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feediconRSS Vol.7, núm.1grisAR2015 grisARUniversidad Complutense de Madrid ISSN: 1989-4015grisAR

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Ciudades de cine (PDF)

Carmen María López López

carmenmaria.lopez14@um.es


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Título: Ciudades de cine
Coordinadores: Francisco García Gómez y Gonzalo M. Pavés
Ilustraciones: Fotogramas de película
Editorial: Cátedra, col. “Signo e imagen”
Año: 2015
Número de páginas: 534









 

La ciudad como espacio en el medio fílmico prefigura una suerte de representación mental que el espectador re-conoce en el séptimo arte. Esa familiaridad del espectador con las grandes ciudades posibilita el reconocimiento urbano del cine, que deja atrás el mundo rural como topos privilegiado. En tanto que la visión de un mundo rural agoniza, el cine privilegia un proceso de urbanización que supone la construcción del imaginario de la ciudad y sus modos de representarla, vivirla, soñarla o amarla. En este sentido, Ciudades de cine ofrece una reflexión sobre la identidad cinematográfica en el espacio urbano, con el fin de indagar cómo el espectador lee la ciudad e interpreta la imagen. Si en ocasiones los monumentos célebres que pueblan las ciudades hacen reconocible el espacio urbano, otras veces el cine busca desdibujar la cartografía de la ciudad, borrar sus límites y fraguar un espacio netamente irreconocible. Ambos criterios estéticos, igualmente legítimos, muestran un amplio abanico en la representación de la singularidad urbana.
        Veintinueve ciudades de veinte países pertenecientes a los cinco continentes pueblan las páginas de este vasto volumen, si bien con un sesgo occidentalista tal como se muestra en el predominio de las ciudades europeas y estadounidenses occidentales. Esta evidencia, justificada o al menos comercialmente explicada por el innegable monopolio de Hollywood como gran sede de la industria cinematográfica, da cuenta de una hegemonía que se refleja en el tratamiento de la geografías urbanas macroscópicas (Londres, Nueva York, Washington, Los Ángeles o Las Vegas) junto a una filmación occidentalizada de lugares como Tánger, El Cairo, Estambul o Shanghai.
        Barcelona, presentada como “un singular poliedro de celuloide”, se erige como icono popular no sólo del cine, sino también de la literatura y del cómic, por la belleza de sus monumentos, el encanto de sus calles y las plazas de la Ciudad Condal. La Barcelona histórica de Monturiol, el señor del mar (Francesc Bellmunt, 1993) o La fiebre del oro (Gonzalo Herralde, 1993) se concita con la Barcelona fantástica y apocalíptica de Los últimos días (Àlex y David Pastor, 2013) o la Barcelona negra de Apartado de Correos 1001 (Julio Salvador, 1950), en consonancia con el cine policíaco de la década de los cincuenta. Estas formas evolucionan hacia la nueva Barcelona multicultural que, a raíz de las Olimpiadas de 1992, reflexiona sobre la memoria agonizante de la ciudad, según muestra el documental En construcción (José Luis Guerín, 2001) sobre la transformación del barrio de El Raval.
El encanto de Berlín “a vista de cámara” desde una evolución histórica anterior a la Segunda Guerra Mundial, se prolonga hasta la caída del Muro de Berlín para mostrar la ciudad postmoderna en el siglo XXI. En ese trazado histórico resultan memorables los filmes Berlín, sinfonía de una gran ciudad (Walter Ruttmann, 1927), El cielo sobre Berlín (Wim Wenders, 1987) o Good Bye, Lenin! (Wolfgang Becker, 2003). Destaca la vinculación de la ciudad berlinesa con el movimiento expresionista en las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX.
