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feediconRSS Vol.5, núm.1grisAR2013 grisARUniversidad Complutense de Madrid ISSN: 1989-4015grisAR

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Caminos de hierro y sal: un viaje por las ciudades de Rosalía de Castro entre 1859 y 1863 (PDF)

Lucía García Vega

Investigadora independiente
lugarvega@gmail.com

Recibido: 13/03/2013
Modificado: 22/04/2013
Aceptado: 13/05/2013

Resumen
Nuestra intención en este artículo es avanzar algo más acerca de la relación biográfica y bibliográfica que la escritora Rosalía de Castro (1837-1885) pudo haber establecido con tres de las ciudades en las que habitó entre 1859 y 1863
Palabras clave: Rosalía de Castro, espacio urbano, Madrid, Santiago de Compostela, Vigo, Cádiz.

Title: Railroad and road salt: a journey through the cities of Rosalía de Castro between 1859 and 1863
Abstract
Our intention in this article is to advance a little more about the relationship that the biographical and bibliographical writer Rosalía de Castro (1837-1885) could have established with three of the cities where she lived between 1859 and 1863
Keywords: Rosalía de Castro, urban space, Madrid, Santiago de Compostela, Vigo, Cádiz

Índice
1. Introducción
2. Camino de hierro
2.1. Trayecto biográfico de ida. Sentido Santiago de Compostela-Madrid
2.1.1. Vía 1: a Santiago de Compostela. 1860, finales de 1861, 1862
2.1.2. Vía 2: a Madrid. 1860-1861
2.1.2.1. Fonda de Barcelona
2.2. Trayecto bibliográfico de vuelta. Sentido Madrid-Santiago de Compostela
2.2.1. Vía 3: a Madrid. 1861, 1863
2.2.2. Vía 4: a Santiago de Compostela. 1862, 1863
3. Camino de sal
3.1. Travesía atlántica. De Vigo a Cádiz. 1859, 1863
3.1.1. Vigo biográfico.1859
3.1.2. Vigo bibliográfico. 1859, 1863
3.1.3. Cádiz. 1863
4. Conclusiones


¡Ah, volver a nacer, y andar camino,
ya recobrada la perdida senda!
(Antonio Machado)

Pero nuestro caminar es bien corto.
Es como un día suave e indefenso,
en medio de la vida múltiple.
(Juan Ramón Jiménez)

Ahora es tiempo que lo deje y venga
mi hermana Justicia para acabar la obra.
(Christine de Pisan)


1. Introducción
Como es bien sabido, en el presente año se cumple el ciento cincuenta aniversario de la impresión de la edición príncipe del texto lírico Cantares gallegos (1863), piedra angular de las letras gallegas, y que se llevó a cabo en la ciudad de Vigo. De igual manera, no es desconocido que este hecho constituye un punto de referencia en la historia de la literatura gallega y, también, en la biografía y en la bibliografía de su autora, esto es, Rosalía de Castro (1837-1885).
En lo que atañe al ámbito de estudio de la proyección del espacio en la biobibliografía de Rosalía de Castro, aquí partimos informativamente de aquellos antecedentes de probada autenticidad comprendidos en el período quinquenal acotado por dos momentos de relevancia, tal y como resultan ser el regreso a Galicia, tras haberse oficiado su boda con el historiador coruñés Manuel Martínez Murguía (1833-1923) en Madrid, y la publicación de la obra Cantares gallegos.
Al inicio de esta etapa, Rosalía contaba con veintidós años, estaba a punto de estrenarse como madre y ya había hecho su debut como escritora[1]. A lo largo del lustro indicado, una parte relevante de su vida transcurrió en tres ciudades: Vigo, Santiago de Compostela y Madrid.
Al hilo del valor, del interés o del grado de influencia de la variable geográfica en la biobliografía rosaliana, cabría preguntarse de qué modo pudieron haber influido estos espacios urbanos en su trayectoria vital y también en la literaria. O incluso podría cuestionarse qué tipo de relaciones personales pudo haber entablado en estos lugares, y si estas tuvieron o no alguna transcendencia posterior.
En lo concerniente a la forma de estructurar el artículo, este se presenta como un figurado viaje en ferrocarril[2], si bien, en esta ocasión, no será nuestro objeto de estudio.


2. Camino de hierro
2.1. Trayecto biográfico de ida. Sentido Santiago de Compostela-Madrid
2.1.1. Vía 1: a Santiago de Compostela. 1860, finales de 1861, 1862
Tradicionalmente se da por cierto que Rosalía de Castro participó en una representación teatral en Santiago de Compostela, a beneficio de los heridos en la guerra en África, el 31 de enero de 1860. Se trataba del drama Antonio de Leiva (1849) del escritor granadino Juan de Ariza (1816-1876).
Parece ser que, a raíz de su intervención, los escolares compostelanos dedicaron un poema a la escritora, impreso por Manuel Mirás ese mismo día, titulado “A la señora doña Rosalía de Castro de Murguía, en la segunda función dramática a beneficio de los heridos en África. El Cuerpo escolar” (García Martí 1977: 44).
Esta iniciativa habría tenido una buena aceptación social y la gente compostelana, en general, debió mostrarse bastante receptiva y participativa, según se deduce de una breve noticia publicada en un diario gallego: “La función dada por los Escolares de Santiago á beneficio de los heridos en África produjo 5900 rs.” (La Ilustración de La Coruña, 31/1/1860).
Por otra parte, y después de alternar su residencia en Compostela y en Madrid, Rosalía volvería a habitar en la capital gallega. En concreto, habría que ubicarla aquí el 15 de diciembre de 1861, en compañía de su hija Alejandra[3] y de su madre, tal y como lo manifestaba ella misma en una carta que le enviaba a su esposo, este en Madrid. En conjunto, la percepción que tuvo de la ciudad fue de poco agrado, en donde “hace un frío espantoso” y en donde “jamás he visto tanta soledad, tanta tristeza, un cielo más pálido” (Castro 1993: 2, 601)[4]. Cinco meses más tarde, el 24 de junio de 1862, fallecía su madre, en el número 20 de la histórica y emblemática rúa do Vilar.


