PENSAMIENTOS DE KRISHNAMURTI


- Poemas de Juventud

- Sobre el Amor

- Sobre la Naturaleza y el Medio

- Sobre la Sociedad

- Sobre la Verdadera Negación

- Poemas de Juventud

- ¡Escuchad!

- La Vida es una. No tiene principio ni fin

- El origen y la meta viven en nuestro corazón

- Estáis aprisionadosen las tinieblas de su vasto precipicio.


1

La Vida no tiene credo ni creencia. No tiene patria ni santuario; no está limitada por

el nacimiento y la muerte ni es masculina ni femenina.


¿Podéis "sujetar las aguas en un delantal" o "aprisionar el viento en vuestro puño"?


Responde, ¡oh, amigo!


Bebe en la fuente de la Vida. Ven, yo te mostraré el camino.


El manto de la vida cubre todas las cosas.

2


En lo más secreto de los valles existe el gemido y el lamento. En las grandes avenidas de los hombres están las risas de las mutables tristezas. En los cantos melodiosos está la vacuidad del deseo colmado. Sobre la elevada montaña espera el silencio de la muerte.

Como las olas del mar, se suceden las acciones de los hombres, sólo para romperse sobre las playas de la gloria vana. El torbellino del amor joven crece triste en el lapso de un sólo día. El pensamiento conquista las grandes regiones del tiempo, y siempre vuelve al cautiverio de una mente engañadora.


¡Ay! e! deseo es tan joven como el primer rayo de aurora y triste como el cortejo que lleva al muerto a la tumba. Lucha, la persecución del placer fugaz. Trabajo, la torpe pena de la ambición fácil. Lucro, la reunión de los tesoros peculiares del rico. Dominio, el grito del juicio pervertido que ahoga el corazón del opresor. Codicia, la crueldad de la privación que pervierte el crecimiento de la vida.


3


¡Oh, amigo! Estoy anheloso de ti.


La larga carrera con el tiempo. La incesante danza con los vientos del espacio, el agobio de la pena de la soledad y el acopio de alegrías: han cesado, y yo te espero como los campos agostados esperan la llegada de lluvias.


El amor que corrompe la forma de sus encantos, las ofrendas para pacificar el secreto temor del pensamiento, las vanas esperanzas faltas de comprensión,

las visiones y sueños siempre en la imagen del hombre, la muerte que crea las tinieblas de la vida: han cesado, y yo te espero como el loto espera el frescor de la noche.


Escúchame, ¡oh, amigo! Te espero, como el nevado pico en un sosegado valle.

Del Boletin Internacional de la Estrella (1931-32)

Sobre el Amor

La niña que vivía al lado estaba enferma y había estado llorando a ratos todo el día, y hasta bien avanzada la noche. Esto continuaba desde cierto tiempo, y la pobre madre estaba agotada. Había en la ventana una plantita que ella solía regar todas las tardes, pero durante los últimos días esto se había descuidado. La madre estaba sola en la casa -excepto una sirvienta bastante inútil e ineficiente-, y ella parecía no saber qué hacer, porque era evidente que la enfermedad de la niña era grave. El médico había venido varias veces en su gran automóvil, y la madre se entristecía cada vez más.

Un árbol platanero en el jardín se regaba con el agua de la cocina, y el suelo en torno del tronco siempre estaba húmedo. Sus hojas eran de un verde oscuro, y había una muy grande, de dos o tres pies de ancho y mucho más larga, que hasta entonces no había sido rasgada por los vientos como las demás. Oscilaba muy suavemente con la brisa, y sólo la tocaba el sol por el oeste. Era algo maravilloso el ver las flores amarillas en círculos descendentes sobre un largo tallo inclinado hacia abajo. Estas flores serían pronto jóvenes plátanos y el tallo engrosaría mucho, porque podría haber docenas de plátanos, ricos, verdes y pesados. De vez en cuando, un brillante abejorro penetraba por entre las flores amarillas, y varias mariposas negras y blancas llegaban y revoloteaban en torno. Parecía haber gran abundancia de vida en aquel bananero, especialmente al darle el sol y con sus grandes hojas agitándose bajo la brisa. La niña solía jugar alrededor de él y era muy alegre y sonriente. A veces caminábamos juntos un corto trecho por la senda, mientras la madre vigilaba, y luego se volvía corriendo. No podíamos entendernos, porque nuestras palabras eran distintas pero eso no le impedía hablar; y así hablábamos.

Una tarde, la madre me llamó por señas para que entrara. La niña estaba en los huesos; sonreía débilmente y luego cerraba los ojos, completamente agotada.. Dormía por momentos. Por lo ventana abierta venia el ruido que hacían otros niños que gritaban y jugaban. La madre no podía hablar, y se le habían secado ya las lágrimas. No se sentaba, sino que permanecía en pie junto a la camita, y en el ambiente había desesperación y ansiedad. En aquel momento entró el médico, y me despedí, con una silenciosa promesa de volver.

El sol se ponía detrás de los árboles, y las enormes nubes sobre él tomaban un brillo dorado. Estaban los habituales cuervos, un papagayo llegó chillando y se aferró al borde de un agujero en un gran árbol muerto, con la cola apretada contra el tronco; vacilaba, al ver un ser humano tan cerca, pero un instante después desapareció por el agujero. Habla unos pocos campesinos en el camino, y pasó un auto, cargado de, cargado de jóvenes. Un ternerito de una semana de edad estaba atado a un poste de un alambrado, mientras la madre pastaba cerca. Por el camino bajaba una mujer con un muy bruñido recipiente de bronce sobre la cabeza, y otro apoyado en la cadera; llevaba agua del pozo. Solía pasar todas las tardes; y en aquel atardecer especialmente, frente al sol poniente, era la tierra misma en movimiento.

De la ciudad cercana habían llegado dos hombres jóvenes. El ómnibus los había traído hasta la parada, y ellos hablan venido andando el resto del camino. Trabajaban en una oficina, dijeron, y por eso no hablan podido llegar más temprano. Llevaban ropa limpia, que no se había ensuciado en el viejo ómnibus, y llegaron sonrientes, pero algo tímidos, en actitudes vacilantes y respetuosas. Una vez sentados, pronto olvidaron su timidez, pero aun no estaban muy seguros sobre la manera expresar en palabras lo que pensaban.

¿Qué clase de trabajo hacéis?

"Ambos estamos. empleados en la misma oficina; yo soy taquígrafo y mi amigo lleva las cuentas. Ninguno de nosotros ha ido al colegio, porque nuestros medios no lo permitían, y no somos casados. No recibimos mucha paga, pero como no tenemos responsabilidades de familia, nos basta para nuestras necesidades. Si alguno de los dos se casara, ya sería diferente"

"No somos muy cultos" -añadió el segundo- aunque leemos algo de literatura sería, nuestra lectura no es intensa. Pasamos mucho tiempo juntos, y en los días feriados volvemos a nuestras familias. En la oficina hay muy pocos que se interesen en cosas serías. Un amigo común nos trajo el otro día a oír una plática vuestra, y hemos preguntado si podíamos veros. ¿Puedo preguntaros una cosa, señor?"