El “caleidoscopio urbano y fílmico inexplorado” corresponde a Bombay, la ciudad de Bollywood del llamado Popular Hindi Cinema o Bombay Cinema. En Nocturne indien (Alain Corneau, 1989) se muestra la fascinación occidental por Oriente o tiene cabida el exotismo o la huida de la pobreza en Slumdog Millionaire (Danny Boyle y Loveleen Tandan, 2008). Las mafias, el terrorismo, los enfrentamientos comunales y la desigualdad social ofrecen una dimensión política en el tratamiento cinematográfico de Bombay en Angry Young Man (2014).
Presentada como la ciudad contradictoria, Buenos Aires aflora como una de las grandes capitales del mundo en parte soñada o mitificada a través de la ciudad de los cafetines y del ¡Tango! (Luis Moglia Barth, 1933), en parte ciudad habitable y en tránsito, como en El mismo amor, la misma lluvia (1999), El hijo de la novia (2001), Luna de Avellaneda (2004) o El secreto de sus ojos (2009).
Es El Cairo la ciudad donde se concitan en un mismo espacio tradición y modernidad: El Cairo antiguo, las milenarias pirámides en Guiza o los minaretes mamelucos conviven con la ciudad moderna, en una diversidad de representaciones fílmicas desde Muerte en el Nilo (John Guillermin, 1978), pasando por La Virgen, los coptos y yo (Namir Abdel Messeeh, 2012), hasta llegar a la película Cairo Time (Ruba Nadda, 2009).
La atracción hacia Estambul como ciudad cinematográfica radica en la poderosa fascinación de su decadente pasado bizantino, así como en una marcada visión occidental de la capital turca, dando cabida al Estambul imaginado, turístico, cambiante o nostálgico. Esta perspectiva, presente en filmes como Hayat Var (Reha Erdem, 2008), no invalida el prisma de la ciudad desde una mirada turca, como en la producción alemana Contra la pared (Fatih Akin, 2004).
Hong Kong adquiere su singularidad al desarrollar su propia industria cinematográfica, de gran calado tras Hollywood y Bollywood. Camaleónica y polifacética, Hong Kong es la ciudad del romance, la comedia, la acción o el espionaje. Como se expresa en La colina del adiós (Henry King, 1955), Hong Kong es “el tesoro de un ladrón de joyas”. Las nuevas imágenes de Hong Kong implican una mirada desde dentro, en los entresijos de la ciudad que pueden conducir al crimen, como en Dream Home (Pang Ho-Cheung, 2010), o a mostrar la ciudad íntima y crepuscular en A Simple Life (Tao Jie, 2011).
La epifanía del imaginario urbano en un ciudad como La Habana se deja sentir en El siglo de las luces (Humberto Solás, 1992), adaptación de la novela homónima de Alejo Carpentier, en La última cena (Tomás Gutiérrez Alea, 1976) o en ¡Luchando! (Russell Porter, 1994). Otras producciones relevantes son Juan de los muertos (Alejandro Brugués, 2011) o La Habana animada y musical de Chico y Rita (Fernando Trueba, Javier Mariscal y Tono Errando, 2010).
Las Vegas, ciudad de casinos u “oasis/tómbola de luz y de color” según José Carlos Suárez, es archiconocida por filmes como Leaving Las Vegas (Mike Figgis, 1995) o Resacón en Las Vegas (Todd Phillips, 2009). Pero junto a esta visión típica de la modernidad de unos personajes en busca de diversión y placer, la ciudad ofrece matices estéticos propicios a la ciencia ficción en filmes como Mars Attacks! (Tim Burton, 1996) o Resident Evil 3: Extinción (Russell Mulcahy, 2007); la prehistoria en Los Picapiedra en Viva Rock Vegas (Brian Levant, 2000), o la mafia en el seno de la familia Corleone en El padrino (Coppola, 1972).