2.1.2. Vía 2: a Madrid. 1860-1861
En términos generales y en torno a estas fechas, se podría decir que las noticias relacionadas con los insignes cónyuges son bastante insuficientes, la mayor parte de ellas proporcionadas por la provechosa correspondencia que se conserva de Manuel Murguía, sin duda, una fuente informativa fiable.
Alrededor de mediados de septiembre de 1860, un amigo del matrimonio, Juan Compañel[5], escribía a Rosalía desde Vigo, en cuya carta se despedía diciendo: “Haga U. un feliz viaje y que más felicidad encuentre U. en Madrid al lado de Manolo” (Barreiro y Axeitos 2003: 158). La escritora se encontraba en Santiago de Compostela, ultimando los preparativos de su desplazamiento a Madrid para reunirse allí con su esposo[6]; en los márgenes de esta carta, figuran anotadas, de su puño y letra, varias cosas que necesitaría para realizar aquel viaje: “Pañuelos, enaguas, chambras” (Barreiro y Axeitos 2003: 158).
Todo apunta a que se hubiese desplazado ella sola a Madrid, quedando su madre y la pequeña Alejandra en Compostela. De nuevo, una carta enviada a Murguía desde este lugar vendría a confirmarlo, puesto que el remitente, José María Noya, se despedía el 2 de diciembre de 1860 con un “Recuerdos a Rosalía (c.p.b.), la niña está muy buena y gordita” (Barreiro y Axeitos 2003: 164), lo que sería una alusión evidente a la primogénita del matrimonio.
La siguiente evidencia documental pública a la que el investigador tiene acceso se refiere al 6 de julio de 1861, fecha en la que Rosalía estaría residiendo en Madrid. Allí le habría remitido una carta su tío materno, José María de Castro, quien solicitaba la ayuda del matrimonio para colocar a un primo de la escritora, al parecer, más preocupado por otras cosas que por asegurarse un porvenir:

En punto a la aptitud de tu primo ya debes estar al corriente por la relación que antes de ahora te hice: Es una desgracia ver que habiendo tenido nuestra familia sujetos tan distinguidos por su capacidad, ninguno de mis sobrinos los hubiesen imitado, pues todos los que existen no parece sino que se han empeñado en ser unos zoquetes por falta de aplicación, y al hablar de la ineptitud de mis sobrinos, cuenta que no te incluyo en el número de ellos porque eres la excepción de la regla. (Naya Pérez 1953: 101)

En fechas próximas al 3 de octubre de 1861, la madre de Rosalía y su nieta Alejandra salían desde Santiago de Compostela hacia la capital estatal. Esta información se extrae de una carta enviada a Murguía por su hermana, Teresa, quien se mostraba apesadumbrada por no haber podido despedirse de ellas:

Manolo, mi desgraciada suerte hizo que no pudiese despedirme de la niña y Doña Teresa que la quiero; basta que te quiera tanto a ti, pero tan pronto recibas esta le das un abrazo en mi nombre, un millón de besos a mi hija o hija tuya que lo mismo da, a Rosalía un abrazo y dos besos, uno en cada mejilla. (Barreiro y Axeitos 2003: 170)

Con poco más de un mes de diferencia, exactamente el 10 de diciembre, Teresa Murguía le dirigía otra misiva a Madrid. La coyuntura favorable de que se haya conservado el sobre nos ha proporcionado un medio útil para conocer la dirección del presunto alojamiento del matrimonio[7], algo que tratamos a continuación.


2.1.2.1. Fonda de Barcelona
En un trabajo nuestro anterior, ya avanzábamos una suposición acerca del previsible hospedaje de Rosalía y Murguía en una pensión madrileña, ubicada en la antigua calle de los Negros, como mínimo, hasta el 10 de diciembre de 1861 (García Vega 2010).
La antigua calle de los Negros, en la actualidad transformada en uno de los tramos de la calle Tetuán, se extendía desde la calle Nueva de San Norberto hasta la del Carmen. Se dice que en ella vivía la servidumbre del presidente del Consejo de Indias, la mayoría de piel oscura, y algunos suponen que el topónimo podría derivar de ahí (Répide 2005: 729, Capmany 1989: 310).
En un primer momento, semejaba que el trazado de esta calle se vería afectado por la reforma de la puerta del Sol, un proyecto[8] ambicioso y complicado que supuso la desaparición de varias calles, al tiempo que obligaba a la rectificación de otras vías, uniendo y ampliando alineaciones de la mayor parte de las calles que confluían en Sol.
Sin embargo, a la calle de los Negros le afectaría el proyecto de reforma de la calle de Preciados, un gran trazado viario que, entre 1861 y 1866, se tradujo, entre otras cosas, en la desaparición de siete inmuebles y en la alineación y rectificación de los restantes.
Ambos proyectos urbanísticos culminaron en una nueva ordenación de esta zona de Madrid. Puerta del Sol ganaba más de siete mil metros cuadrados, al tiempo que se reformaban las calles de Tetuán, Preciados, Carmen, Arenal, Montera, Alcalá, Candil y plaza del Callao (Ruiz Palomeque 1983).
Según hemos podido constatar en algunos de los anuncios de la época[9], en la calle de los Negros, en 1861, se hallaban negocios de acentuada heterogeneidad. Así, un puesto de venta de fruta, una agencia de colocación de sirvientes, un establecimiento de coches, una almoneda de sillas y tresillos, una tienda de medias, un almacén de carbón o una fonda son algunos de los establecimientos que han dejado vestigios de sus existencias, claro está, sin que esto implique que no hubiese más.
Por lo visto, de todos los enumerados, el comercio con mayor afluencia de gente habría sido la fonda de Barcelona, la cual ocupaba el número 4 de dicha calle, un lugar de hospedaje que se hizo bastante popular entre funcionarios e intelectuales forasteros. Abrió sus puertas el 25 de marzo de 1849, y como máximo responsable figuraba el catalán José Pons, quien tres días antes de inaugurar su negocio, insertaba el anuncio siguiente:

Aviso interesante. El domingo 25 del corriente se abrirá la nueva fonda titulada de Barcelona, sita calle de los Negros, número 4, cuarto principal, en la que se servirá con el mejor esmero y equidad como no duda que quedarán gustosas las personas que gusten favorecerle.
Se servirán cubiertos desde 6, 8, 10 y 12 rs. etc, y las listas expresarán los precios de raciones y medias raciones. (El Clamor Público, 22/3/1849)