Claro que si.

"¿Qué es el amor?"

¿Queréis una definición? ¿No sabéis lo que significa esa palabra?

«Hay tantas ideas sobre lo que debida ser el amor, que todo es un poco confuso"

-dijo el primero-.

¿Qué clase de ideas?

"Qué el amor no debe ser apasionado, sensual; que debe uno amar a su prójimo como a si mismo; que debe amar a sus padres, que el amor debe ser el amor impersonal de Dios, etc. Cada hombre da una opinión según su concepción."

Prescindiendo de las opiniones de otros, ¿qué creéis vosotros?¿Tenéis también opiniones sobre el amor?

"Es difícil expresar en palabras lo que uno siente" -replicó el segundo-. "Creo que el amor debe ser Universal;. uno tiene que amarlo todo, sin prejuicio. Es el prejuicio lo que destruye el amor; es la conciencia de clase la que crea barreras y divide a la gente. Los libros sagrados dicen que tenemos que amarnos unos a otros, y no ser personales ni limitádos en nuestro amor; pero a veces nos resulta esto muy difícil."

"Amar a Dios es amar a todos" -añadió el primero-. "Sólo existe el amor divino ; lo demás es carnal, personal. El amor físico impide el amor divino; y sin amor divino, todo otro amor es mero trueque o intercambio. El amor no es sensación. Hay que frenar la sensación sexual, disciplinarla; por eso estoy en contra del control de nacimientos. La pasión física es destructiva; por la castidad se va hacia Dios."

Antes de seguir adelante, ¿no creéis que deberemos descubrir si todas estas opiniones tienen alguna validez? ¿No vale tanto una opinión corno otra? Prescindiendo de quién es el que la tenga, ¿no es la opinión una forma de prejuicio, una tendencia creada por el temperamento propio, por la propia experiencia y por la forma en que por casualidad se nos ha educado?

"¿Creéis que es malo tener una opinión?" -preguntó el segundo-.

Decir que es malo o bueno sería meramente otra opinión ¿no? Pero si empezamos por observar y comprender cómo se forman las opiniones, entonces tal vez podamos percibir el significado efectivo de la opinión, el juicio, la conformidad.

"¿Tendréis la bondad de explicarlo?"

El pensamiento es resultado de la influencia ¿no es así? Vuestro pensar y vuestras opiniones están dictados por la forma en que se os ha educado. Decís: "esto está bien, esto está mal", según el patrón moral de vuestro particular condicionamiento, Por el momento no nos interesa lo que es la verdad más allá de toda influencia, o si existe tal verdad, Tratamos de ver el significado de las opiniones, de las creencias, tanto si son colectivas, como personales. La opinión, la creencia, la conformidad o disconformidad, son reacciones que está de acuerdo con el propio trasfondo, estrecho o amplio, ¿no es así?

"Sí, pero ¿está mal eso?"

Repito, si decís que está bien o mal, os mantenéis en el campo de las opiniones. La verdad no es cuestión opinión. Un hecho no depende de la conformidad o de la creencia. Vosotros y yo podemos convenir en llamar a este objeto "reloj", pero bajo cualquier otro nombre seguiría siendo lo que es. Vuestra creencia u opinión es algo que os ha dado la sociedad en que vivís. Al rebelaros contra ella, como una reacción, podéis formar una opinión distinta, otra creencia; pero continuáis en el mismo nivel, ¿verdad?

"Lo siento, señor, pero no comprendo adónde queréis llegar" -replicó el segundo-.

Tenéis ciertas ideas y opiniones sobre el amor ¿no es así?

"Sí."

"He leído lo que han dicho sobre el amor los santos y los grandes maestros religiosos, y, habiéndolo pensado, he llegado a mis propias conclusiones."

Que están determinadas por lo que os agrada o disgusta, ¿verdad? Os gusta o no os gusta lo que han dicho otros sobre el amor, y decidís qué afirmación es correcta y cuál es equivocada según vuestra propia predilección. ¿No es esto lo que hacéis?

"Escojo lo que considero que es verdadero."

¿En qué se basa vuestra elección?

"En mi propio conocimiento y discernimiento".

¿Qué entendéis por conocimiento? No trato de poneros tropiezos ni acorralaros, sino que procuramos juntos comprender por qué tenemos opiniones, ideas, conclusiones sobre el amor. Una vez que comprendamos esto, podremos penetrar mucho rnás hondamente en el asunto. ¿Qué entendéis, pues, por conocimiento?

" Por conocimiento entiendo lo que he aprendido de las enseñanzas de los libros sagrados."

"El conocimiento abarca también las técnicas de la ciencia moderna y toda la información acumulada por el hombre desde los tiempos antiguos hasta el momento presente" -añadió el otro-.

El conocimiento es pues un proceso de acumulación, ¿verdad? Es el cultivo de la memoria. El conocimiento que hemos acumulado como hombres de ciencia, músicos, tipógrafos, estudiosos, ingenieros, nos convierte en técnicos en los diversos departamentos de vida. Cuando. tenemos que construir un puente, pensamos como ingenieros, y este conocimiento forma parte de la tradición, es parte del trasfondo o condicionamiento que influye en todo nuestro pensar. El vivir, que incluye la capacidad de construir un puente, es acción total, no una actividad parcial, separada; y sin embargo, nuestro pensar sobre la vida, sobre el amor, es determinado por las opiniones, las conclusiones, la tradición. Si se os educase en una cultura que sostuviera que el amor es sólo físico y que el amor divino es todo un disparate, repetiríais de la misma manera lo que se os había enseñado ¿no es así?

"No siempre" -replicó el segundo-. "Reconozco que es raro, pero algunos de nosotros nos rebelamos y pensamos por nosotros mismos."

El pensamiento puede rebelarse contra la norma establecida, pero esta rebelión misma es generalmente producto de otra norma; la mente sigue presa en el proceso del conocimiento, de la tradición. Es como rebelarse dentro de los muros de una prisión para pedir más comodidad, mejor alimento, etcétera.

Vuestra mente está, pues, condicionada por las opiniones, la tradición, el conocimiento, y por vuestras ideas sobre el amor, que os hacen actuar de cierta manera. Eso es claro, ¿verdad?

Si queréis una definición podéis mirar cualquier diccionario; pero las palabras que definen el amor no son el amor ¿verdad? Bucear meramente una explicación de lo que es el amor, es estar aún atrapado en las palabras, las opiniones, que se aceptan o rechazan de acuerdo con vuestro condicionamiento.

