BYBLOS
Revista de Historiografía Histórico-Jurídica
ISSN 1885-3129


Los familiares de la Inquisición española
Gonzalo Cerrillo Cruz
Junta de Castilla y León, Valladolid, 2000, 273 págs.


Es un hecho habitual que quien defiende su tesis doctoral se apresure a publicarla, a veces sin tiempo para cumplir el compromiso asumido ante el tribunal que la juzga de tener en cuenta las observaciones o críticas formuladas en el acto de la lectura. Está claro que en estos casos la tesis constituye un trámite necesario e inevitable ¾ una carga¾ para rellenar un curriculum y aportar unos requisitos imprescindibles en una carrera docente.

No es éste el caso de Gonzalo Cerrillo, que eligió investigar un determinado tema porque la investigación le atraía y porque el tema le interesaba, sin otras pretensiones que las de satisfacer una apetencia, enfrentarse con un reto y descubrir, como si de una fórmula de ocio se tratara, el placer de conocer a fondo una cuestión que otros habían dejado de lado, considerando tal vez que lo que se había escrito sobre ella era suficiente, aunque eso que se había escrito y dicho no fuese más que un conjunto de impresiones o de errores.

Dicho asunto no era otro que el que giraba en torno a los llamados "familiares" de la Inquisición, tópicamente denominados "los ojos y los oídos del Santo Oficio", términos que habían inducido a considerarlos de entrada como la red de soplones de los que se valía la Inquisición para llegar a cada rincón y a cada sujeto.

El autor del libro que comento hizo su tesis doctoral sobre estos personajes que constituyeron un modesto -a veces no tanto- aunque nutrido escalón en el organigrama del Santo Oficio, y la hizo sin las premuras de una posterior incorporación al estamento docente. Así, con tiempo por delante, y tal vez utilizando la investigación como un saludable cambio de paisaje ¾ no sé si podría decirse que como una evasión¾ respecto de su trabajo profesional, que corresponde a otro ámbito, fue localizando documentos, leyendo monografías, acumulando datos y finalmente construyendo su obra. Después, también sin urgencias, la dejó reposar precisamente durante los años en los que se involucró en un ambicioso proyecto de investigación sobre la Inquisición en el siglo XVIII coordinado por quien mejor conoce hoy esta institución, el Catedrático de Historia del Derecho de la Universidad de Murcia, Enrique Gacto.

En ese amplio equipo volvió entonces a conectar con los temas inquisitoriales, publicó diversos trabajos casi siempre sin perder de vista su inicial tendencia a ocuparse del aspecto funcionarial del tribunal y, cuando se familiarizó con el siglo XVIII, decidió volver sobre su aparcada tesis, ampliar su estudio a esta época que anteriormente no había tratado y, finalmente, en un esfuerzo de síntesis, de precisión, claridad y equilibrio, reestructurarla y darle una definitiva redacción que es la que se ofrece en este libro magníficamente editado por la Junta de Castilla y León.

Por sus páginas, oportunamente prologadas por el Catedrático de Murcia, desfilan los "familiares", porque en ellas aparecen relacionados, pero lo más importante es que en ellas queda dicho de forma rigurosa todo lo que conviene saber desde el punto de vista institucional acerca de esta categoría funcionarial un tanto incomprendida y que todavía hoy nos resultaría algo extraña si no leyéramos el libro de Gonzalo Cerrillo. Porque precisamente su mérito está en que nos desvela de manera meridiana todo aquello que resultaba incomprensible y raro en los "familiares", puesto que raro era que fuese tan solicitado un cargo sin aparente remuneración, de competencias un tanto indefinidas, para cuyo desempeño no se exigían demasiados requisitos...

Pero el estudio pone en claro cuáles eran las cualidades requeridas para acceder a la familiatura y por qué; cuáles eran las reglas que se tenían en cuenta respecto del ejercicio de la función y cuáles eran las circunstancias por las que se podía privar de ella; cuáles los privilegios que explican lo que parecía inexplicable: los beneficios económicos, espirituales, militares y sociales que compensaban la ausencia de un sueldo, y, finalmente, cuáles eran en realidad las funciones que cumplían los familiares, que no eran precisamente, o únicamente, las de correveidiles o delatores de la Inquisición.

Todo eso, contado, como se subraya en el prólogo, sin petulancia pero con la firmeza incontestable que da el soporte documental, y con la seriedad del trabajo hecho a conciencia y sin prisas, es lo que nos ofrece este libro, cuya aparición enriquece la bibliografía inquisitorial, no sobrada precisamente de estudios de este tipo, sobre los elementos humanos que sustentaron el Santo Oficio y que hicieron posible su funcionamiento.

Juan Antonio Alejandre García
Recensión efectuada en junio de 2000

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