Poco más de medio año después, Pons ampliaba este establecimiento, no sin antes hacer pública su intención a través del siguiente aviso, que insertó en un conocido diario madrileño[10]:

El dueño de la fonda titulada de Barcelona, sita en la calle de los Negros, número 4, deseoso de corresponder á la deferencia de sus numerosos favorecedores, ha hecho grandes mejoras tanto en el personal de cocina y servidores, como en todos los ramos que constituyen una esmerada limpieza y puntualidad en el servir, esperando merecer con estas mejoras la continuada asistencia de sus antiguos parroquianos y la de este delicado público que quiere favorecer este establecimiento, ofreciendo complacérselos en cuanto sea posible. (El Heraldo, 30/9/1849)

Asimismo hemos logrado exhumar de las hemerotecas un testimonio valioso sobre la trayectoria de esta pensión. En abril de 1864, la fonda de Barcelona dejaba su ubicación inicial en la calle de los Negros para instalarse en la cercana calle de la Abada, una mudanza provocada por el proyecto de reforma de la calle de Preciados y al que nos hemos referido en las líneas anteriores. Por estas fechas, el negocio era propiedad de Buenaventura Junoy y Pons, un familiar del fundador. Al respecto, veamos lo siguiente:

Interesante. La acreditada fonda de Barcelona, que durante diez y seis años ha estado establecida en la calle de los Negros, núm. 4, se ha trasladado á la calle de la Abada, núm. 12, en el mismo local que ocupaba la de la Union, y adonde los señores concurrentes hallarán todas las comodidades y cuantas ventajas pueden obtenerse en un establecimiento de esta clase. (La Correspondencia de España, 18/4/1864)

Por otra parte, las palabras de uno de los biógrafos de la escritora[11] resultan significativas en este momento de nuestra exposición. Así, a la hora de reflejar las posibles amistades de Rosalía con sus contemporáneos, Eugenio Carré no dudaba en afirmar que “todo cuanto se nos cuenta de amistades y relaciones de Rosalía con personajes y literatos, es pura fantasía” (Carré 1926: 89), para terminar zanjando este asunto con una escueta nota a pie de página y en la que decía que había tratado a Roberto Robert[12] y a Rodríguez Correa[13] “como amigos de su esposo” (Carré 1926: 89), una declaración que, muy probablemente, le habría transmitido Murguía (Carballo 1981).
Por tanto, para nuestros propósitos en este artículo, semeja viable tener en cuenta este período madrileño de la escritora y, sobre todo, no desviar la mirada de algunos espacios puntuales de la ciudad, toda vez que Madrid fue un punto de confluencia de alguna que otra etapa biográfica de las diversas personalidades del mundo literario y periodístico de la segunda mitad del diecinueve[14].
De tal manera, en la obra Cantares gallegos, el cantar veintitrés[15], el más discordante[16] de todos los que allí se encuentran y que empieza con el verso “Aló no currunchiño máis hermoso”, está dedicado a “Roberto Robert redactore da Discusión”, al que Carré le da categoría de amigo del esposo de la escritora. Este cantar aparente resulta ser en su uso y su función una forma de expresión paremiológica declarada, “Mais sempre esta historiña foi quedando; / inda hoxe mesmo por proverbio pasa” (Castro 1993: 591), por tanto, de carácter didáctico y moralizador.
En relación con esto, habría que considerar que, por estas fechas, Rosalía ya tenía “preparadas para dar á la prensa varias otras obras, que pronto verán la luz, entre las que se cuentan, Romana proverbio” (Murguía 1999: 149), una obra que no ha llegado hasta nosotros, pues forma parte de su producción literaria ignota[17]. Algún crítico ya ha apuntado una hipotética influencia literaria francesa en esta obra, en concreto, de las piezas teatrales que glosaban una sentencia o refrán, proverbes, muy del gusto, por ejemplo, de Alfred de Musset (1810-1857) (Carballo 1979).
Rosalía, cuando justifica el motivo de esta dedicatoria, estaría proporcionándonos subliminalmente un testimonio valioso, al añadir “a quen lle gustan os contos i o gallego” (Castro 1993: 578). Que la poeta fuese conocedora de dos aspectos, uno literario y otro lingüístico, que agradaban al receptor del poema, nos hace presuponer la existencia teórica de, si no amistad, sí un mínimo trato entre ambos.
El barcelonés Roberto Robert se había trasladado a Madrid en 1851, en donde pronto empezaría a despuntar como colaborador en distintos diarios de la capital. Su renombre le llevó a figurar en la lista de redactores de La Discusión[18], en donde fueron célebres sus crónicas parlamentarias. Durante la década de los años sesenta, compaginó su faceta literaria creativa con algunas traducciones de obras señeras francesas de teoría económica, por ejemplo, Teoría de la contribución (1862) de Pierre Joseph Proudhon (1809-1865)[19] y Cuestiones económicas (1860) de Claude Frédéric Bastiat (1801-1850)[20]. También de este último tradujo Capital y renta (1860), obra en la que se incluía el polémico debate entre Bastiat y Proudhon acerca de la gratuidad del crédito o la legitimidad del interés. Asimismo es de destacar su proximidad filológica al folclore y que le llevó a la ardua tarea de recopilar una cantidad ingente de manifestaciones literarias de tradición popular que publicó con el título de El mundo riendo (1866)[21].
Según parece, la residencia de Robert en la capital fue en la calle de los Negros, precisamente, en la fonda de Barcelona, propiedad de un compatriota suyo, como ya se ha señalado. El gran cronista madrileño Pedro de Répide (1882-1948) no se olvidaba de situarle en esta emblemática fonda, al rememorar su traslado a la calle de la Abada:

Consérvase en la calle de la Abada la casa esquina a la de Chinchilla, donde hace un siglo estaba el café de la Alegría, y más delante se instaló la fonda de Barcelona, que ha permanecido en ella hasta hace pocos años. […]
En la fonda de Barcelona, que fue de las más famosas de Madrid en el siglo XIX, vivía el gran escritor revolucionario Roberto Robert, de fuerte pluma e ingenio poderoso. (Répide 2005: 12)

Figura 1.Fonda de Barcelona. Madrid Cómico 1873.jpg
Figura 1. Anuncio en El Mundo Cómico (1873).