"¿No estáis haciendo imposible averiguar qué es el amor?" preguntó el segundo.

¿Es posible averiguar a través de una serie de opiniones, conclusiones? Para indagar acertadamente, el pensamiento tiene que estar libre de la conclusión, de la seguridad del Conocimiento, de la tradición. La mente puede librarse de una serie de conclusiones, y formar otra, cosa que es también sólo una continuidad modificada de lo viejo.

Ahora bien, ¿no es el pensamiento mismo un movimiento de un resultado a otro, de una influencia a otra? ¿Veis lo que quiero decir?

"No estoy seguro", dijo el primero.

"No lo comprendo nada", dijo el segundo.

Tal vez lo entendáis a medida que avancemos. Voy a presentarlo así: ¿es el pensar un Instrumento de indagación? ¿Nos ayudará el Pensamiento a comprender qué es el amor?

"¿Cómo voy a descubrir qué es el amor si no se me permite pensar?", preguntó el segundo un poco bruscamente.

Por favor, tened un poco más de paciencia. Habéis pensado sobre el amor ¿no es así?

"Si, mi amigo y yo hemos pensado mucho sobre ello."

Si puedo preguntarlo, ¿qué queréis significar al decir que habéis pensado sobre el amor?

"Oue he leído sobre él, lo he discutido con mis amigos he sacado mis propias conclusiones."

¿Os ha ayudado eso a descubrir lo qué es el amor? ¿Habéis leído, habéis intercambiado opiniones, y habéis llegado a ciertas conclusiones sobre el amor, a todo lo cual se le llama pensar. Habéis descripto positiva o negativamente qué es el amor, a veces añadiendo y a veces quitando a lo que anteriormente habéis aprendido. ¿No es así?

"Sí, eso es exactamente lo que hemos estado haciendo, y nuestro pensar ha contribuido a clarificar nuestras mentes".'

¿Ha contribuido? ¿O es que os habéis atrincherado cada vez más en una opinión? Seguramente que lo que llamáis aclaración es el proceso de llegar a una definida conclusión verbal o. intelectual.

"Eso es; no estamos tan confusos como estábamos".

En otras palabras: algunas pocas ideas resaltan claramente en esta mezcla de enseñanzas y opiniones contradictorias sobre el amor, ¿no es eso?

"Sí; cuanto más hemos analizado toda esta cuestión de lo que es el amor, tanto más clara se ha vuelto."

¿Es el amor lo que se ha aclarado o lo que pensáis sobre él?

¿Vamos a indagar un poco más esto? Cierto ingenioso mecanismo se llama reloj, porque todos hemos convenido en utilizar esta palabra para indicar esa cosa determinada; pero la palabra 'reloj' no es evidentemente el mecanismo del mismo. De la misma manera, hay un sentimiento o un estado que todos hemos convenido en llamar amor; pero Ia palabra no es el sentimiento mismo, ¿verdad? Y la palabra amor significa muchísimas cosas diferentes. En cierto momento la utilizáis para describir un sentimiento sexual, en otro instante habláis de amor divino o impersonal, o bien afirmáis lo que debería o no debería ser el amor. Y así sucesivamente.

"Si se me permite interrumpir, señor ¿podría ser que todos estos sentimientos fueran simplemente formas variantes de la misma cosa?", preguntó el primero.

¿Que os parece a vos?

"No estoy seguro. Hay momentos en que el amor parece ser .una cosa, pero en otros instantes parece algo muy distinto. Todo eso es muy confuso, no sabe uno a qué atenerse".

Ahí está, precisamente. Queremos estar seguros del amor, clavarlo para que no se nos escape; llegamos a conclusiones, nos ponemos de acuerdo sobre ellas; lo llamamos por diversos nombres, con sus significados especiales; hablamos sobre "'mi amor", lo mismo que hablamos sobre 'mi propiedad', 'mi familia», "mi virtud', y esperamos guardarlo bien seguro, para poder atender a otras cosas y asegurarnos también de ellas. Pero de alguna manera siempre se nos escapan cuando menos lo esperamos.

"No sigo bien todo esto"; dijo el segundo, bastante perplejo.

Como hemos visto, el sentimiento mismo es diferente de lo que los libros dicen sobre él; el sentimiento no es la descripción, no es la palabra. Hasta aquí está claro ¿verdad?

"Si"'.

Ahora bien, ¿podéis separar el sentimiento de la palabra y de vuestros preconceptos sobre lo que debería y no debería ser?

"¿Qué queréis decir con 'separar'?", pregunto' el primero.

Existe el sentimiento, y la palabra o palabras que describen ese sentimiento, ya sea en forma aprobatoria o desaprobatoria. ¿Podéis separar el sentimiento de su descripción verbal? Es relativamente fácil separar una cosa objetiva, como este reloj, de la palabra que lo describe; pero, disociar el sentimiento mismo de la palabra "amor", con todas sus implicaciones, es mucho más arduo y requiere mucha atención.

"¿Para qué servirá eso", preguntó el segundo.

Siempre queremos conseguir un resultado a cambio de hacer algo. Este deseo de un resultado, que es otra forma de la busca de conclusión, impide comprender. Cuando preguntáis "¿para qué me servirá disociar el sentimiento de la palabra 'amor'?" estáis pensando en un resultado; por lo tanto, no estáis realmente inquiriendo para descubrir qué es ese sentimiento, ¿verdad?

"Quiero, si, descubrir, pero quiero también saber cuál es el resultado de disociar el sentimiento de la palabra. ¿No es esto perfectamente natural?"

Tal vez; pero si queréis comprender, tenéis que prestar atención, y no hay atención cuando una parte de vuestra mente interesa en resultados, y la otra en comprender. De este modo no conseguís ni una cosa ni la otra, y así os volvéis cada vez más confuso, amargado y desdichado. Si no disociamos la palabra -que es recuerdo y todas sus reacciones, del sentimiento, entonces la palabra o la memoria, es la ceniza sin el fuego. ¿No es esto lo que os ha pasado a los dos? Os habéis enmarañado en la red de las palabras, de las especulaciones, que se pierde el sentimiento mismo, lo único que tiene honda y vital importancia.

"Empiezo a ver lo que queréis decir" -dijo despacio el primero. "No somos sencillos; no descubrimos nada por nosotros mismos, sino que simplemente repetirnos lo que se nos ha dicho. Aun cuando nos rebelemos, formamos nuevas conclusiones, que de nuevo tienen que romperse. Realmente no sabemos qué es el amor, sino que meramente tenemos opiniones sobre él ¿Es eso?".