Lisboa es esa ciudad que nunca existió, paradójica, mágica, interminable. Ciudad de rúas atestadas simbolizando la soledad y de espacios desérticos que colman la experiencia interior del hombre. Lisboa es la ciudad del barrio de Alfama en Fado, História d'uma Cantadeira (Perdigão Queiroga, 1947); es ciudad de espionaje durante la Segunda Guerra Mundial como en la última escena de Casablanca (Michael Curtiz, 1942). Pero Lisboa es también la ciudad literaria de los heterónimos de Pessoa, como en O filme do Desassossego (2010) o metacinematográfica, donde el cine escribe sobre el amor en el intercambio epistolar entre Lisboa y Basilea para filmar una ruptura sentimental en la película En la ciudad blanca (Alain Tanner, 1983).
Londres, la ciudad del Támesis que descubriera Alfred Hitchcock en Frenesí (1972), colma “espacios de niebla, marginalidad y modernidad”. Londres ha sido recreada como ciudad medieval y de la época de los Tudor en Enrique V (Laurence Olivier, 1944), ciudad de salón del siglo XVIII en La duquesa (Saul Dibb, 2008), ciudad victoriana propicia al thriller psicológico en Luz que agoniza (George Cukor, 1944) o en la adaptación dickensiana de Oliver Twist Oliver! (Carol Reed, 1968). Con Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964)llegaría el skyline del Londres victoriano o la representación del robo en el Museo Británico en Chantaje (1929). Pero su fisonomía polimórfica daría paso al lujo y la modernidad de la trilogía londinense de Woody Allen: Match Point (2005), Scoop (2006) y El sueño de Casandra (2007).
Otras ciudades componen las páginas de este libro: México D. F. y la construcción de una identidad visual y una iconografía urbana de la ciudad monstruo; Moscú y la Plaza Roja, aderezadas por las historias de espías y la solemnidad de la estepa helada; Nueva York y sus rascacielos, su lucha urbana de clases, el hampa o la corrupción; París y las orillas del Sena, la ciudad de los amantes, la Torre Eiffel o los Campos Elíseos como fantasías parisinas; Pekín como ciudad prohibida bajo el auspicio de Mao hasta la generación urbana del cine chino; la maravilla de Río de Janeiro, con su geografía exuberante o la sordidez de las favelas en las configuración fílmica brasileña; la Roma abierta y bella de Fellini o Sorrentino, glamurosa y evanescente como la Fontana di Trevi; San Francisco y sus arquetipos clásicos, el encanto hitchcockiano del Golden Gate o Chinatown; Sevilla, la ciudad de la luz idealizada que se tornó realista y tenebrosa con el thriller; la exótica Shanghai; Australia, ciudad de desiertos, selvas y grandes ríos; Tánger, siempre atractiva desde Casablanca; Tokio, ciudad de luz y sombra, donde se entrelazan campo y ciudad en la filmografía de Yasujiro Ozu; Venecia, ciudad del lujo y del amor, de la decadencia y la muerte; la Viena imprescindible de la decadencia y las emociones; o Washington D.C. monumental y desconocida a orillas del río Potomac.
Sin atender a un criterio cronológico sino más bien geográfico, Ciudades de cine repasa los principales hitos fílmicos de la ciudad que han configurado una imagen en el imaginario colectivo. Junto a la ciudad real mostrada en su contemporaneidad, el volumen atiende a la presencia de las ciudades de la Antigüedad (Alejandría, Roma o Cartago), los poblados fantasma del Oeste o las urbes imaginarias como La Comarca en la saga de El señor de los Anillos; la ciudad onírica de El viaje de Chihiro o el juego de espejos de El show de Truman, con la arquitectura real del pueblo posmoderno de Seaside en Florida para simular el decorado de Seaheaven. En síntesis, Ciudades de cine pone de relieve la diversidad y riqueza de formas de aparición de las ciudades en la pantalla, ahondando en la ciudad como representación, imagen y sueño de los anhelos del ser humano.


LÓPEZ LÓPEZ, Carmen María (2015): "Ciudades de cine" [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 7, núm. 1, pp. 115-119. En: http://www.ucm.es/info/angulo/volumen/Volumen07-1/resenas02.htm. ISSN: 1989-4015

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