2.2. Trayecto bibliográfico de vuelta. Sentido Madrid-Santiago de Compostela
2.2.1. Vía 3: a Madrid. 1861, 1863
Siguiendo los gustos de la época, Rosalía de Castro publicó su novela Flavio por entregas, del 21 de enero al 8 de abril de 1861, en la imprenta de la Crónica de Ambos Mundos[22].
También el 24 de noviembre de 1861, el periódico madrileño El Museo Universal sacaba a la luz la famosa composición “¡Adios qu’ eu voume”!
Sobre la génesis y desarrollo de este poema, Murguía relataba que le habría sido inspirado a Rosalía “una templada tarde de los primeros días de la primavera castellana”, teniendo como fondo “el viejo Guadarrama, en cuya cima blanqueaba la nieve” (Murguía 1886: 484-85).
De forma paradójica, la escritora abandonaba Madrid unos quince días más tarde de publicarse estos versos, regresando a Santiago de Compostela con su madre y su hija Alejandra.
Con posterioridad, este planto por la separación de la tierra se insertó en la edición príncipe de Cantares gallegos, en la que figura como el cantar número trece[23], introducido por la copla “Adios ríos, adiós fontes, / Adios regatos pequenos, / Adios vista dos meus ollos / Non sei cando nos veremos”.
Por otro lado, en la edición del 22 de marzo de 1863 de un conocido diario de Madrid se incluía una reseña sobre el poemario A mi madre (1863):

En la coleccion de poesías, A mi madre, de la señora doña Rosalia C. de Murguia, encontramos correcion, sentimiento y pureza de estilo. La señora Castro de Murguia, deja ver en sus sencillas poesías toda la ternura que guarda el alma de una mujer delicada y sensible, viéndose además á la buena hija que rinde santo culto á la memoria de su adorada madre. Sus versos son profundos suspiros de un amor siempre santo.
[…] Damos la más sincera enhorabuena á la señora Castro de Murguia, cuyas dotes para la poesía lírica son altamente recomendables. (La Iberia, 22/3/1863)

Dos días más tarde, era el periódico La Discusión el que se hacía eco de la reseña sobre A mi madre y que había sido publicada por La Iberia:

Una poetisa. La Iberia hace la debida justicia al mérito de la señora Doña Rosalía Castro de Murguía, cuyos versos son siempre notables por lo sentidos y fáciles.
La ocasion ha sido un bellísimo romance escrito por dicha poetisa á la muerte de su madre, que dice así:
[…]
Si la autora no mostrara en sus versos cuan ajena se halla de poder recibir enhorabuenas, le enviariamos la nuestra como la mas sincera y afectuosa. (La Discusión, 24/3/1863)

Por su parte, de las variadas noticias sobre Cantares gallegos aparecidas en la prensa escrita madrileña, conviene recuperar para estas líneas una por su singularidad, toda vez que menciona el lugar de edición de la obra, esto es, Vigo:

Hemos leído con gusto una coleccion de cantares gallegos publicados en Vigo por Doña Rosalía Castro de Murguía, y dedicados a la eminente escritora que conocemos bajo el pseudónimo de Fernan-Caballero. Es una série de cuadros en que se describen con admirable colorido los deliciosos panoramas que la naturaleza de aquel país ofrece, las originales costumbres de sus habitantes, sus diversiones y juegos, sus placeres y penas. Entre los cantares hemos visto ya uno publicado por la prensa de esta corte y de provincias con el título de A gaita gallega, en contestacion á otro que sobre el mismo asunto había escrito en castellano el conocido poeta D. Ventura Ruiz Aguilera. (Gaceta de Madrid, 7/10/1863)

Asimismo en el diario La Iberia era reseñada la obra Cantares gallegos por el asturiano Evaristo Escalera[24]:

Acepté gustoso el encargo de emitir mi pobre juicio sobre el tomo de poesías que se me confiaba, tanto por ser la autora de estos Cantares la esposa de un amigo mio, a quien profeso grande estimacion, cuanto porque al recorrer la paginas de aquel libro iban á despertarse en mi corazon recuerdos agradables que pertenecen á mi adolescencia. (La Iberia, 21/10/1863)


2.2.2. Vía 4: a Santiago de Compostela. 1862, 1863
Con fecha 24 de julio de 1862, Rosalía de Castro firmaba la composición “¡Mi Madre!”, incluida en el Álbum de la caridad[25]. Con posterioridad, este poema, exento de título, formaría parte de la obra A mi madre, en la que se situó en el segundo lugar.
Igualmente habría que dar por cierto que la escritora residía en Compostela el 17 de mayo de 1863 –en concreto, en el número 7 de la actual praza da Universidade–, pues de tal modo firmaba la dedicatoria de Cantares gallegos.


