logoAR http://www.ucm.es/info/angulo cabeceraAR
feediconRSS Vol.5, núm.1grisAR2013 grisARUniversidad Complutense de Madrid ISSN: 1989-4015grisAR

artículos varia textos reseñas noticias
bibliografia

todoslosnumerosAR

La ciudad que habito (PDF)

Poemas de Verónica Zondek


Verónica Zondek nació en Santiago de Chile en 1953. Reside en la ciudad de Valdivia. Poeta, traductora y gestora cultural. Ha publicado más de una veintena de libros entre ensayos, estudios y poesía. Algunos de sus libros más recientes son El hueso de la memoria (1ª ed. 1988, 2ª ed. 2011), Por gracia de hombre (2008) y La ciudad que habito (2012). A continuación publicamos dos secciones de su poemario La ciudad que habito y una reflexión inédita sobre la escritura de la ciudad.


*      *      *


Escribir/leer/habitar la ciudad
Transitar por un espacio determinado, habitarlo en su centro o periferia, es primero un acto corporal, físico y sensible y sólo luego un acto que se conecta con la memoria, la experiencia y los anhelos de lo posible. La ciudad que se habita es, por lo tanto, el conjunto de percepciones que le pertenece a un cuerpo que la camina junto a sus sueños y también la historia del conjunto de seres que en ella moran, los libros que la connotan, el deseo de los que en ella viven, etc. La ciudad no es sino aquella palabra que logra nombrarla, que recoge y teje el mejor punto para transmitir y construir un espacio imaginario y real a la vez. Es decir, la escritura pasa a ser la boca a través de la cual la ciudad se habla.
¿Qué se habla? ¿Qué se dice?
Pues eso ya es costal de quien la dice y quien la habita. Por eso un mismo espacio puede ser “uno” o una multiplicidad de “unos” muy distintos entre sí. También es necesario señalar que al hablar la ciudad el poeta no puede sino hablar sus propios ojos y obsesiones, sus pequeños encuentros, su ética y su estética. Es decir, la ciudad se lleva por dentro y por fuera y, a mi juicio, se adosa al laberinto interior a través del cual y con el cual uno se detiene y es capaz de signar y pincelar el mundo. La escritura de esta ciudad determinada se convierte en una suerte de espejo en el tiempo y construye una poética que se sumará en forma natural a las poéticas anteriores y posteriores que dan cuenta del espacio ciudad descrito. La ciudad es finalmente un escenario, una plataforma, un lugar donde se despliega y construye la comedia humana. Y, el que la escribe es el que mira, observa y entiende desde sus propias limitaciones aquello que se abre frente a sus sentidos y que la palabra recorre con sus manías, obsesiones, extrañezas, posiciones y hablas para así, construirla única e irremplazable. No se puede escribir la ciudad sino con y desde ese grado de amplitud/estrechez de mundo que se posee. Sólo es posible leerla desde el acervo que nos construye. Una ciudad es también el mundo. La mención de sus particularidades, sus detalles, sus puntos y comas, hacen de esa ciudad una lectura, un corte de lo que significa habitar el mundo. Cualquier comunidad, por pequeña que sea, guarda en su recorrido y sus signos un mapa de aquello que hemos llamado mundo. La urbe se reconstruye con cada ser que la narra o vive. Se construye en ese recorrido, con esa vida, con esa mirada y para eso de-construye o destruye otra anterior; o hace todo lo contrario: invierte la operación, suma. Yo prefiero creer que suma, porque pienso que en esa variedad de texturas y recorridos es donde se encuentra la riqueza de un espacio determinado en un tiempo determinado que no por eso deja de ser subsidiario o heredero del que lo precedió o del que la escribe al mismo tiempo. Es ese enjambre de escrituras la que puede abrir el apetito de un escritor/lector/habitante por un determinado lugar y enriquecer su experiencia.
Por otro lado, lo que el poema hace es plasmar un presente que incluye el tiempo, el absoluto. Es decir pasado y futuro a la vez. Es la visión de la ciudad que al ser escrita queda signada en un presente, presente que sólo podrá ser modificado o enriquecido por el mismo autor u otro en un tiempo distinto. Es un modo de perforar la realidad para enclavar una realidad única, personal, eterna en cuanto se establece como verdad de un sujeto específico desafiando así cualquier objeción. Parcial pero completa. Íntima y verdadera porque corresponde a la visión traspasada por la ética de quien la escribe. Se trasciende un tiempo y un espacio y se establece el propio. Es la historia y la visión detenida en el ojo del que la escribe y en ese sentido es eterna. Es la triza por donde acomete el que la escribe. Esa fisura, puede sólo ser escrita por ese individuo y en ese preciso instante. De ahí su fuerza poética y su decir intransferible. Único sí, pero humano. Humano porque designa ese instante y lo eterniza, a pesar de que por supuesto, está hecho de un antes (historia), un presente (del que lo lee ahora ya) y un futuro (que se arma con todos aquellos otros posibles lectores que leerán el mismo poema con otra historia a cuestas). Es el tiempo subjetivo del poeta el que queda incrustado en ese punto fijo que puede llamarse eternidad o simulacro de eternidad. Pero en todo caso, inamovible. Es la subjetividad y la objetividad virtual, la fragilidad misma de una vida narrada por pluma humana, y por lo mismo, congelada, detenida, atrapada en ese decir único del tiempo y el espacio que sólo podrá ser modificada por los infinitos lectores del poema. Así, el lector, yo, pasamos a ser pieza indispensable de las inagotables caras y tránsitos de una urbe expuesta en su intimidad o superficie sobre la página.