¿No lo creéis así vos mismo? Por cierto, para conocer el amor, la verdad, Dios, no tiene que haber opiniones, ni creencias, ni especulaciones, con respecto a ello. Si tenéis una opinión sobre un hecho, la opinión se vuelve lo importante, no el hecho. Si queréis conocer la verdad o la falsedad del hecho, entonces no debéis vivir en la palabra, en el intelecto. Podéis tener muchos conocimientos, información, sobre el hecho, pero el hecho mismo es enteramente distinto. Dejad de lado el libro, la descripción, la tradición, la autoridad, y emprended el viaje del autodescubrimiento. Amad, y no os enredéis en opiniones e ideas acerca de qué es el amor o qué debería ser. Cuando améis, todo saldrá bien. El amor tiene su propia acción. Amad, y conoceréis sus bendiciones. Manteneos apartados de la autoridad que os dice qué es y qué no es el amor. Ninguna autoridad lo sabe; y el que lo sabe no puede decirlo. Amad, y habrá comprensión.

Comentarios sobre el Vivir. 3ª serie. Editorial Kier.

Sobre la Naturaleza y el Medio

Habiendo perdido el contacto con la naturaleza, tendemos naturalmente a desarrollar capacidades intelectuales. Leemos muchísimos libros, asistimos a innumerables museos y conciertos, mirarnos televisión y tenemos muchos otros entretenimientos. Citamos interminablemente las ideas de otras personas y pensamos y hablamos extensamente acerca del arte. ¿Por qué dependemos tanto del arte? ¿Es una forma de escape, de estimulación? Si estuvieran directamente en contacto con la naturaleza, si observaran el movimiento de un pájaro cuando vuela, si vieran la belleza de cada movimiento del cielo, las sombras de las colinas o la belleza en el rostro de otra persona, ¿piensan que querrían ir a un museo para mirar algún cuadro? Tal vez sea a causa de que no saben cómo mirar todas las cosas que los rodean, que recurren a alguna forma de droga, a fin de estimularse para ver mejor.

Hay una historia acerca de un maestro religioso que acostumbraba hablar todas las mañanas a sus discípulos. Una mañana subió al estrado y estaba a punto de comenzar, cuando un pajarito vino a posarse en el alféizar de la ventana y empezó a cantar; cantó sin cesar y a pleno corazón. Cuando terminó y se fue volando, el maestro dijo:

"El sermón de esta mañana ha terminado".

Me parece que una de nuestras mayores dificultades es ver por nosotros mismos con verdadera claridad, no sólo las cosas exteriores sino nuestra vida interna. Cuando decimos que vemos un árbol o una flor o una persona ¿las vemos realmente? ¿O vemos meramente la imagen que la palabra ha creado? O sea: cuando ustedes miran un árbol o una nube en un atardecer pleno de luz y encanto, ¿ven realmente ese árbol, esa nube, los ven no sólo con los ojos o el intelecto sino de manera completa total?

¿Han probado alguna vez mirar una cosa objetiva como un árbol, sin ninguna de las asociaciones, sin ninguno de los conocimientos que han adquirido acerca de él, sin ningún prejuicio, sin ningún juicio, sin palabras que formen una pantalla entre ustedes y el árbol, pantalla que les impide verlo tal como es verdaderamente? Traten de hacerlo y vean qué es lo que realmente ocurre cuando observan el árbol con todo su ser, con la totalidad de su energía. En esa intensidad encontrarán que no hay observador en absoluto, que sólo hay atención. El observador y lo observado existen cuando hay inatención. Si miran algo con atención completa, no hay espacio para un concepto, una fórmula o un recuerdo. Es importante comprender esto, porque vamos a examinar algo que requiere una investigación muy cuidadosa.

Sólo una mente que mira un árbol o las estrellas o las centelleantes aguas de un río con una completa entrega de sí misma sabe qué es la belleza; y cuando vemos de verdad, nos hallamos en un estado de amor. Por lo general, conocemos la belleza mediante la comparación o por intermedio de lo que el hombre ha producido, lo cual implica que atribuimos la belleza a algún objeto. Veo lo que considero que es un bello edificio, y aprecio esa belleza a causa de mi conocimiento de la arquitectura o comparando este edificio con otros que he visto. Pero ahora me pregunto: "¿Existe una belleza sin el objeto?". Cuando hay un observador, que es el censor, el experimentador, el pensador, no hay belleza, porque entonces la belleza es algo externo, algo que el observador mira y juzga. Pero cuando no hay observador -y esto exige muchísima meditación e investigación-, entonces existe la belleza sin el objeto.

La belleza está en el total abandono del observador y lo observado, y ese abandono de uno mismo sólo es posible cuando hay total austeridad, no la austeridad del sacerdote con su dureza, sus sanciones, sus reglas y su obediencia, no la austeridad en las ropas, en las ideas, en la comida y en la conducta, sino la austeridad de la total sencillez, que es completa humildad. Entonces no hay nada que lograr, no hay escalera para subir por ella; sólo existe el primer paso, y el primer paso es el paso para siempre.

Digamos que uno está caminando a solas o con alguien y que ha dejado de hablar. Se halla rodeado por la naturaleza; no ladra ningún perro, no se oye el ruido de ningún automóvil que pase, ni siquiera el aleteo de un pájaro. Uno está completamente callado y la naturaleza que lo rodea también está totalmente silenciosa. En ese estado de silencio, tanto en el observador como en lo observado -cuando el observador no traduce en pensamientos lo que observa-, en ese silencio hay una calidad de belleza diferente. No hay naturaleza sin observador. Hay un estado de la mente que es de total, completa soledad; la mente está sola, no aislada, sino quieta, en silencio, y ese silencio, esa quietud, es belleza. Cuando ustedes aman, ¿hay un observador? El observador existe solamente cuando hay deseo y placer. Cuando el deseo y el placer no están asociados con el amor, entonces el amor es intenso. Igual que la belleza, es algo totalmente nuevo cada día. Como he dicho, no tiene ni ayer ni mañana.

Sólo cuando miramos sin ninguna idea preconcebida, sin ninguna imagen, podemos estar en contacto directo con algo en la vida. Todas nuestras relaciones son en realidad imaginarias, o sea, que se basan en una imagen formada por el pensamiento. Si tengo una imagen de otro y el otro tiene una imagen de mí, es obvio que no vemos el uno al otro en absoluto tal como somos realmente. Lo que vemos son las imágenes mutuas que nos hemos formado, las cuales nos impiden estar en contacto, y por eso nuestras relaciones no andan bien.

Cuando digo que lo conozco quiero decir que lo conocí ayer. No sé lo que usted es hoy. Todo lo que conozco es mi imagen de usted. Esa imagen está formada por lo que usted ha dicho para elogiarme o para insultarme, por lo que usted me ha hecho; está formada por todos lo recuerdos que tengo de usted. Y la imagen que usted tiene de mí se ha formado del mismo modo; son esas imágenes las que se relacionan y eso es lo que nos impide comunicarnos realmente el uno con el otro.