3. Camino de sal        
3.1. Travesía atlántica. De Vigo a Cádiz. 1859, 1863
3.1.1. Vigo biográfico. 1859
Con demasiada frecuencia, y sin saberse cuál es el motivo de ello, existe cierta tendencia a obviar el dato biográfico relativo a que la escritora residió en Vigo, en 1859. A juzgar por la sucinta, pero bastante veraz, noticia que hay al respecto, esta estancia, altamente probable –pero, por desgracia, desprovista de la cualidad probatoria, en el sentido estricto del término–, quedaría, cuando menos, justificada, si se presenta alguna documentación que así lo acredite.
Sobre esta cuestión, un primer punto de partida es la situación constatable de que, a priori, los cambios de residencia de la escritora debieron estar motivados por los continuos vaivenes laborales de su esposo[26]. En este caso, parece tener cierto peso la teoría de que Juan Compañel, propietario, impresor y director del diario El Miño[27], le habría facilitado un puesto de trabajo a su amigo Murguía en esta publicación viguesa.
Por estas fechas, las perspectivas profesionales y, por ende, económicas que atañían a la célebre pareja, no debían ser muy halagüeñas. Se casaron a pocos meses de terminar el año 1858, carentes de prosperidad laboral, a excepción de las colaboraciones que Murguía hacía en varios diarios de la capital estatal. Rosalía estaba embarazada de su primera hija y, presumiblemente, la madre de la escritora vivía con ellos, como mínimo, desde 1859.
A grandes rasgos, este parece ser el panorama que tenían en torno a finales de 1858 y principios de 1859. Tal vez, a medida que avanzaba ese año de 1859, entra dentro de lo posible que el matrimonio se plantease probar suerte en Vigo, sobre todo, desde el segundo semestre. Todos los datos semejan indicar que la madre de la escritora y la recién nacida Alejandra permanecieron en Santiago de Compostela, mientras que Rosalía y su esposo habrían emprendido su aventura en Vigo.
En consecuencia, y mientras no se logre probar algo diferente, resultaría apropiado situarles en un piso de la casa número 12 o 14 de la calle Real de Vigo[28], cuyo bajo, primeramente, habría estado ocupado por la redacción y administración de El Miño y, tiempo después, habría sido la ubicación de los talleres tipográficos de la editorial de Juan Compañel.
Ya instalados en esta ciudad, parece ser que era de conocimiento público la diferencia de estatura entre ambos, algo que, de vez en cuando, solía hacer gracia, “cuyo contraste elevaba aún más la de Rosalía…, pero luego las gentes ya no vieron en ellos más que al escritor ya renombrado en plena juventud y a la poetisa gloriosa” (Bouza-Brey 1963: 167-168).
Asimismo, durante su corta estancia en Vigo, se cree que los dos tuvieron un papel protagonista y memorable en una situación ajena a su voluntad y en la que se habrían visto inmersos. Tal revelación se declaraba en una carta de un antiguo trabajador de la imprenta de Compañel[29], quien, afectado por el fallecimiento de Rosalía, le escribía a su viudo para mostrarle sus condolencias, al tiempo que le recordaba esta anécdota vivida con el matrimonio[30].
A juzgar por lo que se dice en el texto, esta persona habría sido la encargada de avisar a Murguía, quien sustituía temporalmente a Compañel en la dirección de El Miño, de la inminente llegada a Vigo del buque de guerra Rita, el cual se dirigía a la guerra en África[31].
Según hemos podido indagar, el vapor Rita arribó en el puerto de Vigo la tarde del día 4 de noviembre de 1859, “procedente de San Sebastián, con tropas del regimiento de la Princesa” (La Iberia, 6/11/1859)[32].
Por lo visto, esta situación motivó una rápida reacción por parte del historiador, quien habría decidido poner en marcha una impresión especial de El Miño, sobre todo, para alentar a las tropas españolas que se encontraban a bordo del vapor Rita, fondeado en el puerto de Vigo.
Se supone que, en este contexto, la escritora y su esposo habrían sido los promotores de una arenga para apoyar a los soldados españoles que se dirigían a África, lo que habría provocado que la población viguesa se hubiese movilizado para despedir a los soldados. El misterioso remitente le recordaba a Murguía que al darle la noticia de la llegada de tropas:

Me pidió Vd. papel y recado de escribir y solicitó de su esposa, medio dormida aún, unos versos para saludar a aquel puñado de valientes que partían a la guerra dentro de pocas horas. Vuestra dulce compañera no se hizo de rogar, antes parece que aquella indicación la había previsto y la esperaba. Entonces Vd. con unas cuartillas por delante y ella con otras, uno apoyándose en un bade y otro en la pasta de un libro, confeccionose un suplemento que media hora después era leído y arrebatado de mano en mano lo mismo por los hijos de Vigo que por los soldados y oficiales que iban a África. (Bouza-Brey 1963: 168)

Nada se sabe de esta composición, así que, en teoría, habría que incluirla dentro del corpus literario desaparecido de la escritora. No obstante, lo que sí está lejos de cualquier género de duda es que el cronista del suceso no semeja estar inventando lo relatado, pues hemos localizado una noticia que corroboraría su versión[33]:

Vigo 8.- Hoy á las diez y cuarto de la mañana ha salido de este puerto, con rumbo al de Cádiz, el vapor Rita, con los transportes del regimiento de la Princesa. La población en masa despidió con el mayor entusiasmo á la tropa, y le acompañó con la vista hasta que desapareció el buque donde va embarcada. (La Discusión, 9/11/1859)


3.1.2. Vigo bibliográfico. 1859, 1863
Entre los años 1859 y 1863, Rosalía de Castro mantuvo una estrecha relación bibliográfica con la ciudad de Vigo, más exactamente, con los talleres tipográficos de Juan Compañel, de donde salieron algunos de sus textos del quinquenio estudiado a lo largo de estas líneas. A la novela La hija del mar (1859) le siguió el poemario A mi madre, si bien, la popularidad conseguida con la obra Cantares gallegos eclipsaría a estos y a algunos de sus otros textos literarios, tanto anteriores como también posteriores.
En cuanto a Cantares gallegos, semeja que su lanzamiento editorial hubiese sido auspiciado por una más que práctica promoción a través de los medios periodísticos, toda vez que, ya en el mes de marzo, se podían leer anuncios como, por ejemplo, el que insertamos a continuación:

Cantares gallegos. Versos de Rosalía Castro de Murguía. Se halla en prensa esta preciosa coleccion de poesías gallegas tan apreciadas por los periódicos de Galicia y Castilla. Formará un volúmen en 8º francés de cerca de 300 páginas, excelente papel, letra compacta, pero clara y elegante. Su precio, 12reales: Editor D. Juan Compañel-Vigo-. En vista del mérito de cuantas composiciones gallegas hemos leído de nuestra poetisa Rosalía, no podemos ménos de recomendar la adquisición de su nueva obra que no sólo debe ocupar el estante de todo gallego literato, sinó que parece llamado ese libro á ser de texto para todo poeta que haya de metrificar en el gallego idioma, y nos atrevemos á decir más y es que muchos de sus cantares han de llegar con el tiempo á popularizarse tanto que ocuparán la memoria hasta de nuestros campesinos, los cuales, acompañándolos á las notas de su música tierna, sentimental y sencilla los entonarán unidos á las cántigas populares que poseen; tal es el carácter que su autora ha sabido imprimirles que viene á ser todo uno su poesía de este género con la poesía popular de nuestra amada Galicia. (Galicia. Revista Universal de este Reino, 15/3/1863)[34]


3.1.3. Cádiz. 1863
El 5 de noviembre de 1862, el escritor y empresario gaditano Abelardo de Carlos y Almansa (1822-1884) acusaba recibo de un poema enviado al periódico La Moda Elegante[35], que él dirigía, según se puede leer en una carta remitida por este a Murguía: “Muy Sr. Mío: Con su apreciable de octubre he recibido una poesía para mi periódico La Moda por lo que le doy gracias y publicaré en primera oportunidad” (Barreiro y Axeitos 2003: 178).
De Carlos se refería al poema “¡Cuán tristes pasan los días!” y que, en efecto, se publicó en su periódico el 8 de febrero de 1863. Con esta misma composición da comienzo la obra A mi madre.


