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Aquestas son de México las señas: collage de una ciudad olvidada (PDF)

Elisa T. Di Biase Castro[1]

Instituto de Investigaciones Filológicas
UNAM
elisadibiase@gmail.com


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Título:Aquestas son de México las señas”. La capital de la Nueva España según los cronistas, poetas y viajeros (siglos XVI al XVIII)
Autora: María José Rodilla León
Editorial: Iberoamericana-Vervuert, Madrid
Año: 2014
Número de páginas: 412

 

 

 

 

María José Rodilla León, profesora e investigadora de literatura medieval, de los Siglos de Oro y de los virreinatos en la Universidad Autónoma Metropolitana, parte del cariño que profesa a la Ciudad de México, urbe que, aunque no es su patria, estimularía su fantasía desde su natal Cáceres y después la acogería, y emprende en su libro Aquestas son de México las señas una reconstrucción multidimensional de esta ciudad desde su etapa prehispánica hasta la novohispana, entre los siglos XVI y XVIII. El proyecto es demandante y, a primera vista, incluso, desmesurado; sin embargo, el libro resulta un retrato amplio y bastante legible de la urbe de aquellos años.
Para revivir la capital del Virreinato de la Nueva España, la autora recurre a un muy extenso repertorio de cronistas antiguos y contemporáneos, a las imágenes y descripciones plasmadas en los mitos y recuentos antiguos, en los relatos de los conquistadores, los frailes, los poetas y los viajeros, a las leyes y ordenanzas, a los documentos cívicos y judiciales, etc. Todo esto desemboca en un variado mosaico de cultura urbana de una de las ciudades más relevantes de aquellos tiempos. El gran mérito de la publicación está, en efecto, en la maestría con la que estas voces han sido conjugadas y sintetizadas, obligadas a arrojar luz unas sobre otras y a proyectar una visión abarcadora de la urbe. La propia Rodilla hace hincapié en su texto introductorio en la función condensadora de su obra:

[…] como lo que se hace a imitación de varones doctos carece de culpa, según Quintiliano, yo tampoco callaré los nombres de quienes me ayudaron a escribir las señas de la Ciudad de México, sino que los referiré muy por extenso en las páginas que siguen y los haré dialogar unos con otros, de modo que yo sólo he usado o, tal vez abusado de sus voces para poder oír los ruidos del mercado de la ciudad prehispánica, los ecos de la conquista, los cascos de los caballos, los sonidos de tambores y cornetas, el martilleo sobre las piedras de las construcciones nuevas de la ciudad virreinal, el chapoteo de las canoas sobre el agua, las trompetas lúgubres de las exequias, el rumor bullicioso de las calles en las procesiones y las campanas de regocijo en los días de fiesta. (pp. 15-16)