Dos personas que han vivido juntas durante un largo tiempo, tienen la una de la otra una imagen que les impide estar realmente relacionadas. Si comprendemos la relación, podemos cooperar, pero la cooperación no puede existir a base de imágenes, de símbolos, de conceptos ideológicos. Sólo cuando comprendemos la verdadera relación entre nosotros, hay una posibilidad de amor pero negamos el amor cuando tenemos imágenes. Por lo tanto, es esencial comprender, no intelectualmente sino de hecho, cómo en nuestra vida cotidiana hemos elaborado imágenes acerca de nuestra esposa, nuestro marido, nuestro vecino, nuestros hijos, nuestro país, nuestros líderes, nuestros políticos, nuestros dioses; no tenemos otra cosa sino imágenes.

Estas imágenes crean el espacio entre uno mismo y lo que uno observa, y en ese espacio hay conflicto. Vamos a averiguar juntos si es posible estar libre del espacio que creamos no sólo exteriormente sino dentro de nosotros mismos, el espacio que divide a la gente en todas su relaciones.

Ahora bien, la atención misma que ustedes conceden a un problema es la energía que resuelve ese problema. Cuando le prestan atención completa -quiero decir cor todo el ser-, no hay observador en absoluto. Sólo hay un estado de atención que es energía total, y esa energía total es la suprema forma de inteligencia. Naturalmente, ese estado mental debe ser de completo silencio, y ese silencio, esa quietud, que nos es la quietud de la disciplina, adviene cuando hay atención total. Ese silencio total en el que no existen ni el observador ni lo observado, es la más elevada expresión de la mente religiosa. Pero lo que ocurre en ese estado no puede ser puesto en palabras, porque lo que se expresa en palabras no es el hecho. Para descubrir ese hecho por nosotros mismos, tenemos que experimentarlo.

Cada problema está relacionado con todos los demás problemas, de modo que si podemos resolver por completo un problema -no importa cuál- veremos que somos capaces de afrontar fácilmente todos los otros problemas y de resolverlos. Hablamos, por supuesto, de problemas psicológicos. Ya hemos visto que un problema sólo existe en el tiempo, es decir, cuando afrontamos la cuestión de una manera incompleta. Por lo tanto, no sólo hemos de percibir claramente la naturaleza y estructura del problema y verlo en su totalidad, sino que debemos abordarlo apenas surge y resolverlo de inmediato a fin de que no eche raíces en la mente. Si permitimos que un problema perdure por un mes o por un sólo día, aun por unos cuantos minutos, el problema generará distorsión en la mente. ¿Es posible, entonces, abordar un problema de manera inmediata, sin distorsión alguna, y estar instantánea y completamente libres de él, sin permitir que subsista un solo recuerdo, un solo rasguño en la mente? Estos recuerdos son las imágenes que llevamos con nosotros a todas partes, y estas imágenes son las que se enfrentan a esta cosa extraordinaria que llamamos vida; por lo tanto, hay una contradicción y, en consecuencia, conflicto. La vida es muy real, no es una abstracción, y cuando la abordamos con imágenes hay problemas.

¿Es posible afrontar cada problema sin este intervalo de espacio-tiempo, sin la brecha entre uno mismo y la cosa que uno tiene? Es posible sólo cuando el observador no tiene continuidad, el observador que es el constructor de la imagen, el observador que es una colección de recuerdos e ideas, un manojo de abstracciones.

Cuando uno mira las estrellas, ahí está el "uno" que mira las estrellas en el cielo; el cielo está colmado de brillantes estrellas, el aire es fresco, y ahí está "uno", el observador, el experimentador, el pensador con su corazón adolorido, ahí está uno, el centro, creando espacio. Nunca entenderemos esto del espacio entre uno mismo y las estrellas, entre uno mismo y la esposa, el esposo o el amigo, porque jamás hemos mirado sin la imagen, y por eso no sabemos qué es la belleza, qué es el amor. Hablamos y escribimos al respecto, pero jamás lo hemos conocido excepto, quizás, en raros instantes de total olvido de nosotros mismos. De modo que mientras existe un centro creando espacio a su alrededor, no hay amor ni belleza. Cuando no existen ni centro ni circunferencia, entonces hay amor. Y cuando amamos, somos belleza.

Cuando miramos un rostro que tenemos frente a nosotros, estamos mirando desde un centro, y el centro crea el espacio entre persona y persona; por eso nuestras vidas son tan vacías e insensibles. No es posible cultivar el amor o la belleza, ni inventar la verdad, pero si estamos todo el tiempo atentos a lo que hacemos, podemos cultivar la percepción alerta. Y desde esa percepción alerta comenzaremos a ver la naturaleza del placer, del deseo y del dolor, y la completa soledad y el hastío del hombre; entonces comenzaremos a dar con esa cosa llamada "el espacio".

Cuando haya espacio entre nosotros y el objeto que estamos observando, sabremos que no hay amor; y sin amor, por mucho que tratemos de reformar al mundo o de producir un nuevo orden social, por mucho que hablemos de mejoras, sólo crearemos dolor. De modo que ello depende de ustedes. No hay líder, no hay maestro, no hay nadie que les diga lo que deben hacer. Están solos en este mundo demente y brutal.

La Naturaleza y el Medio. Editorial Planeta de Buenos Aires

Sobre la Sociedad

SENTADO EN LA PLAYA, mientras uno observa a las personas que pasan, dos o tres parejas y una mujer sola, parece que toda la naturaleza, todo lo que a uno lo rodea, desde el profundo mar azul a aquellas altas montañas rocosas, también está observando. Estamos observando, sin aguardar nada, sin esperar que algo ocurra, sino solo observando sin fin. En esa observación hay un aprender, no la acumulación de conocimientos mediante al aprendizaje que es casi mecánico, sino una observación atenta nunca superficial sino profunda, viva y afectuosa; entonces no existe ahí un observador. Cuando hay un observador, éste es meramente el pasado que observa, y eso no es un observar sino sólo un recordar; es, más bien, una cosa muerta. La observación es algo tremendamente vital, un vacío de instante en instante. Esos pequeños cangrejos y esas gaviotas y todos esos pájaros que pasan volando, observan. Están vigilando a la presa, al pez, a algo para alimentarse; ellos también observan. Pasa alguien muy cerca de uno y desea saber qué estamos observando, Nada, y en esa nada está todo.