4. Conclusiones
Un primer resultado que conviene revelar aquí es el relativo a la influencia significativa que parece que tuvo la ciudad de Vigo en el recorrido vital y literario de Rosalía de Castro. La amistad que ella y su marido tuvieron con el editor Juan Compañel, afincado en esta ciudad, fue determinante en la publicación de sus obras entre 1859 y 1863. Tal es así que la circunstancia de que se hubiesen editado en Vigo la novela La hija del mar, así como los poemarios A mi madre y Cantares gallegos, le valió a la escritora un reconocimiento literario bastante generalizado no solo en Galicia, sino también fuera de ella, sobre todo en Madrid, y que, con el tiempo, la situaría en lo alto de las letras del diecinueve.
Asimismo semeja que su residencia en Vigo, en 1859, le habría posibilitado solidarizarse literariamente con los soldados españoles que lucharon en la guerra en África. Igualmente, lejos de ser esto algo eventual, cuando Rosalía residía en Santiago de Compostela, en 1860, participó en una obra teatral con el fin de recaudar fondos para ayudar a los soldados españoles que habían resultado heridos en la referida guerra. En consecuencia, se podría determinar que todo apunta a que la sensibilización de la escritora respecto a los damnificados en la guerra en África tuvo una continuidad en el tiempo y en el espacio.
Por otra parte, en una de sus estancias en la ciudad compostelana, en 1861, Rosalía mostraba su apoyo literario a los más desfavorecidos, esta vez colaborando en unos juegos florales. La recaudación de la edición del Álbum de la Caridad habría sido entregada a la Asociación de Beneficencia coruñesa para que esta, a su vez, la donase al asilo de mendigos.
Entre 1860 y 1861, su permanencia en Madrid le habría supuesto, entre otras cosas, entrar en contacto con escritores y periodistas que, con posterioridad, firmarían artículos de opinión sobre sus obras y las reseñarían en diarios madrileños consolidados. En este sentido, habría que anotar, sin temor a equivocarnos mucho, que Murguía desempeñó un rol activo y determinante ya no solo en el ascenso literario de su esposa, sino también como impulsor de su adaptación e integración a la vida social madrileña.
Así, muy probablemente, el trato con Roberto Robert en la madrileña fonda de Barcelona parece estar relacionado, de manera directa, con el acto de haberse reseñado la obra A mi madre en el periódico madrileño La Discusión, del que este era redactor. A esto habría que añadirle que a él va dirigida la dedicatoria plasmada en el poema “Aló no currunchiño máis hermoso” de Cantares gallegos, tal vez, motivada por una simpatía común de índole filológica, en concreto, por las narraciones populares de tradición oral, o puede que porque ambos compartiesen algunos presupuestos ideológicos, sobre todo, franceses.
Además parece bastante evidente que la amistad con Evaristo Escalera le habría repercutido a la conocida poeta de un modo propicio, sobre todo, al publicarse en el diario madrileño La Iberia, del cual era redactor, reseñas de A mi madre y de Cantares gallegos, esta última firmada por él.
Por otro lado, si bien es cierto que fue en Vigo, en la imprenta de Compañel, en donde la obra lírica A mi madre vio la luz, no es menos verdad que la ciudad de Cádiz habría sido el lugar en el que, en primicia, se dio a conocer uno de los poemas que conforman la obra referida, exactamente, el romance que comienza con el verso “¡Cuán tristes pasan los días!”, composición publicada a escasos seis meses del fallecimiento de la madre de la poeta. Nuevamente habría que atribuir este logro a la mano mediadora de Murguía, toda vez que se ha esgrimido una prueba irrefutable del envío del poema por el insigne historiador a Abelardo de Carlos, en aquel momento, responsable de la publicación aludida.
La particularidad de haber prestado una atención especial al ámbito del ferrocarril para favorecer el planteamiento del artículo, propicia que, en este recorrido final de nuestro viaje simbólico, mostremos alguna que otra apreciación al respecto. Rebasada la segunda mitad del siglo diecinueve, el resurgir de Galicia pasaba por proyectos como la puesta en marcha del ferrocarril, pero también era necesaria la revitalización de la literatura gallega en su lengua propia, este último un mérito que, sin duda, se le debe atribuir a Rosalía de Castro.
Ambas realidades pasadas han marcado la edad contemporánea de Galicia. El mismo año que se editaba la obra Cantares gallegos se autorizaba por Real Decreto la constitución de la Sociedad del ferro-carril compostelano de la infanta Doña Isabel, a la que se le transfería la concesión de la línea de Santiago al puerto de Carril. Se publicaban, entonces, los estatutos y el contrato para la construcción y la explotación de la que sería la primera línea ferroviaria de Galicia[36].
Años más tarde, la última morada de Rosalía, y en la que fallecería, estaba a escasos metros de la vía del ferrocarril de la estación de Padrón (A Coruña). En su última obra, En las orillas del Sar (1884), podemos leer los versos siguientes: “Blanca y desierta la vía / entre los frondosos setos / y los bosques y arroyos que bordan / sus orillas, con grato misterio / atraerme parece y brindarme / a que siga su línea sin término”.


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[1] Había publicado el texto lírico La flor (1857) en Madrid y también el artículo de ensayo “Lieders” (1858) en Vigo.