Todos estos testimonios están agrupados en cinco capítulos, de manera que cada uno de los apartados da cuenta de una visión de la ciudad que se complementa con las otras hasta lograr una imagen de cuerpo entero.
El primer capítulo, “La ciudad indígena”, que hace una descripción más o menos detallada de la urbe prehispánica, de su fundación acuática y de la fisonomía de sus templos, escuelas, palacios y casas, abarca también algunos aspectos de su vida comercial y ociosa y culmina con la destrucción de Tenochtitlan tras su asedio y conquista. La brevedad de estas páginas –que apenas sirven de introducción a la urbe colonial– hace que se echen de menos algunas precisiones sobre la ciudad indígena y los mitos de sus habitantes, que la autora apenas sobrevuela.
El segundo apartado, “La ciudad criolla”, abarca la ciudad novohispana en su dimensión concreta, desde su construcción “palimpséstica” sobre los vestigios de la ciudad mexica. El apartado recorre sus principales edificios, se detiene en la Real Universidad –en su vida interna y su expansión a la vida de la urbe–, explora el papel de la Ciudad de México como intermediaria entre la metrópoli y las colonias asiáticas, sus mercados, testigos y promotores de ese intercambio de bienes exóticos y variadísimos, sus plazas y portales, etc. Más adelante, indaga en un elemento esencial en la vida de la capital de la Nueva España desde sus inicios: su relación con el agua que la sostuvo en sus orígenes y que, con el pasar del tiempo, se convirtió casi en un enemigo, inundándola, hundiéndola en el fango, y escaseando cuando más se la necesitaba. La última parte de este fragmento explora un aspecto capaz de cambiar una ciudad, de regalarle la dimensión y la vida nocturna: la iluminación.
El tercer capítulo, “La ciudad lúdica y enlutada”, abandona la dimensión más estructural de la urbe para adentrarse en sus dinámicas internas, en la manera en la que sus habitantes se relacionaban con ella, cómo la definieron y la construyeron, la vivieron y convivieron en ella, frecuentemente en tensión. María José Rodilla hace a los cronistas y poetas detenerse morosamente en la descripción de las fiestas y ceremonias civiles, en juras y casamientos de reyes –de ordinario celebrados con retraso en la Nueva España–, nos describe los elementos efímeros y perdurables de las fiestas de la ciudad barroca: arcos triunfales, tablados, estatuas, representaciones, juegos, maromas, títeres, paseos a caballo, se detiene en los protocolos funerarios, en la oculta veta festiva de los días enlutados y en el casi perenne y multitudinario caos que reina en la Ciudad de México desde aquellos días hasta los nuestros. La autora reúne los testimonios de la manera en que las celebraciones y duelos de la ciudad y sus potentes expresiones manifiestan una urbe organizada y poderosa, una jerarquía que se regodea en sí misma y en su ostentación a través de la transformación del espacio urbano, en tal grado que frecuentemente supera a la metrópoli en su despliegue de fastuosidad.
“La ciudad sacralizada”, el penúltimo apartado del libro, se concentra en las estructuras y festividades religiosas, parte esencial de la dimensión simbólica de la urbe. En particular, hace un recuento detallado del proceso de construcción y consagración de la Catedral Metropolitana, uno de los edificios que da mayor cuenta de la historia de la urbe y el desarrollo de su personalidad; realiza una enumeración amplia de las iglesias, conventos y hospitales y, posteriormente, vuelve a pasar del ámbito arquitectónico al humano, para hacer un repaso de las principales procesiones que convirtieron a la ciudad en una metáfora viviente, en una representación simbólica, transfigurada y grandilocuente de sí misma, en particular la del Corpus Christi, que alteraba e implicaba a la urbe entera. Da redondez a esta sección una breve descripción de los autos de fe, aquellas representaciones en las que se ponían en escena el pecado, el poder de la iglesia y el morbo y la crueldad del pueblo.
Finalmente, un último capítulo, “Pluma o pincel. La ciudad como metáfora, alegoría y emblema”, se despega de la urbe concreta y de las representaciones que tienen lugar en ella, para hacer un recuento de la ciudad representada. Así, de la mano de los tópicos de alabanza de la ciudad, Rodilla reúne las descripciones de los viajeros, las loas de los poetas y también los vituperios dirigidos contra la capital de la Nueva España. A lo largo de este apartado, se da cuenta de cómo los calificativos más frecuentes y que denotan la mayor impresión entre quienes los otorgan tienen que ver con la grandeza y la majestuosidad de una ciudad que oscila entre la Nueva Jerusalén y la temida Babilonia, y en la que los extremos empiezan, ya desde entonces, a revelarse más realidad que hipérbole.
Si bien en el transcurso de la lectura se echan de menos algunas puntualizaciones y aspectos en torno a la Ciudad de México –de manera particular la importancia del sincretismo en las representaciones urbanas y las diferencias entre la vida de las ciudades peninsulares y la de ésta–, en su selección de los elementos que inciden de manera relevante en el espacio urbano y merecen ser descritos con detenimiento, María José Rodilla manifiesta un profundo conocimiento y comprensión estética tanto de la urbe a la que consagra este libro, como del espacio urbano y sus múltiples dinámicas en general y es capaz de traer hasta el lector, fundiendo en su crisol miradas diversísimas, una urbe multidimensional y compleja, real y apasionante.


[1] Becaria del Programa de Becas Posdoctorales de la UNAM.


DI BIASE CASTRO, Elisa T. (2015): "Aquestas son de México las señas: collage de una ciudad olvidada" [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 7, núm. 1, pp. 111-114. En: http://www.ucm.es/info/angulo/volumen/Volumen07-1/resenas01.htm. ISSN: 1989-4015

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