El otro día vino a vernos un hombre que había viajado muchísimo, que había visto muchísimo y escrito una que otra cosa; era un hombre algo viejo, con una barba bien cuidada; se hallaba decentemente vestido, sin el desaliño de la vulgaridad. Cuidaba sus zapatos, sus ropas. Aunque era extranjero hablaba un inglés excelente. Y le dijo al hombre que estaba sentado en la playa observando, que había hablado con muchísima gente, que había discutido con algunos profesores y estudiosos, y que mientras estuvo en la India había conversado con unos cuantos pundits. Y la mayoría de ellos, según dijo al parecer no se interesaba en la sociedad, no se comprometía a fondo con ninguna reforma social ni con la presente crisis bélica. A él sí le interesaba profundamente la sociedad en la que estábamos viviendo, aunque no era un reformador social. No estaba muy seguro de que la sociedad pudiera cambiar, de que uno pudiera hacer algo al respecto. Pero veía lo que la sociedad era: la inmensa corrupción, el absurdo de los políticos, la mezquindad, la vanidad y la brutalidad que se difunden por todas partes del mundo.

Dijo: "¿Qué podemos hacer con respecto a esta sociedad? No pequeñas reformas insignificantes aquí y allá cambiar un Presidente por otro, o un Primer Ministro por otro, son todos más o menos de la misma progenie, no pueden hacer mucho porque representan la mediocridad o tal vez menos aún que eso: la vulgaridad; desean alardear, jamás harán nada. Procambiar un Presidente por otro, o un Primer Ministro por otro, son todos más o menos de la misma progenie, no pueden hacer mucho porque representan la mediocridad o tal vez menos aún que eso: la vulgaridad; desean alardear, jamás harán nada. Producirán reformas mínimas aquí y allá, pero la sociedad proseguirá su curso a pesar de ellas". El había observado las diversas sociedades culturas y había advertido que no son muy diferentes en lo fundamental. Parecía s

No es posible cambiar a la sociedad a menos que cambie el hombre. El hombre -uno mismo y los demás-ha creado estas sociedades por generaciones y generaciones; todos hemos creado estas sociedades desde nuestra mezquindad, desde nuestra codicia, nuestra envidia nuestra brutalidad, nuestra estrechez de miras, nuestra competencia, nuestra violencia y demás. Somos los responsables de la mediocridad, de la estupidez, de la vulgaridad, de toda la insensatez tribal y del sectarismo religioso. A menos que cada uno de nosotros cambie radicalmente, la sociedad jamás cambiará. Está ahí, lo hemos hecho nosotros y después ella nos hace ser lo que somos. Nos moldea tal como la hemos moldeado. No encaja en un patrón y el patrón la introduce en una estructura; esa estructura es la sociedad.

Y así es como esta acción prosigue interminablemente, como el mar con la marea que se aleja y después regresa, a veces muy, muy lentamente, y otras rápidamente peligrosamente. Va y viene: acción, reacción, acción. Tal parece ser la naturaleza de este movimiento, a menos que dentro de nosotros exista un orden profundo. Ese orden mismo producirá orden en la sociedad, no mediante la legislación, los gobiernos y todo eso, aunque mientras haya desorden y confusión, proseguirán la autoridad las leyes que son creadas por nuestro propio desorden. La ley es una hechura del hombre, un producto del hombre tal como lo es la sociedad.

De modo que lo interno, la psique, crea lo externo conforme a su limitación; y lo externo controla entonces lo interno y lo moldea. Los comunistas han pensado, probablemente siguen pensándolo, que controlando lo externo, elaborando ciertas leyes, regulaciones, instituciones, ciertas formas de tiranía, pueden cambiar al hombre. Pero hasta ahora no han conseguido su propósito y jamás o conseguirán. Esta es, asimismo, la actividad de los socialistas. Los capitalistas lo hacen de un modo diferente, pero es la misma cosa. Lo interno domina siempre lo externo, porque lo interno es más fuerte, mucho más vital que lo externo.

¿Puede este movimiento detenerse alguna vez? Lo interno que crea al medio psicológico externo, y lo externo, las leyes, las instituciones, las organizaciones que tratan de moldear al hombre, de moldear su cerebro para que actúe en cierta dirección; y el cerebro, lo interno, psique, que se modifica entonces eludiendo lo externo Este movimiento ha proseguido durante todo el tiempo que el hombre ha estado sobre esta Tierra, ha proseguido crudamente, superficialmente, a veces brillantemente siempre lo interno dominando a lo externo, como el mar con sus mareas que van y vienen. Uno debería realmente preguntar si este movimiento puede detenerse alguna vez, este movimiento de acción y reacción, de odio y más odio, de violencia y más violencia. El movimiento cesa cuando sólo existe el observar, un observar sin motivo sin reacción ni dirección alguna.

La dirección aparece cuando hay acumulación. Pero la observación, en la que hay atención, percepción directa y un gran sentido de compasión, tiene su propia inteligencia. Esta observación y la inteligencia actúan. Y esa acción no es un flujo y reflujo. Pero esto exige una gran estado de alerta, requiere que las cosas se vean sin palabra, sin el nombre, sin reacción alguna; en ese observar hay una gran vitalidad, una gran pasión.

Ultimo Diario de Krishnamurti


Sobre la Verdadera Negación

MAESTRO: En una de sus pláticas a los niños usted dijo que cuando surge un problema uno debe resolverlo de inmediato. ¿Cómo ha de hacerse eso?

KRISHNAMURTI: Para resolver un problema inmediatamente, usted tiene que comprender el problema. ¿Es la comprensión de un problema una cuestión de tiempo o es cosa de percepción intensa, de intensidad en el ver? Digamos que yo tengo un problema, que soy vanidoso. Es un problema para mí en el sentido de que crea un con flicto, una contradicción dentro de mí. Es verdad que soy vanidoso y también es cierto que no quiero serlo. Primeramente debo entender el hecho de que soy vanidoso. Tengo que vivir con ese hecho. Debo no sólo estar intensamente atento al hecho, sino comprenderlo en su totalidad. Ahora bien, ¿es una cuestión de tiempo la comprensión? Puedo ver el hecho de inmediato, ¿verdad? Y la instantaneidad de la percepción. de ver, disuelve el hecho. Cuando veo una cobra, hay acción instantánea. Pero no veo la vanidad del mismo modo. Cuando veo la vanidad, o bien me gusta y por lo tanto continúo con ella, o no la quiero porque genera conflicto. Si no genera conflicto, no hay problema.

La percepción y la comprensión no pertenecen al tiempo. La percepción es cuestión de intensidad en el ver, un ver que es total. ¿Cuál es la naturaleza de ese ver algo totalmente? ¿Qué es lo que a uno le da la capacidad, la energía, la vitalidad, el impulso de encarar algo de inmediato, con toda su energía no dividida? En el momento que uno ha dividido la energía, surge el conflicto y, por lo tanto, no existe el ver, no existe la percepción de algo en su totalidad. Ahora bien, ¿qué es lo que le da la energía para hacerlo saltar cuando ve una cobra? ¿Cuáles son los mecanismos que hacen que todo el ser, orgánico y psicológico, salte sin vacilación alguna, de manera que la reacción sea inmediata? ¿Qué es lo que ha intervenido en esta inmediatez? Han intervenido varias cosas en esa acción inmediata: miedo, protección natural, los cuales deben estar presentes, el conocimiento de que la cobra es mortífera.