[2] Para nuestra explicación, nos servimos de una coincidencia cronológica, puesto que, en la actualidad, se cumple el ciento cuarenta aniversario de la inauguración del ferrocarril gallego. El 15 de septiembre de 1873 se ponía en circulación la primera locomotora para cubrir el trayecto entre la estación de Cornes –hoy es un lugar de Santiago de Compostela, pero, por aquel entonces, pertenecía al término municipal de Conxo (A Coruña)– y el puerto arousano de Carril (Pontevedra). De las seis estaciones intermedias que separaban estos dos puntos, una de ellas era Padrón (A Coruña), geografía muy vinculada a Rosalía de Castro. Ya fallecida la escritora, sus restos viajaron por esta misma línea ferroviaria el 25 de mayo de 1891, desde Iria Flavia (Padrón) hasta la estación de Cornes, para al día siguiente quedar depositados definitivamente en el Panteón de Galegos Ilustres, en la iglesia compostelana de San Domingos de Bonaval.

[3] Nació en 1859 en Santiago de Compostela y falleció en 1937 en A Coruña.

[4] Sobre la relación entre la escritora y la ciudad de Santiago de Compostela, vid. García Vega (2011).

[5] Se trata del editor compostelano Juan Compañel Rivas (1829-1897), figura determinante en las trayectorias literarias de Rosalía de Castro y Manuel Murguía. Sobre la relación del matrimonio con él, vid. Martínez González (2012).

[6] No se sabe con exactitud en qué fecha, pero, alrededor de mediados de julio de 1860, Manuel Murguía ya estaba en Madrid. Había dejado su puesto en el periódico El Miño, propiedad de Juan Compañel, quien, en una carta de estas fechas, le alentaba a seguir su carrera literaria y periodística, a pesar de perder a un redactor de su diario: “Escribe pues favorablemente y vete enseguida a Madrid” (Barreiro y Axeitos 2003: 155).

[7] Revelación extraída de la correspondencia de Murguía: “Trátase dunha carta manuscrita nun prego enloitado de 20,5×13 cms. O enderezo que figura na carta-sobre di así: Sr. Dn. Manuel M. Murguía Calle de los Negros. Fonda de Barcelona. Madrid” (Barreiro y Axeitos 2003: 171).

[8] El diseño fue de los arquitectos Isidoro Llanos y Lucio del Valle, y su realización se llevó a cabo entre 1857 y 1862.

[9] Véase Diario Oficial de Avisos (1861): “Anuncios”. Madrid, 9/1, 22/3, 24/7, 30/10, 15/11, 17/11 y 22/11.

[10] Este mismo anuncio se difundió en El Heraldo de los días 3 y 7 de octubre de 1849.

[11] Sin embargo, otro de sus biógrafos, Augusto González Besada, al tomar prestada y, en ocasiones, glosar la información que Víctor Said Armesto había ido recogiendo sobre Rosalía durante años, aludía a que, en Madrid, estando soltera “traba conocimiento y cultiva la amistad de Eduardo Chao, Eulogio Florentino Sanz y Ventura Ruiz de Aguilera” (González Besada 1916: 21). También puede verse Álvarez Ruiz de Ojeda (2011).

[12] El catalán Roberto Robert y Casacuberta (1827-1873) fue un reputado escritor, periodista y político. Adscrito a la línea progresista, ocupó el acta de diputado por Barcelona en las legislaturas 1869-1871 y 1872-1873. Entre sus obras, destacaron Los cachivaches de antaño (1869), Los tiempos de Mari-Castaña (1870) o La espumadera de los siglos (1871). Había sido propuesto como embajador español en Suiza, sin embargo, falleció sin haber llegado a desempeñar este cargo, en 1873, en el número 6 de la calle de Goya (Fernández de los Ríos 1982: 94).

[13] El cubano Ramón Rodríguez Correa (1835-1894), gran amigo de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) y prologuista de la primera edición de sus Obras (1871), comenzó a frecuentar la redacción de La Discusión gracias a su amistad con el periodista y poeta satírico catalán Manuel del Palacio (1831-1906), a quien ayudaba esporádicamente en la elaboración de la gacetilla (Pageard 1994). Tiempo después, Correa trabó una gran amistad con el marqués de Salamanca (1811-1883), financiero malagueño que, entre otras cosas, estuvo involucrado en importantes proyectos urbanísticos madrileños como, por ejemplo, el barrio de Salamanca. En el número 7 de la calle Claudio Coello, tuvieron su residencia Correa y también Bécquer (Répide 2005: 156). Todo apunta a que no fuese casualidad que, tiempo después, Rosalía, sus hijas Alejandra y Aura, y Murguía, este de manera ocasional, viviesen en el número 13 de esta calle.

[14] Sobre las relaciones del matrimonio con los círculos políticos de la época, vid. Davies (1987).

[15] En la edición príncipe, es decir, la de 1863. En la segunda edición (1872), se corresponde con el cantar veinticinco.

[16] La misma autora matizaba que “Eu ben sei que en rigor estas octavas non son en maneira alguna a glosa dun cantar, e que mellor e con máis propiedade podía chamarse conto” (Castro 1993: 578).

[17] Sabemos que una parte del original de esta obra estuvo en manos de Rodríguez Correa, según lo manifestaba la misma Rosalía en una carta: “¿Le cogiste a Correa el original de Romana? Persíguelo, a ver si tiene ahí lo que le falta al que me mandó Alejandro” (Castro 1993: 2, 607).

[18] Diario madrileño fundado en 1856 y subtitulado “Diario democrático”. De gran circulación y prestigio, tenía ediciones de mañana y tarde, además de suscripciones en provincias y en París. También fue colaborador de este periódico, entre otros, Eduardo Chao Fernández (1822-1887), quien, según González Besada, ya era amigo de Rosalía antes de su boda con Murguía. Es muy probable que ese Alejandro, al que se refería Rosalía en la cita de nuestra nota anterior, aluda a Alejandro Chao, hermano de Eduardo, quien había fundado, junto a Compañel, La Oliva y, más tarde, la editorial La Propaganda Literaria en Cuba.

[19] Publicada por el impresor B. Carranza, en Madrid.

[20] Publicada por La Tutelar, a cargo de B. Carranza, en Madrid.