Verónica Zondek
Valdivia-Valparaíso-Santiago-Valdivia
febrero-abril 2013


*      *      *


Secciones II y III de La ciudad que habito (Ediciones Kultrún, Valdivia, 2012)

II

Es que un río es un río es un río
y un prado es un prado
y un tronco es él
y más nada
que azul y verde y marrón
trinando presente su viaje
porque hoy luz equivale a sol
hoy por un instante al menos
porque cargada la nube baja y se acerca
y otro trae los tonos
y aunque el río es un río es un río
y un prado es un prado
y un tronco es él
otro que azul y verde y marrón
otro que cae
y entra por ojos tan pardos
tan gris de soplos sin fin
tan verdinegro
que trinos incuba también y oscuro el viaje
porque hoy la luz es luz y anochece
y anuncia ventisca a su arribo
y arracima en bajío pantanoso las nubes
una sobre otra en entrada gloriosa
hasta caer en el ahora aguacero
y soplar y soplar y soplar
el párpado a medio dormir durmiendo
y volar el sombrero
hasta descubrir cabezas de cabelleras en despliegue.
Bienvenido Sr. viento si no vuelas el techo
si el fuego encendido queda
y cubre de abrigo los hombros
que hoy es día de cine en mi casa
y quiero tocar esos cuerpos ilusorios
y amar con tiempo y ternura ancha
a los muy míos
entre gallos y medianoche.

III

Aquí
en ciudad tan de cielos en descenso
                y nubes preñadas a granel
                de aguas/premuras encendidas
                de lluvias ladeadas/ladinas/lametonas
con aguijones/lancetas que punzan las calles
aquí
divaga/merodea mi zapato
y la anda
grueso y contenido.
Aquí
en ciudad tan de cielos en descenso
me sorbo el color que brota en aromas
azules/rosados/rojos pasionarios/
verdes
que con su gesta abotona nuevamente
aunque rechine el diente contra diente en medio de la niebla
blanca
escondida en la noche formidable.
Y qué del sabor del caminar mojada
de la vista fija en el magenta
y de los pétalos deshaciéndose al tacto de la ráfaga fría.
Ya
ya pensé que el invierno se dormía
pero no
porque frondoso su cuerpo tiritó e izó el velo
y ahora y siempre
reina con la puntualidad de quién sabe qué tiempo
o qué tribus de pájaros diluvianos que cruzan
tristes
inconmensurables
en guardia bajo el pliegue plumoso y satinado
(que no llegue el desastre
que no caiga la desgracia)
y arrullan güet-güet, fío-fío, graznidos en para siempre
                                                          en cielos que se hacen agua
                                                          que clavan la gota/
                                                                              la gotera/
                                                                              el llanto milenario.

El que sabe escucha.

Abiertos los ojos de par en par
el paso tan lento de los días
el tan modo en que caen/caemos ha
                                                        cia
                                                           a
                                                             ba
                                                               jo
siempre

y porque sí.


ZONDEK, Verónica (2013): "La ciudad que habito" [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 5, núm. 1, pp. 249-253. En: http://www.ucm.es/info/angulo/volumen/Volumen05-1/textos03.htm. ISSN: 1989-4015

papers
articles
texts
bookreviews
news
bibliography

allissuesAR

Síguenos enfacebookCC

w3cvcss
Grupo de investigación:
"La aventura de viajar y sus escrituras"
presentación - normas de edición - proceso editorial - mapa web - consejo - estadísticas
introduction - submission rules - editorial process - web map - board - statistics
e-mail