Ahora bien, ¿por qué no tenemos la misma acción enérgica con respecto a la disolución de la vanidad? Estoy tomando la vanidad como un ejemplo. Existen diversas causas que han contribuido a mi falta de energía. Me gusta la vanidad, el mundo se basa en ella, es el fundamento del modelo de comportamiento Social, me proporciona cierta sensación de vitalidad, cierta cualidad de dignidad, de superioridad, la impresión de que soy un poco mejor que otros. Todo esto obstruye esa energía que se necesita para disolver la vanidad. Entonces, o bien analizo todas las causas que han obstaculizado mi acción, impidiéndome disponer de la energía para encarar la vanidad, o veo el hecho de inmediato. El análisis es un proceso de tiempo, un proceso de postergación. Mientras estoy analizando, la vanidad continúa y el tiempo no va a terminar con ella. De esta manera, tengo que ver la vanidad en su totalidad, pero carezco de la energía necesaria para ver. Ahora bien, reunir la energía disipada requiere que lo haga no sólo cuando me estoy enfrentando a un problema como la vanidad, sino que debo estar acumulando energía todo el tiempo, incluso cuando no hay ningún problema. Nosotros no tenemos problemas permanentemente. Hay momentos en que no tenemos ninguno. Si en esos momentos acumulamos energía - acumular en el sentido de estar despiertos-, entonces, cuando surgeel problema, podemos hacerle frente sin pasar por el proceso del análisis.

MAESTRO: Existe otra dificultad. Cuando no hay problemas ni estamos acumulando esta energía, tiene lugar cierta forma de actividad mental.

KRISHNAMURTI: Hay un desgaste de energía en la mera repetición, en reaccionar a la memoria, a la experiencia. Si observa su propia mente, verá que un suceso placentero se repite una y otra vez. Usted quiere regresar a él, quiere pensar en él, y por lo tanto el suceso adquiere cierto ímpetu. Cuando la mente está alerta, no hay disipación. ¿Es posible dejar que ese ímpetu, que ese pensamiento florezca? Esto implica no decir nunca «esto está bien o está mal», sino vivir el pensamiento hasta el final, sentir que el pensamiento puede florecer de manera que se termine por sí mismo.


¿Deberíamos abordar el problema de otro modo? Hemos estado hablando de crear una generación con una nueva cualidad de la mente. ¿Cómo lo haremos? Si yo fuera maestro aquí, éste sería mi interés fundamental, y es obvio que un buen educador lleva este interés en el corazón: producir una mente nueva, una nueva sensibilidad, un nuevo sentir hacia los árboles, el cielo, el firmamento, los ríos, crear una conciencia nueva, no la vieja conciencia refundida en un nuevo molde. Me refiero a una mente completamente nueva, no contaminada por el pasado. Si ése es mi interés, ¿cómo lo llevo a cabo?


En primer lugar, ¿se puede producir una mente nueva de tal naturaleza? No una mente que sea una continuación del pasado en un nuevo molde, sino una mente no contaminada. ¿Es eso factible, o debe el pasado continuar en el presente para ser modificado y puesto en un nuevo molde? En cuyo caso no hay nueva generación: es la vieja generación que se repite en una forma nueva. Yo creo que es posible crear una generación nueva. Y pregunto: ¿Cómo he de hacer, no sólo para experimentar esto en mí mismo, sino para expresárselo al estudiante?


Si yo veo algo experimentalmente en mí, no puedo dejar de expresárselo al estudiante. Indudablemente, no es una cuestión de yo y el otro, sino algo compartido, ¿ verdad? ¿Cómo he de producir, entonces, una mente que no esté contaminada? Usted y yo no somos recién nacidos, hemos sido contaminados por la sociedad, por el hinduismo, por la educación, por la familia, la sociedad, los periódicos. ¿Cómo nos abrimos paso a través de la contaminación? ¿Digo que ésta forma parte de mi existencia y la acepto? ¿Qué hago, señor? Aquí tenemos un problema: nuestras mentes están contaminadas. Para los de mayor edad es más difícil abrirse paso. Usted es comparativa-mente joven y el problema es descontaminar la mente. ¿Cómo ha de hacerse?

O bien es posible o no lo es. Entonces, ¿cómo ha de descubrir uno si lo es o no? Me gustaría que se metiera de lleno en esto.

¿Sabe lo que significa la palabra «negación»? ¿Qué significa negar el pasado, negar que uno es hindú? ¿Qué entiende usted por la palabra «negar»? ¿Ha negado algo alguna vez? Existe una negación verdadera y una falsa negación. La negación que obedece a un motivo es una negación falsa. Negar con un propósito, con una intención, negar con un ojo puesto en el futuro no es negar. Si yo niego algo con el fin de conseguir otra cosa, eso no es negación. Pero existe una negación que no obedece a un motivo. Cuando niego sin saber qué es lo que me depara el futuro, ésa es la verdadera negación. Niego ser hindú, niego pertenecer a organización alguna, niego cualquier credo particular, y en esa misma negación me vuelvo completamente inseguro. ¿Conoce usted una negación semejante, ha negado algo alguna vez? ¿Puede negar de este modo el pasado, negar sin saber lo que el futuro le depara? ¿Puede negar lo conocido?

MAESTRO: Cuando niego algo, digamos el hinduismo, hay una comprensión simultánea de lo que es el hinduismo.

KRISHNAMURTI: Lo que discutíamos es la posibilidad de producir una mente nueva. Una mente que está contaminada no puede ser nueva. Así que estamos hablando de la descontaminación y si ésta es posible. Y en relación con eso comencé por preguntar quées lo que usted entiende por negación, porque me parece que la negación tiene muchísimo que ver con esto. La negación tiene que ver con una mente nueva. Si yo niego limpiamente, sin raíces, sin motivos, ésa es la negación real. Ahora bien, ¿es posible? Mire, si yo no niego por completo la sociedad en la que ¿están incluidas la política, la economía, las relaciones sociales, la ambición, la codicia, si no niego todo eso por completo, es imposible descubrir qué significa tener una mente nueva. Por lo tanto, el primer paso en asentar los cimientos consiste en negar las cosas que he conocido. ¿Es eso posible? Es obvio que las drogas no van a producir una mente nueva: nada la producirá, excepto una negación total del pasado. ¿Es eso posible? ¿Que dice usted? Y si he respirado el perfume, si he visto, si he gustado una negación de tal naturaleza, ¿cómo haré para comunicársela al estudiante? Él debe tener lo conocido en abundancia: matemáticas, geografía, histeria, y, no obstante, debe estar plena e inexorablemente libre de lo conocido.