[21] El mundo riendo. Gracias y desgracias, chistes y sandeces, epigramas y necedades, cuentos é historias, redundancias y laconismos, problemas y claridades, anuncios, apotegmas, despropósitos, malicias y otras cosas que no son nada de lo dicho. Colección enorme, selecta, novísima, en prosa y verso, (con 200 grabados, dibujos de T. Padró), sacada de autores antiguos y modernos, nacionales y extrangeros, clérigos y seglares, famosos y oscuros. Barcelona: Librería Española de I. López Bernagosi, editor.

[22] Periódico madrileño, de frecuencia diaria, a excepción de los lunes, que apareció el 21/1/1861, al igual que el primer texto de Flavio, y finalizó el 1/8/1864. Estuvo dirigido por el asturiano Gonzalo Castañón (1834-1870).

[23] En la edición de 1863. En la segunda edición (1872) ocupa el número quince.

[24] Nació en Pola de Siero en 1833 y falleció en Madrid en 1896. Realizó estudios de derecho en Oviedo, pero dedicó su vida a ser escritor y periodista, colaborando en revistas y diarios como La Iberia, El Museo Universal, el Semanario Pintoresco Español, El Nalón y la Revista de Asturias, por citar solo algunos de ellos. Escalera y Murguía se trataban, como mínimo, desde el 21 de enero de 1859, según una carta de un amigo en común y en la que se deja entrever cierto papel celestinesco de este en la relación amorosa entre Rosalía y Murguía, por aquellas fechas recién casados (cfr. Barreiro y Axeitos 2003: 117).

[25] El título completo es Álbum de la caridad. Juegos florales de La Coruña en 1861, seguido de un mosaico poético de nuestros vates gallegos contemporáneos, sacada a la luz en la imprenta del hospicio provincial de A Coruña y que estaba a cargo de D. Mariano M. y Sancho en 1862. Esta edición fue costeada por D. José Pascual López Cortón, “á cuyas expensas se celebraron dichos juegos florales. Dedica esta obra y dona su edición á la Excma. Sra. Presidenta y señoras de la Asociación de Beneficencia de La Coruña, para que esta dignísima corporación se sirva utilizar su producto en bien del Asilo de Mendicidad de la capital”. Además del poema aludido aparecen otras cinco composiciones de Rosalía: “Terra, a miña!”, “A Romaría da Barca”, “Adiós que eu voume”, “Castilla” y “O caravel negro”, todas ellas incluidas, un año más tarde, en Cantares gallegos.

[26] Esta situación se repite en los años venideros, vid. García Vega (2012).

[27] Publicación bisemanal subtitulada inicialmente “Periódico de comercio y de intereses generales”. Apareció desde el 15 de abril de 1857, al haber quedado interrumpida por orden gubernativa su antecesora, La Oliva (del 2/2/1856 al 15/4/1857). Dadas las circunstancias, puede decirse que ambas son un mismo periódico con títulos distintos. De hecho, al serle levantada la suspensión a La Oliva, se continuó correlativamente con la numeración que tenía El Miño.

[28] En este punto, no hay consenso. El número 12, por ejemplo, para Bouza-Brey (1963), Álvarez Blázquez (1980) y Vázquez Rey (1995), y el número 14 para Odriozola (1980).

[29] Va firmada por las siglas “R. y E.”. Está datada el 28 de julio de 1885, por tanto, pocos días después de haber fallecido Rosalía. Se publicó en el diario Faro de Vigo, con fecha 5 de agosto de 1885.

[30] También puede verse en Rodríguez Elías (1933).

[31] La primera guerra de Marruecos se libró del 22 de octubre de 1859 al 26 de abril de 1860. El detonante se produjo en agosto de 1859, cuando fue atacado un destacamento español en Marruecos. El gobierno español reaccionó inmediatamente y exigió al sultanato marroquí un castigo ejemplar para los responsables de la ofensiva. La pasividad de Marruecos desencadenó la aprobación en cortes del envío de buques españoles a África.

[32] De forma más breve, otros diarios incluían la noticia: “Vigo 4.- El Rita ha fondeado de arribada en este puerto. No tiene novedad”. (La Correspondencia de España, 6/11/1859, La Discusión, 7/11/1859 y El Clamor Público, 8/11/1859).

[33] También leemos: “Vigo 8.- A las diez y cuarto de hoy ha salido para Cádiz el vapor ‘Rita’, con los transportes del regimiento de la Princesa, y dos tenientes de navío, Sres. Caoveiro y Solloro” (La Correspondencia de España, 8/11/1859), “Vigo 8.- A las diez y cuarto de hoy ha salido para Cádiz el vapor Rita con los transportes del regimiento de la Princesa, y dos tenientes de navío, Sres. Caoveiro y Solloro” (El Clamor Público, 9/11/1859) y “De Vigo salió ayer á las diez y cuarto para Cádiz el vapor Rita, con los transportes del regimiento de la Princesa, y dos tenientes de navío” (La Época, 9/11/1859).

[34] De manera más concisa, el mismo contenido de este anuncio se insertó en el diario compostelano El Eco Escolar, 21/3/1863.

[35] Esta publicación se inició el 1/5/1842. Fundada por el polifacético gaditano Francisco Flores Arenas (1801-1877), en sus inicios se tituló La Moda. El primer número salió el 1/5/1842 de la imprenta y litografía de la Revista Médica. En 1863, al título le acompañaba una extensa leyenda: “Periódico de las familias, que tiene la alta honra de contar como primera suscritora a S.M. La Reina (q.d.g.). Contiene los dibujos más elegantes de las modas de Paris, modelos de toda clase de trabajos de aguja, inclusos los de tapicería en colores, crochets, canevás etc… Bellas artes, música, novelas, costumbres, crónicas y literatura”.

[36] Gaceta de Madrid, 13/8/1863 y 7/10/1863.


garcía vega, Lucía (2013): "Caminos de hierro y sal: un viaje por las ciudades de Rosalía de Castro entre 1859 y 1863" [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 5, núm. 1, pp. 197-216. En: http://www.ucm.es/info/angulo/volumen/Volumen05-1/varia06.htm. ISSN: 1989-4015 http://dx.doi.org/10.5209/rev_ANRE.2013.v5.n1.42076

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