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Piedra Angular: El nacimiento de la ciudad en Sumeria, de Pedro Azara (PDF)

Alberto Talavera Martos

 

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Título: Piedra Angular: El nacimiento de la ciudad en Sumeria
Autor: Pedro Azara
Editorial: Tenov, Barcelona
Año: 2012
Número de páginas: 106

 

 

 

 

 

 

Bajo el título Piedra Angular: el nacimiento de la ciudad en Sumeria, el autor de este libro, Pedro Azara, hace referencia a que “la piedra de ángulo era un componente esencial en la arquitectura antigua”, como lo sigue siendo en la actualidad, aunque hoy en día haya perdido su significado original. En efecto, este elemento constructivo era la base del edificio que se iba a levantar. Un elemento, además, que pertenece al principio a una idea que, como señala ya el propio filósofo griego Platón, se materializa en la realidad a través de un demiurgo. Este demiurgo es el arquitecto, que tiene en su mente la idea del edificio a construir y que, con la construcción del mismo, se hace patente en la realidad.
Pedro Azara se remonta a la civilización mesopotámica de Sumeria en el IV milenio a.C., pues es en este ámbito geográfico –el delta donde confluyen los ríos Éufrates y Tigris, al sur del actual Irak– donde nace por primera vez la idea de arquitectura monumental. No obstante, no es que surja de forma espontánea, puesto que es resultado de una evolución que se retrotrae hacia el Neolítico del Próximo Oriente; es decir, la aparición de la arquitectura monumental y del urbanismo en el sur de Mesopotamia es producto de una serie de transformaciones (políticas, económicas, sociales, culturales…) que se van sucediendo a lo largo del tiempo. De este modo, ya en la Sumeria del IV milenio a.C. existe una compleja organización política, que, a su vez, repercute en una estratificación social basada en la riqueza, y que se sustenta a través de los poderes sobrenaturales que configuran la religión sumeria en particular y mesopotámica en general. Para Pedro Azara, la arquitectura monumental y el urbanismo surgen y tienen relación con uno de los elementos que caracteriza el nacimiento de las primeras sociedades urbanas históricas: la invención de la escritura. Ésta, que también es producto de una evolución, surge de la necesidad del ser humano de registrar, en primer lugar, los excedentes agrícolas (contabilizar lo que se tiene); aunque pronto la escritura también adquirirá un valor literario, como se pude observar en las múltiples referencias que hace este libro a himnos dedicados a dioses sumerios, acadios, babilonios, etc. Por tanto, el arquitecto conocedor de la escritura se sirve de ella para proyectar lo que quiere construir, ordenar, dar forma a la idea.
El autor nos conduce a través de este ensayo por los orígenes de una arquitectura y un urbanismo cargado de significados simbólicos y que, como él mismo afirma, se han perdido en la actualidad. Efectivamente, hoy en día la banalización de nuestra sociedad ha contaminado también a la arquitectura, al desarrollo urbanístico, todo ello bajo la especulación económica, perdiendo así los valores que habían perdurado durante milenios en la construcción de edificios y ciudades. Es por ello que Pedro Azara nos recuerda mediante este ensayo cómo la arquitectura y la planificación de las ciudades poseen unos valores simbólicos que se han de recuperar.
En efecto, ya en la antigua Sumeria, toda construcción, fuese una ciudad, un templo o una vivienda, tenía un valor simbólico, pues al fin y al cabo una ciudad, un templo o una vivienda acogía, proporcionaba seguridad frente al espacio exterior dominado por las inclemencias. La casa era, desde que el ser humano comenzó ya en la prehistoria a buscarla (bien ocupando cuevas, bien construyendo cabañas), el lugar de refugio, de seguridad, el hogar, muy ligado al calor del fuego. Dicho esto, y con la complejidad propia de la sociedad sumeria, la arquitectura y la urbanización del espacio en que va a habitar un grupo humano han de ser ordenadas. Es por ello que el arquitecto –el que conocía antaño las maneras constructivas y, por ende, tenía un poder– ahora queda al servicio de reyes y sacerdotes que, con la justificación de ser los supervisores de los designios de los dioses, mandan construir ciudades o edificios monumentales. La relación entre las creencias religiosas y la realidad terrenal no tiene frontera, ambas están unidas. Los dioses sumerios, creadores del orden cósmico frente al caos primigenio a través de la palabra, se reflejan en la tierra a través de las órdenes de reyes y de la casta sacerdotal. La idea del orden cósmico se traslada al mundo del ser humano, como si fuesen pequeños dioses creadores. Esta idea también se manifiesta en otros pueblos circundantes, como el pueblo hebreo y la antigua Grecia, que con Roma permanecerá durante siglos en la cultura occidental. Ciertamente, no podríamos diferenciar la carga simbólica entre una catedral gótica del siglo XIV y los antiguos templos sumerios, ya que ambas edificaciones poseían la función simbólica de plasmar el orden cósmico. Es esta idea del orden cósmico –que hoy en día se traduciría en la armonía entre el ser humano y la Naturaleza– lo que reivindica Pedro Azara mediante la arquitectura. Una arquitectura acorde con el espacio físico, lejos de la ya mencionada banalización. Los antiguos sumerios y otros pueblos de la Antigüedad sí poseían ese sentido, que se reflejaba en las creencias religiosas, que hoy podríamos tachar de supersticiosas pero que, en aquel tiempo, no lo eran; pues en el imaginario de estos pueblos infringir el orden natural provocaría el castigo de los dioses y tendría repercusiones negativas en sus vidas. En cambio, en la actualidad existen muchos ejemplos de desarmonía tanto en edificios como en las ciudades, tales como la contaminación del tráfico, la construcción en cualquier lugar sin apreciar las características del terreno, etc. En definitiva, Pedro Azara nos recuerda ese pasado idílico, que también compartían esas antiguas poblaciones (los sumerios decían proceder de un lugar paradisíaco llamado Dilmún; los hebreos, del Edén), que parece perdido pero que no lo está, ya que permanece en nuestro imaginario mental y que se manifiesta en el querer vivir en mejores condiciones; por tanto, este ensayo propone un retorno a los orígenes de la arquitectura, no solamente en su función sino en su carga simbólica.
Finalmente, me gustaría subrayar que se trata de un texto muy ameno y didáctico, donde el autor expone sus conocimientos con un lenguaje claro y conciso, que cualquier lector no especialista puede comprender. Los ejemplos son claros, incluso aparecen contextualizados con la actualidad, lo que resulta especialmente interesante. Por otro lado, se observa que el autor emplea los conocimientos arqueológicos, históricos, filológicos y, especialmente, sobre mitología sumeria actuales para adentrarnos en aquel mundo pasado que, como ya he reseñado, influyó en Grecia y en general en la cultura occidental, con la idea de una cohabitación (ciudad) ideal, como plasma Platón en su República, o como, por ejemplo, los Papas de los siglos XVI y XVII que encomiendan a los arquitectos la creación de una Roma ideal, como la imagen de la Jerusalén celestial que ya San Agustín plasmó en su De Civitas Dei.


TALAVERA MARTOS, Alberto (2013): "Piedra Angular: El nacimiento de la ciudad en Sumeria, de Pedro Azara" [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 5, núm. 2, pp. 159-161. En: http://www.ucm.es/info/angulo/volumen/Volumen05-2/resenas02.htm. ISSN: 1989-4015

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