MAESTRO: Señor, todas las sensaciones dejan un residuo, una perturbación que conduce a diversos tipo de conflicto y otras formas de actividad mental. El enfoque religioso tradicional consiste en renunciar a estas sensa ciones mediante la disciplina y la negación. Pero en lo que usted dice parece haber una receptividad elevada con respecto a tales sensaciones, de modo que las sensaciones se perciben sin distorsión alguna y sin residuo.

KRISHNAMURTI: Ésa es la cuestión. Sensibilidad y sensación son dos cosas diferentes. Una mente que es esclava del pensamiento, de la sensación, de los sentimientos, es una mente residual. Goza con los residuos, disfruta pensando en el mundo placentero y cada pensamiento deja una huella, que es el residuo. Cada pensamiento sobre un determinado placer que usted ha experimentado deja una marca que contribuye a la insensibilidad. Es obvio que eso entorpece la mente; la disciplina, el control y la represión la embotan todavía más. Yo digo que la sensibilidad no es sensación, que la sensibilidad significa que no hay marcas, que no hay residuos. ¿Cuál es, entonces, la cuestión?

MAESTRO: ¿La negación de que usted habla es diferente de la que consiste en restringir las sensaciones?

KRISHNAMURTI:¿Cómo ve usted esas flores, cómo ve su belleza y es completamente sensible a ellas de modo que no haya residuos, ni recuerdos, para que cuando vuelva a verlas una hora más tarde, usted vea una nueva flor? Eso no es posible si la ve como una sensación y asocia esa sensación con las flores, con el placer El modo tradicional es excluir por completo lo placentero porque tales asociaciones despiertan otras formas de placer; por eso usted se disciplina para no mirar. Extirpar la sensación con un bisturí es algo inmaduro. ¿Cómo han de hacer entonces la mente y los ojos para ver el extraordinario color sin que deje marca alguna?

Yo no estoy pidiendo un método. ¿Cómo surge ese estado? De otro modo no podemos ser sensibles. Es como una placa fotográfica que recibe impresiones y se renueva a sí misma. Es expuesta y, sin embargo, se vuelve negativa para la siguiente impresión. Así, todo el tiempo, la mente se está purificando de cada placer. ¿Es eso posible o en lugar de tratar con hechos estamos jugando con las palabras?


El hecho que veo claramente es que cada sensibilidad residual, cada sensación embota la mente. Niego ese hecho, pero no sé qué significa ser tan extraordinaria-mente sensible que las experiencias no dejen huella y, no obstante, vea esa flor con plenitud, con tremenda intensidad. Veo como un hecho innegable que cada sensación, cada sentimiento, cada pensamiento deja una huella, moldea la mente, y que esas impresiones no pueden en modo alguno producir una mente nueva. Veo que tener una mente con huellas implica muerte, de modo que niego la muerte. Pero no conozco lo otro. También veo que una buena mente es sensible, sin el residuo de la experiencia. Experimenta, pero la experiencia no deja secuelas de las que extraiga más experiencias, más conclusiones, más muerte.


Niego lo uno y desconozco lo otro. ¿Cómo va a tener lugar esta transición de la negación de lo conocido a lo desconocido?


¿Cómo niega uno? ¿Niega uno lo conocido, no en grandes sucesos dramáticos, sino en los pequeños acontecimientos? ¿Niego cuando me estoy afeitando y recuerdo lo bien que lo pasé en Suiza? ¿Niega uno el recuerdo de un rato agradable? ¿Se da uno cuenta de ello y lo niega? Eso no es dramático, no es espectacular, no se entera nadie. Y, sin embargo, esta constante negación de las cosas pequeñas, estas pequeñas eliminaciones, las pequeñas borraduras, y no sólo una impresionante gran limpieza, son esenciales. Es esencial negar el pensamiento como recuerdo, agradable o desagradable, cada minuto del día y a medida que va surgiendo. Uno hace esto sin ningún motivo, no lo hace con el fin de entrar en el extraordinario estado de lo desconocido. Usted vive en el Valle de Rishi y piensa en Bombay o Roma. Esto crea conflicto, embota la mente, la divide ¿Puede verlo y descartarlo'.? ¿Puede seguir descartándolo, no porque desee entrar en lo desconocido? Usted nunca puede saber lo que es lo desconocido, porque en el momento en que lo reconoce como lo desconocido se encuentra nuevamente en lo conocido. El proceso de reconocimiento es un proceso por el cual lo conocido continúa. Como no sé qué es lo desconocido, sólo puedo hacer lo siguiente: ir desprendiéndome del pensamiento conforme va surgiendo. Usted ve esa flor, la siente, ve su belleza, su intensidad, su extraordinaria brillantez. Después va usted al cuarto en que vive, que es feo, no está bien proporcionado. Usted vive en ese cuarto pero tiene cierta sensación de belleza y comienza a pensar en la flor; entonces atrapa el pensamiento conforme surge y lo borra. Ahora bien, ¿a qué profundidad descarta usted, desde que profundidad niega la flor, niega a su esposa, a sus dioses, su vida económica? Usted tiene que vivir con su mujer, con sus hijos, con esta horrible y monstruosa sociedad. No puede apartarse de la vida. Pero cuando niega por completo el pensamiento, el dolor y el placer, su relación es diferente. De modo que debe haber una negación total, no parcial, no un conservar las cosas que le agradan y negar las que no le agradan. Bien, ¿cómo le transmite usted al estudiante lo que ha comprendido?

MAESTRO: Usted ha dicho que en el enseñar y el aprender existe un estado de intensidad en el cual uno no dice «yo le estoy enseñando algo». Ahora bien, ¿este constante borrar las huellas del pensamiento tiene algo que ver con la intensidad del estado de enseñar-aprender?

KRISHNAMURTI: Evidentemente. Mire, yo siento que el enseñar y el aprender son lo mismo. ¿Qué es lo que tiene lugar aquí? Yo no le estoy enseñando, no soy su maestro o autoridad. Simplemente exploro y le comunico mi exploración. Usted puede tomarlo o dejarlo. La posición es la misma con respecto a los estudiantes.


MAESTRO:¿Qué es entonces lo que tiene que hacer el profesor?

KRISHNAMURTI: Usted sólo puede descubrirlo cuando está negando constantemente. ¿Lo ha intentado alguna vez? Es como si no pudiera dormirse ni un solo minuto durante el día.

MAESTRO: Eso no sólo requiere energía, sino que también libera una gran cantidad de energía

KRISHNAMURTI: Pero primero debe usted tener la energía para negar.

Sobre la educación. De la última obra editada por Editorial Edaf

(Madrid, España), titulada ANTOLOGÍA BÁSICA. 1997.