y cuarto se publicarán en un número posterior de la revista.

[10] Todas las traducciones de la novela al castellano son nuestras.

[11] El nombre proviene de la ciudad búlgara de Gabrovo.

[12] La ţuică es un aguardiente, muy popular en Rumanía, obtenido a través de la fermentación y destilación de ciruelas u otras frutas.

[13] Con el matrimonio entre Maximiliano Eugenio José Napoleón, duque de Leuchtenberg (1817-1852), y la gran princesa María, hija del zar Nicolás I, los Beauharnais se convirtieron en una familia rusa, más conocidos por Leuchtenberg que por su antiguo apellido. El matrimonio dejó seis hijos, entre ellos Sergio (1849-1877).


PALLÁS RUIZ, José María (2012): "Conocer Bucarest a través de Mateiu Ion Caragiale (I)" [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 4, núm. 1, pp. 63-82. En: http://www.ucm.es/info/angulo/volumen/Volumen04-1/articulos05.htm. ISSN: 1989-4015 http://dx.doi.org/10.5209/rev_ANRE.2012.v4.n1.39282

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